martes, 28 de julio de 2020

El rey está desnudo: antropología de la realeza.

"Cuando el rey está desnudo y el poder es impotente, ¿en qué consiste el ejercicio del Estado, el hecho de gobernar, sino en jugar deliberadamente con las apariencias?” 

 Christian Salmon, doctor en historia de las ideologías.



A lo largo de la historia, los pueblos han desarrollado numerosas formas de organización social. El Estado no es más que una de ellas, y aún hoy, aunque ha adquirido un carácter casi universal, hay sociedades sin Estado.

Estas sociedades sin estado conocen el concepto de ley, pero no tienen el poder coercitivo para aplicarla, o una institución que tenga el monopolio del uso de la fuerza como forma de coerción para aplicar la ley vigente.
También disponen de relaciones de poder, autoridad y deberes mutuos, pero que no implican dominación y violencia.
Tampoco hay una estructura de poder centralizado. Son acéfalas (sin cabeza). Algunos antropólogos prefieren llamarlas policéfalas, ya que el poder recae sobre varias cabezas. Según su ética, es moralmente ofensivo permitir a alguien dar órdenes sin que estas puedan ser cuestionadas.

Entonces, ¿cómo es posible que surgiera, en la historia de la humanidad, el hecho de querer darle todo el poder a una persona, al rey? Es lo que se pregunta el antropólogo David Graeber en sus libros "On Kings" junto con Marshall Sahlins, y en "What are kings". ¿Por qué y cómo puede un solo ser humano gobernar sobre muchos otros como la encarnación o el delegado de un dios y, además, muchos de ellos insistiendo en que su familia es de un país diferente del que son rey o reina? "Los reyes de Inglaterra solían ser franceses, ahora son principalmente alemanes, los reyes en Malasia insisten en ser griegos, descendientes de Alejandro Magno, los reyes swahili de la costa este de África afirmaban ser de Persia, etc."
"Es muy difícil saber cuándo aparecieron los primeros reyes en la historia", escribe Graeber. "Se han descubierto tumbas completamente llena de cuentas y collares y coronas y cetros hechos de marfil y conchas, y la mayoría eran de aspecto diferente: altos como gigantes, enanos, jorobados... Pero aparte de eso, "no hay la más mínima evidencia de palacios, cortes, tesorerías, ejércitos ni nada de eso". 

La suposición de Graeber es que estas personas especiales quizás se consideraban divinas, solo porque se veían extrañas; tal vez incluso los trataron como dioses a veces, por ejemplo, durante festivales u otras celebraciones, donde se escuchaban los tambores, la música, y se disfrutaba de bailes y juegos cuando los "dioses" aparecían. Quizás fuesen los "Maestro de Ceremonias"

Pero en estas sociedades donde no existía un poder coercitivo, tenían mucho cuidado de que esta persona que hacía cumplir las reglas no se lo tomara demasiado en serio. La solución era que "muy a menudo, esa persona era un payaso", asegura Graeber. "Hicieron cumplir las reglas, pero las reglas no se aplicaban a ellos. Podrían ser tan tontos como quisieran. De hecho, se suponía que eran tontos. Pero también se parecían un poco a la policía, podían castigar a las personas por romper las reglas. A veces intentaban confundir intencionalmente a todos, hacer la ceremonia equivocada, contar chistes, fingir caer de bruces, pero se suponía que nadie se reiría". Y continúa "como podían hacer cualquier cosa, a veces inventaban nuevas reglas." 
 
Ahora imaginemos que estos juegos comenzaron a durar semanas o incluso meses, lo que a veces sucedió. Bueno, tal vez en algún momento, la gente olvidó que estaban jugando un juego. Tal vez comenzaron a actuar así todo el tiempo y las personas que inventaron las reglas se convirtieron en reyes." Cómo hemos pasado de disponer de payasos-reyes, a ser gobernados por cleptócratas reyes bufones, eso es parte de la historia.

Las reinas y reyes son muy poderosos, o al menos, deben aparentarlo. Tienen la mejor ropa y viven en las mejores casas. Los súbditos del rey tenían y tienen que mostrar respeto: inclinarse o incluso arrastrarse en su presencia, y constantemente recordarle lo grandioso que son, y mantenerle a él o a ella, y a su corte.

Los reyes y las reinas a menudo actúan de manera muy infantil. Bueno, a veces, los reyes eran, en realidad, niños. Si un viejo monarca moría, y su hijo era todavía muy joven, a menudo se convertía en rey. 
Cuenta Graeber que en el antiguo Egipto, había un faraón conocido en la historia como Tutmosis III, que se convirtió en rey cuando solo tenía dos años. Entonces su madre, Hatshepsut, dirigió el reino. Resultó que ella lo manejó extremadamente bien; construyó hermosas ciudades y monumentos; Egipto nunca fue tan rico y pacífico. Hatshepsut comenzó a usar una barba falsa y a vestirse como un hombre en público, diciendo que ella era la propia Pharoah. Mientras tanto, le decía a su hijo que necesitaba terminar su educación, y así se convirtió en atleta, historiador, científico y arquitecto. Le dio un ejército y le dijo que fuera a conquistar a alguien, realmente para sacarlo de la ciudad, y éste conquistó gran parte de Medio Oriente. Finalmente, después de 22 años, Hatshepsut murió y Thutmoses se convirtió en uno de los faraones más famosos de la historia egipcia. "En algún momento, sin embargo, alguien, no sabemos quién, borró el nombre de Hatshesut de todos los edificios públicos", escribe Graeber.

A veces, también, la gente trata a los reyes como niños. En Madagascar, cuenta Graeber, "había una famosa reina llamada Ranavalona, ​​que se convirtió en gobernante cuando murió su esposo. En ese momento ella tenía unos cincuenta años, pero todos la llamaban "la niña" y todos los políticos más importantes del reino, que también eran sus amantes, eran referidos como sus "niñeras". Esos políticos dirigían un gran imperio, pero todos fingían que el imperio estaba allí para que la Reina pudiera tener lo que quisiera, y todos sus súbditos eran sus "juguetes".
Cada vez que se enfadaba con alguien, decía "¡que le corten la cabeza!" u ordenar que esa persona sea asesinada de alguna manera terrible.

Y aunque los reyes ya no tengan el poder de ordenar a nadie, todos los que están cerca de ellos fingirán que siguen siendo muy importantes, porque eso significa que ellos también son importantes. Habían excepciones. Por ejemplo, hubo una vez un guerrero feroz llamado Rollo el Vikingo (más conocido con el sobrenombre de Rollón el Caminante, no había montura capaz de soportar sus más de 140 kg y su imponente estatura de más de 2 metros), que conquistó la provincia francesa de Normandía. "Eventualmente, Louis el Gordo, quien era el Rey de Francia en ese momento, acordó dejar que Rollo se convirtiera en duque de Normandía si le aceptaba como su rey. Rollo estuvo de acuerdo y organizaron una gran ceremonia. Pero había un problema. Parte de la ceremonia fue que Rollo tenía que inclinarse y besar el dedo gordo del pie del Rey. Rollo decidió que eso iba demasiado lejos. No iba a besar el pie del rey. Pero los hombres del Rey dijeron: no, esas son las reglas, tienes que hacerlo o no podrás convertirte en duque. Entonces se le ocurrió un acuerdo. Cuando llegó el momento de hacer la ceremonia, agarró al rey por el pie, lo puso boca abajo y solo entonces le besó el dedo gordo del pie. Eso se consideraba aceptable, porque al menos había seguido las reglas."

A veces, los reyes merecen una lección. Esigie, quien era rey de Benin en África occidental, era un gran guerrero al que le gustaba romper todas las reglas. Un día estaba marchando su ejército a la batalla contra su hermano Arhuaran, y un pájaro gigante cruzó el camino de su ejército. Los sacerdotes que estaban con el ejército inmediatamente le dijeron "¡debes volver! El pájaro es un portento enviado por un dios, una advertencia, de que si luchas hoy, se producirá un gran desastre". Él dijo: "¿Pero cómo sé que no es un desastre para mi hermano?" Entonces le disparó al pájaro con una flecha, lo cocinó y se lo comió para el almuerzo. Luego ganó la batalla y quemó la ciudad de su hermano. A partir de entonces, los reyes de Benin llevaron, en el extremo de un palo, una imagen de un pájaro de metal, al que llamaron el "pájaro del desastre", para mostrar cuánto no les importaba lo que los dioses les decían.

