martes, 26 de octubre de 2021

Los Orang Rimba, el murciélago y el capital: este es nuestro adat.

Curug Sembilan. ©Instagram/ba.barito
"Dado que la tierra era tan pequeña como una pista,
y el cielo era ancho como un paraguas,
nuestras costumbres y leyes "adat" que nos fueron dadas por nuestros antepasados,
en vida y muerte,
son para ser usados por todos nosotros.
El cielo es nuestro techo,
la tierra es nuestro piso,
este es nuestro "adat" en el bosque."
Versos de los Orang Batin Sembilan. Sumatra.

"Los vínculos entre la pandemia y el clima no son tan difíciles de comprender. La tala de bosques tropicales hace que tanto los patógenos, como el dióxido de carbono eliminado, vayan a otra parte, lo que provoca nuevas enfermedades y concentraciones crecientes de CO2. No se trata de cadenas causales que no se puedan explicar a las personas", explica Josep Peñuelas, experto en los impactos de los cambios globales antropogénicos en los ecosistemas.


Hace unos años, los medios anunciaron con cierto optimismo que el aumento de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera en estos últimos años ha hecho que las plantas crezcan mucho más. El planeta se ha ido reverdeciendo a lo largo de estos últimos decenios. Gracias a eso hemos tenido menos CO2 en la atmósfera porque las plantas, a su vez, han actuado como sumideros de carbono, impidiendo un mayor calentamiento del planeta. "Hasta ahora nuestro planeta ha tenido esa capacidad de autorregulación" 
El filósofo Demócrito ya aseguraba: "la naturaleza se basta así misma: por esto vence con lo menos y con lo seguro".
Pero, advierte Peñuelas, "esto tiene un límite. El crecimiento ilimitado no puede continuar. Siempre digo que hay que ponerse un póster del planeta en la habitación para darse cuenta de que los recursos son limitados."
 

Y es que los árboles necesitan otros elementos, como el potasio. Además, muchas especies no están adaptadas a los cambios de temperatura, y mucho menos a la ola de calor extrema que se vivió en Europa en 2003. A esto hay que sumarle que en algunas regiones del mundo el cambio climático se traduce en períodos de sequía y aridez: les falta agua.
 
Y también hay que añadir la deforestación, especialmente en zonas como el sur de la Amazonia, la República Democrática del Congo o Indonesia. La pérdida de su papel como sumidero de carbono supone que las regiones tropicales se vuelven neutrales en el ciclo del carbono (es decir, almacenan CO2 tanto como emiten).

¿Y qué impulsa la deforestación?
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), entre 1990 y 2020 se han perdido 178 millones de hectáreas de bosques.
Andreas Malm, en su libro "El murciélago y el capital", hace un recorrido histórico sobre este problema. Explica que hasta la década de 1990, la tala de árboles de los trópicos del sudeste asiático y latinoamérica había sido impulsada por los Estados. Y es que en 1960 y 1970, se extendieron levantamientos de campesinos que actuaban en esas selvas recónditas de países recién independizados en el sudeste asiático, así que EEUU hizo que los Gobiernos locales paralizasen el apoyo popular de esos insurgentes entregando a los pequeños propietarios las tierras que tanto ansiaban. De esta manera, no se unirían a las guerrillas. La dictadura militar de Indonesia los reubicó en las islas exteriores, y en el caso de Latinoamérica, Brasil partió en dos el Amazonas con la megautopista y envió a colonizadores a las tierras de las carreteras secundarias. Así, consiguieron dos objetivos: despejar los bosques y acabar con los levantamientos.  
 
 Pero llegó el momento en que las iniciativas para despejar los bosques vinieron de actores privados, con sus propios objetivos: la carne de res, la soja, el aceite de palma, la madera... Pero ya no eran pequeños espacios, sino plantaciones de palma aceitera de más de tres mil hectáreas en Indonesia, o miles de hectáreas de ranchos de ganado en Brasil. Malasia e Indonesia otro tanto: producen el 90% del aceite de palma de todo el mundo.

El naturalista David Attenborough recordaba en 2014 la primera vez que llegó a Sabah, en la parte malasia de la isla de Borneo: "fue hace 40 años para filmar a los murciélagos en la cueva de Gomatong, lo que nadie había hecho previamente. En esa época, teníamos que abrirnos paso en la jungla porque no había caminos" "Cuando finalmente entramos en la cueva, había este gran cúmulo de guano que tuvimos que escalar para poder observar a los murciélagos. Fue inolvidable", dijo.

"Cuando los árboles caen y los animales autóctonos mueren masacrados, los gérmenes nativos flotan como el polvo", explicaba poco antes, David Quammen en su libro "Contagio. La evolución de las pandemias". Ningún otro país como Malasia ha perdido bosques vírgenes a tanta velocidad. Y, además, se convierten en bosques fragmentados, lo que acelera la evolución de los patógenos, ya que los encierran en espacios aislados que mutan a su manera. Las empresas de deforestación acaban con esas fronteras naturales, con la biodiversidad , vacuna natural que evita que el virus acumule una capacidad de contagio suficiente.

Los focos de transmisión y los focos de deforestación están ubicados en los trópicos. Y una cuarta parte de los murciélagos del planeta viven en el sudeste asiático que, expulsados de sus hábitats, buscan cobijo y alimentos en graneros, plantaciones, cerca de los humanos. En el caso de Brasil, el murciélago vampiro se ve obligado a atacar al ganado. Y en el caso de Nigeria, la deforestación por madera y cacao crea las mejores condiciones para las larvas de mosquito, que reciben más luz solar y ven desaparecer sus depredadores. Así, la malaria causa estragos en ese país.
Los virus transportados por los murciélagos viajan más lejos y rápido y son más nocivos, pero ya a los patógenos no se les puede etiquetar con un "made in". La circulación es cada vez más rápida y abarca más suelo. Hay una "compresión espaciotemporal" que rompe con las barreras espaciales, por las tecnologías más rápidas, por el capital que aspira a acortar el tiempo para aumentar beneficios, porque el tiempo es oro.

