jueves, 22 de julio de 2021

Trabajos de mierda: una historia de como emplean nuestro tiempo... y el espacio.

"Gracias a todos los trabajadores y clientes de Amazon: ¡Vosotros habéis pagado todo esto!"

Exclamó Jeff Bezos después de su viaje al espacio. Dueño del yate más caro del mundo y exCEO de Amazon y director de la fundación 'Bezos Earth Fund' para salvar el planeta. 

En las redes sociales no faltaron las críticas a las condiciones laborales de los trabajadores de Amazon: tácticas antisindicales, salarios bajos, despidos aleatorios para "motivar la productividad", un trabajo frenético e inhumano y conductores de reparto sin seguro médico, obligados a orinar en botellas debido a la presión para cumplir con los plazos de la empresa.

“Realmente no crees lo de orinar en botellas, ¿verdad? Si eso fuera cierto, nadie trabajaría para nosotros", respondió la empresa al representante estadounidense Marc Pocan. Pese a ello, tuvieron que admitir que muchos son los trabajadores que trabajan para ellos en esas condiciones.
"Antes decías "no importa el trabajo mientras que me paguen", ahora es "no me importa lo que me paguen mientras tenga trabajo", explicó el sociólogo Jorge Moruno en "La fábrica del emprendedor. Trabajo y política en la empresa mundo."
 
Antes, el trabajo se concebía como la manera de hacer algo por la sociedad: el trabajador creador de valor. Hoy, la sociedad te permite el lujo de poder trabajar. El trabajo ha pasado de ser una forma que sirve para vivir, a ser un medio para servir, estando disponible constantemente. Cada vez más hay más gente que trabaja y sigue siendo pobre, ya no es un mecanismo integrador, no siempre te garantiza los medios de subsistencia. Pero, paradojicamente, sigue siendo necesario para integrarse, para ser ciudadano de derechos en esta empresa-mundo.

¿Por qué, en una época de abundancia sin precedentes, le damos mucho más
importancia al trabajo que nuestros antepasados, y seguimos tan preocupados por la escasez?
, se pregunta el antropólogo James Suzman en su libro "Trabajo. Una historia de cómo emplamos el tiempo".

Y explica como los ju/'hoansi comparaban la noción de trabajo asalariado con la pérdida del paraíso en la historia bíblica. Los ancianos rememoraban con el antropólogo cuando el territorio era libre y vivían de la caza y de la recolección. Un entorno desértico, pero que casi siempre les proporcionaba lo suficiente para comer, aún de manera arbitraria. Hasta que en 1920, llegaron los granjeros blancos y la policía nacional al Kalahari. En un entorno tan hostil, la agricultura a gran escala requería mucho trabajo, por lo que capturaron a los bosquímanos como esclavos, manteniendo como rehenes a sus hijos. No faltaban los maltratos físicos para inculcarles que el trabajo dignifica. Pero cuando en 1990 Namibia se independizó de Sudáfrica, los avances tecnológicos dependían menos del trabajo de los ju/'hoansi, así que los expulsaron de sus tierras.
 
Es una historia que recuerda a la del geógrafo
Alexander von Humboldt sobre la situación de las colonias en Nueva España (actualmente México). Se lamentaba Humboldt de que en Nueva España, no había industria de balleneros, y en cambio, en la costa Este de EEUU era una industria muy pródiga. El esperma de ballena se cotizaba muy alto en los mercados. Pero los estadounidenses tenían el problema de que para llegar al Pacífico, que era donde estaban los cachalotes, tenían que ir por el Cabo de Hornos o bien por el Cabo de Buena Esperanza. Un rodeo extremadamente largo. Pero los de Nueva España no tenían ese problema, ya que colindaba podían salir directamente a la mar en busca de estos animales. Y sin embargo, escribe Humboldt: "En esas tierras calientes", daba la impresión de que no había mucho interés por la industria ballenera. Todo el mundo vivía conformándose con tener una hamaca y una guitarra. Eran tan negados al comercio, que intercambian la hamaca por otra cosa, aunque por la noche la volvieran a necesitar. Y para mayor desgracia, se quejaba Humboldt, la tierra les provee de muchos alimentos, especialmente plátanos, de grandes cualidades nutritivas y de fácil cultivo. Parecía una vida placentera, por lo que era necesario infundirles el espíritu de sacrificio, el anhelo por el trabajo, a estos indios perezosos por naturaleza. La solución, quizás, radicaba en destruir las plataneras, y todas la existencia de condiciones más elementales para la vida de la población.
La población debía ser expropiada, lógicamente con violencia, de sus condiciones de existencia. Producir un hambre artificial, una escasez, para que surja el mercado de la fuerza de trabajo.

“Ahora sabemos que los cazadores-recolectores como los Ju / 'hoansi no vivían constantemente al borde de la inanición. Más bien, por lo general estaban bien alimentados; vivían más que la gente en la mayoría de las sociedades agrícolas; rara vez trabajaban más de quince horas a la semana; y pasaban la mayor parte de su tiempo en el descanso y el ocio", explica Suzman.    

Ya en 1966, el antropólogo Richard Borshay Lee defendió esta idea en una
conferencia, dieciocho meses después de investigar en el Kalahari. También el antropólogo Colin Turnbull, quien descubrió que los bambuti en el Congo (bosque de Ituri) disponían de una economía del "compartir" como extensión lógica de su relación con el entorno que los alimentaba, una tierra que les ofrecía sus dones. Además, su economía estaba respaldada por la confianza que tenían en la providencia de su entorno como para nunca almacenar comida o recoger más de lo que era necesario para satisfacer las necesidades inmediatas. Pero a estas arduas tareas no las llamaban "trabajo", y muchos menos existía el trabajo asalariado, empleo, acumulación, etc.  
 
El origen del término "trabajo" como la fuerza necesaria para mover un objeto a una distancia determinada, no apareció hasta 1828, cuando Coriolis describía el proceso de golpear una bola de billar. Pero las máquinas de vapor económicamente viables ya existían desde unos años antes. El término "trabajo" le permitía describir, medir y comparar con precisión las capacidades de cosas como la rueda hidraúlica, los caballos de tiro, la máquina de vapor... y los seres humanos. Además, era una palabra que transmitía sufrimiento físico, esfuerzo y tormento, perfecta para la doctrina cristiana de la pérdida del paraíso y la noción de que el trabajo remunerado bajo la disciplina de un poderoso, es el único trabajo real, el único que otorga ciudadanía, dignidad y autoestima. 
 
No en vano, la palabra «trabajo» deriva del latín tripalium, que era una
herramienta parecida a un cepo con tres puntas o pies que se usaba inicialmente para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos. También se usaba como instrumento de tortura para castigar esclavos o reos. De ahí que tripaliare significa tortura o causar dolor.

