domingo, 23 de agosto de 2020

Economía y animismo: números que hablan y piedras que matan.

"El animismo trata sobre lo que significa estar vivo en el mundo."
Tim Ingold.

"Resultaría antropomorfizante e ingenuo (casi animista) decir que la naturaleza nos está enviando una señal. Tan tonto como pensar que la silla que se rompe bajo nuestro sobrepeso nos está diciendo que debemos adelgazar. Lo que sí resulta cierto es que deberíamos tener la suficiente inteligencia para interpretar las señales, los indicadores o síntomas, que aparecen cuando las cosas van mal, cuando ponemos en riesgo nuestra propia vida.” Jorge Riechmann.


Durante la década de 1930, el antropólogos A. Irving Hallowell, estuvo trabajando con los pueblos Anishinaabe u Ojibwa, del centro-norte de Canadá. Allí entabló una profunda amistad con William Berens, jefe de los Anishinaabe del río Berens. Un hombre sabio, educado por sus antecesores y por toda una vida dedicada a observar el mundo que le rodeaba, animales, plantas... y piedras.
El antropólogo observó que en la gramática de la lengua de los Ojibwa, la palabra para "piedra" parecía estar en la categoría aplicada a los seres animados y no a los inanimados.
Confundido por esto, Hallowell le preguntó:
- "¿Están vivas todas las piedras que vemos a nuestro alrededor?".
Tras una larga reflexión, Berens respondió:
- "¡No! Pero algunas sí lo están".
Hallowell recuerda que esa respuesta le dejó una impresión duradera, aunque no sabía qué hacer con ella" escribe el también antropólogo Tim Ingold.

Y se pregunta: ¿Será que los Ojibwa dicen que las piedras están vivas como una manera simbólica de considerarlas sagradas, como nosotros consideraríamos sagrada la mesa de un altar en una ceremonia religiosa? ¿O vivas en el sentido de "vitalidad espiritual"?
El nativo Berens aseguraba que había visto a ciertas piedras moverse y hablar. Podemos descalificar sus palabras, tomándolas como una idea exótica, irracional, o como algo que simplemente lo ha imaginado o soñado y que no es parte de la experiencia real (aunque el nativo alegaría que ninguna diferencia hay. ¿Acaso las dos cosas no son algo que realmente se experimentan?)
Eso sí, ante todo, estamos convencidos de que las piedras no hacen tales cosas.

 
Pero eso es porque, si no son piedras que nos den beneficio monetario, no les prestamos atención.

Hay piedras que crean musgo, y también piedras que ruedan y caen por pendientes. Y hay "piedras que caminan" porque son arrastradas por el agua, el hielo o el fango; y piedras que regresan si las tiras desde una cima, traídas por el viento. Hay incluso piedras "trovants" o "piedras que crecen" en rumano, compuestas de arena y carbonatos. Además, todas las piedras emiten sonidos, hablan, cuando crecen, cuando se mueven, cuando se deslizan o chocan unas con otras.

Si prestáramos atención a la circulación y corrientes del mundo, podríamos ser testigos de la viveza de las cosas que fluyen y crean formas, como algunas piedras hacen, auténticas catedrales. El mundo es un continuo devenir, como lo somos nosotros por ser parte de él. No es un paisaje sobre el que posar nuestra mirada, nosotros estamos dentro del mundo y en él adoptamos un punto de vista sobre lo que nos rodea, actuando en consecuencia. Somos seres dentro de la continuidad de la vida orgánica.

No es que la vida está en las piedras, sino que las piedras están en la vida. En antropología, a esta ontología se le llama "animismo", y está al margen de ese mito que consiste en la ruptura de cultura y naturaleza. La humanidad es parte y reflejo de la complejidad y viveza del mundo.

Ingold aclara que no es que los Ojibwa vayan a tener todas las respuestas a nuestra incesante y ahora también desesperada búsqueda al problema de cómo vivir en el mundo. "La meta de la antropología, en resumen, es crear una conversación en torno a la vida humana misma, acerca del mundo." "Es importante por su potencial de educar y, a través de esta educación, transformar vidas."

Otro antropólogo, Pedro Tomé, escribió: “El antropólogo no tiene por qué afirmar que todas las culturas son buenas, pero está en la obligación de someter a todas, incluidas las propias, a la misma crítica negativa”.

Quizás sea cierto que en la nuestra, la visión dominante del mundo (ontología) está cada vez más focalizada en un tipo de economía que analiza partes cada vez mayores de la existencia como si de un mercado se tratara. Desde el suicidio (capital humano) hasta qué obras de arte son significativas ('Les Demoiselles d'Avignon', calculó David Galenson). Por eso, creemos que los mercados financieron están vivos, se mueven y hablan. Decimos que debemos cubrir las “necesidades de nuestros mercados ansiosos”, que “exigen sacrificios” y “políticas de saneamiento” financiero. Por eso, los números “hablan por sí mismos” y sentencian que a ti te apasiona 'Les Demoiselles d'Avignon'. Por eso, en EEUU, personalizan a las "corporaciones" (que forman un cuerpo), otorgándoles la práctica totalidad de derechos que tienen las personas: poseer, comprar, vender, pleitear, etc. con el fin de obtener los mayores beneficios para sus accionistas. 

Pero esto no es animismo. Somos países desarrollados, el primer mundo. No humanizamos a las corporaciones: estamos “mercantilizando” la humanidad. "Sociedad de mercado", se dice.

La economía es "oikonomía" o ‘dirección o administración de una casa’, es decir, “las formas en que cada sociedad resuelve sus problemas de sostenimiento de la vida humana” sostiene la economista Cristina Carrasco.


El virus ha realentizado las cosas. El bloqueo no es solo una respuesta política, económica o sanitaria. Desde luego, es también ecológica. El brote de coronavirus es consecuencia de la destrucción de hábitats, de la cría intensiva, de un sistema socioeconómico expansivo, una dinámica civilizatoria que reduce cada vez más el espacio ecológico de los seres

silvestres, rompiendo las barreras naturales y favoreciendo los saltos de microbios entre especies, la zoonosis. Todo ello para obtener beneficios. https://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2020/04/el-ecosistema-inmunitario-yo-albergo.html

Y también es consecuencia de cómo nos aglutinamos en ciudades, cómo viajamos... y por supuesto, consecuencia de la creciente desigualdad social. "El virus no entiende de clases sociales", es un mantra que intenta recordar la vulnerabilidad (mortalidad) humana. Pero sabemos que las clases menos acomodadas tienen más riesgo a contagiarse y enfermar, más riesgo a las consecuencias médicas de la enfermedad y a las posibles consecuencias económicas de la crisis.
El médico Javier Padilla y el epidemiólogo Pedro Gullón lo han definido de una manera muy clara: ‘crisis matrioska’, el hecho que que unas dimensiones de la crisis contienen otras. Crisis sanitaria, crisis económica, crisis ecológica, crisis de cuidados... se están relacionando en todo momento entre sí, y se debe dar respuesta a todas.

