jueves, 30 de junio de 2022

El pozo de la Melancolía, y otras muchas manera de pensar demasiado.

 "O el pozo era muy profundo, o ella caía muy lentamente, porque mientras descendía le sobraba tiempo para mirar alrededor y preguntarse qué iría a pasar a continuación."
Alicia en el País de las mravillas.
 
 
 
 
Los seres humanos somos más bien lentos y flojos. Un chimpancé puede rompernos la crisma con facilidad. Nacemos totalmente indefensos, y ni siquiera tenemos caparazón ni púas, ni podemos subirnos a un árbol con mucha rapidez. Pero somos “Sapiens”, somos los más inteligentes. Tenemos un cerebro voluminoso que consume un 20% de las calorías que ingerimos, y eso que es solo el 2% de nuestro peso.

Pues tampoco.

Piensa en todo lo que sabes, y confiesa: todas esas cosas las has aprendido de otras personas. Sabes contar o leer, pero tú no has creado el sistema numérico ni la escritura. Se han hecho múltiples investigaciones científicas sobre nuestra inteligencia comparándola, especialmente, con otros simios, y también quedamos en evidencia. Ni en velocidad de procesamiento de información, ni en memoria, ni en astucia. Ni siquiera mentimos mejor que ellos, porque tendemos a fiarnos enseguida de los demás. “Somos tan malos para detectar el engaño porque es mejor para nosotros ser más confiados. La confianza, y no la habilidad para detectar el engaño, es el camino evolutivamente más beneficioso”, escribe la psicóloga Maria Konnikova en “The confidence game”. “A los seres humanos no les gusta existir en un estado de incertidumbre o ambigüedad. Cuando algo no tiene sentido, queremos saber lo que nos hemos perdido. Cuando no entendemos qué o por qué o cómo sucedió algo, queremos encontrar la explicación”.

Habrá que creerla: mientras se documentaba para su último libro, "El gran farol", se convirtió en campeona internacional de póquer.

Y lo peor es que nos ruborizamos: “la más extraña y humana de todas las expresiones”, como la definió Darwin. Tanto que, en cuanto notamos que nos ruborizamos, ¡nos ruborizamos aún más! ¡Qué vergüenza!
 
En pleno examen, en plena entrevista de trabajo, en pleno tropezón en medio de la calle… me ruborizo,
¡y me pongo a bostezar! Y no, no es que he dormido mal de los nervios, ni que la situación me aburra soberanamente. Bostezamos para tener una mejor respuesta al estrés. Al menos, eso dicen los expertos. Así aumenta el nivel de cortisol. Nos preparamos para luchar o para huir. Pero no lo hacemos. Quizás miremos demasiado hacia la puerta o hacia el reloj, pero no sacamos ninguna katana ni huimos despavoridos. En lugar de eso, nos ponemos a crear relaciones con los demás, a colaborar, a transmitir y compartir información. Y en la confianza (uy yo también me caí el otro día...), dejamos de ruborizarnos. En definitiva, hacemos “cultura”: el conjunto de técnicas, habilidades, herramientas, motivaciones, valores y creencias que adquirimos al ir creciendo, básicamente aprendiéndolas de otras personas. En eso somos especiales: en el aprendizaje social.

Ya, pensarás. Pero la que se lo pasa fatal cuando se ruboriza, y se me ponen "rojitas las orejas", soy yo. Yo y mi reputación (lo que queda de ella). Y ahora no me vengas con que las emociones son "constructos sociales", que no me sirve. Que la que hace el ridículo soy yo.

Pues es que ponerse rojo como un tomate es una aptitud social, para hacer saber a los demás que no nos resulta indiferente lo que piensen de nosotras y nosotros. Y las emociones, ¿son enteramente nuestras?

"Todo se reduce a lo que crees que es una emoción. Cuando hablamos de emociones, creo que necesitamos lo que el antropólogo estadounidense Clifford Geertz en la década de 1970 llamó "descripción densa". Geertz hizo una pregunta elegante: ¿Cuál es la diferencia entre un parpadeo y un guiño? Si respondemos en términos puramente fisiológicos, hablamos de una cadena de contracciones musculares de los párpados, entonces un abrir y cerrar de ojos es más o menos lo mismo. Pero necesitas entender el contexto cultural para apreciar lo que es un guiño. Necesitas entender los juegos y las bromas, las burlas y el sexo, y aprender convenciones como la ironía. El amor, el odio, el deseo, el miedo, la ira y el resto también son así."

Escribe Tiffany Watt Smith, historiadora, en "Atlas de las emociones humanas".

"La influencia de nuestras ideas puede ser tan poderosa que a veces actúa sobre las reacciones biológicas que consideramos de lo más naturales."
Por eso, cuenta, los caballeros bostezaban de amor y la gente moría de nostalgia. Incluso esas emociones que dicen ser "básicas" y "universales", esas pasiones pimitivas como el asco o el miedo, varían en función del tiempo y el lugar. Algunas desaparecieron, como la acedia (yo ya la he añadido a mi vocabulario), que es una combinación de languidez y desesperación. Diferente a la apatía (sin pasión) que en su origen nada tenía que ver con esa perezosa inercia que sentimos ahora. Otras, en periodos históricos diferentes, podían ser expresadas en público o escondidas o frenadas mediante penitencias. En el siglo XVI los autores de autoayuda animaban a estar tristes, y ahora a ser felices.

La misma palabra "emoción", no existía hasta 1830. Antes las llamaban "pasiones, accidentes del alma", "sentimientos morales"...  El concepto moderno de emoción se remonta al nacimiento de la ciencia empírica a mediados del siglo XVII, la evidencia del sistema nervioso y el cerebro.

"En su octavo día, frunció el ceño (...) poco antes de tener cinco semanas, sonrió", escribía Charles Darwin en 1872 (La expresión de las emociones en el hombre y en los animales). Su prometida Emma Wedgwood se lamentaba: "tú te dedicarás a hacer teorías sobre mí, y cuando esté enfadada o de mal humor, solo te preguntarás "¿qué prueba eso?".
 
Los neurocientíficos han encontrado seria evidencia de que la inteligencia, la memoria y las decisiones humanas no son nunca enteramente racionales, sino que siempre están influenciadas por emociones (¡no nos olíamos la tostada!). Nuestro pensamiento siempre está acompañado por sensaciones y procesos corporales, y aunque a menudo tendemos a intentar suprimirlos, pensamos también con nuestro cuerpo.

"Nos hemos vuelto tan obsesionados con el conocimiento racional, la objetividad y la cuantificación que nos sentimos muy inseguros al tratar con los valores humanos y la experiencia humana".

-Margaret M. Lock, antropóloga.
 
Si volvemos la vista atrás, nos encontramos con la teoría de la medicina humoral del antiguo médico griego Hipócrates. Cada persona tenía un equilibrio de cuatro sustancias elementales en sus cuerpos: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Se pensaba que estos humores moldeaban la personalidad y el estado de ánimo: los que tenían más sangre en las venas eran de temperamento rápido, pero también valientes, mientras que el dominio de la flema lo hacía pacífico pero lúgubre. Los médicos creían que las pasiones fuertes perturbaban este delicado ecosistema al mover el calor alrededor del cuerpo y despertar los humores a su vez. Las huellas de estas ideas aún persisten: es por eso que hablamos de personas flemáticas o de mal humor, o decimos que su sangre está hirviendo.
 