En cualquier caso, alega Suzman: si trabajo servía para describir cualquier transferencia de energía, entonces vivir, la vida en sí, ya es trabajar.

Especialmente en la especia humana. "Si la mayoría de las especies de animales han desarrollado una serie de capacidades muy especializadas que se perfeccionaron durante generaciones de selección natural, permitiéndoles explotar entornos específicos, nuestros antepasados acortaron este proceso al volverse más plásticos y versátiles. En otras palabras, se volvieron más hábiles en la adquisición de habilidades."
 
"Muchos rasgos y comportamientos animales difíciles de explicar han sido determinados por la sobreabundancia estacional de energía más que por la batalla por unos escasos recursos. En esto puede residir la clave de por qué nosotros, la especie que más energía derrocha de todas, trabajamos tanto."        
Porque energía no nos falta. A pesar de lo indefensos que están los recién nacidos de Homo sapiens, su cerebro nunca descansa. Somos glotones del mundo informívoro.

“La gran mayoría del costo energético de nuestros cráneos se dedica a procesar y organizar información. También es casi seguro que somos únicos en términos de la cantidad de trabajo de generación de calor que hacen estos órganos, que de otro modo estarían inmóviles, al generar pulsos eléctricos al reflexionar sobre la información, a menudo trivial, que recopilan nuestros sentidos. Así, cuando dormimos, soñamos; cuando estamos despiertos buscamos constantemente estimulación y compromiso; y cuando se nos priva de información sufrimos”.   

Por eso, como aseguró el antropólogo David Graeber: "Un ser humano que no puede tener un impacto significativo en el mundo, deja de existir". 
En su libro, "Trabajos de mierda. Una teoría", describió estos trabajos como "una forma de empleo que es tan completamente inútil, innecesaria o perniciosa que ni siquiera el empleado puede justificar su existencia”. Y especifica: “los trabajos de mierda suelen inducir sentimientos de desesperanza, depresión y autodesprecio. Son formas de violencia espiritual dirigidas a la esencia de lo que significa ser un ser humano”.    
"Muchísimas personas pasan toda su vida laboral efectuando tareas que, en su fuero interno, piensan que no haría falta realizar. [...] El daño moral y espiritual que produce esta situación es realmente profundo; es una cicatriz en nuestra alma colectiva, pero casi nadie habla de ello".    
 
La vida está llena de trabajo, actividades, tareas. La vida es movimiento. Y sin embargo se alienta a los trabajadores asalariados a ver su trabajo no como mantenimiento, cuidado y reproducción de la vida, ni como una manera de ayudar a otros (de hecho, cuanto más beneficie a los demás, y cuanto más valor social crea, menos probabilidades hay de que paguen por ello). Ni siquiera como creación de riqueza, sino como "abnegación, una especie de peinado secular, un sacrificio de alegría y placer que nos permite convertirnos en adultos dignos de nuestros juguetes consumistas”.  Así lo define Graeber, y añade: "hemos inventado una dialéctica sadomasoquista extraña por la cual sentimos que el dolor en el lugar de trabajo es la única justificación posible para nuestros furtivos placeres de consumo".                

"Nos hemos convertido en una civilización basada en el trabajo, ni siquiera en el "trabajo productivo", sino en el trabajo como un fin y un significado en sí mismo".
 
Fue en el Gran Desacoplamiento de los años 80. La productividad, la producción y el producto interior bruto seguían aumentando, pero el crecimiento de los salarios se estancó... excepto para los que tenían los sueldos más altos. No está claro que lo causó. Para algunos, fue la prueba clara de que la expansión tecnológica estaba canibalizando la mano de obra y concentrando la riqueza en menos manos.

"Desde al menos la Gran Depresión, hemos escuchado advertencias de que la
automatización estaba a punto de dejar sin trabajo a millones de personas. [El economista]
John Maynard Keynes en ese momento acuñó el término "desempleo tecnológico", y muchos asumieron que el desempleo masivo de la década de 1930 era sólo una señal de lo que vendrá. Y aunque esto podría hacer que parezca que tales afirmaciones siempre han sido algo alarmistas, fueron completamente precisos. De hecho, la automatización condujo a un desempleo masivo.
Simplemente hemos cerrado la brecha agregando trabajos ficticios que se inventan de manera efectiva.  
Una combinación de presión política tanto de derecha como de izquierda, un sentimiento popular profundamente arraigado de que el empleo remunerado por sí solo puede convertirlo a uno en una persona moral plena y, finalmente, un temor por parte de las clases altas, ya señalado por George Orwell en 1933, de lo que las masas trabajadoras podrían hacer si tuvieran demasiado tiempo libre en sus manos, ha asegurado que cualquiera que sea la realidad subyacente, cuando se trata de cifras oficiales de desempleo en los países ricos, la aguja nunca debe saltar demasiado lejos del rango de 3 a 8 por ciento. Pero si se eliminan los trabajos de mierda del panorama, y  ​​los trabajos reales que solo existen para apoyarlos, se podría decir que la catástrofe predicha en la década de 1930 realmente sucedió. De hecho, más del 50 al 60 por ciento de la población se ha quedado sin trabajo".     

“Catherine Lutz es una antropóloga que ha estado llevando a cabo un proyecto de estudio de bases militares estadounidenses en el exterior. Hizo la fascinante observación de que casi todas estas bases organizan programas de divulgación, en los que los soldados se aventuran a reparar las aulas de las escuelas o a realizar chequeos dentales gratuitos en pueblos y aldeas cercanas. La razón aparente de los programas era mejorar las relaciones con las comunidades locales, pero rara vez tienen mucho impacto en ese sentido; Sin embargo, incluso después de que los militares descubrieron esto, mantuvieron los programas porque tenían un impacto psicológico enorme en los soldados, muchos de los cuales se ponían eufóricos al describirlos: por ejemplo, "Por eso me uní al ejército", "De esto se trata realmente el servicio militar, no solo de defender a su país, ¡se trata de ayudar a la gente!" Descubrieron que los soldados autorizados a realizar tareas de servicio público tenían dos o tres veces más probabilidades de volver a alistarse. Recuerdo haber pensado: "Espera, ¿entonces la mayoría de estas personas realmente quieren estar en el Cuerpo de Paz?" Y lo busqué debidamente y descubrí: efectivamente, para ser aceptado en el Cuerpo de Paz, es necesario tener un título universitario. El ejército de Estados Unidos es un refugio para los altruistas frustrados".
 
Mientras, la empresa Canon en China solo permite a los empleados entrar a la oficina y reservar salas si sonríen por el "smile recognition". Da igual si se sienten o no realizados con su trabajo, lo importante es la curvatura de su boca. "Así que ahora las empresas no solo están manipulando nuestro tiempo, sino también nuestras emociones", dijo un usuario en Weibo. 