Los sacerdotes les tomaron la delantera. Se las arreglaron para convencer a Esigie, y más tarde a los reyes de Benin, de que si él mismo era prácticamente un dios, entonces no era seguro para los sujetos comunes siquiera mirarlo. Podrían lastimarse los ojos. Desde entonces, los reyes de Benin tuvieron que quedarse en casa la mayor parte del tiempo y cuando la gente los visitaba se ocultaban detrás de una pantalla. No podían ir a ninguna parte sin que la gente saliera a colocar alfombras delante de él para ir enrollándolas por detrás. Como resultado, en poco tiempo, los reyes de Benin ya no podían liderar ejércitos, y se hizo muy difícil dirigir el gobierno. Entonces su madre y sus esposas terminaron haciendo la mayor parte del negocio del gobierno.

Otro caso de esposas de reyes que terminan gobernando el lugar, es la historia del rey sudanés del reino Shilluk. Puede tener hasta cien esposas, pero tradicionalmente, si sus esposas mayores estan de acuerdo en que están cansados de tenerlo cerca, pueden ordenar que lo ejecuten. Y es que su propia fertilidad simboliza la fertilidad del reino, de las vacas, los cultivos y las mujeres. En consecuencia, si se vuelve impotente o simplemente decae fisicamente, puede dar lugar a malas cosechas y catástrofes naturales. Por lo tanto, antes, se le cortaba la garganta.
Cien esposas reales significa que siempre hay un gran número de príncipes. Esto crea grandes problemas cuando el rey muere y, a menudo, todos los príncipes terminan matándose unos a otros hasta que solo queda uno. Como resultado, a veces los príncipes huyen y se esconden. Una vez en la década de 1400, el hijo de un emperador chino desapareció así. Su padre envió grandes flotas de barcos para explorar el mundo y ver si podían encontrarlo. Llegaron hasta África, y algunas personas piensan que incluso podrían haber descubierto América, hasta que finalmente alguien encontró al príncipe escondido cerca del palacio.

Aún con todo, por alguna razón, todos estaban convencidos de que los reyes son muy, muy poderosos.
Las personas que no tienen reyes encuentran todo esto muy extraño. Hace cuatrocientos años, el escritor francés Montaigne escribió sobre algunas personas de Brasil, llamadas Tupinamba, que fueron secuestrados y llevados a París en 1562 para encontrarse con el rey. Montaigne habló con algunos de los Tupinamba, y escribió:
 
«El Rey habló un rato con ellos; se les mostró nuestro modo de vida, nuestra magnificencia, y las cosas dignas de verse en una bella ciudad. [Yo] les pregunté qué pensaban de todo esto y qué les había parecido lo más notable. [Ellos dijeron] que habían advertido entre nosotros algunos hombres atiborrados de toda clase de cosas mientras que sus otras mitades eran mendigos ante sus puertas, demacrados por el hambre y la pobreza. Les pareció extraño que estas menesterosas mitades tuvieran que sufrir tantas injusticias y no agarraran a los otros del cuello o incendiaran sus casas».

Del rey-niño Carlos IX, dijeron: ¡es solo un niño pequeño! Y vieron que estaba rodeado de grandes hombres fuertes con barbas y armas. Están allí para proteger al rey, dicen todos. ¡Pero nadie los obliga a hacerlo! ¿Por qué uno de ellos no ignora al niño y se hace rey?
Montaigne admitió que nunca había pensado en esto antes, pero tenían razón. Uno de sus amigos, Etienne de la Boetie, terminó escribiendo un libro sobre el problema:

"Mas ¡oh Dios!, ¿qué puede ser esto, cómo diremos que se llama, qué desgracia es esta? ¡Qué vicio, o más bien qué aciago vicio, ver a un número infinito de personas, no obedecer sino servir (…), sufrir los saqueos, los desenfrenos, las crueldades no de un ejército (…) sino de uno solo! ¡Y no de un Hércules ni de un Sansón, sino de un solo homúnculo (…)!" escribió un joven de la Boetie (16/18 años) en el "Discurso de la servidumbre voluntaria".

En última instancia, puede llegar el momento en que el rey tema a los guardias, y no al revés (como ocurría con el rey Shilluk). Y también a los bufones. El humor puede ser un arma muy corrosiva para desmontar grandes estructuras, así que los reyes (y aún hoy los poderosos) no solo reprimen a los comediantes, albardanes, descarados y bufones, sino que a algunos los mantienen en su seno y los distribuyen para implantar su humor, con el fin de limitar la propagación del humor enemigo. Por eso, es preceptivo, si eres rey, tener bajo control una corte de bufones. El humor que no disponga del sello oficial del rey, será delito (o tildado de cortarollos o aguafiestas en nuestra cada vez más risueña, desentendida y apolítica vida social).

Y así es que, curiosamente, "parece que no hubo parte del mundo, desde África hasta América del Sur y Central, hasta Europa, India, China y Japón, donde las cortes reales no tuviesen enanos" escribe el antropólogo. "A veces llegaba al punto en que los padres trataban de encontrar formas de retrasar el crecimiento de sus hijos, solo para poder vivir en la corte. El ejército del rey Rudolf II, de Bohemia y Hungría, tenía un regimiento de enanos y otro regimiento de gigantes, y el rey azteca Moctezuma II mantenía una tropa de enanos a su alrededor en todo momento, tanto para entretenerle como para aconsejarle asuntos de estado." 
Puede parecer una combinación extraña, pero en realidad no es nada inusual, y es que necesitaban tener a alguien capaz de criticarlos, pero que tampoco fuera alguien que todos los demás se lo tomaran en serio. Y aquí es cuando aparecen de nuevo los payasos. También podían buscar a alguien con enfermedad mental, con los que obtener perspectivas diferentes de sus ideas. "El rey James VI de Escocia tenía la mala costumbre de no molestarse en leer todos los documentos que sus asesores le entregaban para firmar. Para mostrarle lo estúpido que era esto, su bufón de la corte colocó un papel en la pila donde el rey acordó dejar que el bufón fuera rey durante una semana, y que el rey se convirtiera en su bufón." El rey firmó el documento sin leerlo, y cuando le explicaron la bufonada, no cambió de lugar con el bufón, pero tampoco le castigó. Con bufones así, no es de extrañar que el parlamento escocés aprobara una ley en 1449 llamada la "Ley para poner fin a los tontos fingidos" (“Act for the Putting Away of Feigned Fools”).

Y también cuenta la historia (lo más probable, ficticia) del rey de Asiria llamado Nonus, que tenía una sirviente llamada Semiramis, una chica que era muy inteligente y bonita, y a la que amaba mucho. Cada año había un gran festival, y uno de los juegos era "Rey por un día". Un año, Semiramis preguntó si podía ser Reina por un día. Nonus estuvo de acuerdo, y ordenó a todos que hicieran como que ella era realmente la Reina. Tan pronto como le pusieron la corona sobre la cabeza, Semiramis llamó a los generales y guardaespaldas del rey y les preguntó si de verdad el rey les caía bien. Antes de que terminara el día, Nonus estaba encerrado en algún lugar, y Semiramis se convirtió en la Reina. "Y resultó que Semiramis era mucho mejor para dirigir el reino: construyó la ciudad gigante de Babilonia, y sus hermosos jardines colgantes, y muchas otras grandes ciudades también, y conquistó un imperio gigante que se extendió desde India hasta Etiopía." 
Para los que todavía lanzan esa manida expresión de crítica "¡esto parece la Edad Media!" como si de la "Edad Oscura" se tratase: no es raro encontrar mujeres dirigiendo reinos enteros en la Edad Media, como Eleanor de Aquitania en Francia o Lakshmibai en India, en lucha contra los británicos. "Hoy es mucho más raro encontrar mujeres que dirijan bancos o grandes corporaciones." lamenta Graeber.

