viernes, 31 de enero de 2020

Los atajos del cerebro: todos somos erroristas (y está bien).

"La tiranía de los objetos... Ella no sabe que yo existo. Como los androides, carece de la capacidad de apreciar la existencia de otro ser." 
Del libro "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" Philip Dick.

Los seres humanos somos capaces de detectar patrones en nuestro entorno y elaborar, utilizando la imaginación, planes complejos, concibiendo cambios de mejora. Y no lo hacemos solos. Hablamos con otras personas para tener nuevas perspectivas. Así es como la información se convierte en conocimiento. Podemos comunicar esas ideas a nuestros compañeros, para pensar juntos esas mejoras antes imaginadas y trabajar colectivamente. Hasta que de tanto que fallen, se repitan, se aprenda de la experiencia, se modifiquen y se mejoren... lo que fueron en su día innovaciones drásticas, se conviertan en tradiciones.

El cerebro es maravilloso, pero también una chapuza. Según las psicólogas sociales Susan Fiske y Shelley E. Taylor, somos "indigentes cognitivos": “...  las  personas, especialmente cuando se encuentran bajo presión de tiempo o enfrentan una situación inusualmente compleja, luchan por simplificar [hasta la saciedad] sus procesos cognitivos ...”

Preferimos explicaciones rápidas y simples a razonamientos más precisos y detallados. Evaluamos la información en base a qué tanto nos hace “sentir bien”, en lugar de en cuanto nos ayuda a tomar mejores decisiones. Acudimos a atajos mentales (heurísticas es su nombre técnico) en la toma de decisiones. Incurrimos en sesgos. Pero el cerebro lo hace por algo: sobrevivir. No puedes sentarte a analizar y a hacer un razonamiento profundo de todo lo que te ocurre, todo lo que recibes de tu entorno. Si consumes constantemente información, el cerebro entra en modo de sobrecarga y no es capaz de digerir y de quedarse con lo interesante. Lo mejor, y si hay tiempo: ¡descanso!: "Esos momentos de ocio o de distracción son los que permiten que el tálamo aprenda a priorizar, a ponderar la información y a prestar atención a varias cosas distintas." explica el bioquímico y neurocientífico Henning Beck. "La ociosidad puede ser la madre de todos los vicios, pero al mismo tiempo el ocio es el principio de toda creatividad”.

Pero al cerebro no le gusta el dolce far niente, ni siquiera cuando estamos dormidos. Por eso, los atajos mentales, heurísticas, nos facilitan la solución de problemas cognitivos complejos.
Para ello, está la habilidad de detectar patrones. Al cerebro le encantan los patrones de pensamiento y las rutinas, por eso amamos los algoritmos de las redes sociales. El cerebro prefiere los patrones en lugar de números. El lenguaje del cerebro no es hacer cálculos como las máquinas, sino el pensamiento abstracto.

El problema surge cuando el cerebro ve patrones por todas partes, patrones simples, sencillos. El periodista y antropólogo Tom Phillips (Humanos), lo explica con un claro ejemplo: "Tampoco es un problema grave cuando se trata de cosas como señalar las estrellas del cielo nocturno y decir: «Oh, mira, es un zorro persiguiendo una llama». Pero cuando el patrón imaginario que uno ve es del tipo «la mayoría de los crímenes los comete un determinado grupo étnico...», bueno, entonces el problema es realmente serio."

Heurístico de anclaje:
En una situación de incertidumbre, donde tienes que tomar una decisión, y no tenemos de dónde tirar porque no se nos ocurre ninguna experiencia anterior, tomamos un punto de referencia, cualquier dato que llegue primero, como agarrarse a una boya en alta mar. El problema surge cuando los enunciados sugieren esos datos con el objetivo de afectar a tu juicio, porque te lo han lanzado, como si de una boya se tratase. "Entre 2007 y 2017, murieron más estadounidenses por accidentes con su cortacésped que por atentados terroristas, pero aún hoy el Gobierno norteamericano no ha declarado la guerra a los cortacéspedes (aunque, para ser sinceros,en vista de los acontecimientos más recientes no puede excluirse esa posibilidad)." explica Phillips. ¿Y por qué nos agarramos a estos datos antes de sopesarlos y hacer nuestra propia investigación? Porque el cerebro trabaja más con lo que ha ocurrido recientemente o las que han causado más emociones o son más memorables. Lo primero que escuchaste, lo que te causó más impresión, una experiencia emocionante vivida... Para hacer juicios rápidos está bien, siempre y cuando no declares la guerra a los cortacesped.

Pero y si somos personas juiciosas, que sopesamos todas las variantes, reflexionamos, nos colocamos las gafas y nos llevamos la mano a la barbilla incluso cuando elegimos las cientos de variedades de patatas fritas en el supermercado (¡no caeré en el engaño y miraré el cuadro nutricional!). Aún entonces, cuando las comas, tu cerebro estará contento de saber que no se equivocaba, y éste es otro sesgo: el de confirmación. "Centrar la atención, en cualquier mínima evidencia que refrende lo que ya pensamos, ignorando a la ligera aquellas otras, posiblemente mucho más abrumadoras, que sugieran que íbamos totalmente desencaminados." 

Y no solo eso, si aún así vemos que nos estamos equivocando, que la cosa se tuerce... seguimos defendiendo nuestra postura errónea, repasamos nuestros recuerdos de cómo y por qué hicimos esa elección. Es el sesgo de selección-apoyo. Es por esto que, por mucho que rebatamos que la mayoría de los crímenes no los comete cierto grupo étnico, aportando datos y grandes gráficos, "puede que se reafirmen más en su error con fuerza redoblada" (esos gráficos están sesgados, un amigo de un amigo me contó...)


También están los heurísticos de simulación, el "y si...": estimar la probabilidad de un suceso basándose en la facilidad con la que podemos imaginarlo. A veces, el segundo en el podio se muestra menos contento que el tercero. Esto se debe a que para el segundo es muy fácil simular la situación de haber quedado primero, pero se encuentra en peor situación. En cambio, para el tercero es más fácil imaginarse la situación de que algo hubiera fallado y haber quedado fuera del podio, antes que haber quedado en mejor lugar, por lo que ahora está en mejor situación, y más feliz. 



Son estos fallos los que diferencian a los seres humanos de cualquier otro animal y del ordenador más perfecto. El cerebro humano no sabe bien cómo tomar decisiones, ni recordar de forma precisa y tampoco calcular, como las máquinas. ¿Resolver problemas de manera rápida y eficiente, buscando en algoritmos similitudes y correlaciones?, eso es cosa de los ordenadores. "El error, y la posibilidad de aprender de ello para la próxima es quizá lo que ha llevado al ser humano al lugar en el que está", afirma henning Beck en su libro "Errar es útil".

