martes, 28 de julio de 2020

El rey está desnudo: antropología de la realeza.

"Cuando el rey está desnudo y el poder es impotente, ¿en qué consiste el ejercicio del Estado, el hecho de gobernar, sino en jugar deliberadamente con las apariencias?” 

 Christian Salmon, doctor en historia de las ideologías.



A lo largo de la historia, los pueblos han desarrollado numerosas formas de organización social. El Estado no es más que una de ellas, y aún hoy, aunque ha adquirido un carácter casi universal, hay sociedades sin Estado.

Estas sociedades sin estado conocen el concepto de ley, pero no tienen el poder coercitivo para aplicarla, o una institución que tenga el monopolio del uso de la fuerza como forma de coerción para aplicar la ley vigente.
También disponen de relaciones de poder, autoridad y deberes mutuos, pero que no implican dominación y violencia.
Tampoco hay una estructura de poder centralizado. Son acéfalas (sin cabeza). Algunos antropólogos prefieren llamarlas policéfalas, ya que el poder recae sobre varias cabezas. Según su ética, es moralmente ofensivo permitir a alguien dar órdenes sin que estas puedan ser cuestionadas.

Entonces, ¿cómo es posible que surgiera, en la historia de la humanidad, el hecho de querer darle todo el poder a una persona, al rey? Es lo que se pregunta el antropólogo David Graeber en sus libros "On Kings" junto con Marshall Sahlins, y en "What are kings". ¿Por qué y cómo puede un solo ser humano gobernar sobre muchos otros como la encarnación o el delegado de un dios y, además, muchos de ellos insistiendo en que su familia es de un país diferente del que son rey o reina? "Los reyes de Inglaterra solían ser franceses, ahora son principalmente alemanes, los reyes en Malasia insisten en ser griegos, descendientes de Alejandro Magno, los reyes swahili de la costa este de África afirmaban ser de Persia, etc."
"Es muy difícil saber cuándo aparecieron los primeros reyes en la historia", escribe Graeber. "Se han descubierto tumbas completamente llena de cuentas y collares y coronas y cetros hechos de marfil y conchas, y la mayoría eran de aspecto diferente: altos como gigantes, enanos, jorobados... Pero aparte de eso, "no hay la más mínima evidencia de palacios, cortes, tesorerías, ejércitos ni nada de eso". 

La suposición de Graeber es que estas personas especiales quizás se consideraban divinas, solo porque se veían extrañas; tal vez incluso los trataron como dioses a veces, por ejemplo, durante festivales u otras celebraciones, donde se escuchaban los tambores, la música, y se disfrutaba de bailes y juegos cuando los "dioses" aparecían. Quizás fuesen los "Maestro de Ceremonias"

Pero en estas sociedades donde no existía un poder coercitivo, tenían mucho cuidado de que esta persona que hacía cumplir las reglas no se lo tomara demasiado en serio. La solución era que "muy a menudo, esa persona era un payaso", asegura Graeber. "Hicieron cumplir las reglas, pero las reglas no se aplicaban a ellos. Podrían ser tan tontos como quisieran. De hecho, se suponía que eran tontos. Pero también se parecían un poco a la policía, podían castigar a las personas por romper las reglas. A veces intentaban confundir intencionalmente a todos, hacer la ceremonia equivocada, contar chistes, fingir caer de bruces, pero se suponía que nadie se reiría". Y continúa "como podían hacer cualquier cosa, a veces inventaban nuevas reglas." 
 
Ahora imaginemos que estos juegos comenzaron a durar semanas o incluso meses, lo que a veces sucedió. Bueno, tal vez en algún momento, la gente olvidó que estaban jugando un juego. Tal vez comenzaron a actuar así todo el tiempo y las personas que inventaron las reglas se convirtieron en reyes." Cómo hemos pasado de disponer de payasos-reyes, a ser gobernados por cleptócratas reyes bufones, eso es parte de la historia.

Las reinas y reyes son muy poderosos, o al menos, deben aparentarlo. Tienen la mejor ropa y viven en las mejores casas. Los súbditos del rey tenían y tienen que mostrar respeto: inclinarse o incluso arrastrarse en su presencia, y constantemente recordarle lo grandioso que son, y mantenerle a él o a ella, y a su corte.