La mayoría de los países hoy en día no son reinos, e incluso donde hay reyes y reinas, no tienen mucho poder. Desde la revolución estadounidense en 1776, y luego la revolución francesa en 1789, y luego toda una serie de otras revoluciones, casi todos dejaron en claro que estaban cansados de que una persona los gobernara sin una razón particularmente buena. En realidad, mucho antes, algunos juristas ya presintieron el peligro de una monarquía absoluta, que podía desarrollar un totalitarismo. Los "monarchomachen" (monarcómacos) es un término inventado por el jurista William Barclay (1546 - 1608). Sostenían la opinión de que, si el rey violaba las libertades y los derechos, podía ser expulsado del trono.

¿Pero, actualmente, por qué tenemos que obedecer las leyes, en caso de que no exista una reina o un rey?
Bueno, hay una constitución que dice cómo aprobar las leyes apropiadas. Y la constitución fue instituida por unos gobernantes o, en su caso, por el pueblo, tras una revolución (la revolución estadounidense, francesa, haitiana, mexicana...), arguye Graeber. "Pero espera, ¿no es ilegal la revolución? ¿Tienes que hacer lo que el gobierno dice porque doscientos años algunas personas derrocaron al gobierno? ¿Cómo tiene sentido eso?" se pregunta Graeber. "¿Y quiénes son "el Pueblo" de todos modos? Estas son preguntas difíciles. Nadie está muy seguro. La mayoría de las guerras libradas en los últimos doscientos años, y ha habido muchas, se han librado entre personas que tenían diferentes teorías sobre cuál podría ser la respuesta".

jueves, 9 de julio de 2020

Antropología del caminar: de huellas a cintas de andar.

"La especie humana comienza por los pies, nos dice Leroi-Gourhan, aunque la mayoría de nuestros contemporáneos lo olvide y piense que el hombre desciende simplemente del automóvil. Desde el neolítico, el hombre tiene el mismo cuerpo, las mismas potencialidades físicas, la misma fuerza de resistencia frente a los fluctuantes datos de su entorno", explica el antropólogo David Le Breton en "Elogio del caminar".
  


Entonces, ¿nos "quedábamos en casa"? 
Tener un hogar, es una singularidad de algunos animales, y es el grado más alto de complejidad social. "Eusocialidad" lo llamaba Edwars O. Wilson. 
Es la construcción de un hogar, en el que cuidar de las crías, en el que convivan dos o más generaciones y exista una distribución de tareas en las que algunas no tengan porqué contribuir de manera directa a la reproducción.
Las abejas, las hormigas, las termitas... son conocidos por sus amplias colmenas, hormigueros o termiteros que las albergan, y las diferentes castas en ellas (hormigas soldados, abejas reinas...). Pero también existen algunos crustáceos aislados que dispone de este tipo de hogares, y muy pocos mamíferos: la rata topolampiña y los humanos. 

Ésto también significa que nuestra comunidad trasciende a los miembros biológicos. Por eso, disponemos de una hipermemoria afectiva: no tenemos la seguridad de que un chimpancé, si volviese a la comunidad, sería capaz de reconocer a su madre. Y por eso somos altruistas, y los grupos más altruistas somos más competitivos y más fuertes. "Contribuir y promover comportamientos generosos, colaborar... supone al final un beneficio para uno mismo, que puede compensar los sacrificios que supone ser altruista. Egoístamente, por tu propio interés, no te interesa ser egoísta", explica la médica y paleoantropóloga María Martiñon. "El hombre ha prestado siempre atención a los pasos de otros hombres; con toda seguridad estaba más pendiente de ellos que de los propios" "La escritura más temprana que aprendió a leer fue la de las huellas",  escribió Elías Canetti (Masa y poder).

Pero los homínidos no vivían en estos hogares, que antaño eran las cuevas. Las rutinas de su vida (búsqueda de alimento, juegos, la socialización, la cocina...) no se producía en espacios cerrados dentro de una caverna, sino fuera, y siempre en movimiento. Unos 10.000 años antes, desde el neolítico, adoptamos un estilo de vida ya sedentario, cuando la agricultura y la ganadería se convirtieron en el corazón de nuestra subsistencia. Pero no han sido suficientes para borrar 200.000 años de evolución como especie habituada a vivir al aire libre, siempre caminando. 


Son muchos los estudios científicos que avalan que el contacto con la naturaleza fortalece la resistencia ante el estrés y ayuda a curar enfermedades. En el pequeño hospital de Paoli, en Pensylvannia, EEUU, un grupo de investigadores reunieron información durante una década sobre cómo se habían recuperado los pacientes que habían sido sometidos a una cirugía de vesícula biliar. Algunos enfermos se recuperaron más rápido que otros, tenían menos dolor, consumían menos analgésicos, eran dados de alta antes... y el personal sanitario desconocía la causa. La clave era que la habitación en la que les ingresaban después de la operación tuviese o no una habitación con vistas al pequeño bosque que había en torno al hospital.


Somos naturalmente caminantes. El hecho de caminar erguido, el bipedalismo, fue posible gracias a nuestro arco en el pie, la hilera recta de sus dedos, y los gluteos hiperdesarrollados, un músculo menor en los monos, pero el mayor en todo el cuerpo humano. Pasando luego al estómago plano, la cintura flexible, la columna recta, los hombros bajos, la cabeza erecta sobre el largo cuello. Nuestra anatomía estaba y está optimizada para una vida en espacios abiertos y, no lo olvidemos, físicamente exigente. (Algunas palabras no lo olvidan. "Travel", viajar, se deriva de "travail", trabajo, y originalmente significaba "trabajo o trabajo físico o mental, especialmente de naturaleza dolorosa u opresiva; esfuerzo; problema; privación; sufrimiento.").

Caminar es natural, pero elegir caminar como experiencia espiritual, política, contemplativa, estética... es producto de antecedentes culturales. Rebecca Solnitt asegura en su libro "Wanderlust" que el deseo de caminar por la naturaleza, al aire libre, es de tan solo tres siglos. Anteriormente, el deseo de caminar por placer estaba relacionado con la aristocracia (la única que se podía permitir la vida sedentaria) y la salud física, no como experiencia, y se daba especialmente por jardines y paseos privados. Hasta que el mundo ganó en seguridad, y las fortalezas aristocráticas expandieron aquellos jardines para caminar y darse a la contemplación y la conversación.
 

Y dejarse ver. "El hombre ha prestado siempre atención a los pasos de otros hombres". Todavía hoy, en algunas regiones latinoamerianas, italianas, españolas... el paseo, el "dar vueltas al parque", o la passeggiata (paseo antes de la cena) son un modo infalible de garantizar encuentros cara a cara, con viejos amigos o como flirteo, exhibiéndose en aceras y plazas mayores. Caminar por la ciudad es una forma de actividad cultural. En algunos pueblos italianos, cerraban las calles principales para la passeggiata. En algunas partes de México, la costumbre fue tan organizada que los hombres paseaban en una dirección y las mujeres en otra, como filas de una danza en gran salón del baile que es el mundo. (Ver: Mindfulness al natural: Friluftsliv, Shinrinyoku, Keyif y otros caminos de pensamiento.Hoy en día, el gusto por caminar como actividad cultural, como una manera de unir cuerpo, mundo e imaginación, está decayendo, como decae el tiempo libre, el espacio libre y los cuerpos sin trabas.
Tras la Revolución Industria, la cultura caminante era una reacción contra la velocidad y la alineación. La pirotecnia que ha impulsado al capitalismo reciente (¡compra!, ¡viaja!, ¡gasta!) y los fuegos artificiales de la economía de la experiencia u "homo agitatus" (hacer mucho, moverse mucho, probar mucho, cambiar mucho, de todo y a todas horas. ) y de la influencia (¡muestra!, ¡exhibe!, ¡alardea!) acalló muchas filosofías milenarias que aconsejaban lo contrario: déjate de artificios y disfruta de la esencia de vivir, como el caminar.