Y explica que el cerebro y los ordenadores se diferencian en algo fundamental: las personas se plantean preguntas y los ordenadores dan respuestas. Los ordenadores siguen reglas, pero las personas pueden modificar esas reglas. Los humanos tenemos la capacidad o el arte de resolver los problemas de forma creativa. Tenemos la capacidad de enfocar los problemas de una manera distinta, intercambiando con otros los puntos de vista y creando otros. Como seres simbólicos, tenemos la capacidad de comprensión y de pensamiento conceptual, abstracto. Nuestro cerebro no trata de aprender, sino de comprender. El cerebro sopesa hechos objetivos con sentimientos subjetivos. Para los ordenadores, "el símbolo 😊 se diferencia de 😔 solo en un tercio de sus datos, sin embargo el significado para nosotros es completamente diferente."

“Las emociones son como un turbo, aceleran nuestro aprendizaje, porque las áreas de la memoria están muy conectadas con las que controlan los sentimientos. Por eso, es muy importante transmitir una buena emoción cuando se enseña algo”. Entrenando aprendemos mejor. Porque el aprendizaje es emocional: entrenar hace que sintamos que tenemos más control sobre el resultado, y nos hace sentirnos satisfechos, nos hace “sentir bien”. Los deportistas lo llaman "la zona", cuando parece que tu cuerpo funciona solo, con total control.
El problema surge cuando nos echan el anzuelo (o los patrones, de nuevo) para sentirnos bien con el fin de beneficiarse, por ejemplo a través del móvil, o la inerfaz de las redes sociales, "porque así estás generando datos que los hacen ganar dinero", explica la periodista Marta Peirano (El enemigo conoce el sistema): 

"La gente tiene que ser consciente de que estas aplicaciones no son inocuas, están diseñadas literalmente como máquinas tragaperras, para ser irresistibles, no porque ellos quieran crear adictos, sino como consecuencia de su modelo de negocio, que consiste en extraer datos. Y para que ese modelo funcione, necesitan tenerte colgado del móvil." Son sistemas que producen "la mayor cantidad de pequeños acontecimientos inesperados en el menor tiempo posible. En la industria del juego se llama event frequency. Cuanto más alta es la frecuencia, más rápido te enganchas, pues es un loop de dopamina. Cada vez que hay un evento, te da un chute de dopamina, cuantos más acontecimientos encajas en una hora, más chutes, que es lo que te genera adicción." 
Además, "el que no sepas si vas a tener premio, castigo o nada, hace que te enganches más deprisa. La lógica del mecanismo provoca que sigas intentando, para entender el patrón. Y cuanto menos patrón hay, más se atasca tu cerebro y sigue, como las ratitas de las cajas de Skinner, que fue quien inventó el condicionamiento de intervalo variable. La rata le da a la palanca de manera obsesiva, tanto si sale comida como si no."

Las emociones también afectan en la memoria. "El propósito de la memoria no es reflejar el pasado de forma perfecta sino ayudar a planear el futuro. Las regiones cerebrales que falsean nuestros recuerdos son las mismas que nos ayudan a idear nuestro futuro" explica Henning Beck. Es decir, nos permiten crear una identidad propia a partir del pasado y aprender mejor de nuestras experiencias para encarar el futuro. Y ésto solo lo logramos porque aceptamos los fallos de memoria, así somos capaces de crear nuevas ideas para el futuro. La memoria “aunque no sea cierta, es coherente”.

La eficacia del cerebro “se desarrolla al dividir un problema en partes, componer equipos flexibles y distintas redes para buscar soluciones, y dejar trabajar con la máxima libertad posible”.  
"El cerebro no es un almacén de datos, sino un organizador de conocimiento, y despliega todo su saber cuándo no se le trata estúpidamente".



Fuentes:
Errar es útil, de Henning Beck. 
Humanos, de Tom Phillips.
El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención, de Marta Peirano. 
Social cognition. Fiske, S. T., & Taylor, S. E.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-51268343
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-06-12/marta-peirano-5g-facebook-google-huawei-enemigo-conoce_2066566/

lunes, 13 de enero de 2020

¿Está el enemigo? que se ponga: la guerra absurda.

"El hombre nace esclavo, débil, insuficiente y dependiente, sometido e imperfecto. En resumen, nace imbécil" 
afirma tajante el filósofo italiano Maurizio Ferraris en el libro "La imbecilidad es cosa seria".
 
"A más técnica, mayor grado de imbecilidad», porque "mayor es la imbecilidad que se percibe". "La imbecilidad es lo propio de la modernidad porque con las potencialidades expresivas que ofrece el mundo actual, el estúpido se pone más fácilmente de manifiesto que en cualquier otra época más recogida y silenciosa". 

De hecho, en 1912, Guglielmo Marconi, el inventor de la radio, hizo esta predicción: "El advenimiento de la era de las comunicaciones sin cables hará imposible la guerra, porque la hará ridícula». Pero en 1914, el mundo fue a la guerra.

"Mis guerras son absurdas porque lo es la guerra en sí" decía el humorista Gila.
 
"La guerra es una inyección colectiva de sangre en la cabeza; en otras palabras, es la reina de las cagadas", explica el periodista y antropólogo Tom Phillips en su libro "Humanos". "Pero, aparte de ser muy malas de por sí, el caos y la estrechez de miras y, en general, la majadería de los machotes en las guerras no hacen sino subrayar la innata capacidad de la humanidad para fracasar estrepitosamente de otras muchas maneras."

Y cuenta la historia de la isla de Guam, en el Pacífico, durante la guerra entre España y Estados Unidos de 1898. Guam por entonces era colonia de España, país que se olvidó por completo de informarles de que estaban en guerra.

"Cuando una pequeña flota de buques de guerra estadounidenses llegó a la isla, sospechosamente poco defendida, y disparó trece cañonazos al viejo fuerte español de Santa Cruz, la reacción de los dignatarios guameños fue acercarse en barcas de remos a los buques para agradecer a los americanos sus generosas salvas de cortesía y disculparse porque les iba a llevar un rato devolverles el gesto.

Tras unos momentos de perplejidad, los americanos explicaron que no les habían enviado saludos, que lo que intentaban, de hecho, era entablar batalla, porque estaban en guerra."

"Guam se rindió oficialmente al cabo de unos días, y ha sido territorio de Estados Unidos desde entonces."

Otra historia de batalla absurda fue la acontecida en Kiska, una isla pelada, pero de gran valor estratégico, situada en el Pacífico Norte, a medio camino entre Japón y Alaska. Los japoneses la tomaron en 1942, en la Segunda Guerra Mundial, lo que alarmó sobremanera a los estadounidenses.

"En el verano de 1943, 34.000 soldados estadounidenses y canadienses se prepararon para intentar reconquistar Kiska."
"Cuando tomaron tierra, el 15 de agosto, las tropas aliadas se encontraron Kiska envuelta en una niebla espesa y gélida. En condiciones infernales de frío helador, con viento, lluvia y cero visibilidad, avanzaron a ciegas por el terreno rocoso, paso a paso, tratando de evitar minas y otras trampas, mientras constantes fogonazos de armas de fuego de enemigos invisibles iluminaban la niebla a su alrededor. Durante veinticuatro horas, esquivaron las balas de los francotiradores y, palmo a palmo, escalaron la pendiente hacia el centro de la isla, acompañados por explosiones en sordina de los proyectiles de la artillería, el staccato del fuego de combates cercanos y gritos confusos que intentaban transmitir órdenes o rumores sobre la proximidad de las fuerzas japonesas.

