miércoles, 3 de octubre de 2012

Antropología de Auschwitz: en el corazón de la zona gris.

"El trabajo te hace libre"
“Nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la de la destrucción de un hombre”  Primo Levi (escritor, poeta y superviviente del Holocausto)

"Los historiadores dejan a la gente en la puerta del campo y vuelven cuando llegan a la liberación." Paz Moreno Feliú, antropóloga.






“Shoah” (catástrofe) es un documental que trata de reconstruir por medio de entrevistas lo sucedido en Auschwitz. En la secuencia inicial, Simon Srebnik, superviviente de ese campo de concentración, visita lo que queda de los campos en la actualidad. Srebnik camina por lo que hoy en día son páramos desérticos y, tras una larga secuencia donde avanza, como sin rumbo, entre las ruinas, las únicas palabras que logra articular son: 

“No se puede contar, nadie puede imaginar lo que pasó aquí, no se puede entender, es imposible, ni yo mismo puedo hacerlo hoy”


Paz Moreno Feliú, Catedrática de Antropología Social, es autora de diversos libros sobre el racismo y los genocidios. Escribió "En el corazón de la zona gris", según expresa en la introducción, con idea de romper el silencio que la antropología y otras ciencias sociales han mantenido hasta hace bien poco.

Este libro presenta una lectura antropológica de los campos de Auschwitz sobre cómo era el día a día en aquel mundo devastado y en qué consistía la zona gris de las relaciones sociales que surgieron a la sombra de las chimeneas: la deshumanización de las víctimas, las jerarquías e intercambios o los mitos y leyendas que surgieron. No se trata tanto de un estudio del genocidio, de las grandes historias, sino más bien de las pequeñas vivencias o experiencias cotidianas.

Esta es una pequeña transcripción de una entrevista a Paz Moreno Feliú que se le hizo en la radio de la UNED:

El silencio.

"Hay cosas dentro de la antropología muy chocantes. por ejemplo, en el año 47, después del Holocausto, se va a proclamar la declaración de los derechos humanos. Un comité pidió asesoramiento a la American Anthropological Asociation y les pusieron en la mesa un borrador sobre los derechos humanos. Entonces se reunieron y la rechazaron en nombre de un relativismo cultural extremo. No quisieron subscribirla. A partir de aquí hubo un silencio inmenso sobre estos temas. Entonces Tomas Pollan me explicó que aquí entraban otra serie de motivos no sólo de racismo sino de colonialismo y que ningún antropólogo ha estudiado nunca y que se podría hacer incluso un trabajo de campo de campo de concentración. Entonces yo empecé a leer las memorias y me provocó asombro que esto hubiese pasado en un rincón de la historia. Los historiadores dejan a la gente a puerta del campo y vuelven cuando llega la liberación."

No eran pobres corderos.

A mi me irrita mucho lo de "ovejas que van al matadero" Por ejemplo en Auschwitz el ciclón B lo experimentaron los nazis con los prisioneros soviéticos del ejército rojo que no eran pobres corderos sino gente que estaba en el ejército, al contrario que los judíos que eran ciudadanos civiles. También estaban los gitanos que estaban acostumbrados a remar a la contra. También muchos prisioneros políticos, sindicalistas de toda Europa. Eran como las malas hierbas que los nazis querían exterminar y eliminar.
Realmente casi no había nazis en el campo. Desde el punto de vista de la administración de los prisioneros, se calca del gobierno que por ejemplo tenían en Kenia los británicos con las poblaciones nativas. Se inventaron una jefatura política que les diera cuentas a ellos, que era el jefe político de la tribu que podía tener derechos sobre todos sus súbditos.

La mejor orquesta gitana.


A los gitanos y a los judíos los trataron distinto, porque en el caso de los gitanos tenían esta enloquecida teoría racial que los consideraron como arios, y los quisieron poner en museos. Pero después, cuando vieron que eran una población grande y los empezaron a llevar en familia a los campos de concentración, lo que dijeron fue que no eran arios de verdad porque se habían mezclado con lo peor de la sociedad. Y luego estaba el tipo de exterminio, que estaban con toda la familia, no trabajaron nunca y los mataron en una sola noche. Los judíos eran gente que escribieron sus memorias, en el caso de los gitanos no hay ninguna memoria escritas. Lo que sabemos del comportamiento de los gitanos es de los médicos judíos, y de un nazi de la SS que se llamaba Perry Broad que era muy culto y que quería hacer una orquesta con ellos, "la mejor orquesta gitana" y sin embargo no parpadeo el día que los mataron.

