martes, 24 de marzo de 2020

La pandemia del coronavirus, la necropolítica y los trabajos de mierda.

"Lo extraordinario del virus es su increíble insignificancia; los ojos no pueden verlo, pero él puede detener el curso de la vida, decidir el destino del hombre, y hacer pedazos, si lo desea, una familia." Naguib Mahfuz, escritor.


No somos ajenos a la naturaleza: somos naturaleza. Los virus mutan todo el tiempo para estar seguros, y también de las acciones humanas depende su reproducción o su mortalidad. 

Primero, según las condiciones ambientales que les ofrecemos. Hacinamiento de animales, caza furtiva, zonas urbanas en lugares donde habitan animales exóticos, centros de población humanas más grandes. La pérdida de biodiversidad y las altas tasas de deforestación elevan el riesgo al poner a las personas y al ganado en contacto con animales silvestres, los transmisores.

El SARS, la gripe aviar y la porcina parecen haber salido de China o del sudeste asiático. Pero no solo. En España, a la mal llamada gripe española (epidemia en 1918) la llamaron gripe francesa. En Senegal era la gripe brasileña; en Brasil fue gripe alemana. En Alemania se llamó gripe de Flandes. Y en Polonia: gripe bolchevique. Pero dicen que comenzó en Kansas. En estos tiempos, la epidemia de MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) se inició con un coronavirus transmitido a los humanos por los camellos de Oriente Medio, el dengue florece en América latina, y en el continente africano pudo haber incubado el VIH / SIDA y el Virus del Nilo Occidental y el Ébola.

Segundo, la transmisión rápida dependen las condiciones de los cuerpos del huésped. En nuestro caso, depende de nuestros hábitos, nuestra cultura. Vivimos en un mundo altamente conectado, donde casi todos viajan. Nuestras redes sociales son amplias y abiertas, al igual que nuestra alimentación y nuestros hábitos de higiene. Pero en muchos lugares existe el gran problema de la escasez de agua, o de su suministro y potabilización. 

Gran OM & Co
La propagación del virus y sus impactos sociales y económicos, dependen de las ya existentes grietas y vulnerabilidades. El virus no discrimina, pero la desigualdad se asegurará de que lo haga. La pobreza y la desigualdad son factores que inciden de manera determinante en la buena o mala salud de las personas. 
Dicen, en medio de esta pandemia mundial, que el parón completo de todos los trabajos sería un drama, y que la economía quedaría en coma. Incluso que los abuelos están dispuestos a afrontar su muerte: "Mi mensaje es: volvamos al trabajo, volvamos a vivir, seamos listos con todo esto y los mayores de 70 ya cuidaremos de nosotros mismos. No sacrifiquéis el país, no sacrifiquéis el gran sueño americano" dice Dan Patrick, vicegobernador de Texas. Nada comenta de que no todos los abuelos tienen la cobertura sanitaria que él tiene. 

Y durante esta pandemia, no podemos acompañar a los seres queridos durante los últimos días de vida ni hacer una ceremonia de entierro para afrontar el duelo en familia. Achille Mbembe escribió sobre la necropolítica, que es "la división biológica entre nosotros que debemos vivir y aquellos que pueden exponerse a la muerte, o cuya muerte es expulsada del espacio de lo lamentable, del duelo". Este dolor y frustración es al que ha estado y sigue sometida la población migrante y/o refugiada sin permiso de residencia, a la cual no permiten que viajen a sus países de origen para acompañar y despedir a sus seres queridos en la muerte.

"A mi me van a explicar lo que es un confinamiento", dicen muchas personas que han estado confinadas por razones ajenas a su voluntad por largas temporadas, debido a enfermedades o lesiones o barreras arquitectónicas. Más personas de las que nos podemos imaginar, sin salir de casa por la falta de accesibilidad en sus edificios.

Mientras intentamos negar la vulnerabilidad de nuestros cuerpos que enferman, envejecen y mueren; también negamos los cuerpos de la población inmigrante racializada, que son los que sufren constantemente y con más profundidad, las redadas diarias. El cuerpo, cuando se hace visible, o es contagioso o es terrorista, explica el filósofo Santiago Alba Rico. O las dos cosas unidas. Esos otros salvajes a los que, dicen los cuerpos de seguridad, solo puedes tratarles con violencia y control. Aunque ya se haya demostrado que las acciones castigadoras, de excepción o videovigilancia nunca han conseguido erradicar situaciones de conflicto social y no llegan a su origen y prevención.

Pero no da dinero la prevención, sino la enfermedad. David Harvey, geógrafo y teórico social, explica que la industria farmacéutica "Big Pharma rara vez invierte en prevención. Tiene poco interés en invertir en preparación para una crisis de salud pública. Le encanta diseñar curas. Cuanto más enfermos estamos, más ganan. La prevención no contribuye al valor del accionista." También da más dinero la guerra, más que la paz. Quizás por eso, para hablar de esta pandemia utilizan tantos términos bélicos: una batalla en la que todos somos soldados. Cuando de un virus se trata, al virus se le humaniza como enemigo, y por lo tanto, a la víctima, justo a la persona enferma, se la deshumaniza.

El coronavirus está dejando al descubierto la cara más cruda de este sistema. Mientras la mayoría de las personas trabajadoras vive una situación muy difícil (el trabajo puede parar, pero no lo hacen las facturas), algunas empresas están aprovechando esta situación para enriquecerse. Ése es el caso de Amazon. Está extendiendo subvenciones a pequeñas empresas, priorizando bienes esenciales y tomando medidas enérgicas contra los especuladores, pero su dominio en la economía tiene como objetivo enriquecer a sus accionistas, no beneficiar al bien común. Ya ni se espera que tengan responsabilidad empresarial: detrás de las acciones filantrópicas de Inditex, se esconden múltiples despidos, evasión de impuestos y centros de explotación laboral infantil.
Hannah Arendt distinguía entre labor (actividades para satisfacer nuestra vida biológica en la tierra) y el trabajo (actividades para armar un mundo más duradero que habitar). Ahora, inmersos como estamos en la espiral de trabajo asalariado - consumo - trabajo asalariado... no somos capaces ni de distinguir entre trabajos de mierda y aquellas actividades para el sostenimiento de la vida, o para "una vida que merezca la vida ser vivida", como define la antropóloga Yayo Herrero. Otro antropólogo, David Graeber, (aunque no menciona la economía informal), incide sobre ésto:

"(...) en nuestra sociedad parece haber una regla general por la cual, cuanto más evidente sea que el trabajo que uno desempeña beneficia a otra gente, menos se percibe por desempeñarlo."