Aunque todavía quedan rescoldos de resistencia a la pérdida posindustrial, posmoderna, del espacio, tiempo y corporeidad, nunca se ha utilizado tan poco la resistencia física individual para la movilidad. Solnitt explica que "los automóviles han promovido la dispersión y la privatización del espacio: los centros comerciales reemplazan a las calles, los edificios públicos se vuelve islas en un océano de asfalto, la urbanización sensata se transforma en ingeniería del tráfico y la gente se mezcla cada vez con menos libertad y frecuencia." Y también recuerda que la calle es el espacio público donde se ejercen los derechos a la libre expresión y a la reunión, "los centros comerciales, no", apostilla. "Las posibilidades democráticas y liberadoras no existen en lugares donde no tienen espacio para reunirse. Quizás se pretendiera precisamente eso." 

Volvemos a la época de murallas, guardias y sistemas de seguridad, para proteger a los ricos de las consecuencias de las injusticias económicas y el resentimiento más allá de las murallas. Kierkegaard exclamó hace mucho: "Es en extremo lamentable y desmoralizador que los ladrones y la élite estén de acuerdo en una sola cosa: vivir escondidos". La decadencia del caminar se debe a la falta de espacio, pero también de tiempo. Ese espacio de tiempo reflexivo, no planificado, de ensoñación. El mundo ya no está hecho a nuestra escala, sino a escala de las máquinas. 

También a las del gimnasio. La cinta de andar original de 1820, era una gran rueda con dientes que servían como peldaños que los prisioneros debían pisar durante un tiempo para "racionalizar sus mentes". La labor o esfuerzo físico repetitivo sin resultados prácticos o productivos siempre ha sido un castigo en el mito griego (Sísifo, Ixión...). El alimento siempre ha sido escaso y el esfuerzo físico para conseguirlo, abundante. El castigo, lo frustrante, era quemar calorías y acabar con las manos vacías. Hoy, el alimento es abundante y las tareas físicas, las que antes eran labores productivas, se vuelven "ejercicio" y sirven para quemar calorías. Como decía Marx, la historia ocurre por primera vez como tragedia y la segunda como farsa. 


"La cinta de andar parece ser uno de los muchos dispositivos que facilitan el retirarse del mundo, y yo temo que esta facilidad disuada a la gente de participar en nada" explica Solnitt.

Todavía quedan caminatas que son la empresa y la aventura de una jornada productiva. Lucy Lippard escribió en su libro "Overlay" algo que le contó otro artista, Lawrence Weiner, sobre una costumbre de los inuit caribu en los Barren Grounds, Canadá, (y que se viralizó):"aliviarse caminando en línea recta por el paisaje hasta sacar la emoción de su sistema; el punto en el cual la rabia es conquistada se marca con un palo, como señal de la fuerza o la longitud de la rabia." El antropólogo especializado en cultura inuit, Francesc Bailón, duda sobre esta costumbre, y aclara que ante la rabia "lo más habitual y normal entre los inuit es precisamente sonreír para exteriorizar las tensiones y rabias acumuladas". De hecho, el caminar en linea recta para desahogarse le parece inverosimil, ya que "buena parte de su vida transcurre en el exterior, por lo tanto lo que hacemos nosotros de salir de casa para airearnos en los inuit no es aplicable". 

El escritor Alastair Reid, escribió Eduardo Galeano, vivía en una perdida playa de la República Dominicana. Una vez, entre sus cartas publicitarias, llegó la propaganda de una máquina de remar, que mostró a sus vecinos, los pescadores.
"¿Bajo techo? ¿Se usa bajo techo? ¿Sin agua? ¿Se rema sin agua? ¿Y sin peces? ¿Y sin sol? ¿Y sin cielo?" le preguntaron incrédulos:
"Los pescadores dijeron a don Alastair que ellos se levantaban cada noche, mucho antes del alba, y se metían mar adentro y echaban sus redes mientras el sol se alzaba en el horizonte, y que ésa era su vida, y que esa vida les gustaba, pero que remar era la única parte jodida de todo el asunto:

-Remar es lo único que odiamos -dijeron los pescadores. Entonces don Alastair les explicó que la máquina de remar servía para hacer gimnasia.
-¿Para hacer qué?
-Gimnasia.
-¡Ah! Y gimnasia, ¿qué es?"


"Si de verdad queréis hacer ejercicio, id en busca de las fuentes de la vida." sugiere Henry David Thoreau (Un paseo invernal) "Qué ridículo resulta ese hombre con sus pesas arriba y abajo para tratar de mantenerse sano, mientras en las altas praderas de la salud brota a borbotones allá donde a él no se le ocurre acercarse…"



"Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte, hay que correr por lo menos dos veces más rápido." dice la Reina Roja en “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, Lewis Carroll.

jueves, 28 de mayo de 2020

La cooperación, la moral, y el señor de las moscas: soñar con los ojos abiertos.

"Somos solidarios por naturaleza
Por eso cuando yo bostezo, tú bostezas.
Por eso yo te protejo y tú me proteges.
Por eso compartimos el aire que respiramos desde el mismo eje.
Yo sé que el futuro es incierto
Pero aunque cierren fronteras
No podrán cerrar el mar abierto, pronto saldremos
A dejar nuestras huellas en el suelo
Sobre las nubes de nieve, bajo los lagos de cielo.
A sentir el sol que nos vacuna junto al agua que nos moja
Bajo a cascadas que lloran frente a una selva de hojas
Entre los bosques de flores de diferentes tamaños
Los arcoiris que pintan las estaciones del año
Como los colores de la ropa en pleno movimiento
Que cuelgan en los balcones para que las seque el viento
Y la mirada de la historia que quiere seguir contando
Que a pesar de que peleamos, nos entendemos bailando".
René Pérez Joglar.


Michael Tomasello y Felix Warneken del Instituto Max Planck de Leipzig en Alemania, demostraron que los niños a partir de un año de edad, cuando apenas están aprendiendo a caminar y a hablar, ya manifiestan espontáneamente ciertos comportamientos de ayuda mutua y de cooperación, sin que éstos les hayan sido enseñados por los adultos.

Durante su investigación, vieron que todos los niños ofrecían espontáneamente su ayuda como por ejemplo, para recoger y entregar al experimentador un objeto que se le había caído al suelo. “Esos niños son tan pequeños que aún usan pañales y apenas son capaces de hablar pero aun así, ya presentan comportamientos de ayuda mutua.” explicó Warneken. Es más, si el experimentador tiraba deliberadamente la pinza al suelo en lugar de hacerla caer por descuido, los niños no reaccionaban.

Además, cuando los niños obtenían una recompensa, la propensión a ayudarle no aumentaba, sino lo contrario: ofrecían menos su ayuda. “Este resultado sorprendente aporta una confirmación suplementaria a la hipótesis según la cual los niños son mayormente estimulados por motivaciones internas que por estímulos externos”.

En una entrevista le preguntaron a Tomasello, por qué podemos ser muy amables con la gente de nuestro entorno e incluso de nuestro país, y luego ser despiadados con los de fuera. Respondió que nuestros valores varían en función de en qué círculo nos movamos. No nos comportamos igual con el conocido que con el desconocido. Homologar ambos comportamientos es una de las grandes aspiraciones de la ética. "A veces somos generosos y a veces egoístas, dependiendo de la situación." El problema radica en que "nuestra capacidad de cooperar, evolucionó dentro de pequeños grupos. Hace 100.000 años éramos interdependientes con nuestro grupo cultural, pero luchábamos con otros grupos". "Favorecemos a los de nuestro grupo y desconfiamos de los de fuera." Es una característica que no debemos obviar, pero "si es algo que quieres cambiar, es posible que no puedas cambiar la biología, pero podemos crear instituciones sociales que reúnan a gente de distintas culturas en entornos colaborativos." Y explica: "hemos visto que cuando se colabora, la gente tiende a repartir con justicia lo que se obtiene. Cuanto más podamos construir situaciones en las que la gente colabore, y hagan cosas juntos de forma interdependiente, se facilitará un tratamiento más justo para todo el mundo. Incluso si es gente a la que no conoces, si trabajas con ellos sientes que lo adecuado es compartir con igualdad."  
Cooperar compartiendo los mismos valores es algo que, en último término, nos permite confiar en el valor de un dinero impreso en papel por desconocidos a miles de kilómetros de nuestra casa, por ejemplo.

