jueves, 25 de junio de 2026

Imagina el poder de la mente: la plasticidad cerebral.


“Cuando simplemente te imaginas haciendo algo, se activan las mismas regiones cerebrales que cuando realmente haces lo que habías imaginado. Lo que significa que la práctica mental puede ser eficaz. Si nos imaginamos corriendo, por ejemplo, puede influir en nuestra velocidad o la fuerza de nuestros músculos.” Sarah-Jane Blakemore, neurocientífica.


Fernando Bouffard perdió la vista por un infarto cerebral. Ceguera irreversible, le diagnosticaron.

Hoy, lee el periódico.

Pacientes que han sufrido un ictus o un traumatismo craneal, que les han causado una lesión en el cerebro pueden muchas veces recuperar esas funciones, aunque sea parcialmente. Y casi nunca es porque se cure la lesión, lo que ocurre es que el cerebro se reorganiza para seguir prestando sus funciones. Esta capacidad se llama plasticidad cerebral. Es una característica espontánea del cerebro.

“Las funciones cerebrales se generan a partir de redes de neuronas –explica Pascual Leone, neurólogo–. Es un cableado que se renueva y además se generan nuevas conexiones. Ante una lesión, el cerebro cambia. Es como si al ir de un punto a otro de la ciudad, un atasco invalida la ruta principal; el GPS busca una alternativa para llegar al destino. El cerebro hace igual: ante una lesión que invalida sus conexiones habituales, define otras. Pero siempre ha de caber una mínima posibilidad de conexión, igual que el coche no puede atravesar edificios. Y la ruta alternativa será más lenta o dificultosa”.

En 1894, don Santiago Ramón y Cajal describió la plasticidad en una conferencia impartida en la Royal Society de Londres: 
"Podríamos decir que la corteza cerebral es como un jardín plantado con innumerables árboles, las células piramidales, que, gracias al cultivo inteligente, pueden multiplicar sus ramas y hundir sus raíces más profundamente, produciendo frutas y flores de una veriedad y calidad cada vez mayores».

“Lo que hemos visto en los últimos diez años –apunta Masdeu– es que las funciones cerebrales tienen una gran plasticidad, de modo que áreas cerebrales no dedicadas a una función, incluso alejadas, pueden activarse para que además de su trabajo, desempeñan esa función de la región lesionada. La plasticidad existe siempre, también en el cerebro sano.”

Sarah-Jane Blakemore, neurocientífica, añade:
“El desarrollo, los cambios y la velocidad en el número de conexiones celulares…todo va cambiando de forma natural durante décadas, o más incluso; y además, existe otro tipo de plasticidad que surge cada vez que aprendemos algo nuevo: cada vez que aprendemos una palabra nueva o un nuevo rostro, algo cambia en nuestro cerebro, la fuerza de las conexiones entre las células cambia… Y sabemos que podría seguir así para siempre… durante toda la vida.

“Uno de los primeros experimentos fue un estudio hecho en Londres sobre los taxistas londinenses. Allí, para llevar un taxi tienes que saberte no sé cuántos miles de rutas, creo que son unas veinticinco mil rutas... Tienes que aprendértelas todas de memoria. Así que se trata de personas con una memoria espacial prodigiosa. Ella los estudió y se fijó en la estructura y funciones de sus cerebros. Y lo que descubrió fue que, comparado con otros conductores, el hipocampo, que es una parte del cerebro que se encarga de la memoria y del aprendizaje espacial, era mayor en los taxistas comparado con otros conductores (...) Pero la cuestión es saber si esto tiene un impacto para cualquier otra habilidad, para todas las habilidades en general.”

"Por supuesto, la motivación y el interés son factores de reforzamiento sináptico" recuerda Nazareth Castellanos, doctora en neurociencia, en su libro El puente donde habitan las mariposas. "Nuestro cerebro es más plástico cuando algo nos interesa, nos agrada. Pero, en general, para memorizar, necesitamos repetir. La repetición consolida un recuerdo porque refuerza las conexiones sinápticas en cada intento. Es la base del aprendizaje, la repetición. Sin embargo, nadie sabe cómo olvidar.

Como vemos, los circuitos conservan la información en el cerebro. Hablamos de redes neuronales formadas por cientos de miles de neuronas, con complejísimas arquitecturas. Pueden contener neuronas de estructuras cerebrales diferentes, por ejemplo, estableciendo alianzas entre el hipocampo y la amígdala. Así como existen redes formadas por neuronas, existen otras formadas por regiones cerebrales.

La plasticidad opera creando, modificando o destruyendo esas redes."

Sea como fuere, la inteligencia, el desarrollo cerebral necesita del contacto con otros cerebros:

“Parte de mi trabajo se centra en el cerebro social, es decir, la complicada red que conecta las regiones cerebrales que se utilizan para que podamos interactuar con otras personas y entenderlas. Parece que las interacciones sociales están ahí desde el principio, desde el nacimiento, y son sumamente importantes para el aprendizaje y el desarrollo. Hay estudios en Estados Unidos que demuestran que los bebés aprenden mejor si lo hacen de una persona de carne y hueso que de una pantalla de televisión o de la grabación de una voz en una cinta.”

Una anécdota de Albert Einstein ilustra este principio de funcionamiento neuronal. Se cuenta que, al acabar una de sus conferencias, se dirigió al organizador del evento y le dijo: «Creo que nadie ha entendido nada, pero lo importante es que en ese intento por comprenderme o al menos escucharme, han ordenado un poco sus cerebros».

La neurocientífica Nazareth Castellano explica esta anécdota: "Como vemos, el pensamiento o la ejecución consciente de la actividad neuronal cuando está realizando una labor y una tarea ordena nuestro cerebro, ya que, si comparamos cuando está a la deriva, vemos que la primera supone una dinámica más ordenada. ¿Qué estado conlleva más energia o gasto hemodinámico de flujo sanguineo y presión para el cerebro? Obviamente, el estado de orden. Es más costoso. Por eso nos cuesta más esfuerzo realizar algo que dejarnos llevar por los vientos de la deriva. Y por eso mismo, el cerebro en su intento de ahorrar energía tiende al estado desordenado, a su modo de funcionamiento por defecto, a escapar del orden y de las instrucciones. Ante este dilema, como sistema autoorganizado, ha encontrado una solución híbrida: somos capaces de realizar una tarea de forma automática, sin ser consciente de ella. De esta forma no necesi tamos que nuestra actividad cerebral se asemeje a un desfile militar, pero tampoco llevamos un escuadrón de soldados ebrios en la sesera.

Y así se llega a que la consciencia no es necesaria para la conducta. Mantenernos en piloto automático nos ahorra mucha energía, pero el precio es alto. Cuanto más tiempo transitemos en ese estado, mayor será la sensación de insatisfacción vital que nos acompañará y peor será la ejecución de aquello que realicemos.

