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jueves, 25 de junio de 2026

Imagina el poder de la mente: la plasticidad cerebral.


“Cuando simplemente te imaginas haciendo algo, se activan las mismas regiones cerebrales que cuando realmente haces lo que habías imaginado. Lo que significa que la práctica mental puede ser eficaz. Si nos imaginamos corriendo, por ejemplo, puede influir en nuestra velocidad o la fuerza de nuestros músculos.” Sarah-Jane Blakemore, neurocientífica.


Fernando Bouffard perdió la vista por un infarto cerebral. Ceguera irreversible, le diagnosticaron.

Hoy, lee el periódico.

Pacientes que han sufrido un ictus o un traumatismo craneal, que les han causado una lesión en el cerebro pueden muchas veces recuperar esas funciones, aunque sea parcialmente. Y casi nunca es porque se cure la lesión, lo que ocurre es que el cerebro se reorganiza para seguir prestando sus funciones. Esta capacidad se llama plasticidad cerebral. Es una característica espontánea del cerebro.

“Las funciones cerebrales se generan a partir de redes de neuronas –explica Pascual Leone, neurólogo–. Es un cableado que se renueva y además se generan nuevas conexiones. Ante una lesión, el cerebro cambia. Es como si al ir de un punto a otro de la ciudad, un atasco invalida la ruta principal; el GPS busca una alternativa para llegar al destino. El cerebro hace igual: ante una lesión que invalida sus conexiones habituales, define otras. Pero siempre ha de caber una mínima posibilidad de conexión, igual que el coche no puede atravesar edificios. Y la ruta alternativa será más lenta o dificultosa”.

En 1894, don Santiago Ramón y Cajal describió la plasticidad en una conferencia impartida en la Royal Society de Londres: 
"Podríamos decir que la corteza cerebral es como un jardín plantado con innumerables árboles, las células piramidales, que, gracias al cultivo inteligente, pueden multiplicar sus ramas y hundir sus raíces más profundamente, produciendo frutas y flores de una veriedad y calidad cada vez mayores».

“Lo que hemos visto en los últimos diez años –apunta Masdeu– es que las funciones cerebrales tienen una gran plasticidad, de modo que áreas cerebrales no dedicadas a una función, incluso alejadas, pueden activarse para que además de su trabajo, desempeñan esa función de la región lesionada. La plasticidad existe siempre, también en el cerebro sano.”

Sarah-Jane Blakemore, neurocientífica, añade:
“El desarrollo, los cambios y la velocidad en el número de conexiones celulares…todo va cambiando de forma natural durante décadas, o más incluso; y además, existe otro tipo de plasticidad que surge cada vez que aprendemos algo nuevo: cada vez que aprendemos una palabra nueva o un nuevo rostro, algo cambia en nuestro cerebro, la fuerza de las conexiones entre las células cambia… Y sabemos que podría seguir así para siempre… durante toda la vida.

“Uno de los primeros experimentos fue un estudio hecho en Londres sobre los taxistas londinenses. Allí, para llevar un taxi tienes que saberte no sé cuántos miles de rutas, creo que son unas veinticinco mil rutas... Tienes que aprendértelas todas de memoria. Así que se trata de personas con una memoria espacial prodigiosa. La neurocientífica Eleanor Maguire los estudió, y se fijó en la estructura y funciones de sus cerebros. Y lo que descubrió fue que, comparado con otros conductores, el hipocampo, que es una parte del cerebro que se encarga de la memoria y del aprendizaje espacial, era mayor en los taxistas comparado con otros conductores (...) Pero la cuestión es saber si esto tiene un impacto para cualquier otra habilidad, para todas las habilidades en general.”

"Por supuesto, la motivación y el interés son factores de reforzamiento sináptico" recuerda Nazareth Castellanos, doctora en neurociencia, en su libro El puente donde habitan las mariposas. "Nuestro cerebro es más plástico cuando algo nos interesa, nos agrada. Pero, en general, para memorizar, necesitamos repetir. La repetición consolida un recuerdo porque refuerza las conexiones sinápticas en cada intento. Es la base del aprendizaje, la repetición. Sin embargo, nadie sabe cómo olvidar.

Como vemos, los circuitos conservan la información en el cerebro. Hablamos de redes neuronales formadas por cientos de miles de neuronas, con complejísimas arquitecturas. Pueden contener neuronas de estructuras cerebrales diferentes, por ejemplo, estableciendo alianzas entre el hipocampo y la amígdala. Así como existen redes formadas por neuronas, existen otras formadas por regiones cerebrales.

La plasticidad opera creando, modificando o destruyendo esas redes."

Sea como fuere, la inteligencia, el desarrollo cerebral necesita del contacto con otros cerebros:

“Parte de mi trabajo" continua 

Sarah-Jayne Blakemore,

"se centra en el cerebro social, es decir, la complicada red que conecta las regiones cerebrales que se utilizan para que podamos interactuar con otras personas y entenderlas. Parece que las interacciones sociales están ahí desde el principio, desde el nacimiento, y son sumamente importantes para el aprendizaje y el desarrollo. Hay estudios en Estados Unidos que demuestran que los bebés aprenden mejor si lo hacen de una persona de carne y hueso que de una pantalla de televisión o de la grabación de una voz en una cinta.”

Una anécdota de Albert Einstein ilustra este principio de funcionamiento neuronal. Se cuenta que, al acabar una de sus conferencias, se dirigió al organizador del evento y le dijo: «Creo que nadie ha entendido nada, pero lo importante es que en ese intento por comprenderme o al menos escucharme, han ordenado un poco sus cerebros».

La neurocientífica Nazareth Castellano explica esta anécdota: "Como vemos, el pensamiento o la ejecución consciente de la actividad neuronal cuando está realizando una labor y una tarea ordena nuestro cerebro, ya que, si comparamos cuando está a la deriva, vemos que la primera supone una dinámica más ordenada. ¿Qué estado conlleva más energia o gasto hemodinámico de flujo sanguineo y presión para el cerebro? Obviamente, el estado de orden. Es más costoso. Por eso nos cuesta más esfuerzo realizar algo que dejarnos llevar por los vientos de la deriva. Y por eso mismo, el cerebro en su intento de ahorrar energía tiende al estado desordenado, a su modo de funcionamiento por defecto, a escapar del orden y de las instrucciones. Ante este dilema, como sistema autoorganizado, ha encontrado una solución híbrida: somos capaces de realizar una tarea de forma automática, sin ser consciente de ella. De esta forma no necesi tamos que nuestra actividad cerebral se asemeje a un desfile militar, pero tampoco llevamos un escuadrón de soldados ebrios en la sesera.

Y así se llega a que la consciencia no es necesaria para la conducta. Mantenernos en piloto automático nos ahorra mucha energía, pero el precio es alto. Cuanto más tiempo transitemos en ese estado, mayor será la sensación de insatisfacción vital que nos acompañará y peor será la ejecución de aquello que realicemos.

Sin embargo, ese estado también tiene sus funciones, y son necesarias e imprescindibles: la actividad por defecto del cerebro está involucrada en la consolidación de la memoria, la planificación de estados posibles, respaldo de la identidad y regulacion emocional. La actividad del cerebro transcurre en el puente entre ese estado, la red neuronal por defecto, y aquel que adopta cuando se realiza un acto consciente. Es un puente que recorre cientos de veces al día. Según la Universidad de Harvard, vive un 47% del tiempo en la orilla del estado por defecto. Casi la mitad del tiempo que estamos despiertos, habitamos en el borde más alejado de la consciencia."

