sábado, 21 de mayo de 2011

Supersociales por naturaleza: Robin Dunbar.

"El cerebro evolucionó para permitirnos organizar las relaciones con los demás.
Las grandes ciudades surgieron en el último siglo, pero nuestra vida social es la misma que hace cien mil años." 

"A diferencia de lo que ocurre en otros mamíferos o en las aves, el tamaño de los grupos sociales de las especies de monos y simios guarda relación con el tamaño de su cerebro. El ser humano no es más que la versión más radical de este fenómeno: tenemos el cerebro más grande y también los grupos más grandes. Nuestros grupos sociales suelen incluir a unas 150 personas" 

 "Tocarse físicamente resulta muy importante a la hora de transmitir la fuerza emocional de una relación. Por supuesto, nosotros estamos muy dominados por el lenguaje: el lenguaje evolucionó y se ha convertido en una parte muy importante de nuestra psicología, por lo que tendemos a pensar primero en las palabras de los demás, sin acabar de entender las emociones subyacentes, y es el tacto lo que crea gran parte de las emociones, ¡porque con las palabras se puede mentir!"

"Creemos que la risa evolucionó cuando el tamaño de nuestros grupos empezó a aumentar más allá de lo que se podía cohesionar únicamente con el acicalamiento. La cantidad de tiempo que se puede dedicar al acicalamiento social tiene un límite claro, porque intervienen solamente dos personas… cuando estamos en un grupo, lo primero que hacemos es reprimir las manifestaciones de este tipo: las caricias, arrumacos, etcétera. (..) Y creemos que la risa lo permitió, porque puede haber cuatro o cinco personas riendo a la vez"
"Esto es así en todos los primates. Tanto en monos y simios como en humanos, el núcleo de la vida social lo forman las hembras, las mujeres, y es como si los machos estuvieran más al margen. Por eso, las relaciones masculinas suelen ser menos estables a largo plazo, un poco más políticas, se basan en un objetivo aquí y ahora; mientras que las relaciones entre mujeres son mucho más duraderas y suelen basarse más en la familia y a ser más sociales, en este sentido"
 
Robin Dunbar, profesor de antropología evolutiva de la Universidad de Oxford.




Video de la entrevista del divulgador científico Eduard Punset con Robin Dunbar el 16 de febrero del 2011, aquí:

Eduardo Punset:
Estamos hablando realmente de la irrupción de la ciencia en la cultura popular, y esto no sólo ha cambiado la estructura social y la manera de pensar que tenemos, sino que nos ha permitido reparar en cosas que antes nos costaba mucho. Por ejemplo, cuál es el impacto de la risa. Sabemos que es bueno, pero ¿cuán bueno y en qué condiciones? ¿Por qué nos gustan las estaturas más altas (si nos gustan las estaturas más altas) a la hora de buscar un trabajo? Hemos heredado del pasado cosas como el nepotismo, el dar trabajo a la gente que es familiar o que es conocida nuestra. ¿Las redes sociales en qué medida influyen en nuestra vida?
Para empezar, has escrito que las especies que viven en grandes manadas anónimas y que son promiscuas tienen cerebros más pequeños que las otras. A primera vista parece extraño, ¿verdad?

Robin Dunbar:
Sí que parece extraño, supongo. Pero lo fundamental es que el cerebro evolucionó para permitirnos organizar las relaciones con los demás. E imagino que, en el contexto de las manadas anónimas de muchos animales o las bandadas de muchas aves, en el fondo no importa tanto con quién se interactúe, y no es preciso un gran ordenador para entenderlo. En cambio, las especies que establecen vínculos de pareja, especialmente las que se unen para siempre, en lugar de cambiar de pareja cada año o en cada época de cría, tienen muchas dificultades para gestionarlo.

Eduardo Punset:
…es un reto para el que hay que tener un cerebro mayor, probablemente.

Robin Dunbar:
Sí; se requiere un cerebro mayor.

Eduardo Punset:
Te has hecho famoso en el mundo entero por un número que lleva tu nombre: el 150, el llamado "número de Dunbar". Afirmas que los chimpancés, los humanos, gestionamos bien un grupo de 150, ni más ni menos. ¿Nos lo puedes explicar un poco?

Robin Dunbar:
Pues bien, resulta que, a diferencia de lo que ocurre en otros mamíferos o en las aves, el tamaño de los grupos sociales de las especies de monos y simios guarda relación con el tamaño de su cerebro. Creemos que lo que sucede es que los primates (los monos y simios) han aprovechado el tipo de cognición o psicología que otras especies utilizan para las relaciones monógamas y la han hecho extensiva a todos los miembros de su grupo, para crear amigos, por así decirlo. De ahí la relación tan estrecha entre el tamaño cerebral y el tamaño del grupo en los primates. El ser humano no es más que la versión más radical de este fenómeno: tenemos el cerebro más grande y también los grupos más grandes. Nuestros grupos sociales suelen incluir a unas 150 personas. En algunos la cifra es ligeramente menor y en otros mayor, pero por lo general tenemos unos 150 amigos y allegados, incluidos nuestros parientes.

Eduardo Punset:
Con los que realmente podemos estar en contacto y saber algo de ellos; no hay que pecar de ambiciosos…

Robin Dunbar:
No. No estamos hablando de amigos de Facebook, donde podemos tener varios miles de amigos si queremos. Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de amigos en Facebook, a muchos, en realidad, apenas los conocemos. Si les pidiéramos un favor, probablemente no nos lo harían.

Eduardo Punset:
¿Sabes? Sugieres otra cosa fabulosa, y es que hemos subestimado la importancia de tocar a alguien en relación con verlo o escuchar su voz, ¿no? Dices que el tacto implica tantas cosas relacionadas con la confianza, con confiar en alguien de verdad, que no se puede subestimar su importancia. ¿Qué puedes decirme del tacto? Solamente tocamos a alguien cuando queremos a esa persona o intentamos conseguir un trabajo, o…

Robin Dunbar:
¡O cuando queremos despedir a alguien! La explicación se remonta a que la manera que tienen los monos y simios de crear amistades, de entablar relaciones con otros individuos, es a través del acicalamiento, y no se trata solamente de quitarle follaje u otra cosa de la piel a otro animal, sino que es como un masaje, produce una sensación de bienestar y felicidad parecida a la que se consigue con el ejercicio físico o el masaje hoy en día. Así pues, tocarse físicamente resulta muy importante a la hora de transmitir la fuerza emocional de una relación. Por supuesto, nosotros estamos muy dominados por el lenguaje: el lenguaje evolucionó y se ha convertido en una parte muy importante de nuestra psicología, por lo que tendemos a pensar primero en las palabras de los demás, sin acabar de entender las emociones subyacentes, y es el tacto lo que crea gran parte de las emociones, ¡porque con las palabras se puede mentir!