No fue sino hasta el día siguiente, al contar sus bajas —veintiocho muertos, cincuenta heridos— cuando descubrieron la verdad: allí no había nadie más que ellos.


De hecho, hacía casi tres semanas que los japoneses habían abandonado la isla. Las tropas estadounidenses y las canadienses se habían estado disparando entre sí.

Esto podría haber pasado a los anales como un error desafortunado, pero comprensible, excepto por un detalle. Su equipo de vigilancia aérea había avisado a los jefes de la operación, semanas antes del desembarco, que habían dejado de ver signos de actividad japonesa en la isla, y que creían que probablemente había sido evacuada. Pero los jefes desoyeron los informes de vigilancia."

Una historia parecida cuenta de Karánsebes (en la actual Rumanía) en 1788. Las tropas austriacas estaban de retirada durante la noche y atravesaban la ciudad de Karánsebes, atentas por si aparecían los turcos persiguiéndolas.
 
"Alguien pegó un tiro al aire y algún otro empezó a gritar: «¡Los turcos, los turcos!». Los soldados de caballería se lo tomaron en serio, y, naturalmente, se lanzaron a cabalgar de un lado a otro gritando ellos también «¡los turcos, los turcos!». Con lo que todo el mundo entró en pánico y trató de huir de las quiméricas fuerzas otomanas. Entre la oscuridad y la confusión (y probablemente la borrachera), se cruzaron dos unidades de tropa, ambas confundieron a la otra con el temido enemigo y empezaron a dispararse como locos.
Para cuando todos se dieron cuenta de que en realidad no los atacaba ningún turco, buena parte de las tropas austriacas habían huido, se habían volcado carros y cañones y el grueso de sus provisiones se habían perdido o se habían echado a perder. Cuando al día siguiente apareció por fin el ejército turco, descubrieron un montón de austriacos muertos y los restos desperdigados de su campamento." 

En 1871, Alfred Nobel dijo, a propósito de su invención de la dinamita: «Tal vez mis fábricas pongan fin a las guerras antes que sus congresos: el día que dos ejércitos puedan aniquilarse mutuamente en un instante, todas las naciones civilizadas reaccionarán con horror y disolverán sus tropas». 

En 1877, Richard Gatling, inventor de la ametralladora que lleva su nombre, escribía a un amigo: «Se me ocurrió que si podía inventar una máquina —un arma de fuego— que disparara a tal velocidad que permitiera a un solo hombre rendir en combate tanto como cien, eso, en gran medida, supliría la necesidad de contar con grandes ejércitos, y, en consecuencia, se reduciría enormemente la exposición al combate y a las enfermedades»

En 1932, Albert Einstein predijo que «no existe el menor indicio de que algún día vaya a poder obtenerse [energía nuclear]».
 
En 1945, Robert Oppenheimer, el hombre que dirigía los esfuerzos por producir la bomba atómica en Los Álamos, escribió: «Si este arma no convence a los hombres de la necesidad de poner fin a la guerra, nada que salga de un laboratorio lo conseguirá jamás». 
 
El siglo XX, escribió el historiador Eric Hobsbawn: “ha sido el más sangriento en la historia conocida de la Humanidad. La cifra total de muertos provocados directa o indirectamente por las guerras se eleva a unos 187 millones de personas, un número que equivale a más del 10 por ciento de la población mundial de 1913”.
(Guerra y paz en el siglo XXI)

 "...en este complejo mundo, en el que mucha gente camina con barriles de pólvora encendiendo sus cigarrillos imprudentemente, debemos percatarnos que el enemigo somos demasiadas veces nosotros mismos. Es una situación que debería hacernos entender que debemos ser mucho mas cuidadosos de lo que hemos sido hasta ahora." Eric Wolf, antropólogo e historiador.


sábado, 14 de diciembre de 2019

Capitalismo afectivo: la imaginación para el poder.

 "Nosotros somos siempre la solución, puesto que nosotros creamos los problemas" 
Comentario satírico de los corredores de Bolsa de NY, Gran Depresión de 1929.

"Necesitamos agregar una noción de equilibrio entre el trabajo y la vida (...) pues la competencia capitalista no se limita a la mera expansión global del mercado, sino que también incluye las geografías locales de la emoción." 
  Arlie Russell Hochschild. (La mercantilización de la vida íntima).

No hay nada imposible, arriesga, emprende, innova, transforma, persigue tus sueños… 

Mindfulness, design thinking, inteligencia emocional, coaching, felicidad creativa, think tanks, empowerment, emprendizaje y autosuperación…

Parece que por fin se han escuchado los lemas de la contracultura de los años 60 o del mayo del 68. ¡Imaginación al poder! gritaban los jóvenes en La Sorbona hace unos cincuenta años, que alentaban a la creatividad, a romper los moldes, a la aventura. 

Pero, ¿y la desigualdad, el desempleo, la pérdida de garantías jurídicas y sociales…? Quizás es que no hay alternativa, quizás solo nos queda adaptarnos, surfear felices en un precario equilibrio soñando con alzarnos en las olas del cambio permanente.

“La creatividad institucional del ser humano sólo ha quedado en suspenso cuando se le ha permitido al mercado triturar el tejido humano hasta conferirle la monótona uniformidad de la superficie lunar”
escribió Polanyi.

En la superficie lunar sólo nos queda seguir esos discursos que nos aleccionan a ser emprendedores y nos exigen ser empleables (capital humano) y flexibles, tener disponibilidad permanente para el cambio de empleo continuo y con condiciones de trabajo cada vez más inestables y menos reguladas.
En este modelo post-fordista, los empleos ya no son para toda la vida. 
 
Desinstitucionalizado, flexibilizado e individualizado el uso social del trabajo, debemos esforzarnos por formarnos y reciclarnos, crear empresas propias o autoemplearnos sorteando todas las trabas burocráticas. Todos somos empresarios de nosotros mismos. En este contexto aparecen los discursos de la inteligencia emocional y afectiva (imaginación, creatividad, riesgo…) como única manera de maquillar la angustia que genera esta inestabilidad y descontrol laboral y vital. Y evolucionar, es decir, ser capaces de sacar rentabilidad a todos los proyectos laborales y vitales.

Esto no es nada nuevo, de hecho, es una vuelta atrás. Dos sociólogos franceses, Luc Boltanski y Ève Chiapello (El nuevo espíritu del capitalismo) explican que estas cualidades, (la autonomía, la espontaneidad, la movilidad, la pluricompetencia, la disponibilidad, la creatividad, la intuición visionaria, la sensibilidad…) están sacadas directamente del repertorio de Mayo de 1968. “Sin embargo, estos temas, que en los textos del movimiento de mayo de 1968 iban acompañados de una crítica del capitalismo” ahora están “puestos al servicio de las fuerzas que antes trataban de destruir”. 
“La crítica de la forma en la que el capitalismo industrial aliena la libertad es, de este modo, separada de la crítica de la alienación mercantil, de la opresión de las fuerzas impersonales del mercado”. 
“El capitalismo ha encontrado en sus críticas la manera de garantizar su supervivencia”.