¡Casi la mitad del tiempo! Pero es que es una de las formas de pensamiento más cuantiosas y fecundas de nuestra vida: el espontáneo. poéticas para describir cualquiera de los procesos mentales. 

Curioso resulta que se hable tanto de la ayuda de la meditación (autoconsciencia individual), pero no tanto de lo que los antiguos filósofos en China, India, Grecia, etcétera, remarcaban: que los humanos tan solo somos plenamente conscientes de nosotros mismos cuando dialogamos, y discutimos o discurrimos con otros sobre un problema común. Por eso, tendían a escribir sus libros como diálogos.

El vagabundeo mental en muchos lugares se llama algo así como "pensar demasiado". En Zimbabwe es "kufungisisa". Los pasos son abrir la mente, fortalecerse y elevarse, y todo se logra mediante el diálogo con las matriarcas shona. 

Se trata de «nuestra maravillosa corriente de consciencia» como «una alternancia de vuelos y aterrizajes» según el psicólogo William James (1890) Los aterrizajes representan los pensamientos, y los vuelos serían los movimientos entre ellos. En el siglo XIX, James ya adelantaba que la naturaleza del pensamiento es siempre dinámica y se mueve en un continuo entre aquellos que son conscientes y los que son espontáneos.

Imaginar, reeducar la mente, entrenarla… La palabra entrenar deriva del francés entraîner, compuesto por en, «hacia dentro», y traginare, «arrastrar». Entrenar es arrastrar algo hacia dentro.

"Son ya numerosos los estudios que han mostrado que el ciclo natural y espontáneo de la respiración modula la actividad de la amígdala, región fundamental para la emoción, y el hipocampo, su homóloga para la memoria y el aprendizaje." Nazareth Castellanos llama a esto la biosofía de la respiración. "Por el contrario, la exhalación se ha asociado con procesos emocionales y somatosensoriales, como la capacidad de sobresalto, el procesamiento del dolor o de la ansiedad." "
Lo podemos observar en nosotros, son los famosos suspiros de tristeza o angustia. Esas exhalaciones que parecen no acabarse nunca, como si el cuerpo no quisiera volver a nacer, a inhalar."

"Por ello, y gracias al complejo preBötzinger, el cerebro necesita tener una información precisa del patrón respiratorio. Cada segundo cuenta, la relación entre el cerebro y la respiración es continua y detallada. Esta última es llamada para coordinar la dinámica neuronal. Un gran recurso al alcance de nuestra voluntad."

"Llegamos a la parada del autobús, quedan cinco minutos para que pase. Inmediatamente, cual pistoleros en el Oeste, sacamos el teléfono móvil. Hoy las redes sociales, y los abundantes estímulos de la ciudad, se encargan de que posemos nuestra mente en sus contenidos. Pero no se excuse: en el campo le pasaría lo mismo. Aunque sea más noble distraerse con los pájaros que hacerlo con los anuncios de un escaparate, el proceso es el mismo: posar pasivamente la mente en algo que no requiera de nuestro esfuerzo."

Todo esto que parece novedoso, los  maestros budistas lo saben bien, pertenece a la sabiduría que mantienen desde hace siglos… Sogyal Rimpoché, maestro tibetano escribe en su libro “Destellos de sabiduría”:


Los maestros de meditación budistas saben cuan flexible y maleable es la mente. Todo es posible si la entrenamos. De hecho, ya estamos perfectamente entrenados para tener celos, para aferrarnos, para estar angustiados y tristes, desesperados y anhelantes, entrenados para reaccionar coléricamente contra aquello que nos provoca. En realidad estamos entrenados en tal medida que estas emociones negativas surgen espontáneamente, sin que intentemos siquiera generarlas.

 Así pues, todo depende de la fuerza del hábito y del entrenamiento. Si consagramos la mente a la confusión, sabemos muy bien que se convertirá en una sombría maestra de confusión, experta en adicciones, sutil y perversamente elástica en sus esclavitudes. Consagrémosla a la tarea de liberarse ella misma del engaño y descubriremos que con tiempo, paciencia, disciplina y un entrenamiento adecuado, nuestra mente empezará a deshacer sus propios nudos

Lleva la mente a casa, vuelve la mente hacia el interior y derrámala  
como granos en una superficie plana: 
cada pensamiento y emoción es un grano 
que se asienta por su propia cuenta.”
 
Fuentes:

"El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración." Nazareth Castellanos.




“Destellos de sabiduría” Sogyal Rimpoché

miércoles, 14 de mayo de 2025

Infraespecies y el ímpetu involutivo: antropología y ecología.

"Desde el punto de vista de la gran variedad cultural de nuestra especie, es fácil adivinar que hay incontables formas de hacer naturalezas o ecologías." Aníbal G. Arregui, antropólogo.

"Un estudio reciente sobre abejas de las orquídeas neotropicales sugiere incluso que estos insectos recolectan químicos volátiles de las flores y "los almacenan" en "bolsas" para "exhibir sus 'perfumes' más tarde" durante los cortejos sexuales." Natasha Myers, antropóloga. Carla Hustak, historiadora. 

"Darwin fue un brillante racista", comienza así el libro del antropólogo Aníbal G. Arregui "Infraespecie. Del fin de la naturaleza al futuro salvaje". 

Y explica que en El origen del hombre (1871), Darwin daba por hecho que las "variedades de humanos no caucásicos", estaban destinadas a la extinción. Hasta que la antropología cultural aseguró que el éxito de los grupos humanos no dependía de su biología, sino de factores históricos, sociales o culturales. 

Pero antes que la idea de raza, estaba la idea de «especie», que resultaba ser la misma lógica jerárquica, selectiva y evolutiva, no solo para explicar el devenir del Homo sapiens, sino también el del resto de las especies.

"Y que hoy continúa con divulgadores científicos, como Pinker o Harari, que siguen sin considerar la diversidad social, cultural o cognitiva de los humanos y siguen divulgando teorías generalizantes y biológicamente redundantes", advierte Arregui.

En el libro "La seta del fin del mundo" (2021), la antropóloga Anna Tsing habla de "relaciones interespecie", "multiespecie». Relaciones que vinculan a los humanos con otros organismos. https://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/2021/12/antropologia-mas-alla-de-la-humanidad.html
 
La antropóloga de Juno Salazar Parreñas, en "Producing affect: Transnational volunteerism in a Malaysian orangutan rehabilitation center" estudia cómo se constituye la humanidad a través de encuentros multiespecies y cómo los encuentros afectivos producen subjetividades humanas y no humanas, "tiene consecuencias más allá de aquello que es específico" a los sujetos humanos y no humanos.

Otra antropóloga, Radhika Govindrajan, muestra en su libro "Animal Intimacies" que las relaciones entre humanos y animales tienen en ocasiones un componente íntimo y afectivo similar al que orienta las relaciones entre humanos.
 