Cada comandante de campo quería tener sus propias músicos y su propia orquesta, y competían los directores de los diferentes campos de Auschwitz. Simon Lacks, polaco, es el escritor de "Melodías de Auschwitz" donde va contando como llega a subir a director de orquesta, porque sabía de armonía. Y allí la partitura había que armonizarla según se iban muriendo los músicos que tocaban un instrumento determinado. Si se quedaba sin clarinetes, él armonizaba la partitura con un oboe. También había una orquesta de mujeres, que la directora era muy germana, tanto que cuando muere los nazis le hacen de los pocos entierros en el campo.

La entrada, la deshumanización.


El primer momento fue un desconcierto total, porque los prisioneros que están allí eran gente como nosotros. Nosotros estamos acostumbrados a una vida civil en la que si alguien nos detiene es porque hemos cometido un mal, pero no nos detiene nadie por ser quien somos. Es un "estos son los que no caben, los que no tienen cabida aquí". 

Todas las memorias de las distintas personas son variadas, pero hay ciertos sucesos que nos permiten encontrar unas pautas de regularidad, por ejemplo, que nos permiten saber como viven ellos su entrada en el campo. Eran diferentes entradas, por ejemplo, con los judíos de salónica, o con un judío occidental de Francia o de Holanda, que les llevaron a un campo intermedio, y luego les llevaban a  realizar ese tremendo viaje en los trenes. Los que pertenecían a la resistencia, tienen una detención individual, política, con interrogaciones. 

Auswitch es un campo de concentración triple porque es de concentración, de exterminio (por eso está en el Este) y donde las multinacionales hacían unos experimentos capitalistas terribles. Cuando llegan allí lo primero que les llama la atención son gritos, desconciertos, no saben donde están. Algunos les dijeron que iban a un campo de trabajo. Para esta gente, dada la ideología del capitalismo y socialismo que entienden del trabajo como una mercancía, piensan entonces que no les van a matar. Entonces en esa iniciación, como rito de paso, les van aislando de lo que conocían y van conociendo los detalles del mundo en el que se está metiendo. Así, se sienten como un cero, cuando les han quitado todo, hasta el nombre, porque nadie podía tener propiedades. Andaban siempre escondiéndose cosas. Les quitaban su identidad personal, no sólo colectiva. Hablan con los que les rapan el pelo, porque eran prisioneros como ellos."

Este hombre cuenta como tuvo que rapar el pelo en la cámara de gas a cientos de mujeres, algunas amigas de su propio pueblo natal, y como un compañero tuvo que cortarles el pelo a su hermana y a su mujer...


Las normas predatorias.


En el campo de Auschwitz habían unas 140.000 personas y sus reacciones eran distintas. La deshumanización que tuvieron significó que la vida que tuvieron anteriormente la tuvieron que dejar atrás. Su yo anterior lo eliminaron. Surgen unas normas propias del campo, que tienen distintos rangos. Son normas predatorias con respecto al resto de los prisioneros. Los golpes que recibían eran de otros que eran lo mismo que ellos, y comprobaban que no podían seguir igual que antes. Hay un tejido social nuevo, en las que surgen la moral del don aunque son esporádicas, porque hay familiares y pequeñas amistades en las que surgen ayudas mutuas. Pero son muy pequeñas y en medio de un contexto predatorio. Además eran gente muy joven, la muestra de la juventud Europea que comenzaba a vivir, porque a los mayores los mataban.

"Ésta habrá de ser nuestra vida. Cada día según el ritmo establecido, salir y entrar, trabajar, dormir y comer, ponerse enfermo, curarse o morir [...]. ¿Y hasta cuando? Pero los antiguos se ríen de esa pregunta: en esa pregunta se reconoce a los recién llegados. Se ríen y no contestan: para ellos, hace meses, años que el problema del futuro remoto se ha descolorido, ha perdido toda su agudeza, frente a los mundos más urgentes y concretos problemas del futuro próximo: cuándo comeremos hoy, si nevará, si habrá que descargar carbón." (Levi, 1987: 39).

Hay otros casos, fuera de este campo, en los que se privó a la gente de su tejido social, por ejemplo Colin Turnbull cuenta de un pueblo, los "Ik", a los que los gobiernos coloniales los movieron de sitio y los colocaron en un terreno horrible, por lo que la hambruna hizo que incluso depredaran la comida de sus familiares y les dejaran sin comida. En las grandes catástrofes lo que vale siempre, va cambiando.

La historia de la bailarina.

