lunes, 20 de noviembre de 2023

Escrito en la arena aborigen: mi bisabuela también es mi sobrina.

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"Alguien que haya ido al bosque australiano con compañeros aborígenes... no se mueve por un paisaje, sino en un ámbito humanizado saturado de significados... Cuerpo, espíritu, nombre, sombra, huellas y totemismo y su lugar sagrado estaban dentro de un sistema. Los unos implican los otros." 

W.E.H. Stanner. Antropólogo.


La ontología aborigen no es primitiva. Si acaso, será temprana. El resultado de cuarenta mil años o más.

Pero es preferible no caer en ese mensaje simplista que critica el docente e investigador Tyson Yunkaporta en su libro Escrito en la arena:

"Casi todos transmiten el mismo mensaje: los Aborígenes Australianos llevan aquí x miles de años, saben cómo vivir en equilibrio con este territorio y deberíamos aprender de ellos a encontrar soluciones para los actuales problemas de sostenibilidad (a menudo me pregunto a quién se refiere el «nosotros» de esta frase). Después, esas ideas ofrecen ejemplos aislados de prácticas anteriores a la colonización. Eso es todo. El público se queda preguntándose «Sí, pero ¿cómo? ¿Qué idea aporta eso para resolver los problemas que hoy vivimos?»."

Así que él decide utilizar un proceso sustentado en patrones de pensamiento indígena para reflexionar en y criticar a los sistemas actuales.
En esta entrada, pretendo reunir solo algunos de esos patrones que presenta.

El mundo aborigen llena todo lo que concierne a nuestro planeta de simbolismo, y el significado está por todas partes. Asumen un mundo que cambia y se adapta continuamente, por lo que todos somos todavía una parte integral de esa creación continua. La relación aborigen con el entorno es el de integración y participación, y está totalmente encarnada.

Yunkaporta lanza esta idea describiendo la importancia del vientre. Cuenta que todas las lenguas aborígenes tienen un término para nombrar la energía de esta parte del cuerpo, algo así como cuando nos referimos a "lo que nos dicen las tripas". "En lengua apalech se dice ngank pi'an. En Australia Occidental algunos pueblos lo llaman ngarlu." No en vano, en la Ciencia lo llaman "el segundo cerebro".
"Nuestro intestino cuenta con un sistema nervioso independiente, que continúa siendo un misterio para la ciencia moderna."
(Nota en fuentes)

Y luego está el cerebro.


Explica Yunkaporta que cuando coges un herramienta, "el cerebro lo reconoce como una extensión del brazo." Como una araña que nota las vibraciones en la telaraña en la que está, como si fuera su prolongación.
(Según el biólogo Emiliano Bruner: es la capacidad protésica, la de integrar un objeto (herramienta) en el esquema del cuerpo, delegando funciones cognitivas (percibir, calcular, analizar, almacenar...) a elementos externos al sistema nervioso.)

Y también cuenta que, en el caso del mundo aborigen:
"A niveles más complejos, el significado que construimos con lugares, personas y objetos, así como la forma de organizar las interacciones entre ellos, se convierten en una extensión del pensamiento".
Es una manera efectiva de almacenar información fuera de nuestro cerebro, en objetos, lugares y relaciones con otras personas.

En el caso de los objetos: "Si utilizamos un objeto familiar para ayudarnos a codificar un conocimiento nuevo, estamos aprendiendo. Después, cuando tomamos ese objeto o incluso cuando simplemente lo visualizamos, recordamos al instante lo que aprendimos". Por eso "en las sociedades aborígenes, muchos objetos culturales tienen una significación especial, pues en ellos está codificado el conocimiento en un proceso de creación que es sagrado".

En las relaciones sociales también funciona, y es la "razón por la cual los sistemas de parentesco son tan fundamentales para nuestras culturas. Si aprendemos algo estando con alguien, quizá tengamos problemas para recordarlo cuando estemos a solas, pero lo recordaremos con detalles muy vívidos cuando volvamos a estar con ese alguien, o cuando pensemos en él o pronunciemos su nombre."
 
Los caminos están llenos de historias sobre los ancestros. "Existe una relación háptica similar con los Ancestros a los que invocaríamos cuando caminamos por determinados lugares. Se pueden evocar los recuerdos adheridos a determinados lugares visitándolos de nuevo o imaginando que caminamos otra vez por ellos."