Eduardo Punset:
¡Efectivamente! Siempre digo algo parecido, ¿sabes? Cuando alguien me dice: «nos llevamos bien gracias a que podemos hablar», le respondo: «sí, ¡y hablando la gente se confunde también!». Es verdad, y probablemente el lenguaje, cuando pasó a ser escrito, al parecer (corrígeme si me equivoco) al principio no era más que un acuerdo contractual: «te daré lo que quieres a cambio de que tú me des una determinada cantidad de dinero», o lo que sea… así que, en realidad, el lenguaje se escribía para otorgar un contrato.

Robin Dunbar:
¡O para las declaraciones de impuestos!

Eduardo Punset:
¡Las declaraciones de impuestos! Es cierto, ¿no? Porque de eso se trataba. Volviendo al tema del tacto y de estar cerca de los demás, es fantástico cómo los chimpancés, con el acicalamiento, nos enseñaron lo importante que era. Lo aprendimos de ellos, lo copiamos de ellos.

Robin Dunbar:
Bueno, creo que todos los monos y simios y, por tanto, también nosotros (ya que formamos parte de la familia de primates) simplemente utilizamos el acicalamiento o el contacto físico de un modo natural, porque era muy importante para entablar relaciones estrechas. Además, en cualquier relación o interacción, se logra una idea mucho más clara de la intención de las palabras de alguien según la manera en la que te toque.

Robin Dunbar:
A menudo te recomiendan que, si vas a despedir a alguien, a echarlo del trabajo, es mejor tocarle en el hombro mientras le dices: «está usted despedido».

Eduardo Punset:
Para compensar…

Robin Dunbar:
Sí. Para reducir el dolor.

Eduardo Punset:
Increíble, ¿no? ¿Crees que la gente era consciente de todas estas cosas antes de que la ciencia irrumpiera en la cultura popular?

Robin Dunbar:
Me parece que la respuesta es que, intuitivamente, más o menos lo entendíamos, pero sin una comprensión completa, puesto que todo lo que pertenece a la parte emocional de nuestra psicología se halla en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que el lenguaje está en el izquierdo, y no termina de haber una buena conexión. Podemos hablar de las emociones en cierta medida, pero no podemos expresarlas demasiado bien con el lenguaje. Solamente pueden hacerlo los poetas.

Eduardo Punset:
Solamente los poetas, tienes razón…
Oye, hay otro secreto de la vida: se trata del tema de la risa. Especialmente la risa colectiva, cuyo efecto es claro… lo he visto en películas y vídeos… la risa colectiva une a la gente, ¿no? ¿Qué opinas?

Robin Dunbar:
Creemos que la risa evolucionó cuando el tamaño de nuestros grupos empezó a aumentar más allá de lo que se podía cohesionar únicamente con el acicalamiento. La cantidad de tiempo que se puede dedicar al acicalamiento social tiene un límite claro, porque intervienen solamente dos personas… cuando estamos en un grupo, lo primero que hacemos es reprimir las manifestaciones de este tipo: las caricias, arrumacos, etcétera. Es cosa de dos, y normalmente se crea un problema si se intenta hacer a tres. Y, para poder mantener grupos tan grandes como los que surgieron con la evolución del ser humano y tenemos ahora, es necesario un mecanismo que traslade los componentes más emocionales a las relaciones a mayor escala. Y creemos que la risa lo permitió, porque puede haber cuatro o cinco personas riendo a la vez, mientras con el acicalamiento es cosa de dos.

Eduardo Punset:
Imaginemos ahora (porque también has investigado sobre este tema) imaginemos que tengo que encontrar una pareja, buscar una pareja, o encontrar un trabajo, cualquiera de los dos ejemplos me sirve. Lo primero que deberé cuidar es la ropa: si es adecuada o elegante o lo que sea… otra de las cosas importantes será también si soy alto o muy bajito. Y es gracioso, porque me he dado cuenta (corrígeme, Robin, si me equivoco)… he constatado que la gente está convencida de que no puede modificar su estatura, ¿verdad? Su altura. En cambio, cree que fácilmente puede cambiar su… ¿cómo llamarlo? Gordura.

Robin Dunbar:
Gordura, sí.

Eduardo Punset:
Muchos creen que pueden adelgazar si quieren, pero saben que no pueden cambiar su altura. ¿Todas estas cosas importan realmente en una relación amorosa, o cuando uno busca trabajo, o las hemos exagerado un poco? Los tacones en las mujeres… ¿Qué opinas de estas cosas?

Robin Dunbar:
En las relaciones amorosas, hay una serie de criterios que cada sexo utiliza para conseguir la mejor pareja, o por lo menos la mejor pareja que se pueda permitir: nunca puedes conseguir la pareja perfecta, no es posible, más bien la mejor que esté disponible y por la que puedas competir con éxito. Y este tipo de decisiones suelen ser mucho más complejas en las mujeres. Ellas barajan muchos más criterios a la hora de hacer balance. Algunos son físicos, como por ejemplo la forma del rostro, la estatura… ambas cosas suelen indicar la presencia de buenos genes y, por tanto, que el hombre puede engendrar niños con la mejor combinación posible de características. Otros criterios son sociales, psicológicos: ¿Se te da bien el lenguaje? ¿Bailas bien? Las mujeres utilizan esas características para juzgar la calidad de un hombre. Hay muchas cosas así, que los hombres pueden utilizar y aprovechar para mejorar su manera de presentarse. Incluida la ropa, sí.