«Teníamos que avanzar completamente desnudos: hombres, mujeres y niños. La bailarina, todavía con el traje de baño puesto, caminaba a mi lado. Era la única que no se había desvestido. Un SS, que parecía ser el comandante de los guardias, se acercó a ella tranquilamente: ‘Preciosa, quítate el traje’, mientras se acercaba más y más a ella. De repente, con un rápido movimiento, ella le cogió la pistola y le disparó un tiro. Después, retrocedió tres pasos y disparó a los SS que corrían por todas partes. Se reservó la última bala para sí misma. Cayó al suelo. El pánico era extraordinario. Oíamos gritos y disparos en todas las direcciones. No podíamos correr porque estábamos desnudas y no conocíamos el campo. Yo estaba de pie al lado de la heroína muerta y no sabía qué hacer. De repente, sentí que alguien me cogía de la mano y me tiraba un vestido. Entonces, me empujó, me llevó a una puerta y finalmente me dejó aquí. Era un soldado alemán. No me dijo ni una sola palabra.» Ésta era la historia de la joven francesa, que escuchamos como si fuese música celestial. —Así es como se muere —dijo Magda." Sara Nomberg-Przytyk.

Hay necesidad de recurrir a una ejemplo heróico, y por eso surgen este tipo de historias como el de la bailarina. Marcel Mauss y Levi-Strauss decían que un antropólogo no tenía porque andar buscando una leyenda o un mito verdadero, porque todas lo son. Lo que importa es que surja una esfera mítica, como antimodelo o como modelo de como podrían funcionar las cosas.

La vida después del Shoah.


La vida después del campo también fue terrible. Las políticas de la memoria iban en contra de las víctimas porque lo que querían en realidad eran los héroes, la resistencia. Entonces nadie les escuchaba. Los datos que tenían los tenían de los nazis para los documentales y la prensa, que también se volvieron en contra de los supervivientes. Como ocurre en otras grandes catástrofes, que las víctimas vuelven a ser doblemente víctimas porque las políticas diseñadas para afrontar ese pasado van en otra dirección. 

"Recuerdo que tras la liberación, sufrí más soledad y aislamiento que durante el periodo del Holocausto... supongo que tiene que ver con el hecho de que, después, la vida a tu alrededor parece normal pero tú eres anormal. Vale, ¿por qué? En los campos de concentración y de trabajo había una preocupación por sobrevivir. Pero después lo que llamaban liberación —realmente no fui consciente de vivir una liberación— durante mucho tiempo no era real, pero recuerdo que durante los años 45, 46, 47 e incluso en el 48, me encontraba a mí mismo llorando, y a menudo [experimentaba] un sentimiento de «sí, estoy vivo, pero ya está, el resto no importa» Baruch G.

¿Y que hay de los genocidas? 

 

Hannah Arendt contaba que, durante su juicio en Jerusalén, Eichmann explicaba con naturalidad cómo su trabajo consistía en aligerar el ritmo de la cadena de exterminio de judíos. Así pues, desde su punto de vista, era un éxito laboral el que, gracias a ciertas mejoras técnicas en la rutina del exterminio, se lograra eliminar 25.000 personas al mes, en lugar de 20.000. Ahora bien, en una ocasión en que unos testigos le acusaron de haberle estrangulado a un muchacho judío con sus propias manos, Eichmann perdió los estribos y se puso a gritar desesperado que eso era mentira, "que él nunca había matado a nadie" Estrangular a una persona es insoportable para una conciencia moral normal, administrar la muerte de un millón de personas es pura rutina.

Deprisa deprisa!

Retardemos el desierto.

En las selvas de la Amazonía, 

En el corazón vivo de nuestras ciudades, 

En nuestros corazones.

Último poema, en 1987, de Primo Levi.

4 comentarios:

fenixavisunica dijo...

Tuve que leer este texto hace un par de años para la carrera y aún me zumban los oídos, no aprendemos, y sobre todo, no queremos saber.
Quien queda impávido después de leer las historias que aquí salen solo merece vivir entre animales.

Emilio Manuel dijo...

Dura entrada las que nos has presentado hoy amiga lunática.

Un abrazo.

вяєи мтк dijo...

El hombre puesto en sus términos mas vulnerables o firmemente idiotizado por una causa, puede ser el ser mas cruel y despiadado sin uso de ninguna droga, simplemente por que "puede hacerlo".

Clara dijo...

Precisamente ahora estoy leyéndome el libro, voy el último capítulo, el dedicado a las leyendas que circularon por los campos "La Historia de la Bailarina".
Confieso que ha habido dos momentos en los que tenía que cerrar el libro y recapitular, el primero fue cuando re-descubrí que hubo mujeres que se quedaron embarazadas en los campos, ha vuelto a ser el mismo shock, encontrarme de nuevo pensando: Cómo en tales condiciones, totalmente deshumanizadas, aún podían ser "usadas" de ese modo (pienso en el barracón burdel con chicas polacas). El segundo momento capítulo fue cuando comprendí que significaba "organizar", a medida que iba avanzando me preguntaba por las profundas implicaciones morales que conllevaba "organizar" pero comprendo que únicamente fuera, de nuevo en la vida -tal como le sucedió a Primo Levi- uno se pregunta ¿Qué hice?