viernes, 20 de noviembre de 2020

El Geontopoder: el Virus, el Desierto y el Animista.

"Toda la vida ha partido de un único organismo original. (...) el hecho de que todo se base en el ADN (o en su primo hermano, el ARN) nos dice que, en la Tierra, la vida es una. Desde luego debemos considerar a una humilde bacteria como un familiar lejano nuestro. Todo lo que vive tiene el mismo origen, y si ahora parecemos tan distintos, es porque nos hemos diversificado a través de la evolución, que lleva actuando miles de millones de años." 

Jorge Bolívar. (El huevo de dinosaurio).

"Qué maravilla que estemos escuchando un cambio potencial en nuestros discursos políticos de "Logos" al "Aliento", es decir, de la demanda de “Escúchame” a la declaración “No puedo respirar”." 

Elizabeth Povinelli (refiriéndose al cambio climático). 


Povinelli, antropóloga, hace trabajo de campo en Belyeun, en la península de Cox, en el extremo norte de Australia. En su obra de 2016, "Geontologías: un réquiem al liberalismo tardío", describió el Geontopoder como aquel poder que pretende marcar la diferencia entre lo vivo y lo inerte y regularlo para obtener beneficios. Un concepto diferente al de Biopolítica, que se trata del poder sobre la vida: la regulación de la fecundidad, la sexualidad, el manejo de las poblaciones, la higiene y la frontera entre comunidad e inmunidad. ¿Pero qué sucede con la biopolítica cuando también hay distinciones entre los vivos, y lo vital lo es únicamente para la acumulación de riqueza?


Utiliza las figuras imaginarias del Desierto, el Animista y el Virus: tres figuras que nos permiten comprender, subraya Povinelli, la idea de poder geontológico actual.

El Desierto como el peligro de la no vida que crece. Tenemos como imaginario que en un futuro, la tierra terminará por convertirse en un desierto a lo Mad Max, y las arenas que ahogan la vida. El desierto como un lugar sin vida, valles de muerte, un cielo lleno de nada más que sol que quema. Ríos secos, ciudades abandonadas por falta de lluvia, calor excesivo, las poblaciones de refugiados, cambio climático...

Algo tan pequeño como el Virus nos acerca a comprender el límite entre lo vivo y lo inerte. Como no


tienen metabolismo propio, su única forma de existir es usando las células vivas para reproducirse, y causando (o no) enfermedades al huesped. Povinelli escribe: "El virus también es el ébola y el vertedero de desechos, la infección bacteriana resistente a los medicamentos que se cuece dentro de las granjas masivas de salmón y aves de corral y la energía nuclear; la persona que se parece a "nosotros" cuando coloca una bomba. Quizás lo más espectacular es que el Virus es la popular figura cultural del zombi: la vida se convirtió en no vida y se transformó en un nuevo tipo de guerra de especies: el agresivo no-muerto en descomposición contra el último reducto de la vida."

Y el Animista, que atribuye a todos los seres, objetos y fenómenos de la naturaleza un principio vital. Todos los elementos de la naturaleza como poseedores de inteligencia, subjetividad,
comunicación... Mientras que el Desierto intensifica el drama del peligro constante de la Vida en relación con la No Vida, el Animista insiste en que la diferencia entre Vida y No Vida no es un problema porque todas las formas de existencia tienen dentro de sí una fuerza vital.

Mientras la figura del animista se asocia a la vitalidad (incluida una especie de fetichización de la vitalidad asociada a la idea del indígena), y el Desierto se asocia a lo inerte (y aún así, el capital busca extraer), la figura del Virus engloba tanto a la Vida como a la No Vida.

"La clave de la expansión masiva del capital fue el descubrimiento de una fuerza de vida en la materia muerta, o vida en los restos de la vida: a saber, en el carbón y el petróleo.(...). El capitalismo es una fundición enorme, que mete en su horno a vivos y muertos".

"Como espero que quede claro, el capitalismo tiene una relación única con el desierto, el animista y el virus en la medida en que el capitalismo ve que todas las cosas tienen el potencial de generar ganancias; es decir, nada es inherentemente inerte, todo es vital desde el punto de vista de la capitalización y cualquier cosa puede convertirse en algo más con el ángulo innovador correcto. De hecho, se puede decir que los capitalistas son los más puros de los animistas. Dicho esto, el capital industrial depende de los estados y, junto con ellos, vigila enérgicamente las separaciones entre las formas de existencia, de modo que ciertos tipos de existentes puedan ser sometidos a diferentes tipos de extracciones."

Povinelli también compara el capitalismo con el virus. Como un virus, ni está vivo ni muerto (está hecho de trabajo vivo y trabajo muerto) pero, a la vez, necesita replicarse.

"En otras palabras, al igual que el Virus que se aprovecha de la diferencia entre Vida y No Vida, pero que en última instancia no se une a ella, el Capital ve todos los modos de existencia como si fueran vitales y exige que no todos los modos de existencia sean iguales desde el punto de vista de extracción de valor."
“Debido a que la división de Vida y No Vida no define ni contiene el Virus, puede usar e ignorar esta división con el único propósito de extenderse a sí mismo", explica Povinelli.

Tanto para el capital como para el virus, les interesa marcar los límites y las diferencias entre vida y no vida (el valor se extrae de manera diferente de cada estado) pero, a la vez, tampoco importa en absoluto (la extracción de valor puede tener lugar independientemente del estado).

Povinelli exponé entonces lo que aprendió, entre los aborígenes de Belyeun, la diferencia entre apariencia y manifestación. O entre lo virtual, la imagen... y la atención.

Lo virtual, la apariencia, el devenir virtual e incensante..., frente a la atención y la escucha. Se pregunta: "¿Por qué las interrupciones son siempre algo bueno? "¿Deseamos el devenir virtual e incesante porque nos permiten escapar de algo que es peor que la muerte y la finitud, es decir, la inercia absoluta?"

Según los aborígenes, las cosas existen a través de la atención mutua, "como una forma de obligación mutuamente encarnada".

Y cuenta como Bilawag y Binbin le acompañaron a la playa cuando la marea estaba muy, muy baja. Allí, la antropóloga se topó con huesos de lo que parecían monstruos marinos. Eran fósiles de plesiosaurios. Binbin y Bilawag se alegraron del encuentro, hacía mucho que no iban a ese lugar. Le explicaron que el fósil era una manifestación de su propia pertenencia a ese lugar, aún siendo personas exiliadas.
Las aborígenes distinguían entre una apariencia (gaden) y una manifestación (guman). La apariencia es que esos fósiles eran objetos de unos seres muertos, de una era muerta. La manifestación es “cuando algo se revela como comentario sobre la orientación y obligación de los existentes y exige a esas personas que respondan activa y adecuadamente."
"Las manifestaciones son signos que necesitan atención." "Este no es un mundo inmutable, sino que es un mundo de múltiples implicaciones, modos de existencia, todas las cuales pueden cambiar para ayudar u obstaculizar cualquiera de las partes".
 El desierto, por ejemplo, sucede cuando se le retira la atención, y entonces es cuando esa tierra se manifiesta como "dándonos la espalda".

