martes, 21 de agosto de 2018

Los tsukumogami: yokai en peligro de extinción.

Mizuki Shigeru
"El antiguo sintoísmo es un culto animista que concibe que todas las cosas y seres del universo están habitados por un dios, en especial aquellos que son más antiguos o viven más. Por los campos y montañas hay infinidad de árboles viejos o grandes rocas rodeados de una soga (shimenawa, literalmente "cuerda enrollada" ) que indican que son sagradas y las protegen de los malos espíritus" Chiyo Chida.



El libro "Yokai, monstruos y fantasmas de Japón" de los historiadores Chiyo Chida y Andrés Pérez Riobó, es una guía ilustrada incluso con grabados y miniaturas de la Edad Media, que nos descubre los seres mitológicos japoneses, los Yokai, dioses caídos en desgracia bien por el olvido de los humanos, bien por su propia degeneración. No confundir con los "Yurei" o fantasmas, que también describe el libro como complemento.
 
Los yokai funcionan cómo advertencias, restricciones o lecciones para la vida: es mejor no bañarse en tal parte del río porque hay un "Kappa" (niño de río), o si no se limpia el aseo viene el "Akaname" (chupamugres). Al "Keukegen", o peluso, también le atrae la suciedad, y nos advierte que hay que mantener la casa aireada y evitar las humedades. La "Yukionna" o mujer de nieve , por su parte, sería "un aviso para los niños que en las noches de luna llena se quedarían a jugar hasta más tarde de lo normal, aprovechando la claridad en las noches de invierno". Incluso hay un yokai, el vuelcalmohadas "Makuragaeshi", que nos recomienda mantener la sacralidad del sueño o nos acarreará desgracias. Y es que él es el cupable de que por las mañanas encontremos cambiada la posición de la almohada.
 
Pero los yokai se transmiten de forma peculiar en cada lugar y en cada región y cambian de apariencia o son diferentes manteniendo el mismo significado. "(...) alguien enseñó a los miembros de una tribu en Malasia la colección de dibujos de yokai de Mizuki Shigeru" cuenta Chida. "Los nativos reaccionaron agitadamente, diciendo: "éste lo conozco", "éste también". Mizuki sintetizó sus conclusiones diciendo "los yokai del mundo se reducen a mil tipos, y los de cada región se parecen a los de otras regiones". 
 
Me parece interesante sentir como el ser humano comparte las mismas ideas con diferentes modos de expresarlas. Por lo que yo sé, es raro encontrar un país como Japón donde cada yokai ha alcanzado la categoría de personaje y tiene una imagen claramente diferenciada. La cultura de individualizar a los yokai a través de dibujos e ilustraciones parece un arte casero de Japón". Por eso, no siempre son necesariamente seres malignos o vengativos. Como los seres humanos, tienen muchas caras, y "en ocasiones socorren a personas que están en peligro, ayudan a la gente en su trabajo, traen fortuna o se hacen compañeros de juegos de los niños"

Generalmente, los yokai nos recuerdan que debemos respetar la naturaleza y comportarnos prudentemente, ya que en caso contrario, muestran su enfado castigándonos. De ahí la prevalencia e importancia de estos seres en el imaginario colectivo de la sociedad japonesa, incluso hoy en día. 
 
En el oeste de Japón se habla por ejemplo de "hoces salvajes", hoces abandonadas que se mueven por el campo empujadas por el viento e impactando con los humanos. En otras zonas de Japón, uno de sus yokai es la "kamaitachi", de "kama" (hoz) y "itachi" comadreja. Comadreja falcada, comadrejas con una curva parecida a la de la hoz
"Existen casos de personas que han sentido un viento repentino golpeándoles el cuerpo y sin darse cuenta tenían heridas, sobre todo en las piernas, como de alguna arma incisiva. Muchas veces una caída y un desmayo por el camino preceden a la aparición de estas heridas. Este tipo de fenómenos extraños se empezaron a explicar como "ser cortado por una comadreja", y de ahí se pasó a representar a la comadreja con hoces en sus patas", cuenta Andrés Pérez Roibos. 
La lección moral que desprenden el fenómeno de las "hoces salvajes", y de todos los yokai de su clase, los "tsukumogami", es claro: reutilizar los objetos antes de abandonarlos.
 