Sin embargo, ese estado también tiene sus funciones, y son necesarias e imprescindibles: la actividad por defecto del cerebro está involucrada en la consolidación de la memoria, la planificación de estados posibles, respaldo de la identidad y regulacion emocional. La actividad del cerebro transcurre en el puente entre ese estado, la red neuronal por defecto, y aquel que adopta cuando se realiza un acto consciente. Es un puente que recorre cientos de veces al día. Según la Universidad de Harvard, vive un 47% del tiempo en la orilla del estado por defecto. Casi la mitad del tiempo que estamos despiertos, habitamos en el borde más alejado de la consciencia."

¡Casi la mitad del tiempo! Pero es que es una de las formas de pensamiento más cuantiosas y fecundas de nuestra vida: el espontáneo. poéticas para describir cualquiera de los procesos mentales. 

Curioso resulta que se hable tanto de la ayuda de la meditación (autoconsciencia individual), pero no tanto de lo que los antiguos filósofos en China, India, Grecia, etcétera, remarcaban: que los humanos tan solo somos plenamente conscientes de nosotros mismos cuando dialogamos, y discutimos o discurrimos con otros sobre un problema común. Por eso, tendían a escribir sus libros como diálogos.

El vagabundeo mental en muchos lugares se llama algo así como "pensar demasiado". En Zimbabwe es "kufungisisa". Los pasos son abrir la mente, fortalecerse y elevarse, y todo se logra mediante el diálogo con las matriarcas shona. 

Se trata de «nuestra maravillosa corriente de consciencia» como «una alternancia de vuelos y aterrizajes» según el psicólogo William James (1890) Los aterrizajes representan los pensamientos, y los vuelos serían los movimientos entre ellos. En el siglo XIX, James ya adelantaba que la naturaleza del pensamiento es siempre dinámica y se mueve en un continuo entre aquellos que son conscientes y los que son espontáneos.

Imaginar, reeducar la mente, entrenarla… La palabra entrenar deriva del francés entraîner, compuesto por en, «hacia dentro», y traginare, «arrastrar». Entrenar es arrastrar algo hacia dentro.

"Son ya numerosos los estudios que han mostrado que el ciclo natural y espontáneo de la respiración modula la actividad de la amígdala, región fundamental para la emoción, y el hipocampo, su homóloga para la memoria y el aprendizaje." Nazareth Castellanos llama a esto la biosofía de la respiración. "Por el contrario, la exhalación se ha asociado con procesos emocionales y somatosensoriales, como la capacidad de sobresalto, el procesamiento del dolor o de la ansiedad." "
Lo podemos observar en nosotros, son los famosos suspiros de tristeza o angustia. Esas exhalaciones que parecen no acabarse nunca, como si el cuerpo no quisiera volver a nacer, a inhalar."

"Por ello, y gracias al complejo preBötzinger, el cerebro necesita tener una información precisa del patrón respiratorio. Cada segundo cuenta, la relación entre el cerebro y la respiración es continua y detallada. Esta última es llamada para coordinar la dinámica neuronal. Un gran recurso al alcance de nuestra voluntad."

"Llegamos a la parada del autobús, quedan cinco minutos para que pase. Inmediatamente, cual pistoleros en el Oeste, sacamos el teléfono móvil. Hoy las redes sociales, y los abundantes estímulos de la ciudad, se encargan de que posemos nuestra mente en sus contenidos. Pero no se excuse: en el campo le pasaría lo mismo. Aunque sea más noble distraerse con los pájaros que hacerlo con los anuncios de un escaparate, el proceso es el mismo: posar pasivamente la mente en algo que no requiera de nuestro esfuerzo."

Todo esto que parece novedoso, los  maestros budistas lo saben bien, pertenece a la sabiduría que mantienen desde hace siglos… Sogyal Rimpoché, maestro tibetano escribe en su libro “Destellos de sabiduría”:


Los maestros de meditación budistas saben cuan flexible y maleable es la mente. Todo es posible si la entrenamos. De hecho, ya estamos perfectamente entrenados para tener celos, para aferrarnos, para estar angustiados y tristes, desesperados y anhelantes, entrenados para reaccionar coléricamente contra aquello que nos provoca. En realidad estamos entrenados en tal medida que estas emociones negativas surgen espontáneamente, sin que intentemos siquiera generarlas.

 Así pues, todo depende de la fuerza del hábito y del entrenamiento. Si consagramos la mente a la confusión, sabemos muy bien que se convertirá en una sombría maestra de confusión, experta en adicciones, sutil y perversamente elástica en sus esclavitudes. Consagrémosla a la tarea de liberarse ella misma del engaño y descubriremos que con tiempo, paciencia, disciplina y un entrenamiento adecuado, nuestra mente empezará a deshacer sus propios nudos

Lleva la mente a casa, vuelve la mente hacia el interior y derrámala  
como granos en una superficie plana: 
cada pensamiento y emoción es un grano 
que se asienta por su propia cuenta.”
 
Fuentes:

"El puente donde habitannlas mariposas. Biosofía de la respiración." Nazareth Castellanos.



“Destellos de sabiduría” Sogyal Rimpoché

domingo, 17 de mayo de 2026

Capitan Swing y la historia... de abajo al mañana.

¿Por qué un podcast de historia tienen tantos oyentes? ¿Por qué seguimos fascinados por el pasado, por los yacimientos arqueológicos, por los documentales histórico, el rastreo de los árboles genealógicos..?

¿Y lo de las biografías de personajes históricos carismáticos, líderes y generalmente, y también de la élite?

¿Pero de verdad es importante aprenderse la biografía de esos grandes y majestuosos hombres (casi siempre, grandes hombres) aventureros, emprendeudores y empresaurios? ¿Y por qué a la historia que hacemos los humanos en la vida cotidiana, pisando calle, campo y barro, lo llaman "la historia de los de abajo"? ¿Abajo porqué? Casi siempre este tipo de Historia en mayúscula suele tratar a esta Historia de abajo como los acontecimientos de hordas de masas enloquecidas y caos incivilizado. Pero ¿y si pudiéramos canalizar parte de este pasado para ayudar a abordar los numerosos dilemas que enfrenta la humanidad en las próximas décadas? 

