jueves, 11 de octubre de 2018

Una sociedad pacífica: Los Batek de Malasia

 "El sexo es un instinto irresistible; la guerra, no" Marvin Harris, antropólogo.


Los Batek de Malasia excluyen la guerra y cualquier violencia física. Kirk Endicott y Karen L. Endicott les preguntaron porqué no se enfrentaron con sus cerbatanas a los malayos cuando los asaltaron para raptarles como esclavos. Un batek les respondió, escandalizado: "¡Los habríamos matado!".

En otra ocasión, en una pelea entre dos hombres, observaron cómo todos huían aterrorizados, pensando que los dioses los castigarían abriendo el suelo para ser tragados. Uno de los hombres les espetó "¡Pensad en el Sol, pensad en la Tierra, todo se disolverá!!"

Las sociedades no pueden ser etiquetadas simplemente como violentas o no violentas sobre la base de teorías socio-biológicas, la no-violencia de los Batek es simplemente una forma poderosa de resistencia a las presiones externas y su mejor estrategia posible de supervivencia. La violencia, la coerción, el comportamiento agresivo y la retribución física son tan inaceptables para los Batek que excluirían a cualquiera que fuera beligerante. Creen que si una persona se comporta con violencia, los dioses no aceptarán su "espíritu-sombra" y vagarían por siempre por el bosque.

También creen que una de sus enfermedades, "ke’oy", que consiste en fiebre, depresión, falta de aliento y debilidad, es causada cuando alguien está enojado con otro sin justificación. Si bien hay algunos hechizos que pueden ayudar, la cura para la enfermedad es que la persona que está enojada controle sus sentimientos para que la víctima se recupere. La persona responsable del problema trata a la víctima con varios remedios populares, le dice al corazón de la víctima que se enfríe, sopla sobre su pecho para el efecto de enfriamiento y agarra y tira la enfermedad. Esta creencia en "ke’oy" ayuda a garantizar que la cooperación y cohesión social, ya que las víctimas reciben apoyo grupal y las personas enojadas, que causan enfermedades, pueden perder el apoyo social y ser excluidas.

Con frecuencia, tienen discusiones públicas sobre disputas para intentar obtener partidarios de sus argumentos. Cuando las estrategias de resolución de conflictos fallan, una de las partes en una disputa abandona el grupo por un tiempo para dejar que los sentimientos de enojo se disipen.
Los hombres normalmente cazan mientras las mujeres recolectan vegetales,
pero ambos alimentos se valoran por igual y así, ambos sexos forman parte de la red de distribución de alimentos en sus campamentos. Los hombres a veces recolectan vegetales y las mujeres a veces (aunque rara vez) cazan, no tienen reglas rígidas que separen sus roles sexuales. Ambos sexos reúnen el ratán que intercambian por bienes externos, y hombres y mujeres conocen y participan en actividades agrícolas y en el cuidado y cocina.

Los matrimonios se basan en la igualdad, la compatibilidad y el afecto. No hay ceremonia matrimonial, solo una pequeña fiesta. Lo importante es ocupar un refugio nuevo con su fuego y empezar a trabajar en equipo. El primer año viven cerca de los progenitores de ella, y en el segundo, en la de él, y así van alternando. Las parejas toman decisiones conjuntas sobre sus actividades. Normalmente tienen relaciones cercanas y de compañía mientras trabajan juntos y disfrutan de su tiempo libre. Los batek toleran a las personas perezosas ocasionales, ya que sus cónyuges a menudo hacen esfuerzos adicionales como para compensar. Si la calidez de la relación se erosiona, cualquiera de los cónyuges puede divorciarse del otro y contar con el apoyo de la banda para ayudar con la manutención de los hijos y el intercambio de alimentos.

"Los batek no adoptaban medidas especiales para evitar las aventuras o para castigar a las que las iniciaban. No vigilaban a su cónyuges ni les prohibían trabajar en el bosque lejos del campamento y con gente del sexo opuesto. Su punto de vista era que nadie podía controlar la sexualidad de otra persona en un contexto prematrimonial, matrimonial o extramatrimonial", explican los Endicott.
 

Tanto los padres batek como las madres pasan mucho tiempo abrazando y hablando con bebés de ambos sexos. Abunda el contacto físico no erótico entre ambos géneros. Los padres están bastante relajados con la disciplina, procuran que el ejemplo constituya la mejor enseñanza, y aunque los reprenden, no los responsabilizan de incumplir reglas que aún no entienden. Un niño de dos años usó como martillo una flauta de bambú que su padre acababa de terminar de hacer, pero al padre no le importó, ya que podía hacer otra fácilmente. Los padres rara vez golpean a un niño o usan fuerza física sobre ellos, ya que su palabra "sakel" significa tanto golpear como matar, un concepto abominable para ellos. Los padres pueden disciplinar a los niños advirtiéndoles sobre tigres, extraños o sobre el dios/a del trueno que castiga a las personas que violan las prohibiciones religiosas. Los niños juegan activamente pero no agresivamente, y carecen de juegos competitivos. Una de las estrategias de crianza batek es hacer que sus hijos lleven platos de comida a otras familias para enseñarles sus valores basados en compartir. Si alguno manifiesta posesividad, no interfieren ni lo dramatizan, saben que con la edad esta actitud desaparecerá sola. Es la ausencia de un modelo violento en la vida adulta lo que mantiene dormida la agresividad de los/as pequeños/as.
 
Son un pueblo igualitario. Toman todas las decisiones grupales por consenso, a veces después de días o semanas de discusión y debate, y confían en los líderes naturales para su experiencia, juicio y consejo. Estos líderes solo pueden ser persuasivos, no tienen autoridad. La jefa natural del campamento de Lebir Alto, cuando estuvieron los Endicott, era una mujer llamada Tanyong. Era la "penghulu". Ella y su esposo cuidaban de dos niños huérfanos, y cuando oía a algún otro niño desatendido, se apresuba a consolarlo. Conocía bien la partería, las hierbas medicinales, las prácticas religiosas y muchos otros asuntos cruciales para su cultura. Además de aportar consejo mediante la palabra, también lo hacía mediante sus acciones, ya que era la más trabajadora del lugar y servía como ejemplo. Por ejemplo, cuando vio a los antropólogos Endicott deslizarse por un sendero lleno de lodo cerca de su campamento, resolvió crear ella misma un camino más cómodo que en realidad ningún paisano necesitaría, pero que era útil para Kirk y Karen. Tras su muerte, todavía era recordada por su marcada personalidad persuasiva y habilidad para "combatir con forasteros" y comerciantes malayos.

Hoy, son menos de mil individuos que sobreviven como cazadores y recolectores nómadas en la selva virgen de Malasia gracias al turismo de masas. El conjunto de los "orang asli" ("pueblo original" en malayo), suponen menos del uno por ciento de la sociedad malasia y la mayor parte vive integrada en la vida moderna. Los batek son de los pocos que se resisten todavía a los cantos de sirena y se identifican como gente del bosque, porque es fresco, y también porque el bosque les da refugio de otras personas. Y no es decir poco: su hogar, "Taman Negara", podría ser la selva más antigua del planeta, con una edad de unos 130 millones de años.


Fuentes:
https://cas.uab.edu/peacefulsocieties/societies/batek/
The headman was a woman: the gender egalitarian Batek of Malaysia / Kirk M. Endicott, Karen L. Endicott. 2008.

2 comentarios:

Camino a Gaia dijo...

Hay pueblos que merecen ser maestros de la humanidad.

Quichel dijo...

Asi es...