“La utopía del último management es más bien una retropía, se ha inventado (o mejor, reinventado) el individualismo carismático y superviviente del pionero” nos explican, por su parte, los sociólogos Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez. “Cada vez más radicalmente a una apelación constante al riesgo, la individualización, el cálculo personal, la naturalización de la inseguridad y el darwinismo social disimulado bajo todos los lenguajes tecnológicos, políticos y psicológicos”
 
La vuelta al darwinismo social responsabiliza al individuo de su situación, ya que no sabe adaptarse en estos vaivenes constantes, del ritmo frenético de las innovaciones tecnológicas y la competencia feroz. Los más rezagados, los que son incapaces de autorealizarse al extremo, tienen las terapias como solución. «La afirmación de que una vida no autorrealizada necesita terapia es análoga a la afirmación de que alguien que no utiliza al máximo el potencial de sus músculos está enfermo, con la diferencia de que en el discurso psicológico ni siquiera está claro qué califica como un “músculo fuerte”»
Eva Illouz, socióloga (La salvación del alma moderna).
 
En un contexto carente de certidumbre alguna, expuestos a situaciones de angustia en una realidad que apenas podemos comprender y controlar, ya no vale la previsión ni la racionalidad burocrática, sino el gurú místico, seductor y carismático (del sáncrito “gurús”, maestro) que nos ayuda en un mundo en metamorfosis permanente, a hacer surfing sobre esas olas del cambio. “Es mejor ser pirata que alistarse en la marina” decía Steve Jobs.

Más que soldados fieles, nos exhortan a ser piratas y dar rienda suelta a nuestra creatividad y pensamiento intuitivo frente a las trabas de la burocracia, de la racionalidad, del control estructurado. Y sin embargo “por el más viejo principio burocrático, hasta la lucha contra la burocracia genera más burocracia” advierten
Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez, eso sí “esta vez dirigida a construir normativamente los intereses de los mercados internacionales.” Reglamentaciones, proyectos, controles, verificaciones… normas y directivas cada vez más detalladas y precisas. Tratados, controles, bloqueos normativos de fronteras (no tanto para las cosas sino para las personas) que construyen ese “desencanto al desencanto” del que hablaba el antropólogo Ernest Gellner. Es decir, un estado asocial, apolítico que crean las jaulas que ya no son de hierro (de racionalización, cálculo, eficiencia tecnológica y control), sino de goma (de coacción flexible a través de discursos emotivos y místicos…) pero mucho más competitiva e individualizada que la anterior. Vuelve el cálculo egoísta adornado con un envoltorio de felicidad, inteligencia emocional y resiliencia, y vuelve la competencia del más fuerte demonizando a las “personas tóxicas”.

Para la adhesión y el compromiso continuo al capitalismo, “se reincorpora aquello que en buena medida, puede cuestionarlo, es decir, el espectro de los afectos” escribe el filósofo Alberto Santamaría en “Los límites de lo posible”. Las emociones en sí mismas son motores de cambio político, pero sometidas a un autocontrol (inteligencia emocional), dentro de la producción y fuera del impulso político, pueden ser perfectamente productivas dentro del sistema neoliberal. “La creatividad, por ejemplo, ya no es un proceso crítico, cuestionador del sistema reglado, como en el romanticismo, sino una herramienta necesaria en la gestión y dirección de empresas”.
 
“En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.
Hoy el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. En su permisividad, incluso en su amabilidad, depone su negatividad y se ofrece como libertad.
La psicopolítica neoliberal está dominada por la positividad. En lugar de operar con amenazas, opera con estímulos positivos. No emplea la ‘medicina amarga’, sino el "me gusta". Lisonjea el alma en lugar de sacudirla y paralizarla mediante shocks. La seduce en lugar de oponerse a ella. Le toma la delantera. Con mucha atención toma nota de los anhelos, las necesidades y los deseos (…). La psicopolítica neoliberal es una política inteligente que busca agradar en lugar de someter.”

Byung-Chul Han (Psicopolítica,
neoliberalismo y nuevas técnicas de poder).






Fuentes:
Arlie Russell Hochschild. "La mercantilización de la vida íntima."
Luc Boltanski y Ève Chiapello. "El nuevo espíritu del capitalismo."
Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez. "Poder y sacrificio."
Eva Illouz, socióloga. "La salvación del alma moderna."
Alberto Santamaría. "Los límites de lo posible."
Byung-Chul Han. "Psicopolítica, neoliberalismo y nuevas técnicas de poder." 
Marina González Guerreiro, artista, ilustración de la portada. 

jueves, 7 de noviembre de 2019

Happycondríacos: coachers, influencers, jokers.

"La publicidad se basa en una única cosa: la felicidad. [...] Pero ¿qué es la felicidad? La felicidad es solo un momento antes de que quieras más felicidad."
Don Draper (Mad Men).

"En el 2003, exceptuando el famoso caso de Bhutan, Chile fue uno de los primeros países en adoptar la iniciativa de recopilar datos estadísticos sobre la felicidad de sus ciudadanos. los siguientes fueron David Cameron en Reino Unido y Nicolas Sarkozy en Francia. La idea era introducir el concepto de felicidad nacional bruta (FNB) y otros conceptos como el "índice de bienestar económico", "dimensiones económicas del bienestar", "índice de bienestar sostenible, o el "índice de desarrollo humano". 

Después de los mayores recortes presupuestarios del Reino Unido, David Cameron dijo que los británicos "no debían pensar solo en lo que permite meterse dinero en el bolsillo, sino en lo que les hace más felices".
Después de la crisis financiera de 2008, un número creciente de países se fue adhiriendo a esta iniciativa, y los foros e instituciones políticas y económicas comenzaron a recomendar la felicidad como indicador fiable del progreso social y político a escala nacional. Ejemplos como El Informe Mundial de la Felicidad de la ONU, o multinacionales como Coca Cola y su "Instituto de la Felicidad" con filiales por todo el mundo. O el V Congreso Mundial de Psicología Positiva de 2015 en Orlando, en Walt Disney World Resort, donde se trataron las relaciones entre la felicidad, el Big Data y la política. La Cumbre Mundial de Gobiernos celebrada en Dubái en 2017 también dedicó al tema un amplio espacio.

"Los isrelíes, por ejemplo, gustan de alardear de su excelente clasificación en el palmarés mundial de los países más felices, como si semejante ranking pudiera compensar el hecho de que el país sufre unas desigualdades sociales enormes (entre las más acusadas del mundo) y que vive en continua ocupación del territorio ajeno." explican en "Happycracia" de Eva Illouz y Edgar Cabanas, socióloga y psicólogo.

Y resaltan que "el recurso de la felicidad ha demostrado ser enormemente conveniente. No parece necesario preguntar a los ciudadanos qué piensan de las medidas políticas de sus dirigentes, sino que bastaría con saber su puntuación en felicidad. Puesto que su enfoque pretende ser científico, este retrato del individuo feliz es neutro y objetivable, exento de connotaciones morales, éticas e ideológicas".