Robin Dunbar:
Y hay otro criterio que, sobre todo en las sociedades tradicionales, es muy importante en las elecciones de pareja de las mujeres: la riqueza que pueda ofrecer el hombre, especialmente en las sociedades agrícolas. Tener una granja grande o pequeña influye en lo bien que se puede criar a los hijos y, si analizamos la historia de Europa, veremos que las familias en las que sobrevivieron más niños hasta la edad adulta fueron las que tenían más tierra, y no hablamos aquí de la nobleza, sino de campesinos.

Eduardo Punset:

Afirmas algo que no estoy seguro de que todo el mundo que nos escuche …en nuestra… de nuestros telespectadores lo aceptará, y es que el profesor dice que la manera de… contar chismes de los hombres difiere de la de las mujeres. Las mujeres tiene una manera muy, muy especial de chismorrear, y los hombres suelen ser muy distintos. ¿Cuáles son estas diferencias y por qué?

Robin Dunbar:
Sí, son distintos en algunas cosas y no en otras. El chismorreo, en este sentido, es la manera de pasar el tiempo con alguien. Con chismorreo no me refiero a los cotilleos malintencionados, sino más bien a la charla informal, por así decirlo. En las conversaciones, descubrimos que, aunque los hombres y las mujeres dediquen la misma cantidad de tiempo a hablar sobre chismes, en realidad…

Eduardo Punset:
¿Cuánto tiempo?

Robin Dunbar:
Pues… en tiempo social representa unos dos tercios…

Eduardo Punset:
¡Dos tercios!

Robin Dunbar:
Sí, un 65% del tiempo total de conversación. Esto no es así en el entorno laboral: en el trabajo se habla de trabajo; pero en una situación social, en una situación cotidiana, dedicamos la mayor parte del tiempo a hablar de…

Eduardo Punset:
¡Chismes!

Robin Dunbar:
¡Chismes! Sobre uno mismo, sobre los demás… Sí… pero lo que pasa es que los hombres y las mujeres utilizan el lenguaje de forma muy distinta. Los hombres lo usan mucho más para exhibirse: cuando conversan, especialmente con mujeres, suelen hablar sobre temas técnicos, más basados en conocimientos, por ejemplo: «¿a que no te sabes los números de todas las composiciones de Mozart?» Conocimiento técnico y objetivo. En cambio, las mujeres tienden a charlar mucho más sobre la naturaleza de las relaciones.

Eduardo Punset:
Las mujeres hablarán de lo social…

Robin Dunbar:
Sí, las relaciones sociales.

Eduardo Punset:
Las relaciones sociales. Y es importante, porque saben construir mejor que los hombres la base de la vida social, ¿no?

Robin Dunbar:
Sí, sí. Esto es así en todos los primates. Tanto en monos y simios como en humanos, el núcleo de la vida social lo forman las hembras, las mujeres, y es como si los machos estuvieran más al margen. Por eso, las relaciones masculinas suelen ser menos estables a largo plazo, un poco más políticas, se basan en un objetivo aquí y ahora; mientras que las relaciones entre mujeres son mucho más duraderas y suelen basarse más en la familia y a ser más sociales, en este sentido.

Robin Dunbar:
Hay otras cosas que, al mirarlas, notamos que implican algo crucial… los seres humanos tienen una capacidad extraordinaria de contemplar el mundo que les rodea y encontrar correlaciones entre cosas. A veces, este conocimiento se transmite a otras generaciones mediante la sabiduría popular. Aprendemos pequeños trucos, por así decirlo sobre cómo juzgar a los demás. Pero, en este contexto, lo raro es lo que mencionabas antes, que a la hora de conseguir un trabajo… Resulta que la estatura, la altura, tiene consecuencias muy, muy importantes sobre el salario, sobre el éxito en los negocios y el rango salarial. Tanto en Wall Street como en el distrito financiero de Londres, por ejemplo, los hombres más altos ganan más que los bajos por el mismo trabajo. ¡Y esto no se aplica a las mujeres! No existe esta discriminación en las mujeres, pero sí en los hombres.

Eduardo Punset:
No. Lo que demuestra que los conocimientos que se transmiten durante siglos a veces pueden ser erróneos.

Robin Dunbar:
Bueno, sí. Y no sabemos por qué ocurre esto en concreto. Puede que los hombres altos sean más listos, por ejemplo, pero también puede ser que en el patio del colegio, de pequeños, hayamos aprendido a temer a los niños más altos que nosotros, a los chavales de nuestra edad más corpulentos y altos, así que, si entrevistamos a varios candidatos para un trabajo, tenderemos a sentirnos, cómo decirlo… más asustados, más impresionados, por los candidatos altos; por eso les daremos el trabajo a ellos. Pero no comprendemos por qué se producen estas discriminaciones.

martes, 17 de mayo de 2011

Esperanza es nombre de mujer: Matriarcado II

“...Es un milagro que siga con vida, porque soy una mujer agotada físicamente de tantos años de desaparición y encarcelamiento, tanta tortura y tantas vejaciones. Pero aquí estoy y seguiré luchando con todas mis fuerzas, sabiendo que estáis allí luchando por nosotros. Estoy tan segura de vosotros como lo estoy del mar que me espera a 25 kilómetros, tan segura como lo estoy de que esos niños saharauís refugiados en Argelia volverán a su tierra liberada. Estoy tan segura de vosotros como lo estoy de la mirada cariñosa de mis dos hijos, Mohamed y Hayat, a quienes añoro tanto...”. Aminetu Haidar

"La sociedad saharaui es matriarcal. Aquí somos las mujeres las que organizamos la vida, las que mantenemos unida a la comunidad". "Algún día, cuando nuestro país alcance la libertad, las mujeres saharauis podremos ser un ejemplo no sólo para las otras naciones árabes sino para todo el mundo. Aquí no hay violencia contra nosotras, al contrario: vivimos en un clima de tolerancia y libertad". Maima Mahamud, Secretaria de Estado de Asuntos Sociales y Promoción de la Mujer del Frente Polisario.

Las mujeres saharauis

Las mujeres saharauis son los pilares sobre los que se asientan los campamentos de refugiados. Ellas mantienen en pie las jaimas, articulan la vida social, crían a los niños, humanizan en definitiva un erial hasta el punto que han hecho posible una supervivencia digna durante los más de 30 años que dura el exilio.  