Pues hay buenas razones para hacerlo. Esto es lo que algunos llaman "historia aplicada". Su propósito no es permitirnos predecir el futuro como Nostradamus (o como el elocuente historiador israelí Yual Noah Harari, al que ahora le ha dado por ir anunciando el fin de la humanidad y solo le falta la campanita y la trompeta), sino más bien expandir el ámbito de nuestra imaginación. Y de eso, a los humanos nos sobra. De eso y de creatividad. El filosofo social Roman Krznaric afirma que "La historia puede recordarnos cómo enfrentamos crisis en el pasado, revelar diferentes formas de organizar la sociedad —quizás olvidadas hace mucho tiempo—, descubrir las raíces de las injusticias y las relaciones de poder actuales, y ofrecer pistas para la supervivencia, la prosperidad y el cambio." Pero, advierte, la historia es una consejera, no una adivina. Nos anima a plantearnos nuevas preguntas y a reconocer que existen otros caminos posibles. Algo que los pueblos originarios, dicho sea de paso, lo tienen muy en cuenta. Pero de eso, hablaré más tarde.

Ya he citado a Roman Krznaric. Así que menciono su último libro traducido al español, que se titula "Historia para el mañana. Mirar al pasado para caminar hacia el futuro". Es de la editorial Capitán Swing. 

¿Pero sabéis quien fue Capitán Swing?  

Ya, lo dicho, es que es parte de la historia de los Nadie, como decía el escritor Eduardo Galeano: "Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los dueños de nada", los olvidados, los pobres, obreros y campesinos...
Pues os cuento. Capitán Swing fue un personaje anónimo y de ficción que firmó muchas cartas con un toquecito amenazador en los mayores disturbios y agitación social en la Inglaterra del siglo XIX. Cartas mencionando la acción de los jornaleros agrícolas que, en esa época, deseaban seguir sobreviviendo aunque sea con míseros mendrugos de pan (vicio burgués donde los haya) y trillando el maíz a mano. A mano, y no a máquina. Porque esas nuevas trilladoras de nueva tecnología no hacían más que mecanizar la agricultura (ya de por sí de paupérrima cosecha) y provocar más desempleo. Mucho nos prometieron que gracias a los avances tecnológicos íbamos a tener más tiempo libre pero aquí seguimos, trabajando como nunca, explotados y precarizados, y ya no saben como vendernos los fantásticos y divertérrimos, dicen, avances modernos de la tecnología. Ni por dónde meternos la Inteligencia Artificial. Hasta las neveras y los cubos de basura la llevan. ¿Es que vamos a tener más tiempo libre porque ahora hasta los relojes son inteligentes? ¿Inteligencia, de qué? ¿Y artificial, cómo? ¿Y quienes moderan la Inteligencia Artificial sino más humanos explotados y precarizados? Tener que estar demostrando que "no soy un robot"... pues los robots no queman almacenes de Amazon, ni destruyen esas nuevas trilladoras, ni salen a exigir aumentos salariales a los terratenientes.... 

Uy perdón. Que estábamos en 1830, en Inglaterra... Como escribió Mark Twain: "La historia no se repite, pero a menudo rima".




A lo que iba. "Historia para el mañana". La editorial Capitán Swing me lo envió, y demuestra que la Historia es una reserva de sabiduría inmensa llena de revueltas radicales y desobediencia civil como la del personaje que fue Capitán Swing.
Él afirma que estas rebeliones son ejemplos de cooperación y compromiso para enfrentar desafíos contemporáneos como la crisis climática y la escasez de agua, la democracia representativa o la desigualdad. Ahí es nada.

Así que a lo largo de este libro, en historias de los últimos mil años, busca respuestas para afrontar algunos de los desafíos turbulentos y más acuciantes de la humanidad del siglo XXI. Por ejemplo, ¿Qué puede enseñarnos la historia de las revueltas radicales y el poder de la desobediencia para afrontar la crisis climática? ¿Qué inspiración podríamos encontrar en conceptos como la ashabiyyah árabe para crear hoy más lazos comunitarios? ¿Cómo podría la comprensión del capitalismo industrial, colonial y de consumo inspirar ideas para controlar la IA que no deja de ser parte del capitalismo de la información?

La tesis es esta: la historia no es simplemente un medio para comprender el pasado, sino una forma de reimaginar nuestra relación con el futuro. Como él mismo explica: el mundo en el que uno nace se siente como la norma, y es difícil imaginar algo diferente. 

Pero es que libros como este demuestran que a lo largo de la historia de la humanidad, siempre lo hemos hecho. En una época en la que la pseudohistoria y las narrativas pesimistas se instrumentalizan, ofrecernos una multitud de recursos de diversas historias es una buena idea. Y es que además, «La gran ironía de nuestra era —escribe la antropóloga Mary Catherine Bateson— es que, aunque vivimos más tiempo, pensamos más a corto plazo». (Mary Catherine Bateson, Composing a Further Life: The Age of Active Wisdom)

Y sí, soy consciente de que he comenzado a criticar a la IA y a pedir casi que vuelva el Capitán Swing. Se hace difícil pensar en nuevas ideas fuera de este sistema capitalista, consumista, capacitista, patriarcal, individualista, clasista, colonialista, racista y caníbal que lo devora todo... más que salir antorcha en mano.
Y es que no solo nos instan a consumir mucho para impulsar nuestra economía, sino también para alcanzar una suerte de “satisfacción espiritual”. En este libro aparece una afirmación que data de 1955, y dudo que algún economista se atreviera a ser tan directo hoy en día. Es de un economista estadounidense llamado Victor Lebow, y leo textualmente:

“Nuestra economía enormemente productiva exige que hagamos del consumo nuestro modo de vida, que transformemos la compra y el uso de bienes en rituales, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, nuestra satisfacción del ego, en el consumo… Necesitamos que las cosas se consuman, se quemen, se reemplacen y se desechen a un ritmo cada vez mayor.” 


Así que la gran pregunta es: ¿Cómo escaparnos de aquí? Roman Krznaric lanza varias claves:
La península ibérica musulmana fue un modelo de sociedad multicultural tolerante.
El Japón preindustrial (Edo) personificó la economía circular.
La imprenta y los cafés funcionaron como las redes sociales originales y promovieron el intercambio genuino de ideas.
Una tradición valenciana centenaria muestra cómo las comunidades pueden gestionar los bienes comunes para un acceso equitativo a los recursos. En este caso, una autogestión democrática, verticalista y centralizada del agua, mediante un tribunal compuesto de representantes escogidos por unos veinte mil agricultores de la zona.

Y sobre todo, que los ingredientes clave para evitar el colapso de la civilización son: solidaridad y lucha colectiva, cuidado de la naturaleza y una crisis para impulsar la acción. 

Estamos en crisis. O más bien, seguimos en crisis que siguen oxigenando a las dictaduras cada vez más.

La crisis desestabiliza el sistema, crea ruptura política, económica, tecnológica, e incluso ecológica.... Y según este filósofo, la historia nos muestra que las crisis son grietas que vuelven relevantes nuevas ideas. Nuevas cosmovisiones y políticas. Y estas ideas, inspiran movimientos, es decir, activismos disruptivos que desafían al poder.