Pero no debe serlo para el tiempo de vida de algunos. Según FAO, los pueblos indígenas de todo el mundo viven en un 22% de la tierra, pero gestionan hasta el 80% de la biodiversidad, que luchan todos los días contra la invasión de los agricultores de palma aceitera, caucho, pulpa y otras plantaciones, los madereros ilegales, los cazadores furtivos, los incendios intencionados... 
 
En los últimos 30 años, más de la mitad de los bosques de Sumatra han desaparecido. Actualmente, la mayor amenaza del bosque Harapan de 769 kilómetros cuadrados, en el centro de Sumatra, es una carretera propuesta por una compañía de carbón, PT Marga Bara Jaya (MBJ), para transportar carbón. Un tercio de la carretera de 88 kilómetros atravesaría el bosque. 
 
Los Orang Batin Sembilan (Orang Rimba o Anak Dalam) tienen su hogar ahí.
Su sistema tradicional, llamado "adat" (lo que es correcto y lo que no) les recuerda que garantizar la salud, la armonía y equilibrio de los bosques es garantizar la fortuna del grupo, de la aldea. Y es que los bosques se conocen como las "raíces" o el "tronco" del mundo (pangkol bumi halom). De hecho, el reino de los bosques (halom rimba) sigue el sistema "adat" más antiguo e importante, el de los dioses mayores, y difiere totalmente del "adat" del reino exterior de la aldea (me'uba adat), que sigue el de los antepasados y el Islam. Pero cuando alguien goza de buena salud, se dice que está "floreciendo" (bungohon) y si está enfermo, está "marchito" (layu) porque se ha "calentado" y el "huluy" o espíritu ha huido del cuerpo, liberando el aliento o fuerza vital (nyawoh, nafai). También son "calientes" e insalubres los claros o lugares abiertos en la tierra, como los causados por la deforestación, mientras que los bosques maduros (rimba godong) se denominan como "florecidos" (rimba bungahon), saludables, y son buenos lugares para vivir, dar a luz, abrir un jardín o realizar actividades rituales.
Hace tiempo ya sabían que debajo de los bosques, la tierra (tanoh) se mantiene unida por una red simbiótica de raíces de los árboles y plantas del bosque, que también se cree que son sensibles al "calor". Aseguran, y bien lo saben, que cuando los bosques se talan a gran escala, las lluvias pueden hacer que la tierra se rompa, causando inundaciones.
 
La antropóloga y educadora Butet Manurung (o Saur Marlina Manurung), autora de "La escuela de la jungla", fue profesora en Jambi. Y ella cuenta que "en el pasado, los forasteros a menudo ridiculizaban a las comunidades indígenas hasta el punto de la vergüenza y las lágrimas.(...) Ahora, si se ríen de ellos porque son ateos, responderán diciendo: “¿Qué es la religión? También creemos que hay otras energías, además de las de los humanos. El hecho de que no haya un nombre para esa religión no significa que no exista, porque no es una religión reconocida por el gobierno”.

Ngerung, una mujer Orang Rimba, explica:

"Cuando nace un bebé, se deben plantar tres árboles, uno para la placenta, uno para el bebé, uno para el nombre. Nunca se pueden cortar ni herir. Cuando caminamos por nuestro bosque, le recordamos a la gente esto".


Fuentes:

David Quammen, "Contagio. La evolución de las pandemias".
 Andreas Malm,"El murciélago y el capital: Coronavirus, cambio climático y guerra social"
https://hutanharapan.id/en/ 
 
 

martes, 14 de septiembre de 2021

El animal que somos: polvo de estrellas y microbios estrellados.

"Estuvimos, durante mucho tiempo, adormecidos en la historia de que somos humanidad, y nos alejamos de ese organismo del que formamos parte, la Tierra. Comenzamos a pensar que la Tierra es una cosa y nosotros somos otra, la humanidad. Me doy cuenta de que no hay algo más que la naturaleza. Todo es naturaleza. El cosmos es naturaleza. Todo lo que puedo pensar es la naturaleza". 

Ailton Krenak, indígena krenak. (Ideias para adiar o fim do mundo.)


"Somos todos el resultado de un solo truco genético transmitido de generación en generación a lo largo de casi 4.000 millones de años, hasta el punto que puedes coger un fragmento de instrucción genética humana y añadirlo a una célula de levadura defectuosa, y la célula de levadura lo pondrá a trabajar como si fuera suyo. En un sentido muy real, es suyo", podemos leer en "Una breve historia de casi todo", de Bill Bryson.

Los seres humanos conductualmente modernos, es decir, los Homo Sapiens Sapiens, las personas que podemos hablar y hacer arte, que tenemos la capacidad singular de simbolizar y apreciar la vida, hemos existido solo durante aproximadamente el 0,0001 por ciento de la historia de la Tierra. Según dice John McPhee en Basin and Range, para hacerte cargo de esta idea, puedes extender los brazos el máximo posible e imaginar que la extensión que abarcan es toda la historia de la Tierra. A esa escala, la distancia entre las puntas de los dedos de una mano y la muñeca de la otra es el Precámbrico. El total de la vida compleja está en una mano, "y con una sola pasada de una lima de granulado mediano podrías eliminar la historia humana".

Un gran golpe de suerte, de todas formas, porque la vida en la Tierra se extingue con mucha regularidad. El nuestro es un planeta que es muy bueno para promover la vida que simplemente quiere ser y perdurar (al margen de todo sentido que los humanos queramos concederle, planes, aspiraciones, deseos....) pero que también es buenísimo para extinguirla.


Las especies, cuanto mayor es su complejidad, más deprisa parecen extinguirse. Porque el nuestro
es un planeta verdaderamente dinámico con al menos cinco periodos de grandes extinciones, algunos brutales, y otras crisis más pequeñas. El Ordovícico (hace 440 millones de años) y el Devónico (hace 365 millones de años) liquidaron cada uno de ellos del 80 al 85% de las especies. Los episodios de extinción del Triásico (hace 210 millones de años) y del Cretácico (hace 65 millones de años) del 70 al 75% de las especies cada uno de ellos. La extinción masiva del Pérmico-Triásico o la Gran Mortandad, fue la mayor extinción ocurrida en la Tierra. En ella desaparecieron aproximadamente el 95 % de las especies marinas​ y el 70 % de las especies de vertebrados terrestres. Así, aparecieron los dinosaurios, y tras su extinción, casi todos los supervivientes fueron animales pequeños y furtivos, nocturnos, flexibles en la dieta, de sangre caliente. Los mejores seres para el mundo que quedó, un mundo a oscuras y hostil. Y así, aparecimos nosotros.