"Di lo que quieras sobre enfermeros/as, basureros/as o mecánicos/as, es obvio que si se esfumaran como una nube de humo los resultados serían inmediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores/as o trabajadores/as portuarios/as pronto tendría problemas, incluso uno sin escritores/as de ciencia ficción o músicos/as de ska sería claramente un sitio inferior. No está del todo claro cómo sufriría la humanidad si todos los/as ejecutivos/as del capital privado, lobbyistas, investigadores/as de relaciones públicas, notarios, comerciales, técnicos de la administración o asesores legales se esfumaran de forma similar. (Muchos/as sospechan que podría mejorar notablemente.) Sin embargo, aparte de un puñado de excepciones (cirujanos/as, etc.), la norma se cumple sorprendentemente bien."

 
Y después de casi un siglo de prueba y error: "Los/as trabajadores/as reales y productivos/as son  incansablemente presionados/as y explo-tados/as." Si bien los esfuerzos de mitigación están convenientemente encubiertos en la retórica de que “estamos todos juntos en esto”, en la práctica "el virus por sí mismo no discrimina, pero nosotros humanos seguramente lo haremos, formados y animados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia, y el capitalismo" dice Judith Butler, filósofa. Esta fuerza laboral está en gran medida racializada y marcada por género y etnia en la mayoría de las partes del mundo, y se encuentra en la primera línea, con mayor riesgo de contraer el virus a través de sus trabajos o de ser despedido sin recursos debido a la reducción económica impuesta por el virus.

"El resto", continúa Graeber, "está dividido entre un estrato aterrorizado de los/as universalmente denigrados/a desempleados/as y un estrato mayor a quienes se les paga básicamente por no hacer nada, en puestos diseñados para hacerles identificarse con las perspectivas y sensibilidades de la clase dirigente (gestores, administradores, etc.)."
 
La autodenominada "clase media", preocupados por cubrir sus necesidades naturales, que en realidad, no lo son tanto. “Necesito cambiar de móvil”, “necesito una chaqueta que combine con esta falda”, “necesito irme lejos para relajarme”. "En general, la capacidad humana de desear es muy elevada, y más si el deseo es sobreestimulado. Es fácil por lo tanto convertirse en un necesitado (que es como antes se denominaba una persona pobre). Una sociedad deseante es una sociedad necesitada. La insatisfacción crónica provocada es el motor del desarrollo del mercado." explica la antropóloga Yayo Herrero. Ahora que muchos comercios están cerrados... ¿realmente necesitabas todo lo que deseabas?  
La centralidad absoluta de redes informales/familiares/de apoyo: es lo que necesita en estos momentos el ser humano. 
"En los malos tiempos, sólo salen adelante los más brutales y los más cooperadores. Vienen tiempos malos: hay que hacer lo posible y lo imposible por que nuestras sociedades se decanten hacia la segunda opción, compartir y cooperar". Jorge Riechmann.


Fuentes:

https://www.elmundo.es/internacional/2020/03/24/5e79d80afc6c83ea708b4579.html
https://necropolitica.tumblr.com/
https://bibliotecalarevoltosa.files.wordpress.com/2017/03/sobre-los-trabajos-de-mierda-y-otros-textos.pdf

https://calderon094.wordpress.com/2020/03/22/traduccion-politica-anticapitalista-en-tiempos-de-coronavirus-david-harvey-2020/?fbclid=IwAR0XC8pwa416nQN9wAFAB2Jkn0_M0HJRSv91LmHVtbz5dsA4TvqMGkNXcsY
https://www.eldesconcierto.cl/2020/03/21/judith-butler-sobre-el-covid-19-la-desigualdad-social-y-economica-se-asegurara-de-que-el-virus-discrimine/
Cambiar las gafas para mirar el mundo. Una nueva cultura de la sostenibilidad. Coordinado por: Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual.
https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31465/catastrofe-coronavirus-guerra-cuidados-ciudadanos-ejercito-alba-rico-yayo-herrero.htm#.XndSuWWWgk8.twitter

viernes, 6 de marzo de 2020

Lo-TEK: la arquitectura de las comunidades originarias.

"Todos y cada uno de nosotros somos libres de decidir qué personas son primitivas y cuáles aún necesitan evolucionar". - Bruno Manser, activista ambiental.

El libro de Julia Watson, "Lo-TEK: Design by Radical Indigenism", con un prefacio del antropólogo Wade Davis, reúne tecnologías de diseño, ingenio local, creatividad y espiritualidad.

En 20 años de viaje, esta arquitecta ha recopilado el conocimiento ecológico tradicional (TEK), sus prácticas y mitologías (del griego "mytho", que significa "historia del pueblo") para generar infraestructuras sostenibles y resistentes al clima. Conocimientos que provienen de un largo linaje desarrollando civilizaciones en ecosistemas complejos. En definitiva, tecnologías sostenibles, adaptables y resistentes que nacen de la necesidad: hambre, inundaciones, heladas, sequías, enfermedades... A pesar de que la sociedad valora y preserva los artefactos arquitectónicos de las culturas muertas, como las pirámides de Giza, al mismo tiempo, ignoran y destruyen otras aún vivas.
Además, "muchas tecnologías ecológicas contemporáneas, como los techos verdes y los humedales flotantes que han existido durante miles de años, son "redescubiertas" empaquetadas como algo nuevo" explica Watson.
 
Más de 100 ejemplos de arquitectura de comunidades originarias, de 20 países que están divididos por ecosistemas: montañas, bosques, desiertos y humedales.

El puente es de la aldea Mawlynnong, India. La gente Khasi ha usado raíces de los árboles de caucho para cultivar puentes "Jingkieng Dieng Jri" sobre los ríos, durante siglos. Así hacen frente a la humedad e inundaciones del monzón de las selvas de Meghalaya (que en sánscrito significa "sobre las nubes").

Ganvie es una ciudad en la república de Benin, en África occidental, que surge de la superficie de un lago. La extensa cuadrícula que rodea sus casas agrupadas y edificios públicos está llena de arrecifes artificiales que funcionan como criaderos de peces y corrales para la acuicultura indígena.

 

La caña qasab como materia prima para hogares, herramientas y forraje. Las casas del pueblo Ma'dan, que se llaman "mudhif", están entre el Tigris y el Eúfrates (Iraq), y aparecen ya en obras de arte sumerias de hace cinco mil años. Su construcción es comunal.