La felicidad es únicamente sinónimo de satisfacción individual: "Un sadomasoquista que fantasee con asesinatos en serie y obtenga con ello placer (...), un sicario que disfrute de sus fechorías y matanzas (...), o un terrorista que, atraído por Al Qaeda, secuestre un avión y lo estrelle contra las Torres Gemelas", todo placer o significado que se derive de la aplicación de nuestras propias virtudes y fortalezas debería llamarse felicidad, según el gurú de la ciencia de la felicidad Martin Seligman (Authentic happiness), y explica que la manera más natural de llevar una vida feliz consiste en perseguir de manera autónoma e individual los objetivos que uno se fije para sí mismo. Todas las personas tienen las mismas oportunidades para ser felices y exitosas, prescindiendo de sus circunstancias.

Por más que los científicos y expertos lo nieguen, esta noción y búsqueda de la felicidad que nos imponen no deja de ser utópica e ideológica: "demasiado a menudo al servicio de los valores impuestos por la revolución cultural neoliberal de la escuela de Chicago y retomada por numerosos economistas neoliberales. La propia Thatcher declaró en una entrevista para el Sunday Times en 1981: "Lo que me ha irritado de la política de los últimos treinta años es que siempre ha estado orientada hacia un modelo de sociedad colectivista. La gente se ha olvidado de que lo único importante son los individuos". La búsqueda de felicidad deja entonces de ser una búsqueda del bien colectivo para centrarse en una búsqueda individual.

"El neoliberalismo ha de entenderse como una filosofía individualista focalizada en el yo: todos somos actores independientes y autónomos unidos por el libre mercado. De esta manera, el trabajo se ha convertido en una cuestión de proyectos personales; la educación en una cuestión de competencias y talentos individuales; el amor en afinidades y compatibilidades personales; la identidad en personalidades individuales; la salud en una cuestión de hábitos y modos de vida", también propios y personales...
 
"No me importaba morir, pero la idea de hacerlo aferrada a un oso de juguete y con una dulce sonrisa en el rostro… para eso ninguna filosofía me había preparado" escribe Barbara Ehrenreich, bióloga y doctora en inmunología celular, en su libro "Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo". 

"Algo va mal cuando el pensamiento positivo "fracasa" y el cáncer se extiende o resiste al tratamiento. Porque entonces, la paciente solo se puede culpar a sí misma: no está siendo lo bastante positiva; posiblemente sea esa actitud suya, tan negativa, lo que de hecho atrajo el cáncer. Y llegados a este punto, la exhortación a pensar en positivo es una carga más para un paciente que ya está sobrepasado."

Todo este pensamiento positivo tiene el efecto de convertir el cáncer de mama en un rito de paso (...) parece una de esas iniciaciones que tanto estudió Mircea Eliade. Primero hay que elegir las novicias (las tribus lo hacían por edad, pero aquí las elige una mamografía o un autoexamen). Luego, hay que pasar por una serie de duras pruebas obligatorias (escarificaciones o circuncisión en las culturas tradicionales; intervenciones quirúrgicas o quimio en nuestro caso). Y por fin, la novicia alcanza un estatus superior: ellos llegaban a adulto o guerrero, en el cáncer se llega a "superviviente".

Cuanto más convencidos estemos de que la solución a nuestros problemas pasa por una simple cuestión de resiliencia y esfuerzo personal, las posibilidades de imaginar y luchar de manera colectiva para efectuar cambios sociales se verán limitadas. En un mundo donde cada persona tiene la capacidad para convertir la adversidad en oportunidad y en florecimiento personal, hay poco espacio para la disconformidad, la protesta, la queja.

"Quitarse de encima a la gente que te "da bajón" significa correr el riesgo de quedarse solo o, peor aún, desconectado de la realidad." explica Ehrenreich. "Si algo tiene de desafío la vida en familia, o la vida en compañía de cualquier tipo, es que hay que estar siempre pendiente del humor de los demás, haciéndoles caso cuando tienen razón y consolándoles cuando lo necesitan.
Pero, en el mundo del pensamiento positivo, los demás no están ahí para que los cuidemos, ni para darnos baños de realidad que no les hemos pedido. Solo tienen sentido si nos animan, nos reafirman y nos aplauden."
 
En el campo laboral, son los trabajadores los que se tienen que ser flexibles y creativos (palabra que curiosamente no aparece en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española hasta 1984) y adaptarse a sus condiciones laborales: combatir el estrés, convertir los fracasos en oportunidades, ser más competitivos y productivos... Pero de ninguna manera cambiar esas condiciones. La psicología positiva, además, añade que el éxito laboral ya no determina la felicidad del trabajador. Al contrario: es la felicidad del trabajador lo que determina el éxito de su vida profesional. El trabajador ya no solo debe producir creatividad, sino ser él mismo un ser creativo y emprendedor, una marca o empresa en sí mismo, exitosa y positiva.

Para lograr este estado de felicidad costante en los empleados, cada vez más empresas contratan a coachers, un entrenador personal. "Este fenómeno surgió en la década de 1980" explica la bióloga, "cuando las grandes empresas empezaron a contratar los servicios de entrenadores deportivos de verdad para dar charlas en sus convenciones. Eran muchos los comerciales o gerentes que habían practicado un deporte de jóvenes, y de ahí que resultaran muy sensibles a un ponente que les recordaba sus mejores momentos en la cancha. (...) Y de pronto el tipo de individuos que hasta ese momento se consideraban a sí mismos "asesores" empezaron a llamarse "entrenadores", y a hacer negocio inculcándoles a personas normales, a ejecutivos sobre todo, una actitud positiva o ganadora, visualizando la victoria, o al menos el buen resultado, antes de jugar el partido."

Se trata de "la premisa metafísica de que el éxito vendrá rodado si se lleva a cabo determinada intervención "actitudinal". Y, si aún así no llega, si sigues sin conseguir financiación o atrapado en un empleo sin horizontes, la culpa es tuya, no del entrenador. Ese tipo de metafísica que se difunde tiene una inconfundible parecido con los diversos tipos ancestrales de magia, sobre todo con la "magia simpática", basada en la idea de que lo semejante atrae a lo semejante. En este tipo de magia, se considera que un objeto fetiche o talismán puede atraer lo que se desea. En el caso del pensamiento positivo, esa idea positiva, o imagen mental de lo que uno anhela, actúa a modo de fetiche interno que hay que tener siempre en mente."

Barbara Ehrenreich opina que el pensamiento positivo hunde sus raíces en el calvinismo.

"Los colonos blancos que llegaron a Nueva Inglaterra se traían el calvinismo, un sistema al que se podría describir como una depresión obligatoria. Su dios tenía un cielo, pero con escaso aforo, y los privilegiados que accedieran a él ya habían sido escogidos antes de nacer. Para los vivos, su deber era examinar sin cesar las terribles abominaciones de sus entrañas, y extirpar como pudieran los pensamientos pecaminosos, signo seguro de condenación. Todo lo que no fuera trabajo, físico o espiritual, era un pecado despreciable, por ejemplo vaguear tranquilamente o intentar divertirse. (...) Estos rasgos calvinistas, ya sin teología, persistieron e incluso florecieron en la cultura norteamericana hasta finales del siglo XX. El estar muy ocupado, fuera en lo que fuera, constituía un signo de estatus, que además les venía muy bien a los empresarios, sobre todo con las nuevas tecnologías, cuando desapareció la frontera entre trabajo y vida privada (..) Fue entonces cuando entraron en el léxico términos como "multitarea" o "adicto al trabajo"."