Aunque habitamos una cultura que privilegia la novedad y el crecimiento, la naturaleza es cíclica y regenerativa, y la vida en nuestro planeta siempre ha sido fluida, permutable e interdependiente. 

 "El ritmo de la noche y el día, de los cambios estacionales, del crecimiento y de la decadencia es un pulso con el que nuestras vidas deben latir en armonía (...) Y el retorno orgánico perpetuo asegura que el ciclo podrá continuar en la oscuridad del suelo, al torrente de la vida que no se interrumpe, si no es por el ser humano. Aquí está la viva expresión de la interdependencia y la unidad que dice "todas las cosas son una sola", la viva expresión del fuego inmortal y del fuego generacional; el fluir del río que nunca es el mismo y nunca cambia", narra Elyne Mitchell en "Speak to the earth".

Coge un puñado de tierra en un bosque cualquiera, y tendrás 10.000 millones de bacterias, más un millón de levaduras, unos 200.000 mohos, protozoos, y más criaturas microscópicas. En la ley cíclica del retorno, la corriente de la vida depende de todas las actividades de todos los seres vivos.

"Esta comunidad del suelo consiste en una red de vidas entrelazadas, cada una se relaciona de alguna manera con las demás. Las criaturas vivas dependen del suelo quien, a su vez, solo puede ser un elemento vital de la tierra mientras esta comunidad florezca", escribe la bióloga Rachel Carson en Primavera silenciosa.

Tu propio cuerpo está constituido por un microbioma de trillones de células y hay "10 veces más de bacterias en ti, que células humanas. Por peso, eres más humano que bacteria porque tus células son más grandes, pero por número, ni se le acercan", advierte la bióloga molecular Bonnie Bassler (Bacteria talk).

Todo ser vivo es una ampliación hecha a partir de un único código, un único plan original. "Todos los habilidosos y diminutos procesos químicos que animan las células (los esfuerzos cooperativos de los nucleótidos, la trascripción del ADN en ARN) evolucionaron sólo una vez y se han mantenido bastante bien fijados desde entonces en toda la naturaleza." "La mitad más o menos de las funciones químicas que se presentan en un plátano son fundamentalmente las mismas que las que se producen en nosotros. No hay que cesar de repetirlo: la vida es toda una. Esa es, y sospecho que será siempre, la más profunda y veraz de las afirmaciones", afirma Bill Bryson (Una breve historia de casi todo).

"Caminamos por la tierra.

La cuidamos,

como un arcoíris reposando en la cima.

Pero hay algo debajo,

bajo la tierra.

No lo sabemos.

Tú no lo sabes."

Son los versos desde la tierra de Arnhem, Australia, del aborigen Big Bill Neidjie en su libro Gagudju Man.

Todos los pueblos aborígenes e indígenas han tenido y tienen, tradicionalmente, una conciencia profunda de conexión entre todos los sistemas vivos (incluídos los que no vemos) y, por lo tanto, un parentesco humano con el resto de seres vivos. Su vida social integraba las reglas naturales. Los humanos, de naturaleza compleja, descienden de ancestros que eran una mezcla de humanos y no humanos, y partían de un destino común. Las culturas de todos los pueblos indígenas se basaron en el orden y desorden del cosmos, el capricho, equilibrio y violencia de la naturaleza, en la base para comprender y explicar el orden y desorden de los asuntos humanos.


“En las formas de conocimiento indígenas, se entiende que cada ser vivo tiene un papel particular que desempeñar. Todo ser está dotado de ciertos dones, su propia inteligencia, su propio espíritu, su propia historia. Nuestras historias nos dicen que el Creador nos las dio como instrucciones originales. La base de la educación es descubrir ese don dentro de nosotros y aprender a usarlo bien”, escribe la bióloga potawatomi Robin Wall Kimmerer, (Recolección de musgo: una historia natural y cultural de los musgos.)

En nuestra cultura, es común recurrir a lo natural como lo bueno, sobre todo cuando sentimos escrúpulos sobre nuevas tecnologías, o cuando somos reticentes sobre las licencias a los científicos para que inserten células humanas en otros animales. Eso es antinatural, pensamos, es jugar con la naturaleza. Pero si ya compartimos casi la mitad de nuestros genes con un plátano, ¿por qué no?, alegan otros. Siguiendo en la misma línea, resulta igual de natural que nosotros nos extinguiéramos. Pero de lo que hablamos aquí es de extinción como un proceso natural a largo plazo. La extinción provocada por imprudencia humana es otro asunto completamente distinto.

"Parece que diez mil años de modernidad han producido un animal que no cree ser un animal", se lamenta Melanie Challenger, investigadora sobre la historia de la humanidad y el mundo natural, en "El animal que somos". "Pensamos en otros animales como algo separado de nosotros porque no pueden escapar de su naturaleza animal. Pero, ¿qué nos hace estar tan seguros de que hemos escapado de la nuestra?", nos espeta.

Actualmente, más de la mitad de la población mundial vive en asentamientos urbanos, y sentimos que somos seres excepcionales, que existe una diferencia absoluta entre nosotros y el resto de los seres. "Cuando intentamos salvar a la persona dejando de ser animales, olvidamos que una persona y un animal son la misma cosa."

Un animal con conciencia, con cultura, sensible y poderoso, pero nuestros sueños siguen siendo sueños de animales, que pueden erizar nuestra piel instintivamente. Estamos hechos del mismo material que las estrellas, cada átomo nuestro ha pasado por varias estrellas y ha sido parte de millones de organismos en camino de convertirse en nosotros. Pero también sufrimos por los virus o por las ventosidades.