“En lugar de marcar la diferencia entre Vida y No Vida, preguntémonos ¿qué formaciones mantenemos en existencia y cuales extinguimos?”
 

Los aborígenes no son los únicos que intentan explicarnos esta ontología. El investigador Leroy Little


Bear (nativo Blackfoot) le contó al periodista Don Hill lo que respondieron los ancianos de su pueblo algonquino sobre los fósiles de dinosaurios:
“Los ancianos lo pensaron por un tiempo. La respuesta con la que regresaron fue 'tal vez se olvidaron o dejaron de hacer sus ceremonias de renovación'.” 

Esta respuesta le desconcertó de joven. Pero luego, comprendió: 

 “El paradigma nativo consta de varias claves. Una de ellas es el movimiento constante o el flujo constante." La segunda parte es que todo afecta a todo: "Es la cultura, nuestras visiones del mundo lo que pone orden en lo que aparentemente parece un flujo y está cambiando de continuo". 

"Es casi como si actuaras simplemente como un conducto, como una radio, captando estas ondas que siempre están ahí y fluyen a través de ti y ocurren al mismo tiempo. Solo depende de dónde estés sintonizado". 

“En un estado de flujo, en un estado de movimiento constante, las cosas nunca permanecen igual. Las cosas están cambiando para siempre. Si nos detenemos y pensamos en ello, vivimos en un espectro muy estrecho de condiciones ideales. Entonces, en el mundo nativo, intentamos renovar aquellas condiciones que son ideales para nuestra existencia."


Fuentes:
https://www.e-flux.com/journal/81/123372/geontologies-the-concept-and-its-territories/
https://albertaviews.ca/listening-to-stones/
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martes, 27 de octubre de 2020

Sabidurías, Ciencia y los Mercaderes de la duda

“Nada hay más dulce que ocupar los excelsos templos serenos que la ciencia de los sabios erige en las cumbres seguras, desde donde puedas bajar la mirada hasta los seres humanos, y verlos extraviarse confusos y buscar errantes el camino de la vida”. Lucrecio, "De Rerum Natura".

"Nuestro producto es la duda, ya que es el mejor medio de competir con el conjunto de hechos que existe en la mente del público general"  

"Smocking and health Proposal" Memorandum de Brown & Williamson (empresa de tabaco), 1969.

Para muchos, sembrar la duda en contra del conjunto de hechos (como que el fumar es perjudicial para la salud), funciona. Es lo que Naomi Oreskes y Erik M. Conway llaman "mercaderes de la duda". Y esto es posible porque pensamos que la ciencia trata de hechos bien definidos, de certidumbre, y si la sentimos insegura, la creemos deficiente. Este mito tiene su origen en los positivistas de finales del siglo XIX, que deseaban un conocimiento absoluto y cierto. Pero este deseo no es real. 

La ciencia nació cuando surgió la necesidad de crear nuevo conocimiento, y con ello, la necesidad de encontrar una manera de comprobar todas aquellas nuevas propuestas de aquellos estudiosos, sabios y filósofos naturales, como eran definidos antes de que se inventara la palabra "científico" en el siglo XIX. Un mecanismo para someter todos estos conocimientos nuevos a investigación, para exponerlos a un riguroso escrutinio pasando por un jurado de pares científicos, apoyados por pruebas o evidencias concisas. Serán asumidos como nuevos conocimientos únicamente si resultan ideas aceptadas por esta asociación de expertos.

Investigar, escrutinar... Somos seres científicos natos. Algo que nos diferencia del
resto de los simios es la curiosidad infantil que se fortalece y se extiende a nuestros años maduros. Nuestros antecesores, desnudos, sin caparazón ni colmillos, cuernos o garras, solo con utensilios líticos y la cooperación, superaron circunstancias desfavorables extremas, y por eso hemos sobrevivido. Hemos sido capaces de contemplar una piedra, imaginar otra figura en aquella piedra haciéndole grandes modificaciones e incluso añadiéndole otros materiales, y después compartimos dicha información con los miembros de grupo, trabajando juntos y transmitiendo las experiencias y conocimientos a través de generaciones.


Los seres humanos nunca dejamos de curiosear, de investigar. Y no lo hacemos solos. Hablamos con otras personas para tener nuevas perspectivas. Así es como la información se convierte en conocimiento, y lo que fueron innovaciones drásticas se convierten en tradiciones.
Toda nuestra cultura está basada en la acumulación de conocimiento. Somos instructores sociales natos, y llevamos en nuestros genes el aprendizaje continuo. Hay estudios que demuestran que los bebés aprenden mejor si lo hacen de una persona de carne y hueso que de una pantalla o de la grabación de una voz. 

Los simios aprenden por objetivos, los humanos por procesos. Nos fascinan las cosas sin objetivo ninguno, sin sentido, las acciones que no tienen ningún resultado ni son útiles para nuestra supervivencia, y sin embargo, las probamos y analizamos con tenacidad solo por el placer que nos da la curiosidad. Por eso tenemos una avidez increíble por el arte, por la ficción. Es como si nos preparara mentalmente para lo desconocido, para afrontar situaciones nuevas. Hasta donde se sabe el cerebro sólo es capaz de procesar señales (rasgos sexuales) pero no símbolos (la fertilidad), que es parte de nuestros modelos socioculturales. Es la capacidad metafórica para escapar de las vías lógicas y no quedarnos atascados, para analizar desde otro ángulo (incluso en el tiempo y en el espacio) situaciones hipotéticas de la realidad. Roger Bartra, un antropólogo, lo llama "exocerebro". Él opina que nuestra cultura evoluciona más rápido que la evolución, por lo que la tecnología, la ciencia, el arte, la conversación... son una suerte de muletas cognitivas para escapar de los atolladeros de nuestro cerebro. Para la revolución.
"Cambiar de respuesta es evolución. Cambiar de pregunta es revolución", escribió el físico Jorge Wagensberg, que explicaba que la ciencia consistía en representar, como en un teatro, una realidad, y aplicarle el rigor y la inclemencia del método científico. Pero la verdad es siempre provisional, "sólo se puede tener fe en la duda", decía.

La ciencia solo es viva si es insegura, porque es un proceso de

descubrimiento. Una vez que se cierra un interrogante, se pasa a otro, y así sucesivamente. Por eso, la investigación básica es imprescindible, y el tiempo coloca las piezas en su sitio.
Un microbiólogo llamado Thomas Dale Brock estudiaba las bacterias extremófilas, los microorganismos que son capaces de vivir en condiciones extremas por temperatura, acidez, radiación... En las fuentes termales del Parque Nacional Yellowstone encontró a Thermus aquaticus, un organismo que se las apaña muy bien a temperaturas de más de 65º. Cuando Brock metió sus aparatos en el barro y luego archivó los datos de esta bacteria, no tenía ni idea de cual iba a ser su final, de la importancia que iba a tener. El primer termociclador que salió por fin al mercado para la prueba de la PCR, en 1987, fue gracias a la incorporación de una enzima de Thermus aquaticus. Y es que la enzima de la bacteria que se estaba utilizando, la Escherichia coli, no aguantaba las altas temperaturas.