Durante la colonización española y la posterior ocupación de Marruecos en 1975, la mujer saharaui vio mermada su participación social. Consciente de que su propia emancipación sólo podía lograrse con la “Liberación Nacional”, se comprometió inicialmente con la lucha anticolonial, y posteriormente tomando parte en numerosas insurrecciones y levantamientos populares contra la ocupación marroquí. 

Las mujeres han llevado durante todos estos años el peso de las labores y la administración de los campamentos. Su implicación en todos los aspectos de la vida cotidiana es significativa. Las mujeres toman a su cargo la organización de la vida social y económica de los campamentos, recuperando así el papel preponderante que ostentaban en la sociedad nómada.

La dirección de los campamentos queda en la mayoría de los casos en manos de las mujeres, ya que los Comités y Subcomités están dirigidos prácticamente por mujeres en todas las dairas. Este papel importante de la mujer, tiene sus raíces en la antigua distribución de actividades de la sociedad nómada tradicional, en la que el hombre se encargaba de la guerra y la mujer queda a cargo del "frig" o grupo de jaimas. 

La emancipación de la mujer saharaui resulta excepcional en contraste con la de otros países musulmanes. Sin duda el papel y el status de las mujeres es el que ha sufrido una mayor transformación respecto al que tenía en la sociedad tradicional. El movimiento nacionalista, surgido en los últimos años del colonialismo, le impulsó a intervenir en movimientos protesta y de oposición, siendo movilizada posteriormente para la guerra como consecuencia del escaso número de población. La mujer saharaui recibe incluso instrucción militar, aunque actualmente no está encuadrada en el ejército.
Su intervención política se canaliza a través de los Congresos Populares, y su promoción social e ideológica está realizada por medio de las Células de Base, de las campañas de orientación y alfabetización, de la educación formal, y de la organización femenina Unión Nacional de Mujeres, impulsora del desarrollo de la mujer y de la sensibilización a nivel internacional de su situación y lucha.

Por ello reivindican su condición de ciudadanas y no la de miembro de una familia, lo que determinará su acceso a las nuevas estructuras de poder, plasmando en las leyes y en La Constitución las prácticas que hasta el momento son costumbres.



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"Estas películas hindi, plena de las mujeres, golpes, peleas de la dote y todo eso, están afectando a nuestros valores. Nuestros hombres están cada vez más molestos," Roshan Wajri, legislador de la promoción de la mujer de la asamblea estatal. 

Las mujeres de Meghalaya


Meghalaya, noreste de la India y gran parte del norte-este, es probablemente el lugar más húmedo del planeta. La ciudad de Cherrapunji, al sur de la capital, tiene el récord mundial de precipitaciones mientras que Mawsynram ostenta el título de ser la población con lluvias anuales más intensas.

En este lugar, no existe un sistema purdah (la práctica de ocultar a las mujeres de los hombres que no sean sus parientes directos) impuestas a las mujeres, no hay ninguna restricción a la circulación física de la mujer, ni en su atuendo. No hay quema de novias, ni infanticidio femenino y no hay ningún estigma social asociado a una viuda para volver a casarse. Así, las mujeres en Meghalaya se encuentran en una situación mejor que los de otros estados de la India.
Los miembros de la tribu Khasi dan valor a sus hijas que heredan todas sus propiedades ancestrales. Gran parte de la propiedad va a la Khadduh Ka (la hija más joven) No hay margen para una dote, la mujer hereda todos los bienes aquí. 

En Meghalaya, las mujeres dirigen empresas familiares, dominan los hogares y toman todas las decisiones clave de la familia.
 
"Nada sucede en la familia a menos que nosotras lo queramos", dice el ama de casa Julia Lyngdoh. "Mi marido lo deja todo para mí y lo mismo ocurre en todo nuestro estado".
De acuerdo con la Encuesta Nacional de la India Salud de la Familia, Meghalaya es donde los padres han mostrado el menor interés de tener un hijo varón - 73% menos que el promedio nacional.

Pero los hombres Meghalaya que han viajado a otras partes de la India y han visto cómo los hombres dominan allí están empezando a resentir su papel de vuelta a casa: 

"Se nos ha reducido a las niñeras o empleadas domésticas. No tenemos papel en nuestra sociedad, excepto la paternidad de los bebés", dice Enoc Kharkhongor, un comerciante en Shillong la capital del estado.

Hace seis años, los hombres de Meghalaya formaron un Grupo MasculinoLiberación - llamado Symbai Rimbai Tongbai (SRT).
El SRT exige la igualdad de derechos de propiedad para el hijo varón y un papel mayor para los hombres en la familia.
"¿Sabes por qué nuestros hombres están tomando licor y drogas de esta manera? Sienten que no cuentan", dice John Lyngdoh, que ahora dirige el grupo.
Pero el grupo está comenzando a derrumbarse.
"Nadie nos tomaba en serio. Ahora me doy cuenta que esto no va a funcionar aquí en Meghalaya," dice Nicolás Juan. 

Pero Angela Rangad de la Red Nordeste - una organización no gubernamental con sede en Meghalaya - dice que aunque la sociedad Khasi y Jaintia sigue la línea materna, los valores patriarcales están ganando terreno. 

La violencia doméstica contra las mujeres está aumentando en Meghalaya. El número de casos de violación y abuso sexual contra las mujeres ha ido en aumento. Hubo indignación cuando un padrastro violó a su hija recientemente en Shillong, capital del estado y también cuando una mujer embarazada fue violada en la ciudad.Los residentes dicen que la sociedad matrilineal Meghalaya ya está siendo desafiada. La influencia del resto de la India y su cultura, llevada a través de las películas de Bollywood, comienza a tener efecto. 
"Nuestra propiedad se puede perder con estos extraños. No podemos aceptar eso", dice Mick Bareh.
Ese es el signo de los tiempos cambiantes. 

Cada año, los suaves ríos de Meghalaya cambian a ser torrentes, casi imposibles de cruzar. Para cruzarlos, se valen de puentes construídos con las raíces de la higuera. Para que se mantengan, tienen que revisarlas generación tras generación.

Ojalá nunca pierdan sus raíces. 