 Los "tsukumogami" son el símbolo de este sentimiento de temor y reverencia hacia los objetos antiguos. Son un tipo de "yokai", o espíritus, que se manifiestan en objetos domésticos envejecidos o abandonados por sus dueños, y de esta manera cobran vida y andan, hablan...
 
Para que un artefacto se convierta en tsukumogami, debe cumplir 100 años. La palabra "tsukumo" significa "noventa y nueve", que es también una manera de decir "innumerable". Cobran vida a la noche, y aunque pueden mostrarse inofensivos, también existen historias sobre tsukumogami que hacen enfermar o enloquecer a las personas. Por eso, también existen diversos ritos que evitan su llegada. Chiyo Chida explica:
  "En algunas aldeas se ofrecen tortas de arroz a herramientas caseras para que sus espíritus renazcan cada año. Antes era costumbre realizar una ceremonia de consagración para los objetos nuevos que entraban en casa. Consistía solamente en que el padre de familia inscribía en ellos su nombre y fecha, no sólo para señalar al poseedor, sino también para que el alma de la familia penetrara en el objeto." 
"En el gremio de costureros, modistos y sastres, tienen un día festivo en que ofician una pequeña ceremonia por aquellas agujas que se rompieron durante el trabajo de ese año, insertándolas en trozos de tofu y ofrendándolas en algún santuario. Peines y espejos que se rompen en casa también se llevan al santuario local para deshacerse de ellos en su debida forma. Claro que la vida moderna provoca que cada vez haya menos gente que siga estás tradiciones". 
 
"En los hogares japoneses, es costumbre realizar la limpieza general de la casa en la segunda mitad de diciembre, siempre antes de que empiece el año nuevo. La limpieza tiene connotaciones religiosas hogar de purificación y renacimiento. Además, durante los primeros días de enero, se recibe la visita de familiares y de los dioses del Año Nuevo, por lo que hay que tener la casa presentable para ellos. Por último, la limpieza también se realiza para evitar que los utensilios antiguos caigan a la categoría de tsukumogami, bien sea limpiándolos para insuflarles vida, bien sea deshaciéndose de aquellos inservibles. 
 
"Esto se expresa en japonés con la palabra de uso diario "mottainai". La traducción directa al español sería "¡qué desperdicio!", "qué pena" o "es necesario aprovechar algo". Por ejemplo, es "mottainai" no comer toda la comida del plato o que una mujer guapa e inteligente se case con un hombre que no está a su altura. En la década de los ochenta, una agencia pública de publicidad creó un anuncio de televisión con el objetivo de no desperdiciar los alimentos, en el que aparecía el fantasma Mottainai. Este anuncio se popularizó, y por ello aún se pueden encontrar padres que reprenden a sus hijos diciéndoles: si no tratas con cuidado las cosas, ¡te va a venir el fantasma Mottainai! 
 
 
 
Sin embargo la idea de "mottainai" se ha debilitado en la sociedad japonesa de consumo actual, movida por la primacía de lo económico y en la que apenas hay descanso ni tiempo que no sea para el trabajo. Tengo la impresión de que el pensamiento Mottainai ha sido arrinconado por un ritmo de vida trepidante y unas modas que no dejan de cambiar. 
Cuando un utensilio alcanza los 100 años, se convierten en tsukumogami, adquiere un espíritu y gasta bromas a los humanos.
          Pero en la sociedad actual, es muy difícil que un artefacto aguante sin tirarse a la basura durante 100 años...
... Más bien se puede decir que los tsukumogami son unos yokai en peligro de extinción.
 