Así que el autor menciona a Naomi Klein que explica tajante que "La esclavitud no fue una crisis para las élites británicas y norteamericanas hasta que el abolicionismo hizo que lo fuera. Que La discriminación racial no fue una crisis hasta que el movimiento de defensa de los derechos civiles hizo que lo fuera. Que La discriminación por sexo no fue una crisis hasta que el feminismo hizo que lo fuera. O que El apartheid no fue una crisis hasta que el movimiento antiapartheid hizo que lo fuera."

Kia whakatomuri te haere whakamua.  

Un proverbio maorí que significa "camino hacia el futuro con los ojos puestos en el pasado". Esto implica que las acciones presentes se guían por las enseñanzas ancestrales para asegurar el bienestar venidero. De cuando todavía recordábamos que mantenemos una relación íntima de interdependencia entre los humanos, la Tierra y el resto de seres vivos.  

 


Un hecho que está presente en muchas culturas indígenas, pero ausente en gran medida en las sociedades occidentales, donde lo que llamamos «naturaleza» se ve sobre todo como un recurso. Como señala la bióloga potawatomi Robin Wall Kimmerer, también citada en este libro y de la que ya hablé en programas anteriores y en mis dos libros, «la biodiversidad está reduciéndose de forma peligrosa en todo el planeta, pero las tasas de pérdida son espectacularmente menores en las áreas controladas por indígenas». Quizás no solo el pasado sirva como advertencia e inspiración. Quizás también haya que prestar atención a los pueblos originarios para darse cuenta de que el mundo no está hecho única y exclusivamente para los humanos, y que todos los seres de este planeta tenemos nuestra propia historia.

domingo, 12 de abril de 2026

La materia es gris: Inventos de piel negra.

Leyendo a la antropóloga afroamericana Zora Neale Hurston en su libro ¡Mi gente, mi gente!, me he topado con este párrafo que trata sobre un discurso que ella escucha en una iglesia:


"La genialidad del negro había inventado el motor de vapor, la desmotadera de algodón, el freno neumático, y muchas otras cosas. Pero blancos confabuladores habían visto los inventos del negro y salieron corriendo para ponerlos en práctica antes de que el negro tuviera ocasión de hacer nada. Así pues el hombre blanco recibió crédito por lo que el genio del cerebro negro había producido. Si no fuera por la envidia y avaricia del hombre blanco, el negro ostentaría su legítimo puesto el del hombre más noble y más grande de la tierra.

El auditorio gritaría con entusiasmo hasta quedarse afónico y se iría a casa sintiéndose bien. Al día siguiente en las verjas de sus casas todo el mundo coincidiría en señalar que fue un discurso maravilloso y nada más que la pura verdad. ¡Qué gran pueblo seríamos sólo con que reconocieran lo que nos es propio!"


Así que como ya en una entrada anterior, escribí sobre los inventos orientales...  Hoy procedo a hablar sobre la genialidad de las personas negras, tal y como escribe Neale Hurston... La actriz beninesa Bella Agossou en su antiguo blog El armario de Yaivï se lamenta:

"A los negros, sólo se les conoce en los ámbitos deportivos. Abédi Pelé, Michael Jordan, Mohamed Ali… Sí. Pero también hay negros excelentes en Ciencia, Música y Tecnología."

Y escribe textualmente:

"Yo digo que hasta que los negros no tengan sus propios historiadores, las historias de la Humanidad, seguirán alabando el ingenio, la inteligencia y la creatividad de los genios caucásicos."

En África, nos enseñan los grandes descubrimientos de grandes sabios con
grandes nombres: Thomas Edison, Isaac Newton, Einstein, Tesla, Arquímedes, Darwin, Pitágoras, Tales, Galileo,… Biografías detalladas de cada uno de ellos, todos blancos. Y sin embargo nadie nos habla de los logros no menos remarcables de los inventores negros, negros como nosotros. Creo que ni nuestros propios maestros saben de ello. Muchos no tienen ni idea de que hasta los semáforos, los inventó un negro, Garrett Augustus Morgan (y la máscara de gas). Muchos no saben que el real padre de la medicina fue un negro llamado Imhotep que vivió muchos años antes que el tal Hipócrates. Está resumido en el libro “Antiguo Egipto: La Luz del Mundo” de Gerald Massy.

 
¿Por qué no se sabe que tanto los cosméticos, el aire acondicionado, el interruptor automático, la bombilla eléctrica (Sí. La bombilla eléctrica), el extintor de fuego, la máscara de gas, la silla plegable, el refrigerador… entre otros, fueron inventados por sabios negros.

¿Por qué, esto, no lo saben ni los propios negros?
¿Por qué esto, no lo sabe nadie?
 

¿Por qué nadie dice que el ascensor lo inventó Alexander Miles, un negro?"

Y termino dando algunos detalles y dar brío a los comentarios puntillosos... 


Sí, es cierto que Elisha Otis inventó el freno de seguridad en un ascensor.
Pero Alexander Miles (que era afroamericano) inventó un mecanismo automático para abrir y cerrar puertas de ascensores y pozos, mejorando drásticamente la seguridad y eficiencia. El ascensor tal y como lo conocemos hoy en día.

Imhotep era un antiguo egipcio que vivió aproximadamente en el 2300 antes de Cristo. Los documentos muestran que tanto Grecia como Roma tomaron sus conocimientos de medicina. El era venerado en Roma como el "Príncipe de la Paz en la forma de un hombre negro". También fue un arquitecto adelantado a su tiempo, y sirvió como primer ministro del rey Zoser.

Sobre la bombilla de luz. La bombilla de Edison de mayor duración solo funcionaba unas 15 horas antes de que el filamento se quemara. El dibujante de patentes e inventor Lewis Howard Latimer, originario de Chelsea, Massachusett, creó una bombilla con un filamento de carbono más duradero. Así que se volvieron más asequibles y prácticas.

Garrett Augustus Morgan inventó la máscara de gas y tras conseguir la patente, puso una compañía para fabricarlas. El negocio inicialmente fue bueno, sobre todo durante el Primera Guerra Mundial, pero cuando sus clientes descubrieron que era negro... las ventas empezaron a disminuir. Entonces, intentó engañar a sus clientes racistas inventando una crema que se aplicaba para alisar el pelo y pasar como un indio de la reservación Walpole, en Canadá. Y como he escrito anteriormente, también inventó el sistema automático de señales de tránsito en 1923. Vendió los derechos a la corporación General Electric.

Y ya de la que estoy, añado algunas más de la mano de medios de comunicación como Afrocolectiva o Afroféminas. Menciono entonces a Mary Beatrice Davidson Kenner: la inventora de la compresa sanitaria. 
Aunque la patente de su invento fue impedida durante 30 años. 