Es el corazón administrado, la comercialización del sentimiento humano. Fue la socióloga Arlie Russell Hochschild quien introdujo la noción de "trabajo emocional". La supresión de las emociones en pos de un bien laboral mayor. Aquel que "induce o suprime los sentimientos para, así, obtener un aspecto exterior que produzca el estado mental adecuado en los demás".

Keynes pensó que serían "los hacedores de dinero resueltos y enérgicos" como Jeff Bezos y Richard Branson (fundador de Virgin Galactic, que también viajó al espacio), quienes nos guiarían hacia la tierra prometida económica, viviendo en la abundacia, con mucho tiempo libre. Y tan pronto como llegáramos, "el resto de nosotros ya no tendremos obligación alguna de aplaudirles y animarles".

"En esto se equivocaba", se lamenta Suzman.

Seguimos riéndonos de sus gracias.


"Es más probable que el catalizador que provoque los cambios radicales en "las costumbres sociales y las prácticas económicas" como dijo Keynes, sea un cambio rápido del clima (...), la ira causada por las desigualdades sistemáticas (...), o quizás una pandemia viral que exponga las carencias de nuestras instituciones económicas y cultura laboral, y nos lleve a preguntarnos qué trabajos son de verdad valiosos y a cuestionarnos por qué nos conformamos con dejar que nuestros mercados recompense mucho más a quienes desempeñan cargos con frecuencia inútiles o parasitarios que a aquellos que reconocemos como esenciales", reflexiona Suzman.



Fuentes:
 "Trabajo. Una historia de cómo empleamos el tiempo". James Suzman.
"Trabajos de mierda: Una teoría. David Graeber.
"La fábrica del emprendedor. Trabajo y política en la empresa mundo." Jorge Moruno.
 https://www.aboutamazon.com/news/policy-news-views/our-recent-response-to-representative-pocan         
Humboldt y el Progreso», fragmento segregado de Mientras los dioses no cambien nada habrá cambiado (1986), de Rafael Sánchez Ferlosio.

domingo, 13 de junio de 2021

La economía del Regalo y del Wendigo: ciencia, sabiduría indígena y plantas.

Le'Ana Asher

"Nosotros troceamos la realidad que nos rodea, y la convertimos en objetos aislados. Pero la realidad no está hecha de objetos, es un flujo que varía constantemente. En esta variabilidad marcamos límites que nos permiten hablar de la realidad." Carlo Rovelli, físico teórico.


"Las sociedades capitalistas modernas, por muchos bienes de que dispongan, están sujetas a los planteamientos de la escasez. El principio que rige a los pueblos más ricos del mundo es el de la insuficiencia de los medios económicos". Marshall Sahlins, antropólogo.

 
 
La bióloga Robin Wall Kimmerer hizo grandes esfuerzos por aprender el idioma nativo americano de sus antepasados, el potawatomi (pottawat-um-ees "los que hacen o mantienen el fuego"). Como estudiosa de la naturaleza, valoraba que en algunos idiomas nativos (esas moradas de ideas o prismas a través del cual ver el mundo), el término para "plantas" se traduce como "aquellos que nos cuidan"; que en el idioma apache, la raíz léxica para tierra es la misma que para mente; o que en su propia lengua, tuvieran un término para "la fuerza que hace que los hongos se levanten de la tierra durante la noche": Puhpowee. "De hecho, aprendí que la palabra mística Puhpowee se usa no solo para los hongos, sino también para algunos otros seres que se elevan misteriosamente en la noche".  Entendió que el idioma que tuviese una palabra así, concebía perfectamente un mundo de ser, lleno de energías invisibles que animan todo.  Pero apreendiéndolo, chocaba usualmente contra los límites que le imponía su otra lengua, el inglés. El potawatomi definía incluso a las rocas, las montañas, el fuego, el agua... como seres animados, y una bahía, que para nosotros es un nombre o sustantivo, pasa a ser un verbo: ser bahía, "wiikwegamaa".
Y así escribe en su libro "Una trenza de hierba sagrada: Sabiduría indígena, conocimiento científico y la enseñanza de las plantas":

“Recuerdo las palabras de Bill Tall Bull, un anciano Cheyenne", relata Kimmerer. "Cuando era joven, le hablé con el corazón apesadumbrado, lamentándome de que no tenía un idioma nativo con el que hablarle a las plantas y los lugares que amo. "Les encanta escuchar el idioma antiguo", dijo, "es verdad". "Pero", dijo, con los dedos en los labios, "no tienes que hablar aquí". "Si lo dices aquí", dijo, dándose unas palmaditas en el pecho, "Te escucharán".   

“En la tradición occidental hay una jerarquía reconocida de seres, con, por supuesto, el ser humano en la parte superior, el pináculo de la evolución, el favorito de la Creación, y las plantas en la parte inferior. Pero en las formas nativas de conocimiento, a las personas humanas a menudo se les llama "los hermanos menores de la Creación". Decimos que los seres humanos son los que menos experiencia tienen sobre cómo vivir y, por lo tanto, más para aprender; debemos buscar orientación en nuestros maestros entre las otras especies. Su sabiduría es evidente en la forma en que viven. Nos enseñan con el ejemplo. Han estado en la tierra mucho más tiempo que nosotros y han tenido tiempo de resolver las cosas".    
      
Y cuenta sobre  la Cosecha Honorable, un código colectivo de principios y prácticas que rigen los intercambios entre las distintas formas de vida, que se podría resumirse con: tomar solo lo que se da, usarlo bien, estar agradecido por el regalo y corresponder el regalo. "Tomar solo lo que necesitas, nunca más de la mitad." "Apoya a quienes te apoyan y la tierra durará para siempre."
  “Imagínese si un urbanizador, buscando un campo abierto para un centro comercial, tuviera que pedirle permiso a la vara de oro, las alondras y las mariposas monarca por tomar su tierra natal. ¿Y si tuviera que acatar la respuesta?"    

"En los diarios de quienes se asentaron en la zona de los Grandes lagos se menciona la abundancia de arroz silvestre que cosechaban los pueblos nativos (...). Lo que más les sorprendió fue que, como escribió uno de ellos, <los salvajes dejaron de recoger mucho antes de que se acabara el arroz>. Los colonos vieron aquí una prueba de la pereza y falta de ánimo de los paganos. No concebían que las prácticas indígenas de cuidado de la tierra pudieran contribuir a la misma riqueza que habían hallado."  “Las historias de advertencia sobre las consecuencias de tomar demasiado son omnipresentes en las culturas nativas, pero es difícil recordar una sola en inglés. Quizás esto ayude a explicar por qué parecemos estar atrapados en una trampa de consumo excesivo, que es tan destructivo para nosotros como para aquellos que consumimos ".           