Fuentes:
http://news.bbc.co.uk/1/hi/world/south_asia/3015838.stm
www.indianexpress.com/oldStory/26641/
http://www.sadicum.org/mujer.htm

domingo, 15 de mayo de 2011

La escasez occidental y la abundancia nativa: la pobreza.

"Se dice que de un tercio a la mitad de la humanidad se acuesta todos los días con hambre. En la antigua Edad de Piedra la proporción debe de haber sido mucho menor. Ésta, en la que vivimos, es la era de un hambre sin precedentes. Ahora, en la época del más grande poder tecnológico, el hambre es una institución.Invertid otra fórmula venerable: el hambre aumenta relativa y absolutamente con la evolución de la cultura" 
Sahlins, antropólogo (Economía de la edad de piedra)


Cuenta la leyenda que hace unos años un grupo de misioneros se adentró en la Amazonia brasileña y se topó con un grupo de indios que hacía uso de instrumentos extremadamente primitivos para cortar leña. Los misioneros decidieron hacer un esfuerzo y regalar a aquellos indios unos cuchillos de acero inoxidable de fabricación norteamericana. Un par de años después recalaron de nuevo por aquella región y se entrevistaron con los indios. Uno de los misioneros preguntó:

—"¿Que tal los cuchillos?".
Y uno de los indios respondió inmediatamente:

—"Muy bien. Cortamos ahora la leña diez veces más rápido que antes".
El misionero replicó:

—"Estaréis entonces produciendo diez veces más leña que antes".
El indio respondió perplejo:

—" No. Cortamos la misma cantidad de leña que antes, sólo que ahora disfrutamos de diez veces más tiempo para hacer aquello que realmente nos gusta".

“El decrecimiento feliz y el desarrollo humano” Julio García Camarero.


En un pueblo de la costa mexicana. Un paisano está, medio adormecido, junto al mar. Un turista norteamericano se le acerca y entablan conversación.
El turista le pregunta:
—"Y usted, ¿a qué se dedica? ¿En qué trabaja?".
El mexicano responde:
—" Soy pescador".
—"¡Vaya, pues debe ser un trabajo muy duro! Trabajará usted muchas horas".
—"Sí, muchas horas", replica el mexicano.
—"¿Cuántas horas trabaja usted al día?".
—"Bueno, trabajo tres o cuatro horitas".
—"Pues no me parece que sean muchas. ¿Y qué hace usted el resto del tiempo?".
—"Vaya. Me levanto tarde. Trabajo tres o cuatro horitas, juego un rato con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y luego, al atardecer, salgo con los amigos a tomar unas cervezas y a tocar la guitarra".
El turista norteamericano reacciona inmediatamente de forma airada y responde:
—"Pero hombre, ¿cómo es usted así?".
—"¿Qué quiere decir?".
—"¿Por qué no trabaja usted más horas?".
—"¿Y para qué?", responde el mexicano.
—"Porque así al cabo de un par de años podría comprar un barco más grande".
—"¿Y para qué?".
—"Porque un tiempo después podría montar una factoría en este pueblo".
 
—"¿Y para qué?".
—"Porque luego podría abrir una oficina en el distrito federal".
—"¿Y para qué?".
—"Porque más adelante montaría delegaciones en Estados Unidos y en Europa".
—"¿Y para qué?".
—"Porque las acciones de su empresa cotizarían en bolsa y usted se haría inmensamente rico".
—"¿Y para qué?".

—"Pues para poder jubilarse tranquilamente, venir aquí, levantarse tarde, jugar un rato con sus nietos, dormir la siesta con su mujer y salir al atardecer a tomarse unas cervezas y a tocar la guitarra con los amigos".



Toda nuestra subsistencia depende de la ganancia y del gasto, la producción y la distribución se rige por el comportamiento de los precios, y  la insuficiencia de recursos naturales es cada vez más problemática.

El mercado pone a disposición de los consumidores un deslumbrante conjunto de productos: todas las cosas deseables al alcance del hombre, pero nunca enteramente al alcance de su mano, porque cada vez que se compra algo se deja de lado otra cosa, en general poco menos deseables... 

Aunque parezca contradictorio en la economía occidental LA CARESTÍA es el juicio dictado por nuestra economía: una contradicción entre las necesidades crecientes que nos inculcan, y la de los pocos recursos o medios para satisfacerlas. O dicho de otra manera, siguiendo a Malthus (demógrafo, 1798) “la tendencia constante de toda vida a aumentar, reproduciéndose, más allá de lo que permiten los recursos disponibles para su subsistencia.” Una discrepancia entre los deseos y lo medios para realizarlos: la escasez.
 
"Pobreza no es una determinada cantidad de bienes, ni es tampoco la simple relación entre medios y fines; es fundamentalmente una relación entre las personas. La pobreza es una condición social […] hasta que la cultura no alcanzó la cima de sus logros materiales, no se erigió un san­tuario a lo Inalcanzable: Necesidades Infinitas" Sahlins, antropólogo (Economía de la edad de piedra)

Por el contrario, los nativos no viven con este sentimiento constante de
escasez. (Si muchos de estos pueblos se describen ahora en una situación de pobreza agobiante, con recursos «escasos e inseguros», no es por un fallo en esta organización y control, sino de la compulsión colonial) En algunas regiones puede haber insuficiencia de alimentos durante estaciones especiales, pero un nativo se encuentra en situación totalmente distinta: sabe con exactitud lo que produce, conoce la época de recolección de los distintos artículos y el modo más eficaz para proporcionárselos. (Mientras nosotros no tenemos el control de ninguno de estos datos sobre nuestros productos y recursos)

En un poblado llamado Bamba, al norte de Mali, la tribu Dogo tiene prohibido pescar de un pequeño lago cercano. Pero una vez al año los Dogon de Bamba, y los de trece aldeas de alrededor, se abalanzan en masa sobre los peces que han quedado recluidos en el pequeño lago. El ritual se llama "Antogo".

En el sexto mes de la estación seca, el consejo de sabios de la tribu se reunen para concretar la fecha exacta del Antogo. Clavan 3 palos en el centro del lago que indican que la vorágine pescadora se aproxima. Así, toda la región se entera de que Antogo se acerca.
Las familias se arremolinan en las orillas del lago, y se hacen rituales, hasta que un viejo sabio de los Dogon da la señal para que se pueda pescar:




Son sociedades que por simplificación o adecuación de sus necesidades con los recursos del medio no sienten la ansiedad de una “escasez continua”. Es decir, no tienen ese peso constante en su vida de unas necesidades acumulativas insatisfechas. Según Sahlins, son ellas las “sociedades de la abundancia”.  