Otro libro, "Ímpetu involutivo. Afectos y conversaciones entre plantas, insectos y científicos", de la historiadora Natasha Myers y la antropóloga Carla Hustak, contiene un capítulo llamado "Darwin entre las orquídeas." En él aparece un pequeño párrafo de la carta que Darwin escribió a J. D. Hooker, 19 de junio de 1861:

"He tenido mucha suerte y ahora ya he examinado casi todas las orquídeas británicas, y cuando esté en la playa redactaré un artículo bastante largo sobre los medios de fecundación para Linn. Socy y yo no logramos imaginarnos nada más perfecto que esos diversos y curiosos artilugios."

Y es que, en un lapso de unos veinte años, Charles Darwin produjo seis volúmenes dedicados al estudio de las plantas. Pero fueron las orquídeas las que captaron toda su atención. Para Darwin, eran una prueba de la selección y la adaptación naturales.
 
"Los experimentos de Darwin en la década de 1860 demostraron que las orquídeas pueden alterar activamente sus anatomías respondiendo a los insectos visitantes" para que se "entreguen" a los placeres de la pseudocopulación". Un estudio reciente sobre abejas de las orquídeas neotropicales sugiere incluso que estos insectos recolectan químicos volátiles de las flores y "los almacenan" en "bolsas" para "exhibir sus 'perfumes' más tarde" durante los cortejos sexuales." (Schorkopf, Dirk Louis P., Lukasz Mitko y Thomas Eltz, "Enantioselective Preference and High Antennal Sensitivity for (-)-Ipsdienol in Scent-Collecting Male Orchid Bees, Euglossa cyanura.")

 
 
Las autoras aseguran que "actualmente, reducen las interacciones entre especies a las acciones de "genes egoístas", es decir, reducir el gasto de energía de un organismo mientras maximizan su aptitud reproductiva para la supervivencia de la especie a largo plazo. Estas explicaciones neodarwinistas son endémicas en el campo floreciente conocido como "ecología química". Los investigadores en este campo apuntan a los determinantes químicos que moldean las relaciones ecológicas, para atraer, repeler, y comunicarse.
 
"Si bien se les concede el poder de engañar, estas plantas son representadas de todos modos como actuantes mecánicos." Todo resulta ser "efectos ciegos de una variación genética azarosa sujeta a las fuerzas selectivas que imponen sus polinizadores. Parece que una economía neodarwinista no puede admitir el placer, el juego o la improvisación dentro de o entre las especies."

No puede admitir el juego... y resulta que el juego existe en todo el universo
animal. "El juego es fuente de alegría y una forma de expresar la propia existencia", escribía el antropólogo David Graeber (¿Qué sentido tiene si no podemos divertirnos?) ¿Por qué el gasto de energía debe dirigirse hacia algún objetivo primario como conseguir alimento, asegurar territorio, éxito reproductivo o el dominio...? Los juegos son manifestaciones del disfrute de la vida y del deseo de interactuar con otros, y ejercitar plenamente las capacidades. 

Este ensayo "Ímpetu involutivo", en la misma línea, propone una lectura alternativa de las ecologías planta/insecto.

Y se preguntan: ¿Se podría decir que la vida vegetal y animal no humana, pueda "estar interesada en algo"? "Pues los animales y las plantas tienen, y han inventado, múltiples maneras de estar interesados. Ante todo, estar vivo es estar interesado. Y estar interesado no significa solamente "orientarse", "elegir", "buscar", pues los seres vivos no están simplemente afectados pasivamente por lo que sucede en su medio, sino que buscan activamente ser afectados."
Y si...
"¿Y si lo que el insecto busca cuando se deja atrapar por el encanto de una flor que despide los perfumes más cautivadores fuera eso, dejarse atrapar, desde luego, pero para ser afectado?"

¿De qué se trata la involución?
 
"Si los evolucionistas tienden a fetichizar las lógicas económicas y de adaptación, los involucionistas amplifican otras dimensiones de la vida ecológica. (...) llaman la atención sobre la práctica y las improvisaciones momentáneas de los practicantes multiespecíficos atrapados conjuntamente en ecologías cargadas afectivamente."

"En una mirada involutiva, las plantas son alquimistas que convierten la luz solar y el dióxido de carbono en locuciones volátiles e inventan formas de medios de comunicación atmosféricos dispuestos para la expresión a larga distancia. Son artesanas que fabrican miméticamente anatomías responsivas. Son también sensores agudamente sintonizados cuyos cuerpos pueden registrar la diferencia de temperatura más sutil, el mínimo roce del ala de un insecto que pasa, y que pueden discernir pequeñas diferencias en herbívoro detectando distintas sustancias en su saliva. Sus raíces y rizoma forman una red de conexiones tan compleja como el sistema nervioso de un animal, y se mueven activamente respondiendo a su mundo siempre cambiante."
 
La "capacidad para autotransformarnos y reorientar nuestras ecologías cotidianas en direcciones que la biología, por sí sola, no puede explicar", a esto es a lo que se refiere el antropólogo Ánibal Arregi con el término "Infraespecies." Cuando consideramos a los sujetos o especímenes situados en el tiempo y en el espacio y en relaciones mínimas, dotadas de subjetividad, intencionalidad y autónomas, y no únicamente como "especies".
 
"Después de todo, es en el inframundo de las relaciones íntimas y cotidianas entre especímenes o individuos concretos, y no en el suprauniverso de las categorías taxonómicas y las teorías evolutivas, donde se originan muchos de los procesos que determinan las ecologías del presente."

"Desde el plano infraespecie se hace evidente que los organismos tejemos relaciones mundanas y tentativas con las que, más allá de los esquemas explicativos de las ciencias naturales, hacemos y rehacemos las ecologías que nos rodean."
 
Sin embargo, según el pensamiento evolucionista, existen determinadas especies o razas que se adaptan y están predeterminada biológicamente incluso para dominar. Pero la antropología social y cultural, y sus disciplinas afines, tienen el reto de demostrar que no se trata solo de cómo «nos adaptamos» al entorno, sino cómo lo construimos, de manera íntima, en la cotidianeidad, y cómo coexistimos con otros seres a los que incluso podemos considerarles no desde el qué, sino desde el quién.

En este momento en el que parece que el ser humano está perdiendo el control sobre aquello que le rodea (crisis climática, económica, sanitaria), estos fenómenos y seres salvajes nos enfrentan a una pregunta incómoda, según Arregui: 
 
"¿Existe la posibilidad de que en el futuro debamos coexistir con seres y fenómenos que reivindican su autonomía, que evidencian nuestra vulnerabilidad, y que atestiguan la fragilidad de nuestro intento de dominación y domesticación del entorno?"

Y recuerda que "la relación entre cultura y naturaleza no es la de una oposición entre «lo natural» y «lo artificial» (...) Más bien, la cultura puede entenderse como la forma en que los humanos penetran, reconfiguran y hasta generan la propia naturaleza (...) a partir de sus respectivos marcos culturales."
 

 


martes, 6 de mayo de 2025

Sentido y sensibilidad animal: La inmensidad del mundo.

"Desde entonces, sin embargo, la antropología regresó a los animales a través de nuevas y más interesantes maneras (...). Y así, yo también me encuentro inexorablemente atraído por la temática de nuevo. Lo que ha cambiado es que estamos más preparados para escuchar lo que los indígenas nos están contando sobre los animales, tanto en Sudamérica como en otros lugares, y para tomar lo que dicen tan en serio como tomaríamos los pronunciamientos de cualquier filósofo occidental. No podemos seguir asumiendo que mientras los filósofos tienen sus razones y sus argumentos, los indígenas sólo tienen actitudes y creencias, absorbidas por el resto de su 'cultura"

"Y estudiar con la gente y con los animales -más que hacer estudios de ellos- es investigar las condiciones y posibilidades de la vida tanto para el presente como para el futuro."