La flema inglesa consiste en permanecer impasible, no inmutarse ante los sucesos de la vida, sean positivos o negativos. Así es el humor británico, tener siempre la broma más apropiada o el comentario crítico más ácido en el momento oportuno:


Dos damas inglesas se encuentran tomando su habitual whisky en el bar del Titanic. Se oye un tremendo estruendo, todo cae al suelo, la punta de un enorme iceberg irrumpe en el bar, y una de las dos damas dice:

- He pedido hielo pero, francamente, esto roza lo ridículo.


Melancolía significa "bilis negra": melania chole. Se puso de moda en el Renacimiento. Mientras que la bilis amarilla hacía que la gente se enardeciera rápidamente pero se reconciliaban rápido, la bilis negra creaba seres letárgicos y solitarios, llegando a sufrir de visiones extrañas. De aquí viene también el término "hipocondría", que eran los órganos que se calentaban cuando se sufría de melancolía. Hipocondrio es un sector anatómico que a la derecha, aloja al hígado; a la izquierda, al bazo. Además, estaban las flatulencias. Era la "melancolía ventosa", la que producían esos vapores. La melancolía era la marca de los intelectuales, de los genios, pero en causaba dolor, y su cura iba desde inducir el vómito hasta las sanguijuelas.

La tristeza era causada por este exceso de humor, de bilis negra. Pero no todo era tan malo. Se creía
que también hacía el caracter más pesado, sobrio, resuelto y firme. A los mandamases protestantes esto les gustaba, hacía a las personas más humildes, indignos ante Dios. Por eso, los libros de autoayuda instaban a familiarizarse y tolerar la tristeza, con el fin de no caer en una melancolía atroz y paralizante.
Piensa en la ingratitud de tus hijos, o en el ascenso que nunca llega. Una lista mucho más larga de "ruinas" se encontraba en "Castel of Helth" de Thomas Elyot, en 1539.

La desesperación, perder la esperanza de encontrar algún sentido a la vida, era diferente de la melancolía. Eran personas sanas que no habían resistido a la tentación de caer en una desesperanza absurda.  Era pecado.

"El mayor peligro de todos, la pérdida de uno mismo, puede ocurrir muy silenciosamente en el mundo, como si no fuera nada en absoluto. Ninguna otra pérdida ocurre tan sigilosamente; cualquier otra pérdida (un brazo, una pierna, cinco dólares, una esposa, etc) seguro que se notará", advertía en 1849 Soren Kierkegaard.

En Haití, hay una emoción: "reflechi twòp" (pensar demasiado). “Pensar demasiado” se ha descrito en más de 130 estudios en culturas y regiones del mundo como una forma común de expresar angustia mental. Ma-‘tangna’-tangna’, en Indonesia: pensar y pensar. "Kulini kulini" en Australia. "Anda pensando mucho", dicen en Nicaragua...
 
Se trata de la capacidad humana de prever y calcular mientras nos anclamos en el pasado. Es en ese entonces que "pensar demasiado" se ubica entre la depresión y la ansiedad. Lo que llamamos "rumiar".
 
El "maladi moun", también en Haití, se le conoce como la “enfermedad causada por los humanos” o como la “enfermedad enviada”. Según esta cultura, la envidia hace que ciertas personas provoquen en otras personas psicosis, depresiones, incapacidad para realizar sus quehaceres, fracasos en los estudios o en el trabajo, etc. Por eso, cuando una persona tiene éxito, obtiene un buen trabajo, tienen buena salud o le sonríe la fortuna, siempre teme que ello despierte la envidia de otros sujetos que le pueden “enviar” cualquier enfermedad mental.
 
El "litost" checo denota un sentimiento humano profundo causado por la agonía que se siente al ver de manera repentina las miserias propias. Milan Kundera, autor de La insportable levedad del ser: “He buscado vanamente en otras lenguas el equivalente de esta palabra, porque me parece difícil imaginar como alguien puede comprender el alma humana sin ella”.

La "toska" rusa es un sentimiento de insatisfacción desesperante que, según se decía, bajaba de las grandes llanuras. Vladmir Nabokov describe mejor que nadie la palabra: “En su sentido más profundo y doloroso, es una sensación de gran angustia espiritual, a menudo sin una causa específica. En el aspecto menos mórbido es un dolor sordo del alma, un anhelo sin nada que nada haya que anhelar, una añoranza enferma, una vaga inquietud, agonía mental, ansias. En algunos casos podría ser el deseo por algo o por alguien en particular, la nostalgia, una pena de amor. En su nivel más bajo, se reduce al hastío, al aburrimiento.”

En el idioma shona, de Zimbabwe, "pensar mucho" se dice "Kufungisisa". Se trata de reflexionar sobre los problemas de la vida futura o sobre traumáticos acontecimientos del pasado de manera obsesiva. Los síntomas recogen la ansiedad, preocupación, tristeza... que dan lugar a quejas somáticas (por ejemplo, dolor de cabeza intenso) y consecuencias sociales tales como la retirada social. Los shona dicen “me duele el corazón porque pienso demasiado”.
 
Para tratar la "kufungisisa", se utiliza el método "Vazukuru", que significa "sobrino". El primer paso es "abrir la mente": "kuvhura pfungwa". El segundo, fortalecerse: "kusimbisa" y con ello, "elevarse": "kusimudzira". Valores shona tradicionales que no utilizan solo los profesionales de la salud, sino también y sobre todo, las matriarcas shona, perfectas escuchantes y consejeras.

 

jueves, 26 de mayo de 2022

Los ik de Uganda: Tomora maráŋ, es bueno compartir.

 "La creencia de que, en el fondo, la naturaleza humana es egoísta sólo sirve para justificar el comportamiento humano egoísta. Lo cierto es que la evolución nos ha legado la capacidad de ser generosos y bondadosos."

 Cathryn Townsend, antropóloga.

"El famoso abismo entre el hombre y los animales presuntamente "inferiores" se reduce de improviso a nada, con la salvedad de que, en el caso que nos ocupa, de la comparación sale mejor parada la mayor parte de los animales inferiores, que manifiestan muchas más cualidades humanas que los ik." Colin Turnbull, antropólogo. (The mountain people).

Personas crueles y egoístas, que no cuidan de los niños ni atienden a los ancianos, y con calma les roban el último bocado. Tal idea ha estado circulando sobre la comunidad ugandesa ik desde la década de 1970 debido al trabajo del antropólogo Colin Turnbull.  

Los Ik viven en la esquina lejana noreste de Uganda, cerca de sus fronteras con Kenia y Sudán del Sur. Eran un pueblo de tradición nomada, que se desplaza en bandas y vivía de la caza. Pero tras el trazado de fronteras entre Sudán, Kenia y Uganda cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, su territorio se redujo a Uganda. Después, se creó el Parque Nacional de Kidepo justo donde encontraban sus presas, y además, las tensiones político-militares entre los Estados vecinos limitaban más sus desplazamientos. Terminaron viviendo de la agricultura en una zona con laderas escarpadas de una montaña de tierras poco fértiles y clima desfavorable y sequía continua. Cuando el antropólogo llegó en 1965, se impuso una grave escasez alimentaria, y vio como poco a poco desaparecía cualquier rasgo de solidaridad. Era una época en que una tribu vecina todavía le llama el "año de una taza", en referencia a las escasas raciones anuales. Recibieron del gobierno:una taza de maíz por persona. 