Sione, Luke, Mano, Tevita, Fatia y Kolo, un grupo de adolescentes de Tonga procedentes de un internado de estricta tradición católica, terminaron en medio del océano Pacífico, en el islote rocoso y deshabitado de 'Ata, después de robar un barco de un pescador y pasar ocho días a la deriva. Allí pasaron 15 meses y, a diferencia de la novela clásica de William Golding, "El señor de las moscas" de 1954, "los niños trabajaron juntos en equipos de dos, comenzaron un fuego y nunca dejaron que se apagara y se mantuvieron amigos todo este tiempo" explica el historiador holandés Rutger Bregman en su reciente libro "Humankind". Comieron peces, cocos, pájaros y huevos, crearon un jardín agrícola, ahuecaron troncos para almacenar agua de lluvia, e incluso crearon un gimnasio con curiosas pesas y una cancha de bádminton. Hasta que un capitán de barco australiano, Peter Warner, rescató a los niños. Éste buen ejemplo de colaboración ocurrió en 1966.

El equipo del Instituto de Antropología Cognitiva y Evolutiva de Oxford realizó una encuesta intercultural sobre moral más grande y completa de más de 600 individuos representativos de hasta 60 sociedades de todo el mundo. La conclusión fue que la moral sirve para promover la cooperación, el bien común. Es decir, ser buena persona significa cooperar. Además, "no hay nada misterioso o mágico en la moral" como explica uno de los principales investigadores, Oliver Scott Curry. "La idea básica es que los humanos son animales sociales. Hemos vivido juntos en grupos sociales durante 50 millones de años." En este sentido, existe un acuerdo sobre lo que significa ser buena persona: ayudar a la familia, asistir al grupo, devolver favores, ser valiente, obedecer a los superiores (gente respetada, ancianos, chamanes, líderes...), dividir los recursos de manera justa y respetar las propiedades de los demás. "Estos siete tipos de cooperación explican siete tipos de moralidad: amor, lealtad, reciprocidad, valentía, deferencia, equidad y derechos de propiedad." Afirma que la moralidad evolucionó para promover la cooperación, pero también existen dilemas morales.
La evolución, como remarca Tomasello, ha fomentado la cooperación dentro del grupo, pero también la xenofobia hacia otros grupos. Cooperamos en contra de otros grupos. Los dilemas morales surgen cuando una forma de comportamiento cooperativo es incompatible con otra, o entra en conflicto con otra.
Una forma de comportamiento cooperativo se considerará moralmente mala por una sociedad, siempre y cuando se promueve a expensas o en contra de alguna otra forma mayor de cooperación. Por ejemplo, los ladrones son muy buenos cooperando para robar los bienes comunes, pero ya hemos dicho que no respetar los bienes de los demás se considera algo moralmente negativo. Bueno, hay una excepción, la tribu Chuuk de Micronesia. Los miembros de esa tribu respetan el robo si este se entiende como una manera de disputar la jerarquía. En cierto modo sería una extensión del concepto de valentía, otro rasgo de la buena moral.

Al mismo tiempo, la no cooperación también puede considerarse moralmente buena cuando facilita un resultado cooperativo más amplio. Un ejemplo es cuando una persona se desmarca de su comunidad laboral para denunciar al jefe con el fin de cooperar por unos derechos humanos básicos más amplios. El 13 de marzo de 2017, el bombero Ignacio Robles se negó a cooperar, a participar en el embarque en un recinto portuario de un cargamento de centenares de toneladas de armamento con destino a territorio saudí para no ser cómplice de la matanza de civiles, especialmente niños, en la guerra de Yemen.

"El caso de Katrina sigue maldecida por rumores, clichés, mentiras y racismo" se lamenta la preriodista Rebecca Solnit. "La historia que la mayoría de la gente escuchó era que tras el huracán, habían grandes grupos de hordas merodeadoras que volvían a la barbarie, el salvajismo, la violencia y lo que sea. Y fui a Nueva Orleans para ver lo que realmente sucedió, y fue una enorme cantidad de voluntariado, ingenio, altruismo, generosidad, heroísmo, por parte de las personas que quedaron varadas, y por parte de voluntarios y rescatadores." "Y la pregunta para mí es, entonces, ¿por qué la minoría se portó mal?" "Esa minoría que eran funcionarios públicos y vigilantes (...)" "el alcalde, el gobernador, y muchas otras personas tratan a la ciudad de Nueva Orleans como si estuviera llena de delincuentes, en lugar de víctimas." Así que "asumieron, falsamente, que debido a que la gente en general se estaban comportando de manera brutal, necesitaban medios bárbaros para reprimir a ese público."


Solnitt asegura en su libro "Un paraíso construido en el infierno" que "en la mayoría de los desastres, las personas se comportan de manera altruista y con recursos. Improvisan comunidades. Y a menudo encuentran en eso una verdadera sensación de alegría. Lo ves en el terremoto de 1906. Lo viste en el 11 de septiembre, y en Katrina."
"Lo que también ves es que, debido a que las autoridades piensan que somos monstruos, ellos mismos entran en pánico y se convierten en monstruos en el desastre. Algunos de los sociólogos con los que trabajé, Lee Clarke y Caron Chess, llaman a esto "pánico de élite", la sensación de que las cosas están fuera de control; y piensan que deben recuperar el control, ya sea disparando contra civiles sospechosos de robar, ya sea que eso signifique centrarse en el control y las armas como respuesta, en lugar de en la ayuda y el apoyo o simplemente dejando que las personas hagan lo que ya están haciendo magníficamente. Por lo tanto, realmente no solo cambia el sentido de lo que sucede en el desastre, en estos momentos extremos, sino que creo que cambia nuestro sentido de la naturaleza humana, quiénes somos y quiénes queremos ser."

 
El 9 de octubre de 1940, el fotógrafo Fred Morley captó una imagen idílica de la Segunda Guerra Mundial que fue ampliamente divulgada: un lechero que se abría paso entre las ruinas para entregar la leche, como hacía siempre a diario. Pero era falsa: el lechero, con bata blanca, era de hecho el asistente del fotógrafo. El "Espíritu Blitz" (Blitz es el término con el que se conoce a los bombardeos sostenidos en el Reino Unido por parte de la Alemania nazi) muestra el estoicismo y la determinación para seguir adelante en las situaciones difíciles. Hoy por hoy, muchos políticos recuerdan todavía este espíritu, tanto como otra propaganda puesta de moda en los últimos años "Keep Calm and Carry on" (Mantén la calma y continúa), un póster producido por el gobierno en 1939, al inicio de la guerra, que nunca se publicó.

De esta manera, el gobierno de entonces supo desviar la evidencia de los efectos físicos y psicológicos de ser bombardeado y se centró, en cambio, en las historias de la resolución británica
, con el fin de levantar la moral a sus ciudadanos y soldados. Sin embargo, hoy por hoy, esta retórica de sacrificio a menudo se combina con otra demanda: consumir, comprar una casa, un coche, hacer algo de sí mismos, "aspirar". Aspiraciones individuales con resolución, a la que llaman hoy "resiliencia": término que proviene de la física, saltar o rebotar, como les ocurre a las gomas elásticas cuando se estiran y regresan.
Pero el homo sapiens es archisociable, por eso tenemos una gran capacidad de cooperar. Lo malo es que esta interdependencia, es cierto, evolucionó en pequeños grupos, y que por eso luchábamos y luchamos con otros grupos, los Otros, los de fuera.

Pero el ser humano tiene otra herramienta para dejar de rebotar y saltar hacia adelante, que es la creación de instituciones sociales o situaciones que son capaces de reunir a gente de distintas culturas. Y cuando nos arremangamos y hacemos cosas juntos, somos propensos a actuar y repartir con justicia lo obtenido. A ser justos.