Ellos y todas las cosas del mundo nacieron en una época llamada el sueño o el "Tiempo del sueño".

(Yunkaporta nos advierte que es una mala traducción. Lo ideal sería nombrarlo como "ontología interdimensional suprarracional endógena a complejos rituales de custodia". Pero el libro sería mucho más pesado.)

Sucedió hace mucho tiempo, pero es eterno y por lo tanto siempre presente. Es un período mítico que se extiende al presente y al futuro; tuvo un comienzo, pero no tendrá fin. Vincula la continua creación y remodelación del mundo.

Para los aborigenes, el mito es "la expresión diaria de lo eterno", según el antropólogo Aram A. Yengoyan. Cuando los aborígenes cuentan sus mitos, nunca usan el tiempo pasado, ni el presente. Usan un tiempo verbal llamado imperfectivo (que comparten con el ruso y otras lenguas) que indica que la acción todavía no se ha completado, que está en curso.

El continente australiano está cruzado por las pistas o senderos
de las personas y demás criaturas del tiempo del sueño. Se conciben a sí mismos moviéndose por esos mismos senderos viviendo y actuando al lado de las criaturas que todavía están vinculadas a esos lugares.

Son caminos sinuosos, como lo es así el mismo concepto del Tiempo. Nosotros concebimos la Historia y el camino, incluso el pensamiento, como una línea recta. Un "ir hacia adelante", "progresar", "avanzar", "seguir el hilo"...
Según Yunkaporta, un camino siempre es sinuoso:

"Hace miles de años, un hombre trató de caminar en línea recta; lo llamaron wamba (loco) y lo castigaron arrojándolo al cielo, hacia lo alto. Se trata de una historia muy antigua, una de las muchas que nos dicen que debemos viajar y pensar siguiendo patrones muy diversos, advirtiéndonos contra la idea de cargar hacia adelante como si estuviéramos locos."

Es más, el sistema de parentesco tampoco es lineal:

"Mi bisabuela; ella también es mi sobrina (...) Según su sistema de parentesco cada tres generaciones se reinicia un ciclo eterno de renovación y los padres de nuestros abuelos pasan a ser clasificados como nuestros hijos."

El sistema es diferente según el contexto relacional de la persona, según a quién pongamos en el centro.

Así, la familia extensa es una isla de sostenibilidad y crecimiento estable. 

Janet Koongotema
Y el patrón económico "No, no es el oro. Es la familia extensa. En la última crisis económica el volumen de dinero enviado en remesas al tercer mundo -que básicamente es el dinero que envían a sus hogares de origen las personas que han emigrado a países del primer mundo y cuya envergadura rivaliza con la de la ayuda internacional- no disminuyó. En realidad, en muchos casos aumentó, lo cual desconcertó a los economistas."
Por eso, tanto los sistemas naturales, como los sociales y los económicos, todos requieren movimiento e intercambio. Nada se puede retener, acumular ni almacenar. De lo contrario, se estancan.

 
Existe una profunda vinculación entre ser humano y naturaleza. Y para referirse al tiempo y al espacio, existe una sola palabra, porque son conceptos que también se rigen por ciclos.

"En la lengua materna de mi familia no hay ninguna palabra para decir «cultura». Hay una expresión que se aproxima a ese concepto, pero su significado no se puede traducir al inglés. Aak ngamparam yimanang wunan. Si se busca la traducción directa de cada palabra, el significado es algo así como ser como nuestro lugar."


"Cuando nos comprometemos con esta forma de ser descubrimos que nos cambia de modos muy sutiles. Si encontramos formas de expresar los lugares con los que entramos en relación, los patrones de nuestra lengua cambiarán. Nuestro acento cambiará para reflejar los paisajes que habitamos. (...) Tener una relación profunda con el lugar cambia todo en nosotros: la voz, el olor, el andar, la moral."

"En nuestro mundo nada se puede conocer, ni siquiera existir, a menos que sea en su relación con otras cosas. Y lo más importante: las cosas que están conectadas son menos importantes que las fuerzas de conexión entre ellas. Existimos para formar estas relaciones, que constituyen la energía que mantiene unida la creación. Cuando el conocimiento está acompañado de estas fuerzas de la conexión, es sostenible en las profundidades y a lo largo del tiempo."


Fuentes:


(En Tahití, tradicionalmente, y según el antropólogo Robert I. Levy, también hablan de las emociones vinculados a sus intestinos: "mis intestinos están encolerizados".)