Ancianos que morían en aislamiento, agonía de los más débiles, robos, tratos
crueles... Y sin embargo, les describía como “personas sin amor” que profesan una “cultura de egoísmo” en su libro "The Mountain People", publicado en 1972.
Peter Brook, uno de los hombres claves del teatro del siglo xx, decide hacer una obra a partir del libro. Se venden los derechos para el cine. Margaret Mead lo califica de "hermoso".

Según Turnbull, los Ik eran la prueba que buscaba: "Nos enseña que nuestros valores humanos no son en modo alguno inherentes a la humanidad". Sacrificaron todos los valores humanos en la dura lucha por la supervivencia: amor, amabilidad, altruismo, faltaban honestidad y sentimiento en sus vidas. Ninguno de estos valores eran inherentes a la naturaleza humana. Propuso dispersar a sus decenas de miles de personas que viven en el noreste de Uganda en las fronteras con Kenia y Sudán del Sur, para que el mal que irradia de ellos ya no se pueda heredar. Abogó por que fueran forzados y al azar "reunidos en algo parecido a una operación militar" sin tener en cuenta "la edad, el sexo o el parentesco" "en pequeñas unidades de unas diez" y luego "llevados a partes de Uganda lo suficientemente remotas como para que no puedan regresar” a su hogar como una forma de eliminar los rasgos culturales, incluido su idioma, que él creía que los llevaba a ser tan egoístas.

En la década de 1970, The New York Times describió a los Ik como "una flor inquietante del mal" en "su rincón del jardín de la civilización". El médico y periodista científico Lewis Thomas argumentó, en 1973, que la "repelencia compulsiva e incesante" de estas "criaturas brutales y desapegadas" era el resultado de una "cultura explotada" en la que cada Ik era una "tribu de un solo hombre". Se argumentó ampliamente que los Ik revelaron cómo los humanos son esencialmente maliciosos cuando se los despoja de los efectos restrictivos de una civilización decente. Ejemplificaron 'cuán poca bondad natural hay en el fondo del corazón humano', como advertencia para el mundo civilizado sobre la fragilidad de la bondad humana.

La antropóloga Cathryn M. Townsend estuvo realizando trabajo de campo en el año 2016 con los Iks y luego regresó brevemente en 2017 y 2018. Ella alega que su cultura contiene varias peculiaridades que, de hecho, promueven la generosidad. Entre otras cosas, creen que su comportamiento es monitoreado por espíritus llamados llamados kí ʝ áwik a, que literalmente significa hijos de la tierra, quienes recompensan a los generosos y castigan a aquellos que no comparten. Después de todo, uno de los dichos más populares es “Tomora maráŋ", que significa “es bueno compartir”.

Y escribe: "La 'temporada de hambre' seca en Ikland es un momento en el que las personas deben unirse para ayudarse mutuamente compartiendo los alimentos recolectados con los más necesitados. Los Ik también se enfrentan a una amenaza constante de ataques violentos por parte de grupos de guerreros asaltantes. Como pueblo desarmado y habitualmente pacífico, los Ik están en gran medida indefensos frente a los ataques y robos de alimentos y tierras. Su única defensa es confiar unos en otros para obtener ayuda."

Turnbull era famoso gracias a su libro anterior, The Forest People, que trataba sobre los mbuti del bosque de Ituri. Si bien Turnbull había representado a los Mbuti de manera muy favorable, argumentó que los Ik, por el contrario, eran las personas más egoístas, malas y antisociales de la Tierra. No tuvo en cuenta suficientemente el hecho de que se estaba moviendo entre ellos durante unas severas hambrunas. Así interpretó el anómalo comportamiento causado por la desesperación de la hambruna y la pura supervivencia como una parte normal de su cultura tradicional. 

Incluso Richard Dawkins se refirió al relato de Turnbull en el capítulo final de "El gen egoísta":

"La selección de parentesco y en favor del altruismo recíproco pudo actuar sobre los genes humanos para producir gran parte de nuestras tendencias y de nuestros atributos psicológicos básicos.
Estas ideas parecen satisfactorias hasta este momento, pero encuentro que no afrontan el formidable desafío de explicar la cultura, la evolución cultural y las inmensas diferencias entre las culturas humanas alrededor del mundo, que abarcan desde el total egoísmo de los Ik de Uganda, según la descripción de Colin Turnbull, hasta el gentil altruismo del
Arapesh de Margaret Mead." 

 Charles Oodong, un joven líder de la comunidad Ik, denuncia:

“La descripción incorrecta de Turnbull del estilo de vida Ik convenció a mucha gente de que los Ik somos antipáticos, desagradables y egoístas. Esa representación incorrecta debe corregirse para cambiar la opinión de las personas”.

Mucho antes que Townsend, en 1987, vino el testimonio de un antropólogo afroamericano: Joseph Towles, pareja de Turnbull. Él y Colin Turnbull pasaron un tiempo en África realizando trabajo de campo no solo entre los Ik, también Mbuti y Mbo. Habló de una acogida cordial y amistosa de los Ik, pero que pasó a ser desesperación y estoicismo cuando llegó la hambruna. Explicó las razones macrosociales de la escasez, y constató: el individualismo se convirtió en virtud para sobrevivir. De hecho, las describió como "un comportamiento y una visión de las cosas sorprendentemente no africanos." Recordó que un agente de policía le dijo "Esta gente no se comportan como ugandeses. Son como los europeos".

“La ciencia no es simplemente la acumulación de conocimientos. En cambio, avanza a trompicones y lo hace a lo largo de un camino sinuoso" escribió la antropóloga Cathryn Townsend. "La investigación que es defectuosa, como la de Turnbull sobre el Ik, juega un papel importante en ese proceso. Los científicos, como todo el mundo, aprenden tanto de sus propios errores como de los de los demás. Un nuevo prólogo o introducción transformaría a The Mountain People de lo que es ahora, una etnografía defectuosa que continúa engañando a las personas sobre los Ik y sobre las causas del comportamiento humano, en una lección importante sobre el proceso desordenado, imperfecto, pero aún muy importante de la investigación científica.”

"(...) si podemos aprender algo de los Ik sobre cultura y civilización, es que incluso cuando las convenciones de generosidad colapsan debido a condiciones de estrés extremo, como ocurrió, es posible que resurjan por completo dentro de 50 años, a pesar de las condiciones crónicas de escasez y privación. La resiliencia de la generosidad Ik frente a condiciones perennemente duras, hambrunas extremas, epidemias, ataques de guerreros hostiles y marginación política dentro de la civilización a nivel estatal es motivo de optimismo, no de desesperación."