Nuestra especialidad es la cooperación, somos animales archisociables. Somos buenos explorando nuestras propias motivaciones y sentimientos y también la de los demás para interferir sobre ellos. Somos especiales, sí. Pero más que animales cooperantes, lo que tenemos es una gran versatilidad cooperativa: negociamos y competimos, como las dos caras de una misma moneda.

"Nuestras ciudades e industrias han dejado su huella en el suelo, en las células de las criaturas de los fondos marinos, en las distantes partículas de la atmósfera. El problema es que no sabemos la forma correcta de comportarnos ante la vida. Esta incertidumbre existe en parte porque no podemos decidir cómo importan otras formas de vida o incluso si lo hacen."

"Se hace cómodo pensar que somos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos (Gaia), ya que esta perspectiva se asemeja a las antiguas costumbres de pensamiento. Sin embargo la otra parte consiste en pensar en qué significa pensar en ser parte de algo mucho más pequeño que nosotros mismos (microbiomas). Nuestra identidad y el curso de nuestra vida están tan ligados a los microbios y los microbiomas como lo están de los macrobiomas (ecosistemas). Nuestra empatía por la vida debe ampliarse tanto a la presencia de grandes árboles como a la presencia de trillones de microbios dentro de nosotros", opina el pensador medioambiental australiano Glenn Albrecht (Las emociones de la Tierra).

 

"Un planeta, un experimento".

Edward O. Wilson, biólogo. (La diversidad de la vida.)

jueves, 22 de julio de 2021

Trabajos de mierda: una historia de como emplean nuestro tiempo... y el espacio.

"Gracias a todos los trabajadores y clientes de Amazon: ¡Vosotros habéis pagado todo esto!"

Exclamó Jeff Bezos después de su viaje al espacio. Dueño del yate más caro del mundo y exCEO de Amazon y director de la fundación 'Bezos Earth Fund' para salvar el planeta. 

En las redes sociales no faltaron las críticas a las condiciones laborales de los trabajadores de Amazon: tácticas antisindicales, salarios bajos, despidos aleatorios para "motivar la productividad", un trabajo frenético e inhumano y conductores de reparto sin seguro médico, obligados a orinar en botellas debido a la presión para cumplir con los plazos de la empresa.

“Realmente no crees lo de orinar en botellas, ¿verdad? Si eso fuera cierto, nadie trabajaría para nosotros", respondió la empresa al representante estadounidense Marc Pocan. Pese a ello, tuvieron que admitir que muchos son los trabajadores que trabajan para ellos en esas condiciones.
"Antes decías "no importa el trabajo mientras que me paguen", ahora es "no me importa lo que me paguen mientras tenga trabajo", explicó el sociólogo Jorge Moruno en "La fábrica del emprendedor. Trabajo y política en la empresa mundo."
 
Antes, el trabajo se concebía como la manera de hacer algo por la sociedad: el trabajador creador de valor. Hoy, la sociedad te permite el lujo de poder trabajar. El trabajo ha pasado de ser una forma que sirve para vivir, a ser un medio para servir, estando disponible constantemente. Cada vez más hay más gente que trabaja y sigue siendo pobre, ya no es un mecanismo integrador, no siempre te garantiza los medios de subsistencia. Pero, paradojicamente, sigue siendo necesario para integrarse, para ser ciudadano de derechos en esta empresa-mundo.

¿Por qué, en una época de abundancia sin precedentes, le damos mucho más
importancia al trabajo que nuestros antepasados, y seguimos tan preocupados por la escasez?
, se pregunta el antropólogo James Suzman en su libro "Trabajo. Una historia de cómo emplamos el tiempo".

Y explica como los ju/'hoansi comparaban la noción de trabajo asalariado con la pérdida del paraíso en la historia bíblica. Los ancianos rememoraban con el antropólogo cuando el territorio era libre y vivían de la caza y de la recolección. Un entorno desértico, pero que casi siempre les proporcionaba lo suficiente para comer, aún de manera arbitraria. Hasta que en 1920, llegaron los granjeros blancos y la policía nacional al Kalahari. En un entorno tan hostil, la agricultura a gran escala requería mucho trabajo, por lo que capturaron a los bosquímanos como esclavos, manteniendo como rehenes a sus hijos. No faltaban los maltratos físicos para inculcarles que el trabajo dignifica. Pero cuando en 1990 Namibia se independizó de Sudáfrica, los avances tecnológicos dependían menos del trabajo de los ju/'hoansi, así que los expulsaron de sus tierras.
 
Es una historia que recuerda a la del geógrafo
Alexander von Humboldt sobre la situación de las colonias en Nueva España (actualmente México). Se lamentaba Humboldt de que en Nueva España, no había industria de balleneros, y en cambio, en la costa Este de EEUU era una industria muy pródiga. El esperma de ballena se cotizaba muy alto en los mercados. Pero los estadounidenses tenían el problema de que para llegar al Pacífico, que era donde estaban los cachalotes, tenían que ir por el Cabo de Hornos o bien por el Cabo de Buena Esperanza. Un rodeo extremadamente largo. Pero los de Nueva España no tenían ese problema, ya que colindaba podían salir directamente a la mar en busca de estos animales. Y sin embargo, escribe Humboldt: "En esas tierras calientes", daba la impresión de que no había mucho interés por la industria ballenera. Todo el mundo vivía conformándose con tener una hamaca y una guitarra. Eran tan negados al comercio, que intercambian la hamaca por otra cosa, aunque por la noche la volvieran a necesitar. Y para mayor desgracia, se quejaba Humboldt, la tierra les provee de muchos alimentos, especialmente plátanos, de grandes cualidades nutritivas y de fácil cultivo. Parecía una vida placentera, por lo que era necesario infundirles el espíritu de sacrificio, el anhelo por el trabajo, a estos indios perezosos por naturaleza. La solución, quizás, radicaba en destruir las plataneras, y todas la existencia de condiciones más elementales para la vida de la población.
La población debía ser expropiada, lógicamente con violencia, de sus condiciones de existencia. Producir un hambre artificial, una escasez, para que surja el mercado de la fuerza de trabajo.