"La posesión de los utensilios necesarios es general, lo mismo que el co­nocimiento de las técnicas precisas […] Añádanse las costumbres gene­rosas de compartir, algo por lo que los cazadores gozan de merecida fama, pues todo el mundo puede participar normalmente de la prosperidad exis­tente. Pero esta prosperidad depende, claro, de un nivel de vida objetivamente bajo […] de que la cuota habitual de artículos de consumo se sitúe a un nivel modesto… si no hay deseo, no hay carencia"

Por in­sólito que parezca desde el punto de vista occidental, "hay un desprecio cons­ciente y coherente por la idea de “máximo esfuerzo del máximo número de personas", según Sahlins, y añade: "La fuerza laboral no se utiliza plena­mente, los medios tecnológicos no se emplean plenamente, los recursos natu­rales no se aprovechan por completo, la producción es baja con relación a las posibilidades existentes. La jornada laboral es corta. El número de días li­bres es superior al de días de trabajo. Bailar, pescar, jugar, dormir y celebrar ceremonias parecen ocupar la mayor parte del tiempo de un individuo" 

Como no se trabaja a pleno rendimiento, se «desperdician» los recursos del entorno, lo cual impulsa a los occidentales a intentar desesperadamente ha­cerse con esos «recursos desperdiciados». El entorno inmediato de muchas comunidades de cazadores y recolectores podría sustentar holgadamente a una población tres veces mayor, pero el control deliberado del crecimiento de la población y la escasa explotación deliberada de la plena capacidad económi­ca del entorno han mantenido la proporción gente-recursos muy baja. En vez de agotar el potencial productivo del medio, las comunidades indígenas deciden dejar que algunos frutos caigan al suelo y algunos animales si­gan viviendo en paz. La gente, mientras tanto, disfruta vagando, durmiendo, bailando, galanteando, y participando en las ceremonias y relaciones que tie­nen sentido en estas sociedades. 
Además, también está la riqueza del amor propio del cazador. Acumular excedentes reduciría su importancia psicológica y cultural. También reduciría la enseñanza de los jóvenes y produciría una sociedad más ociosa con menos conocimientos.

“Cuando regresen a su país, necesitarán mucho dinero para cosas como carros, ropa y comida. Nosotros no necesitamos comprar esas cosas. Nosotros fabricamos casi todo lo que usamos. No necesitamos tanto dinero como ustedes, porque nosotros producimos para nosotros mismos”, le decían los betsileo de Madagascar al antropólogo Conrad Kottak en 1960. 

"Pero, con la globalización de las últimas décadas, cambios significativos han afectado a los bestileo", remarca Kottak. "En mi última visita a Ivato, en 2006, los efectos del dinero y del rápido aumento de la población fueron evidentes" La intensificación de la agricultura hacia fines comerciales y la presión demográfica hizo que kottak atestigüara "otra sorprendente evidencia de la nueva adicción por el dinero. En el pueblo principal cerca de Ivato, las personas venden piedras preciosas como las turmalinas, que encuentran por casualidad en arrozales locales. Vimos un cuadro sorprendente: docenas de pobladores destruyeron un recurso ancestral: cavaron un gran arrozal en busca de turmalinas. Esto es una clara evidencia de la intrusión del dinero en la economía local de subsistencia"


"Es la vida, como la naturaleza, quien funda y determina -salvo durante las fiestas- la cantidad de tiempo dedicado a reproducirla. Es decir, que una vez que se ha asegurado la satisfacción global de las necesidades energéticas, nada podría incitar a las sociedades primitivas a desear producir más, es decir, a alienar su tiempo en un trabajo sin objeto, cuando ese tiempo está disponible para el ocio, para el juego, la guerra o la fiesta." 
Pierre Clastres. La sociedad contra el estado.

Alice Solomon de Barrow, de Alaska (Village Journey: The Report of the Alaska):

La gente es feliz […] han cazado una ballena. Están realmente emocio­nados, y hasta lo más hondo, muy profundamente. Y cuando entras en la casa de los que pescaron la ballena, ves esa felicidad, esa emoción, ese llorar de alegría, porque están contentos de haber recibido seme­jante don.

"Don", que no "recurso". Los animales y todos los seres vivos forman parte de un entramado de sistemas vivos que incluye las relaciones entre ellos mismos y entre ellos y los seres humanos. Estos métodos se transmiten entre los indígenas mediante las enseñanzas de la historia y las leyendas; se expre­san con las ceremonias religiosas; y forman parte de sus sistemas de estructuración social, de estatus y de psicología. Todo lo que da la tierra, es un don, y como don hay que protegerlo y devolverlo a la tierra.
¿Porque dónde hay mayor riqueza que lo que la tierra nos da?


Fuentes:


Economía de la Edad de Piedra - Marshall Sahlins. 

Algunos párrafos:

"El sistema industrial y de mercado instituye la pobreza de una manera que no tiene parangón alguno y en un grado que hasta nuestros días no se había alcanzado ni aproximadamente. Donde la producción y la distribución se rigen por el comportamiento de los precios, y toda la subsistencia depende de la ganancia y del gasto, la insuficiencia de recursos naturales se convierte en el claro y calculable punto de partida de toda la actividad económica. El capitalista se ve enfrentado a posibles inversiones de un capital finito, el trabajador (es de esperar) a opciones alternativas de empleo remunerado, y el consumidor... el consumo es una tragedia doble: lo que comienza en la inadecuación terminará en la privación. Reuniendo la producción de la división internacional del trabajo, el mercado pone a disposición de los consumidores un deslumbrante conjunto de productos: todas las cosas deseables al alcance del hombre, pero nunca enteramente al alcance de su mano. Lo que es peor, en este juego de libre elección del consumidor, cada adquisición es al mismo tiempo una privación, porque cada vez que se compra algo se deja de lado otra cosa, en general poco menos deseable, e incluso más deseable en otros aspectos, que podríamos haber tenido en lugar de la otra. (El hecho es que si compramos un automóvil, un Plymonuth por ejemplo, no podemos tener también un Ford, y a juzgar por las propagandas que aparecen en la televisión, las privaciones que ello traería aparejadas no serían sólo de índole material) La escasez es el juicio dictado por nuestra economía.