“Me pregunto si mucho de lo que aflige a nuestra sociedad se debe al hecho de que nos hemos dejado aislar de ese amor por la tierra y por ella".  “Los filósofos llaman a este estado de aislamiento y desconexión “soledad de la especie”, una tristeza profunda y sin nombre que surge del alejamiento del resto de la Creación, de la pérdida de la relación. A medida que nuestro dominio humano del mundo ha crecido, nos hemos vuelto más aislados, más solitarios cuando ya no podemos llamar a nuestros vecinos." "Hemos construido este aislamiento con nuestro miedo, con nuestra arrogancia y con nuestros hogares brillantemente iluminados contra la noche."
 "La tierra en ruinas fue aceptada como daño colateral del progreso".  "Recuerdo las palabras del viejo Henry Lickers: “Vinieron aquí pensando que se harían ricos trabajando en la tierra… la tierra es la que tiene el poder; mientras ellos trabajaban en la tierra, la tierra trabajaba en ellos. Enseñándoles". 
 
 
"La tierra regala gratis el poder del viento, el sol y el agua, pero en su lugar abrimos la tierra para tomar combustibles fósiles. Si hubiéramos tomado solo lo que se nos dio, si hubiéramos correspondido el regalo, no tendríamos que temer nuestra propia atmósfera hoy".  
 
"En el pensamiento occidental, la tierra privada se entiende como un "paquete de derechos", mientras que en una economía del regalo la propiedad tiene un paquete de responsabilidades.               

"Hemos permitido que el "mercado "defina lo que valoramos, para que el bien común parezca depender de estilos de vida derrochadores que enriquecen a los vendedores mientras empobrecen el alma y la tierra".   
"El crecimiento perpetuo simplemente no es compatible con la ley natural"   
“Hemos construido un artificio, el pueblo Potemkin de un ecosistema en el que perpetrar la ilusión de que las cosas que consumimos nos llueven del trineo de Papá Noel, que no han sido arrancadas de la tierra. La ilusión nos permite imaginar que las únicas opciones que tenemos son entre una marca y otra".                                


Recuerda que la nuestra es una economía basada en la escasez. No significa que haya poca cantidad de riqueza material, sino que el sistema de mercado crea escasez artificialmente al bloquear el flujo entre la fuente y el consumidor. "El grano puede pudrirse en el almacén mientras las personas hambrientas mueren de hambre porque no pueden pagarlo. El resultado es hambre para algunos y enfermedades excesivas para otros. La misma tierra que nos sostiene está siendo destruida para alimentar la injusticia. Una economía que otorga la condición de persona a las corporaciones pero se la niega a los seres más que humanos: esta es una economía de Wendigo”.  El "wendigo" (que puede derivarse de las raíces para "exceso de grasa" y "pensar solo en uno mismo"), es en la mitología algonquina, un espíritu malvado cuya avaricia ha desbordado su capacidad de autocontrol hasta el punto de la autodestrucción. "Esa mentalidad que solo piensa en el consumo se camufla bajo la noción de "calidad de vida" mientras nos corroe por dentro. Es como si nos hubieran invitado a una fiesta en la que toda la comida sirviera solo para alimentar el vacío, el agujero negro del estómago que nunca se llena. Mi auténtico miedo es que hayamos liberado a un monstruo", se lamenta la bióloga.

Al contrario, la cultura de los pueblos originarios de américa están basadas en la gratitud y la reciprocidad. La Nación Onondaga recita el Mensaje de gratitud, un río de palabras tan antiguas como las mismas personas, conocidas en el idioma Onondaga como "las Palabras que vienen antes que todas las demás". Este antiguo orden de protocolo establece la gratitud como la máxima prioridad, y se recitaba como preámbulo en toda asamblea. La gratitud se dirige directamente a quienes comparten sus dones con el mundo: la Madre Tierra, el agua, los maestros, los peces, las estrellas, los abuelos... y por cada agradecimiento, se repite "Ahora nuestras mentes son una."
"Cuando se recita la versión larga en una reunión con empresarios no indígenas o funcionarios del Gobierno,  suele ocurrir que éstos se muestran inquietos. Sobre todo, los abogados. Se les nota que están deseando que termine: dirigen la vista a cada rincón de la habitación, hacen todo lo posible por no mirar el reloj.(...) Pobrecitos, ya siento que tengamos tanto por lo que estar agradecidos."    
 


Aunque expresar gratitud parece bastante inocente, es una idea revolucionaria. En una sociedad de consumo, la satisfacción es una propuesta radical. Reconocer la abundancia en lugar de la escasez socava una economía que prospera al crear deseos insatisfechos. La gratitud cultiva una ética de plenitud, pero la economía necesita el vacío. El discurso de gratitud recuerda que ya tienes todo lo que necesitas. La gratitud no te envía de compras para encontrar satisfacción; se presenta como un regalo más que como una mercancía, subvirtiendo los cimientos de toda la economía. Esa es una buena medicina tanto para la tierra como para las personas ".  
        
“He oído decir que a veces, a cambio de los regalos de la tierra, la gratitud es suficiente. Es nuestro don exclusivamente humano expresar agradecimiento, porque tenemos la conciencia y la memoria colectiva para recordar que el mundo podría ser de otra manera, menos generoso de lo que es.
Pero creo que estamos llamados a ir más allá de las culturas de gratitud, para convertirnos una vez más en culturas de reciprocidad".   El indígena orientaba sus acciones siempre a la reciprocidad, el toma y daca con la tierra, "como si el futuro de sus hijos importara, cuidar la tierra como si nuestra vida, tanto material como espiritual, dependiera de ella. Porque así es”.
Kimmerer se pregunta si la manera que tiene la Tierra de dar y, con ello, salir ganando, fue el modelo para que el sistema económico de los pueblos originarios fuera una economía del regalo, un sistema de reciprocidad, donde igualmente, "el bienestar de uno está vinculado al bienestar de todos".
"La palabra con la que nos referimos a la ceremonia del obsequio, "minidewak", significa "ellos entregan el corazón". En el centro de esa palabra se encuentra la palabra "min". "Min" es la raíz que significa "obsequio", pero también "baya".
 

Cuenta que en potawati, si bien hay varias palabras para agradecer, no hay una palabra para "por favor". La comida está destinada a ser compartida, no se necesita cortesía adicional. Los misioneros tomaron esta ausencia como una prueba más de los modales groseros de los nativos.            

"La riqueza entre la gente tradicional se mide por tener suficiente para regalar".  "La diferencia fundamental entre el regalo y el intercambio de mercancías es que un regalo establece un vínculo afectivo entre dos personas".  