 

lunes, 6 de agosto de 2018

Hijas que son varones y esposos que son mujeres: nwanyi buaku.

Ezinwannaya-Splendid Gloria
 "Nwanyi buaku" la mujer es riqueza, se dice en Nnobi. El hecho de carecer de madre, "ogbenye nne", se consideraba algo terrible. "Ogbenye" es, de hecho, la palabra para designar a una persona pobre".
Ifi Amadiume.

IAmadiume es una antropóloga africana que estudió su propia cultura igbo de Nnobi, en Nigeria. Su libro "Hijas que son varones y esposos que son mujeres. Género y sexo en una sociedad africana", documenta que antes del siglo XIX, su cultura exhibía un fuerte principio matricéntrico y matrifocal en la organización familiar; madres e hijos formaban distintas unidades económicas autosuficientes. 

Bajo la moral de parentesco de la “umunne” (hijos de una madre), los individuos no son hermanos de sangre, sino únicamente hijos de una misma madre, y esto se visualiza como los que comen del mismo puchero.

"Las madres y los niños formaban unidades distintas autosuficientes económicamente. Sus complejos eran clasificados como femeninos. Había, por lo tanto, un principio organizativo sexual de tipo dual detrás de la estructura de la economía que regían el acceso a la riqueza, los estatus y roles, los títulos o la acumulación de las esposas. Sin embargo un sistema flexible de género mediatizaba el principio organizativo dual basado en el sexo"

Y es que las mujeres también acumulaban esposas. En su cultura, se daban casos de “mujeres marido” (una mujer que toma esposas, "igba ohu") que traían consigo el poder prestigio y más riqueza. Y no sólo, también existían los casos de "hijas masculinas" (hijas que heredaban el patrimonio del padre y su linaje, "nhanye"). 

"En este estudio he analizado la ideología de género en los sistemas socioculturales de Nnobi durante tres períodos históricos. En la sociedad indígena, el principio de doble sexo que subyace a la organización social estaba arbitrado por un sistema de género flexible tanto en la cultura tradicional como en el idioma. El hecho de que el sexo biológico no siempre correspondiera con el género ideológico significaba que las mujeres podían desempeñar roles que generalmente monopolizaban los hombres, o ser clasificadas como hombres en términos de poder y autoridad sobre los demás. Como tales roles no estaban rígidamente masculinizados o feminizados, la ruptura de las reglas de género no estaba estigmatizada. Además, la presencia de una religión centrada en la diosa que abarcaba todo, favorecía la aceptación de las mujeres en los estatus y roles de autoridad y poder."

En Nnobi, las mujeres están bajo los auspicios de la diosa Idemili, esto es, representan a la diosa en tanto que matriarcas. "El género femenino tenía el lugar más prominente en mitos y conceptos religiosos y culturales indígenas. El personaje sobrenatural, una diosa, es una mujer. Idemili es la diosa fuente. Su influencia es más fuerte que la de su marido Aho, por lo que ella extiende sus ídolos en todas partes. Aho es el cazador de la naturaleza e Idemili, diosa de la corriente sagrada (esto contradice las teorías antropológicas que equiparan la mujer con la naturaleza y el hombre con la cultura). De este modo, las mujeres heredan la laboriosidad femenina. La persona más altamente elogiada es una mujer muy trabajadora. La ideología de género qué rige la producción económica fue la de la laboriosidad femenina "idi uchu": perseverancia y laboriosidad; y "uba ite": el bote de la prosperidad, eran regalos que se dice que las mujeres han heredado de la diosa Idemili".

Las mujeres obtienen el título oficial “Ekwe”, lideresas de los mercados y miembros del consejo de mujeres, una organización política formal para todas las mujeres Nnobi, de la cual están excluidos los varones. "La mayor parte del dinero pasaba por las manos femeninas. El control de las mercancías y del efectivo por parte de las mujeres resultó en su monopolio del espacio del mercado. Esto coincidía con la ideología Nnobi de la laboriosidad femenina, de la autoayuda económica y de la autosuficiencia de la unidad matriz céntrica".