Los reyes y las reinas a menudo actúan de manera muy infantil. Bueno, a veces, los reyes eran, en realidad, niños. Si un viejo monarca moría, y su hijo era todavía muy joven, a menudo se convertía en rey. 
Cuenta Graeber que en el antiguo Egipto, había un faraón conocido en la historia como Tutmosis III, que se convirtió en rey cuando solo tenía dos años. Entonces su madre, Hatshepsut, dirigió el reino. Resultó que ella lo manejó extremadamente bien; construyó hermosas ciudades y monumentos; Egipto nunca fue tan rico y pacífico. Hatshepsut comenzó a usar una barba falsa y a vestirse como un hombre en público, diciendo que ella era la propia Pharoah. Mientras tanto, le decía a su hijo que necesitaba terminar su educación, y así se convirtió en atleta, historiador, científico y arquitecto. Le dio un ejército y le dijo que fuera a conquistar a alguien, realmente para sacarlo de la ciudad, y éste conquistó gran parte de Medio Oriente. Finalmente, después de 22 años, Hatshepsut murió y Thutmoses se convirtió en uno de los faraones más famosos de la historia egipcia. "En algún momento, sin embargo, alguien, no sabemos quién, borró el nombre de Hatshesut de todos los edificios públicos", escribe Graeber.

A veces, también, la gente trata a los reyes como niños. En Madagascar, cuenta Graeber, "había una famosa reina llamada Ranavalona, ​​que se convirtió en gobernante cuando murió su esposo. En ese momento ella tenía unos cincuenta años, pero todos la llamaban "la niña" y todos los políticos más importantes del reino, que también eran sus amantes, eran referidos como sus "niñeras". Esos políticos dirigían un gran imperio, pero todos fingían que el imperio estaba allí para que la Reina pudiera tener lo que quisiera, y todos sus súbditos eran sus "juguetes".
Cada vez que se enfadaba con alguien, decía "¡que le corten la cabeza!" u ordenar que esa persona sea asesinada de alguna manera terrible.

Y aunque los reyes ya no tengan el poder de ordenar a nadie, todos los que están cerca de ellos fingirán que siguen siendo muy importantes, porque eso significa que ellos también son importantes. Habían excepciones. Por ejemplo, hubo una vez un guerrero feroz llamado Rollo el Vikingo (más conocido con el sobrenombre de Rollón el Caminante, no había montura capaz de soportar sus más de 140 kg y su imponente estatura de más de 2 metros), que conquistó la provincia francesa de Normandía. "Eventualmente, Louis el Gordo, quien era el Rey de Francia en ese momento, acordó dejar que Rollo se convirtiera en duque de Normandía si le aceptaba como su rey. Rollo estuvo de acuerdo y organizaron una gran ceremonia. Pero había un problema. Parte de la ceremonia fue que Rollo tenía que inclinarse y besar el dedo gordo del pie del Rey. Rollo decidió que eso iba demasiado lejos. No iba a besar el pie del rey. Pero los hombres del Rey dijeron: no, esas son las reglas, tienes que hacerlo o no podrás convertirte en duque. Entonces se le ocurrió un acuerdo. Cuando llegó el momento de hacer la ceremonia, agarró al rey por el pie, lo puso boca abajo y solo entonces le besó el dedo gordo del pie. Eso se consideraba aceptable, porque al menos había seguido las reglas."

A veces, los reyes merecen una lección. Esigie, quien era rey de Benin en África occidental, era un gran guerrero al que le gustaba romper todas las reglas. Un día estaba marchando su ejército a la batalla contra su hermano Arhuaran, y un pájaro gigante cruzó el camino de su ejército. Los sacerdotes que estaban con el ejército inmediatamente le dijeron "¡debes volver! El pájaro es un portento enviado por un dios, una advertencia, de que si luchas hoy, se producirá un gran desastre". Él dijo: "¿Pero cómo sé que no es un desastre para mi hermano?" Entonces le disparó al pájaro con una flecha, lo cocinó y se lo comió para el almuerzo. Luego ganó la batalla y quemó la ciudad de su hermano. A partir de entonces, los reyes de Benin llevaron, en el extremo de un palo, una imagen de un pájaro de metal, al que llamaron el "pájaro del desastre", para mostrar cuánto no les importaba lo que los dioses les decían.

Los sacerdotes les tomaron la delantera. Se las arreglaron para convencer a Esigie, y más tarde a los reyes de Benin, de que si él mismo era prácticamente un dios, entonces no era seguro para los sujetos comunes siquiera mirarlo. Podrían lastimarse los ojos. Desde entonces, los reyes de Benin tuvieron que quedarse en casa la mayor parte del tiempo y cuando la gente los visitaba se ocultaban detrás de una pantalla. No podían ir a ninguna parte sin que la gente saliera a colocar alfombras delante de él para ir enrollándolas por detrás. Como resultado, en poco tiempo, los reyes de Benin ya no podían liderar ejércitos, y se hizo muy difícil dirigir el gobierno. Entonces su madre y sus esposas terminaron haciendo la mayor parte del negocio del gobierno.