Y a las cirujanas madres en los orígenes de la ginecología, siglo XIX. Mujeres esclavizadas sometidas a cruentos procedimientos quirúrgicos al mando del doctor James Marion Sims. Especialmente, las fístula en la vejiga. Pero que además, fueron educadas como cirujanas... para operarse unas a otras... ¡Y sin anestesia! Porque según las creencias de aquella época, las mujeres negras no sentían dolor.


Otra mujer esclavizada, Sarah Boone, inventó la tabla de planchar. Obtuvo la patente en 1892. 
Y las cámaras de seguridad: fueron inventadas por Marie Van Brittan Brown en 1966 junto a su marido Albert Brown. Obtuvieron la patente en 1969.

El 6 de julio de 1971, el ingeniero afroamericano Henry T. Sampson inventó la celda gammaeléctrica, una celda que genera alto voltaje y corriente, una fuente de energía duradera para satélites y misiones de exploración espacial de largo alcance. Y para tu móvil.


En 1986, la doctora Patricia E. Bath, una oftalmóloga, inventó un dispositivo láser que se ha usado desde entonces en la cirugía de cataratas.

El historiador afroamericano John Henrik Clarke, califica como hecho lamentable que: “la mayoría de lo que nosotros llamamos ahora historia mundial es solo la historia del primer y segundo florecimiento de Europa. Los europeos todavía no reconocen que el mundo no los estaba esperando en la oscuridad para que trajeran la luz. La historia de África ya era vieja cuando Europa nació”.

Decía Aimé Césaire, poeta y político martinicano: 
"Mi negritud no es una piedra. Su sordera se precipita contra el clamor del día.
Mi negritud no es una nube de agua muerta sobre el ojo muerto de la tierra…
Se sumerge en la carne roja del suelo. Se sumerge en la carne ardiente del cielo.
¡Eia por aquellos que nunca han inventado nada!..."


Y termino con una frase de Bella Agossou: 
"Inventores, sabios y genios… los hay en todas las razas. La inteligencia no es ni blanca, ni negra. Recordemos que la materia es gris..."



viernes, 13 de marzo de 2026

En el mundo alienígena: sobre el riesgo y la cautela.

"Siguiendo el esquema de clases, las riquezas se acumulan arriba, los riesgos abajo. Los riesgos fortalecen la sociedad de clases."

Ulrich Beck. La sociedad del riesgo.  

La antropóloga Marjorie Shostak describe en el libro "Nisa: The life and words of a !Kung Woman" una cacería por Kashe, un chico !Kung de doce años, y su padre. El padre contó cómo, después de haberle dado con una flecha y correr hacia el órice, éste antílope se resistió con sus largos cuernos, afilados como cuchillas. Su hijo Kashe, escuchando, parecía emocionado y orgulloso. La antropóloga hizo que mejor sabía hacer: le preguntó.

"Le ayudaste?"
"No," respondió, "Estuve subido a un árbol!" Su sonrisa se convirtió en una risa fácil.

Descompuesta, le preguntó otra vez, y él repitió que había trepado a un árbol en cuanto el animal dejó de correr y les plantó cara. Ella se burló de él diciéndole que, si por él fuera, todo el mundo se habría muerto de hambre. Pero el chico se volvió a reír y dijo:

"¡Sí, pero tenía mucho miedo!".

Ni pizca de vergüenza ni necesidad de excusarse por ese comportamiento carente de (lo que en nuestra cultura sería) valentía.

Relacionamos el riesgo con virtud y valor. Pero no siempre fue así, y no en todas las culturas.


Pero empiezo por el principio.



Nuestro planeta, nuestro ecosistema, vive en un equilibrio muy frágil, fruto de un ensayo y error que comenzó hace cuatro mil millones de años.

Y no es un decir. Los vientos sobre el Sáhara en África fertilizan la selva del Amazonas en América del Sur con hasta 27 toneladas de polvo nutritivo. Y el Amazonas fertiliza los océanos y estimula la producción de oxígeno gracias a la actividad de plancton.

Pero en los océanos, el ciclo de nitrógeno se está desbalanceando, por el que llega de la agricultura. Más del 70% del aire que respiramos es nitrógeno, y nosotros los humanos lo extraemos y lo liberamos artificialmente a las aguas, por lo que la densidad de las algas y fitoplancton crece sobremanera. Al morir y descomponerse, consumen tanto oxígeno que el agua se queda como "zona mínima de oxígeno".
 

Que tu sobrino crezca es bueno, pero si es algo perpetuo y desmesurado, no. El planeta tierra sabe qué hacer con el crecimiento. Los organismos crecen hasta un punto de madurez para luego mantener un estado de equilibrio saludable, aún sufriendo cambios y fluctuaciones. Es la homostasis de los ecosistemas, así de armoniosa y serena, pero también brutal.

Porque la vida es esa capacidad que tienen los organismos para aprovechar energía captada que pasa por todo el ciclo trófico. Para limitar la entropía. Para nosotros la entropía es literalmente la muerte, dejar de funcionar y de existir. Y esta entropía aumenta poco o nada cuando nos acoplamos a los ritmos del planeta que mantienen la integridad y la funcionalidad de los ecosistemas. Los ecosistemas tienden a complejizarse y diversificarse y así retrasa la desorganización (o la entropía). 


Y es que tu planeta Tierra recicla todos los materiales con tasas cercanas al 99%, para mantener el equilibrio, su integridad. Y cuando se produce una proliferación de un organismo por un exceso de recursos, al final la población se ajusta por un proceso de autorregulación: una mortandad masiva. Ya sea una marabunta o una plaga de humanos.

Los seres humanos, como seres conscientes que somos, supimos que nuestra propia supervivencia se fundamenta en una relación estrecha con este mundo natural en equilibrio y finito. Que teníamos que vivir cultural y materialmente ligados a la tierra y su producción y reproducción, adaptándonos a las necesidades de muchos ecosistemas diferentes del planeta. Así pudimos ser de los seres más cohesionados de la tierra, y sin embargo, de los más dispersos. Nuestro repertorio de organización social fue enorme, incluso en un mismo año según los ciclos del mundo natural. 

En nuestro presente, también ocurre, sigue siendo diverso y una parte significativa sigue dependiendo mayoritariamente de la diversidad, de la suficiencia, de la energía derivada del sol, de la tierra y del trabajo humano... y la interdependencia y ecodependencia con animales, minerales sol, suelo, agua, plantas, de la fotosíntesis que anima lo muerto para la posibilidad de vida. Hasta de los residuos que se reintroducían en los ciclos naturales, como las defecaciones de esos retretes que son depósitos de tierra negra ("terras pretas") ricas en materia orgánica para el cultivo y arbolado en Amazonía, según el antropólogo Aníbal Arregui en su libro Infraespecies. 