Tim Ingold, antropólogo.


En numerosas culturas indígenas, la humanidad no existe en una plataforma elevada desde la que mira por encima del hombro a otras especies. Hay modestia y equidad. Hay aprecio y gratitud por toda la naturaleza, en lugar de la sensación de que la naturaleza existe únicamente para beneficio de la humanidad, para usarla y despilfarrarla como mejor le parezca (o no).

Nadie duda de que el ser humano es especial, único. Al fin y al cabo, somos los únicos (que sepamos) que reflexionamos sobre la evolución, por no hablar de crear sinfonías y rascacielos. Pero eso no es decir mucho: todas las especies son únicas, de lo contrario no serían especies distintas por derecho propio. Cada especie puede hacer cosas con las que los humanos solo sueñan, ya sea volar o sumergirse en las profundidades. Y no solo eso. Hay tantas maneras de percibir tu propio mundo, tu propia casa, que ni siquiera imaginarías...

El naturalista Charles Darwin se escribió a sí mismo una nota: "Nunca uses las palabras superior o inferior". Los simios no aparecieron solo para transformarse en humanos.

Tampoco los reptiles evolucionaron únicamente para dar lugar a los mamíferos, ni los peces a los anfibios. Las ranas son perfectamente felices siendo ranas. Ninguna es una criaturas frustrada a las que se le impide alcanzar "la humanidad".

Una vez, leí en las redes sociales:

"La oreja del gato posee 32 músculos para girarlas y captar sonidos.

Para qué? Para ignorarte..."

"Los expertos en comportamiento animal suelen advertir contra los peligros del

antropomorfismo, la tendencia de atribuir erróneamente emociones o capacidades mentales humanas a otros animales. Sin embargo, tal vez la manifestación más común y menos reconocida de antropomorfismo es la tendencia a olvidar los demás Umwelten, a enmarcar las vidas de los animales en función de nuestros sentidos, no de los suyos", escribe Ed Yong, periodista científico británico nacido en Malasia, en su libro "La inmensidad del mundo".  

 "Umwelten" designa la burbuja sensorial de cada especie animal. Y no solo los sentidos primarios (olfato, gusto, oído, tacto, vista) sino otros a los que ni nos asomamos: ecolocalización, electrolocalización, magnetorecepción, visión ultravioleta...

Advierte que "este sesgo tiene consecuencias. Dañamos a los animales al llenar el mundo con estímulos que abruman o aturden sus sentidos, como las luces costeras, que atraen a las tortugas recién nacidas y las alejan del océano; los ruidos submarinos, que ahogan los cantos de las ballenas, y los paneles de cristal que parecen masas de agua en el sonar de los murciélagos. Malinterpretamos las necesidades de los animales que tenemos más cerca, por ejemplo, al no dejar a los perros, que se orientan por el olor, olisquear sus entornos, imponiéndoles el mundo visual de los humanos. También subestimamos las capacidades de los animales para nuestro propio detrimento, perdiendo así la oportunidad de comprender la auténtica inmensidad y maravilla de la naturaleza, las delicias que, tal como escribió William Blake, nos «encierran en cinco sentidos»."


"¿Cómo sabes si cada ave que surca los cielos
no es un inmenso mundo de alegría,
encerrado por tus cinco sentidos?"

 

Añade, "puede parecer restrictivo porque implica que todas las criaturas estamos atrapadas en la casa de nuestros sentidos, pero para mí, la idea [del Umwelten] es maravillosamente expansiva. Lo que nos explica es que no todo es lo que parece y que todo lo que experimentamos no es más que una versión filtrada de todo lo que podríamos vivir. Nos recuerda que hay luz en la oscuridad, ruido en el silencio, riqueza en la nada. Señala los destellos de lo desconocido en lo que nos resulta familiar, de lo extraordinario en lo cotidiano, de la magnificencia en lo mundano."


Desde la antropología sabemos que también entre los humanos animales hay diversidad.

Los hablantes de jahai y semaq beri (Malasia y Tailandia) pueden identificar con fiabilidad alrededor de una docena de categorías de olores "básicas", cada una de las cuales recibe su propia etiqueta lingüística. Una describe el olor que comparten la gasolina, los excrementos de los murciélagos y las escolopendras. Otra define cierta cualidad que comparten la pasta de langostino, la savia del árbol del caucho, los tigres y la carne podrida. Otra más se refiere al jabón, el acre durián y la nota semejante al olor de las palomitas de maíz que desprende el manturón.

"Los seres humanos compartimos con los perros la misma maquinaria básica, pero ellos tienen más de todo: un epitelio olfativo más extenso, docenas de veces más neuronas en ese epitelio, casi el doble de receptores odoríferos y un bulbo olfatorio relativamente más grande. Su equipo, además, está colocado en un compartimento aparte, mientras que el nuestro está expuesto a la corriente principal de aire que atraviesa nuestra nariz. (...) La experiencia de los perros es, al contrario, mucho más continua, porque los odorantes que entran en su nariz tienden a quedarse allí, y su número aumenta con cada olisqueo. (...) Incluso cuando expulsan el aire, lo están absorbiendo."

"El órgano vomeronasal es su secuaz: tiene su propio tipo de células detectoras del olor, sus propias neuronas sensoriales y su propia conexión al cerebro. Normalmente se encuentra en el interior de la cavidad nasal, justo encima del paladar. Pero no nos molestemos en tratar de palpar el nuestro: por el motivo que sea, los seres humanos perdimos nuestro órgano vomero-nasal a lo largo de la evolución, como les ocurrió a otras especies de simios, y también a las ballenas, las aves, los cocodrilos y algunos murciélagos.

Casi todos los demás mamíferos, reptiles y anfibios conservan los suyos. Cuando
un elefante toca a otro con la trompa y se lleva a la boca la punta, bien cubierta de feromonas, esas moléculas van directas al órgano vomeronasal. Cuando los caballos o los gatos contraen el labio superior, mostrando los dientes, están anulando las fosas nasales y enviando los odorantes inhalados al órgano vomeronasal.

Y cuando las mariposas se posan, están saboreando con los receptores que tienen en lo pies. Los peces gatos no necesitan ni posarse: son lenguas natatorias, con sus receptores del gusto repartidos en toda su piel.

Cada cual hemos evolucionado para funcionar de forma óptima. Por eso, el primer paso para entender el Umwelt de otro animal es comprender para qué usa sus sentidos.

Los primates, por ejemplo, probablemente evolucionaron hacia ojos grandes y agudos para capturar los insectos arborícolas que están en las ramas. Los humanos hemos heredado esa visión aguda para guiar los diestros dedos, para leer símbolos que dotan de sentido y para evaluar las señales ocultas en las expresiones faciales sutiles. Nuestros ojos se ajustan a nuestras necesidades. También nos dan una Umwelt singular que muchos otros animales no comparten.

Los humanos superan a casi todos los demás animales en la resolución de detalles. Nuestra vista excepcionalmente aguda.