La duda, la curiosidad, el escepticismo, es parte de la ciencia. Los mercaderes de la duda utilizan esta característica intrínseca del método científico para dar la impresión de que no funciona, para socavar la autoridad del conocimiento científico pero haciendo caso omiso a sus protocolos, sin tener en consideración las teorías que ya están refutadas por pruebas científicas y por el consenso de los expertos. Las más de las veces, el periodismo moderno, aprovechando el filón del beneficio del instante, por la competencia feroz de la atención y el tiempo, cree que si alguien discrepa, debería otorgarle la consideración debida dándole voz. Especialmente si es alguien de renombre, con reputación. Sin indagar si sigue el protocolo científico, si superó la prueba de la revisión por pares, si realmente ese debate científico es real, si es experta en esa materia. Ni siquiera cuales son las fuentes de su respaldo financiero.

Volvamos a los orígenes de nuestra actitud mental científica innata. Levi Strauss, en su libro "El pensamiento salvaje" hace una alegoría sobre el gusto o placer del ser humano: "(...) para elaborar las técnicas, a menudo prolongadas y complejas, que permiten cultivar sin tierra, o bien sin agua, cambiar granos o raíces tóxicas en alimentos, o utilizar esta toxicidad para la caza, la guerra, el ritual, no nos quepa la menor duda de que se requirió una actitud mental verdaderamente científica, una curiosidad asidua y perpetuamente despierta, un gusto del conocimiento por el placer de conocer, pues una pequeña fracción solamente de las observaciones y de las experiencias (...) podían dar resultados prácticos e inmediatamente utilizables".

Existen lugares donde todavía mantienen un continuo interactuar con la naturaleza y una ciencia paleolítica y neolítica previa a la "ciencia moderna", esta última de tan solo 300 años. Conocimiento indígena que no se limita a un listado de objetos sin contexto en un museo, o a una clasificación taxonómica de plantas, sino también a dimensiones dinámicas, relacionales y utilitarias: ciclos climáticos, períodos de floración, recuperación de sistemas... Un proceso de acumulación en espiral de conocimiento, que se va incrementando como se incrementa la experiencia de la comunidad generación tras generación, mediante el lenguaje, principalmente por via oral.

 
Son lugares donde hay una estrecha correlación entre la riqueza de su biodiversidad, de la diversidad de lenguas y del origen y difusión agrícola y pecuaria, como explican Victor Toledo y Narciso Barrera-Bassols (La memoria biocultural). Los países situados en la franja intertropical, poseen la mayoría de las lenguas y especies endémicas. Estos países además conservan las prácticas de manejo, selección y preservación de la diversidad genética de las especies y variedades domesticadas.

"La distribución de lenguajes no está restringuida a los límites políticos, aún así, se pueden tomar como unidad de comparación. El primer grupo está conformado por Indonesia y Papua Nueva Guinea, que entre ambos alcanzan el 23% de todos los idiomas del mundo. El segundo grupo (Nigería, India, México, Camerún, Australia, Zaire y China), el 37% del total a nivel mundial. Todos ellos, el 4% de todos los países, representan el 54% de las lenguas vivas del mundo.
(...) El chino, el inglés, el español, el árabe y el hindi, son hablados por más de un millón de personas, el 95% de la población mundial."


 

"Son en las sociedades tradicionales (de caracter rural que no han sido transformados por los fenómenos de modernización agraria) donde recae la tarea de interactuar con los reservorios más ricos de diversidad biológica del planeta y quienes habitan en las áreas del mundo con alta diversidad de lenguas. Se estima que entre 5.000 y 6.000 lenguas solamente son habladas por conjuntos con un millón o menos y estos corresponden a los llamados pueblos indígenas, que representan entre el 80-90% de la diversidad de planeta (Durning, 1993)."
 
Según estos autores, existen por lo tanto dos modelos de conocer la realidad: conocimiento y sabiduría.  

"El conocimiento está basado en teorías, postulados y leyes; por lo tanto se
supone que es universal […] La sabiduría se basa en la experiencia concreta, y en las creencias compartidas por los individuos acerca del mundo circundante, y mantenida y robustecida por testimonios”

El conocimiento y la sabiduría, remarcan, no son fácilmente separables y tampoco se pueden reemplazar el uno por el otro, ambos son necesarios para la preservación de la experiencia humana.
El conocimiento se realiza de una manera impersonal e indirecta para dar sentido al mundo. Aspira a la generalidad, por lo que intenta separar o tomar distancia y se ha ido orientando por la especialización, la parcelación y la fragmentación de la realidad.  
Si acaso existe una memoria colectiva de especie, se encuentra más facilmente en el conjunto de sabidurías. Las sabidurías están enraizadas en la experiencia personal y directa con el mundo. Una experiencia cotidiana de la forma percibir la vida y de vivirla, compartida en el interior de una comunidad cultural determinada. La intuición, las emociones, los valores morales son intrínsecos a esta manera de mirar las cosas, una mirada compleja con multiplicidad de significados.

Toda cultura es una forma en que la humanidad desafía a la realidad a su manera. Los saberes locales se construyen en base a las experiencias y necesidades sociales.

El problema reside en que las estructuras naturales y sus relaciones y dinámicas ecológicas siempre son inciertas y cambiantes. Como la realidad cambia, la percepción y la organización mental sobre el mundo natural tampoco es fija ni estática, sino de múltiples significados, valores y dimensiones. Los saberes y valores tradicionales no son sistemas estáticos sino diseños innovadores, adaptables a procesos dinámicos y aspectos culturales particulares. Reorganizados en el mundo mítico y los ritos, las tradiciones. De esta manera, ofrecen también un sentido de pertenencia, de identidad.
"La verdadera significación del saber tradicional no es la de un conocimiento local, sino la de un conocimiento universal expresado localmente."

Es de conocimiento universal que la tierra esta viva. Los avances científicos
y tecnológicos han permitido en las últimas dos decadas conocer más las profundidades terrestres, enormes ecosistemas de seres microscópicos que viven sin oxígeno ni luz solar. De hecho, hay más biomasa en la superficie que en la atmósfera terrestre. El ecólogo David W. Wolfe escribe en su libro "El subsuelo": "Con cada nuevo descubrimiento subterráneo se hace más evidente que el nicho ocupado por el Homo sapiens es más frágil y mucho menos central de lo que pensábamos". Los campesinos pichatareños de México ya reconocían que la tierra no es inmutable, sino viva y dinámica, según el ritmo estacional, variabilidad climática e hidrálica, etc... Esto se refleja en la expresión "la tierra trabaja y se comporta..." La tierra puede cansarse, estar sedienta, hambrienta, enfermarse o envejecer. Pero al contrario que otros seres orgánicos, la tierra también puede rejuvencer, rehabilitarse y recuperarse.

sábado, 10 de octubre de 2020

La teoría de la evolución: o porqué tienes tantos problemas de espalda.



"Nos detuvimos en busca de monstruos debajo de la cama cuando nos dimos cuenta de que estaban dentro de nosotros".  

Charles Darwin.