Si somos capaces de confiar en el valor de un dinero que no deja de ser un trozo de metal o de papel impreso por desconocidos a miles de kilómetros de nuestra casa, podemos cooperar compartiendo los mismos otros valores, en otras situaciones. 

sábado, 2 de mayo de 2020

Mindfulness al natural: Friluftsliv, Shinrinyoku, Keyif y otros caminos de pensamiento.

"El aburrimiento llega cuando ya ni siquiera sabemos qué esperamos. Lo único que uno percibe en ese vacío, que muchas veces se inflama hasta convertirse en asco existencial, es el latido del tiempo en uno mismo. (...) No es lo mismo esperar que tener esperanza. La esperanza está del lado del futuro; la espera está atrapada en el instante.(...) 
En muchos ámbitos de la vida esperamos a que algo madure y casi ni nos importa. No se le puede meter prisa al trigo. (...) 
Dejamos de percibir el mundo, para recibir noticias sobre él"

Andrea Köhler. (El tiempo regalado. Un ensayo sobre la espera).


Los noruegos tienen en su idioma múltiples palabras referidas al tiempo libre en la naturaleza. "Friluftsliv" o vida al aire libre, fue un término acuñado en 1859 por el poeta noruego Henrik Ibsen, el autor de "Casa de muñecas", en su poema "En las alturas" (“Paa Vidderne”). En él, describe la importancia de pasar tiempo lejos para el propio bienestar físico y espiritual. El protagonista busca la soledad en la naturaleza para aclarar sus pensamientos sobre el futuro.

    "Sentado en la solitaria cabaña de campo
    reúno mi abundante captura
    Hay lumbre, un taburete y una mesa
    vida al aire libre (friluftsliv) para mis pensamientos"


Los alemanes gustan de la caminata o excursión (wanderung), especialmente por sus bosques.  Un término muy en boga es "Wanderlust": Wandern significa “vagar”, mientras que lust lo traducimos como “pasión”.
«La gente que sufre gusta de visitar los bosques», escribió Robert Walser en "Berlin stories": «Para ellos es como si el bosque sufriera con ellos en silencio, como si este comprendiera cómo sufrir y estar tranquilo y orgulloso en su sufrimiento». Una palabra del alemán que se refiere, precisamente, a esta soledad del bosque, o a la sensación de estar solo en el bosque, es "Waldeinsamkeit". No es para nada una palabra común en el habla, sino una palabra originada especialmente como motivo literario en el período romántico, el bosque como un ideal para el introvertido y soñador poeta. La primera vez apareció en 1796 en el cuento de hadas "La rubia Eckbert" de Ludwig Tieck.

"Estoy feliz de nuevo
No sufro
Aquí no hay envidia
Estoy feliz de nuevo
Soledad en el bosque".


 El significado literal del término sueco "allemansrätten", es 'el derecho de todos', que en la Constitución de Suecia desde 1994 dice: «Todos tendrán derecho a la Naturaleza, según el allemansrätten». En finés: "jokamiehenoikeus", este derecho de acceso público a la naturaleza que también comparten Suiza y Noruega, consiste en poder transitar y pernoctar breve y temporalmente en terrenos abiertos de propiedad privada, con fines de recreación y ejercicio, siempre y cuando se respete y se cuide al medio ambiente, flora y fauna, a los propietarios y a todas las personas que disfruten del espacio. Aunque este derecho no se aplica a la llamada tierra vallada de uso privado.

El derecho de todas a disfrutar de, por ejemplo, lo que los suecos llaman "gökotta": la costumbre de levantarse temprano por la mañana con el propósito de salir a escuchar el canto de los primeros pájaros. Tiene su origen en las celebraciones del Día de la Ascensión, fiesta cristiana que se celebra cuarenta días después del domingo de resurrección. Ingemar Liman en su libro "Traditional Festivities in Sweden", escribe: "La Ascensión se celebra a menudo levantándose temprano en la mañana (alrededor de las 3 ó 4 de la mañana) para ir a un bosque a oír cantar a los pájaros. Estas excursiones se llaman gök-otta, literalmente "el cuco (pájaro) de la mañana", ya que esta es la época del año cuando se puede escuchar la llamada del cuco".

Dar un paseo o caminar es parte importante de la cultura rusa: гулять, gulyat. Diferente a "khodit", un verbo que simplemente significa moverse de un lugar a otro a pie, "gulyat" también significa "pasar un buen rato". El lapso de tiempo de la caminata se llama progulka (en ruso: прогулка).

"Jordnær" es otro concepto noruego que significa "los pies en la tierra" y simboliza la aceptación y la conexión con los ancestros, el patrimonio y el medio ambiente. Otra palabra que da una idea del amor que tienen los escandinavos por salir a la naturaleza es "sólarfrí", aunque ésta tiene truco. Significa 'vacaciones de sol', y la Vitamina D es la protagonista. Se trata de disfrutar de un día particular (e inesperadamente) soleado y cálido.

Pero los escandinavos también son expertos en disfrutar de las pequeñas cosas en el hogar. Los daneses tienen un concepto muy conocido: "hygge". Este término evoca una sensación de calor interno y de algo acogedor, comodidad, compartida o no, con placeres simples. Acurrucarte en el sofá con una manta y un buen libro. Confort y sensación de estar a gusto, en paz con el mundo, relajado. El "cosag" gaélico es también un pequeño agujero en el que arrastrase, de donde viene "cozy", acogedor, en inglés. Es cuando la lluvia y la humedad o la nieve de fuera hace que sintamos la llamada de un resguardo caliente, cómodo y hogareño, y con seres queridos, mejor. "Kos" es para los noruegos: una palabra que se refiere al estado del ser cuando está cálido, contento y, en general, tiene un buen momento de calma.

Es la misma sensación que el "gezelligheid" holandés, aunque esta palabra deriva de la palabra "amigo", resaltando más la compañía. En alemán tiene connotaciones similares la palabra "Gemütlichkeit", que describe los sentimientos de simpatía y compañía, y comodidad. Lo que para los finlandeses puede ser la palabra "kodikas": hogareño; y para los suecos: "mysig", acogedor.

Los suecos tienen otro concepto con bebida: "fika", que viene de tomar café (kafferep). Aún siendo grandes consumidores de café, el centro del bienestar no lo da esta bebida, sino todo lo de alrededor: un espacio cómodo, relajado, con buena compañía y una buena conversación.

"Zevk" and "keyif" significan "placer" en turco, pero "keyif" es una palabra que se utiliza de manera especial en Turquía, algo así como "un estado placentero de relajación ociosa". Se trata de parar y disfrutar el momento, difrutando de lo que hay alrededor... La comida, la bebida, los amigos, las vistas, la música callejera, las puestas de sol... "Kefi" es en Grecia: pasión, dicha... 

"Sabai" significa cómodo, pero eso no explica realmente cuán importante es esta palabra en Tailandia. "Sabai sabai", los tailandeses repiten las palabras para agregar un énfasis extra, una manera de decir: muy cómodo o realmente relajado, confortable, un estado de bienestar pleno. O tener el corazón cómodo: "sabai jai".

En muchos lugares de la Amazonía, hacen "caminos de pensamiento", unas profundas meditaciones a lo largo del territorio, o solamente sentados a la puerta de sus "malocas" o casas, que también son una nave para el pensamiento. También caminan el pensamiento durante la noche, tanto, que al día siguiente un saludo común puede ser "¿qué soñaste anoche?".