"Las instituciones del título de Ekwe, la disponibilidad de las mujeres del alto título "Ogbuefi", la existencia de mujeres curanderas "dibia", los roles rituales y políticos de las hijas, la práctica de mujeres marido, son indicativos del poder político formal y de la autoridad de las mujeres"

"Mientras que las hijas buscaron y ejercieron el poder mediante el control de los

funerales de los miembros del patrilinaje, las esposas y las madres también ejercieron el poder mediante el control de las ceremonias de fertilidad durante el matrimonio y el parto. Las hijas del linaje también eran responsables de investigar las causas de la muerte de una mujer. Si la mujer había sufrido maltratos en el hogar de su marido, se negarían a llevarse el cuerpo de vuelta, con lo cual su esposo y su linaje se quedarían con un cadáver en descomposición en un clima tropical y sin derecho a enterrarlo. Esta situación solía conducir a la guerra."

Las mujeres igbo en la era pre-colonial también se organizaban para hacer huelgas de sexo colectivas cuando sus compañeros les faltaban al respeto. "De la misma forma que las mujeres cooperaban para cumplir sus deberes, también podían colaborar para hacer que los hombres escucharan sus demandas (...) reparación de caminos peligrosos, las sanciones a aquellos que maltrataban a las mujeres o a los chicos que acosaban a las mujeres en los senderos el pueblo. En el peor de los casos, si los hombres se mostraban tercamente sordos a sus demandas, las mujeres iban a la huelga, en cuyo caso, se negarían a cocinar o a tener relaciones sexuales con sus maridos" 

"Cuando un hombre empieza a maltratar a su esposa, su mundo se vuelve confuso, y cuando una mujer comienza a maltratar a su marido, su vagina se seca" dice un dicho igbo. 

"El uso de estas armas de guerra debe entenderse en el contexto del matrimonio poligínico y de la estructura del recinto. Por supuesto, era posible que un hombre recurriera a otra esposa cuando alguna se negaba a tener relaciones sexuales con él (...) Obviamente, el arma era más efectiva cuando se usaba colectivamente, ya fuera por las esposas de un hombre, todas las esposas de un patrilinaje o, mejor aún, todas las mujeres de Nnobi." "El hecho importante aquí es que las mujeres vivían separadas. Una esposa podía no pasar la noche con su esposo y usar el rechazo sexual sin correr el riesgo de una violación conyugal. Este no es el caso de las mujeres que mantienen matrimonios monógamos y se aferran a la idea cristiana de la santidad y la exclusividad sexual de sus lechos conyugales. A las feministas occidentales les sigue costando que la violación dentro del matrimonio se considere legalmente un delito"

"¡En efecto! Los hombres nos respetan. No nos metemos en su casa y ellos no se meten en la nuestra. Tal vez un hombre tiene ganas de pelearse con su esposa, pero cuando recuerda que no tiene ni la energía ni el poder para enfrentarse a Inyom Nnobi (Consejo de mujeres), desiste de sus intenciones" le dijo una lideresa a Ifi Amadiume.

"La riqueza material se convertía en prestigio y poder a través de la obtención de títulos, así como de la adquisición, además de esposas, de más fuerza y riqueza material. El capital comprendía la tierra, las esposas y los hijos. Las gentes igbo decían "inwe nmadu ka inwe ego": "tener personas es mejor que tener dinero". La mayor ventaja que los ricos tenían sobre los pobres era el número de personas. Éstos últimos tendían a ser monógamos. Se trataba pues de una gran fuerza de trabajo frente a una pequeña fuerza de trabajo. Los ricos tenían más productos agrícolas, un mayor número de cabezas de ganado, y las personas que llevarían a cabo el mercadeo y el comercio de los excedentes. La riqueza material se convertía en títulos. Sin embargo, el grado en que las personas se veían discriminadas y desfavorecidas en razón de criterios de clase era mínimo. Dada la posibilidad de variaciones en la posición económica y social de los miembros de una misma familia, no había nada que se aproximase al rígido sistema feudal occidental y el posterior sistema de clases".