Así, "los calvinistas consideraban la pobreza una consecuencia de la dejadez y las malas costumbres; y los pensadores positivos la atribuyen a una incapacidad obstinada para abrazar la abundancia."
"Si una de las mejores cosas que se pueden decir del pensamiento positivo es que consiguió erigirse en alternativa al calvinismo, una de las peores es que acabó manteniendo algunos de los rasgos calvinistas más tóxicos: la forma despiadada de juzgar, similar a la condena del pecado que hacía la religión, y la insistencia en hacer una constante labor de autoexamen. Para el que piensa en positivo, las emociones siguen siendo sospechosas, y uno debe pasarse el día supervisando atentamente su propia vida interior".

"Si las circunstancias juegan un papel menor en la felicidad humana, entonces la política es un ejercicio marginal. ¿Qué sentido tiene reivindicar las mejores laborales o educativas, la seguridad ciudadana, la cobertura sanitaria universal y demás puntos del credo progresista, si tales medidas apenas van a hacer a la gente un poco más feliz?"

"La riqueza y la pobreza, el éxito y el fracaso, la salud y la enfermedad son fruto de nuestros propios actos. No hay problemas estructurales, sino solo deficiencias psicológicas individuales." explican en el libro Happycracia.
"Uno siempre puede elegir entre sufrir y estar bien. No solo estamos obligados a ser felices, sino a sentirnos culpables por no ser capaces de superar el sufrimiento y de sobreponernos a las dificultades."
Además, "al establecer la felicidad como un objetivo imperativo y universal pero cambiante, difuso y sin un fin claro, la felicidad se convierte en una meta insaciable e incierta que genera "buscadores de felicidad" y de "hipocondríacos emocionales" (happycondríacos) constantemente preocupados por cómo ser más felices, pendientes de sí mismos, ansiosos por corregir sus deficiencias, gestionar sus sentimientos y encontrar la mejor forma de florecer o crecer personalmente. Convierte la felicidad en una mercancía perfecta para un mercado que se nutre de normalizar esta obsesión con uno mismo y con el propio bienestar psicológico."
 
El mercado define la autenticidad como el acto de elegir entre muchas opciones aquella que corresponde con lo que una/o es. La psicología positiva, mientras, alaba la autenticidad como un impulso natural a hacer y elegir aquello que a la persona le parece más auténtico y, por lo tanto placentero para sí mismo. La búsqueda de la satisfacción personal, caiga quien caiga: "si algo te hace sentir bien, hazlo!". La base del consumismo: quiero ese producto y lo quiero ya, se puede encontrar tanto en la publicidad ("Just do it!" de Nike) como en eslóganes políticos (¡hagamos el Brexit ya!) o en un curso de coaching, autoayuda o sobre psicología positiva.

"Este aspecto queda muy bien reflejado en el fenómeno youtubers, o "influencers", ejemplos de cómo cultivar la marca personal con el fin de vender su imagen a millones de personas."  "El principal producto que vende un youtuber es él mismo, su peculiar opinión, su persona, su carisma. La cultura positiva también tiene su movimiento de coachers compartiendo consejos y experiencias propias como vivos ejemplos de que es posible superar todas las adversidades", eso sí, siempre que uno se acepte tal cual es y adopte una visión más positiva de las cosas.

Porque, nos advierten, "en el proceso creativo, las emociones pueden resultar beneficiosas, pero también perjudiciales". En el libro "De la neurona a la felicidad" de la Fundación Botín (Banco Santander), nos cuentan una peculiar historia sobre cómo sobreponerse a las dificultades y sacar rendimiento de ello de manera positiva: "Josephine Cochrane sentía tal frustración cuando su empleada del hogar, al lavar los platos, rompía alguna de las valiosas piezas de su vajilla de porcelana, que decidió que si nadie inventaba un lavavajillas, lo haría ella. De este modo, lo que hizo en realidad fue transformar su frustración, hasta que finalmente ideó el primer lavavajillas viable. A otras personas, la frustración no les servirá como fuente de inspiración a la hora de identificar problemas importantes, sino que les generará enfado."

La heroína en esta historia es la rica señora Cochrane y su frustración con su torpe empleada del hogar, cuyas emociones en esta historia carecen totalmente de importancia. Los bancos, las grandes corporaciones e instituciones hacen cada vez más uso del concepto de la ilusión y la creatividad y nos instan a utilizarlas para salir del atolladero socioeconómico que ellos mismos han creado. La creatividad y el emprendimiento únicamente para hacer tolerable lo intolerable con los afectos, para el beneficio y desarrollo del capital.
 

Que esta ciencia de la felicidad tacha de negativa, engañosa y hasta deshonesta a la crítica sociológica no es ningún secreto. Cabanas e Illouz apostillan que "la cuestión, sin embargo, no es simplemente aceptar que ya vivimos en el mejor de los mundos posibles, la cuestión es pensar SI VIVIMOS en el mejor de los mundos IMAGINABLES". "Cuestionar el orden de las cosas, desnaturalizar lo que se da por sentado y explorar los procesos, los significados y las prácticas que moldean nuestras identidades y comportamiento cotidiano son tareas fundamentales de la crítica social. Imaginar formas alternativas y más liberadoras de vivir, produciendo análisis críticos y constructivos".

Como escribe en su libro "La ilusión de la felicidad" Carl Cederström: "Intentar que la oficina sea un lugar más feliz no sería problemático si eso implicara atender cuidadosamente las necesidades de los empleados. Tampoco es perjudicial que las personas deseen trabajos gratificantes, siempre y cuando puedan ganarse la vida con esos trabajos. Y no es necesariamente nocivo disolver la línea entre el trabajo y la vida siempre y cuando uno tenga la suerte de hacer lo que quiere. Pero lo que experimentamos hoy, puesto que la felicidad en el trabajo se ha vuelto obligatoria, es algo completamente diferente. Los empleados deben sonreír de manera auténtica cuando saludan a los clientes; de no ser así, podrían perder sus trabajos." Y aboga por imaginar nuevas formas de vivir y trabajar que no estén definidas únicamente por los valores del mercado: "Por si no te has dado cuenta, hay una guerra en curso. El campo de batalla es la imaginación humana." escribió la periodista Laurie Penny en Bitch doctrine.

"Los seres humanos no dejan de jugar con el tiempo y el espacio para intentar existir simbólicamente, es decir, inventando sus propias vidas. Así, experimentan una satisfacción consciente de sus existencia singular y de su relación con los demás, englobando la evidencia íntima del cuerpo. Son esos momentos a los que llamo pequeñas alegrías". Marc Augé, antropólogo.







"Que sí, que sí, lo tengo que decir,
Así, asá, va todo como va
Que no, que no, no se lo digo yo,
Y basta ya, me quiero imaginar
Que estoy acá, la orquesta allá.
Y vamos ya, ¡va!¡ Felicidad, dá, dá!"