"Lewis Hyde ilustra esta disonancia en su análisis del Indian giver [el dador indio]. Esta expresión, que hoy se utiliza peyorativamente para describir al que da algo y después espera que se lo devuelvan, procede de una fascinante falta de entendimiento entre una cultura en la que prevalecía la economía de los dones y otra, la colonial, que intentaba extender el sistema de propiedad privada. Cuando los nativos les entregaron regalos a los colonos, estos entendieron que eran valiosos y que debían quedárselos. Que deshacerse de ellos era una afrenta. Sin embargo, para los pueblos indígenas el valor de un regalo se basaba en la reciprocidad y la afrenta se producía cuando estos no se ponían en circulación y volvían de nuevo a sus manos."   
"Esa es la naturaleza fundamental de los dones: se mueven y su valor aumenta con su paso".   
“En una cultura de gratitud, todo el mundo sabe que los regalos seguirán el círculo de reciprocidad y volverán a ti. Esta vez das y la próxima vez recibes. Tanto el honor de dar como la humildad de recibir son mitades necesarias de la ecuación".            


“Todos los días nos bañan con regalos, pero no están destinados a que los guardemos. Su vida está en su movimiento, la inhalación y la exhalación de nuestra respiración compartida. Nuestro trabajo y nuestra alegría es transmitir el regalo y confiar en que lo que lanzamos al universo siempre regresará”.    
“Si todo el mundo es una mercancía, cuán pobres nos volvemos. Cuando todo el mundo es un regalo en movimiento, cuán ricos nos seríamos".    
Incluso el tiempo es también algo que vuelve, cíclico. "Algunas personas dicen que el tiempo es un río en el que podemos entrar una sola vez, ya que fluye en un camino recto hacia el mar. Pero la gente de Nanabozho conoce el tiempo como un círculo. El tiempo no es un río que corre inexorablemente hacia el mar, sino el mar mismo: sus mareas que aparecen y desaparecen, la niebla que se eleva para convertirse en lluvia en un río diferente. Todas las cosas que fueron, volverán".                      

 "Una especie y una cultura que tratan al mundo natural con respeto y reciprocidad seguramente transmitirán genes a las generaciones subsiguientes con mayor frecuencia que las personas que lo destruyen. Las historias que elegimos para dar forma a nuestros comportamientos tienen consecuencias adaptativas", advierte.               

miércoles, 19 de mayo de 2021

El Chamán de Papúa, Elon Musk, Marte y el Aceite de palma.

"Para la gran mayoría de mis interlocutores, el éxito del ritual confirmaron los rumores generalizados de que las empresas extranjeras en realidad son poderosas y letales hechiceras. Y dada la capacidad de las corporaciones para transformar los entornos naturales y las sociedades humanas en todo el mundo, es una perspectiva que vale la pena considerar."

Sophie Chao, antropóloga. 

Escuchamos Papúa y a nuestro imaginario acude el misterioso y temible chamán con sus tocados de plumas de ave del paraíso y sus faldas de paja, invocando a la lluvia, viajando en trance a las estrellas y hablando con los ancestros. Pero los rituales y poderes sobrenaturales de las corporaciones son mucho mayores.

Para las comunidades indígenas que viven en Papua Occidental, Indonesia, hacerse humano (anim), la humanidad, implica la convivencia corporal con personas humanas y no humanas, geológicas y meteorológicas. Los monocultivos del aceite de palma en Merauke también afecta profundamente su humanidad, su mundo y sus relaciones, pero no son relaciones deseadas, beneficiosas o recíprocas: bosques incendiados y cursos de los ríos desviados, cientos de peces flotando, pesticidas, lodo... Y por si esto fuera poco, una sequía extrema.
La antropóloga Sophie Chao, que estuvo haciendo allí trabajo de campo, cuenta que entre 2013 y 2018, la gente Marind-Anim se reunía todas las mañanas al amanecer para recitar encantamientos con la esperanza de convocar a la lluvia. Sin éxito.


"En diciembre de 2015, representantes de una empresa de palma aceitera de
Indonesia visitaron la aldea y se ofrecieron a realizar un ritual para hacer llover. La mayoría de los aldeanos asumieron que la propuesta era una artimaña. Esta corporación había instado repetidamente a los aldeanos a ceder sus tierras para un proyecto de palma aceitera, y los empresarios estaban cada vez más desesperados por comenzar el desarrollo o arriesgarse a perder su permiso.

Muchos miembros de la comunidad dijeron que la ceremonia sería falsa y, por lo tanto, condenada al fracaso."

"A medida que se desarrollaba la ceremonia, Pius, un anciano conocido por su extenso conocimiento del mito y el ritual Marind, de repente me agarró del hombro. Señaló con asombro el horizonte, donde se estaban acumulando densos racimos de nubes oscuras. Los truenos reverberaron entre los rituales de los tambores y los cánticos y pisadas de los bailarines. En el apogeo de la danza de la lluvia final, las nubes estallaron sobre el pueblo, liberando una fuerte caída de lluvia que duró más de dos semanas."

"Algunos sugirieron que la compañía había verificado el pronóstico y cronometrado el evento para que coincidiera con las precipitaciones previstas. Otros sospechaban que sus compañeros de la aldea divulgaban hechizos tradicionales a la empresa a cambio de dinero y alcohol. Algunos decían que era casualidad o suerte.
Para la gran mayoría de mis interlocutores, sin embargo, el éxito del ritual confirmaron los rumores generalizados de que las empresas extranjeras en realidad son poderosas y letales hechiceras. Y dada la capacidad de las corporaciones para transformar los entornos naturales y las sociedades humanas en todo el mundo, es una perspectiva que vale la pena considerar."


Los hechiceros o brujos, para estas comunidades, son los que se confabulan con las fuerzas del mal que acechan en los bosques para promover sus intereses personales y ganancias materiales. "Gerónimo, un joven Marind, habló de las corporaciones que drenan la carne y los fluidos de los Marind y sus parientes vegetales y animales, transformando bosques diversos en plantaciones homogéneas y desviando cursos de agua para riego", y además, se replican de manera peligrosa en diversas zonas. "Como dijo Serafina, madre de cuatro hijos de Merauke: La brujería es como la palma de aceite. No sabemos de dónde viene ni cómo evitar que se propague. En ambos casos, no podemos escapar de la destrucción y el sufrimiento"

Quizás haya que tomarse realmente en serio la idea de que el capitalismo moderno es una especie de magia. Es una fuerza poderosa que puede sembrar conflictos entre comunidades, alterar profundamente los paisajes e incluso provocar lluvias, huracanes y sequías a través del calentamiento global. Pero el problema también radica en el mensaje que continuamente envían estas corporaciones a los habitantes. Ellos sí pueden lograr que la lluvia venga. La comunidad, sin embargo, no lo lograba durante todos aquellos años. Sus rituales eran fallidos, y su sentimiento de impotencia ante tales poderes crecía de manera desorbitante. Además, a esto hay que añadir que el gobierno de Indonesia niega a los ciudadanos de Papúa Occidental su derecho a la autodeterminación política y cultural, donde los colonos ahora representan más del 60% de la población.
El resultado fue que los Marind decidieron abolir los rituales por miedo a que las corporaciones los manipularan, y muchos decidieron además, entregarles sus tierras.

