lunes, 27 de julio de 2015

La sequía (cuento de Costa Rica)

LA SEQUIA

Carlos Salazar Herrera
(Costa Rica)

Muy parecido estaba a uno de esos “tocadores de ocarina” que esculpieron sus antepasados.

Sin moverse, pasmado, horas y horas en cuclillas.
Piedra con musgo era así su cara, el reflejo de las matas que todavía podían ser verdes.
Al reflejo de las matas que junto a la entrada, afuera estuvo siempre el indio echando raíces…y el corazón.
A fuerza de estar ahí, el indio había cogido el color del rancho.
El rancho, en el vientre de la montaña seca por la sequía, fue volviéndose sonoro.
Rancho horqueteado, amarras de bejuco, hojas de plátano, corteza de palmito… y tierra.

Adentro estaba la india compañera.



Charco de agua clara de esos que repiten a la luna, era por dentro la india.
Cosa de la montaña!.
No llovía.
Se cansaron los yuguirros de pedir agua.
Cayeron las hojas de los árboles grandes.
La tierra y el sol se bebieron el río.

Hojas, hojas, hojas. Amarillas las hojas que no pudieron sostenerse más.
Hojas secas en todos los rincones de la selva.
Secos los bañaderos de los chanchos y el sexo de las flores.
Sin agua los bejucos de agua y la cotadura de los arroyos.
Secas las narices de los animales….
Un corazón y secándose otro.
La india fue saliendo del rancho a pasos torpes. Se detuvo, miró al indio.
Miró el rancho. Miró la picada.
Miró otra vez al indio, al indio su hombre. Se acercó a él hasta tocarlo.
Esperó. Esperó, pero el indio no abría la boca, no se movía.
La india se dio a caminar huyendo despacio, muy despacio.


Allí quedóse el indio. La cabeza incrustada en las manos.
Los codos amarrados sobre las rodillas.
Los pies con raíces en la tierra
El silencio abríase, alargándose en el rancho que se fue pareciendo a rancho donde no vive nadie.
Ella se lo había dicho. Le había anunciado que se iba para siempre porque ya no podía más.
Porque él no la miraba, porque no le hablaba, porque no la quería.
Porque aquel silencio le estaba doliendo como una úlcera.
El quiso decirle algo, pero como jamás dijo nada, no estaba en él.
Y la india quería un poco de palabras para asustar al silencio. Un poco de ternura para acortar las horas.
Alguna vez una sonrisa para dar color al rancho. Quizá una caricia…pero… era mucho pedir.
El indio y la india no se podían encontrar donde se hacen uno solo los caminos.

Tiempo atrás, cierta vez, yendo la india por el interior de la selva, halló al mirar a un manigordo con su hembra.
El macho lamía la piel de su compañera, se restregaba contra ella, daba saltos, la miraba, acercándosele, estilizando ondulaciones con su lomo moteado a trechos.
La hembra contestaba agradecida con igual ternura; con las pupilas se veía.
Después… después se echaron juntos y todavía se prodigaban.

La india vio que el indio no era así.


Huía la mujer lento el paso. En las hojas arrugadas se le hundían los pies hasta los tobillos y en el pecho una congoja le subía hasta los ojos.
No quiso ni pudo dejar al indio cuando vio a los manigordos, pero ahora sí.
Ahora que estaba por tener un hijo… Ahora si abrazó la huida con todo su cuerpo y con toda su alma.
Huía con un miedo espantoso de que aquel hombre fuera a aplastar a su indiecito con una mirada indiferente.
No quería tampoco a su hijo para ella sola. Quería compartirlo, pero por partes iguales. Quería dividirlo en dos cariños para que tocase media tristeza y media alegría a cada uno.
Era demasiado para ella sola!
Dios mío! Se han secado todos los ríos!.
Para que el indio no fuera a aplastar al indiecito con una mirada indiferente…
Por eso no se lo había dicho. Él, su hombre, no sabía que iba a tener un hijo.
Se quedaría por siempre sin saberlo.
El embarazo estaba a la vista. El podría haber adivinado si se hubiera puesto a mirarla….
Pero el indio no la miraba.