Yunkaporta, Tyson. Escrito en la arena: Cómo el pensamiento indígena puede salvar al mundo, 2019.

W. Stanner. Aboriginal territorial organization: estate, range, domain and regimen. 1965
Bruner, E. and Gleeson, B. T. Body Cognition and Self-Domestication in Human Evolution, 2019
Aram A. Yengoyan, Economy, Society, and Myth in Aboriginal Australia. Annual Review of Anthropology, 1979

viernes, 3 de noviembre de 2023

"Cuenta, pajarita, cuenta": un cuento palestino de sumud.

"Si los cuentos representan una radiografía de nuestra cultura, entonces, el tratamiento que en ellos se hace de la figura femenina contiene grandes dosis de realidad." 
Sharif Kanaana, antropólogo.

El profesor Kanaana, nacido en Arraba, en las colinas de Galilea, al Norte de Nazaret, en lo que por entonces era Palestina y hoy es Israel, emigró a Estados Unidos en 1961, donde fue profesor en distintas universidades. En 1976 regresó a Palestina, donde ha sido rector de la universidad An-Najah (Nablus) y director del departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Bir-Zeit (Ramala). Es autor de un muy documentado y extenso trabajo sobre las 450 aldeas destruidas, borradas de la faz de la tierra en 1948, por el ejército de Israel. 
El libro "Cuenta, pajarito, cuenta" de Sharif Kanaana son propiedad colectiva de la comunidad palestina y su voz es la voz de la comunidad.

"Antes de la llegada de la televisión, los cuentos tradicionales eran la forma más popular de pasar el rato (...) para reforzar los lazos sociales". "Cuando las mujeres de edad se convierten en cuentacuentos, significa que la sociedad ha reconocido ya su autoridad y la sabiduría y la experiencia de la vida que esta implica; y, en su manera de narrar, la franqueza de su planteamiento, su tono poco convencional y la concisión serán las cualidades más notables"
 
"La mayoría de los cuentos tienen títulos femeninos y los personajes principales y más activos son las mujeres." 
"Los héroes son siempre heroínas: madres, hijas, esposas"

Perseverancia. Sumud صمود

 
Si los olivos conociesen las manos de los que los sembraron, su aceite se convertiría en lágrimas.
¡Oh! Sabiduría de los antepasados,
Nuestro cuerpo para vosotros sera un armadura.
Limpiaremos las espinas con nuestras pestañas
Y cortaremos la tristeza
Hasta arrancarla de nuestra tierra.
El olivo conservará su color verde para siempre
Y volverá a la tierra como una arma.

Mahmoud Darwish. Poeta palestino.

El olivo es un símbolo de "sumud", que significa firmeza, perseverancia, constancia, resistencia, en árabe, por ser muy resistente al fuego o a las sequías. Sus raíces son muy robustas y capaces de regenerar el árbol cuando la estructura aérea se estropea o destruye. El arraigo fuerte.
Los árboles de Hebrón son algunos de los más antiguos de Palestina, que data de la época romana. Esta cosecha es una antigua tradición que constituye una parte vital de la cultura palestina.
Los colonos los incendian, los talan... pero ellos, dicen, resurgirán.

 
LA PAJARITA

   Érase una vez, queridos míos, una pajarita que decidió hacer un pozo y se puso a escarbar y escarbar hasta que sus manos estuvieron completa­mente teñidas de alheña. Pero la pajarita siguió es­carba que te escarba hasta que, al cabo de un rato, vio que la alheña había teñido también sus patas y sus pies. Asombrada, levantó sus ojos al cielo, y Dios, que llevaba un rato mirándola, decidió gas­tarle una última broma y pintar sus ojos de kohol, pero como la pajarita no se daba cuenta de lo que estaba pasando siguió escarbando y escarbando... de repente, ¡PLASH!, encuentra un cofre y, ¡uAuuu!, cuando al fin consigue abrirlo, ¿qué es lo que ve? Una preciosísima tela suave y brillante como la seda.

   —¡Anda! ¿Qué podría hacerme yo con esta tela? —exclamó.
   Pensó, pensó y pensó y... enseguida encontró la solución.

   —¡Ya está! Me voy a hacer un vestido.