Pero a todo hay quien gana, y las águilas y otras aves de presa son los únicos animales cuya visión es sustancialmente más aguda que la nuestra. La bióloga sensorial Eleanor Caves ha estado recopilando mediciones de agudeza visual de cientos de especies, y los humanos superan a casi la totalidad. Aparte de las aves de presa, solo otros primates se acercan a nuestro nivel.
 

Pero los ojos agudos tienen también una desventaja importante.En la vista, hay que elegir: O sensibilidad o resolución/agudeza.

Un águila puede ser capaz de ver un conejo a gran distancia en pleno día, pero su agudeza visual cae en picado cuando se pone el sol. (No hay águilas nocturnas). A la inversa, los leones y las hienas puede que no sean capaces de ver las rayas de una cebra a lo lejos, pero su visión es lo bastante sensible como para cazar una por la noche. Estos, y muchos otros animales, han dado prioridad a la sensibilidad sobre la agudeza. Como siempre, los ojos evolucionan para ajustarse a las necesidades de sus propietarios.

Otra diferencia con el resto de animales es que el mundo visual humano está enfrente y nos movemos hacia él. No es así en el resto de animales.

"A vista de pájaro" es cuando vemos algo desde arriba. En realidad, las aves tienen otra vista.
Muchas aves de presa, cuando cazan, miran a un ángulo de 45 grados. Esta vista es la más aguda. Cuando un halcón peregrino se lanza a por una paloma, no se deja caer directamente hacia su presa; lo que hace es volar siguiendo una espiral descendente.

Otro ejemplo: Como las vacas mirando al tren... Pues es que las vacas no solo miran al tren, también te ven a ti mirándoles a ellas con cara de gracia y a tu perro molestando detrás de ella.



Las vacas y otros animales de granja muestran un aire somnoliento por tener su mirada tan fija. Pero es que sus campos visuales cubren casi toda el área alrededor de la cabeza, una vista del horizonte entero a la vez. Lo mismo sucede con otros animales que viven en hábitats planos, incluyendo a los conejos (campos), los cangrejos o los zapateros (superficie de los estanques). (...) Una vaca puede ver simultáneamente a un granjero acercándose desde delante, un collie caminando por detrás y a sus compañeras de rebaño a los lados. Mirar alrededor, que es algo inseparable de nuestra experiencia visual, es en realidad una actividad poco frecuente que los animales solo realizan cuando tienen campos de visión restringidos y zonas agudas estrechas.

La mayoría de los humanos no vemos los rayos ultravioleta, lo cual probablemente explica por qué los científicos estaban tan dispuestos a creer que era una capacidad escasa, cuando, de hecho, es justo lo contrario. La mayoría de los animales que ven en color perciben los rayos ultravioleta: es la norma, los humanos somos la rareza. Y muchos patrones de la naturaleza, en las flores o en el resto de animales, solo se pueden percibir gracias a esta visión.

Tenemos visión tricrómata, de cuatro conos.
Las aves, reptiles, insectos y peces de agua dulce, también. Los dinosaurios eran tetracrómatas casi con certeza absoluta, y seguramente veían toda clase de colores. Los pavos reales tienen unas plumas maravillosas, pero lo que no vemos es el cortejo de flujos de aire que perciben con las plumas de las crestas.

Sobre el oído humano, Luther Standing Bear, un jefe lakota oglagla y autor, escribió en 1933: «Los lakotas [...] amaban la tierra y todas las cosas de la tierra, y la unión crecía con la edad. La tierra está llena de sonidos que el anciano indio puede oír, a veces poniendo la oreja en el suelo para oír con más claridad».



Los humanos son casi tan buenos como los búhos en la dirección horizontal, pero mucho peores en la vertical, donde nuestra precisión cae a entre tres y seis grados. Esto es debido a que nuestras orejas están a la misma altura, de modo que los sonidos que llegan de arriba o de abajo las alcanzan prácticamente al mismo tiempo. Las orejas del búho, sin embargo, tienen una asimetría única: la izquierda está colocada más alta que la derecha. Y para evitar hacer ruido con su propio aleteo cuando caza, el búho tiene plumas suaves en el cuerpo y bordes serrados en las alas, que hacen que su vuelo sea casi imperceptiblemente silencioso.


Otra manera de cazar es a través de la tela de araña, que extiende el alcance de los sentidos de la araña mucho más allá del alcance de su cuerpo. El cuerpo de la araña está cubierto de miles de rendijas sensiliares, grietas que perciben la vibración, concentradas en torno a las articulaciones, donde se agrupan en clústeres llamados órganos liriformes. Mediante estos órganos exquisitamente sensibles, todas las arañas pueden sentir las vibraciones que circulan por cualquier cosa donde estén posadas. (...) La telaraña ha sido construida por la araña y es parte de la araña. Es tan parte del sistema sensorial y cognitivo de la criatura como su cuerpo. Pero hay una hacker experta en manipular estas redes para robar al resto de arañas su bocado, y es otra araña llamada Argyrodes.

Pensar en la ecolocalización, es pensar en los murciélagos. Pero mientras que los murciélagos solo pueden percibir las formas externas y las texturas de sus objetivos, los delfines pueden asomarse al interior de los suyos. Si un delfín nos ecolocaliza, percibirá los pulmones y el esqueleto. Puede sentir con toda probabilidad la metralla de un veterano de guerra y el feto dentro de una mujer embarazada. Casi con toda seguridad puede distinguir especies de peces basándose en la forma de esas vejigas de aire. Y puede saber si un pez tiene dentro algo raro, como un anzuelo. Mejores que una máquina de rayos X o un escáner.

Los tiburones y las rayas tienen la capacidad para detectar campos eléctricos. La lista incluye las lampreas; los celacantos, unos peces antiquísimos que se creían extinguidos hasta que se encontraron ejemplares vivos en la década de 1930; otros grupos de peces antiguos, incluyendo a los peces espátula, que usan su hocico largo y lleno de electrorreceptores, y algunos anfibios como las salamandras y las cecilias. Y resulta que todos los seres vivos producen campos eléctricos cuando están sumergidos en el agua. Nuestras células animales, que son bolsas de líquido salado, difieren del agua creando un voltaje a través de las membranas celulares. Así ocurre la electrolocalización.

Además, hay peces que detectan campos eléctricos... y también los emiten, como los peces cuchillo y los peces elefante.

Sobre la magnetorrecepción. Cuando llega el momento de que las aves migren, se inquietan, incluso en cautividad dan saltos, aletean y revolotean. Estos movimientos frenéticos se conocen como Zugunruhe, una palabra en alemán que significa «ansiedad migratoria». Las aves saben que ha llegado el momento. Están impacientes por partir. Y como notó el ornitólogo alemán Friedrich Merkel en la década de 1950, conocen el camino. Merkel y sus estudiantes Hans Fromme y Wolfgang Wiltschko capturaron petirrojos europeos en otoño y se dieron cuenta de que la ansiedad migratoria de estas aves no era aleatoria. Por la noche tienden a saltar hacia el sudoeste, exactamente en la dirección que, si no estuvieran en jaulas, los llevaría a la soleada España.