"Pero la aceptación acrítica de la idea de que la competencia despiadada es la respuesta inevitable a las crueldades de la naturaleza, está impulsada por una historia mítica que no resiste las pruebas empíricas. En su peor forma, este mito sustenta el darwinismo social, la eugenesia y la política delirante de la derecha. En su forma más inocua, respalda la creencia popular chovinista de que el amor y la bondad son un lujo que solo los ricos o los ilustrados pueden permitirse. Nada de esto es propicio para la buena ciencia o para una sociedad abierta y reflexiva. La creencia de que, en el fondo, la naturaleza humana es egoísta sólo sirve para justificar el comportamiento humano egoísta. Lo cierto es que la evolución nos ha legado la capacidad de ser generosos y bondadosos."

Lo cierto es que Colin Turnbull dedicó en EEUU muchos años a visitar a condenados en el pasillo de la muerte, intimando con muchos de ellos y sus familiares y reclutando abogados que trabajaran gratis en sus casos. Su implicación en el activismo contra la pena de muerte fue total. Escribió un artículo en Natural History, «Muerte por decreto». Colin insistía en que los castigos brutales brutalizan tanto a quien los recibe como a quien los inflige.

Fuentes:  

Didier Fassin. Por una repolitización del mundo.

https://aeon.co/essays/why-were-the-ik-people-vilified-as-selfish-and-nasty

 http://www.humangenerosity.org/setting-the-record-straight-on-the-mountain-people-an-open-letter-to-simon-schuster/


jueves, 28 de abril de 2022

Menhir, dólmen, crómlech: en as tres pedretas desde los Pirineos a la India.

"'Siente o que te digo', escuché muchas veces cuando era niño, y pasados los años, me he dado cuenta que lo que me pedía mi abuela Serafina, durante aquellos intensos días que viví en la aldea, era que agudizase la atención sobre lo que ella me iba a decir, que juntase la cabeza y el corazón, como cuando se abrazaban los dedos para que no se cayese un solo grano de trigo."

Enrique Satué. (Siente. Testimonios de aquel Pirineo).

En los pueblos, el tiempo cíclico de las estaciones se sucedían y se fundamentaban unas en otras. Los ejes que cruzaban el paisaje humanizado eran el clima, el agua, la vegetación y la fauna, y el relieve, pero el ser humano lo cincelaba todo mezclando lo biólogico con lo económico, lo social o lo festivo.
Y sigue siendo igual, pero distinto. Hoy, está todo cambiado, especialmente el clima: "Yo digo que ha rodau la tierra", le dice una mujer pirenaica (Aragón, España) a Satué. "¡Oy, aquí! Este año me parece que más que nunca. Ye (la atmósfera) igual de loca que las personas. No sé si más u menos, pero por el estilo", reflexiona otra.
 
Pero hay vestigios que arrancan de la noche de los tiempos, y todavía perviven algunas expresiones aragonesas, como aquella de "ya está en as tres pedretas": "estar entre las tres peñetas". Esta frase se exclamaba cuando se intuía que alguien iba a fallecer.
Y en el mismo lugar siguen estando esas tres peñetas, los dólmenes. Un monumento megalítico: del griego 'mega', que significa grande, y 'lithos', piedras. Suelen estar en lugares de gran belleza, donde es más fácil, a nivel espiritual, entrar en contacto con las "potencias superiores". Algo que realmente se ha seguido haciendo casi hasta nuestros días. Las personas de las élites también se hacían enterrar en templos para que su espíritu tuviera mayor accesibilidad hacia el cobijo de los dioses. Y fue así hasta el siglo XVII, cuando las epidemias desaconsejaron estas prácticas (aunque hay todavía excepciones).

El menhir es otro monumento megalítico, una gran piedra vertical hincada en el
suelo. Se desconoce a ciencia cierta la finalidad de estas piedras. Podían ser límites de término para un determinado grupo humano. O quizás eran lugares donde se fijaban el alma del muerto y servirle de morada provisional cerca de los vivos, para incidir en la fertilidad de los campos y animales e impedirle, al mismo tiempo, errar y hacerse peligrosa, según el antropólogo rumano Mircea Eliade. 
 
El naturalista José Miguel Navarro Lopez escribe sobre una piedra al borde de un camino, en Pirineos. No parece que tenga nada especial, es como las miles que hay en el entorno, aunque grande y de una forma peculiar. Y sin embargo, "caminantes han colocado, diríase que con ternura, sobre la superficie que todavía guarda huellas en forma de ripples (huellas del oleaje de aquél mar primigenio), pequeñas ramas de boj sujetas por piedras."
"Es conocida como O descansador." 

"Cuenta que una mujer de casa O Royo de Escartín, de nombre Petra (quédese con este nombre el amable lector, pues no es fruto del azar) estaba de vaquera en la pardina de la Isuala, al este del pueblo. De vuelta a casa, una tormenta provocó una gran crecida del barranco Bergazo, tributario del de a Glera y que normalmente baja con caudal más que menguado. Había que vadearlo obligatoriamente para llegar al calor del hogar. Las vacas, azuzadas por la mujer y gracias a su gran tamaño, lo hicieron pero la infortunada mujer, al intentarlo, fue arrastrada por las aguas.

Cuando las vacas llegaron solas a casa, la familia se temió lo peor. Acompañados
de algunos vecinos, empezaron inmediatamente la búsqueda en medio de la tormenta hasta que sus sospechas se vieron confirmadas cuando hallaron el cuerpo sin vida muy cerca de las pasarelas que ayudaban a vadear el Forcos. Cabizbajos y desolados, emprendieron la vuelta al pueblo llevando el cuerpo entre dos personas envuelto en una manta. Pasaron la borda de As eretas, l Artica Lobreca y por las inmediaciones del Tozalón y la raja os moros. Pero el camino era empinado y la tensión y el peso del cuerpo hizo mella entre los porteadores. A la altura de o Plano Serrato, ya casi a la vista del pueblo, una piedra -nuestra piedra- situada a la orilla del camino, parecía el lugar ideal para depositar el cuerpo con un mínimo de dignidad mientras los porteadores descansaban y rezaban una oración por el alma de la difunta. A partir de ese momento, esa piedra dejó de ser una piedra más y se convirtió en un objeto de culto. El alma de Petra, la infortunada mujer ahogada, quedó fijada en la piedra y cualquier viajero que pase por allí deberá dejar un exvoto (una ramita de boj sujeta con una piedra, una piedra sola, un fruto, cualquier cosa) si no quiere que el espíritu de Petra se vaya con él. 

Hasta aquí la práctica y la leyenda, leyenda que podría ser una más. Quizá el recuerdo arcaico de un hecho cierto ocurrido hace siglos. Una mera anécdota de interés histórico, antropológico y/o etnológico. Pero, pese a la insistencia de la tradición oral, pese a la creencia a pies juntillas de este relato, es más que probable que ese óbito nunca ocurriera y que la explicación a esta práctica y a esta leyenda que ha llegado hasta nuestros días sea mucho más profunda".

Y aclara que esta práctica litolátrica no es única en Europa. Aparece entre los Korkus y los Gondas de la India, entre algunas tribus de Sudán y Nueva Guinea o en Sudamérica donde se conocen con el nombre de Apachetas.

Dicen los Muria de la India: "Si crees, es una diosa. Si no crees, es una piedra". Tradicionalmente, la principal diosa de los muria era la Madre Tierra, adorada a menudo en la forma de un montón de piedras.