Otro caso de esposas de reyes que terminan gobernando el lugar, es la historia del rey sudanés del reino Shilluk. Puede tener hasta cien esposas, pero tradicionalmente, si sus esposas mayores estan de acuerdo en que están cansados de tenerlo cerca, pueden ordenar que lo ejecuten. Y es que su propia fertilidad simboliza la fertilidad del reino, de las vacas, los cultivos y las mujeres. En consecuencia, si se vuelve impotente o simplemente decae fisicamente, puede dar lugar a malas cosechas y catástrofes naturales. Por lo tanto, antes, se le cortaba la garganta.
Cien esposas reales significa que siempre hay un gran número de príncipes. Esto crea grandes problemas cuando el rey muere y, a menudo, todos los príncipes terminan matándose unos a otros hasta que solo queda uno. Como resultado, a veces los príncipes huyen y se esconden. Una vez en la década de 1400, el hijo de un emperador chino desapareció así. Su padre envió grandes flotas de barcos para explorar el mundo y ver si podían encontrarlo. Llegaron hasta África, y algunas personas piensan que incluso podrían haber descubierto América, hasta que finalmente alguien encontró al príncipe escondido cerca del palacio.

Aún con todo, por alguna razón, todos estaban convencidos de que los reyes son muy, muy poderosos.
Las personas que no tienen reyes encuentran todo esto muy extraño. Hace cuatrocientos años, el escritor francés Montaigne escribió sobre algunas personas de Brasil, llamadas Tupinamba, que fueron secuestrados y llevados a París en 1562 para encontrarse con el rey. Montaigne habló con algunos de los Tupinamba, y escribió:
 
«El Rey habló un rato con ellos; se les mostró nuestro modo de vida, nuestra magnificencia, y las cosas dignas de verse en una bella ciudad. [Yo] les pregunté qué pensaban de todo esto y qué les había parecido lo más notable. [Ellos dijeron] que habían advertido entre nosotros algunos hombres atiborrados de toda clase de cosas mientras que sus otras mitades eran mendigos ante sus puertas, demacrados por el hambre y la pobreza. Les pareció extraño que estas menesterosas mitades tuvieran que sufrir tantas injusticias y no agarraran a los otros del cuello o incendiaran sus casas».

Del rey-niño Carlos IX, dijeron: ¡es solo un niño pequeño! Y vieron que estaba rodeado de grandes hombres fuertes con barbas y armas. Están allí para proteger al rey, dicen todos. ¡Pero nadie los obliga a hacerlo! ¿Por qué uno de ellos no ignora al niño y se hace rey?
Montaigne admitió que nunca había pensado en esto antes, pero tenían razón. Uno de sus amigos, Etienne de la Boetie, terminó escribiendo un libro sobre el problema:

"Mas ¡oh Dios!, ¿qué puede ser esto, cómo diremos que se llama, qué desgracia es esta? ¡Qué vicio, o más bien qué aciago vicio, ver a un número infinito de personas, no obedecer sino servir (…), sufrir los saqueos, los desenfrenos, las crueldades no de un ejército (…) sino de uno solo! ¡Y no de un Hércules ni de un Sansón, sino de un solo homúnculo (…)!" escribió un joven de la Boetie (16/18 años) en el "Discurso de la servidumbre voluntaria".

En última instancia, puede llegar el momento en que el rey tema a los guardias, y no al revés (como ocurría con el rey Shilluk). Y también a los bufones. El humor puede ser un arma muy corrosiva para desmontar grandes estructuras, así que los reyes (y aún hoy los poderosos) no solo reprimen a los comediantes, albardanes, descarados y bufones, sino que a algunos los mantienen en su seno y los distribuyen para implantar su humor, con el fin de limitar la propagación del humor enemigo. Por eso, es preceptivo, si eres rey, tener bajo control una corte de bufones. El humor que no disponga del sello oficial del rey, será delito (o tildado de cortarollos o aguafiestas en nuestra cada vez más risueña, desentendida y apolítica vida social).