Otro mantra: "el virus somos nosotros, los seres humanos", haciendo referencia a que ha sido el excesivo impacto de nuestra especie en el ecosistema la causa de la pandemia, y a que somos una plaga ("Primatemaia disseminata", lo llama James Lovelock). Calculando los recursos que tenemos, la población y el ritmo de consumo, los números no cuadran. Pero mientras, las clases dirigentes divulgan la idea de que "ya no hay suficiente espacio en la Tierra para ellas y para el resto" y "están comprendiendo que el naufragio es inevitable; se adueñan de los botes salvavidas y le piden a la orquesta que siga tocando para disfrutar de la noche antes de que la agitación excesiva alerte a las otras clases”, advierte Bruno Latour. Así aumentan la desigualdad social. Garantizan la continuidad de la vida solo de ciertos sectores, y aceleran el sistema económico existente (desbordando aún más los límites biofísicos del planeta y los límites humanos)... expulsando a otros, aumentando la acumulación por desposesión, y la necroeconomía. Según el filósofo Achille Mbembe, aquella población superflua que al capitalismo no le vale, y que hay que gestionarla, encerrarla o eliminarla. Por lo tanto, es indispensable una redistribución radical de la riqueza, y también de los cuidados.

Porque "Nosotros somos virus".

Literalmente, holobiontes de virus y bacterias combinados a lo largo de 3.800 millones de años de coevolución, según la bióloga Lynn Margulis. El 8% del genoma humano consiste en antiguos retrovirus, y nuestro sistema inmune (el que ataca a los virus) funciona gracias a ellos. (Por eso, no rechaza a ese cuerpo tan extraño llamado feto). Un estudio de la universidad de Stanford, que presentó en julio de 2016, demostró que el 30% de las adaptaciones de nuestras proteínas, desde que los humanos nos separamos de los primates, han sido provocadas por virus. También encalábamos las murallas en nuestras ciudades, porque el óxido de calcio es antiséptico y antibacterianos y evitaba el tifus o la fiebre amarilla. Los virus y nosotros estamos en esa compleja red viva de la vida, y en la batalla por la vida.

La pandemia afecta al meollo de nuestra cultura, política y economía, y el prisma de la ecología lo traspasa. Con esta recesión económica, el medio ambiente ha mejorado. Se ha realentizado el sistema ecocida de extracción, producción, consumo y vertido.
Pero hay otro dato potente: contrariamente a lo que pensamos, esta economía productiva, cuanto más acelerada y expansiva se hace, más nociva es para la salud. ¿Cómo puede ser esto, si ya sabemos que la pobreza económica y social, y la enfermedad están íntimamente relacionadas? Si hay crisis económica, deberían empeorar los indicadores de salud de la población.
No, no es así. No al menos en Estados Unidos, Japón, Alemania, España, Finlandia y los 28 países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tomados en conjunto, y también en países de menor nivel de ingreso como Argentina, México y Corea del Sur.
José A. Tapia Granados, médico y economista, lo ha explicado en un artículo llamado así, tajantemente: "La mejora de la salud durante las crisis económicas)":

"Hay pruebas sobradas de que los periodos de expansión económica acelerada son perjudiciales para el avance de la salud."
Ciertamente, la salud ha mejorado mucho en casi todos los países del mundo en el último siglo, a la vez que el crecimiento económico hacía aumentar los niveles de ingreso per cápita (...), la alimentación suficiente (que ya se ha tornado excesiva en muchos países), la creación de infraestructuras que permitan el suministro general de agua no contaminada, la generalización de la educación primaria, y un ambiente que no sea nocivo para la salud.
[Pero] una vez alcanzado cierto nivel de ingreso, el crecimiento económico no solo NO favorece la salud, sino que comienza a perjudicarla. De hecho, para la salud las épocas de prosperidad económica son peores que las épocas de recesión."

Esto es "Debido a las condiciones de trabajo (horas extraordinarias, ritmos de trabajo), la contaminación atmosférica, el consumo de productos nocivos (tabaco, alcohol y comidas grasas), muertes en carreteras; y la disminución de actividades beneficiosas: ejercicio físico, las interacciones sociales, el sueño y, quizá, la actividad sexual."

Tapia Granados también añade un dato crucial: en las crisis económicas, los suicidios aumentan. Hay que apretarse el cinturón, sacrificarse, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, alegan. Y entonces, aparece la fragilización del derecho del trabajo, de una vivienda digna, pobreza energética, endeudamiento...


"La recesión hace mucho daño, pero la política de austeridad mata" afirman los científicos David Stuckler y Sanjay Basu tras una década de investigación, desde la Gran Depresión y el Crash del 29, hasta el estallido de la burbuja financiera en 2007: siempre que los gobiernos aplican medidas de austeridad ante una crisis sus efectos son devastadores para la salud pública.

"Malasia, la única nación que se negó a seguir las recetas del FMI, fue el país asiático que mejor superó la crisis", mejoró la salud pública nacional e invirtió en programas de estímulo y de ayudas públicas para proteger a las personas más vulnerables. Irónicamente, consiguió cumplir los objetivos económicos que le marcaba el FMI.

"Las recesiones no desencadenan automáticamente un aumento de los suicidios, el alcoholismo, los infartos debidos a estrés y otras causas principales de fallecimiento, sino la imposición de medidas de austeridad."

"El problema es que se ha conseguido implantar en la cabeza de mucha gente que el interés de los dueños de las grandes compañías y fondos de inversión es lo mismo que el interés general", explica la antropóloga, ingeniera y educadora Yayo Herrero. Un sector privilegiado cada vez más pequeño que va generando un proceso de expulsión de muchísimas más personas a los márgenes o, directamente, a la muerte. Todo para obtener los mayores beneficios en un sistema económico que ya no satisface necesidades, y es cada vez más nociva para la salud.

Al mismo tiempo, es la economía "reproductiva", la de los cuidados, la que ha aumentado considerablemente. Criar, asistir, limpiar, cocinar... Pertenecen a los llamados trabajos de la "economía informal" y son los más invisibilizados y precarizados. Aunque ahora más que nunca, se han visto esenciales, junto con otros trabajos (basureros, mecánicos, músicos...)
http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2020/03/la-pandemia-del-coronavirus-la.html

"Manos que se levantan, piernas que se mueven, dedos que señalan, pisos que se limpian, bocas que se alimentan. Nuestra economía se basa en los cuerpos. Si el cuerpo se tomara en serio como punto de partida de la economía, tendría consecuencias de gran alcance."
escribe la periodista Katrine Marçal. "Una sociedad organizada en torno a las necesidades compartidas de los cuerpos humanos sería una sociedad muy diferente de la que conocemos ahora. El hambre, el resfriado, las enfermedades, la falta de atención médica y la falta de alimentos serían preocupaciones económicas centrales. No como hoy: desafortunados subproductos del único sistema." ("¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía")


Una economía debe trabajar para el bienestar de las personas, para todas las experiencias humanas, con su espacio y su finitud y vulnerabilidad. Para una biosfera habitable como base de la vida. Es la precondición de que los seres humanos tengamos una vida que no se prolongue en el shock, en la excepcionalidad, en la liminaridad... sino una vida plena, que merezca ser vivida.

"La humanidad no está en ruinas, está en obras. 
Pertenece aún a la historia. 
Una historia con frecuencia trágica, 
siempre desigual, 
pero irremediablemente común."
Marc Augé.

 

Fuentes:

"Antropología, ¿por qué importa?". Tim Ingold.

"Dónde aterrizar, cómo orientarse en la política". Bruno Latour.
"Por qué la austeridad mata. El coste humano de las políticas de recorte." https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/austeridad-coste-humano-politicas-recorte_1_5735454.html
https://ctxt.es/es/20200302/Politica/31220/coronavirus-decrecimiento-crisis-ecologica-agroecologia-yayo-herrero.htm

https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/PDF%20Papeles/113/mejora_de_la_salud_durante_crisis_J.%20A._TAPIA.pdf

"¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía". Katrine Marçal

domingo, 16 de agosto de 2020

Contar es escuchar: la palabra y la imaginación.

"Yo creo que la imaginación es la herramienta singular más útil que posee la humanidad. Deja atrás el pulgar oponible. Puedo imaginar la vida sin mis pulgares, pero no sin mi imaginación." Ursula K. Le Guin.

Y Le Guin, escritora de ciencia ficción, hija de los antropólogos Theodora y Alfred Kroeber, aclara que no se trata de la creatividad. Ese término que nos lanzan para exigirnos adaptarnos a todo, ser flexibles, autónomos y sin límites, pero siempre dentro del mercado encaminado a obtener mayores beneficios. "Yo ya no la uso", asegura, "la dejo en manos de capitalistas y los profesores universitarios que abusen de ella a voluntad. Pero no pueden quedarse con la imaginación." 
Y explica en el mismo libro "Contar es escuchar", que la imaginación no es una forma de hacer dinero, sino de pensar, de convertirse en humano. Los niños la usan desde pequeños, y en ella se deberían instruir, como una capacidad fundamental para vivir. Escuchando y memorizando los relatos o narraciones orales de su cultura, o a leerla y comprenderla si es alfabetizada. 

No en vano, la tradición oral hizo la cultura durante más de 9/10 partes de la vida del homo sapiens. Es decir, la escritura nació cuando había transcurrido el 94% de nuestra existencia.
 
Las otras artes, la música, el dibujo, la artesanía, el baile... son centrales, pero nada como las palabras como respuestas a los conflictos de la realidad, remodelándola, percibiendo e interactuando con el mundo e imaginándolo a la vez para que tenga sentido. 
Llenándo el mundo de significado. Las palabras como herramienta para echar a volar la imaginación, y adaptarnos al mundo adiestrando la mente, abandonando la realidad pero siempre regresando a ella con un entendimiento renovados. Incluso disponemos de una capacidad distintiva de pensar e imaginar el pasado y lo hipotético del futuro.

"Al parecer, somos el único animales capaz de mentir. Podemos pensar y hablar de cosas que no son así y que nunca fueron así, o que nunca existieron, pero podrían. Podemos inventar, suponer e imaginar." Somos los únicos animales que contamos historias.
"Todos los seres humanos son mentirosos; es cierto, tienen que creerme."

"Dios inventó al hombre para oírle contar cuentos", dice un proverbio africano.

Para eso, "no hay nada como un poema o un relato". "Obligamos al mundo a ser coherente, a que nos cuente una historia."

"Somos los hijos del Sol", "somos los que venimos del mar", "nuestra lengua es única en el mundo"... todos los relato demuestran que su cultura es el centro del mundo, donde sus gentes son "la gente" y donde se hacen bien las cosas. Es tu hogar, tu comunidad, donde te enseñan cómo vivir mejor, a imaginar la mejor de las vidas posibles. Sino lo hacemos, advierte Le Guin:
"nuestras vidas acabarán siendo controladas por los demás."

"En nuestra época de grandes poblaciones siempre expuestas a las voces, imágenes y palabras reproducidas en pro del beneficio comercial y político, hay demasiada gente que quiere y puede inventarnos, poseernos, moldearnos y controlarnos a través de los medios de comunicación, que son cautivadores y poderosos. Es mucho pedir que, en medio de todo ello, un niño encuentre su camino por sí solo." "(...) lo que todos necesitamos, es conocer a otra gente que haya imaginado la vida en líneas que tengan sentido y permitan cierta libertad, y escucharla. No oírla pasivamente, sino escucharla.
Escuchar es un acto de comunidad, que requiere un lugar, tiempo y silencio.
Leer es una manera de escuchar."


Esa narrativa que ofrece alternativas al status quo, que no solo lo cuestiona, sino que amplía el campo de posibilidades sociales y el entendimiento moral.

"No conoceremos nuestra propia injusticia si no podemos imaginar la justicia. No seremos libres si no imaginamos la libertad. No podemos exigir que alguien intente alcanzar la justicia y la libertad si no ha tenido la oportunidad de imaginar que se pueden alcanzar."

La lectura no es superior a la oralidad, ni al revés. La lectura silenciosa es una actividad privada; la oralidad, mientras, es una fuerza de cohesión, que mientras ocurre vincula a la gente de manera física y psíquica. 
 
En una cultura oral, la interpretación oral siempre es formal, con sus indicaciones formales (público que se mantiene atento, orador que trata de mantener su atención)... Ya sea una madre o un padre contando un cuento, un comediante en un bar, un predicador, un mitin político... Siempre hay una voz que habla y oídos que escuchan, vibraciones sincronizadas en cuerpo y mente. Los inuit dicen que cuando los cuentacuentos hablan, las plantas dejan de crecer y los pájaros se olvidan de alimentar a sus polluelos. Por eso, los cuentacuentos sólo pueden contar mientras la nieve cae.
"Cada interpretación oral es tan singular como un copo de nieve, pero, como un copo de nieve, es muy probable que se repita; y su principio de organización interna es la repetición." En la interpretación oral, la repetición es fundamental, porque marca el ritmo, el compás. Porque mientras que en la lectura, se puede volver a releer, las palabras son aladas, y hay necesidad de redundancia.

El modo en que empiezan siempre los narradores en Benin, es:
      —Mi do adjru! ¡Contemos cuentos!
      —Adjru uaiii! ¡Los cuentos pasan!

"El habla nos conecta de una manera directa y vital porque ante todo es un proceso físico, corporal"
, asegura Le Guin, y lo explica así "si se sitúan dos relojes de péndulo lado a lado en la pared, gradualmente comenzarán a mecerse al unísono. Se sincronizan el uno con el otro en respuesta a las vibraciones diminutas que cada uno transmite a través de la pared." Si dos cosas, cualesquiera, oscilan cerca una de la otra, más o menos con el mismo intervalo, tenderán a armonizarse y a moverse con el mismo intervalo exacto. En física, lo llaman sincronización de fase o arrastre. Según Le Guin, todos los seres vivos nos movemos rítmicamente, como una ameba que vibra en frecuencias que corresponden a los niveles atómico, molecular, subcelular y celular. También nuestras fibras musculares del corazón lo hacen, al unísono con todas las demás: el latido. Dos seres humanos cercanos también pueden sincronizarse, como las mujeres sincronizamos nuestros ciclos menstruales. En el habla, William Condon demostró que los oyentes hacen casi los mismos micromovimientos labiales y faciales que el hablante, con un retraso de tan solo una cincuentava de segundo. "La comunicación es como una danza", explicaba Condon.
Y Le Guin recuerda que "no es de extrañar que el habla crea un vínculo tan fuerte, tan poderoso a la hora de formas comunidades."

"Permanece a la escucha-se decía en la vieja África-, todo habla, todo es palabra, todo intenta comunicarnos un conocimiento" aconseja el escritor Amadou Hampaté Bâ en "Amkullel, el niño fulbé". "El saber es una luz que está en el hombre. Es la herencia de todo lo que los antepasados pudieron conocer y nos han transmitido en germen, al igual que todo el baobab está contenido, potencialmente, en su semilla”.
 
En
"El cuentacuentos persa: los relatos que hicieron soñar al emperador", Nazanin Armanian relata:


"Y cuando el anciano monarca falleció, su hijo, como heredero del trono, tomó las riendas del país.

Un día, para conocer a los servidores del palacio convocó a todos los cortesanos, preguntándoles, uno a uno, sobre sus cometidos:
-Yo soy vuestro consejero, dijo el primero.
-Yo soy vuestro general, se presentó el segundo.
-Yo soy vuestro guardaespaldas, respondió el tercero.
-Yo soy vuestro cocinero, manifestó el cuarto.
-Yo soy vuestro coracero, contestó el quinto.
-Yo soy vuestro cantante, respondió el sexto.

-Y, ¿cuál es tu cometido?, preguntó el monarca a un anciano que estaba algo apartado de los demás y no se había presentado.
-Yo soy vuestro cuentacuentos, contestó el viejecito. 

-¿Me tomas por un niño? No necesito ningún cuentacuentos, dijo el joven rey frunciendo las cejas, como si le hubieran ofendido. 

-Es exactamente lo mismo que opinaba el rey Bahrâm, contestó el hombre viejo, que además era un sabio. Con la diferencia -continuó el sabio-, de que aquel monarca, muy pronto volvió a reclamar al cuentacuentos para que regresara, pues se dio cuenta de que había actuado como el águila de aquella fábula... 

-¿De que fábula me hablas?, preguntó el joven rey. 

El viejo sabio le hizo la reverencia y empezó a narrar su historia.

“Un águila rapaz reprochaba a una gallina del corral: ¡Qué criatura más desagradecida eres tú! Tu dueño te mantiene durante toda tu vida, te protege de las bestias, te alimenta, y qué es lo que tú haces? Cuando él te llama empiezas a correr de un tejado a otro, aleteas por aquí y por allá, y no dejas que te coja. ¿Qué clase de comportamiento es ése? Mírame a mí. Yo hace poco tiempo que estoy aquí, y ya sé cómo debo portarme, y demuestro mi gratitud por los cuidados que me da el amo. Cuando él me llama, me poso en su brazo y hago todo lo que me pide. Entonces, la gallina, mirándole con una sonrisa, respondió: Quizás tengas razón, amigo mío. Pero dime ¿has visto alguna vez un águila asada?”

Cuando el viejo sabio terminó su relato, el joven rey se quedó pensativo, y luego dijo:
-Es absolutamente cierto. Pero, ¿de qué le sirve a un gran águila la verdad de una pequeña gallina? 

-¡No, Majestad!, no desprecies nunca lo pequeño, contestó el anciano. Recordad lo que hizo una liebre a un león. 

-Y, ¿qué le hizo?, preguntó el joven rey.

El viejo sabio le hizo la reverencia y empezó a narrar su historia..."

 

martes, 28 de julio de 2020

El rey está desnudo: antropología de la realeza.

"Cuando el rey está desnudo y el poder es impotente, ¿en qué consiste el ejercicio del Estado, el hecho de gobernar, sino en jugar deliberadamente con las apariencias?” 

 Christian Salmon, doctor en historia de las ideologías.



A lo largo de la historia, los pueblos han desarrollado numerosas formas de organización social. El Estado no es más que una de ellas, y aún hoy, aunque ha adquirido un carácter casi universal, hay sociedades sin Estado.

Estas sociedades sin estado conocen el concepto de ley, pero no tienen el poder coercitivo para aplicarla, o una institución que tenga el monopolio del uso de la fuerza como forma de coerción para aplicar la ley vigente.
También disponen de relaciones de poder, autoridad y deberes mutuos, pero que no implican dominación y violencia.
Tampoco hay una estructura de poder centralizado. Son acéfalas (sin cabeza). Algunos antropólogos prefieren llamarlas policéfalas, ya que el poder recae sobre varias cabezas. Según su ética, es moralmente ofensivo permitir a alguien dar órdenes sin que estas puedan ser cuestionadas.

Entonces, ¿cómo es posible que surgiera, en la historia de la humanidad, el hecho de querer darle todo el poder a una persona, al rey? Es lo que se pregunta el antropólogo David Graeber en sus libros "On Kings" junto con Marshall Sahlins, y en "What are kings". ¿Por qué y cómo puede un solo ser humano gobernar sobre muchos otros como la encarnación o el delegado de un dios y, además, muchos de ellos insistiendo en que su familia es de un país diferente del que son rey o reina? "Los reyes de Inglaterra solían ser franceses, ahora son principalmente alemanes, los reyes en Malasia insisten en ser griegos, descendientes de Alejandro Magno, los reyes swahili de la costa este de África afirmaban ser de Persia, etc."
"Es muy difícil saber cuándo aparecieron los primeros reyes en la historia", escribe Graeber. "Se han descubierto tumbas completamente llena de cuentas y collares y coronas y cetros hechos de marfil y conchas, y la mayoría eran de aspecto diferente: altos como gigantes, enanos, jorobados... Pero aparte de eso, "no hay la más mínima evidencia de palacios, cortes, tesorerías, ejércitos ni nada de eso". 

La suposición de Graeber es que estas personas especiales quizás se consideraban divinas, solo porque se veían extrañas; tal vez incluso los trataron como dioses a veces, por ejemplo, durante festivales u otras celebraciones, donde se escuchaban los tambores, la música, y se disfrutaba de bailes y juegos cuando los "dioses" aparecían. Quizás fuesen los "Maestro de Ceremonias". 

Pero en estas sociedades donde no existía un poder coercitivo, tenían mucho cuidado de que esta persona que hacía cumplir las reglas no se lo tomara demasiado en serio. La solución era que "muy a menudo, esa persona era un payaso", asegura Graeber. "Hicieron cumplir las reglas, pero las reglas no se aplicaban a ellos. Podrían ser tan tontos como quisieran. De hecho, se suponía que eran tontos. Pero también se parecían un poco a la policía, podían castigar a las personas por romper las reglas. A veces intentaban confundir intencionalmente a todos, hacer la ceremonia equivocada, contar chistes, fingir caer de bruces, pero se suponía que nadie se reiría". Y continúa "como podían hacer cualquier cosa, a veces inventaban nuevas reglas." 
 
Ahora imaginemos que estos juegos comenzaron a durar semanas o incluso meses, lo que a veces sucedió. Bueno, tal vez en algún momento, la gente olvidó que estaban jugando un juego. Tal vez comenzaron a actuar así todo el tiempo y las personas que inventaron las reglas se convirtieron en reyes." Cómo hemos pasado de disponer de payasos-reyes, a ser gobernados por cleptócratas reyes bufones, eso es parte de la historia.

Las reinas y reyes son muy poderosos, o al menos, deben aparentarlo. Tienen la mejor ropa y viven en las mejores casas. Los súbditos del rey tenían y tienen que mostrar respeto: inclinarse o incluso arrastrarse en su presencia, y constantemente recordarle lo grandioso que son, y mantenerle a él o a ella, y a su corte.

Los reyes y las reinas a menudo actúan de manera muy infantil. Bueno, a veces, los reyes eran, en realidad, niños. Si un viejo monarca moría, y su hijo era todavía muy joven, a menudo se convertía en rey. 
Cuenta Graeber que en el antiguo Egipto, había un faraón conocido en la historia como Tutmosis III, que se convirtió en rey cuando solo tenía dos años. Entonces su madre, Hatshepsut, dirigió el reino. Resultó que ella lo manejó extremadamente bien; construyó hermosas ciudades y monumentos; Egipto nunca fue tan rico y pacífico. Hatshepsut comenzó a usar una barba falsa y a vestirse como un hombre en público, diciendo que ella era la propia Pharoah. Mientras tanto, le decía a su hijo que necesitaba terminar su educación, y así se convirtió en atleta, historiador, científico y arquitecto. Le dio un ejército y le dijo que fuera a conquistar a alguien, realmente para sacarlo de la ciudad, y éste conquistó gran parte de Medio Oriente. Finalmente, después de 22 años, Hatshepsut murió y Thutmoses se convirtió en uno de los faraones más famosos de la historia egipcia. "En algún momento, sin embargo, alguien, no sabemos quién, borró el nombre de Hatshesut de todos los edificios públicos", escribe Graeber.

A veces, también, la gente trata a los reyes como niños. En Madagascar, cuenta Graeber, "había una famosa reina llamada Ranavalona, ​​que se convirtió en gobernante cuando murió su esposo. En ese momento ella tenía unos cincuenta años, pero todos la llamaban "la niña" y todos los políticos más importantes del reino, que también eran sus amantes, eran referidos como sus "niñeras". Esos políticos dirigían un gran imperio, pero todos fingían que el imperio estaba allí para que la Reina pudiera tener lo que quisiera, y todos sus súbditos eran sus "juguetes".
Cada vez que se enfadaba con alguien, decía "¡que le corten la cabeza!" u ordenar que esa persona sea asesinada de alguna manera terrible.

Y aunque los reyes ya no tengan el poder de ordenar a nadie, todos los que están cerca de ellos fingirán que siguen siendo muy importantes, porque eso significa que ellos también son importantes. Habían excepciones. Por ejemplo, hubo una vez un guerrero feroz llamado Rollo el Vikingo (más conocido con el sobrenombre de Rollón el Caminante, no había montura capaz de soportar sus más de 140 kg y su imponente estatura de más de 2 metros), que conquistó la provincia francesa de Normandía. "Eventualmente, Louis el Gordo, quien era el Rey de Francia en ese momento, acordó dejar que Rollo se convirtiera en duque de Normandía si le aceptaba como su rey. Rollo estuvo de acuerdo y organizaron una gran ceremonia. Pero había un problema. Parte de la ceremonia fue que Rollo tenía que inclinarse y besar el dedo gordo del pie del Rey. Rollo decidió que eso iba demasiado lejos. No iba a besar el pie del rey. Pero los hombres del Rey dijeron: no, esas son las reglas, tienes que hacerlo o no podrás convertirte en duque. Entonces se le ocurrió un acuerdo. Cuando llegó el momento de hacer la ceremonia, agarró al rey por el pie, lo puso boca abajo y solo entonces le besó el dedo gordo del pie. Eso se consideraba aceptable, porque al menos había seguido las reglas."

A veces, los reyes merecen una lección. Esigie, quien era rey de Benin en África occidental, era un gran guerrero al que le gustaba romper todas las reglas. Un día estaba marchando su ejército a la batalla contra su hermano Arhuaran, y un pájaro gigante cruzó el camino de su ejército. Los sacerdotes que estaban con el ejército inmediatamente le dijeron "¡debes volver! El pájaro es un portento enviado por un dios, una advertencia, de que si luchas hoy, se producirá un gran desastre". Él dijo: "¿Pero cómo sé que no es un desastre para mi hermano?" Entonces le disparó al pájaro con una flecha, lo cocinó y se lo comió para el almuerzo. Luego ganó la batalla y quemó la ciudad de su hermano. A partir de entonces, los reyes de Benin llevaron, en el extremo de un palo, una imagen de un pájaro de metal, al que llamaron el "pájaro del desastre", para mostrar cuánto no les importaba lo que los dioses les decían.

Los sacerdotes les tomaron la delantera. Se las arreglaron para convencer a Esigie, y más tarde a los reyes de Benin, de que si él mismo era prácticamente un dios, entonces no era seguro para los sujetos comunes siquiera mirarlo. Podrían lastimarse los ojos. Desde entonces, los reyes de Benin tuvieron que quedarse en casa la mayor parte del tiempo y cuando la gente los visitaba se ocultaban detrás de una pantalla. No podían ir a ninguna parte sin que la gente saliera a colocar alfombras delante de él para ir enrollándolas por detrás. Como resultado, en poco tiempo, los reyes de Benin ya no podían liderar ejércitos, y se hizo muy difícil dirigir el gobierno. Entonces su madre y sus esposas terminaron haciendo la mayor parte del negocio del gobierno.

Otro caso de esposas de reyes que terminan gobernando el lugar, es la historia del rey sudanés del reino Shilluk. Puede tener hasta cien esposas, pero tradicionalmente, si sus esposas mayores estan de acuerdo en que están cansados de tenerlo cerca, pueden ordenar que lo ejecuten. Y es que su propia fertilidad simboliza la fertilidad del reino, de las vacas, los cultivos y las mujeres. En consecuencia, si se vuelve impotente o simplemente decae fisicamente, puede dar lugar a malas cosechas y catástrofes naturales. Por lo tanto, antes, se le cortaba la garganta.
Cien esposas reales significa que siempre hay un gran número de príncipes. Esto crea grandes problemas cuando el rey muere y, a menudo, todos los príncipes terminan matándose unos a otros hasta que solo queda uno. Como resultado, a veces los príncipes huyen y se esconden. Una vez en la década de 1400, el hijo de un emperador chino desapareció así. Su padre envió grandes flotas de barcos para explorar el mundo y ver si podían encontrarlo. Llegaron hasta África, y algunas personas piensan que incluso podrían haber descubierto América, hasta que finalmente alguien encontró al príncipe escondido cerca del palacio.

Aún con todo, por alguna razón, todos estaban convencidos de que los reyes son muy, muy poderosos.
Las personas que no tienen reyes encuentran todo esto muy extraño. Hace cuatrocientos años, el escritor francés Montaigne escribió sobre algunas personas de Brasil, llamadas Tupinamba, que fueron secuestrados y llevados a París en 1562 para encontrarse con el rey. Montaigne habló con algunos de los Tupinamba, y escribió:
 
«El Rey habló un rato con ellos; se les mostró nuestro modo de vida, nuestra magnificencia, y las cosas dignas de verse en una bella ciudad. [Yo] les pregunté qué pensaban de todo esto y qué les había parecido lo más notable. [Ellos dijeron] que habían advertido entre nosotros algunos hombres atiborrados de toda clase de cosas mientras que sus otras mitades eran mendigos ante sus puertas, demacrados por el hambre y la pobreza. Les pareció extraño que estas menesterosas mitades tuvieran que sufrir tantas injusticias y no agarraran a los otros del cuello o incendiaran sus casas».

Del rey-niño Carlos IX, dijeron: ¡es solo un niño pequeño! Y vieron que estaba rodeado de grandes hombres fuertes con barbas y armas. Están allí para proteger al rey, dicen todos. ¡Pero nadie los obliga a hacerlo! ¿Por qué uno de ellos no ignora al niño y se hace rey?
Montaigne admitió que nunca había pensado en esto antes, pero tenían razón. Uno de sus amigos, Etienne de la Boetie, terminó escribiendo un libro sobre el problema:

"Mas ¡oh Dios!, ¿qué puede ser esto, cómo diremos que se llama, qué desgracia es esta? ¡Qué vicio, o más bien qué aciago vicio, ver a un número infinito de personas, no obedecer sino servir (…), sufrir los saqueos, los desenfrenos, las crueldades no de un ejército (…) sino de uno solo! ¡Y no de un Hércules ni de un Sansón, sino de un solo homúnculo (…)!" escribió un joven de la Boetie (16/18 años) en el "Discurso de la servidumbre voluntaria".

En última instancia, puede llegar el momento en que el rey tema a los guardias, y no al revés (como ocurría con el rey Shilluk). Y también a los bufones. El humor puede ser un arma muy corrosiva para desmontar grandes estructuras, así que los reyes (y aún hoy los poderosos) no solo reprimen a los comediantes, albardanes, descarados y bufones, sino que a algunos los mantienen en su seno y los distribuyen para implantar su humor, con el fin de limitar la propagación del humor enemigo. Por eso, es preceptivo, si eres rey, tener bajo control una corte de bufones. El humor que no disponga del sello oficial del rey, será delito (o tildado de cortarollos o aguafiestas en nuestra cada vez más risueña, desentendida y apolítica vida social).

Y así es que, curiosamente, "parece que no hubo parte del mundo, desde África hasta América del Sur y Central, hasta Europa, India, China y Japón, donde las cortes reales no tuviesen enanos" escribe el antropólogo. "A veces llegaba al punto en que los padres trataban de encontrar formas de retrasar el crecimiento de sus hijos, solo para poder vivir en la corte. El ejército del rey Rudolf II, de Bohemia y Hungría, tenía un regimiento de enanos y otro regimiento de gigantes, y el rey azteca Moctezuma II mantenía una tropa de enanos a su alrededor en todo momento, tanto para entretenerle como para aconsejarle asuntos de estado." 
Puede parecer una combinación extraña, pero en realidad no es nada inusual, y es que necesitaban tener a alguien capaz de criticarlos, pero que tampoco fuera alguien que todos los demás se lo tomaran en serio. Y aquí es cuando aparecen de nuevo los payasos. También podían buscar a alguien con enfermedad mental, con los que obtener perspectivas diferentes de sus ideas. "El rey James VI de Escocia tenía la mala costumbre de no molestarse en leer todos los documentos que sus asesores le entregaban para firmar. Para mostrarle lo estúpido que era esto, su bufón de la corte colocó un papel en la pila donde el rey acordó dejar que el bufón fuera rey durante una semana, y que el rey se convirtiera en su bufón." El rey firmó el documento sin leerlo, y cuando le explicaron la bufonada, no cambió de lugar con el bufón, pero tampoco le castigó. Con bufones así, no es de extrañar que el parlamento escocés aprobara una ley en 1449 llamada la "Ley para poner fin a los tontos fingidos" (“Act for the Putting Away of Feigned Fools”).

Y también cuenta la historia (lo más probable, ficticia) del rey de Asiria llamado Nonus, que tenía una sirviente llamada Semiramis, una chica que era muy inteligente y bonita, y a la que amaba mucho. Cada año había un gran festival, y uno de los juegos era "Rey por un día". Un año, Semiramis preguntó si podía ser Reina por un día. Nonus estuvo de acuerdo, y ordenó a todos que hicieran como que ella era realmente la Reina. Tan pronto como le pusieron la corona sobre la cabeza, Semiramis llamó a los generales y guardaespaldas del rey y les preguntó si de verdad el rey les caía bien. Antes de que terminara el día, Nonus estaba encerrado en algún lugar, y Semiramis se convirtió en la Reina. "Y resultó que Semiramis era mucho mejor para dirigir el reino: construyó la ciudad gigante de Babilonia, y sus hermosos jardines colgantes, y muchas otras grandes ciudades también, y conquistó un imperio gigante que se extendió desde India hasta Etiopía." 
Para los que todavía lanzan esa manida expresión de crítica "¡esto parece la Edad Media!" como si de la "Edad Oscura" se tratase: no es raro encontrar mujeres dirigiendo reinos enteros en la Edad Media, como Eleanor de Aquitania en Francia o Lakshmibai en India, en lucha contra los británicos. "Hoy es mucho más raro encontrar mujeres que dirijan bancos o grandes corporaciones." lamenta Graeber.

La mayoría de los países hoy en día no son reinos, e incluso donde hay reyes y reinas, no tienen mucho poder. Desde la revolución estadounidense en 1776, y luego la revolución francesa en 1789, y luego toda una serie de otras revoluciones, casi todos dejaron en claro que estaban cansados de que una persona los gobernara sin una razón particularmente buena. En realidad, mucho antes, algunos juristas ya presintieron el peligro de una monarquía absoluta, que podía desarrollar un totalitarismo. Los "monarchomachen" (monarcómacos) es un término inventado por el jurista William Barclay (1546 - 1608). Sostenían la opinión de que, si el rey violaba las libertades y los derechos, podía ser expulsado del trono.

¿Pero, actualmente, por qué tenemos que obedecer las leyes, en caso de que no exista una reina o un rey?
Bueno, hay una constitución que dice cómo aprobar las leyes apropiadas. Y la constitución fue instituida por unos gobernantes o, en su caso, por el pueblo, tras una revolución (la revolución estadounidense, francesa, haitiana, mexicana...), arguye Graeber. "Pero espera, ¿no es ilegal la revolución? ¿Tienes que hacer lo que el gobierno dice porque doscientos años algunas personas derrocaron al gobierno? ¿Cómo tiene sentido eso?" se pregunta Graeber. "¿Y quiénes son "el Pueblo" de todos modos? Estas son preguntas difíciles. Nadie está muy seguro. La mayoría de las guerras libradas en los últimos doscientos años, y ha habido muchas, se han librado entre personas que tenían diferentes teorías sobre cuál podría ser la respuesta".

jueves, 9 de julio de 2020

Antropología del caminar: de huellas a cintas de andar.

"La especie humana comienza por los pies, nos dice Leroi-Gourhan, aunque la mayoría de nuestros contemporáneos lo olvide y piense que el hombre desciende simplemente del automóvil. Desde el neolítico, el hombre tiene el mismo cuerpo, las mismas potencialidades físicas, la misma fuerza de resistencia frente a los fluctuantes datos de su entorno", explica el antropólogo David Le Breton en "Elogio del caminar".
  


Entonces, ¿nos "quedábamos en casa"? 
Tener un hogar, es una singularidad de algunos animales, y es el grado más alto de complejidad social. "Eusocialidad" lo llamaba Edwars O. Wilson. 
Es la construcción de un hogar, en el que cuidar de las crías, en el que convivan dos o más generaciones y exista una distribución de tareas en las que algunas no tengan porqué contribuir de manera directa a la reproducción.
Las abejas, las hormigas, las termitas... son conocidos por sus amplias colmenas, hormigueros o termiteros que las albergan, y las diferentes castas en ellas (hormigas soldados, abejas reinas...). Pero también existen algunos crustáceos aislados que dispone de este tipo de hogares, y muy pocos mamíferos: la rata topolampiña y los humanos. 

Ésto también significa que nuestra comunidad trasciende a los miembros biológicos. Por eso, disponemos de una hipermemoria afectiva: no tenemos la seguridad de que un chimpancé, si volviese a la comunidad, sería capaz de reconocer a su madre. Y por eso somos altruistas, y los grupos más altruistas somos más competitivos y más fuertes. "Contribuir y promover comportamientos generosos, colaborar... supone al final un beneficio para uno mismo, que puede compensar los sacrificios que supone ser altruista. Egoístamente, por tu propio interés, no te interesa ser egoísta", explica la médica y paleoantropóloga María Martiñon. "El hombre ha prestado siempre atención a los pasos de otros hombres; con toda seguridad estaba más pendiente de ellos que de los propios" "La escritura más temprana que aprendió a leer fue la de las huellas",  escribió Elías Canetti (Masa y poder).

Pero los homínidos no vivían en estos hogares, que antaño eran las cuevas. Las rutinas de su vida (búsqueda de alimento, juegos, la socialización, la cocina...) no se producía en espacios cerrados dentro de una caverna, sino fuera, y siempre en movimiento. Unos 10.000 años antes, desde el neolítico, adoptamos un estilo de vida ya sedentario, cuando la agricultura y la ganadería se convirtieron en el corazón de nuestra subsistencia. Pero no han sido suficientes para borrar 200.000 años de evolución como especie habituada a vivir al aire libre, siempre caminando. 


Son muchos los estudios científicos que avalan que el contacto con la naturaleza fortalece la resistencia ante el estrés y ayuda a curar enfermedades. En el pequeño hospital de Paoli, en Pensylvannia, EEUU, un grupo de investigadores reunieron información durante una década sobre cómo se habían recuperado los pacientes que habían sido sometidos a una cirugía de vesícula biliar. Algunos enfermos se recuperaron más rápido que otros, tenían menos dolor, consumían menos analgésicos, eran dados de alta antes... y el personal sanitario desconocía la causa. La clave era que la habitación en la que les ingresaban después de la operación tuviese o no una habitación con vistas al pequeño bosque que había en torno al hospital.


Somos naturalmente caminantes. El hecho de caminar erguido, el bipedalismo, fue posible gracias a nuestro arco en el pie, la hilera recta de sus dedos, y los gluteos hiperdesarrollados, un músculo menor en los monos, pero el mayor en todo el cuerpo humano. Pasando luego al estómago plano, la cintura flexible, la columna recta, los hombros bajos, la cabeza erecta sobre el largo cuello. Nuestra anatomía estaba y está optimizada para una vida en espacios abiertos y, no lo olvidemos, físicamente exigente. (Algunas palabras no lo olvidan. "Travel", viajar, se deriva de "travail", trabajo, y originalmente significaba "trabajo o trabajo físico o mental, especialmente de naturaleza dolorosa u opresiva; esfuerzo; problema; privación; sufrimiento.").

Caminar es natural, pero elegir caminar como experiencia espiritual, política, contemplativa, estética... es producto de antecedentes culturales. Rebecca Solnitt asegura en su libro "Wanderlust" que el deseo de caminar por la naturaleza, al aire libre, es de tan solo tres siglos. Anteriormente, el deseo de caminar por placer estaba relacionado con la aristocracia (la única que se podía permitir la vida sedentaria) y la salud física, no como experiencia, y se daba especialmente por jardines y paseos privados. Hasta que el mundo ganó en seguridad, y las fortalezas aristocráticas expandieron aquellos jardines para caminar y darse a la contemplación y la conversación.
 

Y dejarse ver. "El hombre ha prestado siempre atención a los pasos de otros hombres". Todavía hoy, en algunas regiones latinoamerianas, italianas, españolas... el paseo, el "dar vueltas al parque", o la passeggiata (paseo antes de la cena) son un modo infalible de garantizar encuentros cara a cara, con viejos amigos o como flirteo, exhibiéndose en aceras y plazas mayores. Caminar por la ciudad es una forma de actividad cultural. En algunos pueblos italianos, cerraban las calles principales para la passeggiata. En algunas partes de México, la costumbre fue tan organizada que los hombres paseaban en una dirección y las mujeres en otra, como filas de una danza en gran salón del baile que es el mundo. (Ver: Mindfulness al natural: Friluftsliv, Shinrinyoku, Keyif y otros caminos de pensamiento.Hoy en día, el gusto por caminar como actividad cultural, como una manera de unir cuerpo, mundo e imaginación, está decayendo, como decae el tiempo libre, el espacio libre y los cuerpos sin trabas.
Tras la Revolución Industria, la cultura caminante era una reacción contra la velocidad y la alineación. La pirotecnia que ha impulsado al capitalismo reciente (¡compra!, ¡viaja!, ¡gasta!) y los fuegos artificiales de la economía de la experiencia u "homo agitatus" (hacer mucho, moverse mucho, probar mucho, cambiar mucho, de todo y a todas horas. ) y de la influencia (¡muestra!, ¡exhibe!, ¡alardea!) acalló muchas filosofías milenarias que aconsejaban lo contrario: déjate de artificios y disfruta de la esencia de vivir, como el caminar.

Aunque todavía quedan rescoldos de resistencia a la pérdida posindustrial, posmoderna, del espacio, tiempo y corporeidad, nunca se ha utilizado tan poco la resistencia física individual para la movilidad. Solnitt explica que "los automóviles han promovido la dispersión y la privatización del espacio: los centros comerciales reemplazan a las calles, los edificios públicos se vuelve islas en un océano de asfalto, la urbanización sensata se transforma en ingeniería del tráfico y la gente se mezcla cada vez con menos libertad y frecuencia." Y también recuerda que la calle es el espacio público donde se ejercen los derechos a la libre expresión y a la reunión, "los centros comerciales, no", apostilla. "Las posibilidades democráticas y liberadoras no existen en lugares donde no tienen espacio para reunirse. Quizás se pretendiera precisamente eso." 

Volvemos a la época de murallas, guardias y sistemas de seguridad, para proteger a los ricos de las consecuencias de las injusticias económicas y el resentimiento más allá de las murallas. Kierkegaard exclamó hace mucho: "Es en extremo lamentable y desmoralizador que los ladrones y la élite estén de acuerdo en una sola cosa: vivir escondidos". La decadencia del caminar se debe a la falta de espacio, pero también de tiempo. Ese espacio de tiempo reflexivo, no planificado, de ensoñación. El mundo ya no está hecho a nuestra escala, sino a escala de las máquinas. 

También a las del gimnasio. La cinta de andar original de 1820, era una gran rueda con dientes que servían como peldaños que los prisioneros debían pisar durante un tiempo para "racionalizar sus mentes". La labor o esfuerzo físico repetitivo sin resultados prácticos o productivos siempre ha sido un castigo en el mito griego (Sísifo, Ixión...). El alimento siempre ha sido escaso y el esfuerzo físico para conseguirlo, abundante. El castigo, lo frustrante, era quemar calorías y acabar con las manos vacías. Hoy, el alimento es abundante y las tareas físicas, las que antes eran labores productivas, se vuelven "ejercicio" y sirven para quemar calorías. Como decía Marx, la historia ocurre por primera vez como tragedia y la segunda como farsa. 


"La cinta de andar parece ser uno de los muchos dispositivos que facilitan el retirarse del mundo, y yo temo que esta facilidad disuada a la gente de participar en nada" explica Solnitt.

Todavía quedan caminatas que son la empresa y la aventura de una jornada productiva. Lucy Lippard escribió en su libro "Overlay" algo que le contó otro artista, Lawrence Weiner, sobre una costumbre de los inuit caribu en los Barren Grounds, Canadá, (y que se viralizó):"aliviarse caminando en línea recta por el paisaje hasta sacar la emoción de su sistema; el punto en el cual la rabia es conquistada se marca con un palo, como señal de la fuerza o la longitud de la rabia." El antropólogo especializado en cultura inuit, Francesc Bailón, duda sobre esta costumbre, y aclara que ante la rabia "lo más habitual y normal entre los inuit es precisamente sonreír para exteriorizar las tensiones y rabias acumuladas". De hecho, el caminar en linea recta para desahogarse le parece inverosimil, ya que "buena parte de su vida transcurre en el exterior, por lo tanto lo que hacemos nosotros de salir de casa para airearnos en los inuit no es aplicable". 

El escritor Alastair Reid, escribió Eduardo Galeano, vivía en una perdida playa de la República Dominicana. Una vez, entre sus cartas publicitarias, llegó la propaganda de una máquina de remar, que mostró a sus vecinos, los pescadores.
"¿Bajo techo? ¿Se usa bajo techo? ¿Sin agua? ¿Se rema sin agua? ¿Y sin peces? ¿Y sin sol? ¿Y sin cielo?" le preguntaron incrédulos:
"Los pescadores dijeron a don Alastair que ellos se levantaban cada noche, mucho antes del alba, y se metían mar adentro y echaban sus redes mientras el sol se alzaba en el horizonte, y que ésa era su vida, y que esa vida les gustaba, pero que remar era la única parte jodida de todo el asunto:

-Remar es lo único que odiamos -dijeron los pescadores. Entonces don Alastair les explicó que la máquina de remar servía para hacer gimnasia.
-¿Para hacer qué?
-Gimnasia.
-¡Ah! Y gimnasia, ¿qué es?"


"Si de verdad queréis hacer ejercicio, id en busca de las fuentes de la vida." sugiere Henry David Thoreau (Un paseo invernal) "Qué ridículo resulta ese hombre con sus pesas arriba y abajo para tratar de mantenerse sano, mientras en las altas praderas de la salud brota a borbotones allá donde a él no se le ocurre acercarse…"



"Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte, hay que correr por lo menos dos veces más rápido." dice la Reina Roja en “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, Lewis Carroll.