 

Los uros construyen toda una civilización con la caña de totora. Son las Islas Flotantes del lago Titicaca, Perú. Alrededor de 1600, comenzaron a usar cañas para construir aldeas flotantes en el vasto lago Titicaca. Estas islas siempre han desempeñado el papel de granjas acuícolas y humedales móviles, pero cada vez más también están filtrando el agua contaminada descargada de la ciudad de Puno.

 
Un sistema agrario de mil años, subak, son terrazas de arroz Mahagiri. En Bali, Indonesia, donde el agua se ha desviado por un complejo laberinto de túneles y canales para optimizar el riego para todos.

Luego están las Terrazas de Arroz Palayan de 2000 años de antigüedad en Filipinas que, en una gran hazaña tanto de movimiento de tierras como hidráulica, los Ifugao filtran y purifican el agua de lluvia que cae en los bosques de las montañas para convertir laderas inutilizables en tierras productivas.


Como el agua corre cuesta abajo, los jardines hundidos se crean para "atrapar" la humedad disponible a medida que el agua corre por los bordes y hacia las plantas. Así, estos jardines hundidos ayudan a conservar el agua, permitiendo que el agua penetre en el suelo y nutrir las raíces. El pueblo Zuni en Nuevo México crea "jardines de gofres" para cultivar en zona desértica.

En México también, los mayas son veteranos en la rotación de cultivos, después de haberlo practicado durante un astuto ciclo de cuatro etapas que dura más de 20 a 25 años, durante milenios. 

Y en las estribaciones del monte Kilimanjaro, Tanzania, las parcelas de alta biodiversidad que han sido cultivadas por la gente de Chagga durante siglos ahora se muestran como un ejemplo a seguir por otros países.


El yãkwa dura cuatro meses y es uno de los mayores rituales que tienen lugar en la Amazonia brasileña. Los enawene nawe construyen intricadas presas de madera (waitiwina) de un lado a otro de los afluentes del río para atrapar grandes cantidades de peces. Las construyen con troncos entrecruzados unidas por cortezas y lianas, formando un encaje de madera enlazada, en la que insertan decenas de trampas con forma de cono que atrapan los peces que nadan corriente abajo. Luego los ahuman antes de llevarlos a sus comunidades en canoa. Es un alimento imprescindible para su dieta, ya que no comen carne roja. Yãkwa mantiene la armonía del mundo y es un intercambio de comida con los espíritus (yakairiti) subterráneos, dueños de los peces y de la sal. 
Pero la construcción de represas hidroeléctricas en el río ya no permite que los peces vayan río arriba a poner sus huevos. 
En 2009, la empresa constructora de una presa llegó a comprar tres mil kilos de pescado de piscifactoría para esta comunidad.


Fuentes:
https://www.taschen.com/pages/es/catalogue/architecture/all/04698/facts.julia_watson_lotek_design_by_radical_indigenism.htm
https://commonedge.org/the-power-of-lo-tek-a-design-movement-to-rebuild-understanding-of-indigeous-philosophy-and-vernacular-architecture/

viernes, 21 de febrero de 2020

Si Skinner tuviese iPhone: la vida como scroll infinito.

"Es fácil imaginar el pensamiento humano liberado de las ataduras de un cuerpo mortal, la creencia de la vida después de la muerte está muy extendida. Pero no es necesario adoptar una postura mística o religiosa para aceptar esta posibilidad: los ordenadores ofrecen un modelo incluso para el más ardiente mecanicista" Hans Moravec, investigador en robótica. “El hombre mecánico”.

"Nunca antes habíamos vivido en un mundo virtualmente sin cuerpos o empeñado en desanclarse de los cuerpos; y en el que los cuerpos, negados por la tecnología y la publicidad, aparecen sólo como residuos, sobras u obstáculos; en las guerras, en los muros fronterizos o en las “acechanzas” de la población inmigrante racializada.
Nadie quiere tener cuerpo, pues los cuerpos enferman, envejecen y mueren; y eso es cosa de los extranjeros que amenazan sin cesar nuestras imágenes. El cuerpo o es contagioso o es terrorista. Nosotros, por eso, preferimos “comunicarnos”.
Santiago Alba Rico.



"¿Para qué sirve la palanca de las máquinas tragaperras?"
pregunta Marta Peirano, periodista, en "El enemigo conoce el sistema".

"Esa palanca de la que tiras para activar el juego y apostar. Porque las máquinas dejaron de ser mecánicas hace bastante tiempo, y no hay ninguna conexión real entre la palanca de la máquina y el resultado final. Es una caja de Skinner falsa, donde el ratón tira de la palanca y su acción en el mundo físico tiene una consecuencia inmediata. Y hay refuerzo de intervalo variable: cada vez que tira de la palanca no sabe si trae comida o no. La máquina está programada para pagar solo un porcentaje del dinero que se apuesta, pero ni el jugador más avispado puede saber cual es. La tracción de la palanca le indica que tiene control sobre la máquina y que, por lo tanto, lo puede hacer mejor.(...) Y la máquina refuerza esa sensación con otros elementos de diseño: el "casi-acierto", los falsos premios y la música."


"Todos estos refuerzos no aparecen de manera aleatoria, sino exactamente cuando estás a punto de dejarlo. Obedecen a algoritmos que se alimentan de la información de todas las máquinas tragaperras del mismo fabricante que están funcionando cada minuto del día. Y son muchas máquinas. La industria del juego produce quinientos mil millones de dólares al año; y las máquinas tragaperras son el juego de azar más rentable del mundo, precisamente porque no dejan nada al azar. (...) Sabemos que es el diseño más adictivo de la industria más adictiva. Por eso lo copiaron los arquitectos de la red social."


La palanca de las tragaperras en estas aplicaciones es el "pull to refresh", tirar para actualizar, lo que hacemos con el dedo gordo cuando lo deslizamos hacia abajo para actualizar el contenido de la aplicación. Antes, la máquina nos mostraba automáticamente el contenido nuevo. Ahora es una caja de Skinner donde tiramos de la palanca para que pase algo, si trae premio o no. TINDER tiene el "swipe" (deslizar) el dedo para aceptar o rechazar posibles amantes. Así, pensamos que nuestro dedo puede influir en el resultado, que si lo hacemos bien habrá premio. Lo que nos hace volver una y otra vez al móvil, junto con el "scroll" infinito.

No estamos evolutivamente preparados para gestionar la abundancia. Si algo nos produce dopamina, lo consumimos hasta que se acaba. Con el scroll, el muro siempre tiene noticias nuevas, y el YOUTUBE sirve a cada usuario un menú propio, una playlist infinita y automática basada en un algoritmo de recomendación.