En Japón, aman a la naturaleza. La religión nativa, el sintoísmo, tiene una fuerte conexión con la tierra, en la qué se encuentran los dioses. No en vano, dos terceras partes del país está cubierto de bosque. Japón es uno de los países con una mayor proporción de bosques del mundo y con una gran diversidad de árboles, solo superado por países como Finlandia y Suecia.
"Shinrinyoku" en japonés, viene de baño de bosque (森林 bosque; 浴 baño), una terapia que se empezó a implantar en Japón a partir de los años 80 y que consiste en caminar por el bosque, pero con los 5 sentidos puestos en todo lo que te rodea. Además, gracias a Hisako Fujii, y su libro "Mosses, My Dear Friends", la observación de musgo se ha puesto de moda, en estos ecosistemas alfombrados de musgo.  
Pero estamos hablando de un lugar en el que concentrar la atención y la conciencia de manera plena en lo que se está haciendo en el momento, en lo que ocurre en el presente, es parte de su tradición. Algunos ejemplos conocidos de las artes zen son la ceremonia del té, el teatro Nō, el arte floral ikebana, el cuidado de los bonsais... pero también tradiciones no tan conocidas como "tsukimi" (mirar 見 y luna 月), que consiste en contemplar la luna llena en Septiembre, en el equinoccio de otoño. O la poesía haiku, que captura el momento describiendo imágenes evocativas en pocas palabras:

Masaoka Shiki
"Primavera en el hogar.
No hay nada
y sin embargo hay de todo."



viernes, 10 de abril de 2020

El ecosistema inmunitario: yo albergo multitudes.

 "Si los soldados de primera línea no necesitaran máscaras y guantes, sino armas, bombas inteligentes, búnkers, submarinos, aviones de combate y bombas nucleares, ¿habría escasez?"

Arundhati Roy, activista y escritora.



Hay unos 1.67 millones de virus en la Tierra, puede que muchos más. Llevan existiendo cientos de millones de años, allí estaban ellos cuando nuestros antepasados comenzaron a ser bípedos, pero se les conoce desde hace no mucho. Los virus son láminas de proteínas que encapsulan algo de ADN o ARN, no tienen metabolismo propio y no pueden sobrevivir sin un animal, planta o bacteria. Sin un ecosistema que tenga una maquinaria celular para replicarse. Y esta búsqueda está condicionada por cosas como la proximidad y la regularidad del contacto. Y los humanos solo somos un animal más. 
Pero el potencial de infectar no se correlaciona necesariamente con la enfermedad y la muerte, muchos no son patógenos. Algunos virus pueden no tener ninguna consecuencia en absoluto y ser solo parte de nuestro microbioma. Y algunos incluso pueden estar involucrados en mejorar nuestra propia biología. Sólo en nuestro microbioma intestinal, contenemos más microbios que galaxias en el firmamento. Y no únicamente virus, también contenemos hongos, árqueas y bacterias. "Como decía Walt Whitman: soy tan grande que albergo multitudes", explica el divulgador de la ciencia Ed Yong en su libro homónimo. Los virus pueden desempeñar un papel importante y positivo para nosotros, siempre y cuando los mantengamos bajo vigilancia inmunitaria.
 
Y aún con toda esta información que nos da la ciencia, en la era industrial de los combustibles fósiles y de la agricultura industrial, seguimos manteniendo una visión mecanicista, militarista y antropocéntrica de los humanos como algo separado de y superior a otros seres que podemos poseer, manipular y controlar. Todo por mantener un modelo económico basado en la ilusión de crecimiento ilimitado que viola sistemáticamente los límites planetarios y la integridad del ecosistema y las especies.

La ilusión de que las plantas y los animales son utilitarios para fabricar materias primas que se convierten en combustibles para nuestros cuerpos, que son máquinas, ha creado la imposición del modelo industrial de la ganadería intensiva y las macrogranjas de confinamiento industrial.

En cualquier caso, ¿cómo se ha desatado una epidemia por los murciélagos? ¿O fue el pangolín, o la civeta? En la llamada "economía sumergida", en los márgenes de la economía y de la urbanización, esta agroindustria ejerce tal presión sobre los barrios periféricos, que las personas se ven empujadas a incursiones
agroeconómicas (caza, recolección, mercado) en ecosistemas locales. De los animales "salvajes" se desatan cepas virales que pasan de ser aisladas o inofensivas a acceder entonces a esos entornos hipercompetitivos de ganadería intensiva, donde se encuentran con muchas otras cepas y virus. 
En estos lugares es donde el virus se vuelve más virulento, ya que al tener numerosos huéspedes de la misma especie juntos, se trasladan entre muchos individuos en un espacio reducido, es decir, tienen un suministro continuamente renovado. Además, a estos animales les dan una cantidad de antibióticos y antivirales para prevenir las enfermedades, pero también crean resistencias cada vez más fuertes. Estos animales-huéspedes tienen ciclos de vida acortados (para sacar el mayor rendimiento) por lo que los virus deben alcanzar rápidamente su umbral de transmisión, aumentando la intensidad y la virulencia. Para estos virus, matar al huesped se convierte así en una ventaja evolutiva.
  
El Síndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus, mató a 24.000 lechones hasta mayo de 2017 (casi una cuarta parte del suministro mundial de carne de cerdos) en la misma región de China en la que trece años antes se había desatado el brote de neumonía atípica conocida como "SARS". Se cree que en este caso, fue esta drástica disminución de la oferta de carne de cerdo la que habría empujado a la demanda de proteína animal proveniente de la fauna local.

En la actualidad, China y Australia concentran el mayor número de macrogranjas del mundo. En el gigante asiático la población de ganado prácticamente se triplicó entre 1980 y 2010. China es el productor ganadero más importante del mundo, concentrando en su territorio el mayor número de "landless systems" (sistemas sin tierra), macroexplotaciones ganaderas en las que se hacinan miles de animales en espacios cerrados.
Las epidemias son producto de la urbanización, cuando hace alrededor de cinco mil años los seres humanos comenzaron a agruparse en ciudades con densidad poblacional. La ganadería industrial ha "urbanizado" una población animal. Mudanjiang City Mega Farm, por ejemplo, es una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas. Tiene unos 90 mil kms2, es mayor que toda Hungría. En cuanto a las aves, China produce algo del orden de 15 a 20 mil millones de aves de corral por año.

Robert G. Wallace, (
Farming Human Pathogens: Ecological Resilience and Evolutionary Process) ha estudiado un siglo de pandemias durante 25 años, y explica el ejemplo de la gripe aviar: "no hay cepas endémicas altamente patógenas en las poblaciones de aves silvestres". Pero "los crecientes monocultivos genéticos de animales domésticos eliminan cualquier cortafuegos inmunológico que pueda existir para frenar la transmisión" facilitando las mayores tasas de transmisión y reduciendo la respuesta inmunológica.

Michael Greger, investigador estadounidense en salud pública y autor del libro "Bird Flu: A virus of our own hachting" (Gripe aviar: un virus de nuestra propia incubación), explica que antes de la domesticación de pájaros hace unos 2.500 años, la gripe humana seguramente no existía.
 
"Estamos interrumpiendo e invadiendo muchos hábitats de vida silvestre." "Así es como multitud de virus portados por los murciélagos, inofensivos para ellos, consiguen penetrar en la población humana" explica Sonia Shah, periodista científica sobre salud global. Este fenómeno se denomina transferencia zoonótica, tales infecciones saltan de los animales a los humanos. Aunque sea infrecuente, puede hacer que virus procedentes de animales se adapten a nuestros organismos y evolucionen hasta convertirse en patógenos. En su libro "Pandemic: Tracking Contagions, from Cholera to Ebola and Beyond", advierte que en los últimos cincuenta años, más de trescientas enfermedades infecciosas han surgido o reaparecido recientemente en territorios donde nunca antes se habían visto. "Podemos citar el ébola como ejemplo", que se trasladó de animales salvajes a humanos, teniendo también como portadores a los murciélagos. Científicos han relacionado el brote con la rápida deforestación, con cambios en el uso de la tierra impulsados por el capital, "pero también por la violencia política" añade Shah. "En esos tres países en el lado más occidental de África (Sierra Leona, Guinea y Liberia) se encontraba uno de los bosques con mayor biodiversidad del mundo. Pero en el transcurso de la década de 1990, hubo un conflicto político increíblemente complejo muy sangriento, que continuó durante años. 600.000 refugiados huyeron a ese bosque para escapar de la lucha." "Solo permaneció el 15% de ese bosque original. Y lo que ahora sabemos es que toda esa área que ha sido deforestada se superpone bastante bien con el hábitat de los murciélagos frutales." Los brotes de 2013 en Guinea se produjeron justo después de que el país vendiera grandes extensiones de tierra a conglomerados agroindustriales internacionales para la industria del aceite de palma, un monocultivo que atrae literalmente a las especies de murciélagos.