 


La evolución funciona por procesos acumulativos, depende de la cantidad de mutaciones genéticas que se van produciendo a lo largo del tiempo, por supervivencia. El tiempo es un pilar fundamental para que esos procesos biológicos vayan dando sus frutos.
Y la vida en la Tierra ha tenido todo el tiempo del mundo. 

La vida en la Tierra apareció hace unos 3.900 millones de años, y los animales hace ochocientos o mil cien millones. Los Homo sapiens llevamos 200.000 años. Ni podemos concebir estas cifras.

La vista, el oído, el sistema inmunitario, las alas, las garras, todo proviene de ir sumando mejoras diminutas. Porque la evolución no es una fábrica de ensamblajes de coches a partir de piezas prefabricadas. La selección natural favorece estructuras que ya desde el principio aportan ventajas para la supervivencia, y después puede mejorarlas por un proceso progresivo, acumulativo, de adaptación. Los seres vivos complejos no pueden ser diseñados desde cero. Todos los organismos actuales tenemos en nuestras entrañas rastros de la reutilización de estructuras anteriores para nuevos fines.

Nuestra columna vertebral, por ejemplo, no está pensada para andar sobre dos pies, sino para cuatro patas.  Cuando empezamos a ser bípedos, forzamos la columna pero no pudo adaptarse a la misma velocidad que el bipedismo. Por eso tú tienes tantos problemas de espalda, como predice tu horóscopo cada cierto tiempo. Los problemas de espalda entra dentro de las enfermedades crónicas más frecuentes, especialmente a partir de cierta edad. 
Los dolores de cuello, la ciática, las hernias discales, la lumbagia... es el precio a pagar por caminar sobre dos pies, liberar las manos para manipular de manera más eficaz objetos, y elevar nuestra visión. La postura bípeda estimula la inteligencia, ya que al tener las manos libres, interactuamos con las cosas, experimentamos con el entorno, las sostenemos, las miramos, comprobamos sus cualidades, su aplicación... jugamos. Así, creamos herramientas para racionalizar el mundo. Nos adornamos, pintamos en las paredes o enterramos nuestros muertos, y damos rienda suelta al pensamiento abstracto. Y caminamos mayores distancias.
Nuestro corazón y nuestro sistema linfático también tienen que trabajar más arduamente para impulsar la sangre y los líquidos hacia arriba al estar erguidos. Es un bombeo constante vertical que causa las enfermedades cardiovasculares que padecemos, la primera causa de muerte en el mundo. 
 
También los nacimientos humanos son tan dolorosos, porque la pelvis tampoco tuvo tiempo de modificarse lo suficiente al andar sobre dos piernas. Nuestro canal de parto terminó siendo estrecho y retorcido, porque en realidad estaba evolucionado para cuadrípedos.
Nacemos siendo aún fetos y hasta que no cumplimos un año, no estamos a un nivel de desarrollo similar al resto de mamíferos. La infancia humana es mayor que la de ningún ser vivo. Pero este desarrollo externo hace que aprendamos en contacto directo con el mundo. Ya vamos jugando, observando el entorno, imitando y memorizando.

La naturaleza debe reciclar las estructuras anteriores para construirnos, mezclando piezas disponibles en la forma más efectiva que los recursos disponibles le permite. Y estas piezas, estos recursos, provienen de los antepasados, que se modifican muy lentamente y, a veces, de manera azarosa y pelín chapucera.

"La necesidad es la madre de todas las invenciones", decimos. Existe en diferentes culturas este ingenio improvisado de baja o nula tecnología, reutilizando recursos. "Jugaad" o "jugaard" es en hindi, y el nombre de un medio de transporte en el norte de la India, hecho de tablones de madera y partes viejas de otros coches, con motores diésel originalmente destinados a impulsar bombas de riego agrícolas. "Jua kali" lo llaman en Kenya, que en swahili significa "sol fiero", bajo el cual trabajan en sus diseños. ´N boer maak´n plan dicen en idioma Afrikaans (significa "un agricultor hace un plan").
Desenrascanço en Portugal. Trick 17 en Alemania, Trick 3, en Finlandia, Trick 77 en alemán suizo. Systéme D en Francia. La letra D se refiere a "débrouille": hacer, manejar.
La naturaleza evolutiva es todos estos ingenios humanos juntos, y con más tiempo y complejidad. 

Nuestros ojos, tan a la vista por el uso de las mascarillas, también son chapuceros.
"Suponer que el ojo con toda su inimitable complejidad para ajustar su centro focal a distintas distancias, para reconocer distintas cantidades de luz, y para corregir las desviaciones esféricas y cromáticas, pudiera haber sido formado por la selección natural, parece, y lo confieso francamente, absurdo en sobremanera", escribió Darwin, que estaba seguro de que algún día nos convenceríamos de lo contrario, porque existen "numerosos cambios graduales de un ojo sencillo e imperfecto a uno complejo y perfecto." Por eso, también tiene defectos, no tanto de funcionamiento sino de diseño. Las conexiones de las fibras que dan lugar al nervio óptico están en la parte externa de la retina, creando una barrera a la luz dentro del ojo. Una zona de la retina que no capta la luz. Así, es el cerebro el que rellena este hueco completando la imagen por su cuenta, según la información que obtiene del entorno.
 
Los órganos vestigiales son otra muestra del ingenio de la evolución. En la anatomía de muchos animales, descubrimos elementos que no sirven para nada, pero que siguen en el cuerpo porque son ese historial, esos recursos que provienen de nuestros antecesores y no han sido suprimidos. Por ejemplo, las ballenas tienen pelvis, aún teniendo cola, porque proviene de un ancestro que caminaba. Nosotros también tenemos huellas corporales de nuestro pasado como especies diferentes. Se han detallado hasta 86 órganos vestigiales. Esas a veces molestas muelas del juicio nos servían para triturar alimentos duros cuando éramos hervíboros. Nuestro coxis es una cola atrofiada. Nuestro tercer párpado de los ojos (ese repliegue en la esquina interna de cada ojo) nos conecta con las aves primitivas, y es posible que nos vino bien cuando nos protegía en nuestra existencia subterránea siendo mamíferos. 

No todos los órganos vestigiales son superfluos. De hecho, todos los seres vivos estamos incompletos, o todos somos seres intermedios entre nuestro antepasado y nuestro futuro desarrollo. Pero todos somos funcionales enlazadas en el proceso evolutivo, como eslabones de una cadena. También en los ADN hay mutaciones genéticas que se van almacenando pero que no se expresan.
 

El mejor ejemplo son los fetos dentro del vientre materno. En él, tenemos agallas como los peces, dedos palmeados como los patos, cola como monos y ojos a los lados como los reptiles. Las células de las gónadas (testículos) de los hombres, en un principio, aparecen cerca del pecho, como en los peces. Después, sobre los riñones en formación, como en los anfibios, como en una salamandra, por ejemplo. Luego al lado de los riñones, como en los reptiles. No es hasta el quinto mes de gestación que ya están en su lugar correcto, como en el resto de mamíferos.
Poco a poco, como si se tratara de la historia de nuestra evolución retratando a nuestros antepasados, estos genes se nos van anulando por nuevos genes adquiridos que anulan a estos genes antiguos. Otro ejemplo de reutilización de recursos, y una lección de que al fin y al cabo, no somos tan diferentes del resto de los seres vivos del planeta.  
 