"Si el algoritmo estuviera casado con el usuario y fueran los dos al cine varias veces al día, la mayor parte de las veces la película la elegiría él", explica Peirano.
Reed Hastings, fundador de NETFLIX, dijo "competimos por el tiempo de los clientes, así que nuestra competencia incluye Snapchat, YouTube, dormir, etc" "Cuando estás viendo una serie de Netflix y te vuelves adicto a ella, te quedas viéndola hasta muy tarde. Competimos con el sueño, en los márgenes."

El objetivo es el "engagement", el enganche. No importa el contenido en sí, sino que entretenga, y no hay mejor enganche que la emoción que despierta. El algoritmo produce una borrachera moral para atraer tu atención. "El capitalismo de la atención no tiene tiempo para la política, ni para los valores ni para los niños ni para ninguna otra cosa que no sea el engagement".


El problema es que hemos convertido la vida en un scroll infinito.
El capitalismo superacelerado nos mantiene suspendidos en un trance del que no podemos descansar.
Hito Steyerl escribió que "caer es relacional: si no hay nada contra lo que caerse, puede que ni te des cuenta de que te estás cayendo. Si no hay suelo, la gravedad puede ser menor y tú sentirte ligero. (...) Sociedades enteras podrían estar cayendo a tu alrededor, igual que tú"


“Es un reality show infinito, producido por algoritmos, del que no puedes desengancharte sin perder el tren.” zanja Peirano. 
Remedios Zafra, en su libro “El entusiasmo”, explica que esta volatilidad de la vida online genera sensaciones contrapuestas.
“De un lado, la satisfacción de la plena disponibilidad; de otro, la imposible saciedad ante la glotonería de querer tenerlo todo, sabiendo que una vida no daría para ver, leer, consumir tanto.

La ansiedad que provoca el ver y el deseo se compensan mínimamente pudiendo «poseer» digitalmente (descargar, archivar) frente a una aplazada profundización en las cosas (…) a la producción entusiasta de datos e, indirectamente, a «hacernos datos».

"Así, ante la predominancia de "lo mucho", el pago más fácil, porque es el más rápido, es el "pago con ojos". Ser visto es lo que mejor puede ser registrado e inscrito en la lógica de los criterios de mercado ayudando además a asentar los nombres como marcas."

"A nadie  extraña el agotamiento de los sujetos, que ante la dificultad de abarcarlo todo, fluyen o se dejan fluir hacia lo emocional, buscando deleitarse con  lo pequeño: esa foto, ese mensaje privado, esa vida de ahora.(...) Ciertamente resulta paradójico que, teniendo  nuestra disposición un universo de datos e información para contrarrestar y documentarnos, la verdad sea percibida como un inabarcable lodazal que termina sometiendo la vida a "la apariencia" y a la actualidad (…)". 
“Cuando todo está bajo sospecha, lo que aparenta mayor grado de realidad tiene más valor, invirtiendo la lógica de compartir lo vivido por compartir lo que quiero que crean que he vivido."

El gran problema es que "(…) son los imaginarios conservadores los que más partido están sacando a la pareja velocidad y exceso. Ante la celeridad, la inercia solo tolera ideas preconcebidas, es decir, aquellas que ya estaban en nosotros. Justamente las que precisan apoyarse en sensaciones y emociones.” Lo intuitivo. 

"No puede ser que las cosas se hayan reducido a su piel y que se cambie pensamiento por listado, texto por titular (...) Hace tiempo que la imagen y el pantallazo se rebelaron frente a la reflexión pausada." 

A lo que Peirano añade el peligro de la manipulación de los algoritmos que “ofrecen una visión de lo que está pasando diseñada para nosotros de manera única”, por separado. Y estas noticias "a la carta", escogidas para nosotros, según nuestros intereses y radicalizadas para crear más "engagement", enganche, nos lo filtran por el mismo canal por el que nos llegan los mensajes familiares, personales o incluso privados.

Esta reagrupación algorítmica genera un entorno de consenso permanente, aislado del mundo real. El rasgo de pertenencia se arremolina en torno al rechazo a “el otro” y su deriva es racismo y deshumanización. Refuerzan y radicalizan nuestro sesgos: “Ya no somos vegetarianos sino veganos, no somos progresistas sino radicales de izquierda, no somos personas sino activistas de nuestra propia visión del mundo.(…) Las tribus identitarias son un monocultivo; la falta de diversidad atrae plagas y enfermedades.”
“Para mí, básicamente, Google quiere ser el nuevo Estado del bienestar y el
nuevo partido político.” alega Evgeny Morozov, investigador informático teórico. (La locura del solucionismo tecnológico) “Quieren reunir tantos datos como puedan.” Por ejemplo, a través de los llamados "dispositivos inteligentes": relojes inteligentes, termostatos inteligentes; cualquier cosa que tenga un sensor generará un dato. 

"Tu seguro quiere saber qué posibilidades tienes de enfermar; tu banco quiere saber qué probabilidades tienes de no pagar tu hipoteca." 
Y no solo eso: "Querido usuario, ha sido registrado como participante en un disturbio masivo", decía el SMS que el Gobierno ucraniano envió a todas las personas que se manifestaron contra las últimas decisiones del presidente Víktor Yanukovich en enero de 2014. Las autoridades consiguieron sus datos pidiendo a las operadoras la lista de todos los móviles que pasaron por las intermediaciones de una antena determinada (volcado de torre).

“Habría que oponerse a que el paradigma de la propiedad privada se extienda a los datos. Los datos, sin la capacidad de analizarlos, no son gran cosa. Hoy en día solo algunas grandes empresas son capaces de estudiarlos. Esa información debería estar bajo un control público, que no significa un control del Estado, sino de los ciudadanos. La reciente fascinación en Europa por esa idea del común, que no tiene nada que ver con la de los comunes, es un marco sano.” 

“Durante demasiado tiempo se ha pensado el trabajo digital y de internet como espacio comunitario" escribe Silvia Federici. "Esta concepción del común tiene problemas muy grandes, porque internet no nos permite reproducirnos”. "En cambio, tierra, bosques y aguas son fundamentales para nuestra reproducción."

Fuentes:
“La locura del solucionismo tecnológico”, Evgeny Morozov.
“El entusiasmo. Precariedad laboral y trabajo creativo en la Era digital.” Remedios Zafra.
“El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención.” Marta Peirano
https://ctxt.es/es/20200108/Firmas/30456/ruinas-capitalismo-alba-rico-inconsistente-incompleto-arquitectura-alquiler.htm#.XhdaueksnQE.twitter

https://www.pikaramagazine.com/2012/06/%e2%80%9cdesvalorizar-el-trabajo-reproductivo-de-las-mujeres-ha-destruido-nuestra-relacion-con-la-tierra%e2%80%9dentrevista-a-silvia-federici-activista-especializada-en-trabajo-domestico-reproductiv/
https://elpais.com/elpais/2015/12/17/eps/1450358550_362012.html

viernes, 31 de enero de 2020

Los atajos del cerebro: todos somos erroristas (y está bien).