Fuentes:
"En los límites de lo posible: Política, cultura y capitalismo afectivo". Alberto Santamaría.
"Happycracia". Eva Illouz y Edgar Cabanas.
"Las pequeñas alegrías. La felicidad del instante". Marc Augé
"La ilusión de la felicidad". Carl Cederström.
"Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo". Barbara Ehrenreich.
https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20191102/william-davies-los-limites-entre-la-guerra-y-la-paz-son-imprecisos-7709398

jueves, 10 de octubre de 2019

Jugaad y Jua Kali: la necesidad, la madre de todas las invenciones.

"Jugaad" o "jugaard" en hindi, consiste en soluciones improvisadas de baja o nula tecnología, con pocos recursos, nacidas de la ingeniosidad y la inteligencia de personas económicamente pobres pero ricas en ingenio. De una economía que no estaba impulsada por el consumo, sino de la reutilización. Como dice el proverbio, "la necesidad es la madre de todas las invenciones". Pero jugaard no necesariamente tiene connotaciones positivas: pueden aludir a soluciones rápidas y baratas que pueden llegar a ser destructivas.

Jugaad también es el nombre de un medio de transporte en el norte de la India, hecho de tablones de madera y partes viejas de otros coches, con motores diésel originalmente destinados a impulsar bombas de riego agrícolas. Aunque por motivos de seguridad el gobierno de la India tuvo que prohibirlo, el jugaad sigue siendo una de las soluciones de transporte más rentables para los indios rurales. 
En el sur de la India, en Tamil Nadu, este transporte se llama "Meen Body Vandi", que se traduce aproximadamente como "vehículo de cama de peces" ya que se originó entre los pescadores con el fin de transportar su carga. 

Navi Radjou, coautor de "Jugaad Innovation", describe el arte de jugaad como
"el arte de improvisar soluciones frugales" y explica un ejemplo: "El Mitticool es un refrigerador de evaporación de bajo costo desarrollado por el innovador rural Mansukhbhai Prajapati." (El agua de la cámara superior gotea por los lados y cuando se evapora absorbe el calor de dentro reduciendo la temperatura.) "Un terremoto devastó su aldea en Gujarat, India. Su innovación pasó del éxito local al internacional, satisfaciendo las necesidades de las comunidades con un suministro de electricidad limitado y creando empleo local a medida que aumentaba la demanda."  
"Muchos no fueron a la escuela. No inventan cosas en grandes laboratorios de I+D. La calle es el laboratorio.", recuerda.
 

Con tan sólo catorce años, William Kamkwamba ideó un molino de viento de cinco metros de altura. Una idea que fraguó en el colegio local Kachokolo; ese mismo del que fue expulsado cuando su familia no pudo pagar los 80 dólares anuales de la matrícula. Con su determinación, y gracias a la complicidad de su profesor de ciencias y a la librera, el joven continúo yendo a la biblioteca del centro educativo. Allí encontró un libro titulado Using energy (Utilizar la energía).
La perspicacia del joven hizo que el viento trajera agua a Wimbe, su población natal, en la región central de Malawi. Con materiales reciclados, el cuadro de la bicicleta de su padre y unos tubos de plásticos, el molino generó la suficiente energía para bombear agua del pozo local.


"Jua kali" Kenya, que en swahili significa "sol fiero", bajo el cual trabajan en sus diseños. Son industrias que en su mayoría ni están registradas ni pagan impuestos, pero que tienen un papel fundamental en el desarrollo del país y en la creación de puestos. Las de Nairobi son probablemente las más antiguas del continente. Constituida en 1899, entre los africanos que llegaron en busca de trabajo, muchos aprendieron de forma improvisada los oficios de los artesanos asiáticos que construían el ferrocarril. Así nacieron las primeras industrias Jua Kali. 

En la página web Wiriko, escriben que "el trabajador jua kali a menudo emplea elementos reciclados para ingeniárselas y solucionar tanto una pequeña herramienta como cacharrería doméstica, un lavabo o un coche. Esto significa que define no sólo un sector laboral sino toda una capacidad para solucionar cualquier problema con los recursos más rudimentarios. Además, no es infrecuente que se asocien y gestionen sus ganancias de manera colectiva, por lo que a su presencia en la sociedad se suma una conciencia de pertenencia a un grupo." 

´N boer maak´n plan dicen en idioma Afrikaans (significa "un agricultor hace un plan"). 




Izenzele en Zulu, iketsetse en Sotho, itirele en Tswana.
 
Zìzhǔ chuàngxī en China. Gambiarra en Brasil. Desenrascanço en Portugal.
 
Urawaza (裏技) que significa "truco secreto", en Japón, más relacionado con la
sabiduría popular. Por ejemplo, mantener el azúcar seco agregando granos de arroz crudo. En el otro extremo, estaría el "chindōgu", un término japonés para las invenciones deliberadamente inapropiadas o absurdas, creado como un pasatiempo y entretenimiento. Se traduciría como “herramienta extraña o deformada”. Curiosamente, el palo de los selfies tiene su origen en este arte. Su creador, Hiroshi Ueda, era un aficionado a la fotografía y trabajador en una compañía de cámaras. Lo llamó Self Portrait Camera Stick en 1983, pero no se pudo comercializar y su patente se venció. En 1995, fue uno de los inventos destacados del libro 101 Unuseless Japanese Inventions, catálogo de "chindōgu". Hasta que llegaron los móviles...

Trick 17 en Alemania, Trick 3, en Finlandia, Trick 77 en alemán suizo.

Systéme D en Francia. La letra D se refiere a "débrouille": hacer, manejar.
 
La otra cara de la mentalidad "jugaad" es la que nos ofrecen empresas como Google, Renault-Nissan (coches de bajo costo), P&G (marketing viral en las redes sociales)... La Era de la frugalidad, lo llaman. En la nueva era de la escasez, las grandes empresas deben aprender a producir más beneficios con menos costos, menos recursos para satisfaces a un público más amplio, incluso con bajos recursos económicos. La improvisación es el valor en alza, la rapidez y agilidad frente al análisis o la reflexión. 
Un ejemplo es la banca móvil: "800 millones de personas en India no tienen acceso a un banco", explica Radjou. "Tienes 900 millones de personas que tienen un teléfono celular. Entonces, si eres un pensador jugaad, dices que el vaso está medio lleno, no medio vacío. Y es por eso que ves todas estas soluciones de banca móvil apareciendo en lugares como India, porque los muchachos jugaad pueden convertir esta adversidad en una oportunidad."


Fuentes:
DesignIssues:  Volume 33, Number 1  Winter 201730© 2017 Massachusetts Institute of Technology Lay Designers: Grassroots Innovation for Appropriate ChangeAngus Donald Campbell
http://www.africafundacion.org/spip.php?article26731
https://www.wiriko.org/artes-visuales/piclet-org-popcap-prize/

viernes, 20 de septiembre de 2019

Antropología del paisaje: o porque hablamos del tiempo en el ascensor.

"Ningen" es el equivalente en japonés de "ser humano", e incluye al varón y la mujer, la especie humana. Esta palabra se compone de "nin", que significa "ser humano", y "gen", que significa "relación". Esta etimología japonesa resalta la inseparabilidad de lo individual y lo social y el cuerpo del alma. 