De hecho, gran parte del ADN es común entre todas las especies que existen en la actualidad. Los humanos compartimos el 98,7% de nuestro ADN con el bonobo, y el 90% con el ratón de campo. Con la levadura de cerveza, un 31%. Y es que todos los organismos provenimos de un ancestro común. Somos tan diferentes porque son las proteínas las que resultan bien distintas, y son ellas las que hacen ser como somos. Y sólo son idénticas un 52% de las proteínas de los bonobos y las personas. 
Compartimos también casi el mismo número de genes que una lombriz de tierra. Nosotros 20.500 genes más o menos, la lombriz 20.300 genes. Pero la complejidad de un organismo tampoco reside en el número de genes, sino en su eficacia, en su acción química al sintetizar diferentes proteínas.

Así, nuestros genes dictan que se debe construir una gran cabeza en el feto para alojar nuestro gran cerebro, ordenando a las proteínas que sigan añadiendo tejido óseo al cráneo.
 

El cerebro, el órgano más complejo con uno de los nombres más antiguos: del indoeuropeo "ker" que significa "cabeza", y "brum", que significa "llevar". Un conjunto de proteínas, lípidos grasos y miles de millones de células cerebrales, las neuronas, que no se sustituyen en el ser humano. Y que son más numerosas que las estrellas que forman una galaxia mediana. 
El cerebro es el 2% de nuestro peso total, que consume más del 20% de nuestra energía. Si extendiéramos nuestro cerebro sobre el suelo como si fuera una alfombra, ocuparía una superficie mayor a dos metros cuadrados. La aparición de la consciencia apareció con este aumento del tamaño cerebral, y para eso tuvimos que invertir mucho consumo energético.
Por ejemplo, ahorramos energía del sistema digestivo. Destinamos menos calorías en este sistema para aumentar el cerebro. Con la carne, pudimos digerir más fácilmente que con los productos vegetales, y además pudimos absorber más nutrientes. Por eso, nuestro sistema pudo ser más corto y más simple. Y la depredación para conseguir dicha carne solo pudo darse gracias a la habilidad, a la tecnología de las herramientas, que se dio gracias a un cerebro más grande, que se dio gracias a un sistema digestivo más simple. La naturaleza evolutiva no sólo reutiliza los recursos, sino que sus procesos también se retroalimentan.
 
Nuestra especie "Homo sapiens" surgió después y gracias a estos procesos de evolución humana, hace solo unos 200.000 años, en Tanzania. Allí permanecieron, perfeccionando sus habilidades de caza, pesca y recolección, y sobre todo sus habilidades sociales y simbólicos. La expansión ocurrió hace 120.000 años, en busca de nuevos recursos.
 
Por eso, el ADN más antiguo corresponde a los hotentotes y bosquímanos. Mejor dicho, a los khoikhoi y los san, los joisán. Su ADN mostró que apenas se ha mezclado con otros grupos humanos, ni de "Homo erectus" asíatico ni neandertal. La lengua joisán, llamada !kung, es la que tiene más sonidos del mundo: 141 vocalizaciones diferentes que incluyen chasquidos, choques entre la lengua y clicks. En 2011 se comparó 504 lenguas habladas actualmente, y se demostró que la cantidad de sonidos en las lenguas humanas disminuye según nos alejamos del continente africano. El hawaiano se basta solo con 13 sonidos. El lenguaje humano nació en el este de África y allí tuvo una evolución más firme.
 
Pero ésto no significa que sea mejor o peor. La naturaleza no entiende de progreso ni de desarrollo, ni de perfección ni de pureza, sino de utilidad. Útil para poder alimentarse y reproducirse y para aprovechar nichos ecológicos. Para ser otro eslabón más en la cadena de la vida. Para sobrevivir. 
 
 
Fuentes: "El huevo de dinosaurio y otras historias científicas sobre la evolución", de Jorge Bolívar.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Memoria biocultural y Lo-TEK: la arquitectura de las comunidades originarias.

"Todos y cada uno de nosotros somos libres de decidir qué personas son primitivas y cuáles aún necesitan evolucionar". - Bruno Manser, activista ambiental.

  "(...) para elaborar las técnicas, a menudo prolongadas y complejas, que permiten cultivar sin tierra, o bien sin agua, cambiar granos o raíces tóxicas en alimentos, o todavía más, utilizar esta toxicidad para la caza, la guerra, el ritual, no nos quepa la menor duda de que se requirió una actitud mental verdaderamente científica, una curiosidad asidua y perpetuamente despierta, un gusto del conocimiento por el placer de conocer, pues una pequeña fracción solamente de las observaciones y de las experiencias (de las que es necesario suponer que estuvieron inspiradas, primero y sobre todo, por la afición al saber) podían dar resultados prácticos e inmediatamente utilizables" Levi Strauss, "El pensamiento salvaje."
 
Existen enclaves que todavía mantienen rasgos civilizatorios o no modernos en su continuo interactuar con la naturaleza, que se remonta al origen mismo de la especie humana. Según Levi-Strauss, una ciencia paleolítica y neolítica previa a la "ciencia moderna", esta última de tan solo 300 años. Conocimiento indígena que no solo se restringe a objetos y taxonomías plantas, hongos, suelos, nieves...), sino también a dimensiones dinámicas, relacionales y utilitarias (ciclos climáticos, períodos de floración, recuperación de sistemas...). Un proceso de acumulación de conocimiento en espiral, porque cada ciclo reproductivo incrementa la experiencia del productor y del grupo étnico, generación tras generación. La transmisión de este conocimiento se hace mediante el lenguaje, principalmente por via oral, no escrita.
 
Y regiones donde ocurren altas posibilidades de endemismo y riqueza tanto de biodiversidad como de lenguas. Hay una estrecha correlación que se evidencia cuando sobreponemos los mapas de distribución de la biodiversidad, de diversidad de lenguas y de origen y difusión agrícola y pecuaria, como lo han difundido Victor Toledo y Narciso Barrera-Bassols (La memoria biocultural). Los países situados en la franja intertropical, poseen la mayoría de las lenguas y especies endémicas. Estos países se ubican además en los principales centros de dispersión de plantas y animales domesticados y actualmente todavía una porción notable de sus habitantes rurales conservan las prácticas de manejo, selección y preservación de la diversidad genética de las especies y variedades domesticadas. 
 
Existen dos modelos de conocer la realidad: conocimiento y sabiduría. Según Víctor M. Toledo: "El conocimiento está basado en teorías, postulados y leyes; por lo tanto se supone que es universal […] La sabiduría se basa en la experiencia concreta, y en las creencias compartidas por los individuos acerca del mundo circundante, y mantenida y robustecida por testimonios” El conocimiento y la sabiduría no son fácilmente separables y tampoco se pueden reemplazar el uno por el otro, ambos son necesarios para la preservación de la experiencia humana. Si acaso existe una memoria colectiva de especie, se encuentra más en el conjunto de sabidurías, más aún cuando el conocimiento se ha ido orientando por la especialización, la parcelación y la fragmentación de la realidad e incluso por la mercantilización.