Pero aún hay más. Todavía hoy, en Chhattisgarh y Madhya Pradesh, estados de la India, muchas tribus aún siguen una tradición funeraria megalítica ininterrumpida. Las comunidades de la India llamadas Bastar Gond, Bison-horn Marias, Dorlas y Murias erigen "uraskal" (menhir) y "danyakal" (dolmen) como memoria a los muertos. El tamaño de los menhires depende de la reputación y la personalidad de la persona. Los gonds creen que sus ancestros viven en este pilar y son responsables de la protección de su clan, y si detienen la tradición es una especie de falta de respeto a su antepasado y pueden enfrentarse a una serie de problemas. Otras tribus de habla munda y hos también tienen prácticas megalíticas idénticas. Mundas, Asurs, Oraons y Hos llaman a un menhir "birdiri" o "burudiri", mientras que para ellos un dolmen se conoce como "sasandiri". 

Los Gadabas, Bondus y Keenghar de Orissa tienen la tradición de erigir menhires,
dólmenes y círculos de piedra con fines conmemorativos y funerarios. También crean círculos de piedra a los que llaman "sindibors". Los dólmenes en la región de Vidharbha se llaman "pandukal" o "pandukutti". Los dólmenes de la comarca de Marayur pertenecen a la Edad del Hierro y se denominan "valivadu" o "muniyara". Las tribus también erigen menhires en memoria de incidentes significativos en sus comunidades, familias y pueblos. Los menhires también se establecen como mojones de sus pueblos. (Para saber más: Megaliths of India)

En otra entrada ya nombré muchos tipos de mojones o hitos, desde el Círculo Polar Ártico hasta Hawai. En Japón, la religión Shinto tenia una practica similar en la que apilaban piedras en ciertos puntos del camino. Dichos amontonamientos servían como morada y adoratorio de entes espirituales denominados genéricamente Kami y cuyo poder aumentaba o decrecia en proporción a las ofrendas recibidas.

De forma similar, los romanos ofrendaban a una serie de divinidades menores de los caminos y encrucijadas (algunas adoptadas de los griegos y los anatolios); entre las mas conocidas están Término (dios protector de los límites e hitos), Hécate (diosa asociada de diversas maneras con encrucijadas, caminos de entrada, magia, brujería...), o los lares, que custodiaban las encrucijadas y vigilaban las ciudades.

"Por otro lado, resulta sorprendente la efectividad, la coherencia y la simplicidad
con que estos rituales se sincretizaron y se hicieron creíbles y asumibles para los habitantes del entorno",
explica Navarro. De hecho, no es casual el propio nombre de la supuesta difunta de la leyenda que cuenta. En efecto Petra es traducción literal del latín Piedra. Y explica que Pierre, o piedra, también se llamaba el que fue asesinado según otra leyenda en otro pueblo de la zona, en el Somontano de Barbastro. Su túmulo se incrementa cada vez que pasa un viajero, evitando que el alma del muerto salga de donde supuestamente está enterrado.

Y nos queda el crómlech, otro monumento prehistórico, esta vez compuesto de varias piedras hincadas en el suelo y formando un círculo. Los hay en toda Europa. El más conocido, el de Stonehenge. El nombre procede del bretón y significa "piedra en curva". La arqueología conjetura que eran lugares de incineración. En algunos círculos se han encontrado cerámicas con cenizas y otros restos humanos. Casi siempre se hallan cerca de los ríos o manantiales, y en vías seculares de trashumancia. Hay otra teoría, lanzada por Juan José Ochoa de Zabalegui : son representaciones de estrellas (de algunas estrellas, las más brillantes) siendo el diámetro porporcional a la intensidad del brillo de la estrella representada. Algunas piedras singulares, o "testigos", señalarían el horizonte, visto desde el centro del círculo, los ortos, los ocasos u otros eventos astronómicos.
 
Y volvemos a la India. Porque la investigación moderna ha revelado que varios megalitos en el país como el de Vibhuthihalli, Hanamsagar, Nilurallu, Punkri Burwadih y Chano, se han hecho de acuerdo con orientaciones astronómicas. Estos servían como observatorios de los tránsitos del sol y la luna, quizás, para funcionar como calendarios de sus comunidades.
 
"Pues ahora, no es como el cielo estrellado de antes, porque estaba limpio. Si salías a la puerta de noche y veías las estrellas, que parecía que te iban a caer encima...", recuerda Consuelo a Satué. "O sea que por as estrellas... Es como ahora, ahora por el sol yo sé todas las horas", explica Fermín. "A la una le diban del Porqué y l'atra le diban la estrella del Crabé. Yeran mol espurnentas (luminosas). Qu'era cuan teniban que tancá (encerrar) los animals. Sí...", recuerda Carmen, todavía con las estrellas en su mirar.

"Emociona escuchar decir a los mayores que ahora no hay tantas estrellas como antes", se lamenta el mismo Satué. "Es cierto, su vista se ha acortado, pero la contaminación lumínica les impide ver las estrellas." "Al escuchar esos testimonios nos daremos cuenta de que vivimos en otra galaxia. Todo el día mirando pantallas electrónicas, pero ya nadie sabe leer en la gran pantalla del universo."

Nos quedan los decires, los hitos y los mitos para orientarnos en estas encrucijadas, en estos cruces de caminos que de vez en cuando nos ofrece la vida. Donde lo mismo avistamos malos presagios o maravillosas oportunidades. Sea como fuere, las piedras seguirán siendo testigos, y quizás hasta nos indiquen el horizonte.

Fuentes:

'Diccionario de signos, símbolos y personajes míticos y legendarios del Pirineo aragonés'. José Miguel Navarro López.

'Un año en el Pirineo. Averiguaciones y disquisiciones de un naturalista curioso'. José Miguel Navarro López. 

'Siente. Testimonios de aquel Pirineo'. Enrique Satué.

'Tratado de Historia de las Religiones. Morfología y dialéctica de lo sagrado'. Mircea Elíade. 

 https://www-wionews-com.translate.goog/south-asia/why-indian-stone-henges-are-not-unesco-heritage-sites-21158?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sc

https://www.ancient-asia-journal.com/articles/10.5334/aa.12328/print/ 

jueves, 24 de marzo de 2022

Cielos negros: nos están robando la noche.

“Era una de esas noches claras, estrelladas, cubiertas de rocío, que oprimen el espíritu y aplastan nuestro orgullo con la brillante prueba de la terrible soledad, de la oscura insignificancia desesperada de nuestro planeta.” Joseph Conrad (Azar)
 

Copérnico descubrió que la Tierra no era el centro del Universo, sino que giraba en torno al Sol, en el siglo XVI. 

Después, los astrónomos descubrieron que el Sol no se hallaba en el centro del Universo, sino que nuestro sistema solar forma parte de una galaxia con miles de millones de soles. 

Y luego, que nuestra galaxia es una entre miles de millones de galaxias en el Universo, cada una con miles de millones de estrellas, y que además, es una insignificante porción de un inmenso cosmos. 