¿Cómo se rompió esto? ¿Cómo llegamos a pensar que flotábamos por fuera de la Tierra? Mediante las palabras "individuo", "desarrollo", "progreso" e incluso "naturaleza" se impulsó un proceso expansionista y acelerado que escapó del ciclo trófico y de todo este equilibrio para llegar a ser un depredador tan poderoso. Y de lo más muerto, de la esfera más al fondo de la tierra, la necrosfera, obtuvimos la energía suficiente para despegar de la tierra. Esa materia muerta a tal profundidad, sufriendo tantísimo calor y presión, que acabó por transformarse en carbón, gas natural o petróleo. Energía fósil. Así, nos desconectamos de las vidas concretas (el cuidado, la ecodependencia). Y de esta forma pudimos convertirnos en alienígenas:

"Alien significa 'extranjero'"
, explica Yayo Herrero en su libro Metamorfosis, una revolución antropológica. "El capitalismo tiene una lógica extraterrestre. Por eso a algunos no les duele pensar en escapar de la Tierra después de agotarla. Tanto buscar vida alienígena y la tenemos delante de nosotras".

Desconectados de lo que nos rodea, somos indiferentes a todo y no nos hacemos cargo ni nos comprometemos a nada. Y como tal, podemos llegar a sacrificar vidas, a ser osados y correr riesgos. Se piensa que el cuidado, la cautela o la prevención son negativas porque no son las que empujan el crecimiento ilimitado y el desarrollo. El riesgo, sí.

"El resultado es una cultura problemática que somete, violenta y agota lo que debiera ser preservado a cualquier coste. Una cultura que tiene licencia para explotar y matar lo que dice amar. (...) La virilidad se constituye como una actitud general de dominio y control sobre los procesos invisibilizados que mantienen la vida en pie. El ansia de libertad e independencia así construido se transforma en violencia", escribe Yayo Herrero.

Y también se convierte en disección. Linneo, al clasificar botánica y taxonomía, señaló:



«El lugar nativo (de una planta) no ofrece ninguna diferencia específica. El lugar ni canoniza ni cambia a nadie; como dice el proverbio ni siquiera un cerdo cambia al ser llevado a Roma».


Y mientras, y es cierto que es así: "las personas más poderosas se están preparando para el fin del mundo, un fin que ellas mismas están provocando y acelerando frenéticamente", según Naomi Klein y Astra Taylor (El auge del fascismo del fin de los tiempos) Las élites prevén un futuro marcado por la escasez y el colapso de la civilización. Colapso climático, inteligencia artificial no regulada, desigualdad, amenaza de guerra nuclear...
Hay una anécdota (busqué confirmación, pero no hubo manera) que este taxonomista olvidó todo, hasta su nombre, presa de un entonces no diagnosticable alzheimer. Quien le puso nombre a todas las especies no las recordaba más, ni a sí mismo. Parece que ya recordamos y reconocemos que un bosque no es solo un conjunto de árboles y plantas, que todo está interconectado para que el conjunto sobreviva. 

Pero en este mundo alienígena sin memoria ni cordón umbilical, se piensa que es el dinero el que produce, no la tierra. El dinero es la única vara de medir. El dinero es la fe, y el crecimiento la religión. Y por esta fe, se sacrifican corazones en la pira, y en la mar.


Y como en todas las crisis, las sectas tienen cabida: "No hace mucho tiempo, eran principalmente las y los fundamentalistas religiosos quienes recibían los signos del apocalipsis con alegre entusiasmo por el tan esperado Rapto [también Arrebatamiento de los evangelistas, el llamado de las personas que llevaron una vida cristiana para ir hacia una ciudad dorada en el cielo, mientras la Tierra está condenada al apocalipsis]. Trump ha entregado puestos críticos a personas que suscriben esa ortodoxia ardiente, entre ellos varios sionistas cristianos (...)"


 

Estamos en una guerra perpetua, contra la memoria y la imaginación, contra las condiciones biofísicas y la vida digna con sus vínculos y relaciones. Aunque la realidad sea que nuestras sociedades funcionan por esa compleja red de cuidado, confianza y compromiso, solidaridad y apoyo mutuo. Contra aquellos trabajos que atienden a la vulnerabilidad del ser humano, aunque sea las que ocupan peores posiciones en las relaciones de poder y así se reconstruya la desigualdad.

La desigualdad no es algo natural en la especie humana. A lo largo de la historia no ha habido una única historia de la desigualdad, sino muchas. Ya sabemos que no es cierto que de la sedentarización y las ciudades surgió inevitablemente la acumulación o plusvalía y la desigualdad. Un estudio de más de 1.000 yacimientos arqueológicos de los últimos 10.000 años lo confirma.

"En las sociedades más complejas, no necesariamente se da una alta desigualdad”
, cuenta el antropólogo del Museo Field de Chicago (Estados Unidos), Gary Feinman, coautor de uno de los once estudios del proyecto GINI . Para el antropólogo, hay factores que pueden facilitar su aparición o aumentarla, “estos factores pueden verse estabilizados o modificados por diferentes decisiones e instituciones humanas.” 


Decisiones e instituciones humanas para ser conscientes del equilibrio, los límites y la fragilidad. Y que la vulnerabilidad no es debilidad, ni sentir miedo cobardía. Para parar la desmesura y la insolencia y dejar de pensar en el riesgo desmedido como una virtud. Dice Naomi Klein que "el miedo es una respuesta de supervivencia. El miedo nos impulsa a correr, a saltar; el miedo puede hacernos actuar como si fuéramos sobrehumanos. Pero tiene que haber un sitio hacia el que correr. Si no, el miedo solamente es paralizante". Kashe, el chico !Kung de la anécdota del principio, supo a dónde correr y saltar.  

La antropología es una conversación perpetua sobre como vivir como humanos siendo naturaleza encarnada. La metamorfósis a la que anima Yayo Herrero es una revolución antropológica colosal. Sabemos lo que ocurrirá si continuamos con la retórica del mar menor para mostrar un aura ilusionado y positivo. Sabemos que podemos detener este riesgo desmesurado y sabemos cómo. La cuestión es si lo vamos a intentar.

Una investigación de Maria J. Stephan y Érica Chenoweth demuestra que es raro que fracase una acción colectiva que haya logrado involucrar en sus picos de movilización a un 3,5% de la población. Investigaron 300 revoluciones del último siglo, de 1900 a 2006. Se ha logrado por menos.

Fuentes:

Yayo Herrero. Metamorfosis, una revolución antropológica.

Naomi Klein. Esto lo cambia todo.