   Y salió volando a buscar a su modista (que también era una pajarita) y, nada más llegar, le dijo:
   —Había pensado hacerme dos vestidos, uno sería para mí y el otro para ti. ¿Qué te parece?

   La pajarita modista aceptó encantada, y ese mismo día se puso a trabajar. No había pasado ni una semana cuando vio aparecer de nuevo a su clienta:
   —A ver, a ver —piaba la pajarita—. ¿Cómo te han quedado esos vestidos?

   La modista fue a buscar los vestidos para que los viera y entonces.., la pajarita se lanzó sobre ellos como una flecha, los cogió con el pico y salió vo­lando. A continuación, volvió a su pozo para seguir escarbando, hasta que de repente, ¡oh sorpresa!, en­contró un nuevo cofre y, en su interior, una precio­sa tela de algodón como la que utilizan las señoras para hacer los pañuelos. La pajarita fue enseguida a visitar a su modista pero, esta vez, le pidió que le hiciera dos pañuelos.

   Y no había pasado una semana cuando la pa­jarita regresó a buscarlos:
   —A ver, a ver —piaba la pajarita—. ¿Podrías enseñarme cómo te han quedado los pañuelos?

   La pajarita modista fue a buscar los pañuelos para que su clienta los viera y entonces.., la pajarita se lanzó sobre ellos como una flecha y, después de cogerlos con el pico, salió volando. A continuación volvió a su pozo para seguir escarbando y, de pron­to, ¡oh sorpresa!, encontró un nuevo cofre y, en su interior, una bolsa de lana.

   ¡Pero qué lana más estupenda! —se dijo—; encargaré que me hagan un colchón.
   Esta vez fue volando al colchonero y pidió que le hiciera dos colchones:
   —Uno será para ti y el otro para mí. ¿Estas de acuerdo?

   El colchonero estaba de acuerdo. A los pocos días la pajarita regresó a buscarlos y nada más ver­los se lanzó sobre ellos y después de cogerlos con el pico, salió volando y cuando llegó a su nido en un árbol, los dobló con cuidado y se hizo una especie de sillón y muy contenta, antes de sentarse, se pu­so sus dos vestidos, uno encima del otro, y sus dos pañuelos, también uno encima del otro, y, así arre­glada, con las manos y los pies teñidos de alheña y los ojos pintados de kohol, la pajarita imaginó ser una preciosa novia.

   Y en esas estaba cuando acertó a pasar por allí el hijo del sultán, que iba de caza con su escopeta al hombro. Nada más verlo, la pajarita se puso a cantar:
   —La, la, la... hoy es fiesta y por eso me he puesto mis vestidos nuevos. La, la, la... llevo enci­ma todos mis vestidos nuevos.

   Cuando el hijo del sultán la oyó cantar, se echó la escopeta a la cara, levantó la vista hacia las copas de los árboles y cuando la tuvo a tiro, disparó. Dis­paró, pero no le dio. Y la pajarita casi se muere de la risa:
   —¡Jajajá! ¡No tienes ni idea, chaval! ¡Jajajá!

   Al ver que la pajarita se estaba riendo de él, el hijo del sultán se enfadó muchísimo y decidió que no se iba de allí sin cazarla. Cuando, después de muchos tiros, lo consiguió, la agarró por el pescue­zo y empezó a desplumarla. Pero, incluso mientras la desplumaba, la pajarita seguía cantando:
   —¡Vaya, vaya! ¡Hay que ver qué valiente es el señor desplumador! —piaba sin parar la pajarita—. ¡Pero qué valiente!

   El hijo del sultán, que nunca había soportado que se burlaran de él, ordenó que la metieran en un puchero y, como le gustaba mucho cocinar, él mismo se la preparó en pepitoria. Aun así, la paja­rita seguía cantando:
   —La, la, la, ¡qué gran cocinillas estás tú hecho! La, la, la, ¡qué gran cocinillas!

   Le salió tan rica que en un pispás se la comió, pero cuando terminó, el hijo del sultán sintió ganas de ir a hacer caca, y entonces, ¡oh milagro!, después del primer apretón salió la pajarita cantando:
   —¡Puuuafl, ¡qué mal rato he pasado ahí den­tro! Y encima,.. ¡he tenido que verte el agujero del culo!, pues que lo sepas, por más que seas hijo del sultán lo tienes tan feo como el de los demás, tan feo y tan rojo como un carbón encendido.

   Y colorín colorado este cuento se ha acabado.