martes, 20 de marzo de 2012

El colonialismo de la soledad: el Gran Hermano.


 “Las identidades del siglo XX ya no presuponen culturas o tradiciones continuas”
James Clifford, antropólogo.


"La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados"
Antonio Gramsci. QUADERNI DEL CARCERE. Volume primo Quaderni 1-5, Giulio Einaudi editore, 1977.


"Actualmente cada cual está en relación con el conjunto del mundo o cree estarlo" opina Marc Augé, en su libro "Hacia una antropología de los mundos contemporáneos". Y continúa diciendo: 

Nada protege ya al individuo contra un enfrentamiento directo con el conjunto informal del planeta. Ni los partidos políticos ni las religiones, que antes daban un sentido al mundo y a las relaciones con los demás, son capaces de hacer frente a los espacios urbanos donde predomina el consumo, las imágenes, las redes de información, medios de difusión, etc.

Sin una cosmogonía que ordene y oriente su vida cotidiana y sin un orden físico y metafísico que permita conjurar el caos y la incertidumbre, cada individuo se tiene que responsabilizarse de su propia relación con el mundo. 

De esta manera, ha surgido una crisis de sentido que en realidad no es una crisis de identidad sino de alteridad, de relacionarse con el otro, y en la imposibilidad de concebir al otro como tal, se lo ha extranjerizado. 
Por ejemplo, el extranjero se acerca no como invitado sino como personaje anónimo o extraño. Así, la identidad se impone a la alteridad. El endurecimiento de las categorías hombres/mujeres o nacionales/inmigrantes (y el resurgimiento de los nacionalismos) atestiguan más bien el predominio de la lógica de la identidad sobre la lógica de la alteridad”

"Esta dura prueba de la individualidad y de la soledad del individuo recuerda en ciertos aspectos la que experimentaron los pueblos colonizados o esclavizados. Los colonizadores sólo vivieron aventuras (...) En cambio los colonizados vivieron, las más veces en medio del dolor, una triple experiencia relacionada con el descubrimiento del otro y que hoy nos es común a todos: la experiencia de la aceleración de la historia (la diferencia entre generaciones parece abismal), la experiencia del encogimiento del espacio (por el auge de las telecomunicaciones y el transporte) y la experiencia de la individualización de los destinos (una pérdida del vínculo y un sentimiento generalizado de incertidumbre, angustia y miedo)

Así surgieron los llamados por los antropólogos como cultos cargo. Las tribus de muchas islas de Oceanía o del interior de Nueva Guinea que, anteriormente, no habían tenido contacto con el exterior, se encontraron, de pronto, con visitantes maravillosos y poderosísimos, capaces de surcar las aguas, volar por el cielo a voluntad, podían curar enfermedades, portaban armas invencibles, alimentos nunca antes imaginados, eran capaces de cualquier cosa. Pero la guerra terminó y los “dioses” desaparecieron. El choque había sido brutal, el “primer contacto” dejó a muchas de aquellas gentes desorientadas.


"Movimientos de revitalización es un esfuerzo deliberado, organizado, y consciente de los miembros de una sociedad con el fin de construir una cultura más satisfactoria.
Anthony F. C. Wallace, antropólogo.
"La dimensión individual es en efecto esencial en todos los cultos que los antropólogos han estudiado dentro del contexto colonial y poscolonial". Son los cultos que, a través del trance, la santería, el chamanismo etc, sanan las enfermedades espirituales, individuales, de las personas que acuden: angustia, miedo, ansiedad, tristeza...

Tomarlas en consideración tal vez nos permita comprender mejor el estudio de las manifestaciones de nuestra contemporaneidad: todos los desbordes de los grandes medios de difusión que tienden a poner como espectáculo la vida privada de los individuos de una manera que recuerda las puestas en escenas religiosas: individuos normalizados o tipificados de alguna manera por el solo hecho de aparecer en la pantalla". De ahí el sentimiento de que hay que pasar a través de la imagen para existir. De ahí el éxito de los reality shows".