“Ahora sabemos que los cazadores-recolectores como los Ju / 'hoansi no vivían constantemente al borde de la inanición. Más bien, por lo general estaban bien alimentados; vivían más que la gente en la mayoría de las sociedades agrícolas; rara vez trabajaban más de quince horas a la semana; y pasaban la mayor parte de su tiempo en el descanso y el ocio", explica Suzman.    

Ya en 1966, el antropólogo Richard Borshay Lee defendió esta idea en una
conferencia, dieciocho meses después de investigar en el Kalahari. También el antropólogo Colin Turnbull, quien descubrió que los bambuti en el Congo (bosque de Ituri) disponían de una economía del "compartir" como extensión lógica de su relación con el entorno que los alimentaba, una tierra que les ofrecía sus dones. Además, su economía estaba respaldada por la confianza que tenían en la providencia de su entorno como para nunca almacenar comida o recoger más de lo que era necesario para satisfacer las necesidades inmediatas. Pero a estas arduas tareas no las llamaban "trabajo", y muchos menos existía el trabajo asalariado, empleo, acumulación, etc.  
 
El origen del término "trabajo" como la fuerza necesaria para mover un objeto a una distancia determinada, no apareció hasta 1828, cuando Coriolis describía el proceso de golpear una bola de billar. Pero las máquinas de vapor económicamente viables ya existían desde unos años antes. El término "trabajo" le permitía describir, medir y comparar con precisión las capacidades de cosas como la rueda hidraúlica, los caballos de tiro, la máquina de vapor... y los seres humanos. Además, era una palabra que transmitía sufrimiento físico, esfuerzo y tormento, perfecta para la doctrina cristiana de la pérdida del paraíso y la noción de que el trabajo remunerado bajo la disciplina de un poderoso, es el único trabajo real, el único que otorga ciudadanía, dignidad y autoestima. 
 
No en vano, la palabra «trabajo» deriva del latín tripalium, que era una
herramienta parecida a un cepo con tres puntas o pies que se usaba inicialmente para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos. También se usaba como instrumento de tortura para castigar esclavos o reos. De ahí que tripaliare significa tortura o causar dolor.

En cualquier caso, alega Suzman: si trabajo servía para describir cualquier transferencia de energía, entonces vivir, la vida en sí, ya es trabajar.

Especialmente en la especia humana. "Si la mayoría de las especies de animales han desarrollado una serie de capacidades muy especializadas que se perfeccionaron durante generaciones de selección natural, permitiéndoles explotar entornos específicos, nuestros antepasados acortaron este proceso al volverse más plásticos y versátiles. En otras palabras, se volvieron más hábiles en la adquisición de habilidades."
 
"Muchos rasgos y comportamientos animales difíciles de explicar han sido determinados por la sobreabundancia estacional de energía más que por la batalla por unos escasos recursos. En esto puede residir la clave de por qué nosotros, la especie que más energía derrocha de todas, trabajamos tanto."        
Porque energía no nos falta. A pesar de lo indefensos que están los recién nacidos de Homo sapiens, su cerebro nunca descansa. Somos glotones del mundo informívoro.

“La gran mayoría del costo energético de nuestros cráneos se dedica a procesar y organizar información. También es casi seguro que somos únicos en términos de la cantidad de trabajo de generación de calor que hacen estos órganos, que de otro modo estarían inmóviles, al generar pulsos eléctricos al reflexionar sobre la información, a menudo trivial, que recopilan nuestros sentidos. Así, cuando dormimos, soñamos; cuando estamos despiertos buscamos constantemente estimulación y compromiso; y cuando se nos priva de información sufrimos”.   

Por eso, como aseguró el antropólogo David Graeber: "Un ser humano que no puede tener un impacto significativo en el mundo, deja de existir". 
En su libro, "Trabajos de mierda. Una teoría", describió estos trabajos como "una forma de empleo que es tan completamente inútil, innecesaria o perniciosa que ni siquiera el empleado puede justificar su existencia”. Y especifica: “los trabajos de mierda suelen inducir sentimientos de desesperanza, depresión y autodesprecio. Son formas de violencia espiritual dirigidas a la esencia de lo que significa ser un ser humano”.    
"Muchísimas personas pasan toda su vida laboral efectuando tareas que, en su fuero interno, piensan que no haría falta realizar. [...] El daño moral y espiritual que produce esta situación es realmente profundo; es una cicatriz en nuestra alma colectiva, pero casi nadie habla de ello".    
 
La vida está llena de trabajo, actividades, tareas. La vida es movimiento. Y sin embargo se alienta a los trabajadores asalariados a ver su trabajo no como mantenimiento, cuidado y reproducción de la vida, ni como una manera de ayudar a otros (de hecho, cuanto más beneficie a los demás, y cuanto más valor social crea, menos probabilidades hay de que paguen por ello). Ni siquiera como creación de riqueza, sino como "abnegación, una especie de peinado secular, un sacrificio de alegría y placer que nos permite convertirnos en adultos dignos de nuestros juguetes consumistas”.  Así lo define Graeber, y añade: "hemos inventado una dialéctica sadomasoquista extraña por la cual sentimos que el dolor en el lugar de trabajo es la única justificación posible para nuestros furtivos placeres de consumo".                

"Nos hemos convertido en una civilización basada en el trabajo, ni siquiera en el "trabajo productivo", sino en el trabajo como un fin y un significado en sí mismo".
 
Fue en el Gran Desacoplamiento de los años 80. La productividad, la producción y el producto interior bruto seguían aumentando, pero el crecimiento de los salarios se estancó... excepto para los que tenían los sueldos más altos. No está claro que lo causó. Para algunos, fue la prueba clara de que la expansión tecnológica estaba canibalizando la mano de obra y concentrando la riqueza en menos manos.