"La tiranía de los objetos... Ella no sabe que yo existo. Como los androides, carece de la capacidad de apreciar la existencia de otro ser." 
Del libro "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" Philip Dick.

Los seres humanos somos capaces de detectar patrones en nuestro entorno y elaborar, utilizando la imaginación, planes complejos, concibiendo cambios de mejora. Y no lo hacemos solos. Hablamos con otras personas para tener nuevas perspectivas. Así es como la información se convierte en conocimiento. Podemos comunicar esas ideas a nuestros compañeros, para pensar juntos esas mejoras antes imaginadas y trabajar colectivamente. Hasta que de tanto que fallen, se repitan, se aprenda de la experiencia, se modifiquen y se mejoren... lo que fueron en su día innovaciones drásticas, se conviertan en tradiciones.

El cerebro es maravilloso, pero también una chapuza. Según las psicólogas sociales Susan Fiske y Shelley E. Taylor, somos "indigentes cognitivos": “...  las  personas, especialmente cuando se encuentran bajo presión de tiempo o enfrentan una situación inusualmente compleja, luchan por simplificar [hasta la saciedad] sus procesos cognitivos ...”

Preferimos explicaciones rápidas y simples a razonamientos más precisos y detallados. Evaluamos la información en base a qué tanto nos hace “sentir bien”, en lugar de en cuanto nos ayuda a tomar mejores decisiones. Acudimos a atajos mentales (heurísticas es su nombre técnico) en la toma de decisiones. Incurrimos en sesgos. Pero el cerebro lo hace por algo: sobrevivir. No puedes sentarte a analizar y a hacer un razonamiento profundo de todo lo que te ocurre, todo lo que recibes de tu entorno. Si consumes constantemente información, el cerebro entra en modo de sobrecarga y no es capaz de digerir y de quedarse con lo interesante. Lo mejor, y si hay tiempo: ¡descanso!: "Esos momentos de ocio o de distracción son los que permiten que el tálamo aprenda a priorizar, a ponderar la información y a prestar atención a varias cosas distintas." explica el bioquímico y neurocientífico Henning Beck. "La ociosidad puede ser la madre de todos los vicios, pero al mismo tiempo el ocio es el principio de toda creatividad”.

Pero al cerebro no le gusta el dolce far niente, ni siquiera cuando estamos dormidos. Por eso, los atajos mentales, heurísticas, nos facilitan la solución de problemas cognitivos complejos.
Para ello, está la habilidad de detectar patrones. Al cerebro le encantan los patrones de pensamiento y las rutinas, por eso amamos los algoritmos de las redes sociales. El cerebro prefiere los patrones en lugar de números. El lenguaje del cerebro no es hacer cálculos como las máquinas, sino el pensamiento abstracto.

El problema surge cuando el cerebro ve patrones por todas partes, patrones simples, sencillos. El periodista y antropólogo Tom Phillips (Humanos), lo explica con un claro ejemplo: "Tampoco es un problema grave cuando se trata de cosas como señalar las estrellas del cielo nocturno y decir: «Oh, mira, es un zorro persiguiendo una llama». Pero cuando el patrón imaginario que uno ve es del tipo «la mayoría de los crímenes los comete un determinado grupo étnico...», bueno, entonces el problema es realmente serio."

Heurístico de anclaje:
En una situación de incertidumbre, donde tienes que tomar una decisión, y no tenemos de dónde tirar porque no se nos ocurre ninguna experiencia anterior, tomamos un punto de referencia, cualquier dato que llegue primero, como agarrarse a una boya en alta mar. El problema surge cuando los enunciados sugieren esos datos con el objetivo de afectar a tu juicio, porque te lo han lanzado, como si de una boya se tratase. "Entre 2007 y 2017, murieron más estadounidenses por accidentes con su cortacésped que por atentados terroristas, pero aún hoy el Gobierno norteamericano no ha declarado la guerra a los cortacéspedes (aunque, para ser sinceros,en vista de los acontecimientos más recientes no puede excluirse esa posibilidad)." explica Phillips. ¿Y por qué nos agarramos a estos datos antes de sopesarlos y hacer nuestra propia investigación? Porque el cerebro trabaja más con lo que ha ocurrido recientemente o las que han causado más emociones o son más memorables. Lo primero que escuchaste, lo que te causó más impresión, una experiencia emocionante vivida... Para hacer juicios rápidos está bien, siempre y cuando no declares la guerra a los cortacesped.

Pero y si somos personas juiciosas, que sopesamos todas las variantes, reflexionamos, nos colocamos las gafas y nos llevamos la mano a la barbilla incluso cuando elegimos las cientos de variedades de patatas fritas en el supermercado (¡no caeré en el engaño y miraré el cuadro nutricional!). Aún entonces, cuando las comas, tu cerebro estará contento de saber que no se equivocaba, y éste es otro sesgo: el de confirmación. "Centrar la atención, en cualquier mínima evidencia que refrende lo que ya pensamos, ignorando a la ligera aquellas otras, posiblemente mucho más abrumadoras, que sugieran que íbamos totalmente desencaminados." 

Y no solo eso, si aún así vemos que nos estamos equivocando, que la cosa se tuerce... seguimos defendiendo nuestra postura errónea, repasamos nuestros recuerdos de cómo y por qué hicimos esa elección. Es el sesgo de selección-apoyo. Es por esto que, por mucho que rebatamos que la mayoría de los crímenes no los comete cierto grupo étnico, aportando datos y grandes gráficos, "puede que se reafirmen más en su error con fuerza redoblada" (esos gráficos están sesgados, un amigo de un amigo me contó...)


También están los heurísticos de simulación, el "y si...": estimar la probabilidad de un suceso basándose en la facilidad con la que podemos imaginarlo. A veces, el segundo en el podio se muestra menos contento que el tercero. Esto se debe a que para el segundo es muy fácil simular la situación de haber quedado primero, pero se encuentra en peor situación. En cambio, para el tercero es más fácil imaginarse la situación de que algo hubiera fallado y haber quedado fuera del podio, antes que haber quedado en mejor lugar, por lo que ahora está en mejor situación, y más feliz. 



