lunes, 4 de julio de 2011

Lo que no se sabe de lo que se sabe: la religión.

"En mi propio trabajo de campo una vez le pregunté a un indonesio:  
-'¿Usted cree en los espíritus?
Él contestó, desconcertado:  
-¿Está usted preguntando si me creo en lo que los espíritus me dicen cuando me hablan?"
James Peacock, la lente de Antropología.


"La religión forma parte de la cultura de los seres humanos. Es un universal, está en todas las culturas conocidas", afirma Eloy Gómez Pellón, antropólogo de la Universidad de Cantabria y profesor del Instituto de Ciencia de las Religiones de la Universidad Complutense de Madrid.
La fe en lo sobrenatural es extremadamente común, y no puede ser eliminada con una educación científica, asegura el psicólogo de la Universidad de Bristol, Bruce Hood. La razón: nacemos con un cerebro preparado para darle sentido al mundo, aunque sea a través de explicaciones que van más allá de lo racional y de lo natural. Esta característica nos permite adaptarnos y sobrevivir, y es una capacidad específicamente humana. 

¿De dónde proceden todas estas creencias? Según Hood, muchas de ellas tienen su origen en la forma en que los niños piensan, de forma espontánea, el mundo. Un razonamiento intuitivo que son muy resistentes a la razón y pueden permanecer "dormidas" incluso en las mentes de los adultos más racionales.
La conducta supersticiosa se asocia con actividades imprevisibles y en las que el resultado es importante. Los trabajos peligrosos, los juegos de azar, los exámenes o los acontecimientos deportivos están típicamente asociados con rituales supersticiosos. Los rituales además se convierten en una profecía autocumplida, en la que proporcionan al individuo la ilusión del control. Esto vacuna hasta cierto punto al individuo contra el estrés que provoca la incertidumbre.”

"La religión ayuda a controlar la ansiedad de no saber", dice el antropólogo Gómez Pellón "Cuanto más se sabe, más se sabe que no se sabe. Y eso genera ansiedad. Además, el ser humano vive poco. ¿Qué pasa después? Esa pregunta está en todas las culturas, y la religión ayuda a convivir con ella, nos da seguridad"

Para Eudald Carbonell, arqueólogo, antropólogo, paleontólogo y co-director de la excavación de Atapuerca, hay un hecho claro: "La religión, lo mismo que la cultura y la biología, es producto de la selección natural" "Un aspecto importante aquí es la sociabilidad", dice Carbonell. "Cuando un homínido aumenta su sociabilidad interacciona de forma distinta con el medio, y empieza a preguntarse por qué es diferente de otros animales, qué pasa después de la muerte... Y no tiene respuestas empíricas. La religión vendría a tapar ese hueco".

En la misma línea, la religión, según Gómez Pellón, da los valores que contribuyen a estructurar una comunidad, una sociedad, en torno a principios comunes. "Los valores básicos coinciden en todas las religiones: solidaridad, templanza, humildad..."

Meter mano científicamente a la pregunta 'por qué somos religiosos los humanos' no es fácil. Una muestra: experimentos recientes identifican estructuras cerebrales relacionadas con la experiencia religiosa. ¿Significa eso que la evolución ha favorecido un cerebro pro-religión porque es un valor positivo? ¿O es más bien el subproducto de un cerebro inteligente? Que la religión tenga sus circuitos neurales significa que Dios es un mero producto del cerebro, dicen unos. No: es que Dios ha preparado mi cerebro para poder comunicarse conmigo, responden otros. 

En el libro “Perros de paja” de  John Gray se analiza si en la actualidad la ciencia no actuaría como una religión, la vacuna que nos controlaría el estrés que provoca la incertidumbre:

“El cristianismo, hace tiempo marchito, ha sido sustituido por una religión aún más inverosímil: una fe irracional que cree en el progreso y en la mejora social mediante la ciencia; que cree en definitiva que el mundo puede hacerse a nuestra imagen”



Pura Luhur Uluwatu es un templo en la isla de Bali. El templo está dedicado a la divinidad suprema de Ida Sang Hyang, en manifestación como Rudra, que les protege de violentas tormentas u otras intervenciones desastrosas de la naturaleza, tales como plagas o erupciones volcánicas. Como parte del ritual, se realiza la danza Ketjak, es una ceremonia religiosa realizada a veces durante varias horas en noches sucesivas, de tres a cuatro meses, para exorcizar el mal en tiempos de peligro y de pestilencia. Protagonizada  por multitud de hombres sentados en circulos concéntricos, apretados alrededor de un pequeño espacio central, reservado para el jefe de los protagonistas “el Ketjak”, o llamado también Mono Chant Ramayana.

Muy parecido a la danza hipnótica de los sufís Zikr en Chechenia:

 

Fuentes:

http://www.redesparalaciencia.com/1275/redes/2009/redes39-programados-para-creer

“Perros de paja” de  John Gray