"Desde al menos la Gran Depresión, hemos escuchado advertencias de que la
automatización estaba a punto de dejar sin trabajo a millones de personas. [El economista]
John Maynard Keynes en ese momento acuñó el término "desempleo tecnológico", y muchos asumieron que el desempleo masivo de la década de 1930 era sólo una señal de lo que vendrá. Y aunque esto podría hacer que parezca que tales afirmaciones siempre han sido algo alarmistas, fueron completamente precisos. De hecho, la automatización condujo a un desempleo masivo.
Simplemente hemos cerrado la brecha agregando trabajos ficticios que se inventan de manera efectiva.  
Una combinación de presión política tanto de derecha como de izquierda, un sentimiento popular profundamente arraigado de que el empleo remunerado por sí solo puede convertirlo a uno en una persona moral plena y, finalmente, un temor por parte de las clases altas, ya señalado por George Orwell en 1933, de lo que las masas trabajadoras podrían hacer si tuvieran demasiado tiempo libre en sus manos, ha asegurado que cualquiera que sea la realidad subyacente, cuando se trata de cifras oficiales de desempleo en los países ricos, la aguja nunca debe saltar demasiado lejos del rango de 3 a 8 por ciento. Pero si se eliminan los trabajos de mierda del panorama, y  ​​los trabajos reales que solo existen para apoyarlos, se podría decir que la catástrofe predicha en la década de 1930 realmente sucedió. De hecho, más del 50 al 60 por ciento de la población se ha quedado sin trabajo".     

“Catherine Lutz es una antropóloga que ha estado llevando a cabo un proyecto de estudio de bases militares estadounidenses en el exterior. Hizo la fascinante observación de que casi todas estas bases organizan programas de divulgación, en los que los soldados se aventuran a reparar las aulas de las escuelas o a realizar chequeos dentales gratuitos en pueblos y aldeas cercanas. La razón aparente de los programas era mejorar las relaciones con las comunidades locales, pero rara vez tienen mucho impacto en ese sentido; Sin embargo, incluso después de que los militares descubrieron esto, mantuvieron los programas porque tenían un impacto psicológico enorme en los soldados, muchos de los cuales se ponían eufóricos al describirlos: por ejemplo, "Por eso me uní al ejército", "De esto se trata realmente el servicio militar, no solo de defender a su país, ¡se trata de ayudar a la gente!" Descubrieron que los soldados autorizados a realizar tareas de servicio público tenían dos o tres veces más probabilidades de volver a alistarse. Recuerdo haber pensado: "Espera, ¿entonces la mayoría de estas personas realmente quieren estar en el Cuerpo de Paz?" Y lo busqué debidamente y descubrí: efectivamente, para ser aceptado en el Cuerpo de Paz, es necesario tener un título universitario. El ejército de Estados Unidos es un refugio para los altruistas frustrados".
 
Mientras, la empresa Canon en China solo permite a los empleados entrar a la oficina y reservar salas si sonríen por el "smile recognition". Da igual si se sienten o no realizados con su trabajo, lo importante es la curvatura de su boca. "Así que ahora las empresas no solo están manipulando nuestro tiempo, sino también nuestras emociones", dijo un usuario en Weibo. 

Es el corazón administrado, la comercialización del sentimiento humano. Fue la socióloga Arlie Russell Hochschild quien introdujo la noción de "trabajo emocional". La supresión de las emociones en pos de un bien laboral mayor. Aquel que "induce o suprime los sentimientos para, así, obtener un aspecto exterior que produzca el estado mental adecuado en los demás".

Keynes pensó que serían "los hacedores de dinero resueltos y enérgicos" como Jeff Bezos y Richard Branson (fundador de Virgin Galactic, que también viajó al espacio), quienes nos guiarían hacia la tierra prometida económica, viviendo en la abundacia, con mucho tiempo libre. Y tan pronto como llegáramos, "el resto de nosotros ya no tendremos obligación alguna de aplaudirles y animarles".

"En esto se equivocaba", se lamenta Suzman.

Seguimos riéndonos de sus gracias.


"Es más probable que el catalizador que provoque los cambios radicales en "las costumbres sociales y las prácticas económicas" como dijo Keynes, sea un cambio rápido del clima (...), la ira causada por las desigualdades sistemáticas (...), o quizás una pandemia viral que exponga las carencias de nuestras instituciones económicas y cultura laboral, y nos lleve a preguntarnos qué trabajos son de verdad valiosos y a cuestionarnos por qué nos conformamos con dejar que nuestros mercados recompense mucho más a quienes desempeñan cargos con frecuencia inútiles o parasitarios que a aquellos que reconocemos como esenciales", reflexiona Suzman.



Fuentes:
 "Trabajo. Una historia de cómo empleamos el tiempo". James Suzman.
"Trabajos de mierda: Una teoría. David Graeber.
"La fábrica del emprendedor. Trabajo y política en la empresa mundo." Jorge Moruno.
 https://www.aboutamazon.com/news/policy-news-views/our-recent-response-to-representative-pocan         
Humboldt y el Progreso», fragmento segregado de Mientras los dioses no cambien nada habrá cambiado (1986), de Rafael Sánchez Ferlosio.

domingo, 13 de junio de 2021

La economía del Regalo y del Wendigo: ciencia, sabiduría indígena y plantas.

Le'Ana Asher

"Nosotros troceamos la realidad que nos rodea, y la convertimos en objetos aislados. Pero la realidad no está hecha de objetos, es un flujo que varía constantemente. En esta variabilidad marcamos límites que nos permiten hablar de la realidad." Carlo Rovelli, físico teórico.


"Las sociedades capitalistas modernas, por muchos bienes de que dispongan, están sujetas a los planteamientos de la escasez. El principio que rige a los pueblos más ricos del mundo es el de la insuficiencia de los medios económicos". Marshall Sahlins, antropólogo.