La vereda se extendía reverberando calor. Largo y sombrío camino como la vida!
“Y si lo supiera? –pensó la india, iluminada la cara con lumbre de ella misma:
Tal vez si lo supiera?- y detuvo la huida. Tal vez lo está esperando!”.
Y empezó a caminar, ahora con dirección al rancho. Caminó ligero,… más ligero. Corría. Lo desanduvo todo. Quebró las hojas arrugadas, que sonaron como campanas pequeñísimas… o latidos.
Qué corto y qué largo es el camino!
De allá lejos cogió la casa con los ojos. Afuera estaba el indio, como lo había dejado. Seguía parecido a los tocadores de ocarina en piedra.
Piedra con musgo. En cuclillas. Color de rancho. Junto a la entrada, afuera.
Echando raíces.
Mudo, y el corazón….
Llegó la india con miedo. Como una de esas perras sin dueño que van a robarse una tajada de carne.
Tuvo miedo.
Y el indio sin moverse.
La mujer tragó un puñado de valor y se lo contó todo. Se lo dijo en una sola frase, y esperó el efecto.
Fue un instante demasiado largo. Cómo dura el silencio!...
El indio experimentó una alegría millonaria de gozo. Toda la vida había esperado.
Quiso abrazar a su india con su indiecito adentro. Quiso lo que no podía decir.
Quiso reír, gritar…
No pudo.
Quiso abrirse las manos el pecho, para que ella pudiera verlo por dentro.
Quiso darle las gracias…
Pero nada dijo.
Quedó inmóvil, con la cabeza metida entre las manos. El indio no podía hablar. No estaba en él.
Era cerrado, con una gran sequía adentro. Así lo había parido su madre.
La india tornó a huir, montaña adentro.
El indio todavía quiso llamarla, pero la voz no le salía; levantarse, pero tenía los pies como raíces.
Quedó sentado en cuclillas, como los tocadores de ocarina.
Intentó mirarla, pero vio turbio.
También me estaré haciendo ciego?
Se restregó los ojos. Estaba sudando.
Luego comenzó a empañarse nuevamente la figura de la india huyendo del silencio.
Aquello no era sudor…
Le salía de los ojos!.


"El hombre está viviendo una crisis porque hay una sequía en un pueblo rural, por lo tanto ya no puede producir, ya no puede ser proveedor, y se paralizó. Esta paralización la hemos encontrado nosotros cuando el hombre entra en desempleo o cuando hay una crisis en la comunidad por desempleo generalizado, por desplazamiento forzado, en donde el hombre tiene que abandonar sus actividades habituales y no haya qué hacer. Las mujeres logran encontrar otras formas de adaptación y de vivencia y se re-adaptan con más facilidad. Al hombre le va a costar adaptarse a esta nueva situación y se encierra en sí mismo. Y está sufriendo, aunque no se da cuenta. No sabe como expresar eso que siente y se encierra en sí mismo: "Intentó mirarla, pero vio turbio" “También me estaré haciendo ciego?”" Álvaro Campos y Jaime Chaves, del instituto de masculinidad WEM.


"La sequía", cuento escrito hace mas de 60 años, y todavía es vigente.


Glosario:
Tocadores de ocarina: Pequeños monolitos que representan a un
hombre en cuclillas, tocando ocarina.
Horqueteado: hecho mediante columnas de palo con horquetas.
Palmito: Cierta palmera de corteza muy resistente.
Yiguirros: Especie de mirlos. A fines del verano suelen cantar insistentemente;
por eso se dice que piden agua,
Bañaderos de los chanchos: Charcos en donde los sainos suelen echarse.
Bejucos de agua: Bejucos en cuyo interior hay agua potable.
Picada: atajo abierto en la montaña.
Manigordo: Especie de jaguar, de talla mucho menor.

Fuentes:
http://www.ivoox.com/2-20-programa-perspectivas-del-trabajo-hombres-el-audios-mp3_rf_4501039_1.html
http://www.ivoox.com/2-20-programa-perspectivas-del-trabajo-hombres-el-audios-mp3_rf_4501135_1.html

sábado, 11 de julio de 2015

El gen egoísta: la injusticia, dicen, es ley natural.