Son estos fallos los que diferencian a los seres humanos de cualquier otro animal y del ordenador más perfecto. El cerebro humano no sabe bien cómo tomar decisiones, ni recordar de forma precisa y tampoco calcular, como las máquinas. ¿Resolver problemas de manera rápida y eficiente, buscando en algoritmos similitudes y correlaciones?, eso es cosa de los ordenadores. "El error, y la posibilidad de aprender de ello para la próxima es quizá lo que ha llevado al ser humano al lugar en el que está", afirma henning Beck en su libro "Errar es útil".

Y explica que el cerebro y los ordenadores se diferencian en algo fundamental: las personas se plantean preguntas y los ordenadores dan respuestas. Los ordenadores siguen reglas, pero las personas pueden modificar esas reglas. Los humanos tenemos la capacidad o el arte de resolver los problemas de forma creativa. Tenemos la capacidad de enfocar los problemas de una manera distinta, intercambiando con otros los puntos de vista y creando otros. Como seres simbólicos, tenemos la capacidad de comprensión y de pensamiento conceptual, abstracto. Nuestro cerebro no trata de aprender, sino de comprender. El cerebro sopesa hechos objetivos con sentimientos subjetivos. Para los ordenadores, "el símbolo 😊 se diferencia de 😔 solo en un tercio de sus datos, sin embargo el significado para nosotros es completamente diferente."

“Las emociones son como un turbo, aceleran nuestro aprendizaje, porque las áreas de la memoria están muy conectadas con las que controlan los sentimientos. Por eso, es muy importante transmitir una buena emoción cuando se enseña algo”. Entrenando aprendemos mejor. Porque el aprendizaje es emocional: entrenar hace que sintamos que tenemos más control sobre el resultado, y nos hace sentirnos satisfechos, nos hace “sentir bien”. Los deportistas lo llaman "la zona", cuando parece que tu cuerpo funciona solo, con total control.
El problema surge cuando nos echan el anzuelo (o los patrones, de nuevo) para sentirnos bien con el fin de beneficiarse, por ejemplo a través del móvil, o la inerfaz de las redes sociales, "porque así estás generando datos que los hacen ganar dinero", explica la periodista Marta Peirano (El enemigo conoce el sistema): 

"La gente tiene que ser consciente de que estas aplicaciones no son inocuas, están diseñadas literalmente como máquinas tragaperras, para ser irresistibles, no porque ellos quieran crear adictos, sino como consecuencia de su modelo de negocio, que consiste en extraer datos. Y para que ese modelo funcione, necesitan tenerte colgado del móvil." Son sistemas que producen "la mayor cantidad de pequeños acontecimientos inesperados en el menor tiempo posible. En la industria del juego se llama event frequency. Cuanto más alta es la frecuencia, más rápido te enganchas, pues es un loop de dopamina. Cada vez que hay un evento, te da un chute de dopamina, cuantos más acontecimientos encajas en una hora, más chutes, que es lo que te genera adicción." 
Además, "el que no sepas si vas a tener premio, castigo o nada, hace que te enganches más deprisa. La lógica del mecanismo provoca que sigas intentando, para entender el patrón. Y cuanto menos patrón hay, más se atasca tu cerebro y sigue, como las ratitas de las cajas de Skinner, que fue quien inventó el condicionamiento de intervalo variable. La rata le da a la palanca de manera obsesiva, tanto si sale comida como si no."

Las emociones también afectan en la memoria. "El propósito de la memoria no es reflejar el pasado de forma perfecta sino ayudar a planear el futuro. Las regiones cerebrales que falsean nuestros recuerdos son las mismas que nos ayudan a idear nuestro futuro" explica Henning Beck. Es decir, nos permiten crear una identidad propia a partir del pasado y aprender mejor de nuestras experiencias para encarar el futuro. Y ésto solo lo logramos porque aceptamos los fallos de memoria, así somos capaces de crear nuevas ideas para el futuro. La memoria “aunque no sea cierta, es coherente”.

La eficacia del cerebro “se desarrolla al dividir un problema en partes, componer equipos flexibles y distintas redes para buscar soluciones, y dejar trabajar con la máxima libertad posible”.  
"El cerebro no es un almacén de datos, sino un organizador de conocimiento, y despliega todo su saber cuándo no se le trata estúpidamente".



Fuentes:
Errar es útil, de Henning Beck. 
Humanos, de Tom Phillips.
El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención, de Marta Peirano. 
Social cognition. Fiske, S. T., & Taylor, S. E.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-51268343
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-06-12/marta-peirano-5g-facebook-google-huawei-enemigo-conoce_2066566/

lunes, 13 de enero de 2020

¿Está el enemigo? que se ponga: la guerra absurda.

"El hombre nace esclavo, débil, insuficiente y dependiente, sometido e imperfecto. En resumen, nace imbécil" 
afirma tajante el filósofo italiano Maurizio Ferraris en el libro "La imbecilidad es cosa seria".
 
"A más técnica, mayor grado de imbecilidad», porque "mayor es la imbecilidad que se percibe". "La imbecilidad es lo propio de la modernidad porque con las potencialidades expresivas que ofrece el mundo actual, el estúpido se pone más fácilmente de manifiesto que en cualquier otra época más recogida y silenciosa". 

De hecho, en 1912, Guglielmo Marconi, el inventor de la radio, hizo esta predicción: "El advenimiento de la era de las comunicaciones sin cables hará imposible la guerra, porque la hará ridícula». Pero en 1914, el mundo fue a la guerra.

"Mis guerras son absurdas porque lo es la guerra en sí" decía el humorista Gila.
 
"La guerra es una inyección colectiva de sangre en la cabeza; en otras palabras, es la reina de las cagadas", explica el periodista y antropólogo Tom Phillips en su libro "Humanos". "Pero, aparte de ser muy malas de por sí, el caos y la estrechez de miras y, en general, la majadería de los machotes en las guerras no hacen sino subrayar la innata capacidad de la humanidad para fracasar estrepitosamente de otras muchas maneras."

Y cuenta la historia de la isla de Guam, en el Pacífico, durante la guerra entre España y Estados Unidos de 1898. Guam por entonces era colonia de España, país que se olvidó por completo de informarles de que estaban en guerra.

"Cuando una pequeña flota de buques de guerra estadounidenses llegó a la isla, sospechosamente poco defendida, y disparó trece cañonazos al viejo fuerte español de Santa Cruz, la reacción de los dignatarios guameños fue acercarse en barcas de remos a los buques para agradecer a los americanos sus generosas salvas de cortesía y disculparse porque les iba a llevar un rato devolverles el gesto.