"Otro ejemplo de la relajación de la asociación de género es el hecho de que, en la construcción gramática de género igbo, se usa una partícula neutra para los pronombres de sujeto o de objeto, de tal manera que no se hacen distinciones de género ni escribiendo ni hablando. Luego no hay ningún ajuste mental ni ninguna confusión en las referencias a mujeres que desempeñan roles masculinos típicos."

Tras el colonialismo británico, el alto estatus social de la mujer fue suprimido por los sistemas occidentales de religión, educación y gobierno basados en principios patriarcales.
"Por el contrario, la cultura occidental y la religión cristiana introducidas por el colonialismo conllevaban rígidas ideologías de género que favorecían y apoyaban la exclusión de las mujeres de la jerarquía de poder, ya fuera en el gobierno o la Iglesia. En la sociedad moderna, este rígido sistema de género sí significaba que los roles están estrictamente masculinizados o feminizados". "Las nuevas concepciones occidentales introducidas a través de la conquista colonial provocaron fuertes desigualdades de sexo y de clase con el apoyo de una ideología rígida sobre la construcción de género."

"En mi opinión, en Occidente, como resultado del rígido sistema de género,  las mujeres que ostentan poder tienden a ser clasificadas en una categoría distinta o a presentarse así mismas bajo un aspecto varonil o masculinizado. Las mujeres que son miembros del Parlamento e ingresan en la cámara de los Comunes británica, esencialmente una "men's house", casa de hombres, son reconocidas sólo como hombres o ridiculizadas si siguen siendo mujeres. Para las mujeres occidentales, la aceptación en un mundo de hombres implica una reclasificacion. (...) En el sistema tradicional Nnobi, con la construcción de género flexible en el lenguaje y en asuntos rituales y políticas, no implicaban que las hijas debieran ser vistas como masculinas. Tampoco se esperaba que las mujeres marido se vistieran o se comportaran cómo hombres. Por tanto, no existe ningún ajuste lingüístico ni mental ni confusión alguna en las referencias a una mujer que detecta un típico rol masculino. Una mujer era siempre femenina independientemente de sus logros sociales o de su estatus".

"Fue bajo la iglesia y el gobierno colonial cuando las mujeres sufrieron un revés en su poder económico y político. La fuerte dominación e ideología masculina ya existía en la estructura social e ideológica tradicional de Nnobi, pero al mismo tiempo, la flexibilidad de su sistema de género mitigaba el dualismo sexual. No ocurrió lo mismo con la ideología victoriana transplantada a Igboland por misioneros y pedagogos británicos. La expresión "el lugar de la mujer es el hogar" deriva de dicha ideología. La importancia de estos prejuicios, la masculinización de la religión y del gobierno, se pone de manifiesto en la exclusión de las mujeres de la administración política colonial en Nnobi y otros lugares de Igboland. La frustración política y económica que sintieron las mujeres, las condujo a realizar manifestaciones masivas y protestas en diversas ocasiones entre 1928 y 1980. Se dijo a las personas que dejaran de adorar los símbolos religiosos indígenas, que los cristianos interpretaban como ídolos. La doctrina cristiana afirma que Dios creó a todas las personas y todas las cosas y que, a diferencia de la diosa Idemili, Dios era un él y no una ella. Todas las actividades que se centraban en la diosa fueron condenadas y reemplazadas por aquellas arraigadas en la creencia en la doctrina del Dios patriarcal cristiano y de su hijo Jesucristo".