"Así, en primer lugar, pongo como inclinación general de toda la humanidad un perpetuo e incansable deseo de poder y más poder, que cesa únicamente con la muerte''  
Leviathan. Thomas Hobbes.

"Llegará un día, por cierto, no muy distante, que de aquí allá se cuenten por miles los años en que las razas humanas civilizadas habrán exterminado y reemplazado a todas las salvajes por el mundo esparcidas” escribió Charles Darwin en El Origen del Hombre (1871). 

Y Darwin se lamentaba: se encaminan todos los esfuerzos de las naciones civilizadas a realizar el plan opuesto, e impedir en lo posible la eliminación; a eso tienden la construcción de asilos para los imbéciles, heridos y enfermos, las leyes sobre la mendicidad y los desvelos y trabajos que nuestros facultativos afrontan para prolongar la vida hasta el último momento. [...] De esta suerte, los miembros débiles de las naciones civilizadas van propagando su naturaleza, con grave detrimento de la especie humana, como fácilmente comprenderán los que se dedican a la cría de animales domésticos. Es incalculable la prontitud con que las razas domésticas degeneran cuando no se las cuida o se las cuida mal; y a excepción hecha por el hombre, ninguno es tan ignorante que permita sacar crías a sus peores animales”.

La raza perfecta, culmen del progreso, era la caucásica, europea y americana.
Pero no toda: únicamente la mitad masculina:

 (...) si los hombres están en decidida superioridad sobre las mujeres en muchos aspectos, el término medio de las facultades mentales del hombre estará por encima del de la mujer." continuaba Darwin.

Sin embargo, el evolucionismo cultural no sólo hay que atribuírselo a Charles Darwin. Thomas Malthus ya señalaba que el aumento de la población conducía inevitablemente a la «lucha por la existencia» y Herbert Spencer añadía la «supervivencia de los más aptos» antes de que Darwin publicara sus teorías sobre la evolución biológica.

Pero el éxito de El origen de las especies de Darwin, (“Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia” es el verdadero título de la obra) fue la base biológica. "La idea de "supervivencia del más apto'' o "selección natural", la idea de que evolución no es más que una lucha sanguinaria en la que el más fuerte es el que sobrevive, caía como anillo al dedo en el ámbito económico: la explotación del hombre por el hombre es natural y, por lo tanto, moralmente aceptable." afirma el biólogo Máximo Sandín.

El ámbito económico era el imperialismo y el colonialismo. La lucha de nación contra nación y de raza contra raza.
El antropólogo Marvin Harris explica de manera similar que "El darwinista social más influyente fue Herbert Spencer, quien llegó a abogar por el final de todos los intentos de proporcionar caridad y auxilio a los desempleados, a las clases pobres y a las así llamadas razas atrasadas, porque esta ayuda interferiría en la actuación de la así llamada ley de supervivencia de los más aptos, y porque simplemente prolongaría la agonía y haría más profunda la miseria de los «no aptos». Spencer utilizó el darwinismo social para justificar el sistema capitalista de libre empresa, y su influencia continúa sintiéndose entre los partidarios del capitalismo sin restricciones y entre los partidarios de la supremacía de los blancos."

Herbert Spencer, junto con T. H. Huxley (abuelo de Aldous Huxley, autor de "Un mundo feliz") y Joseph Dalton Hooker, todos ellos eugenistas, fundaron en 1864 el X-Club en Inglaterra, con la finalidad de “promover el darwinismo y el liberalismo científico” “con plazas en diez Comisiones Reales, deliberando sobre todo, desde las pesquerías a las enfermedades o la vivisección, penetró claramente en los laberínticos corredores del poder”, indica la Enciclopedia Británica.

"(...) las altas clases inglesas poseen la máxima capacidad hereditaria, y, por lo tanto, el privilegio biológico de ser caudillos y dirigentes" aseguraba Francis Galton, primo de Darwin, en su libro El Genio Hereditario.