Quizás sea necesario recuperar el concepto de “crisis de la presencia”, acuñado y desarrollado por el antropólogo Ernesto de Martino a mediados del siglo pasado, por ejemplo, en su libro "La tierra del remordimiento" (1999), y revisado en los últimos años por algunos autores: Fdez-Savater, Romero, Colectivo de filósofos franceses Tiqqun...
Estas crisis eran afrontadas en dichas sociedades mediante rituales mágico-simbólicos, analizados detalladamente por De Martino, que estableció diferencias entre los mundos campesinos y las sociedades modernas.
 

La presencia en el mundo es en sí un problema que la cultura de la magia reconocía de antemano y al que trataba de darle una salida ritual, mientras que la civilización moderna y la cultura científica la han dado por garantizada, funcionando según una ficción (el-ser-en-el-mundo, la presencia, como siempre dada) de la que las múltiples e irresueltas patologías contemporáneas (individuales, colectivas, psíquicas, económicas, sociales, políticas...), que ahora vivimos con la máxima intensidad, son una muestra.

Después de su estudio sobre la sociedad de castas en la India (1970), Louis Dumont concluye que en la mayor parte de civilizaciones en la historia ha primado el “holismo”, es decir el orden del conjunto, la conformidad de todos los elementos a una orientación social general.
Sólo en la nuestra primaría el “individualismo”, que ignora o subordina las necesidades de la sociedad.

“La propiedad impone la construcción artificial de un sistema político a partir de átomos individuales(…). No es más que la medida del hecho de que en nuestro universo atomizado todo cae hecho pedazos”
dice sobre la ideología moderna, la ideología económica.

“La ‘crisis de la presencia’ es el momento en que la capacidad del sujeto para

actuar sobre el mundo con voluntad propia, es decir la capacidad de agencia del sujeto sobre el objeto (el mundo, la naturaleza, las cosas), se ve dramáticamente mermada. Los mundos campesinos (o “primitivos”) que estudia De Martino son unos mundos frágiles en que hay una mayor indistinción entre la persona y el mundo, entre los seres humanos y la naturaleza, entre el sujeto y el objeto. No existe la afirmación y la dominación contemporánea sobre el mundo y por tanto el mundo es menos una realidad a disposición de la acción del sujeto. Es así como en momentos de crisis vital (que suele coincidir con momentos del ciclo vital como la menarquía en las niñas o la menopausia en las mujeres, el matrimonio y el traslado de residencia de la mujer a la casa de la familia del marido; o en casos de enfermedad, de desamor, etc.), y en general ante eventualidades que tienen que ver con la inseguridad de la vida cotidiana, la persona ve disminuida su capacidad de actuar sobre el mundo y en cambio es ella la que es actuada por el mundo" explica Romero.

Se puede recurperar este conocimiento de las crisis de la presencia para la sociedad actual. Fernández-Savater (2011), basándose en las aportaciones del Colectivo Tiqqun, escribe:

“(...) un inmenso potencial de transformación está en juego en el espacio de elaboración de la crisis […] Hacer de la crisis de la presencia un centro de energía significa […] transfigurar la fragilidad que experimentamos tras el choque con la realidad en fuerza vulnerable”


Entonces Lévi-Strauss se preguntaba si no había llegado el momento de mirar en otras direcciones, de ampliar el marco tradicional de las reflexiones sobre la condición humana, de integrar experiencias diferentes, más variadas, al estrecho horizonte en el que Occidente se había recluido durante tanto tiempo.

“Desde el momento en que la civilización de tipo occidental ya no encuentra en su propio fondo un medio para regenerarse y adquirir un nuevo impulso, ¿puede aprender algo acerca del hombre en general, y acerca de sí misma en particular, a partir de esas sociedades humildes y durante tanto tiempo despreciadas que, hasta una época reciente, habían escapado a su influencia?”.

Si así era, y Lévi-Strauss no lo dudaba, entonces había que prestar atención a esa ciencia también humilde y también despreciada durante tanto tiempo: la antropología. “¿Qué es, entonces, esta disciplina que durante tantos años permaneció a la sombra y respecto de la cual hoy nos percatamos que acaso tenga algo que decir sobre estos problemas?”.