La cooptación también se llevó a cabo a través de otras costumbres (adat), a
través del sentimiento de la deuda, la importancia de la reciprocidad y el intercambio. Fueron plenamente conocedores de que en estas culturas, si alguien te da un regalo no puedes rechazarlo y debes corresponder.

En varias aldeas de Papúa, las corporaciones han celebrado ceremonias de sacrificio de cerdos y rituales de curación exitosas, regalaron 4x4 y organizaron grandes banquetes, esperando que los aldeanos correspondieran cediendo sus tierras. "Los rituales, como han demostrado los antropólogos, pueden desempeñar un papel fundamental para afirmar y mantener el orden social y proporcionar alivio psicosocial a sus participantes. Pero los rituales que tienen éxito en las "manos equivocadas" pueden ser profundamente problemáticos."

En Boven Digoel, además de la ceremonia de sacrificios de cerdos, repartieron montones de dinero en efectivo entregando sobres a cada clan con una gran cantidad de dinero. De forma bastante arbitraria y usando el término "tali asih" para describir el pago. Los habitantes no sabían si ese dinero era una muestra de buena voluntad, un regalo, o existía una expectativa de retorno. "El "pintu uang ketuk", literalmente significa el dinero que traes cuando llamas a la puerta, por lo que sugiere una invitación a una relación social. Pero en su mayor parte, las personas se vieron en una situación en la que sentían que debían corresponder. La única forma que sabían, lo único que parecía interesar a las empresas, era la tierra." explica la antropóloga.

"Por supuesto, existe el escenario predominante de acosar a las personas con alcohol, llevarlas a la ciudad, prostituirse, etc. Hubo varios casos en los que los hombres de las aldeas donde trabajaba habían bebido alcohol y se habían acostado con prostitutas. Y todo había sido filmado, y luego estas imágenes se utilizaron como chantaje. Existen esos tipos de estrategias más inmediatas."

"Según tengo entendido, la tierra puede revertirse a los propietarios originales una vez que expire el HGU [permiso de plantación de 35 años], pero solo mientras sigan practicando su estilo de vida habitual, practicando el hukum adat, o la tenencia de la tierra consuetudinaria. Primitivismo forzado controlado. Pero tampoco hay forma de que estas personas sigan practicando los derechos consuetudinarios de tenencia y subsistencia de la tierra si su tierra se ha convertido en monocultivos."

"Es el relieve del bosque, los marcadores naturales particulares (los árboles, las arboledas de sagú) que en realidad actúan como marcadores de los límites terrestres entre los territorios de los clanes. Entonces, si el bosque se ha ido, significa que en realidad no hay más puntos de referencia para identificar a quién pertenece la tierra en estos paisajes arrasados. Ahora es bastante complejo tratar de identificar qué tierra pertenece a quién."

"Entonces, una vez que expira la HGU, la posibilidad de que vuelva a las comunidades es muy, muy baja. Hay una paradoja inherente en esa demanda de las comunidades para sostener de alguna manera una forma de vida tradicional en medio de estos paisajes tecnocapitalistas. Por lo tanto, es muy poco probable que la tierra una vez cedida regrese a ellos."
 


También hay corporaciones que van más allá, y las tierras de este planeta no les son suficientes. Planean expediciones a Marte. En diciembre de 2020, el gobierno indonesio ofreció a Elon Musk (aunque hay algunos medios locales que lo niegan) la isla papú de Biak, hogar de unos 100.000 habitantes, como un posible lugar de lanzamiento para la expedición con destino a SpaceX Marte. Musk planea lanzar 12.000 satélites para 2026 para proporcionar Internet de alta velocidad a bajo precio a través del servicio de Internet Starlink. La isla se encuentra dentro de una región rica en recursos naturales que incluyen cobre y níquel. Estos metales son esenciales para la producción de cohetes y baterías de largo alcance para vehículos eléctricos como Tesla (otra empresa de Elon Musk). Biak también se encuentra un grado al sur del ecuador, lo que significa que se necesitará menos combustible para que una nave espacial alcance la órbita. Pero sus habitantes dependen de la pesca, la caza y la horticultura para su subsistencia diaria, por lo que la tierra y el medio ambiente representan una parte integral de la riqueza de sus culturas locales.

La antropóloga escribe que los diferentes clanes comparten ascendencia con diferentes plantas, especies y lugares con el paisaje, y son responsables de su salud y bienestar. El medio ambiente también es una fuente de conocimientos tradicionales, historias transmitidas entre generaciones, mitologías sagradas y sistemas de creencias animistas. Dañar el medio ambiente, entonces, también significa dañar el sentido de identidad cultural, pertenencia y orgullo de los habitantes locales.

"Como me informó un habitante de Biak: “Si el proyecto sigue adelante, la gente solo conocerá a Biak por sus cohetes y sus sueños espaciales. La gente no conocerá a Biak por su gente y su sufrimiento. La gente seguirá ignorando los sueños de justicia y libertad de los pueblos de Papúa ”." Chao cuenta además que "hace poco más de una década, más de un centenar de civiles en Biak fueron torturados, violados, asesinados y arrojados al mar por las fuerzas militares y de seguridad de Indonesia después de intentar izar la bandera de la Estrella de la Mañana de Papúa Occidental, un delito punible con hasta 15 años de cárcel bajo la ley de Indonesia. La justicia sigue sin cumplirse para las víctimas de un hecho que ha sido descrito por organizaciones de derechos humanos como una de las peores masacres en la historia de Indonesia posterior a Suharto, pero del que el gobierno niega su responsabilidad."

Elon Musk dijo: “Quieres despertarte por la mañana y pensar que el futuro será grandioso, y de eso se trata ser una civilización espacial. Se trata de creer en el futuro y pensar que el futuro será mejor que el pasado. Y no puedo pensar en nada más emocionante que salir y estar entre las estrellas".

"Como explicó el anciano de la tribu, “Nuestra forma de vida puede ser simple, pero ha existido desde tiempos inmemoriales. Cazamos, recolectamos y pescamos. Valoramos y protegemos la tierra y el bosque. Para mí, esto  es sostenibilidad. No en el espacio. No en Marte. Aquí mismo, en tierra de Papúa (tanah Papua)".
 
Fuentes:
 
 
https://www.sapiens.org/culture/marind-rainmaking-ritual/
https://www.trtworld.com/opinion/elon-musk-s-spacex-project-could-put-papuan-lands-and-futures-at-risk-46702
https://news.mongabay.com/2019/03/how-land-grabbers-co-opt-indigenous-ritual-traditions-in-papua-qa-with-anthropologist-sophie-chao/
https://i6wh37lfpjth3imu4ytrweuefm-ac4c6men2g7xr2a-anthroencyclopedia.translate.goog/entry/ontological-turn

martes, 20 de abril de 2021

Un paraíso en el infierno: las comunidades del desastre.