 
 
La bióloga Robin Wall Kimmerer hizo grandes esfuerzos por aprender el idioma nativo americano de sus antepasados, el potawatomi (pottawat-um-ees "los que hacen o mantienen el fuego"). Como estudiosa de la naturaleza, valoraba que en algunos idiomas nativos (esas moradas de ideas o prismas a través del cual ver el mundo), el término para "plantas" se traduce como "aquellos que nos cuidan"; que en el idioma apache, la raíz léxica para tierra es la misma que para mente; o que en su propia lengua, tuvieran un término para "la fuerza que hace que los hongos se levanten de la tierra durante la noche": Puhpowee. "De hecho, aprendí que la palabra mística Puhpowee se usa no solo para los hongos, sino también para algunos otros seres que se elevan misteriosamente en la noche".  Entendió que el idioma que tuviese una palabra así, concebía perfectamente un mundo de ser, lleno de energías invisibles que animan todo.  Pero apreendiéndolo, chocaba usualmente contra los límites que le imponía su otra lengua, el inglés. El potawatomi definía incluso a las rocas, las montañas, el fuego, el agua... como seres animados, y una bahía, que para nosotros es un nombre o sustantivo, pasa a ser un verbo: ser bahía, "wiikwegamaa".
Y así escribe en su libro "Una trenza de hierba sagrada: Sabiduría indígena, conocimiento científico y la enseñanza de las plantas":

“Recuerdo las palabras de Bill Tall Bull, un anciano Cheyenne", relata Kimmerer. "Cuando era joven, le hablé con el corazón apesadumbrado, lamentándome de que no tenía un idioma nativo con el que hablarle a las plantas y los lugares que amo. "Les encanta escuchar el idioma antiguo", dijo, "es verdad". "Pero", dijo, con los dedos en los labios, "no tienes que hablar aquí". "Si lo dices aquí", dijo, dándose unas palmaditas en el pecho, "Te escucharán".   

“En la tradición occidental hay una jerarquía reconocida de seres, con, por supuesto, el ser humano en la parte superior, el pináculo de la evolución, el favorito de la Creación, y las plantas en la parte inferior. Pero en las formas nativas de conocimiento, a las personas humanas a menudo se les llama "los hermanos menores de la Creación". Decimos que los seres humanos son los que menos experiencia tienen sobre cómo vivir y, por lo tanto, más para aprender; debemos buscar orientación en nuestros maestros entre las otras especies. Su sabiduría es evidente en la forma en que viven. Nos enseñan con el ejemplo. Han estado en la tierra mucho más tiempo que nosotros y han tenido tiempo de resolver las cosas".    
      
Y cuenta sobre  la Cosecha Honorable, un código colectivo de principios y prácticas que rigen los intercambios entre las distintas formas de vida, que se podría resumirse con: tomar solo lo que se da, usarlo bien, estar agradecido por el regalo y corresponder el regalo. "Tomar solo lo que necesitas, nunca más de la mitad." "Apoya a quienes te apoyan y la tierra durará para siempre."
  “Imagínese si un urbanizador, buscando un campo abierto para un centro comercial, tuviera que pedirle permiso a la vara de oro, las alondras y las mariposas monarca por tomar su tierra natal. ¿Y si tuviera que acatar la respuesta?"    

"En los diarios de quienes se asentaron en la zona de los Grandes lagos se menciona la abundancia de arroz silvestre que cosechaban los pueblos nativos (...). Lo que más les sorprendió fue que, como escribió uno de ellos, <los salvajes dejaron de recoger mucho antes de que se acabara el arroz>. Los colonos vieron aquí una prueba de la pereza y falta de ánimo de los paganos. No concebían que las prácticas indígenas de cuidado de la tierra pudieran contribuir a la misma riqueza que habían hallado."  “Las historias de advertencia sobre las consecuencias de tomar demasiado son omnipresentes en las culturas nativas, pero es difícil recordar una sola en inglés. Quizás esto ayude a explicar por qué parecemos estar atrapados en una trampa de consumo excesivo, que es tan destructivo para nosotros como para aquellos que consumimos ".           

“Me pregunto si mucho de lo que aflige a nuestra sociedad se debe al hecho de que nos hemos dejado aislar de ese amor por la tierra y por ella".  “Los filósofos llaman a este estado de aislamiento y desconexión “soledad de la especie”, una tristeza profunda y sin nombre que surge del alejamiento del resto de la Creación, de la pérdida de la relación. A medida que nuestro dominio humano del mundo ha crecido, nos hemos vuelto más aislados, más solitarios cuando ya no podemos llamar a nuestros vecinos." "Hemos construido este aislamiento con nuestro miedo, con nuestra arrogancia y con nuestros hogares brillantemente iluminados contra la noche."
 "La tierra en ruinas fue aceptada como daño colateral del progreso".  "Recuerdo las palabras del viejo Henry Lickers: “Vinieron aquí pensando que se harían ricos trabajando en la tierra… la tierra es la que tiene el poder; mientras ellos trabajaban en la tierra, la tierra trabajaba en ellos. Enseñándoles". 
 
 
"La tierra regala gratis el poder del viento, el sol y el agua, pero en su lugar abrimos la tierra para tomar combustibles fósiles. Si hubiéramos tomado solo lo que se nos dio, si hubiéramos correspondido el regalo, no tendríamos que temer nuestra propia atmósfera hoy".  
 
"En el pensamiento occidental, la tierra privada se entiende como un "paquete de derechos", mientras que en una economía del regalo la propiedad tiene un paquete de responsabilidades.               

"Hemos permitido que el "mercado "defina lo que valoramos, para que el bien común parezca depender de estilos de vida derrochadores que enriquecen a los vendedores mientras empobrecen el alma y la tierra".   
"El crecimiento perpetuo simplemente no es compatible con la ley natural"   
“Hemos construido un artificio, el pueblo Potemkin de un ecosistema en el que perpetrar la ilusión de que las cosas que consumimos nos llueven del trineo de Papá Noel, que no han sido arrancadas de la tierra. La ilusión nos permite imaginar que las únicas opciones que tenemos son entre una marca y otra".                                


Recuerda que la nuestra es una economía basada en la escasez. No significa que haya poca cantidad de riqueza material, sino que el sistema de mercado crea escasez artificialmente al bloquear el flujo entre la fuente y el consumidor. "El grano puede pudrirse en el almacén mientras las personas hambrientas mueren de hambre porque no pueden pagarlo. El resultado es hambre para algunos y enfermedades excesivas para otros. La misma tierra que nos sostiene está siendo destruida para alimentar la injusticia. Una economía que otorga la condición de persona a las corporaciones pero se la niega a los seres más que humanos: esta es una economía de Wendigo”.  El "wendigo" (que puede derivarse de las raíces para "exceso de grasa" y "pensar solo en uno mismo"), es en la mitología algonquina, un espíritu malvado cuya avaricia ha desbordado su capacidad de autocontrol hasta el punto de la autodestrucción. "Esa mentalidad que solo piensa en el consumo se camufla bajo la noción de "calidad de vida" mientras nos corroe por dentro. Es como si nos hubieran invitado a una fiesta en la que toda la comida sirviera solo para alimentar el vacío, el agujero negro del estómago que nunca se llena. Mi auténtico miedo es que hayamos liberado a un monstruo", se lamenta la bióloga.

