lunes, 14 de octubre de 2013

Máscaras africanas: el rostro de los espíritus.

Las señoritas de Avignon, de rasgos esculturales y alargadas, fueron fruto del contacto de Picasso con la famosa máscara Fang, el Ngil que el pintor español descubrió en el taller de Derain en 1907. 

No es una excepción. El arte africano ha sido fuente de inspiración para los nombres más destacados de la historia del arte europeo como Vlaminck, Matisse, Picasso, Derain y Braque, desde el siglo XIX. 

Pero las máscaras africanas no son trozos de madera más o menos decorativos, sino símbolos religiosos y sociales con una función reguladora en la vida del poblado. Generalmente se utilizan en ritos agrarios, funerarios, festivos e iniciáticos, son garantes de la cohesión y de la regulación social en el seno del grupo. Según su vocación, se reúnen durante las ceremonias religiosa, educativa, terapéutica o judicial. 

En los ritos funerarios, la máscara capta la fuerza vital que se escapa de un ser cuando muere, controla esa fuerza vital y evita que dañe a la colectividad y la distribuye en beneficio de todos. 

Como parte de las celebraciones como la cosecha de cultivos, las máscaras se utilizan para suplicar a los dioses por lluvia y una tierra fértil para los cultivos, así como para comunicarse con los ancestros. 

Como parte de una iniciación, preside un cambio, una transición: de niño/a a hombre/mujer, de ciudadano a guerrero, de la siembra a la cosecha.

Algunas mascaradas son meramente lúdicas, como puede ser un desfile o una danza que afianza la identidad cultural de una comunidad. 
En el momento del baile, la máscara protege al que la porta, y no es que interprete otro papel, sino que le convierte durante ese tiempo en otro ser. Cuando alguien se coloca la máscara, puede hablar de otra forma, moverse de otro modo, comportarse de otra manera... porque la línea que separa realidad e ilusión, dios y hombre, vida y muerte se desdibuja. Se considera máscara también al vestido, aunque lo más importante es la cabeza, donde reside la fuerza vital. 

La fotógrafa y profesora de bellas artes, Phyllis Galembo, lleva más de 20 años viajando a África y su diáspora para documentar el arte de la mascarada. 

"Es su creatividad. No es sólo la máscara, sino todo el conjunto y la singularidad del atuendo ritual" 

Mientras estuvo en Nigeria, Galembo comenzó a interesarse por “aso-ebí” un rito en el que familias enteras se visten con trajes idénticos en festivales públicos para demostrar su parentesco. Después, viajó fotografiando desde Benin a Bahía, las visiones del Vodou Haitiano, los disfraces de Halloween y por último, Maske, las máscaras africanas. Un trabajo que la misma autora define tanto “artístico como antropológico”

“Lo que más me importa en mi trabajo es documentar cómo la gente consigue vivir una vida aceptable bajo condiciones adversas. Como observadora artística me fascina la belleza que sobrevive incluso en las barriadas más pobres de nuestro planeta." 

“Siempre me ha fascinado cómo un trozo de tela puede transformar una persona común en un ser mágico, sea en el teatro, en un lugar sagrado o en la calle. Visitando estos rituales, tuve la maravillosa oportunidad de investigar mi propia obsesión por atuendos elegantes, en forma de retratos. Un par de veces fui literalmente invitada a dejar aparte mi Hasselblad y a participar en la ceremonia.” 

“A lo largo de un proyecto, me esfuerzo por acercarme a la gente que me planteo fotografiar. Siempre llevo conmigo un asistente que sea de la región. Ejercen de intérprete, organizan encuentros y solicitan los permisos correspondientes a las autoridades, los grupos religiosos y demás. También trato de entablar un diálogo fructífero con los miembros y los líderes de los grupos religiosos. Estos contactos a veces se convierten en amistades que duran muchos años. Como amiga y fotógrafa documental implicada es fácil conseguir acceso incluso a los lugares más sagrados.”

Un jovén de Haití sostiene las herramientas de las revoluciones modernas, una pistola y un teléfono. El pasado de Haití se encuentran en las cuerdas que simbolizan el sufrimiento de los esclavos. 


En Benin, este extraño personaje aparece en una ceremonia en honor a las mujeres llamada Agnoli. Se conoce como "la sabiduría no se vende en el mercado" 


En la variopinta región de Cross River, en Nigeria, existe una gran cantidad de tradiciones de máscaras. En la aldea de Alok una talla de Mmai Wata, un espíritu acuático femenino relacionada con la salud y la riqueza, corona el tocado de un hombre disfrazado. 


Otros espíritus representan a la naturaleza. 


En Eshinjok, una trupe de acróbatas llevan fibras tejidas a mano y teñidas de vivos colores, adornadas con conchas, cascabeles y tapones de botella.


Durante las fiestas de Freetown, Sierra Leona, los clubes sociales desfilan por las calles de la ciudad guiados por un diablo ancestral. 

En Kroo Bay, representan al espíritu del ciervo, propio de una sociedad cazadora, con una máscara tradicional de madera, unos guantes comprados y una armadura que en realidad es una red con rodajas de calabaza. 


De Francia a Bulgaria y de Italia hasta Finlandia, cientos de comunidades rurales europeas también conservan la costumbre de disfrazarse de bestias diabólicas y animales indomables, a través de espectaculares atuendos confeccionados con pieles de oso, cuernos de cabra y ramas de la vegetación más frondosa. En esta ocasión, fue Charles Fréger quien fotografió decenas de comunidades rurales a lo largo de 18 países en los que siguen celebrando estos ritos. 

Si quieres conocerlos: 

El hombre salvaje (II): la fiesta de los monstruos.

Fuentes:
http://www.hasselblad.es/masters-2001/octubre---phyllis-galembo.aspx
http://www.galembo.com
National Geographic. Abril 2012.