"Es el paraíso de estar a la altura de las circunstancias, el paraíso que demuestra que, habitualmente, la mayoría no lo estamos, que perdemos pie y se nos escapa esa posibilidad y nos hundimos en el yo menoscabado, en sociedades sombrías. Muchos han dejado de aspirar a una sociedad mejor. Sin embargo, son capaces de reconocerla cuando la tienen delante. Otros la reconocen, la aprovechan, se sirven de ella, y de los pecios y escombros nacen cambios políticos y sociales duraderos, tanto positivos como negativos. En el infierno está la puerta a los paraísos posibles de nuestro tiempo." 

Rebecca Solnit, "Un paraíso en el infierno".

 

Ellen Meyers, fundadora de la Teachers Network, estaba saliendo del metro en Canal Street cuando vio cómo se estrellaba el primer avión. Fue una de las primeras personas en dirigirse al sur cuando miles de personas corrían hacia el norte, pues su madre, de ochenta años, vivía allí. Al encontrarse con un viejo amigo, Jim, decidieron continuar juntos. Encontraron a la madre y se metieron en el cuarto de las lavadoras con cincuenta personas más al escuchar el derrumbamiento de la segunda torre. 

Meyers se acuerda que la madre dijo: "Puede que ahora tengamos vistas al río".
No pude contener la risa. Y entonces Jim dice: "No llevo veinte años con VIH para morirme ahora", y ya no pude parar. Él se reía también. Estábamos riéndonos histéricamente y lo único que podía pensar era: "No hay otras dos personas en el mundo con las que preferiera estar ahora mismo". Todos sobrevivieron, y en cuanto llegaron al puerto, regresaron para echar una mano a los demás.

Es uno de los muchos testimonios que relata Rebecca Solnit en su libro "Un paraíso en el infierno. Las extraordinarias comunidades que surgen en el desastre", donde explora el terremoto de 1906 en San Francisco, la explosión de 1917 que destruyó Halifax, el terremoto de la Ciudad de México de 1985, el 11-S en Nueva York y el huracán Katrina en Nueva Orleans. 
Y sobre la actual pandemia de Covid, donde señala que lo primero que nos enseñan los desastres es que todo está conectado, y que todos ellos son cursos intensivos de identificación de conexiones. Resultan siempre un momento de crisis, o lo que los antropólogos llamamos liminaridad: espacios intermedios fuera del tiempo ordinario, y por ello transformadores. El antropólogo Victor Turner afirma que es en estos espacios donde se da la "communitas", los lazos que se crean cuando todo el resto de sistemas y estructuras se resquebrajan, se vuelve inexistentes o irrelevantes. (Durkheim llamó a los rituales colectivos que surgen en este momento "efervescencia colectiva"). Solnit lo representa mediante una metáfora muy visual: el deshielo, "cuando las banquisas de hielo se resquebrajan, el agua fluye entre ellas y los barcos pueden atravesar lugares que en invierno les habían estado vedados". El hielo sería el Statu Quo, "algo que siempre nos pareció estable y que, según nos dicen desde arriba, no puede alterarse". Hasta que lo hace, contrariando a las élites, las que se benefician del mismo Status Quo, que en el caso de los desastres, están más preocupadas de mantenerlo o restablecerlo, de proteger las propiedades y sus negocios lucrativos, que de proteger la vida de nadie. Al principio de la pandemia, fueron las que nos afirmaban que lo idóneo era volver al trabajo para salvaguardar el mercado bursátil, sin prestar atención a las insuficientes condiciones laborales que se daban en estos espacios para no enfermar. Los desastres también son, no hay que olvidarlo, una oportunidad de renovación para el capitalismo, que genera mercados para reemplazar aquello que se ha destruido y ganar más terreno.

Es lo que los sociólogos al desastre llaman "pánico de las élites", a partir de la creencia errónea de que la gente corriente se comportará de manera reprobable y causará el caos que estropeará más las cosas. Las élites (fuerzas armadas, clases altas, el Gobierno) tienden a pensar que si ellas no tienen el control, la situación se descontrola, por lo que tienden a tomar medidas represivas, que se convierten en desastres secundarios. Por ejemplo, cuando hay órdenes de "entrar a disparar" en casos de "saqueos". Cuando hablan de los saqueos o pillajes, son los mecanismos que ponemos en práctica para sobrevivir y cuidar de los demás en situaciones de urgencia, cuando la economía comercial ha dejado de funcionar. Lo que ocurrió tras el terremoto de San Francisco en 1906 fue lo mismo que lo que ocurrió noventa y nueve años después, tras el huracán Katrina. Militares, policías o patrullas urbanas que disparaban a las mismas víctimas de la catástrofe en nombre de la propiedad y de su propia autoridad y legitimidad y la de la de los magnates. En Nueva Orleans, tras el huracán Katrina, la histeria sobre los saqueos creció hasta el punto de que dos días y medio después del desastre, el alcalde y la gobernadora pidieron a las tropas dedicadas a las labores de emergencia que abandonaran las tareas de rescate y se centraran en los pillajes. Mientras, la televisión nacional grababa a los agentes de Policía entrando en Walmart y confiscando vehículos de un concesionaro Cadillac. Algunos periodista advirtieron de que si una fotografía mostraba a personas afroamericanas requisando bienes esenciales, se hablaba de "saqueos", mientras que si eran blancos, estaban "reuniendo provisiones". Surgieron grupos de mercenarios blancos, dispuestos a disparar a los, en su opinión totalmente sesgada, saqueadores.
 
La socióloga especializada en desastres Kathleen Tierney, afirmó en una conferencia en 2006: "Lo que las élites temen es la perturbación del orden social los desafíos a su legitimidad" (...) Miedo al desorden social; miedo a los pobres, a las minorías sociales y a los inmigrantes; obsesión con los saqueos y los delitos contra la propiedad, disposición a recurrir a la fuerza letal, y toma de decisiones a partir de meros rumores." "Los medios de comunicación hacen hincapié en el desorden y en la necesidad de un control social más estricto, lo que refleja y refuerza el discurso político que reclama una mayor participación el Ejército en la gestión del desastre."
 
Cuando el hielo se resquebraja, surgen nuevos caminos. "Al término de una
tormenta, el aire queda limpio de las partículas de materia que enturbiaban la vista. Es entonces cuando alcanzamos a ver más lejos y con mayor claridad"
, escribe Solnit. Tal vez conozcamos la libertad, no la que ondean los conservadores para afianzar y acrecentar su beneficio personal sin límites, sino la libertad para buscar alternativas al status quo, personal y político. "Creo que la oleada neoliberal de nuestra época comenzó por privatizarnos las emociones, arrebatándonos lazos sociales y la noción de un destino común", escribe Solnit. 
 