Galton fue el que creó la eugenesia, o el estudio de los métodos para mejorar la raza humana por medio del control de la reproducción. Galton también creía que la filantropía impidió la evolución adecuada de la raza humana. La caridad trastornó el mecanismo de selección natural y, por eso, se necesitaba una manera artificial o una selección consciente y premeditada de solucionarlo: la eugenesia. 

Pero el mayor proceso de eugenesia de la historia fue en Estados Unidos, a través de la Eugenics Record Office (ERO), un archivo inaugurado en 1909 que estirilizó, castró y encarceló al menos a 60.000 personas y habían más deportados que recién llegados. Fue clausurada en 1938 (a causa de la gran depresión de la década de 1930), pero ya entonces 30 estados habían implantado aquellas leyes financiadas por los ricos y los científicos con mayor reputación.
En la foto, el stand de la Sociedad Eugenésica Estadounidense donde un contador mecánico mostraba cómo cada 48 segundos nacía una persona de naturaleza inferior en algún lugar de Estados Unidos, mientras que las personas de “calidad superior” llegaban al mundo tan sólo cada siete minutos y medio.



Entre los grupos que podían ser descalificados no sólo entraban las personas con capacidades diferentes y/o enfermas, de otras razas, de bajo nivel económico o categoría social etc., sino también todos aquellos individuos que no eran buena mano de obra para la producción. En realidad, todos ellos eran "minusválidos".

"No hay que hacer diferencia entre los hombres y las mercancías" advertía el magnate John D. Rockfeller "se las toma cuando se las necesita, se las utiliza, luego se las abandona cuando no nos pueden servir más."

Y opinaba que "El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto... La bella rosa estadounidense sólo puede lograr el máximo de su esplendor y perfume que nos encantan, si sacrificamos a los capullos que crecen en su alrededor. Esto no es una tendencia maligna en los negocios. Es más bien sólo la elaboración de una ley de la naturaleza y de una ley de Dios."

Igualmente, en una época esencial para la lucha obrera, Darwin afirmaba en una carta: "Los sindicatos también se oponen al trabajo a destajo (en suma, a toda competición). Me temo que las sociedades cooperativas, que muchos ven como la principal esperanza para el futuro, igualmente excluyen la competición. Esto me parece un gran peligro para el futuro progreso de la humanidad. No obstante, bajo cualquier sistema, los trabajadores moderados y frugales tendrán una ventaja y dejarán más descendientes que los borrachos y atolondrados"

“Otra cosa" escribía Adolfo Hitler "es que el hombre por sí mismo se empeñe en restringir su descendencia y haga que, en lugar de la lucha por la vida –que solo deja en pie al más fuerte y al más sano- surja, en lógica consecuencia, el prurito de “salvar” a todo trance también al débil y hasta el enfermo, cimentando el germen de una progenie que irá degenerando progresivamente, mientras persista ese escarnio de la naturaleza y sus leyes.”

"60,000 marcos es lo que esta persona que sufre un defecto hereditario cuesta a la comunidad durante su vida. Alemán, ese es también tu dinero." 
Decía el póster que se difundió en la Revista “Nuevo Pueblo” de la Oficina de Políticas Raciales del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP).

Aunque hoy el darwinismo social y la eugenesia parecen desprestigiados, "el concepto darwinista de la selección natural ha sufrido un descarrilamiento ideológico serio en los últimos años." advertía en 1976 el antropólogo Marshall Sahlins. "Se podría decir que el darwinismo, que en un primer momento se apropió de la sociedad como "darwinismo social", ha vuelto a la biología como un capitalismo genético. La sociobiología ha contribuido especialmente a la etapa final de este desarrollo teórico". 

"En esta nueva edición del "capitalismo genético'' se asume, exclusivamente, la estrategia competitiva de la vida, y se subestima la estrategia cooperativa." añade hoy Jalil Saab H, ingeniero químico.