Toda cultura es una forma en que la humanidad desafía a la realidad a su manera. Los saberes locales se construyen en base a las experiencias sociales y necesidades locales, las estructuras naturales y sus relaciones y dinámicas ecológicas siempre inciertas y cambiantes. Por eso, es necesario para hacer frente a la incertidumbre este conocimiento sobre su comportamiento. Como la realidad cambia, la percepción y la organización mental sobre el  mundo natural no es fija ni estática, sino polisémica, multidimensional y polivalente. Los saberes tradicionales no son sistemas estáticos sino diseños innovadores, adaptables a procesos dinámicos siempre contextualizados en aspectos cultuales particulares, que ofrecen un sentido de pertenencia. 
Los valores locales encuentran su raíz en el mundo mítico y los ritos que los reorganizan. Los seres humanos y los no-humanos comparten su existencia y son parte de la naturaleza, y también la cultura. "La verdadera significación  del saber tradicional no es la de un conocimiento local, sino la de un conocimiento universal expresado localmente."
 
El libro de Julia Watson, "Lo-TEK: Design by Radical Indigenism", con un prefacio del antropólogo Wade Davis, reúne tecnologías de diseño, ingenio local, creatividad y espiritualidad.

En 20 años de viaje, esta arquitecta ha recopilado el conocimiento ecológico tradicional (TEK), sus prácticas y mitologías (del griego "mytho", que significa "historia del pueblo") para generar infraestructuras sostenibles y resistentes al clima. Conocimientos que provienen de un largo linaje desarrollando civilizaciones en ecosistemas complejos. En definitiva, tecnologías sostenibles, adaptables y resistentes que nacen de la necesidad: hambre, inundaciones, heladas, sequías, enfermedades... A pesar de que la sociedad valora y preserva los artefactos arquitectónicos de las culturas muertas, como las pirámides de Giza, al mismo tiempo, ignoran y destruyen otras aún vivas.
Además, "muchas tecnologías ecológicas contemporáneas, como los techos verdes y los humedales flotantes que han existido durante miles de años, son "redescubiertas" empaquetadas como algo nuevo" explica Watson.
 
Más de 100 ejemplos de arquitectura de comunidades originarias, de 20 países que están divididos por ecosistemas: montañas, bosques, desiertos y humedales.

El puente es de la aldea Mawlynnong, India. La gente Khasi ha usado raíces de los árboles de caucho para cultivar puentes "Jingkieng Dieng Jri" sobre los ríos, durante siglos. Así hacen frente a la humedad e inundaciones del monzón de las selvas de Meghalaya (que en sánscrito significa "sobre las nubes").

Ganvie es una ciudad en la república de Benin, en África occidental, que surge de la superficie de un lago. La extensa cuadrícula que rodea sus casas agrupadas y edificios públicos está llena de arrecifes artificiales que funcionan como criaderos de peces y corrales para la acuicultura indígena.

 

La caña qasab como materia prima para hogares, herramientas y forraje. Las casas del pueblo Ma'dan, que se llaman "mudhif", están entre el Tigris y el Eúfrates (Iraq), y aparecen ya en obras de arte sumerias de hace cinco mil años. Su construcción es comunal.

 

Los uros construyen toda una civilización con la caña de totora. Son las Islas Flotantes del lago Titicaca, Perú. Alrededor de 1600, comenzaron a usar cañas para construir aldeas flotantes en el vasto lago Titicaca. Estas islas siempre han desempeñado el papel de granjas acuícolas y humedales móviles, pero cada vez más también están filtrando el agua contaminada descargada de la ciudad de Puno.

 
Un sistema agrario de mil años, subak, son terrazas de arroz Mahagiri. En Bali, Indonesia, donde el agua se ha desviado por un complejo laberinto de túneles y canales para optimizar el riego para todos.

Luego están las Terrazas de Arroz Palayan de 2000 años de antigüedad en Filipinas que, en una gran hazaña tanto de movimiento de tierras como hidráulica, los Ifugao filtran y purifican el agua de lluvia que cae en los bosques de las montañas para convertir laderas inutilizables en tierras productivas.


Como el agua corre cuesta abajo, los jardines hundidos se crean para "atrapar" la humedad disponible a medida que el agua corre por los bordes y hacia las plantas. Así, estos jardines hundidos ayudan a conservar el agua, permitiendo que el agua penetre en el suelo y nutrir las raíces. El pueblo Zuni en Nuevo México crea "jardines de gofres" para cultivar en zona desértica.

En México también, los mayas son veteranos en la rotación de cultivos, después de haberlo practicado durante un astuto ciclo de cuatro etapas que dura más de 20 a 25 años, durante milenios. 

Y en las estribaciones del monte Kilimanjaro, Tanzania, las parcelas de alta biodiversidad que han sido cultivadas por la gente de Chagga durante siglos ahora se muestran como un ejemplo a seguir por otros países.


El yãkwa dura cuatro meses y es uno de los mayores rituales que tienen lugar en la Amazonia brasileña. Los enawene nawe construyen intricadas presas de madera (waitiwina) de un lado a otro de los afluentes del río para atrapar grandes cantidades de peces. Las construyen con troncos entrecruzados unidas por cortezas y lianas, formando un encaje de madera enlazada, en la que insertan decenas de trampas con forma de cono que atrapan los peces que nadan corriente abajo. Luego los ahuman antes de llevarlos a sus comunidades en canoa. Es un alimento imprescindible para su dieta, ya que no comen carne roja. Yãkwa mantiene la armonía del mundo y es un intercambio de comida con los espíritus (yakairiti) subterráneos, dueños de los peces y de la sal. 
Pero la construcción de represas hidroeléctricas en el río ya no permite que los peces vayan río arriba a poner sus huevos. 
En 2009, la empresa constructora de una presa llegó a comprar tres mil kilos de pescado de piscifactoría para esta comunidad.


Fuentes:
https://www.taschen.com/pages/es/catalogue/architecture/all/04698/facts.julia_watson_lotek_design_by_radical_indigenism.htm
https://commonedge.org/the-power-of-lo-tek-a-design-movement-to-rebuild-understanding-of-indigeous-philosophy-and-vernacular-architecture/

Levi Strauss, "El pensamiento salvaje."

Victor Toledo y Narciso Barrera-Bassols (La memoria biocultural)

domingo, 23 de agosto de 2020

Economía y animismo: números que hablan y piedras que matan.

"El animismo trata sobre lo que significa estar vivo en el mundo."
Tim Ingold.

"Resultaría antropomorfizante e ingenuo (casi animista) decir que la naturaleza nos está enviando una señal. Tan tonto como pensar que la silla que se rompe bajo nuestro sobrepeso nos está diciendo que debemos adelgazar. Lo que sí resulta cierto es que deberíamos tener la suficiente inteligencia para interpretar las señales, los indicadores o síntomas, que aparecen cuando las cosas van mal, cuando ponemos en riesgo nuestra propia vida.” Jorge Riechmann.