"Los ensayos que se presentan a continuación, sin embargo, abandonan definitivamente esta concepción capitalista e individualista del objeto económico. La “economía” se convierte en una categoría de la cultura más que de la conducta, más cercana a la política y a la religión que a la racionalidad o a la prudencia. Ya no se trata de actividades que sirvan a las necesidades individuales, sino del proceso vital esencial de la sociedad.” 


Un ejemplo claro es el Kula Trobiandés que explicaba Malinowski. Otro, el Potlatch de los pueblos indios de la costa del Pacífico. Otra, las esferas de intercambio de los Tiv en Nigeria.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Cuidando la vida: Matriarcado.

"Me siento diferente a mis compañeras. Unicamente piensan en encontrar un hombre y casarse, algo que no puedo comprender." Ru Geshina, mujer mosuo (Tibet)

"Volverme rica, para qué sirve eso" Matriarca mosuo.

“Las mujeres han de exigir primero su derecho. El respeto vendrá después.” Rebecca Lolosoli, de Umoja (Kenia)


El matriarcado es un término que se aplica a las sociedades en las que existe un predominio de la autoridad femenina en aspectos importantes de la vida privada o pública. Pero no debemos confundirlo con una sociedad opuesta al patriarcado, ya que nunca se ha demostrado que haya existido ninguna sociedad de éste tipo.

No existe acuerdo sobre lo que debe llamarse matriarcado, algunos confunden estos términos con los de matrilinealidad y matrilocalidad.
Una organización matrilineal, es donde el hijo es identificado en términos de su madre, en lugar de en términos del padre, existen muchas sociedades tribales que se organizan de esta manera.
Matrilocalidad, es la organización de las sociedades en donde la autoridad maternal se basa en relaciones domésticas, correspondiéndole al esposo unirse a la familia de la esposa y no al revés.
Así el matriarcado seria una combinación de los factores de matrilinealidad y matrilocalidad, sociedades en las que la mujer estaría a cargo de los bienes de la familia, lo que le otorga a la mujer una fuerte posición dentro de la familia.

La aldea Umoja.
Hace 13 años, un grupo de mujeres en Kenia,  creo la aldea de Umoja que significa “la unidad”, en el idioma swahili. Fue creado en un terreno no deseado, en las grandes zonas secas de las praderas.
Rebecca Lolosoli es la matriarca de un pueblo sólo para las mujeres. A los13 años de edad fue obligada a casarse con un hombre que le triplicaba en edad. Violada y abandonada a su suerte, supo luchar por sus ideales y crear un lugar de comprensión en la nada.
En Umoja,  lo que empezó como un grupo de mujeres sin hogar en busca de un lugar donde sentirse protegidas del maltrato, se convirtió en una aldea dirigida completa y exclusivamente por mujeres. Seguras de sí mismas, se decidió que los hombres no se les permitiera vivir en su aldea circular, delineada de barro y estiércol.
Alrededor de 40 mujeres viven aquí, pudiendo crear un centro cultural y camping para los turistas que visitan la vecina Reserva Nacional de Samburu. Con los beneficios obtenidos han conseguido repoblar y florecer la zona, incluso han podido contratar los servicios de varios hombres para transportar leña, tradicionalmente en Kenia el trabajo de la mujer.
Los hombres de su tribu comenzaron su propio pueblo y a menudo realizaban actividades de vigilancia y espionaje sobre las mujeres, pensando que esta arrogante idea tenía los días contados.
Lesinik Sebastian, es el jefe de la aldea principal de los hombres, describe la clara división que vio entre los hombres y las mujeres. “El hombre es el jefe”, dijo, “La mujer es el cuello”. Un hombre no puede tener, lo llamaremos asesoramiento  de su cuello”.
Sin embargo, las mujeres gracias a los ingresos procedentes de los campings y su centro cultural, donde se venden artesanías, fueron capaces de enviar a sus hijos a la escuela por primera vez, en cambio los hombres en la aldea trataron de construir una oferta turística similar pero no funcionó.
La matriarca Rebecca Lolosoli, fue incluso invitada por las Naciones Unidas para asistir a una reciente conferencia mundial sobre el “empoderamiento” de la mujer en Nueva York. Luego le siguieron hasta la pequeña aldea de Kenia; tomaron unas fotos, y atestiguó todo lo que ella había narrado. El reportaje dio la vuelta al mundo.
Así, el poblado actualmente cuenta con una fama tan sólida que mujeres de toda Kenia se acercan a él en busca de ayuda o simplemente consejo.
Últimamente, los hombres del pueblo han admitido la derrota. Estos ya no están tratando de atraer turistas. Algunos se han mudado a otro lugar. Otros han tenido problemas para casarse, porque algunas mujeres en la zona están tomando el ejemplo de Lolosoli. Lesinik confiesa “Ellas han tenido éxito de verdad”, “Ella está cuestionando lo más profundo de nuestra cultura. Ese parece ser el asunto en estos tiempos modernos… las mujeres que causan problemas como Rebecca.” y en aire receloso añade:”Tal vez podamos aprender algo más de nuestros cuellos”.

Los Mosuo.
Los Mosuo viven una región que estaba aislada del resto del mundo hasta la década de 1970. Este grupo de 40.000 personas viven bajo las leyes del matriarcado.

El aislamiento de la región del lago Lugu (situada en las provincias de Yunnan y Sichuan
, en la parte oriental de Tibet) ha permitido que el sistema de línea materna floreciera y perdurara. Su región fue conquistada por los ejércitos de los emperadores de China, pero los Mosuo no han adoptado los patrones patriarcales chinos y no fueron forzados a hacerlo debido al lugar remoto en el que viven (hoy dia para llegar hacen falta 9 horas en jeep).