Nosotros decimos "noche", pero contiene siete partes: atardecer, crepúsculo, conticinio (la hora de la noche en que todo está en silencio), intempesto, gallicinio, madrugada y alba.
Y cada vez más, al contemplar el cielo y sus estrellas en una noche negra y clara, nos sentimos aplastados y humildes. Y eso que es sólo una minúscula parte de todo el Universo lo que podemos ver. En una ciudad, apenas si alcanzamos a distinguir entre diez y doscientas estrellas. Pero en el campo, en una noche sin luna, pueden verse a ojo desnudo hasta 2.500 estrellas.

Hay una palabra que ayuda para explicar este estado o emoción: 幽玄 - Yūgen. O mejor dicho, para saber que es mejor no explicarlo. Los kanjis que conforman esta palabra significan oscuridad y misterio, calma y profundidad. Se trata de dejarnos atravesar y poder apreciar y expresar aquello que nos conmueve sin caer en una inútil obstinación por querer explicarlo y describirlo absolutamente todo.

Escribe Junichiró Tanizaki en "El elogio de la sombra": Lo mismo que una piedra fosforescente en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si fuera expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los efectos de la sombra."

"No soy una experta en estrellas, pero el cielo estrellado tiene un encanto que es
comprensible incluso para los menos experimentados. La naturaleza a menudo se comunica incluso sin necesidad de interpretación, entonces, obviamente, quienes la conocen pueden ver más cosas", explica Irene Borgna, antropóloga y guía naturalista. Ella viajó en camper en busca de los rincones más alejados de la contaminación lumínica, donde se puede admirar la bóveda estrellada. Y entonces escribió el libro "Cieli Neri".


"Nos embarcamos en este viaje de aventuras impulsado por una búsqueda lúdica de estos lugares y nos apasionamos, queríamos entender quién se lleva la noche, qué historias se esconden detrás de estos lugares. Durante el día exploramos y por la noche disfrutamos del cielo."


"En algún momento te das cuenta de que mucha gente no ha tenido acceso a la noche con tantas estrellas. Un ejemplo de esta distorsión es el cambio total en la percepción contemporánea de la noche. Nos parece absurdo leer cómo Van Gogh tuvo acceso a cielos tan negros que pudo distinguir el color de las estrellas. La electrificación masiva es un proceso reciente, algo tan antiguo como la noche, se ha borrado en 150 años”.

Y es que en esta obra, cuyo título completo es "Cielos negros. Mientras la contaminación lumínica nos está robando la noche", Irene Borgna cuenta el viaje que la llevó bajo los cielos más oscuros de Europa: una oportunidad para reflexionar sobre el problema a menudo subestimado de la contaminación lumínica. El alumbrado público nació hace poco más de cien años, y alrededor de los treinta se ha convertido en norma para gran parte de la humanidad tener noches luminosas, y nos quedamos encerrados como moluscos en nuestra propia luz.
 
Según el nuevo atlas de la luminosidad artificial de la night sky, publicado en Science Advances en 2016 (como actualización de la versión original de 2001), la posibilidad de ver la Vía Láctea (“nuestra casa en el Universo”, como escribe Borgna) está cerrada a más de un tercio de la humanidad. Hasta el punto de que, el 17 de enero de 1994, inmediatamente después del fuerte terremoto de Los Ángeles, con la ciudad a oscuras, se produjeron numerosas llamadas telefónicas al 911 y al cercano observatorio astronómico Griffith debido a la extraña nube plateada suspendida sobre el ciudad: muchos habitantes nunca la habían visto y temían que pudiera ser una amenaza.

En marzo, un estudio mostró por primera vez la conexión entre la contaminación lumínica y la propagación de patógenos: al analizar pollos en diferentes áreas de Florida, los investigadores observaron cómo la exposición a bajos niveles de luz nocturna coincide con un mayor riesgo de infecciones por el virus del Nilo Occidental. Y está influenciado incluso más que por otros factores como la densidad de población humana. En el pasado, ya se había demostrado cómo la contaminación lumínica alargaba el periodo de una infección del gorrión común, favoreciendo potencialmente la propagación del virus.

Hay otro problema con la contaminación lumínica: que afecta el ritmo circadiano. Cada uno tiene impreso un ritmo en el ADN que marca la sucesión cíclica del sueño y la vigilia según las condiciones de iluminación. Los hay que han evolucionado para mantenerse despiertos, moverse, migrar, conseguir comida, construir un nido o guarida y reproducirse durante el día y los que, en cambio, tienen que hacer lo mismo en la oscuridad. Si alteramos la alternancia luz/oscuridad con la irradiación de luz artificial tras la puesta del sol, alargando el día y, de hecho, anulando la noche, restamos espacio y tiempo vital a las miles de especies que necesitan de la oscuridad para sobrevivir.

El ejemplo más famoso de interferencia de luz artificial en la noche es quizás el de las tortugas marinas, perturbadas en su anidación en la playa por la luz de las farolas, que las confunde haciéndolas desviar su rumbo hacia el océano. Pero desde los insectos hasta los mamíferos (especialmente a los murciélagos), pasando por los peces, los reptiles y las aves,
nadie es inmune a la perturbación de la luz artificial.


Las polillas (que fijan su ruta migratoria en función de la Luna o estrellas
especialmente brillantes) y las aves migratorias se confunden con las fuentes de luz, lo que provoca desviaciones desastrosas de las rutas, con desenlaces fatales. Miles de aves mueren cada año al chocar contra ventanas iluminadas y las aves marinas son atraídas al suelo por las fuentes de luz.

Perturbamos los ambientes acuáticos evitando que se desarrollen algas y microorganismos, que eclosionen los huevos de pez payaso y que los salmones se orienten.  
La luz nocturna procedente de fuentes como las farolas afecta también al crecimiento y la floración de las plantas.

"Los sapiens no somos una excepción: si nuestro ritmo circadiano como monos diurnos se ve alterado porque persistimos en prolongar nuestra vigilia después de la puesta del sol sobreiluminando la noche, corremos el riesgo de insomnio y deficiencia de melatonina. Nuestro organismo acaba confundiendo la noche con el día, no libera la hormona del sueño y el descanso, alterando nuestros ritmos biológicos y comprometiendo las funciones del sistema inmunológico." “Quienes trabajan de noche y duermen de día tienen un mal ritmo circadiano y son más propensos a desarrollar diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, y una mayor incidencia de diversas formas de depresión. En definitiva, bromear con el ritmo circadiano no parece ser una gran idea a la larga”.

La “contaminación lumínica” no tiene sólo un coste ecológico de dimensiones catastróficas; también es cultural, estética, antropológica.

"Finalmente, personalmente, estoy convencida de que un niño sin estrellas corre el riesgo de convertirse en un adulto que no sueña." advierte Borgna. “Pasar una noche bajo un cielo estrellado 'serio' donde puedes admirar la Vía Láctea en toda su belleza es algo que te cambia: es como nadar en el mar, se te mete debajo de la piel. Pero los que tienen un cielo opaco sobre la cabeza pierden el interés por levantar la nariz y no es su culpa: el cielo no es muy interesante” 
 
Niue es un país de algo más de 1.600 habitantes, una isla del Pacífico Sur. El estado autónomo mas pequeño del mundo y que desde 1974 depende de Nueva Zelanda (que está 2400 kilómetros lejos de ella) para su defensa y para recibir asistencia administrativa y económica. Es de 259 kilómetros cuadrados terrestres. Los bosques tropicales cubren la mayor parte de su superficie tan solo interrumpidos a orillas del océano por extravagantes formaciones de coral fosilizadas.