Quizás no hayas escuchado nunca el término "contaminación sensorial". Ed Yong lanza un alegato a favor del respeto de las burbujas sensoriales del resto de los animales. "En vez de entrar en los Umwelten de otros animales, los hemos obligado a vivir en el nuestro bombardeándolos con estímulos creación nuestra. Hemos llenado la noche de luz, el silencio de ruido y el suelo y el agua de moléculas desconocidas. Hemos distraído a los animales de lo que necesitan percibir, ahogando las señales de las que dependen, y los hemos atraído, como polillas a una llama, a trampas sensoriales."

En épocas menos ruidosas, por ejemplo, los cantos de las ballenas, llamadas infrasónicas, podían cruzar océanos enteros.

Cuando estas especies se extinguen, también se extinguen sus Umwelten. Con cada criatura que desaparece perdemos una forma de darle sentido al mundo. Nuestras burbujas sensoriales nos escudan de conocer esas pérdidas, pero no nos protegen de las consecuencias."

¿Bueno, y qué? Tampoco nos vamos a enterar.

No es así. Simplemente piensa: ¿Cuándo fue la última vez que viste una luciérnaga, o que viste la Vía Láctea, ese camino a casa, a nuestro planeta? También para los humanos hay pérdidas y consecuencias. Alrededor del 83% de la gente y más del 99% de los estadounidenses y los europeos vivía bajo cielos con contaminación lumínica. (...) Más de un tercio de la humanidad no pueden ver la Vía Láctea. 

 
"La idea de que la luz viaja miles de millones de años desde galaxias lejanas para ser ahogada en la última milmillonésima de segundo por el resplandor del centro comercial más cercano me deprime una barbaridad», escribió una vez el científico de la visión Sonke Johnsen.
    






jueves, 31 de octubre de 2024

Tolkien, Elíade y hacer bocalagarto: la Muerte.

¡Hola mochuelos!


De que voy a hablar hoy? De la muerte. Andaaaa con qué optismo me he levantado... Qué alegría.
Bueeeno, no es el tema más alegre del mundo. ¿Pero no os gusta festejar "jalouin"? ¿Y de qué creéis que va eso?, de disfrazarse y echarse unas risas y consumir y comprar y hacer el bobo y comer y...? Bueno sí... vale, va de eso. De todo menos de la muerte.
Pero nunca hay que dejar escapar la oportunidad de tocar el tema de la muerte, porque no hay nada más humano que eso. Como dijo J. R. R. Tolkien, el autor de El señor de los anillos, en realidad es de lo que van todas las historias humanas. Literalmente dijo:
"Las historias humanas son prácticamente sobre el mismo tема, ¿no creés? La muerte."
Y el señor Tolkien entonces, sorprendentemente, se puso a leer en esa entrevista a la filósofa feminista Simone de Beauvoir. Imaginároslo con aire de conservador, con su pajarita y su chaqueta británica de cuadros, explicando que leyendo el periódico (y quizás tomando el té) se topó con esta filósofa. Esto que Simone de Beauvoir escribió:

"No existe la muerte natural: nada de lo que le sucede a un humano es natural, puesto que su presencia pone en tela de juicio el mundo. Todos los humanos deben morir: pero para cada uno, su muerte es un accidente y, aunque lo sepa y lo consienta, una violación injustificable."

Bueno, pues os comento que lo que leyó el señor J.R.R. Tolkien fue realmente un párrafo del cuarto libro autobiográfico de la filósofa. Se titula: "Una muerte muy fácil" Y es un relato sincero y duro del día a día de la agonía y la muerte de su madre.

Una de las partes qué más impresionaron es cuando Beauvoir explica que tuvo que escuchar mucho aquello de "es que tu madre ya tiene edad de morir". Porque claro, a los ochenta años se es lo suficientemente viejo para convertirse en un muerto... Ella define esta idea, literalmente, como "tristeza y exilio de los ancianos". Y es que nadie puede pensar que ha llegado a esa edad, y mucho menos que por haber llegado a una edad determinada, estás condenada o condenado por la sociedad. Esto es un exilio social en toda regla. Y es que la muerte, como la guerra o una pandemia, siempre nos pilla con el pie cambiado. No es algo que esperemos, desde luego, siempre nos parte el día. De hecho, Mircea Eliade, filósofo experto en creencias y religiones humanas, explicó que en la mayoría de los mitos, el advenimiento de la muerte, el hecho en sí de la mortalidad humana, fue un accidente desgraciado y estúpido que sucedió después. Los antepasados míticos, los primeros humanos vivían felices e inmortales comiendo perdices, hasta que algún ser burlón les hace la jugarreta de anunciarles que serán mortales, y que morirán. O son los mismos antepasados que se equivocan y por un error absurdo, sin saber cómo ni porqué, eligen morir. Y entonces dejan de comer perdices y comienzan a ser devorados por las lombrices.

Y no, hoy tampoco os vais a librar. Hoy también voy a contar una historia, de los sioux:


El Viejo Chamán y la mujer.
 
“Un día, el Viejo decidió que haría una mujer y un niño, y los hizo a ambos de barro. Una vez que hubo moldeado el barro en forma humana, le dijo:

-’Tú serás gente’.

Entonces lo cubrió y se fue. Al volver a la mañana siguiente, retiró la cubierta y vio que las formas de barro habían cambiado un poco. A la segunda mañana habían cambiado más y a la tercera aún más. A la cuarta mañana retiró la cubierta, miró las imágenes y les dijo que se levantaran y anduvieran, y éstas lo hicieron. Fueron hasta el río con su hacedor y él les dijo que su nombre era Viejo.

Mientras permanecían de pie a la orilla del río, la mujer le preguntó a Viejo:
-‘¿Cómo es esto? ¿Viviremos siempre y no habrá final?’ 


Y él contestó: 


-‘Nunca lo había pensado... Debemos decidirlo. Cogeré este pedacito de excremento seco de búfalo y lo arrojaré al río. Si flota, la gente morirá, pero a los cuatro días volverán a vivir de nuevo; morirán sólo cuatro días. Pero si se hunde, tendrán fin’.
Arrojó el pedacito al río y flotó. Debían morir... pero solo cuatro días.
La mujer indignada se volvió, cogió una piedra y dijo: 


-‘No, no va a ser así. Tiraré esta piedra al río y si flota viviremos siempre, pero si se hunde, la gente debe morir, de forma que tengan piedad unos de otros y sientan lástima unos de otros’.
La mujer arrojó la piedra al agua.... y se hundió. 


-‘Así sea’, dijo Viejo. ‘Habéis elegido. Y así es como ocurrirá’.”


No sabemos si Tolkien llegó a leer el resto, donde Simone de Bobuaj escribe, tajante:

«No se muere de haber nacido, ni de haber vivido, ni de vejez. Se muere de algo".