"Cuando empleo aquí la palabra japonesa "ningen" no me refiero solamente al hombre (varón-mujer) designado en japonés con la palabra "hito", que es el ser humano individual.(...) Para comprender verdaderamente lo fundamental del ser humano, es imprescindible captar la estructura básica de su existencia al mismo tiempo como individuo y como totalidad." explica Tetsuro Watsuji en "Antropología del paisaje", r
esaltando un aspecto imprescindible en la cultura japonesa: la naturaleza social y comunitaria del ser humano.
 
Somos "aida", es decir interrelación e intersubjetividad. 
"Un diccionario lo formula con claridad: "ningen" significa literalmente "en medio del mundo"; sin embargo, se le fue atribuyendo erróneamente el sentido de "individuo humano"."  "Sin embargo, hay que subrayar también que la palabra "hito" significa, ante todo, "otra persona" por oposición a "uno mismo"."

Es decir, en Japón, ser humano es individuo "hito", que forma parte del mundo humano "ningen"".
"Ningen" es el compendio de lo humano en el sentido más integral, tanto individual como comunitario y relacional. 
Añadiéndole el ideograma "gaku" que significa "aprender", se obtiene "ningengaku" o "aprendizaje de lo humano". Es la palabra para designar a la antropología filosófica, diferente a la palabra "jinruigaku", "estudio de la especie humana", que es como se designa a la antropología socio-cultural.

Tetsuro Watsuji, como el resto de los pensadores japoneses de su tiempo, reflexionaba sobre el puente que pudiera unir la defensa de la cultura tradicional y la adopción de las costumbres occidentales, y se embarcó en un viaje de catorce meses por Europa. No en vano, explica el filósofo, se dice que la palabra "mezurashii", que significa singularidad, proviene de la palabra "mezuru", que significa admirar.

"Creo que, sin duda, la singularidad de las relaciones del ser humano con la naturaleza repercute en las particularidades de la vida humana. (...) las diferencias climáticas y geográficas entre Oriente y Occidente significan diferencias de estructura mental (...) se relaciona con todos los productos culturales del género humano."

"I´m under the weather", estoy bajo el tiempo (meteorológico), decimos en inglés cuando queremos transmitir nuestro mal estado. Tetsuro Watsuji va más allá, y aborda esta complicada relación entre clima y cultura y caracter o modo de ser:
"Clima y paisaje constituyen el momento de la objetivación de la subjetividad humana en el que el ser humano se comprende a sí mismo. A diario, nos descubrimos a nosotros mismos en el contexto del paisaje de maneras muy diversas. El estado de ánimo alegre o triste se expresa con el término japonés intraducible de "kimochi" (manera de tener el "ki"), que no debe considerarse como un rasgo psicológico, sino como un modo de ser de la existencia humana (...) un talante, una manera de estar y sentirse en la sociedad." 

"Quizás por eso, sin necesidad de comprobar el estado mental ajeno, nos saludamos mutuamente diciendo: ¡Qué buen tiempo hace esta mañana! Estamos entonces conviviendo en el aire matutino y somos portadores, intersubjetivamente, de un cierto modo de existir. Descubrimos el peso del paisaje en nuestra vida. El estado de ánimo luminoso de un día claro de atmósfera diáfana, el kimochi oscuro de un día de humedad densa y calor sofocante, el sentirse rebosante de vida al contemplar el nuevo reverdecer o el frescor de lluvias primaverales, el temor ante la tempestad"... "Sobre el ser humano pesa como imposición el pasado y el ambiente, y estos condicionamientos caracterizan su libertad. Las diversas circunstancias ambientales corresponden a diversas maneras de autocomprensión."

Watsuji describe tres tipos de clima: el monzónico, el del desierto y el de la dehesa. 



 

Monzón viene de "mausim", que significa estación. El calor y la humedad del monzón predisponen a la resignación, aceptación y sumisión, pero también a la receptividad. "Es una fuerza tan descomunal que hace al hombre renunciar a la resistencia y lo convierte en sumiso" pero, a la vez, es "una violencia pletórica de fuerza que produce vida". Y les aporta intuición y receptividad para aprovechar la cantidad y puntualidad de la lluvia que trae el monzón. Así, los dioses de estas regiones son divinizaciones de una naturaleza renovadora y ontológica, receptora de todos los seres. A estos dioses se les homenajea por su abundancia, y se les pide favores.

 


La aridez del desierto, en cambio, amenaza al ser humano de muerte "y no da
la gracia del agua a los que la esperan. El hombre lucha contra las amenazas de la naturaleza y ha de caminar en busca de hierba y fuentes, tesoros del desierto y disputas entre diversas tribus. Para vivir, ha de enfrentarse a la amenaza de otros hombres" lo que induce al carácter dominante y guerrero. 
"Creced y multiplicaos" es un grito de guerra de la vida contra la muerte. Y para ello, se requiere la sumisión absoluta a la unidad, a la comunidad, de la tribu. "Por tanto, la relación unitaria entre el hombre y el espacio físico se convierte en relación entre el hombre y el "mundo de los otros hombres". "Tal oposición a la naturaleza va unida indefectiblemente a la oposición al mundo de los demás hombres. La lucha contra el hombre es el reverso de la lucha contra la naturaleza". Además, el hombre del desierto tan solo existe históricamente, en su evolución de sus esfuerzos culturales que tienden a mantenerle frente a la naturaleza amenazante.
Su dios es la conciencia supraindividual del hombre que se opone a la naturaleza y, así mismo, le debe fidelidad y obediencia.
 


El tercer clima, el de la dehesa, tiene como característica la docilidad de la naturaleza. "Se percibe una simetría botánica en el modo de extenderse las ramas, una regularidad que a nosotros los japoneses nos resulta artificial y racional, puesto que estamos acostumbrados a la irregularidad de los árboles del Japón. En nuestra patria van unidos lo artificial y lo racional; en Europa se puede decir que natural y racional se identifican." El ser humano puede hallar la norma en la misma naturaleza, por eso, le habría infundido al griego un talante contemplativo que le permitió hallar en ella reglas racionales, ciencias naturales para seguir investigándola. "En contraste con los griegos, que sienten viendo, los japoneses ven sintiendo".
Más tarde, "la agonía de la bruma" centroeuropea, que despierta el ensimismamiento, la profundidad y la subjetividad, sintonizó con "el temor del desierto". "Nadie mejor que los europeos occidentales recibió al dios único personal, dotado de voluntad, y nadie comprendió mejor que ellos el talante apasionadamente moralista y voluntarioso de los profetas" del desierto. "El establecimiento del orden de la razón y la conquista racional de la naturaleza son, en efecto, la orientación fundamental que va dirigiendo al espíritu de la bruma en su profundidad infinita." Y también en su reverso, en "los aspectos sombríos y crueles".

Aunque "se descuidan estas investigaciones porque se trata de problemas difíciles de tratar científicamente", y se corre el riesgo de caer en intuiciones imaginativas de un poeta, la antropología del paisaje, según Watsuji, es de utilidad para "abrir el camino y entender caracteres distintos del propio", superando las limitaciones propias.