Richard Dawkins presentó su libro "El gen egoísta" como una versión moderna del darwinismo, según sus propias palabras. “El planteamiento de este libro es que nosotros, al igual que todos los demás animales, somos máquinas creadas por nuestros genes. De la misma manera que los prósperos gangsters de Chicago, nuestros genes han sobrevivido, en algunos casos durante millones de años, en un mundo altamente competitivo. Esto nos autoriza a suponer ciertas cualidades en nuestros genes. Argumentaré que una cualidad predominante que podemos esperar que se encuentre en un gen próspero será el egoísmo despiadado. Esta cualidad egoísta en el gen dará, normalmente, origen al egoísmo en el comportamiento humano” 

Para Adam Smith, es el egoísmo del carnicero, del cervecero o del panadero el soporte de la sociedad mediante “la mano invisible del mercado”. "No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés", afirmaba Smith. Para Dawkins, es del egoísmo del “gen” de la Naturaleza “la mano invisible de la selección natural”

Y así surge el capitalismo genético, el que está dentro del orden lógico de las cosas, el que, según ellos y ellas, está regido por la Ley implacable de la Naturaleza y congtra el que no podemos hacer nada: 

"Todas las relaciones sociales pueden ser reducidas a la ley de la oferta y la demanda, que se rige por la libre competencia y la exclusión de los incompetentes e incapaces redundará, a largo plazo, en beneficio de la especie."
fue la frase de Milton Friedman, premio Nobel de Economía.


Mientras, el Fondo Monetario Internacional reclama, entre otras medidas, que se recorten las prestaciones y se retrase la edad de jubilación ante "el riesgo de que la gente viva más de lo esperado". “Vivir más es bueno, pero conlleva un riesgo financiero importante". "Nos va a costar más como individuos, a las corporaciones y a los Gobiernos". Más o menos por esas fechas, el ministro de economía japonés Taro Aso declaró que a las personas mayores hay que dejarles ”que se den prisa y se mueran" para resolver el problema y la carga que sus pensiones y su atención médica suponen para el Estado. También añadió que los enfermos crónicos “se ven obligados a vivir cuando quieren morir” y añadió: “Yo me despertaría sintiéndome mal si sé que el tratamiento está pagado por el Gobierno". "Veo a gente de 67 ó 68 años constantemente ir al médico ¿Por qué tengo que pagar por las personas que sólo comen y beben y no hacen ningún esfuerzo?”.

Ante estas perlas, el escritor Eduardo Galeano lo tenía claro:
"Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria.

¿Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano."

Muchos antropólogos también lo tienen claro: "Nuestras ideas, nuestros valores, nuestros actos, incluso nuestros sentimientos son, igual que nuestro propio sistema nervioso, productos culturales, productos manufacturados" (Clifford Geertz, 1973).

"La mayoría de las personas están configuradas para la forma de su cultura
debido a la maleabilidad de su dotación original" (Ruth Benedict, 1934).
"Así pues no se hable más de la necesidad innata que siente nuestra especie de formar grupos jerárquicos. El observador que hubiera contemplado la vida humana al poco de arrancar el despegue cultural, habría concluido fácilmente que nuestra especie estaba irremediablemente destinada al igualitarismo salvo en las distinciones de sexo y edad" zanjaba el antropólogo Marvin Harris. 


Fuentes:
http://economia.elpais.com/economia/2012/04/11/actualidad/1334133453_457282.html
http://www.forovidaindependiente.org/files/documentos/bioetica/El_aborto_eugenesico_Valencia_2012.pdf
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=131663
http://www.farodevigo.es/noticias-hoy/faro-vigo1983.pdf
http://www.rebelion.org/hemeroteca/ecologia/saab230201.htm
"Nuestra especie" Marvin Harris.
Introducción a la antropología general Marvin H arris
Lipton, Bruce (2007). La biología de la creencia. Palmyra. Madrid.  
http://www.fondodeculturaeconomica.com/Editorial/Prensa/Detalle.aspx?seccion=Detalle&id_desplegado=47455
http://openaccess.uoc.edu/webapps/o2/bitstream/10609/3061/6/csacanellTFM0908.pdf
Carta fechada el 26 de Julio de 1872 dirigida al profesor de leyes Heinrich Fick – partidario de la aplicación de la teoría darwinista a la legislación–  
Marshall Sahlins. El uso y abuso de Biología 
http://nuestraimagen.ws/opinionado/galeano2.html 
https://www.yorokobu.es/mayor-proceso-eugenesia-la-historia-no-la-cometieron-los-nazis/