La pandemia nos está dando argumentos a favor de la asistencia sanitaria universal, de la buena organización de los productos y servicios de los que dependemos. De la contribución al bien común. 
Y también saca a la luz las carencias organizativas, administrativas y morales de Gobiernos enteros, y la perturbación y el cuestionamiento se dan constantemente. La burocracia es incapaz de hacer frente a las necesidades más urgentes, pues no tiene la capacidad de improvisar bien y rápidamente como los ciudadanos, y porque a veces sus prioridades son las opuestas a la de éstos. 
Tricia Wachtendorf, una socióloga del desastre que pasó tiempo en Nueva york tras el 11 de septiembre, explicó que los agentes tendían a sentirse incómodos frente a los voluntarios de la Zona Cero porque su presencia significaba la "ineptitud de la respuesta oficial". El reparto de productos por parte de estos grupos los definían como "comida rebelde" y "material renegado"

Los seres humanos somos seres complejos, y la esperanza puede cohabitar con el dolor y las dificultades, con la tristeza y con la furia, pero no con el optimismo que afirma que todo irá bien si lo deseas muy fuertemente. 
Es en estos momentos de catástrofes cuando hay determinación: la vida en el aquí y ahora ante las necesidades inmediatas y la supervivencia, al margen de lo superfluo. Saber lo que hay que hacer sin necesidad de líderes o coodinación centralizada. El desastre nos brinda una liberación temporal de las preocupaciones, las inhibiciones y las ansiedades asociadas con el pasado y el futuro. La improvisación de nuevas reglas, nuevos roles, nuevas alianzas: comedores comunales, refugios de emergencia, cadenas humanas... 
Y también una inédita intimidad y empatía hacia los demás, porque todos comparten la amenaza del mismo desastre y el mismo futuro incierto. Cuando la pérdida es compartida, el sufrimiento no margina, sino que ofrece un canal para la comunicación y expresión íntimas, para el consuelo y apoyo físico y emocional. Al igual que en los grupos de apoyo para personas que sufren la misma enfermedad, en los que se generan comunidades de pacientes donde nadie se sienta solo por el hecho de sufrir. En los desastres, además, se entiende que los objetivos personales y  grupales están imbricados y se generaliza la generosidad: "el egoísmo, al fin y al cabo, trata más de fortunas futuras que de adquisiciones presentes", reflexiona Solnit.

El libro trata de esta emoción sorprendente, extraña alegría que aflora entre las ruinas, cuando las ruinas son trágicas y dolorosas, pero también una ventana a las posibilidades y anhelos sociales, a ser libre de vivir y actuar de otro modo.
"Son aspectos importantes conforme entramos en una época en la que los desastres van a sucederse cada vez más rapidamente y con mayor intensidad", advierte.
Fortalecimiento de vínculos sociales, trabajos con sentido y gratificantes, y el sentimiento del "poder hacer" frente al "poder sobre", son aspectos que nuestra economía y sociedad nos veta. La nuestra es una sociedad del individualismo, del capitalismo, del darwinismo social, "que asumen que la búsqueda de provecho personal obedece a motivos racionales."
 
Ya en 1894, Gustave Le Bon escribió "Psicología de las masas", poco después de "Origen de las especies" de Darwin. Escribía que en la masa, en el grupo social, un individuo "ya no es el mismo, sino un autómata cuya voluntad no puede ejercer dominio sobre nada. Por el mero hecho de formar parte de una masa, el hombre desciende varios peldaños en la escala de la civilización. Aislado era quizá un individuo cultivado, en la masa es un instintivo y, en consecuencia, un bárbaro. (...) El individuo que forma parte de una masa es un grano de arena inmerso entre otros muchos que el viento agita a su capricho.” Para Le Bon, la sociedad misma es peligrosa, y como opinaba Hobbes, las autoridades debían llevar las riendas de una humanidad esencialmente despiadada. La idea de que la naturaleza humana es esencialmente bestial (cuando ni las "bestias" manifiestan un comportamiento de lucha cruel sin motivo) y solo puede ser refinada por la civilización, también era el argumento principal para justificar la colonización y el saqueo de la época. Thomas henry Huxley en "La lucha por la existencia en la sociedad humana" (1888) defendía que los humanos primitivos luchaban contra los débiles y menos astutos, y "nacían, se reproducían sin medida y morían". Thomas Malthus, así mismo, creía que la vida era un combate continuo por los escasos recursos de la tierra, en el que algunos debían morir. "La escasez es, precisamente, la premisa fundamental del capitalismo", señala Solnit. 

Aunque se dan casos de búsquedas de chivos expiatorios, los episodios más brutales los protagonizaron quienes tratan de sostener el orden imperante y hacer valer sus propios privilegios y autoridad contra una minoría.
Cientos de estudios e investigaciones en situaciones de desastre demuestran que el pánico es un fenómeno inusual, y el comportamiento resulta mayoritariamente racional, y en ocasiones altruista. Cada participante brinda y recibe auxilios pero nunca de manera unidireccional, sino por el deseo de la noción de pertenencia a una civilización que socorre a quien lo necesita. En el Katrina de Nueva Orleans, el eslogan del grupo Common Ground Relief fue precisamente "Solidaridad, no caridad".
La caridad reparte desde arriba, no es reciprocidad, el altruismo es horizontal ya que el intercambio continuo cohesiona las sociedades. 
 
"En la vida diaria, existe mucha más ayuda mutua (y mucha más que ayuda mutua) de lo que se nos quiere hacer creer. La verdadera pregunta no es por qué este breve paraíso de altruismo y cooperación aparece, sino por qué siempre resulta arrollado por otro orden mundial. (...). Es en los desastres y en los momentos de grandes turbulencias sociales cuando los grilletes de los prejuicios y los roles convencionales se desvanecen y se abren nuevas posibilidades."
 
El desastre ofrece soluciones temporales a la alienación y el aislamiento de la vida diaria. El sociólogo pionero en la investigación de desastres Charles Fritz, escribió en "Disasters and Mental health":
"La oposición tradicional entre "lo normal" y "el desastre" casi siempre ignora o minimiza las tensiones recurrentes, inherentes a la rutina de cada día, así como sus efectos personales y sociales. Ignora también (...) el fracaso de las sociedades modernas a la hora de satisfacer esa necesidad básica del individuo que es la identidad comunitaria."
Sin embargo, explica Solnit, en las sociedades cazadoras recolectoras, los riesgos son altos; las luchas intensas y las presiones y la necesidad de cooperación, incesante. "Nosotros hemos reemplazado todo eso por la comodidad, la seguridad y el individualismo. Y hemos adquirido los nuevos desastres, menos visibles, de la alienación y la anomia."
 
"(...) el paraíso que demuestra que, habitualmente, la mayoría no lo estamos, que perdemos pie y se nos escapa esa posibilidad y nos hundimos en el yo menoscabado, en sociedades sombrías. (...) En el infierno está la puerta a los paraísos posibles de nuestro tiempo."