Durante la década de 1930, el antropólogos A. Irving Hallowell, estuvo trabajando con los pueblos Anishinaabe u Ojibwa, del centro-norte de Canadá. Allí entabló una profunda amistad con William Berens, jefe de los Anishinaabe del río Berens. Un hombre sabio, educado por sus antecesores y por toda una vida dedicada a observar el mundo que le rodeaba, animales, plantas... y piedras.
El antropólogo observó que en la gramática de la lengua de los Ojibwa, la palabra para "piedra" parecía estar en la categoría aplicada a los seres animados y no a los inanimados.
Confundido por esto, Hallowell le preguntó:
- "¿Están vivas todas las piedras que vemos a nuestro alrededor?".
Tras una larga reflexión, Berens respondió:
- "¡No! Pero algunas sí lo están".
Hallowell recuerda que esa respuesta le dejó una impresión duradera, aunque no sabía qué hacer con ella" escribe el también antropólogo Tim Ingold.

Y se pregunta: ¿Será que los Ojibwa dicen que las piedras están vivas como una manera simbólica de considerarlas sagradas, como nosotros consideraríamos sagrada la mesa de un altar en una ceremonia religiosa? ¿O vivas en el sentido de "vitalidad espiritual"?
El nativo Berens aseguraba que había visto a ciertas piedras moverse y hablar. Podemos descalificar sus palabras, tomándolas como una idea exótica, irracional, o como algo que simplemente lo ha imaginado o soñado y que no es parte de la experiencia real (aunque el nativo alegaría que ninguna diferencia hay. ¿Acaso las dos cosas no son algo que realmente se experimentan?)
Eso sí, ante todo, estamos convencidos de que las piedras no hacen tales cosas.

 
Pero eso es porque, si no son piedras que nos den beneficio monetario, no les prestamos atención.

Hay piedras que crean musgo, y también piedras que ruedan y caen por pendientes. Y hay "piedras que caminan" porque son arrastradas por el agua, el hielo o el fango; y piedras que regresan si las tiras desde una cima, traídas por el viento. Hay incluso piedras "trovants" o "piedras que crecen" en rumano, compuestas de arena y carbonatos. Además, todas las piedras emiten sonidos, hablan, cuando crecen, cuando se mueven, cuando se deslizan o chocan unas con otras.

Si prestáramos atención a la circulación y corrientes del mundo, podríamos ser testigos de la viveza de las cosas que fluyen y crean formas, como algunas piedras hacen, auténticas catedrales. El mundo es un continuo devenir, como lo somos nosotros por ser parte de él. No es un paisaje sobre el que posar nuestra mirada, nosotros estamos dentro del mundo y en él adoptamos un punto de vista sobre lo que nos rodea, actuando en consecuencia. Somos seres dentro de la continuidad de la vida orgánica.

No es que la vida está en las piedras, sino que las piedras están en la vida. En antropología, a esta ontología se le llama "animismo", y está al margen de ese mito que consiste en la ruptura de cultura y naturaleza. La humanidad es parte y reflejo de la complejidad y viveza del mundo.

Ingold aclara que no es que los Ojibwa vayan a tener todas las respuestas a nuestra incesante y ahora también desesperada búsqueda al problema de cómo vivir en el mundo. "La meta de la antropología, en resumen, es crear una conversación en torno a la vida humana misma, acerca del mundo." "Es importante por su potencial de educar y, a través de esta educación, transformar vidas."

Otro antropólogo, Pedro Tomé, escribió: “El antropólogo no tiene por qué afirmar que todas las culturas son buenas, pero está en la obligación de someter a todas, incluidas las propias, a la misma crítica negativa”.

Quizás sea cierto que en la nuestra, la visión dominante del mundo (ontología) está cada vez más focalizada en un tipo de economía que analiza partes cada vez mayores de la existencia como si de un mercado se tratara. Desde el suicidio (capital humano) hasta qué obras de arte son significativas ('Les Demoiselles d'Avignon', calculó David Galenson). Por eso, creemos que los mercados financieron están vivos, se mueven y hablan. Decimos que debemos cubrir las “necesidades de nuestros mercados ansiosos”, que “exigen sacrificios” y “políticas de saneamiento” financiero. Por eso, los números “hablan por sí mismos” y sentencian que a ti te apasiona 'Les Demoiselles d'Avignon'. Por eso, en EEUU, personalizan a las "corporaciones" (que forman un cuerpo), otorgándoles la práctica totalidad de derechos que tienen las personas: poseer, comprar, vender, pleitear, etc. con el fin de obtener los mayores beneficios para sus accionistas. 

Pero esto no es animismo. Somos países desarrollados, el primer mundo. No humanizamos a las corporaciones: estamos “mercantilizando” la humanidad. "Sociedad de mercado", se dice.

La economía es "oikonomía" o ‘dirección o administración de una casa’, es decir, “las formas en que cada sociedad resuelve sus problemas de sostenimiento de la vida humana” sostiene la economista Cristina Carrasco.


El virus ha realentizado las cosas. El bloqueo no es solo una respuesta política, económica o sanitaria. Desde luego, es también ecológica. El brote de coronavirus es consecuencia de la destrucción de hábitats, de la cría intensiva, de un sistema socioeconómico expansivo, una dinámica civilizatoria que reduce cada vez más el espacio ecológico de los seres

silvestres, rompiendo las barreras naturales y favoreciendo los saltos de microbios entre especies, la zoonosis. Todo ello para obtener beneficios. https://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2020/04/el-ecosistema-inmunitario-yo-albergo.html

Y también es consecuencia de cómo nos aglutinamos en ciudades, cómo viajamos... y por supuesto, consecuencia de la creciente desigualdad social. "El virus no entiende de clases sociales", es un mantra que intenta recordar la vulnerabilidad (mortalidad) humana. Pero sabemos que las clases menos acomodadas tienen más riesgo a contagiarse y enfermar, más riesgo a las consecuencias médicas de la enfermedad y a las posibles consecuencias económicas de la crisis.
El médico Javier Padilla y el epidemiólogo Pedro Gullón lo han definido de una manera muy clara: ‘crisis matrioska’, el hecho que que unas dimensiones de la crisis contienen otras. Crisis sanitaria, crisis económica, crisis ecológica, crisis de cuidados... se están relacionando en todo momento entre sí, y se debe dar respuesta a todas.

Otro mantra: "el virus somos nosotros, los seres humanos", haciendo referencia a que ha sido el excesivo impacto de nuestra especie en el ecosistema la causa de la pandemia, y a que somos una plaga ("Primatemaia disseminata", lo llama James Lovelock). Calculando los recursos que tenemos, la población y el ritmo de consumo, los números no cuadran. Pero mientras, las clases dirigentes divulgan la idea de que "ya no hay suficiente espacio en la Tierra para ellas y para el resto" y "están comprendiendo que el naufragio es inevitable; se adueñan de los botes salvavidas y le piden a la orquesta que siga tocando para disfrutar de la noche antes de que la agitación excesiva alerte a las otras clases”, advierte Bruno Latour. Así aumentan la desigualdad social. Garantizan la continuidad de la vida solo de ciertos sectores, y aceleran el sistema económico existente (desbordando aún más los límites biofísicos del planeta y los límites humanos)... expulsando a otros, aumentando la acumulación por desposesión, y la necroeconomía. Según el filósofo Achille Mbembe, aquella población superflua que al capitalismo no le vale, y que hay que gestionarla, encerrarla o eliminarla. Por lo tanto, es indispensable una redistribución radical de la riqueza, y también de los cuidados.