Tras unos momentos de perplejidad, los americanos explicaron que no les habían enviado saludos, que lo que intentaban, de hecho, era entablar batalla, porque estaban en guerra."

"Guam se rindió oficialmente al cabo de unos días, y ha sido territorio de Estados Unidos desde entonces."

Otra historia de batalla absurda fue la acontecida en Kiska, una isla pelada, pero de gran valor estratégico, situada en el Pacífico Norte, a medio camino entre Japón y Alaska. Los japoneses la tomaron en 1942, en la Segunda Guerra Mundial, lo que alarmó sobremanera a los estadounidenses.

"En el verano de 1943, 34.000 soldados estadounidenses y canadienses se prepararon para intentar reconquistar Kiska."
"Cuando tomaron tierra, el 15 de agosto, las tropas aliadas se encontraron Kiska envuelta en una niebla espesa y gélida. En condiciones infernales de frío helador, con viento, lluvia y cero visibilidad, avanzaron a ciegas por el terreno rocoso, paso a paso, tratando de evitar minas y otras trampas, mientras constantes fogonazos de armas de fuego de enemigos invisibles iluminaban la niebla a su alrededor. Durante veinticuatro horas, esquivaron las balas de los francotiradores y, palmo a palmo, escalaron la pendiente hacia el centro de la isla, acompañados por explosiones en sordina de los proyectiles de la artillería, el staccato del fuego de combates cercanos y gritos confusos que intentaban transmitir órdenes o rumores sobre la proximidad de las fuerzas japonesas.

No fue sino hasta el día siguiente, al contar sus bajas —veintiocho muertos, cincuenta heridos— cuando descubrieron la verdad: allí no había nadie más que ellos.


De hecho, hacía casi tres semanas que los japoneses habían abandonado la isla. Las tropas estadounidenses y las canadienses se habían estado disparando entre sí.

Esto podría haber pasado a los anales como un error desafortunado, pero comprensible, excepto por un detalle. Su equipo de vigilancia aérea había avisado a los jefes de la operación, semanas antes del desembarco, que habían dejado de ver signos de actividad japonesa en la isla, y que creían que probablemente había sido evacuada. Pero los jefes desoyeron los informes de vigilancia."

Una historia parecida cuenta de Karánsebes (en la actual Rumanía) en 1788. Las tropas austriacas estaban de retirada durante la noche y atravesaban la ciudad de Karánsebes, atentas por si aparecían los turcos persiguiéndolas.
 
"Alguien pegó un tiro al aire y algún otro empezó a gritar: «¡Los turcos, los turcos!». Los soldados de caballería se lo tomaron en serio, y, naturalmente, se lanzaron a cabalgar de un lado a otro gritando ellos también «¡los turcos, los turcos!». Con lo que todo el mundo entró en pánico y trató de huir de las quiméricas fuerzas otomanas. Entre la oscuridad y la confusión (y probablemente la borrachera), se cruzaron dos unidades de tropa, ambas confundieron a la otra con el temido enemigo y empezaron a dispararse como locos.
Para cuando todos se dieron cuenta de que en realidad no los atacaba ningún turco, buena parte de las tropas austriacas habían huido, se habían volcado carros y cañones y el grueso de sus provisiones se habían perdido o se habían echado a perder. Cuando al día siguiente apareció por fin el ejército turco, descubrieron un montón de austriacos muertos y los restos desperdigados de su campamento." 

En 1871, Alfred Nobel dijo, a propósito de su invención de la dinamita: «Tal vez mis fábricas pongan fin a las guerras antes que sus congresos: el día que dos ejércitos puedan aniquilarse mutuamente en un instante, todas las naciones civilizadas reaccionarán con horror y disolverán sus tropas». 

En 1877, Richard Gatling, inventor de la ametralladora que lleva su nombre, escribía a un amigo: «Se me ocurrió que si podía inventar una máquina —un arma de fuego— que disparara a tal velocidad que permitiera a un solo hombre rendir en combate tanto como cien, eso, en gran medida, supliría la necesidad de contar con grandes ejércitos, y, en consecuencia, se reduciría enormemente la exposición al combate y a las enfermedades»

En 1932, Albert Einstein predijo que «no existe el menor indicio de que algún día vaya a poder obtenerse [energía nuclear]».
 
En 1945, Robert Oppenheimer, el hombre que dirigía los esfuerzos por producir la bomba atómica en Los Álamos, escribió: «Si este arma no convence a los hombres de la necesidad de poner fin a la guerra, nada que salga de un laboratorio lo conseguirá jamás». 
 
El siglo XX, escribió el historiador Eric Hobsbawn: “ha sido el más sangriento en la historia conocida de la Humanidad. La cifra total de muertos provocados directa o indirectamente por las guerras se eleva a unos 187 millones de personas, un número que equivale a más del 10 por ciento de la población mundial de 1913”.
(Guerra y paz en el siglo XXI)

 "...en este complejo mundo, en el que mucha gente camina con barriles de pólvora encendiendo sus cigarrillos imprudentemente, debemos percatarnos que el enemigo somos demasiadas veces nosotros mismos. Es una situación que debería hacernos entender que debemos ser mucho mas cuidadosos de lo que hemos sido hasta ahora." Eric Wolf, antropólogo e historiador.


sábado, 14 de diciembre de 2019

Capitalismo afectivo: la imaginación para el poder.

 "Nosotros somos siempre la solución, puesto que nosotros creamos los problemas" 
Comentario satírico de los corredores de Bolsa de NY, Gran Depresión de 1929.

"Necesitamos agregar una noción de equilibrio entre el trabajo y la vida (...) pues la competencia capitalista no se limita a la mera expansión global del mercado, sino que también incluye las geografías locales de la emoción." 
  Arlie Russell Hochschild. (La mercantilización de la vida íntima).

No hay nada imposible, arriesga, emprende, innova, transforma, persigue tus sueños… 

Mindfulness, design thinking, inteligencia emocional, coaching, felicidad creativa, think tanks, empowerment, emprendizaje y autosuperación…

Parece que por fin se han escuchado los lemas de la contracultura de los años 60 o del mayo del 68. ¡Imaginación al poder! gritaban los jóvenes en La Sorbona hace unos cincuenta años, que alentaban a la creatividad, a romper los moldes, a la aventura. 

Pero, ¿y la desigualdad, el desempleo, la pérdida de garantías jurídicas y sociales…? Quizás es que no hay alternativa, quizás solo nos queda adaptarnos, surfear felices en un precario equilibrio soñando con alzarnos en las olas del cambio permanente.