Y así es que, curiosamente, "parece que no hubo parte del mundo, desde África hasta América del Sur y Central, hasta Europa, India, China y Japón, donde las cortes reales no tuviesen enanos" escribe el antropólogo. "A veces llegaba al punto en que los padres trataban de encontrar formas de retrasar el crecimiento de sus hijos, solo para poder vivir en la corte. El ejército del rey Rudolf II, de Bohemia y Hungría, tenía un regimiento de enanos y otro regimiento de gigantes, y el rey azteca Moctezuma II mantenía una tropa de enanos a su alrededor en todo momento, tanto para entretenerle como para aconsejarle asuntos de estado." 
Puede parecer una combinación extraña, pero en realidad no es nada inusual, y es que necesitaban tener a alguien capaz de criticarlos, pero que tampoco fuera alguien que todos los demás se lo tomaran en serio. Y aquí es cuando aparecen de nuevo los payasos. También podían buscar a alguien con enfermedad mental, con los que obtener perspectivas diferentes de sus ideas. "El rey James VI de Escocia tenía la mala costumbre de no molestarse en leer todos los documentos que sus asesores le entregaban para firmar. Para mostrarle lo estúpido que era esto, su bufón de la corte colocó un papel en la pila donde el rey acordó dejar que el bufón fuera rey durante una semana, y que el rey se convirtiera en su bufón." El rey firmó el documento sin leerlo, y cuando le explicaron la bufonada, no cambió de lugar con el bufón, pero tampoco le castigó. Con bufones así, no es de extrañar que el parlamento escocés aprobara una ley en 1449 llamada la "Ley para poner fin a los tontos fingidos" (“Act for the Putting Away of Feigned Fools”).

Y también cuenta la historia (lo más probable, ficticia) del rey de Asiria llamado Nonus, que tenía una sirviente llamada Semiramis, una chica que era muy inteligente y bonita, y a la que amaba mucho. Cada año había un gran festival, y uno de los juegos era "Rey por un día". Un año, Semiramis preguntó si podía ser Reina por un día. Nonus estuvo de acuerdo, y ordenó a todos que hicieran como que ella era realmente la Reina. Tan pronto como le pusieron la corona sobre la cabeza, Semiramis llamó a los generales y guardaespaldas del rey y les preguntó si de verdad el rey les caía bien. Antes de que terminara el día, Nonus estaba encerrado en algún lugar, y Semiramis se convirtió en la Reina. "Y resultó que Semiramis era mucho mejor para dirigir el reino: construyó la ciudad gigante de Babilonia, y sus hermosos jardines colgantes, y muchas otras grandes ciudades también, y conquistó un imperio gigante que se extendió desde India hasta Etiopía." 
Para los que todavía lanzan esa manida expresión de crítica "¡esto parece la Edad Media!" como si de la "Edad Oscura" se tratase: no es raro encontrar mujeres dirigiendo reinos enteros en la Edad Media, como Eleanor de Aquitania en Francia o Lakshmibai en India, en lucha contra los británicos. "Hoy es mucho más raro encontrar mujeres que dirijan bancos o grandes corporaciones." lamenta Graeber.

La mayoría de los países hoy en día no son reinos, e incluso donde hay reyes y reinas, no tienen mucho poder. Desde la revolución estadounidense en 1776, y luego la revolución francesa en 1789, y luego toda una serie de otras revoluciones, casi todos dejaron en claro que estaban cansados de que una persona los gobernara sin una razón particularmente buena. En realidad, mucho antes, algunos juristas ya presintieron el peligro de una monarquía absoluta, que podía desarrollar un totalitarismo. Los "monarchomachen" (monarcómacos) es un término inventado por el jurista William Barclay (1546 - 1608). Sostenían la opinión de que, si el rey violaba las libertades y los derechos, podía ser expulsado del trono.

¿Pero, actualmente, por qué tenemos que obedecer las leyes, en caso de que no exista una reina o un rey?
Bueno, hay una constitución que dice cómo aprobar las leyes apropiadas. Y la constitución fue instituida por unos gobernantes o, en su caso, por el pueblo, tras una revolución (la revolución estadounidense, francesa, haitiana, mexicana...), arguye Graeber. "Pero espera, ¿no es ilegal la revolución? ¿Tienes que hacer lo que el gobierno dice porque doscientos años algunas personas derrocaron al gobierno? ¿Cómo tiene sentido eso?" se pregunta Graeber. "¿Y quiénes son "el Pueblo" de todos modos? Estas son preguntas difíciles. Nadie está muy seguro. La mayoría de las guerras libradas en los últimos doscientos años, y ha habido muchas, se han librado entre personas que tenían diferentes teorías sobre cuál podría ser la respuesta".

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