Carl von Linné, The Critica Botanica of Linnaeus (1737). Londres: Ray Society, 1938, p. 5.

https://vientosur.info/el-auge-del-fascismo-del-fin-de-los-tiempos/


https://elpais.com/ciencia/2025-04-14/el-estudio-de-mas-de-1000-yacimientos-apunta-a-que-la-desigualdad-emergio-mucho-tiempo-despues-de-la-agricultura.html

 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-48854430

martes, 24 de febrero de 2026

Matriarcado no es lo contrario de patriarcado: Anna Boyé

Anna Boyé es antropóloga y fotoperiodista de Barcelona. Ella me escribió un email hace unos días para que le cediera este modesto (pero no pequeño, que ya lleva 15 años de entradas) espacio para dar a conocer su trabajo. Que ese sí que es grande. 

Así que tal cual:

 

« En los últimos veinte años he estudiado y viajado a seis sociedades matriarcales que hay en el mundo: comunidad bijagó en Guinea Bissau, comunidad minangkabau en Sumatra, comunidad mosuo en China, las juchitecas en México y las comunidades quero y huilloc en Perú.

Así nació Matriarcados, un proyecto etnográfico, fotográfico, pictórico y pedagógico para descubrir la naturaleza más profunda de estas sociedades. Matriarcado no es lo contrario de patriarcado, sino una manera más justa de organizar la vida.

Siempre he sentido la necesidad de entender el porqué de la grave discriminación que sufre la mujer. En esta búsqueda de conocimiento he encontrado sociedades donde las mujeres son reconocidas por su sabiduría, por la habilidad que muestran en la gestión de la economía, en el trabajo y en la organización de la sociedad y de la ley.

Mujeres que gobiernan sus vidas con la esencia de la justicia y la
complementariedad entre mujer y hombre. Comunidades donde el “ser” es más importante que el “tener”, el consenso organiza el grupo y la naturaleza es una maestra que guía. Cada comunidad es un poco diferente, en algunas, hombre y mujer van de la mano en todas las cuestiones de la vida, en otras a los hombres se los considera más sensibles, con una esencia menos preparada para tomar decisiones.

Desde hace 6 años organizo viajes antropológicos con un pequeño grupo de personas (6 ó 8) para visitar algunas de estas comunidades. Te presento, ahora, el que realizo este mes de abril del 2026. Una ruta a través de la cosmología inca y de las comunidades igualitarias quero y huilloc de Cuzco, Perú.

Concepto matriarcado


En el debate antropológico se recogen dos maneras de entender el concepto matriarcado. Por un lado, se ha interpretado como un sistema social donde las mujeres mandan y reproducen un esquema de organización social calcado del patriarcal. No se han encontrado datos etnográficos de la existencia de estas sociedades.

Por otro lado, los casi veinte años de investigación y estudio que he dedicado al proyecto matriarcados me lleva a descubrir unas comunidades matriarcales donde el papel de la mujer es central y estructura una manera de entender la vida desde la paz, el bienestar común y la importancia del grupo. No es, por tanto, lo contrario del patriarcado sino una manera diferente de socializarse.

Esencia matriarcal


Visitando estas sociedades matriarcales desde 2004 he aprendido que el sentido de la vida está relacionado con el amor, con la capacidad de dar y recibir, compartir con el grupo. Esta es la esencia que define nuestra especie.

En la sociedad capitalista y mercantil en la que vivimos, estos valores han quedado relegados, casi olvidados… y siento la necesidad de mostrar cómo se vive en estas comunidades donde quien eres es más importante que lo que tienes.

 

 

Viaje al Perú



Viaja a Perú en abril y conocerás la Cosmología Inca y las comunidades igualitarias Huilloc y

Quero que habitan en Cuzco de la mano de la antropóloga y fotoperiodista Anna Boyé.

Una aventura fascinante por la Cosmología Inca: el Valle Sagrado, Machu Picchu, la ciudadela de Ollantaytambo, Maras, el lago Titicaca... y por las comunidades igualitarias Huilloc y Quero. Una ruta hacia la sabiduría del pasado y hacia el corazón.

Son las últimas poblaciones andinas. Son pueblos antiguos del imperio inca. Hasta hace unos sesenta años vivían escondidos y protegían sus tradiciones.

Se basan en el “ayllu”, la casa, la familia o el conjunto de familias, donde la energía comunal de carácter femenino-masculino vive en un equilibrio casi perfecto; y en el “ayni”, la reciprocidad en el trabajo, en la siembra, en el cuidado de los animales, es el don de dar y recibir sin que intervenga el dinero, porque “todo es uno, todos somos”.

En las comunidades huilloc y quero mujer y hombre deciden en todas las cuestiones de la vida de mutuo acuerdo, porqué ambos son complementarios. El cuerpo de la mujer es muy respetado, porque muestra los misterios de la vida y la muerte, el presente ocupa el espacio del día.


Consideran que la madre tierra (pachamama), el papa Inti (el sol), las montañas, los animales, las plantas, el cielo y los seres humanos viven relacionados en profunda armonía.»

info: https://matriarcados.com/viaje-a-peru/

Contacta con Anna: 626815167 anaboye@gmail.com

https://matriarcados.com/ebooks-en-amazon/

https://matriarcados.com/bio-anna-boye-antropologa-y-fotoperiodista/

https://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2011/05/cuidando-la-vida-matriarcado.html

viernes, 13 de febrero de 2026

Sobre tu vida ilusionante: eufemismos en el mundo laboral.

«No basta despertar cuando amanece:
Hay que mirar al horizonte»

Antonio Machado.

"La satisfacción consciente singular y de tu relación con los demás, y la evidencia íntima del cuerpo. Son esos momentos a los que llamo pequeñas alegrías". 

Marc Augé, antropólogo.  

Cuenta la antropóloga, educadora e ingeniera Yayo Herrero en su último libro "Metamorfosis" algo que me ha llegado especialmente (aunque mucho de lo que escribe en este libro lo hace sobremanera). Antes de unas elecciones, tuvo la ocasión de hablar con una persona involucrada en la preparación de la campaña electoral de un partido. Yayo le expuso su preocupación por las múltiples crisis interconectadas y las respuestas distópicas que se ofrecían. Esta persona le respondió, entonces, que aún estando de acuerdo, existían estudios que afirmaban que ante un clima de desánimo se votaba mayoritariamente a la derecha, por lo que lo más sensato en ese momento era ofrecer mensajes positivos y esperanzadores. Proponer cosas que "importasen a la gente" y desarrollar una estrategia comunicativa "ilusionante". El problema, argumenta Yayo Herrero, es que las personas no somos tontas y tenemos capacidad para analizar las informaciones que recibimos y crear nuestras propias ideas al margen de los eslóganes bien calibrados para que una opción política aspire a convertirse en ganadores.

Pero es que precisamente la política reside en eso, en tener agencia: la capacidad de reflexionar conscientemente en las distintas direcciones que podría tomar tu propia sociedad, y poder tener la capacidad de ofrecer argumentaciones explícitas sobre por qué debería tomar un camino y no otro. 