“La creatividad institucional del ser humano sólo ha quedado en suspenso cuando se le ha permitido al mercado triturar el tejido humano hasta conferirle la monótona uniformidad de la superficie lunar”
escribió Polanyi.

En la superficie lunar sólo nos queda seguir esos discursos que nos aleccionan a ser emprendedores y nos exigen ser empleables (capital humano) y flexibles, tener disponibilidad permanente para el cambio de empleo continuo y con condiciones de trabajo cada vez más inestables y menos reguladas.
En este modelo post-fordista, los empleos ya no son para toda la vida. 
 
Desinstitucionalizado, flexibilizado e individualizado el uso social del trabajo, debemos esforzarnos por formarnos y reciclarnos, crear empresas propias o autoemplearnos sorteando todas las trabas burocráticas. Todos somos empresarios de nosotros mismos. En este contexto aparecen los discursos de la inteligencia emocional y afectiva (imaginación, creatividad, riesgo…) como única manera de maquillar la angustia que genera esta inestabilidad y descontrol laboral y vital. Y evolucionar, es decir, ser capaces de sacar rentabilidad a todos los proyectos laborales y vitales.

Esto no es nada nuevo, de hecho, es una vuelta atrás. Dos sociólogos franceses, Luc Boltanski y Ève Chiapello (El nuevo espíritu del capitalismo) explican que estas cualidades, (la autonomía, la espontaneidad, la movilidad, la pluricompetencia, la disponibilidad, la creatividad, la intuición visionaria, la sensibilidad…) están sacadas directamente del repertorio de Mayo de 1968. “Sin embargo, estos temas, que en los textos del movimiento de mayo de 1968 iban acompañados de una crítica del capitalismo” ahora están “puestos al servicio de las fuerzas que antes trataban de destruir”. 
“La crítica de la forma en la que el capitalismo industrial aliena la libertad es, de este modo, separada de la crítica de la alienación mercantil, de la opresión de las fuerzas impersonales del mercado”. 
“El capitalismo ha encontrado en sus críticas la manera de garantizar su supervivencia”.

“La utopía del último management es más bien una retropía, se ha inventado (o mejor, reinventado) el individualismo carismático y superviviente del pionero” nos explican, por su parte, los sociólogos Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez. “Cada vez más radicalmente a una apelación constante al riesgo, la individualización, el cálculo personal, la naturalización de la inseguridad y el darwinismo social disimulado bajo todos los lenguajes tecnológicos, políticos y psicológicos”
 
La vuelta al darwinismo social responsabiliza al individuo de su situación, ya que no sabe adaptarse en estos vaivenes constantes, del ritmo frenético de las innovaciones tecnológicas y la competencia feroz. Los más rezagados, los que son incapaces de autorealizarse al extremo, tienen las terapias como solución. «La afirmación de que una vida no autorrealizada necesita terapia es análoga a la afirmación de que alguien que no utiliza al máximo el potencial de sus músculos está enfermo, con la diferencia de que en el discurso psicológico ni siquiera está claro qué califica como un “músculo fuerte”»
Eva Illouz, socióloga (La salvación del alma moderna).
 
En un contexto carente de certidumbre alguna, expuestos a situaciones de angustia en una realidad que apenas podemos comprender y controlar, ya no vale la previsión ni la racionalidad burocrática, sino el gurú místico, seductor y carismático (del sáncrito “gurús”, maestro) que nos ayuda en un mundo en metamorfosis permanente, a hacer surfing sobre esas olas del cambio. “Es mejor ser pirata que alistarse en la marina” decía Steve Jobs.

Más que soldados fieles, nos exhortan a ser piratas y dar rienda suelta a nuestra creatividad y pensamiento intuitivo frente a las trabas de la burocracia, de la racionalidad, del control estructurado. Y sin embargo “por el más viejo principio burocrático, hasta la lucha contra la burocracia genera más burocracia” advierten
Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez, eso sí “esta vez dirigida a construir normativamente los intereses de los mercados internacionales.” Reglamentaciones, proyectos, controles, verificaciones… normas y directivas cada vez más detalladas y precisas. Tratados, controles, bloqueos normativos de fronteras (no tanto para las cosas sino para las personas) que construyen ese “desencanto al desencanto” del que hablaba el antropólogo Ernest Gellner. Es decir, un estado asocial, apolítico que crean las jaulas que ya no son de hierro (de racionalización, cálculo, eficiencia tecnológica y control), sino de goma (de coacción flexible a través de discursos emotivos y místicos…) pero mucho más competitiva e individualizada que la anterior. Vuelve el cálculo egoísta adornado con un envoltorio de felicidad, inteligencia emocional y resiliencia, y vuelve la competencia del más fuerte demonizando a las “personas tóxicas”.

Para la adhesión y el compromiso continuo al capitalismo, “se reincorpora aquello que en buena medida, puede cuestionarlo, es decir, el espectro de los afectos” escribe el filósofo Alberto Santamaría en “Los límites de lo posible”. Las emociones en sí mismas son motores de cambio político, pero sometidas a un autocontrol (inteligencia emocional), dentro de la producción y fuera del impulso político, pueden ser perfectamente productivas dentro del sistema neoliberal. “La creatividad, por ejemplo, ya no es un proceso crítico, cuestionador del sistema reglado, como en el romanticismo, sino una herramienta necesaria en la gestión y dirección de empresas”.
 
“En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.
Hoy el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. En su permisividad, incluso en su amabilidad, depone su negatividad y se ofrece como libertad.
La psicopolítica neoliberal está dominada por la positividad. En lugar de operar con amenazas, opera con estímulos positivos. No emplea la ‘medicina amarga’, sino el "me gusta". Lisonjea el alma en lugar de sacudirla y paralizarla mediante shocks. La seduce en lugar de oponerse a ella. Le toma la delantera. Con mucha atención toma nota de los anhelos, las necesidades y los deseos (…). La psicopolítica neoliberal es una política inteligente que busca agradar en lugar de someter.”

Byung-Chul Han (Psicopolítica,
neoliberalismo y nuevas técnicas de poder).






Fuentes:
Arlie Russell Hochschild. "La mercantilización de la vida íntima."
Luc Boltanski y Ève Chiapello. "El nuevo espíritu del capitalismo."
Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez. "Poder y sacrificio."
Eva Illouz, socióloga. "La salvación del alma moderna."
Alberto Santamaría. "Los límites de lo posible."
Byung-Chul Han. "Psicopolítica, neoliberalismo y nuevas técnicas de poder." 
Marina González Guerreiro, artista, ilustración de la portada.