En eso consistía el humanismo que pregonaba Lévi-Strauss en nombre de su disciplina: al buscar inspiración en sociedades hasta entonces desdeñadas, la antropología proclamaba que nada de lo humano podía ser ajeno al hombre.

Por eso, creía Lévi-Strauss, una contribución de la antropología es inspirar cierta humildad, “a nosotros, miembros de civilizaciones ricas y poderosas”. La función del antropólogo es dar testimonio de que el modo en que vivimos, los valores con los que fuimos educados y que llegamos a aceptar, no son los únicos posibles; que existieron, que existen otros valores y otras creencias, y que estos valores y estas creencias permitieron, y permiten, a algunas comunidades alcanzar la felicidad.

La antropología no hace listas con todo lo bueno de cada sociedad exótica para que, en caso de fallar algo en la propia, uno vaya a buscar allí un parche étnico. Las fórmulas de cada sociedad –explicaba Lévi-Strauss– no son extrapolables a cualquier otra. A lo que invitan los estudios antropológicos es a que cada sociedad no piense que sus instituciones, costumbres y creencias son las únicas posibles. Que se recuerde que no están inscritas en la naturaleza de las cosas y que no pueden ser impuestas con impunidad sobre otras sociedades.

Un ejemplo. En la sociedad contemporánea prevalece la idea de que la filiación, el parentesco, deriva de un vínculo biológico antes que social. Esta creencia choca con la procreación asistida: inseminación artificial, donación de óvulos, préstamo o alquiler de útero, congelamiento de embriones, fecundación in vitro...¿Cuáles son los derechos y obligaciones de los padres legales y biológicos? ¿El niño debe conocer la identidad de los donantes, de quienes alquilan el útero o aportan esperma?

En algunas poblaciones de Africa, una pareja estéril puede acordar un pago con una mujer fecunda para que el hombre mantenga relaciones pos parto y se convierta en el padre legal de la criatura.
Los nuer de Sudán otorgan a una mujer estéril el estatus de hombre, de “tío paterno”; recibe así la dote y lo utiliza para comprar una mujer que será fecundada gracias a los servicios remunerados de un hombre.
En la población yoruba de Nigeria, las parejas de mujeres practican la procreación asistida para concebir niños que tendrán a una mujer por padre legal y a otra mujer por madre biológica. El niño conoce siempre a sus progenitores biológicos sin causarle ningún conflicto.

Ahora, alertaba Lévi-Strauss, la antropología no puede, ni debe, proponer que la sociedad francesa, o japonesa, o argentina, adopten las prácticas de los nuer sudaneses. La contribución es mucho más modesta: “Revela que aquello que consideramos ‘natural’, fundado en el orden de las cosas, se reduce a limitaciones y hábitos mentales propios de nuestra cultura. De tal modo, nos ayuda a quitarnos las anteojeras, a comprender cómo y por qué otras sociedades pueden tener por simples y obvios usos que a nosotros nos parecen inconcebibles e incluso escandalosos”.

“La antropología nos invita, pues, a atemperar nuestra vanagloria, a respetar otras formas de vivir, a cuestionarnos a través del conocimiento de otros usos que nos asombran, nos chocan o nos repugnan; 

"un poco al modo de Jean-Jacques Rousseau, 
que prefería creer que los gorilas recientemente descritos eran hombres, 
en lugar de correr el riesgo de negar la calidad de hombres a seres que, quizás, 
revelaban un aspecto aún desconocido de la naturaleza humana”.



Fuentes:
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Levi-Strauss-curiosidad-anticuario_0_665333468.html
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Claude-Levi-Strauss-antropologia-leccion-espiritu-critico_0_665333469.html
"Hacia una antropología de los mundos contemporáneos" Marc Augé.
https://carnenegra.com/2015/10/03/crisis-de-la-presencia-una-lectura-de-tiqqun/
Tiqqun en el sur de Italia: magia, “crisis de la presencia” y crítica del sujeto clásico. Pablo Romero Noguera

1 comentario:

Esa niña que vive dentro de mí dijo...

Como siempre... Muy muy muy interesante. Me ha encantado, y los ejemplos que pones me dan tema para reflexionar, y para continuar quitándome esas "anteojeras". Estoy muy "picada" a tu blog, ¡enhorabuena!