Y supongamos que hablo de tu trabajo, y de cómo evolucionan los eufemismos
laborales para enmascarar las cada vez más numerosas realidades negativas. Supongamos que bajo la palabra "ilusionante", los directivos te envían un comunicado llamado 'Plan de equilibrio', y que en dicha misiva afectuosa, te explican que hay que equilibrar entre gastos e ingresos, y para eso, adoptar “medidas de choque”. El “choque ilusionante”, como los autos, trata de la reducción del gasto: del gasto de personal, de compras y de servicios. Nada dice de los ingresos de las administraciones públicas. Y mucho menos de la subida salarial y sobresueldos de los propios directivos. 

Y entre otras medidas, supongamos que alegan que hay que dar valía a la "planificación", que eso de conciliación de "la maternidad" es para los titulares. Que todo trata de "disposición", no de disponibilidad. Que no les place la palabra "calendario", teniendo otra palabrita que resulta ser más cómoda: "previsión". Y todo esto, supongamos que te lo lanzan bajo un aura de desenfado y relajación de costumbres, por lo que les impacta tu cara malicenta de acelga porque sientes rentabilizar cada milímetro de tu existencia. 

Supongamos que insinúan que no trabajas porque no quieres e incluso te han colocado una suerte de barra de progreso sobre todas tus bajas en cada nómina. Que no entiendes que absentismo y ausentismo es lo mismo, aunque según el diccionario absentismo laboral sea algo deliberado... Pero eso no importa, porque ahora todas las incapacidades temporales son absentismo, incluidas las causadas por enfermedad, por el estrés laboral que te están dando, por ejemplo.

Además, supongamos que los directivos de tu trabajo declaran que hay demasiado "ruido", y muchos trabajadores se sienten poco motivados en su trabajo, poco “ilusionados”. Que hay que pensar en positivo. Supongamos que te gusta la antropología y has leído mucho sobre esto. No del ruido (que también) sino de este tipo ancestral de magia, la "magia simpática", como un fetiche o talismán que puede atraer lo que se desea. O el pensamiento ilusionante que atrae lo positivo. Supongamos que te colocas el sombrero de paja y seguro te vendrán las vacaciones pagadas.

Y que también gracias a la antropología, que te gusta mucho, tienes la costumbre de cuestionar los problemas estructurales, el orden de las cosas, desnaturalizar lo que se da por sentado y explorar los significados y prácticas e imaginas formas más liberadoras de vivir. Sabes que tu cara de acelga, que esa tristeza profunda, angustia, miedo, dolor, sentimiento de impotencia y soledad asintónica... no es algo individual ni patológico, es político. 
 

Supongamos que de tu familia y comunidad (obrera, artesana, gremial) has aprendido que el trabajo bien hecho para nada es el que se hace a costa de los demás, sino que trata de lo que aportas al colectivo, y que por eso has asimilado que si dejamos de transportar, innovar, arreglar y remendar... que si bajamos los brazos, todo se desmorona. Que cuando nos referimos al trabajo esencial, no es más que las necesidades humanas como seres frágiles que somos, que cuidamos y nos cuidan. Y que nos hemos percatado, mal que nos pese, que estamos sobrecargadas, cobramos mal y estamos precarizados y humilladas a diario. Que no es normal que trabajar a destajo no siempre te garantice los medios de subsistencia. Que exigimos unas condiciones dignas, ni más ni menos, y que para conseguirlo, haremos ruido. MUCHO ruido, escándalo, ante la uniformidad, la disciplina y la marcha fija a una felicidad preaprobada.

Supongamos que lo que hace mucho que ha aumentado, (y no hay barra de progreso que valga), es la precariedad. Que debes estar disponible a tiempo completo (aunque no te lo paguen) para trabajar y comprometerte, y moverte a cualquier sitio sin capacidad de estar en ninguna parte. Que estás desposeída de una vida plena, de un tiempo propio, vendiendo el tiempo de vida a cambio de dinero. Y que por todo ello, no puedes sembrar ni cultivar ni vínculos sociales ni laborales. Que sientes que no tienes agencia política consciente ni sobre el mundo ni sobre tu mundo laboral. Y además, y esto es lo peor, que te hacen creer que “es que es lo que hay”, que solo te queda adaptarte, surfear ilusionado en un precario equilibrio soñando con alzarte en las olas del cambio permanente.


El "Plan de equilibrio" en el mundo laboral esencial es equilibrar eficiencia, control, protocolos, cronometraje... con sensibilidad, empatía, espontaneidad, integridad y cuidado. Y terminar cansados. Cansadas de estar doliendo en el cuerpo y pesando en el alma. 
 

Supongamos que no te sirve de nada el equilibrio cuando hace tiempo te ahogaste bajo la tabla de surf. Que no te sirve fluir. Que no te sirve el coaching, el mindfulness, el empowerment ni tantos espacios de crecimiento personal, para decorar la precariedad, lisonjear el alma y maquillar la ansiedad. Que la botella de aceite no se paga sola. 
 

Que estás hasta el moño de que te vendan el “shinrin yoku” o los “paseos
inmersivos de bosque”, porque tampoco el bosque es un ansiolítico del que sacar rentabilidad, ni de la naturaleza de tu cuerpo, del agua que bebes ni del aire que respiras. Que sabes bien que el verdadero 'Plan de Equilibrio' está entre la mesura y la demasía, entre los límites y el crecimiento, entre la prosperidad y la resistencia. Todo ecosistema, incluido tu cuerpo o la concha de un caracol, usa la energía para crecer hasta que se detiene para incrementar la complejidad y estabilidad. Y todo ser vivo, incluido tú, lucha contra la entropía cultivando esta parsimonia, porque la entropía (el caos, el desorden) es literalmente la muerte. ESO es equilibrio.

"Poner la vida en el centro": ¿hay algo más céntrica que la vida misma?. 

¿"Crisis de los cuidados"? ¿Esto significa la crisis de la vida?


En nuestro sistema económico socio-cultural actual (que apenas tiene quinientos años) no se entiende de regresión, ni de vigas ni de equilibrio. No se deja de crecer. Es el primer sistema económico esencialmente expansionista de la historia, que consigue plusvalía aún a costa de llevarse vidas por delante. Toma más de lo que da a cambio, agota recursos naturales y recursos humanos. Desgasta vidas. Recorta en gastos en lugar de exigir más ingresos. El egoísmo, el derrotismo, el crecimiento desmesurado... Todo esto no tiene nada que ver con la naturaleza humana. Nadie mejor que tú lo sabe, porque dominas lo que es esencial (y la antropología), y estás sobrada de equilibrio, de ilusión y de ruido colectivo para luchar por una vida plena, por unas condiciones laborales dignas y, supongamos, por todas las vidas del planeta.