Y tiene razón. No se muere "de vejez", no te mueres de viejo. Sí es cierto que existe la muerte como destino, la muerte celular, por envejecimiento. Y también lo es que esta muerte no es consecuencia de la vida, sino de la pluri-celularidad y la reproducción sexual. Y es que la muerte apareció en el mundo, agárrate, 2.500 millones de años después del origen de la vida en nuestro planeta. Que se dice pronto. Pero también es cierto que se muere de algo, de la acumulación de agresiones externas que causan enfermedades, vulnerabilidad, debilitamiento... De hecho, en Occidente ninguna muerte se considera real sin un certificado que explique la "causa de defunción". Es más: cada uno de los síntomas de la muerte (falta de respiración o pulso, frialdad y rigos mortis, relajación de esfínteres, insensibilidad ante los estímulos eléctricos) pueden darse sin que se produzca la muerte. El único signo seguro y certero de la muerte es el comienzo de la putrefacción del cadáver, la muerte biológica.
Si uno muere debido a un paro cardíaco y le reaniman, no se expide certificado alguno. Ya, ya sé que no tendría sentido que a alguien reanimado vivito y coleando, se le de un certificado de defunción. Bueno, ni tiene sentido ni sensibilidad. Pero aquí va un "choque cultural" que me gusta divulgar: En otras culturas, la muerte es algo menos preciso. Si alguien se marea y se derrumba, se puede decir que "se ha muerto". Imagínate que susto si alguien te cuenta que su hijo murió ayer y luego le ves correteando con un triciclo por un pasillo... Eso sí, en muchas culturas: si alguien muere finalmente, y no "renace", es tabú nombrar a esa persona fallecida, no vaya a ser que nombrándola, aparezca... En nuestra cultura, no utilizamos la palabra "muerte" tan alegremente... De hecho, utilizamos muchos eufemismos para nombrarla. Hace poco escribí una entrada en mi blog con un listado de muchos de ellos, los que más me habían gustado, y la verdad es que aquí sí que hay alegría y humor. Paso a decir algunos ejemplos:


El cuerpo pide tierra.

Ponerse el pijama de palo/madera.

Machacar hormigas con el caletre.

Hincar el poleo.

Se fue con la mayoría.

Está mirando las flores desde abajo.

Está chupando gladiolo. / Se fué al barrio de los acostados. / Se lo llevó la pelá.

Está haciendo bocalagarto. Más cerca del arpa que de la guitarra.

Dejó de fumar.

Entregó la cuchara.

Dobló la servilleta.

Se fue pal corral de los quietos / pal cortijo de los callaos / al solar de los calladitos.

Está roscando las escarbaderas.

No escuchará el siguiente cuco.

Se ha ido al pueblo de los topos.

Está entre las tres piedras. (El dolmen)

Y si pasamos a otros lugares del mundo:

En Polonia: se cayó de la bici / Pateó el calendario.

Dinamarca: la última camisa no tiene bolsillos.

En Haiti: se fue a la tierra de los sin sombreros.

China: extinguió las preocupaciones / Vendió huevo de pato salado.

Vietnamita: entró en el sueño de los mil otoños.

En esloveno: se fue a silbar a los cangrejos.

Cuba: cantó el manisero / Se mudó al barrio Bocarriba.

Qué imaginación. ¿Silvar a los cangrejos? ¿Cuál fue la línea de pensamiento?

Mucho se habla de lo que el Sapiens ha aportado al mundo. ¿Además de las alcantarillas, que ha aportado el ser humano al mundo? Pues precisamente eso: la conciencia de la mortalidad... y la pintura, las historias, la inventiva, la imaginación... También las películas sobre apocalipsis y la angustia y la ansiedad para hacerla frente, sí, a la muerte. Esto es lo más humano del mundo, el miedo a la muerte.

Y el Sapiens tiene otra característica: es el único ser de la naturaleza capaz de destruir conscientemente a su propia especie. Ahí está también la inventiva en la guerra completa y letal: la guerra nuclear, los drones, los chips letales... Todo para matar. En mi segundo libro "La naturaleza que somos" cuento que en una de estas, se llegó a atar explosivos a murciélagos para que corrieran a ocultarse en las viviendas de los enemigos... Y sí que se ocultaron, bajo el coche del general. Hay un refrán wolof en Senegal, que reza: "el estiércol del murciélago cae sobre su propia cabeza".

La nuestra es una sociedad que hace de la muerte un tabú, o que reduce la muerte de manera nihilista, como algo que no tiene sentido y que merece ser ocultada, como se oculta los excrementos o el sexo. Que se avergüenza y hasta le parece obsceno los límites y las vulnerabilidades de su especie. No hay más que fijarse en la publicidad: zapatillas de marca que te hacen volar o maquillaje que te borra toda marca humana de la vida. El problema es que no hay nada más angustiante que lo reprimido cuando se despierta.

Se diría que hemos trascendido a la muerte, pero masacramos con el más perfecto refinamiento y la más cruel despreocupación a todas las especies vivientes.
Y esta es la paradoja: la nuestra es también una sociedad letal. Desde la industria bélica al monopolio de la muerte y violencia por parte del Estado, ecocidio, genocidio, etnocidio, pena de muerte, brutalidad policial, ahogados en el Mediterráneo, ciudades con pinchos en las esquinas y la muerte campando en nuestras televisiones... Ver la muerte mientras comemos entre publicidad de una marca de zapatillas y otro de maquillaje. Explotación capitalista obsesionada por el costo de la vida, y que no deja de mercantilizar a la muerte misma. Es lo que llaman la ‘muerte-espectáculo’, una versión de la realidad de la muerte como otro objeto que consumir, como un espectáculo más. Ante estas imágenes, podemos sentir apatía, anestesia moral o emocional, pero también podemos llegar a sentir empatía y conmovernos, o incluso rabia y frustración. Pero casi nunca ejercemos una verdadera reflexión sobre cómo nuestros privilegios se encuentran en el mismo mapa y que estamos realmente vinculados al sufrimiento y a la muerte de los demás.

Y recuerdo a otra filósofa, Susan Sontag en el libro "Respecto al dolor de otros", que escribe: "Los ciudadanos de la modernidad, los consumidores de violencia como espectáculo, adeptos de proximidad sin riesgo, están educados para ser cínicos. Algunas personas harán lo que sea por mantenerse pasivas".
Y siendo este un programa de historia, pienso yo que qué mejor que conocer la historia para vincularnos con la historia de los demás.

Ante la muerte, no hay nada mejor que apreciar mejor la vida; pero sobre todo, respetarla antes que nada en los otros.

Y termino con una frase de un libro titulado así "Antropología de la muerte" de Louis-Vincent Thomas:
"La muerte es a la vez horrible y fascinante [...]
Horrible porque separa para siempre a los que se aman;
porque el chantaje de la muerte es el instrumento privilegiado de todos los poderes;
porque hace que nuestros cuerpos terminen por desintegrarse en una podredumbre innoble.
Fascinante porque renueva a los vivos e inspira casi todas nuestras reflexiones y nuestras obras de arte, al tiempo que su estudio constituye un camino real para captar el espíritu de nuestra época y los recursos insospechados de nuestra imaginación.
Puede decirse con verdad que amar la vida y no amar la muerte significa no amar realmente la vida."

Si quieres escuchar esta entrada: https://go.ivoox.com/rf/135419787

viernes, 7 de junio de 2024

Ötzi y Reserva de musgo: una historia natural y cultural de los musgos.

Hombre de Hielo, Ötzi.
 "Las rocas, dueñas de la lentitud y de la fuerza, se rinden, sin embargo, al leve aliento verde del musgo, tan poderoso como un glaciar, que erosiona su superficie y las devuelve, grano a grano, a su condición de arena. Entre musgos y rocas tiene lugar una conversación muy antigua; poesía, sin duda."