Porque "Nosotros somos virus".

Literalmente, holobiontes de virus y bacterias combinados a lo largo de 3.800 millones de años de coevolución, según la bióloga Lynn Margulis. El 8% del genoma humano consiste en antiguos retrovirus, y nuestro sistema inmune (el que ataca a los virus) funciona gracias a ellos. (Por eso, no rechaza a ese cuerpo tan extraño llamado feto). Un estudio de la universidad de Stanford, que presentó en julio de 2016, demostró que el 30% de las adaptaciones de nuestras proteínas, desde que los humanos nos separamos de los primates, han sido provocadas por virus. También encalábamos las murallas en nuestras ciudades, porque el óxido de calcio es antiséptico y antibacterianos y evitaba el tifus o la fiebre amarilla. Los virus y nosotros estamos en esa compleja red viva de la vida, y en la batalla por la vida.

La pandemia afecta al meollo de nuestra cultura, política y economía, y el prisma de la ecología lo traspasa. Con esta recesión económica, el medio ambiente ha mejorado. Se ha realentizado el sistema ecocida de extracción, producción, consumo y vertido.
Pero hay otro dato potente: contrariamente a lo que pensamos, esta economía productiva, cuanto más acelerada y expansiva se hace, más nociva es para la salud. ¿Cómo puede ser esto, si ya sabemos que la pobreza económica y social, y la enfermedad están íntimamente relacionadas? Si hay crisis económica, deberían empeorar los indicadores de salud de la población.
No, no es así. No al menos en Estados Unidos, Japón, Alemania, España, Finlandia y los 28 países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tomados en conjunto, y también en países de menor nivel de ingreso como Argentina, México y Corea del Sur.
José A. Tapia Granados, médico y economista, lo ha explicado en un artículo llamado así, tajantemente: "La mejora de la salud durante las crisis económicas)":

"Hay pruebas sobradas de que los periodos de expansión económica acelerada son perjudiciales para el avance de la salud."
Ciertamente, la salud ha mejorado mucho en casi todos los países del mundo en el último siglo, a la vez que el crecimiento económico hacía aumentar los niveles de ingreso per cápita (...), la alimentación suficiente (que ya se ha tornado excesiva en muchos países), la creación de infraestructuras que permitan el suministro general de agua no contaminada, la generalización de la educación primaria, y un ambiente que no sea nocivo para la salud.
[Pero] una vez alcanzado cierto nivel de ingreso, el crecimiento económico no solo NO favorece la salud, sino que comienza a perjudicarla. De hecho, para la salud las épocas de prosperidad económica son peores que las épocas de recesión."

Esto es "Debido a las condiciones de trabajo (horas extraordinarias, ritmos de trabajo), la contaminación atmosférica, el consumo de productos nocivos (tabaco, alcohol y comidas grasas), muertes en carreteras; y la disminución de actividades beneficiosas: ejercicio físico, las interacciones sociales, el sueño y, quizá, la actividad sexual."

Tapia Granados también añade un dato crucial: en las crisis económicas, los suicidios aumentan. Hay que apretarse el cinturón, sacrificarse, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, alegan. Y entonces, aparece la fragilización del derecho del trabajo, de una vivienda digna, pobreza energética, endeudamiento...


"La recesión hace mucho daño, pero la política de austeridad mata" afirman los científicos David Stuckler y Sanjay Basu tras una década de investigación, desde la Gran Depresión y el Crash del 29, hasta el estallido de la burbuja financiera en 2007: siempre que los gobiernos aplican medidas de austeridad ante una crisis sus efectos son devastadores para la salud pública.

"Malasia, la única nación que se negó a seguir las recetas del FMI, fue el país asiático que mejor superó la crisis", mejoró la salud pública nacional e invirtió en programas de estímulo y de ayudas públicas para proteger a las personas más vulnerables. Irónicamente, consiguió cumplir los objetivos económicos que le marcaba el FMI.

"Las recesiones no desencadenan automáticamente un aumento de los suicidios, el alcoholismo, los infartos debidos a estrés y otras causas principales de fallecimiento, sino la imposición de medidas de austeridad."

"El problema es que se ha conseguido implantar en la cabeza de mucha gente que el interés de los dueños de las grandes compañías y fondos de inversión es lo mismo que el interés general", explica la antropóloga, ingeniera y educadora Yayo Herrero. Un sector privilegiado cada vez más pequeño que va generando un proceso de expulsión de muchísimas más personas a los márgenes o, directamente, a la muerte. Todo para obtener los mayores beneficios en un sistema económico que ya no satisface necesidades, y es cada vez más nociva para la salud.

Al mismo tiempo, es la economía "reproductiva", la de los cuidados, la que ha aumentado considerablemente. Criar, asistir, limpiar, cocinar... Pertenecen a los llamados trabajos de la "economía informal" y son los más invisibilizados y precarizados. Aunque ahora más que nunca, se han visto esenciales, junto con otros trabajos (basureros, mecánicos, músicos...)
http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2020/03/la-pandemia-del-coronavirus-la.html

"Manos que se levantan, piernas que se mueven, dedos que señalan, pisos que se limpian, bocas que se alimentan. Nuestra economía se basa en los cuerpos. Si el cuerpo se tomara en serio como punto de partida de la economía, tendría consecuencias de gran alcance."
escribe la periodista Katrine Marçal. "Una sociedad organizada en torno a las necesidades compartidas de los cuerpos humanos sería una sociedad muy diferente de la que conocemos ahora. El hambre, el resfriado, las enfermedades, la falta de atención médica y la falta de alimentos serían preocupaciones económicas centrales. No como hoy: desafortunados subproductos del único sistema." ("¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía")


Una economía debe trabajar para el bienestar de las personas, para todas las experiencias humanas, con su espacio y su finitud y vulnerabilidad. Para una biosfera habitable como base de la vida. Es la precondición de que los seres humanos tengamos una vida que no se prolongue en el shock, en la excepcionalidad, en la liminaridad... sino una vida plena, que merezca ser vivida.

"La humanidad no está en ruinas, está en obras. 
Pertenece aún a la historia. 
Una historia con frecuencia trágica, 
siempre desigual, 
pero irremediablemente común."
Marc Augé.

 

Fuentes:

"Antropología, ¿por qué importa?". Tim Ingold.

"Dónde aterrizar, cómo orientarse en la política". Bruno Latour.
"Por qué la austeridad mata. El coste humano de las políticas de recorte." https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/austeridad-coste-humano-politicas-recorte_1_5735454.html
https://ctxt.es/es/20200302/Politica/31220/coronavirus-decrecimiento-crisis-ecologica-agroecologia-yayo-herrero.htm

https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/PDF%20Papeles/113/mejora_de_la_salud_durante_crisis_J.%20A._TAPIA.pdf

"¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía". Katrine Marçal