Su gobierno ha reemplazado todas las farolas de la isla por opciones más amigables para el cielo, pero no solo se ha quedado ahí, pues también ha explorado nuevas formas de mejorar la iluminación doméstica. Por eso, ha recibido la acreditación formal de la Asociación Internacional de Cielos Oscuros (IDA) como Santuario Internacional de Cielos Oscuros y Comunidad Internacional de Cielos Oscuros. Los niueanos tienen una larga historia de navegación estelar y una vida regulada por los ciclos lunares y las posiciones de las estrellas. El conocimiento de los cielos nocturnos, en manos de los ancianos de la comunidad, se ha transmitido de generación en generación. Los ancianos de Niue ahora esperan que la pasión por aprender la historia cultural de las estrellas se reavive en las generaciones más jóvenes. La Vía Láctea con las Nubes de Magallanes grandes y pequeñas y la constelación de Andrómeda son verdaderamente un espectáculo para la vista.
 

 


*Y no. No es cierto que más luz signifique menos delincuencia y menos accidentes de tráfico. Por ejemplo, se ha demostrado que demasiada luz mal dirigida puede deslumbrar a los conductores y que las luces blancas intensas borran más que lo que revelan, cegando a las víctimas de la violencia e incluso a las cámaras de vigilancia. Para que las calles de la ciudad sean seguras no debe haber mucha luz, sino una iluminación de calidad que ilumine sin deslumbrar, distribuida uniformemente con el mínimo de puntos de luz, preferiblemente con luz de color cálida.

 


domingo, 27 de febrero de 2022

La máscara y el ávatar: el rostro de los espíritus y el origen de la persona.

 "¿Cómo entender a una máscara sino como un artefacto que, inmediatamente, produce y multiplica alteridades? A quienes las contemplan les inquieta tanto como atrae: imposible mostrarse indiferente ante las máscaras." Carlos Dávila, antropólogo.

 “La fotografía es nuestro exorcismo. La sociedad primitiva tenía sus máscaras, la so­ciedad burguesa sus espejos. Nosotros tenemos nuestras imágenes”. Jean Baudrillard, filósofo y sociólogo.

¿Habeis visto la película "La máscara"? Va sobre alguien que encuentra una extraña máscara, y cuando se la coloca en el rostro, se convierte en Loki, que es un ser mitológico nórdico, una especie de ser travioso, que cambia formas, un dios mentiroso. Curiosamente, en árabe "maskharah" es mofa, burla, bufón... y en latino medieval, también significaba "bruja".
Bueno, pues en esta película se muestra lo que una máscara significa tradicionalmente: quien la porta, se convierte en ese ser que porta. Si la máscara es de un dios, se convertirá en ese dios, si es de un animal, será ese ser.

Y es que las máscaras no son solo artefactos decorativos o para el juego. Los seres humanos, en la antigüedad, vivían en relación directa e íntima con la naturaleza. Para hacer frente a sus fenómenos, tenían dos formas: a través de la veneración o a través del engaño. Las máscaras, en la historia de la humanidad, tienen una función reguladora social esencial en una comunidad humana.

Por ejemplo, en los ritos funerarios, la máscara está ahí para hacer de mediador y guía en un momento de crisis como ese, en el encuentro entre el más allá y el mundo terrenal. Controla la fuerza vital de la persona fallecida, la orienta y evita que haya daños o conflictos en la colectividad. Malas sensaciones, malos entendidos... 

También hay otros momentos delicados como las celebraciones en la cosecha de cultivos, las máscaras se utilizan para comunicarse con los ancestros o dioses y suplicarles por una tierra fértil.

También se utilizan las máscaras en una iniciación, y ahí preside un cambio, una transición: de niño/a a adulto, o de ciudadano a guerrero, a sanadora, a chamana... Hay muchos ejemplos.

Algunas mascaradas son meramente lúdicas, como puede ser un desfile o una danza...

Pero curiosamente, la máscara, aunque sea un objeto que tapa el rostro, tiene muchísima relación con el origen de la idea de "persona", de ser individual, de un ser singular, y con su rostro.

Fijaros, para eso vamos a remontarnos al griego clásico y el término para rostro, "prosopon", que literalmente significa "lo que está delante de la mirada de otros". Pero es que también significa máscara o careta. Y no solo en los teatros griegos, sino en los rituales como los que he explicado. Es una cultura en la que la apariencia y el ser era lo mismo. Lo que se veía era la verdad, como cuando decimos que "si no lo veo, no lo creo". Lo que los otros ven, y tu “yo” interior, era exactamente lo mismo.
Es una cultura del honor y la vergüenza, es la cultura del "que dirán", de mantener la pureza del linaje familiar y la reputación. Ésto nos sonará de la cultura mediterranea tradicional. Lo importante es que no se vea, no "dar que hablar a los vecinos". Por eso, también en la cultura clásica griega, colocarse una máscara convertía al que la portaba en el ser que simbolizaba, porque a los ojos de los demás era lo mismo.


El término "persona" ya existía, pero no con el mismo significado de ahora, como ser singular o individual, el “yo” interior. Hay quien dice que este término puede venir de "personare" (es decir, "sonar a través de algo"). Se refiere a la máscara teatral equipada de un dispositivo especial que alzaba la voz del actor para hacerse oir en esos grandes teatros. Aunque hay otros etimologistas que explican que proviene del término etrusco "phersu" (
φersu), que significaba 'máscara'. Al fin y al cabo, aseguran, fueron los etruscos los que llevaron la máscara a occidente.

Y entonces apareció la persona jurídica y la moral. La persona jurídica surge con Roma, con el derecho romano. Todos los ciudadanos romanos son personas civiles, y poseen propiedades, firman contratos, derechos y obligaciones, impuestos... Y además, un solo hombre podía ser sujeto de varios roles, varios papeles sociales: era un padre, o una persona que representa un negocio, o una persona que es parte de una comunidad religiosa... Claro, me refiero a los hombres libres, no a los esclavos que no se les consideraba persona, eran "aprosopon". 



Y entonces llegó la persona moral. Es la religión la que promulga una persona moral, reflexiva, con sustancia. Cuando insultamos y decimos "tú eres insustancial", pues nos estamos refiriendo a la "hipóstasis" en griego, algo así como 'substrato' o 'sustancia'. La tradición cristiana divulga esta noción y todo lo que conlleva, palabras que ahora usamos mucho como dignidad, integridad, igualdad... Ya no importa tanto el que dirán, los roles que tengamos a lo largo de la vida, lo que ven los demás... Importa más lo que está por debajo, lo interior, la razón, el alma. Que eso no cambia.

Y ya sabemos la importancia del alma en la religión cristiana... La cultura de la culpa judeocristiana. Eso de no tener cargos de conciencia, y lo que se decía de "por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa" y el hecho de confesarse... 