Se trata de una tradición nacida hace miles de años, cuando era normal el matriarcado en la China rural, según dicen los antropólogos. Es, quizá, el legado de una época en la que era frecuente que los padres murieran en guerras, vivieran como nómadas o fueran monjes budistas que habían hecho voto de castidad y, por consiguiente, no iban a reconocer a su descendencia. En ausencia de los hombres, las mujeres recogían las cosechas, daban de comer a las familias e imponían las normas.

Como en otras comunidades matriarcales, no hay violencia; son comunes el buen trato y la hospitalidad. Entre los Mosuo no tiene ninguna palabra para los conceptos de "asesinato", "guerra", "violación" o  "cárcel"

Ellas son las únicas propietarias. La herencia se transmite de madre a hija, lo que implica que en la región no existen hombres con casa propia.
El apellido de la mujer identifica los lazos de sangre. En cada una de las familias hay una matriarca y es la figura de más alto nivel en el clan.

Los miembros del clan eligen a una mujer de un grupo de hermanas para ser la matriarca. Con la ayuda de sus hermanas, ella cuida de los asuntos económicos y sociales de la clan-casa; es la administradora de todas las posesiones del clan: la casa, los campos, los animales domésticos y el alimento, así como los caballos, que son utilizados sobre todo por los hombres del clan, de sus hermanos y de los hijos.


Los hombres carecen de responsabilidades, trabajan mucho menos que las mujeres y pasan la mayor parte del tiempo reunidos con sus amigos o realizando las tareas que le son asignadas por la matriarca. Están a cargo de la ganadería y la pesca; aprenden estos oficios, de sus tíos y más hombres de la familia tan pronto como tengan la edad suficiente.

Pero si necesitan dinero para lo que fuere, y tengan la edad que tengan, deben pedírselo a sus madres o, en su defecto, a sus hermanas. Cuando se les pregunta cuál es la razón para que sean ellas las que manejen la economía responden con naturalidad: "Son mucho más capaces y no gastan en cualquier cosa".

No es una ginecocracia porque las mujeres no ostentan la autoridad política, sólo la familiar. A nivel político, sorprendentemente delegan tal responsabilidad en un hombre, a quienes ellas eligen anualmente para mantener el orden y actuar de portavoz de la comunidad.
Es curioso ver cómo las propietarias de la autoridad familiar depositan a su vez la autoridad política en un hombre. En esta reciprocidad está el equilibrio. El hombre sirve a la comunidad porque se siente parte de ella.
El grupo familiar está formado por una mujer, sus hijos, su madre, sus hermanos, sus hermanas y los hijos de esas mismas hermanas.
No existen los maridos.





El matrimonio ha existido en la región de Yongning desde el siglo trece, vinculado a la introducción de los jefes de origen Pumi
. El "jefe Moso" en la región de la cuenca Yongning donde se agrupaban la mayoría de los Mosos era de origen Pumi (Xifan). Esto explica por qué el linaje de los jefes sigue un patrón de transmisión patrilineal y por qué se casan en un medio cultural matrilineal donde prevalece la unión sexual libre. La visita o "tisese" es la unión generalmente dominante, un sistema de unión sexual libre. Quien solo ha tenido un açia o visita durante largo tiempo sin conocer otro, puede ser víctima de bromas y le aplicarán el proverbio "Kru da krai bu rai". Un perro perezoso no buscará su alimento más que en los excrementos humanos.

Los hombres y las mujeres nunca viven juntos; el hombre se encuentra, por las noches, a solas con su amada. No los unen el dinero ni los hijos -que siempre se crían en casa de la madre-, ni siquiera el sentirse parte de la misma familia. Se mantienen enlazados sólo por el afecto, así que cuando éste desaparece nada los liga y se separan.
Casi sin excepción, los hombres siguen viviendo, incluso después de ser padres, en casa de su madre, y ayudan a criar a los hijos de sus hermanas.
"Cuando éramos pequeñas, nos enseñaron a que tratáramos bien a todo el mundo", afirma una Mosuo. "Nunca sabes quién puede ser tu hermano".

Muchos de los habitantes de la aldea sólo conocen a su madre y poco les importa saber quién es su padre. No por desinterés, sino como producto de un rasgo cultural. La única figura masculina en la familia que puede ocupar algún lugar relevante es el hermano de la madre.
"¿Acaso el agua de la lluvia hace las zanahorias? No, el agua de la lluvia solo las hace crecer", dicen. En su lengua, emplean la misma palabra para agua y esperma.
El hombre mosuo tiene, pues, que ejercer dos papeles: el de tío en el clan propio, donde se ocupa de los sobrinos, y el de padre en la familia de la mujer a la que ama, en la que no es libre de hacer lo que quiere.


 

Mientras, la nación india de Lakota (Sioux) se declara soberana y reclama para sí un modelo matriarcal.

Russell Means, un jefe activista defensor de la identidad propia de la República de Lakota, critica lúcidamente el patriarcado como un modelo de sociedad piramidal basada en el miedo.

"El patriarcado es una sociedad basada en el miedo, donde las reglas solo las dicta el hombre. Por lo tanto, no es equilibrada"

"Patriarcas es todo miedo. ¿Qué hace que el patriarca tenga más miedo? Es la mujer. Es por eso que durante más de 6000 años ha demonizado, deshumanizado, dominado, aterrorizado y controlado a las mujeres"

"Mi antepasado Luther Standing Bear escribió alrededor del año 1900: "cuando un hombre teme al bosque, quiere controlar el bosque, y lo que no puede controlar, lo quiere destruir."


Matriarchies. Matriarcados trabajo antropológico y fotográfico de Anna Boyé.
Matriarcados es una exploración personal por algunas de las comunidades en que las mujeres mandan, organizan el trabajo y disponen el cumplimiento de la ley. Su sabiduría es respetada por todos y son admiradas por la valentia que muestran a la hora de tomar desiciones. Con ellas los hombres se sienten seguros y protegidos.



Fuentes:
Libro: "El reino de las mujeres"  de Ricardo Coler
Russell Means, Patriarcado y matriarcado vis a vis.
 http://www.monografias.com/trabajos29/los-na-de-china/los-na-de-china.shtml?news
 A Society Without Fathers or Husbands: The Na of China. Cai, Hua
Quest for Harmony. The Moso Traditions of Sexual Union and Family Life. Shih Chuan-kang.