Al contrario, la cultura de los pueblos originarios de américa están basadas en la gratitud y la reciprocidad. La Nación Onondaga recita el Mensaje de gratitud, un río de palabras tan antiguas como las mismas personas, conocidas en el idioma Onondaga como "las Palabras que vienen antes que todas las demás". Este antiguo orden de protocolo establece la gratitud como la máxima prioridad, y se recitaba como preámbulo en toda asamblea. La gratitud se dirige directamente a quienes comparten sus dones con el mundo: la Madre Tierra, el agua, los maestros, los peces, las estrellas, los abuelos... y por cada agradecimiento, se repite "Ahora nuestras mentes son una."
"Cuando se recita la versión larga en una reunión con empresarios no indígenas o funcionarios del Gobierno,  suele ocurrir que éstos se muestran inquietos. Sobre todo, los abogados. Se les nota que están deseando que termine: dirigen la vista a cada rincón de la habitación, hacen todo lo posible por no mirar el reloj.(...) Pobrecitos, ya siento que tengamos tanto por lo que estar agradecidos."    
 


Aunque expresar gratitud parece bastante inocente, es una idea revolucionaria. En una sociedad de consumo, la satisfacción es una propuesta radical. Reconocer la abundancia en lugar de la escasez socava una economía que prospera al crear deseos insatisfechos. La gratitud cultiva una ética de plenitud, pero la economía necesita el vacío. El discurso de gratitud recuerda que ya tienes todo lo que necesitas. La gratitud no te envía de compras para encontrar satisfacción; se presenta como un regalo más que como una mercancía, subvirtiendo los cimientos de toda la economía. Esa es una buena medicina tanto para la tierra como para las personas ".  
        
“He oído decir que a veces, a cambio de los regalos de la tierra, la gratitud es suficiente. Es nuestro don exclusivamente humano expresar agradecimiento, porque tenemos la conciencia y la memoria colectiva para recordar que el mundo podría ser de otra manera, menos generoso de lo que es.
Pero creo que estamos llamados a ir más allá de las culturas de gratitud, para convertirnos una vez más en culturas de reciprocidad".   El indígena orientaba sus acciones siempre a la reciprocidad, el toma y daca con la tierra, "como si el futuro de sus hijos importara, cuidar la tierra como si nuestra vida, tanto material como espiritual, dependiera de ella. Porque así es”.
Kimmerer se pregunta si la manera que tiene la Tierra de dar y, con ello, salir ganando, fue el modelo para que el sistema económico de los pueblos originarios fuera una economía del regalo, un sistema de reciprocidad, donde igualmente, "el bienestar de uno está vinculado al bienestar de todos".
"La palabra con la que nos referimos a la ceremonia del obsequio, "minidewak", significa "ellos entregan el corazón". En el centro de esa palabra se encuentra la palabra "min". "Min" es la raíz que significa "obsequio", pero también "baya".
 

Cuenta que en potawati, si bien hay varias palabras para agradecer, no hay una palabra para "por favor". La comida está destinada a ser compartida, no se necesita cortesía adicional. Los misioneros tomaron esta ausencia como una prueba más de los modales groseros de los nativos.            

"La riqueza entre la gente tradicional se mide por tener suficiente para regalar".  "La diferencia fundamental entre el regalo y el intercambio de mercancías es que un regalo establece un vínculo afectivo entre dos personas".  

"Lewis Hyde ilustra esta disonancia en su análisis del Indian giver [el dador indio]. Esta expresión, que hoy se utiliza peyorativamente para describir al que da algo y después espera que se lo devuelvan, procede de una fascinante falta de entendimiento entre una cultura en la que prevalecía la economía de los dones y otra, la colonial, que intentaba extender el sistema de propiedad privada. Cuando los nativos les entregaron regalos a los colonos, estos entendieron que eran valiosos y que debían quedárselos. Que deshacerse de ellos era una afrenta. Sin embargo, para los pueblos indígenas el valor de un regalo se basaba en la reciprocidad y la afrenta se producía cuando estos no se ponían en circulación y volvían de nuevo a sus manos."   
"Esa es la naturaleza fundamental de los dones: se mueven y su valor aumenta con su paso".   
“En una cultura de gratitud, todo el mundo sabe que los regalos seguirán el círculo de reciprocidad y volverán a ti. Esta vez das y la próxima vez recibes. Tanto el honor de dar como la humildad de recibir son mitades necesarias de la ecuación".            


“Todos los días nos bañan con regalos, pero no están destinados a que los guardemos. Su vida está en su movimiento, la inhalación y la exhalación de nuestra respiración compartida. Nuestro trabajo y nuestra alegría es transmitir el regalo y confiar en que lo que lanzamos al universo siempre regresará”.    
“Si todo el mundo es una mercancía, cuán pobres nos volvemos. Cuando todo el mundo es un regalo en movimiento, cuán ricos nos seríamos".    
Incluso el tiempo es también algo que vuelve, cíclico. "Algunas personas dicen que el tiempo es un río en el que podemos entrar una sola vez, ya que fluye en un camino recto hacia el mar. Pero la gente de Nanabozho conoce el tiempo como un círculo. El tiempo no es un río que corre inexorablemente hacia el mar, sino el mar mismo: sus mareas que aparecen y desaparecen, la niebla que se eleva para convertirse en lluvia en un río diferente. Todas las cosas que fueron, volverán".                      

 "Una especie y una cultura que tratan al mundo natural con respeto y reciprocidad seguramente transmitirán genes a las generaciones subsiguientes con mayor frecuencia que las personas que lo destruyen. Las historias que elegimos para dar forma a nuestros comportamientos tienen consecuencias adaptativas", advierte.