Pero también es el caso del virus de nipah (presente principalmente en Malasia y Bangladesh) o del marburgvirus (sobre todo en África Oriental). La enfermedad del bosque de Kyasanur (India) es un virus altamente patógeno que se propaga de los monos (que ven cómo su habitat forestal se reduce cada vez más) a los humanos a través de las garrapatas. La devastación ecológica reduce la
biodiversidad, que ayuda a repartir la carga vírica entre las distintas especies y entre los individuos de esas especies, y también reduce la complejidad ambiental con la que el bosque hace de cortafuegos, interrumpiendo las cadenas de transmisión. Las incursiones para extracción de petroleo y minerales crean "autopistas" que permiten el movimiento de animales salvajes, que no solo los acerca a nosotros, sino también los aleja, huyendo, al último extremo del paisaje primario, desenterrando una mayor variedad de patógenos potencialmente protopandémicos que luego vuelven.  
La científica Shi Zhengli, investigadora principal del Instituto de Virología de Wuha, ya alertaba de la transmisión del coronavirus a los seres humanos en China, y apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado había alterado los nichos de vida de los murciélagos, incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, por lo que cabía esperar nuevas epidemias en el futuro.
 
En la transmisión de los humanos, son los circuitos mundiales de migraciones regulares de mano de obra los que facilitan que el virus tenga ante sí un mayor número de vías evolutivas en un tiempo más corto, permitiendo mutar más rápidamente y evolucionar hasta que las variantes más aptas superan a las demás.

"El capitalismo ya es global, y también totalizante. Ya no tiene un borde o frontera con alguna esfera natural no-capitalista más allá de él, y por lo tanto no hay (...) ninguna verdadera zona salvaje capaz de ser preservada en algún tipo de condición pura e intacta. En su lugar, el capital tiene simplemente un interior subordinado, que a su vez está totalmente subsumido en las cadenas de valor mundiales." explican en la revista Chuang.
 
Es el mensaje que nos transmiten: los procesos de globalización han acelerado las epidemias, y somos cada vez más susceptibles. El riesgo se vuelve omnipresente, esta vez, a escala planetaria. Ante sucesos impredecibles, ya sean de orden político (bioterrorismo) o natural, (como las pandemias), la racionalidad normativa ya no puede ser preventiva, ni se suponen tan efectivos los cálculos estadístico como herramienta para controlar variables de riesgo y sus efectos. En un estado de alerta continua, debemos anticiparnos, estar siempre en alerta, preparados (preparedness). Las crisis son impredecibles e inevitables, solo se espera aguantar el chaparrón y ser buenos soldados. La salud se convierte en un problema de seguridad y se explica cada vez más en términos militares.

"La mayoría del daño producido por la enfermedad causada por el nuevo coronavirus está causado por el sistema inmunitario, que efectúa una defensa de tierra quemada para impedir que el virus se extienda. Millones de células del sistema inmunitario invaden el tejido pulmonar infectado y causan daños masivos en el intento de eliminar el virus y cualquier célula infectada." explica el biólogo Benjamin Neuman. "El reto para los sanitarios que tratan a los pacientes está en sostener el cuerpo y mantener la sangre oxigenada mientras el pulmón se repara a sí mismo."
Defensa de tierra quemada, invasión... Donna Haraway, bióloga y filósofa, se pregunta: "¿Es posible "imaginar el sistema inmunitario de modo distinto al de la retórica característica de la guerra fria, que siempre lo representó como un campo de batalla?" "Por qué no pensarlo, más que como discurso de invasores, como un discurso de especificidades compartidas en un yo semiimpermeable capaz de interactuar con otros (humanos o no, internos o externos)?"

El sistema inmunitario es la “capacidad sanadora” que todos llevamos incorporada en nuestro cuerpo, el sistema que ataca al virus. La fuerza misma de la respuesta inmunitaria es lo que determina la autorregulación, la autoreparación, y su equilibrio se debe a la suma de las fuerzas que se oponen en él.

Inmunidad, explica el filósofo Roberto Esposito, viene del sustantivo "inmunitas", negar el "munus". "Munus" era el deber, ley, obligación, y también ofrenda que debe donar alguien para tener derecho a vivir en una comunidad determinada. Comunidad viene de "cum" (con) y "munus". Era la obligación de la deuda la que comunaba a los sujetos, la que mantenía los lazos sociales en una comunidad. En cambio, en el derecho romano, inmune era el que no debía nada a nadie, el que estaba exonerado de los deberes societarios que son comunes a todos.
En la modernidad, explica Esposito: "Los individuos modernos llegan a ser verdaderamente tales, es decir, (...) exentos, exonerados, dispensados de ese contacto que amenaza su identidad que lo expone (...) al contagio de la relación".

Y así, con total inmunidad, cada uno de nosotros afianzamos nuestra identidad, nos sentimos únicos, alejados del contagio de la relación. Pero también nos sentimos más expuestos ante este mundo precario y amenazante.

"Lo que me ha enseñado la historia de las pandemias es que todas estas cosas

están conectadas. La salud humana está conectada con la salud de nuestras sociedades, la salud de nuestros animales, la salud de nuestra vida silvestre. La salud de nuestros ecosistemas. Todos están conectados.
Así que tenemos que volver a imaginar el camino con el pensamos en nosotros mismos en este mundo microbiano en el que todos vivimos.
Podríamos hacer cosas como restaurar el hábitat salvaje para que los microbios que viven en animales no se derramen en cuerpos humanos.
Podemos hacer cosas como proteger la salud de la mayoría vulnerable, las personas que están viviendo sin saneamiento, las personas que viven en barrios marginales, los animales que viven en granjas en condiciones deplorables.
Porque su salud está muy obviamente conectada a la nuestra."
Sonia Shah.





Fuentes:
Michael Greger, "Bird Flu: A virus of our own hachting".

Robert G. Wallace, "Farming Human Pathogens: Ecological Resilience and Evolutionary Process".
Shonia Shah, "Pandemic: Tracking Contagions, from Cholera to Ebola and Beyond".
Roberto Esposito, "Comunidad, inmunidad y biopolítica".
https://www.elsaltodiario.com/saltamontes/recuperar-la-tierra-nuestra-comida-y-nuestra-agricultura?fbclid=IwAR3A0TheP56FGwPo-aaDbtxETytEebcpFQ1EPmLT2ld3QUDDDT8nbda1wVA
https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_6_1010758925.html#click=https://t.co/L0nEuSoXs8

https://www.pagina12.com.ar/256569-no-le-echen-la-culpa-al-murcielago
http://nautil.us/issue/83/intelligence/the-man-who-saw-the-pandemic-coming
https://mondiplo.com/contra-las-pandemias-la-ecologiahttps://www.ft.com/content/10d8f5e8-74eb-11ea-95fe-fcd274e920ca
https://www.sinpermiso.info/textos/contagio-social-lucha-de-clases-microbiologica-en-china
https://elpais.com/ciencia/2020-04-07/que-hace-tan-mortal-al-coronavirus.html?ssm=FB_CM_MAT&fbclid=IwAR14CW2J7x9rnrGVL6rT-hVS_xw3gIRyZ4g17URMEiV9D-VJVEq6aR-yBd8

https://www.lavanguardia.com/vida/20200509/481027584994/ecologo-receta-naturaleza-contra-virus.html
https://www.lemondediplomatique.cl/2020/03/de-donde-viene-el-coronavirus.html
https://www.youtube.com/watch?v=w2k4SdwCY9g
D. J. Haraway, Come una foglia (entrevista con T. Nichols Goodeve), Milán: La Tartaruga, 1999, págs. 92-3.