Si la comparamos con la cultura del honor y la vergüenza, veremos las diferencias. En estas culturas de honor y vergüenza (que algo ya he comentado antes) el problema es si lo que has escondido bajo el felpudo sobresale por los bordes y los demás lo ven, y te "pillan". Recordemos que el rostro y la máscara es lo mismo, es decir, lo que el resto de tu comunidad ve es la verdad. En China, es el "mianzi" o (rostro), el prestigio chino, la reputación y el status social de una persona. "Tener cara" no es como cuando decimos que alguien "tiene mucha cara", como algo negativo. En esta cultura, tener rostro es construirse un nombre, ser alguien, y con rectitud.
En estas culturas, si te "pillan", como decía, la humillación (que no la confesión) es lo más eficaz. Un ejemplo sería esas imágenes de políticos o empresarios asiáticos ante los medios pidiendo perdón y disminuyendo su reputación y su prestigio individual. Vale, también recordamos aquello de "lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir" del rey emérito de España, Juan Carlos, porque fue descubierto de viaje en un safari muy caro en un momento muy duro económicamente para el país. No nos pareció suficiente, y no tardaron en reprocharle "falta de ética y de moral". Realmente no pretendía ser una humillación, sino una confesión, lo que hacía con el perdón era apelar a la bondad cristiana.

Pero el que le demos tanta importancia a la mente, a la sustancia, a la razón... sobre el cuerpo, no significa que no le demos importancia al rostro. Como decimos "la cara es el espejo del alma".

El antropólogo David Le Breton explica incluso que "podríamos calificar al racismo como la liquidación del rostro. Para el racista, el otro no existe en su singularidad. Todos son iguales, según la típica expresión del racista."

y es que "la individuación del rostro también implica disponer de una cierta cantidad de códigos culturales."

Además, la importancia de la vista sobre los demás sentidos está ahí, eso también lo hemos “mamado” de antiguas culturas. Por eso nos gusta tan poco llevar mascarillas. Eso de "si no lo veo, no lo creo". La verdad es lo que se ve. En griego clásico, la "alétheia" que significa "verdad”, también significa "desocultamiento". O por ejemplo la palabra "idea", que deriva del griego (eido) que significa "yo vi" y también significa “yo sé”. Al contrario que a las culturas asiáticas, no nos gustan las sombras y lo que se oculta. Cuando decimos de alguien que "no da la cara", hablamos de la hipocresía. Nos gusta la transparencia y la espontaneidad, la iniciativa individual... Cosas que no son tan bien vistos en la sociedad japonesa o china, ya que las relaciones deben gestionarse teniendo en cuenta unas reglas y pensando en el grupo, manteniendo la armonía y paz social. Es importante mantener un equilibro entre esa máscara que presentamos al resto y nuestro interior. Esa fachada o máscara en japonés es el "tatemae" (tus opiniones o tu manera de ser adaptándote a las obligaciones sociales de tu entorno) y ese interior tuyo, lo llaman "honne" (tus sentimientos y opiniones reales e íntimos.)

Y aún así, los occidentales no hemos olvidado a las máscaras. No hay más que abrir instagram y otras redes sociales, esos selfies, esas fotos demostrando una felicidad infinita. ¿Pero es que nadie trabaja, todos están de vacaciones? Es curioso porque decimos que subimos estas fotos, las "subimos", y los datos los subimos a una nube, ahí arriba. Nuestra foto de perfil, el avatar, también lo subimos. Pero “avatar” significa literalmente "descenso" en sánscrito. Es un concepto dentro del hinduismo y se refiere a la encarnación de una deidad en la tierra, una bajada de un dios a tierra. Y así de ambiguo es el trato a nuestro rostro y a nuestro cuerpo. Culto al cuerpo, sí, pero sin arrugas ni varices ni enfermedades...


Y no en todas las culturas es así. Como siempre, basta compararnos con otras comunidades humanas para verlo. Un hombre canaco de Nueva Caledonia se lo decía al etnógrafo Maurice Leenhardt: “No nos explicasteis nada de lo que es un espíritu. Procedíamos según el espíritu. Lo que nos habéis aportado es el cuerpo".

Por eso, fue con la industrialización y la urbanización cuando se extendieron las
fotografías y los espejos. Los espejos no fueron objeto habitual en las casas hasta la segunda mitad del S. XIX. Y es que nuestra principal prueba de individualidad es el cuerpo y, especialmente, el rostro. Y desde entonces, absorbemos al día cantidades ingentes de datos, de imágenes, medios de comunicación, canales de tv... y nos decantamos no por lo real, sino por la apariencia de lo real. Por un poco de coherencia ante tanto cambio, tanta rapidez, tanta publicidad que capta a cada segundo nuestra atención. Y nos construimos, o mejor, dicho, nos dicen que debemos construirnos una especie de marca personal, construirnos a nosotros mismos y vendernos como si fuésemos un producto más del mercado. Toda la publicidad nos lo dice “se tú”, “se único”, “porque tú lo vales”. Una marca coherente, clasificada, estereotipada, acorde a sus algoritmos, vaya. 

Pero bajo esas máscaras, los seres humanos seguimos siendo seres encarnados, con nuestras contradicciones, cambios, enfermedades, con nuestra historia y nuestras cicatrices.


Blanca Cárdenas y Carlos Dávila, dos docentes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), reunieron una colección de 12 máscaras, elaboradas por diferentes artesanos, que materializan al SARS-CoV-2 en diversas realidades socioculturales en México: nahua y afromestizo de Guerrero, nahua de la huasteca hidalguense, ikoot del sur de Oaxaca, mestizo de Jalisco, mixteco del sur de Puebla y nahua del centro de Veracruz...
"Cada una de estas máscaras ofrece la visión y la narrativa del mascarero que la imaginó, y construyó. Se trataba de darle rostro a la COVID-19, y dejar constancia de sus efectos en la memoria, no de motivar el diseño de una artesanía “souvenir”. O tal vez sí. ¿Por qué no? Sumados a los cubrebocas adornados con “arte étnico”, es posible que estas máscaras nos digan mucho sobre algo que los pueblos afrodescendientes e indígenas han vivido con especial desasosiego en los últimos cinco siglos en México y América Latina. Esta memoria en madera le puso rostro al virus."
 
"Los artesanos trabajan con diferentes estrategias. Cuando le preguntamos a uno por qué tardaba tanto, dijo: "Lo siento, no he podido soñar". Este artista tuvo que soñar su máscara, porque así podía entrar en el mundo sobrenatural." explica Dávila.
Y continúa: "Una muerte causada por consecuencias humanas, como el virus, es una mala muerte. Creen que cuando alguien muere por causas naturales, se transforma en una estrella. Cuando uno muere de forma no natural se convierten en aire infectado. Algunos piensan que el origen del virus es la continua agresión a nuestro planeta y la destrucción de la naturaleza. Dicen que la tierra está llorando."
 

 
 
 
- "El individuo y sus máscaras". María Belén Altuna Lizaso.
- Entrevista “David Le Bretón: 'Internet es el universo de la máscara'”. Por Mercedes Funes. En: LN Revista, de Diario La Nación. 18 de julio.
-  "El crisantemo y la espada: los patrones de la cultura japonesa" Ruth Benedict (invitación de la Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos, con el fin de comprender y predecir el comportamiento de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial).