miércoles, 28 de marzo de 2012

A lo que das valía cuando la ves perdida: la salud.

"El "koro" es una enfermedad mental frecuente en el sudeste asiático. Quien la padece cree ver reducido el tamaño de su pene. Los malayos son presa de una furia asesina, el "Síndrome de Amok". Cuando se oye “Amok!!” en un pueblo malayo, conviene salir corriendo."
Luis Pancorbo, antropólogo.
"Una partera que va a la casa de la parturienta se ocupa de todo, hasta de cocinar. El ginecólogo dice que lo llamen cuando la mujer esté dilatada. Son formas de ver la vida y de entender el concepto “salud”."
 Fernando Cabieses, antropólogo médico.

La medicina occidental, como la ciencia clásica occidental, analiza la realidad a partir de una serie de oposiciones: cuerpo/mente, individuo/sociedad, enfermedad/salud, naturaleza/cultura, etc., y deben ser estudiados separadamente. Así, el cuerpo también está aislado de las demás dimensiones humanas (social, mental, afectiva, espiritual), y por otro lado, dentro de la misma biomedicina, el estudio del cuerpo humano está fraccionado en partes cada vez más pequeñas, creando especializaciones (cardiólogo, neurólogo, etc.) 

Sin embargo, otros paradigmas médicos relacionan el cuerpo individual, el cuerpo social y el cuerpo cosmológico: un trastorno en uno de estos “cuerpos” afectaría a la totalidad del sistema y causaría la enfermedad. En este sentido, no existe una separación entre lo biológico y lo espiritual. El nivel físico es el soporte de la vida espiritual, que expresa a su vez la vida relacional de una persona con su entorno.

Fernando Cabieses, antropólogo médico, lo explica así:

"El curandero tiene mucho de eso, cuida mucho. Hay cosas muy sencillas. Ponte en el caso de que roban tu automóvil, me lo cuentas y te digo: anda a la comisaría, pon la denuncia y explícale a la policía. Otra cosa es exclamar: ¡diablos!, y tocar a la persona afectada. Ese tocar es cuidar, es comunicarse. Una cosa es curar y otra es cuidar, es diferente. Una partera que va a la casa de la parturienta se ocupa de todo, hasta de cocinar. El ginecólogo dice que lo llamen cuando la mujer esté dilatada. Son formas de ver la vida y de entender el concepto “salud”.

Arthur Kleinman fue uno de los precursores de la antropología médica, una ciencia que tiene como objetivo satisfacer las demandas humanitarias y científicas del campo de la medicina mediante la búsqueda del origen social de las enfermedades. Pero Kleinman tuvo que poner a prueba su humanidad muy pronto: su mujer se vio afectada por Alzheimer.

“¿Cuánta atención se prestó a lo esencial y básico de los cuidados, el contenido de los cuidados, en las reformas de la salud? Yo diría que casi nula, casi ninguna atención a eso. Y, sin embargo esto es lo que las familias se van a enfrentar en el futuro.”

“El respeto que se tienen por otra persona, que profundizas tu propia humanidad a medida que participas en la humanidad de otra persona.
Sentí que yo tenía un enorme respeto por mi mujer, y que era crucial que la ayudara a mantener su dignidad. Fue en esos actos con los que sentí que era un cuidador. No fue en pensar en ello, o en hablar con la gente al respecto, sino en el propio acto de cuidar.”

Oliver Sacks, neurólogo, también tuvo una experiencia personal que le hizo dudar de sus artes como médico, pero en sus propia carnes, como paciente:

“Descubrí que los no pacientes me eludían, los estudiantes, las enfermeras, los visitantes. Yo estaba colocado aparte, estábamos colocados aparte, nosotros los pacientes, con nuestros pijamas blancos, y nos evitaban clara pero inconscientemente, como si fuésemos leprosos. Comprendí cómo yo mismo, cuando estaba sano, me había distanciado de los pacientes de un modo totalmente inconsciente. Si no hubiese estado tan aterrado en el momento del ingreso, podría haber visto más claramente lo que entrañaba: las ropas del hospital, la tarjeta de identificación, la eliminación de la individualidad.”

“Ahora necesitábamos una doble recuperación, una recuperación física y un movimiento espiritual hacia la salud. No bastaba con encontrarse físicamente bien, si seguíamos sintiendo el miedo y la preocupación del enfermo.”

Todas estas experiencias recalcan la influencia de la cultura en la mente humana para decidir que síntomas están conectados y las maneras en que una sociedad determinada decide qué es una enfermedad. Los ejemplos más claros son los síndromes culturales, síndrome que se reconoce como una enfermedad que afecta a una sociedad o cultura específica. La enfermedad no se encuentra presente en otros grupos sociales y culturales distintos al lugar en donde ésta ha sido detectada, aunque sí puede haber experiencias que tengan similitudes. En Latinoamérica, un síndrome cultural es el “susto” o “la teta asustada” (cuando el susto es transmitido de la madre al hijo/a, una enfermedad que se cree se transmite por la leche materna de las mujeres, especialmente las que fueron violadas o maltratadas durante la guerra del terrorismo en el Perú.)

¿Qué le pasó?, se asustó, por eso está enfermo. Si lo dicen así, se ve como una superstición tonta; pero si el médico afirma: “está con stress”, ahí sí lo entiendes. Es un problema de semántica. Hay que usar la palabra correcta, pero en el fondo es lo mismo. Que venga un médico a explicarme cómo funciona el stress, eso tiene tanta dificultad como cuando un curandero me quiere aclarar qué es el susto.” Fernando Cabieses, antropólogo médico.

El "koro" es una enfermedad mental frecuente en China. Quien la padece cree ver reducido el tamaño de su pene. Una vez que la víctima esta poseída es presa del pánico e intenta por todos los medios volver a recuperar el tamaño de su órgano gential. Los familiares ayudan con acupuntura, así como colgando pesos y contrapesos. Muchos pacientes de koro se mutilan de esa forma de la peor manera posible y lo hacen dentro de un estado de pánico mortal porque según la creencia china, quien padece koro muere inmediatamente. Existen muchas manera de evitar el koro: no adelantar a una tortuga, no comer ciertos tipos de carne … pero la más segura es no ser chino, malayo o tailandés, porque el koro sólo ataca a hombres del sudeste asiático. 

Los estudiantes de África Occidental ven entorpecido su pensamiento por lo que llaman “niebla cerebral”. 

Los esquimales sufren de “histeria ártica”, una especie de estado de pánico en la cual las víctimas se desprenden de su ropa y corren desnudos en el frío hasta caer en coma. 

Los habitantes de las islas Wellesey en Australia sufren de ataques de pánico conocidos como "Malgri" si se sumergen en el mar sin haberse lavado las manos de los restos de alimentos que se han producido en tierra, pues para ellos (la tierra y el mar son enemigos en su mitología). 

Los malayos son presa de una furia asesina, el "Síndrome de Amok". Luis Pancorbo, antropólogo, cuenta: "Cuando se oye “Amok!!” en un pueblo malayo, conviene salir corriendo: habían casos en que caían 15 o 16 víctimas, cuantas encontraba a su paso un tipo afectado por el opio con su daga kris chorreando sangre."

Y  aunque estas dolencias puedan parecer curiosas o exóticas, en occidente tampoco nos libramos de ellas. El Amok ha llegado a occidente y se emplea para describir los estados psicóticos en los que caen por ejemplo los desequilibrados que cometen masacres en escuelas o en la calle. O el holocausto y otras masacres “oficiales”. Otros ejemplos son las tendencias a la obesidad o incluso la conocida "sensibilidad química múltiple": respuestas anómalas frente a numerosos agentes químicos sintéticos, incluso a niveles muy bajos de exposición a tóxicos normalmente tolerados por la población. ¿Y qué hay de la sobreproporción de enfermedades tales como la "bulimia" o la "anorexia" en Europa frente a Japón.?

Estas investigaciones tienen su importancia para entender los mecanismos por los cuales en Occidente se extienden todas estas epidemias y cuestionar el modelo psiquiátrico, “así como las políticas de marketing de los fabricantes de antidepresivos”, dice Michael Kenny, un antropólogo de la Simon-Fraser University en Columbia Británica. “Es curioso —dice Kenny— que la anorexia se haya convertido en un mercado en expansión de la industria de la psicoterapia”. 

Por otro lado, también está el contexto económico-cultural, en múltiples casos la pobreza y el hambre. La antropóloga Nancy Scheper-Hugues, en su libro “La muerte sin llanto”, analiza este punto:

...No quisiera cometer el error de simplemente hacerlos equivalentes [al hambre y a los “nervios”] o sugerir que desnudando las capas culturales que rodean la diagnosis nervos, siempre vamos a encontrar en su base el hambre.” "En el contexto particular que analizamos, la cuestión que nos debemos preguntar es: ¿cómo han llegado estas personas a verse a sí mismas en primer lugar como “nerviosas”, y sólo en un segundo plano como hambrientas?"
 
El mensaje de estas investigaciones es claro: más allá de lo exótico de algunos dolencias, el entorno social juega un papel más importante de lo que comúnmente admite la medicina clásica. Y ello tiene su importancia a la hora de diseñar terapias basadas meramente en las respuestas biológicas.

Algunos síndromes culturales:
  • General:
    • Síndrome de retracción genital (GRS)
    • Histeria ártica
    • Dromomanía
    • Síndrome de dhat
    • Síndrome de Kundalini
  • Sociedades occidentales:
    • Neurastenia
    • Síndrome idiopático post-prandil
    • Anorexia mirabilis (anorexia ligada a la religión)
    • Fenómeno de abducción
    • Sensibilidad química múltiple
    • Morgelones
    • Opsofagos (Grecia Antigua)
    • América Latina:
      • Mal de pelea (Puerto Rico)
      • Susto
    • Estados Unidos (exclusivamente)
      • Rootwork, ataque de brujerías.
  • Indo-americanos
    • Mal de espantos
    • Wendigo
    • Grisi siknis (locura de la selva)
  • Sudeste Asiático:
    • Amok (Indonesia/Malesia)
    • Latah (Indonesia/Malesia)
    • Koro ~ Retracción genital
    • Pasma (Filipinas)
    • Pilay (Filipinas)
  • Lejano Oriente:
    • Shook yang o suoyang (culturas chinas) ~ Síndrome de retracción genital
    • Shenkui, "síndrome del semen pérdido" (China)
    • Reacción psicótica Gi-gong
    • Shenjing shuairuo (culturas chinas)
    • Hwa-Byung (Corea)
    • Taijin kyofusho (Japón)
    • Hikikomori (Japón)
    • Muerte Fan (Corea)
    • Imu (Japón, etnia ainu)
  • Asia del Sur
    • Suudu (Tamil)
    • Sami (culturas tamil)
    • Dhat, síndrome del semen pérdido.
  • Polinesia:
    • Cafard, similar al amok
  • África:
    • Nubula mental, fatiga mental
    • Película sobre la "histeria ártica"

      Película sobre "La teta asustada"


Fuentes:
"Abecedario de antropologías." Luis Pancorbo.

domingo, 25 de marzo de 2012

Cuando los hombres dan a luz: la covada.

Covada Huichol.
"Mientras ella está de parto, el marido huichol se sienta en las vigas situadas sobre su cabeza con una cuerda atada a los testículos. Cada vez que tiene una contracción, la parturienta tira de la cuerda. Al final, el marido siente tanta alegría por el nacimiento del niño como la mujer." 

Los varones de muchas sociedades intentan “demostrar” que ellos, igual que las mujeres (o incluso en lugar de ellas) hacen bebés. En muchos lugares existen medios rituales o de otro tipo para realzar la importancia de los hombres en el proceso reproductivo. 

La costumbre de involucrar al padre de forma más directa en la reproducción -y darle a él más méritos por lo que está haciendo su esposa- se llama covada,
Covada (del frances couver 'incubar'), costumbre por la que la madre, durante el nacimiento de un hijo o inmediatamente después, le cede el lecho al padre, y a veces es más mimado y apartado que ella. 

Desde el punto de vista de algunas mujeres, la covada es una forma que los hombres utilizan para imponerse en el proceso de embarazo y nacimiento, allí donde no poseen una función natural. Para otros, la covada era otra forma de engañar a la muerte. El marido venía a ser el pararrayos de la mujer, hacía de tripas corazón y asumía los golpes de los malos espíritus. El marido esperaba en momento fatal del parto en la cama, lo alimentaban como si se tratara de una delicada parturiente, mientras que la mujer realizaba las tareas domésticas e intentaba que ningún espíritu advirtiera su estado. Todavía hoy, en algunas comarcas de Suiza y de Alemania, se expone la camisa del marido, cuyos pantalones vestirá la madre el primer día que salga de casa.

Sea por la razón que fuese, antropólogos y geógrafos de todo el mundo han documentado la extensión de esta práctica tanto en América del Sur, Nueva Guinea y en los Estados de Nayarit y Jalisco en Méjico. Enrique Casa Gaspar publicó en 1924 un recorrido por las costumbres de covada de medio mundo.

La tribu Huichol
(autodenominados Wixarica) se asienta en Sierra Madre, en el estado de Jalisco, México. Es una de las tribus más alejadas de las culturas actuales que se pueden encontrar en el norte de América. Gracias a este aislamiento han podido conservar muchas de sus tradiciones y costumbres más arcaicas. Ellos piensan que el parto es un momento de gran dolor y de gran placer, y creen que tanto el dolor como la alegría deben ser compartidas por hombre y mujer. Según Adele Getty:

“El acto de parir, ya se trate de un hijo, una idea o una obra de arte, va siempre acompañado de dolor. Los indios huicholes piensan que la pareja de la mujer debe compartir el dolor y el placer de dar a luz: por eso, mientras ella está de parto, el marido se sienta en las vigas situadas sobre su cabeza con una cuerda atada a los testículos. Cada vez que tiene una contracción, la parturienta tira de la cuerda. Al final, el marido siente tanta alegría por el nacimiento del niño como la mujer ¡O incluso más! Esta costumbre de compartir los dolores del parto, en la que el hombre mantiene una actitud simpática de empollamiento ante la llegada del hijo, está extendida entre muchos nativos”.

Durante el parto el hombre consume peyote (un cactus de propiedades alucinógenas).
 
El varón caribe de los Galibia de las Guayanas ayunaba seis meses desde el quinto mes del embarazo de la mujer, permanecía inmóvil en la hamaca durante el parto y los primeros días posteriores, y, mientras la madre volvía al trabajo con el recién nacido en bandolera, él era cuidado por todas las mujeres del poblado. 

En el alto Paraguay, era lo mismo, pero con el detalle de que, cuando la madre regresaba de lavar al niño la primera vez, no podía hablar, sino sólo mirar con recogimiento al marido. 

En Venezuela, a esto se le llamaba “empolladura”: la madre tras el parto se incorporaba a sus trabajos, y el marido se metía en la cama quejándose de dolores abdominales.

Entre los wogeo, en una isla en la costa de Nueva Guinea, los hombres cuya esposa está embarazada dicen que sufren tantos mareos matinales como ellas; se cansan fácilmente y tienen que evitar las actividades fatigosas, como la caza y la lucha. 

Entre los ainúes de Japón, también realizaban la covada, aunque se dice que su motivación básica era la de disuadir a los malos espíritus, engañarlos, para que creyeran que era el padre el recién parido y de esta manera fuera él el atacado. Esta idea coincide con el demorar la imposición de un nombre definitivo al bebé, y mientras, nombrarle con nombres repelentes como Tumba, Sucio, Cadaver o Barrigón.

Hay algunas sociedades, especialmente Nueva Guinea, en las que los hombres, simbólica o artificialmente, menstrúan. La mayoría lo realizan insertando al instrumento en la uretra para hacer que el pene sangre. En muchas de estas mismas sociedades, los hombres también realizan ceremonias de dar a luz simbólicamente. Entre los mehinaku, los hombres cuecen medicinas especiales que son ingeridas ritualmente por los muchachos pubescentes para asegurar que los chicos producirán semen.
La gente de gran parte de Nueva Guinea cree que los hombres no solamente tienen una parte activa en el hecho de embarazar a las mujeres, sino que también son responsables de convertir a los chicos en hombres con semen. Creen que los chicos deben ser separados de la influencia no sólo de sus madres, sino de toda feminidad. Los varones no pueden convertirse en «hombres» hasta que tenga lugar esta ruptura y no crecen y se desarrollan de forma natural hasta que no produzcan semen. Son los hombres de más edad los que implantan el semen de forma que los muchachos sean capaces luego de producir el suyo a partir de esta semilla. Esto significa que los hombres son, en cierto grado, responsables del crecimiento de los muchachos (y en sentido metafórico tienen poderes reproductivos análogos a los de las mujeres).

Se ha especulado mucho sobre la covada en etnias del norte de España; los galaicos, los astures, los vascones y los cántabros. Todo se lo debemos a Estrabón quien, no hay que olvidar, no fué testigo directo de estas culturas sino que simplemente recogía las historias de los soldados y mercaderes romanos que en tiempos de Augusto venían de Hispania. También hay descripciones de la covada entre maragatos, ibicencos y corsos.

De todas formas, en los Estados Unidos y en Europa, durante los últimos veinticinco años, se ha desarrollado la única institución que tiene visos de covada. Los hombres modernos frecuentemente acompañan a sus esposas embarazadas cuando van al tocólogo, asisten a seis semanas de preparación para el parto con ellas, e incluso algunos dicen experimentar dolores de espalda y malestar durante el embarazo, muchos hombres cuentan enternecedoras historias sobre los sentimientos que experimentaron cuando nacieron sus hijos. También apoyan a las mujeres durante las contracciones y cada vez más hombres piden presenciar el parto. A veces cortan el cordón umbilical y son los primeros en coger al recién nacido. ¿Y qué hay de la imposición automática del apellido paterno al bebé en primer lugar? 
Apoyan a las mujeres física y psíquicamente, pero también les proporciona un lugar en la procreación que antes no tenían.



"Abecedario de antropologías." Luis Pancorbo.
"Para raros nosotros. Introducción a la Antropología cultural." Paul Bohannan.

martes, 20 de marzo de 2012

El colonialismo de la soledad: el Gran Hermano.

Nuestras sociedades ya no tienen mitos. Lo que los pueblos sin escritura piden a los mitos, lo que toda la humanidad les ha pedido en el transcurso de los cientos de miles de años, es que expliquen el orden del mundo que los rodea y la estructura de la sociedad donde nacieron, que demuestren su congruencia e inspiren la confiada certeza de que el mundo en su conjunto y la sociedad particular de la que son miembros permanecerán tal y como fueron creados al comienzo de los tiempos.

Seguridad, certeza, nada de angustias. Como escribió el antropólogo James Clifford, “las identidades del siglo XX ya no presuponen culturas o tradiciones continuas”

Cuando nosotros nos interrogamos acerca del orden social que nos es propio, apelamos a la historia para explicarlo, justificarlo o acusarlo. Esta manera de interpretar el pasado varía en función del medio al que pertenecemos, de nuestras convicciones políticas, de nuestras actitudes morales. Para un ciudadano francés, la Revolución de 1789 explica la configuración de la sociedad actual. Y, según juzguemos que esa configuración es buena o mala, concebimos de un modo u otro la Revolución y aspiramos a distintos porvenires. Así, uno sabe que una historia objetiva y científica no es posible. Sabemos que hay más que una historia: cada partido político, cada medio social y, a veces, cada individuo se cuenta una historia diferente y la utiliza.

Marc Augé, en su libro "Hacia una antropología de los mundos contemporáneos" opina:

"Actualmente cada cual está en relación con el conjunto del mundo o cree estarlo. Nada protege ya al individuo contra un enfrentamiento directo con el conjunto informal del planeta. Ni los partidos políticos ni las religiones, que antes daban un sentido al mundo y a las relaciones con los demás, son capaces de hacer frente a los espacios urbanos donde predomina el consumo, las imágenes, las redes de información, medios de difusión, etc.

Sin una cosmogonía que ordene y oriente su vida cotidiana y sin un orden físico y metafísico que permita conjurar el caos y la incertidumbre, cada individuo se tiene que responsabilizarse de su propia relación con el mundo. 

De esta manera, ha surgido una crisis de sentido que en realidad no es una crisis de identidad sino de alteridad, de relacionarse con el otro, y en la imposibilidad de concebir al otro como tal, se lo ha extranjerizado. 
Por ejemplo, el extranjero se acerca no como invitado sino como personaje anónimo o extraño. Así, la identidad se impone a la alteridad. El endurecimiento de las categorías hombres/mujeres o nacionales/inmigrantes (y el resurgimiento de los nacionalismos) atestiguan más bien el predominio de la lógica de la identidad sobre la lógica de la alteridad”

"Esta dura prueba de la individualidad y de la soledad del individuo recuerda en ciertos aspectos la que experimentaron los pueblos colonizados o esclavizados. Los colonizadores sólo vivieron aventuras (...) En cambio los colonizados vivieron, las más veces en medio del dolor, una triple experiencia relacionada con el descubrimiento del otro y que hoy nos es común a todos: la experiencia de la aceleración de la historia (la diferencia entre generaciones parece abismal), la experiencia del encogimiento del espacio (por el auge de las telecomunicaciones y el transporte) y la experiencia de la individualización de los destinos (una pérdida del vínculo y un sentimiento generalizado de incertidumbre, angustia y miedo)

"La dimensión individual es en efecto esencial en todos los cultos que los antropólogos han estudiado dentro del contexto colonial y poscolonial". Son los cultos que, a través del trance, la santería, el chamanismo etc, sanan las enfermedades espirituales, individuales, de las personas que acuden: angustia, miedo, ansiedad, tristeza...

Tomarlas en consideración tal vez nos permita comprender mejor el estudio de las manifestaciones de nuestra contemporaneidad: todos los desbordes de los grandes medios de difusión que tienden a poner como espectáculo la vida privada de los individuos de una manera que recuerda las puestas en escenas religiosas: individuos normalizados o tipificados de alguna manera por el solo hecho de aparecer en la pantalla". De ahí el sentimiento de que hay que pasar a través de la imagen para existir. De ahí el éxito de los reality shows"

Entonces Lévi-Strauss se preguntaba si no había llegado el momento de mirar en otras direcciones, de ampliar el marco tradicional de las reflexiones sobre la condición humana, de integrar experiencias diferentes, más variadas, al estrecho horizonte en el que Occidente se había recluido durante tanto tiempo.

“Desde el momento en que la civilización de tipo occidental ya no encuentra en su propio fondo un medio para regenerarse y adquirir un nuevo impulso, ¿puede aprender algo acerca del hombre en general, y acerca de sí misma en particular, a partir de esas sociedades humildes y durante tanto tiempo despreciadas que, hasta una época reciente, habían escapado a su influencia?”.

Si así era, y Lévi-Strauss no lo dudaba, entonces había que prestar atención a esa ciencia también humilde y también despreciada durante tanto tiempo: la antropología. “¿Qué es, entonces, esta disciplina que durante tantos años permaneció a la sombra y respecto de la cual hoy nos percatamos que acaso tenga algo que decir sobre estos problemas?”.

En eso consistía el humanismo que pregonaba Lévi-Strauss en nombre de su disciplina: al buscar inspiración en sociedades hasta entonces desdeñadas, la antropología proclamaba que nada de lo humano podía ser ajeno al hombre.

Por eso, creía Lévi-Strauss, una contribución de la antropología es inspirar cierta humildad, “a nosotros, miembros de civilizaciones ricas y poderosas”. La función del antropólogo es dar testimonio de que el modo en que vivimos, los valores con los que fuimos educados y que llegamos a aceptar, no son los únicos posibles; que existieron, que existen otros valores y otras creencias, y que estos valores y estas creencias permitieron, y permiten, a algunas comunidades alcanzar la felicidad.

La antropología no hace listas con todo lo bueno de cada sociedad exótica para que, en caso de fallar algo en la propia, uno vaya a buscar allí un parche étnico. Las fórmulas de cada sociedad –explicaba Lévi-Strauss– no son extrapolables a cualquier otra. A lo que invitan los estudios antropológicos es a que cada sociedad no piense que sus instituciones, costumbres y creencias son las únicas posibles. Que se recuerde que no están inscritas en la naturaleza de las cosas y que no pueden ser impuestas con impunidad sobre otras sociedades.

Un ejemplo. En la sociedad contemporánea prevalece la idea de que la filiación, el parentesco, deriva de un vínculo biológico antes que social. Esta creencia choca con la procreación asistida: inseminación artificial, donación de óvulos, préstamo o alquiler de útero, congelamiento de embriones, fecundación in vitro...¿Cuáles son los derechos y obligaciones de los padres legales y biológicos? ¿El niño debe conocer la identidad de los donantes, de quienes alquilan el útero o aportan esperma?

En algunas poblaciones de Africa,una pareja estéril puede acordar un pago con una mujer fecunda para que el hombre mantenga relaciones pos parto y se convierta en el padre legal de la criatura.
Los nuer de Sudán otorgan a una mujer estéril el estatus de hombre, de “tío paterno”; recibe así la dote y lo utiliza para comprar una mujer que será fecundada gracias a los servicios remunerados de un hombre.
En la población yoruba de Nigeria, las parejas de mujeres practican la procreación asistida para concebir niños que tendrán a una mujer por padre legal y a otra mujer por madre biológica. El niño conoce siempre a sus progenitores biológicos sin causarle ningún conflicto.

Ahora, alertaba Lévi-Strauss, la antropología no puede, ni debe, proponer que la sociedad francesa, o japonesa, o argentina, adopten las prácticas de los nuer sudaneses. La contribución es mucho más modesta: “Revela que aquello que consideramos ‘natural’, fundado en el orden de las cosas, se reduce a limitaciones y hábitos mentales propios de nuestra cultura. De tal modo, nos ayuda a quitarnos las anteojeras, a comprender cómo y por qué otras sociedades pueden tener por simples y obvios usos que a nosotros nos parecen inconcebibles e incluso escandalosos”.

“La antropología nos invita, pues, a atemperar nuestra vanagloria, a respetar otras formas de vivir, a cuestionarnos a través del conocimiento de otros usos que nos asombran, nos chocan o nos repugnan; 

"un poco al modo de Jean-Jacques Rousseau, 
que prefería creer que los gorilas recientemente descritos eran hombres, 
en lugar de correr el riesgo de negar la calidad de hombres a seres que, quizás, 
revelaban un aspecto aún desconocido de la naturaleza humana”.



Fuentes:
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Levi-Strauss-curiosidad-anticuario_0_665333468.html
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Claude-Levi-Strauss-antropologia-leccion-espiritu-critico_0_665333469.html
"Hacia una antropología de los mundos contemporáneos" Marc Augé.

jueves, 15 de marzo de 2012

La huella genética de Alejandro: los Hunza y los Kalash.

Mujer Kalash, Pakistán
En Asia central, en el Himalaya occidental, en las cordilleras del Indu-Kust y Karakorum coincidente con el actual norte de Pakistán, existen dos pueblos aislados y de origen desconocido y remoto, sin relación étnica con los pueblos que les rodean…… los Hunza y los Kalash. 

Las crónicas más antiguas afirman que en estos apartados lugares, las tropas del ejército de Alejandro Magno, dejaron su huella genética. El caso es que es una típica zona de paso, cuyo dominio implica el derecho a disfrutar de las ventajas estratégicas que da el controlar rutas que llevan a China (la famosa Ruta de la Seda, y no sólo seda, sino todo tipo de telas, por no hablar de la lucrativa ruta del opio), Persia, India y las interminables estepas eurasiáticas de los pueblos turco-mongoles y, más allá, eslavos.

Con los siglos, y al refugiarse de otras invasiones en las montañas, estos pueblos habrían mantenido su cultura y rasgos étnicos diferenciales. No sólo ciertos rasgos culturales han hecho suponer que pueden ser descendientes de colonias griegas establecidas en la región hacia el s. IV adC, sino sus fisiotipos: suelen tener una importante frecuencia de individuos con ojos y cabellos claros aspecto por el cual habría alguna semejanza con los antiguos griegos. Un equipo de científicos Griegos, Pakistaníes y Norteamericanos ha realizado recientemente un estudio genético sobre esta gente, llegando a la conclusión que existe una pequeña contribución griega en las características de los Hunza, no así en los Kalash, a la que califican como la población más aislada genéticamente.

El valle de Hunza es un valle que se encuentra a unos 2.400 metros de altura, formado por el río Hunza, cercano a Gilgit y Nagar, situado en los Gilgit-Baltistán de Pakistán.
El término hunzabut agrupa a dos pueblos que habitan la zona a orillas del río Hunza: los wakhi y los burusho. Los burusho constituyen la mayoría de la población. Algunos sostienen que su procedencia se remonta a los soldados de Alejandro Magno, otros relatan que anteriormente su pueblo vivía más al este, en Baltistán.

Un antiguo mito presenta a los hunzabut como un pueblo ancestral y sabio, sin conflictos ni enfermedades e inmerso en una vida apacible. Cierto es que aún hoy sus gentes se caracterizan por la cordialidad, cortesía y tolerancia. Pero también existen tradiciones orales que narran los orígenes de las familias reales de la zona, enfrentadas en guerras y unidas en alianzas mediante conocidos intercambios de princesas, costumbre arraigada en todas las regiones colindantes.

Este pueblo es tolerante también en el ámbito matrimonial. Generalmente los enlaces son acordados por los padres, fuera del propio clan, pero si los jóvenes alegan su incompatibilidad para la convivencia pueden obtener el divorcio. La joven recién casada se desplaza a la casa del marido, pero hace frecuentes visitas a su familia, que pueden durar hasta un año. Aunque la propiedad y la tierra la heredan los varones, la mujer recibe una dote, generalmente destinada a poder abastecer a su familia. Los hunzabut son musulmanes, pero las mujeres no utilizan ningún tipo de velo, ni se cubren el rostro, la sociedad es totalmente igualitaria para ellas. Es misión de las mujeres conservar y almacenar los alimentos. Esta función, que puede parecer de poca importancia, es vital para los hunzabut, ya que si se gasta demasiado alimento en verano, puede haber escasez durante el invierno.

Hasta antes del Siglo XX, los hunza tenían una esperanza de vida altísima, sobre los 100 años, gracias al estilo de vida (nada sedentaria) y a la dieta totalmente ecológica y equilibrada. Aunque en el libro "Hunza, Lost Kingdom of the Himalayas", el geólogo John Clark afirma que trato pacientes con malaria, la disentería, gusanos, tracoma y otras enfermedades. Renee Taylor afirmó que este pueblo mide también su edad por la valoración personal de la sabiduría, experiencia y logros. Tampoco son estrictamente vegetarianos: se abstienen de comer muchos de sus animales en verano porque son la principal fuente de alimentos en los restantes 10 meses del año. Eso sí, su agricultura en la montaña es una lucha constante, y la ingesta calórica es baja y rica en hidratos de carbono, por lo que no existe la obesidad ni las enfermedades derivadas de ella.

Estas gentes hablan un idioma muy antiguo y aislado, el Burushaski, al que algunos comparan con algunas lenguas Caucásicas y con el Euskara. En Hunza la educación es una prioridad, al contrario que en Pakistán, y las escuelas están repletas de niños. La alfabetización de la zona se encuentra sobre el 90%, la mayoría de los niños terminan la educación secundaria y la prosperidad está a un buen nivel a pesar de que estamos hablando de un terreno montañoso sumamente aislado.A menudo tienen que dar clases en el exterior, sin más muros que las montañas, los árboles son los pilares y el cielo por techo.


Los Kalash
(“hombres de negro” según los Pashtun) son una comunidad pequeña que vive en tres valles del Indu-Kust, el valle de Birir, Bumburet y Rumbur. Valles de Chitral con capital del mismo nombre. En esta región viven unas 3.000 personas distribuidas entre la capital y numerosas aldeas. No son musulmanes y siguen practicando su antigua religión animista y politeista.

Estas aldeas que disfrutan cantando y bailando, sufren el acoso de los musulmanes que confunden la forma natural de relacionarse entre ellos con la promiscuidad. Las mujeres Kalash gozan de libertad para casarse con quien quieran, si la pretendida tiene novio, el segundo pretendiente tendrá qua aportar el doble para conseguirla. Si las mujeres son maltratadas se pueden divorciar. Su cuidado personal también es esmerado. Las mujeres elaboran complicados tocados que adornan con conchas de colores, cuentas y otros útiles. Su larga cabellera, sus numerosos collares y sus coloridas ropas contrastan con las de sus vecinos musulmanes. Llama la atención el esmero que ponen en el decorado de sus hogares, con dibujos geométricos y mitológicos que incluyen cuernos de cabra tallados -símbolo alejandrino-.

Viven en las laderas de las montañas a 2000 m. de altitud, donde cultivan en terrazas, maíz, trigo, judías, arroz y uva. La vid es sagrada y es sacrilegio comerla e incluso tocarla antes de la vendimia. En Pakistán esta prohibido el consumo de alcohol y solamente en estos valles está permitido hacer vino. Es llamativa también la red de canales que construye y mantiene este pueblo para conseguir el agua que baja de las montañas. Ocuparse de la que la ingeniosa red, formada por piedras y troncos, es tarea de las mujeres.

Existe entre ellos una tradición, el Biramor, por la cual una persona adquiere prestigio social de por vida para él y para sus descendientes. Se trata de compartir en una fiesta todos sus bienes con los demás, en un gran dispendio de comida, bebida y regalos, que conferían al anfitrión el título de gadeirak. La riqueza es pues un argumento de prestigio y no hay mayor prestigio, en el sentido de la grandeza, que repartir lo que se tiene.

Jordi Magraner, zoólogo de 35 años, se fue a vivir a las montañas de Pakistán 
“en busca de nuevas especies animales, sobre todo de pájaros, reptiles y batracios…”.
No aludió al principal objetivo de la misión: buscar al Barmanu, el Yeti de la región de Chitral. Fue asesinado allí mismo por los talibanes, en agosto del 2002, tras 9 años conviviendo con los Kalash. El libro de Gabi Martinez "Sólo para gigantes” sobre su vida lo describe así:

“Descubrir que en tres valles de Chitral vivía una tribu pagana de origen indoeuropeo capaz de producir vino y cuyas mujeres iban con la cara no sólo destapada sino que también se la pintaban, fue lo que había terminado de convencerle de que aquel iba a ser su destino. Por eso debía de sentir esos nervios. Había que reconocerlo, estaba ilusionado. Qué ganas tenía de ver a los Kalash”.

“Para Gyuri, Jordi encarnaba la felicidad, siempre comiendo y bebiendo de todo. Hacía del sentirse bien y ser feliz y vivir la vida a fondo una parte fundamental de su identidad. Demostraba una devoción casi mística por el carpe diem, sin duda eso tenía que ver con su deseo de vivir de acuerdo con los kalash y los elementos fundamentales que nos definen como seres humanos: la camaradería, el amor por la diversión, la música, el baile, la cultura, proteger a los pobre, el medio ambiente, el amor en general”.



Jordi no lo sabía, había descubierto al verdadero gigante Barmanu dentro de los Kalash: 
la grandeza del ser humano.


Fuentes:

martes, 13 de marzo de 2012

El verdadero bello sueño americano: el Indio.

“Puedo decir ahora mismo que no hay secretos. No hay misterios. Sólo hay sentido común.” (OREN LYONS, onondaga, 1990).

“Cuanto más sepas mayor será tu confianza y menor tu miedo” (ORACIÓN MEDEWIWIN, ojibway).
"Los pensamientos son como flechas: una vez liberados, golpean y dejan marca. Cuidadlas bien o un día podéis ser su víctima."
Proverbio Navajo.
“En estos tiempos la gente busca conocimientos, no sabiduría. El conocimiento pertenece al pasado; la sabiduría, al futuro” (VERNON COOPER, lumbee, 1990).

Si le preguntas qué es el silencio te contestará: “¡Es el Gran Misterio! ¡El silencio sagrado es su voz!”. Si le preguntas cuáles son los frutos del silencio te dirá: “El dominio de sí mismo, el auténtico valor o resistencia, la paciencia, la dignidad y la reverencia. El silencio es la piedra angular del carácter.” SONAWAGA, jefe Sioux, 1905.

“Todo lo que da a luz es femenino. Cuando los hombres empiecen a comprender las relaciones del universo que las mujeres han conocido siempre, el mundo empezará a mejorar” (LORRAINE CANOE, mohawk, 1993).

“Los humanos hacen poco. Creen que saben mucho… Los humanos no pueden hacer un árbol” (FIDELIA FIELDING, mohicana, 1904).

“Durante todo este tiempo nunca les pregunté a ellos (a la abuela y al abuelo) ni a nadie “¿por qué?”. Hacerlo habría significado que no estaba aprendiendo nada, que era estúpido. Y en la sociedad occidental si no preguntas por qué se creen que eres estúpido. Así que como aprendí a no preguntar porqué, sino a escuchar, a ser consciente, doy por sentado que la gente se conoce y me conoce. Y cuando nos conocemos a nosotros mismos podemos unir nuestros sentimientos y compartir este conocimiento (SOGE TRACK, pueblo Taos, 1976).

"Haz preguntas desde tu corazón, y te serán respondidas desde el corazón.". Proverbio Omaha.

“No haces preguntas cuando creces. Observas, escuchas, esperas y te llega la respuesta” (LARRY BIRD, pueblo Laguna).

“Mi pueblo era sabio. Nunca desatendía a los jóvenes ni dejaba de mostrarles las obras realizadas por los hombres ilustres de la tribu. Nuestros maestros eran pacientes y concienzudos. Eran nuestros abuelos, nuestros padres y nuestros tíos. Todos alaban la excelencia con prontitud sin decir una palabra que pudiera desalentar a algún niño que fuera menos capaz que otro. El niño que no aprendía una lección sólo recibía más lecciones, más atención, hasta que llegaba todo lo lejos que podía” (PLENTY-COUPS, crow, 1928).

“En nuestra forma de vida, en nuestro gobierno, en todas las decisiones que tomamos, pensamos siempre en la séptima generación futura. Nuestro trabajo consiste en procurar que los que vengan después, las generaciones que aún no han nacido, no encuentren un mundo peor que el nuestro. Al caminar sobre la Madre Tierra, posamos siempre los pies con cuidado porque sabemos que las caras de las generaciones futuras nos miran desde abajo. Nunca las olvidamos” (OREN LYONS, onondaga, 1990).

“Al principio del tiempo, no teníamos maestros, no teníamos instructores, no teníamos escuelas. Tuvimos que estudiar la Naturaleza. Y tuvimos que imitarla. Toda nuestra civilización se basó en el estudio de la Naturaleza. Esos fueron nuestros instructores en el principio de los tiempos. Establecimos nuestra forma de vida mediante este tipo de estudio. Así que organizamos nuestros gobiernos de acuerdo con el estudio de la Naturaleza. Nos regíamos por un gobierno inalterable, el gobierno tradicional de nuestros antepasados. Las normas por las que nos regíamos no cambiaron hasta tiempos recientes.

Nuestra forma de gobierno era milenaria. Era una ley práctica para nosotros. Nos ateníamos a las normas aceptadas. Hoy en todo nuestro territorio los antropólogos y los historiadores remueven la tierra para encontrar la historia del Hemisferio Occidental. Pero no han encontrado ninguna cárcel. No han encontrado prisiones. No han encontrado manicomios. ¿Cómo vivían sin esas instituciones las diferentes naciones de pueblos que hablaban tantas lenguas distintas?

Toda la Creación sigue aún esas Normas de la Vida. El árbol, los frutos, ellos nunca fallan. Ellos nunca se equivocan al traer los frutos en su estación. Los animales nunca cometen un error. Viven tal como fueron creados. En la creación, ¿cuáles son las normas de vida del hombre?” (PHILLIP DEERE, cric-muscogui, 1977).

“Si todos hicieran algo por los demás no habría nadie necesitado en todo el mundo. Sólo hay que ayudar a alguien. Ahora no es así, pero creo que la gente va a aprender” (MARLENE RICKARD, tuscarora, 1993).

“¿Qué es un hombre? Un hombre no es nada. Sin su familia es menos importante que ese bicho que cruza el camino” (ANÓNIMO, pomo, 1944).

“No sé de dónde viene nuestro humor, pero puede existir la peor situación del mundo y puedes sentarte ahí y reír. Supongo que es porque siempre surge lo bueno de nuestro interior sin que importe cuándo o dónde” (RENNE HALLETT, seneca tonawanda, 1993).

“La primera paz, que es la más importante, es la que surge en el interior de los hombres cuando comprenden su relación, su identidad con el universo (…). Esta es la verdadera paz y las demás son sólo reflejos de ella. La segunda paz es la que existe entre dos personas, y la tercera es la que se hace entre dos naciones. Pero has de entender sobre todo que nunca puede haber paz entre las naciones si primero no se conoce la verdadera paz que, como he dicho muchas veces, está en el interior de los hombres” (ALCE NEGRO, lakota oglala, 1948).

“Una diferencia importante entre nuestra gente y la de la sociedad dominante hoy es la humildad. Entre nosotros, por muy lejos o muy arriba que lleguen, las personas saben que siguen siendo pequeñas en presencia del universo” (LINCOLN TRITT, atapasco gwichin, 1989).

"Muchos de los caminos del hombre blanco están más allá de nuestra comprensión. Detrás de cualquier cosa, siempre hay un papel. Los blancos deben pensar que el papel tiene un misterioso poder para ayudarles en el mundo. El indio no necesita de los escritos, las palabras se hunden profundamente en su corazón, donde permanecen. Nunca las olvida. Por otro lado, si el hombre blanco pierde sus papeles, está indefenso."
Four Guns - Oglala Sioux.

"Una vez en Victoria, vi una casa muy grande. Me dijeron que era un banco y que los hombres blancos colocaban su dinero allí para ser atendidos, y que lo recuperaban con intereses. Somos indios y no tenemos dicho banco; pero cuando tenemos un montón de mantas, las regalamos a los jefes y las personas, y poco a poco nos las devuelven con intereses: la humildad, la sonrisa y un canto a la Madre Tierra, eso son los intereses y nuestro corazón se siente bien, por que nos enseñaron de niños el gozo de dar lo que más deseábamos sin esperar nada a cambio. Nuestra manera de dar es nuestro banco...". Jefe Maquinna

“Desde el principio hubo tambores que marcaban el ritmo del mundo: el sonoro oleaje incesante de la playa; las cuatro estaciones sucediéndose una a otra; cuando llegan las aves, cuando se van, el oso que pasa hibernando su sueño invernal. Insondable el porqué, pero todo en el momento exacto. Observa el latido del corazón en tu muñeca, el redoble preciso del tambor de la vida: si pierde el ritmo, enfermas”
Jimalee Burton, indio Cheroqui

“La instrucción empezaba con los niños, a quienes se enseñaba a sentarse tranquilamente y a disfrutar haciéndolo. Se les enseñaba a utilizar el órgano del olfato, a mirar cuando aparentemente no había nada que ver y a escuchar atentamente cuando parecía que todo estaba en silencio. Un niño que no sabe estarse quieto es un niño poco desarrollado”
Jefe Luther Standing Bear, indio Lakota

“Antiguamente la mujer era la maestra, así que mi madre y mi abuela fueron nuestras maestras. Si hacíamos algo raro, nos decían: “Nadie hace eso”. Y caíamos en la cuenta y decíamos: “Si nadie lo hace entonces yo quiero hacerlo”. ¡Pero no resultaba! Eran muy estrictas. Recuerdo que mi abuela decía: ”No atravieses el fuego. Si lo haces te quemarás y hay otras formas de llegar al otro lado”.
Margaret Hawk, india Siux Oglala

“He estado en el confín de la tierra / He estado en el confín de las aguas / He estado en el confín del cielo / He estado en el confín de las montañas/ Y no he encontrado a nadie que no fuera mi amigo.”
Canción del joven dios guerrero, tradicional Navajo

"No creo que la medida de la civilización sea la altura de sus edificios de hormigón, sino como la población ha aprendido a relacionarse con su entorno y sus compañeros."
Gheezis Mokwa, Oso de Sol, 1929-1992, Chippewa

"El alma no tendría arcoiris, si los ojos no tuvieran lágrimas.". Proverbio Minquass

"No se puede despertar a una persona que finge estar dormida.". Proverbio Navajo

"Los pensamientos son como flechas: Una vez liberados, golpean su blanco. Guárdalos bién, o un día tú puedes ser tu propia víctima.". Proverbio Navajo.

"Hable con sus hijos mientras ellos están comiendo; lo que usted diga, se mantendrá incluso después de que se hayan ido...". Proverbio Nez Perce

"Ir adelante con valentía: Cuando usted tenga dudas, estése quieto, no se mueva, y espere. Cuando la duda ya no exista para usted, entonces siga adelante con valentía. Siempre y cuando las nieblas que lo envuelvan desaparezcan, entonces siga adelante. Siga hasta que la luz del sol penetre por entre las nieblas y las disipen. Como seguramente lo hará, puesto que su quietud lo ha hecho posible, a continuación actuará con valentía.". Águila Blanca – Ponca

"Aferrarse: / Aferrarse a lo que es bueno, / Incluso si se trata de un puñado de tierra. / Aferrarse a lo que usted cree, / Incluso si es un árbol que se sostiene por sí mismo. / Aferrarse a lo que debe hacer, / Incluso si es muy lejos de aquí. / Aferrarse a la vida, / Incluso si es más fácil dejarse ir. / Aférrate a mi mano, / Incluso si algún día he de irme lejos de ti...". Oración Indios Pueblo.

"Mostrar respeto por todos los hombres, pero no arrastrarse ante ninguno.". Proverbio Shawnee

"Como la hierba, que muestra sus caras tiernas la una a la otra, así debemos hacer, ese fué el deseo de los Abuelos del Mundo.". Alce Negro – Oglala

"Oh,Gran Espíritu! Ayúdame siempre a decir la verdad en la quietud, para escuchar con una mente abierta cuando los demás hablan, y para recordar la paz que se encuentra en el silencio...". Oración Cherokee.

"De niño, cualquier guijarro bonito tenía un valor par mí; todo árbol en crecimiento era un objeto de reverencia. ¡Ahora rindo culto con el hombre blanco ante un paisaje pintado cuyo valor se calcula en dólares!"
Ohiyesa, Charles A. Eastman 1858 – 1939, Dakota Santee

“Uno no vende la tierra por la que camina su pueblo.”
Tashuhka Witko, Caballo Loco 1849 – 1877, Lakota Oglala

“Todos los sueños son hilos que salen de la misma Red.". Proverbio Hopi.


 “Yo no sabía entonces cuántas cosas se habían acabado. Cuando ahora miro hacia atrás desde la alta colina de mi ancianidad, todavia puedo ver la carnicería hecha con las mujeres y niños que yacían amontonados o esparciados… Y puedo ver que allí, en el ensangrentado barro, murió algo que quedó enterrado por la ventisca. 
Allí murió el sueño de un pueblo. 
Era un bello sueño.”

Hehaka Sapa, Alce Negro 1863-1950, Lakota Oglala 1932. Alce Negro hace referencia a la masacre de Wounded Knee entre Lakotas y EE.UU. 135 lakotas muertos.

 "La mayoría de los americanos no saben, ni lo saben en general por el resto del mundo, que América puso a todos los indios en campos de concentración. Yo salía de uno de estos campos de concentración y no sabía que era un Holocausto lo que acabábamos de experimentar..." Red Crow.


Fotos de la masacre de Wounded Knee entre Lakotas y EE.UU.:

El jefe Big Foot yace muerto en la nieve.
 

Fuentes:
JOSEPH BRUCHAC, antología de “La sabiduría del indio americano”, José J. de Olañeta, Editor, 2001. [FD, 16/07/2006]
 http://contentdm.lib.byu.edu/cdm/search/collection/Camp/mode/all