"En el momento de la sexta extinción, ¿podríamos dejar de retorcernos las manos el tiempo suficiente para sentarnos tranquilamente a los pies de aquellos que han evitado todas las eras de extinción desde los albores de la vida en la tierra?"

Robin Wall Kimmerer, botánica.

 

¿Musgos en una página de antropología? Los musgos fueron las primeras plantas que colonizaron la tierra, tu planeta. Y no solo eso, además allanaron el camino al resto de criaturas, incluido tú. Si el planeta es como es, es gracias a estas plantas pioneras. ¿Te parece poco? Y por eso, en esta entrada te prometo que no solo aparecen los musgos, sino todo un mundo.

La palabra musgo viene del latín muscus, que significaba musgo, pero también espuma. Una espuma que cubre las zonas húmedas. Esto tiene sentido si entendemos la historia, nada más y nada menos que la de nuestro planeta. ¿Empezamos?

Fue hace unos 370 millones de años cuando los musgos iniciaron un gran  experimento de evolución.
Y lo hicieron en una superficie desnuda donde no había ni siquiera una garra de tierra. No tuvieron más remedio que adherirse a la roca desnuda, amontonarse en grietas y depresiones húmedas para evitar secarse bajo el sol que en ese entonces era demasiado intenso. Desarrollaron medios para retener agua y extraer minerales de la roca. Y lo hicieron tan bien, que todavía siguen así, y aquí, y no les va nada mal. No son las plantas más grandes ni las más numerosas, ni son especialmente bellas ni consumen demasiado. Son tan sencillas que con poco se apañan, pero cambiaron el planeta poco a poco

aumentando la vida en él. Quizás deberíamos atenderlos, teniendo en cuenta nuestra historia como especie y hacia donde hemos evolucionado...


Bueno, es que ya no estamos hablando de Historia, sino de relaciones intrincadas tras eones de evolución. Y para sumergirnos en todos estos eones, qué mejor que contarlos a través de una historia nativa indígena, del pueblo cree, una nación amerindia de América del Norte.


Hace mucho tiempo, todo el mundo estaba cubierto de agua. Bueno, en realidad fue culpa del dios Wisakedjak. Él inundó todo el mundo original que hizo el Creador, que lo suyo le costó. Y es que así son este tipo de dioses en la mitología, los dioses embaucadores: irrumpen y corrompen la vida normal, los patrones y convicciones, las normas establecidas, para luego crear de ahí cosas nuevas. Wisakedjak tendría el día juguetón y decidió sumergirlo todo, y luego se percató de los animales que nadaban en el agua... Así que creó una balsa con árboles para salvarlos. Pero se preocupó un poco por ellos, así que envió a una rata para ver cuánto cubría el agua bajo ellos. Este roedor se sumergió... y nunca más volvió. Luego mando al cuervo a buscar tierra, pero después de volar durante un día entero regresó derrotado. Wisakedjak entonces pensó en el rápido y astuto lobo, a quien dio un trozo de musgo que encontró en la balsa de madera construida de árboles. El lobo lo agarró y corrió en círculos alrededor de la balsa con aquella bola de musgo en la boca hasta que la bola empezó a crecer y a crecer, y a formar tierra. Continuó extendiéndose por la balsa y siguió creciendo hasta crear nada más y nada menos que el mundo. Tu mundo.

Así continua la historia, narrada en 1911 y recogida por el etnógrafo y arqueólogo Alanson Skinner:

"Lobo continuó corriendo durante una semana mientras la tierra seguía creciendo. Siguió creciendo durante dos semanas. Al final de este tiempo, Lobo había triunfado tanto que nunca regresó. Dado que la tierra está construida sobre agua, esto explica la existencia de manantiales subterráneos.
Cuando Lobo llevaba una semana fuera y aún no había regresado, Wiságatchak dijo a los otros animales: "Bueno, el terreno ahora debe ser lo suficientemente grande para que podamos vivir en él".


Así honra el pueblo cree al musgo, porque fue gracias a su propagación que existe la tierra tal y como es. Pero también se honra al lobo, el que dio forma a la tierra, salvando así a las demás criaturas y a él mismo. Los nativos americanos han reconocido desde siempre el papel que desempeña el lobo en la protección de la salud de otras especies y a su familia. Son los médicos de la tierra, dicen, mantienen a todos los seres fuertes y saludables.

Así que volvemos al mundo de estas briofitas, es decir, de las plantas que no tienen ni raíces, ni tallos, ni hojas, pero sí mucha dignidad. En el libro "Reserva de musgo, una historia natural y cultural de los musgos" de la editorial Capitán Swing, Robin Wall Kimmerer nos cuenta que el musgo es "el primer paso en la evolución hacia una existencia terrestre, a medio camino entre algas y plantas vasculares." Y ahora pueden sobrevivir incluso en un desierto. Pero no pueden crecer ni hacer la fotosíntesis ni reproducirse sin agua. Así recuerdan siempre esos estanques primigenios de dónde vinieron sus ancestros.

Y la historia científica nos dice que, "antes de que el mundo fuera verde, la vida solo existía en el agua. En las bahías, poco profundas, las olas rompían contra una orilla vacía. En el continente achicharrado por el sol no había árboles que dieran un poco de sombra. Esa primera atmósfera carecía de ozono y el sol golpeaba la tierra con toda su intensidad, una lluvia mortal de radiación ultravioleta que dañaba el ADN de toda criatura que se aventurara por la orilla.

Sin embargo, en el mar y en los estanques interiores donde el agua filtraba los rayos ultravioletas, las algas se afanaban en alterar el curso de la historia evolutiva. De los mechones de algas salían burbujas de oxígeno, el gas resultante de la fotosíntesis que, molécula a molécula, se acumulaba en la atmósfera.

El oxígeno, una presencia nueva, reaccionó con la intensa luz solar en la estratosfera para producir la capa de ozono que terminaría por proteger a toda la vida terrestre.

Solo en ese momento las condiciones en la superficie de la tierra permitieron que la vida emergiera del agua."

Y fue entonces cuando se hizo la mudanza, de la mar a la tierra, ya ahora más segura.

Además de los
musgos, también fueron oportunistas los helechos y los

líquenes. Capaces de aferrarse a un suelo pobre nutrientes, sus esporas germinan donde otras no pueden. Son capaces de buscar nuevos bienes inmuebles en cualquier paisaje devastado. Saben sacar beneficios donde otros sufren. Pero, al contrario que en el lucrativo negocio de los bienes inmuebles del capitalismo, estas especies pioneras no solo modifican el entorno, también hacen el mundo mucho más habitable para otras vidas, para otras plantas, para otros animales, incluido tú. Porque apuntalan el entorno formando suelos más fértiles, y crean las condiciones en las que otras especies menos adaptables pueden prosperar. De hecho, los musgos facilitan el desarrollo de los árboles. Como si de una gran e imponente nave se tratara, a los troncos caídos y recubiertos de musgo se conocen habitualmente como «troncos nodriza». De ellos, crecen robustos otros árboles.

A Robin Wall Kimmerer le gusta imaginarse cómo se produjo la migración de esa existencia acuática a los rigores de la tierra.

"Tal vez... tal vez los estanques se secaron, dejando las algas varadas en el fondo como peces fuera del agua.

O tal vez las algas colonizaron las grietas en sombra de las orillas rocosas."


Sea como fuere, las primeras plantas terrestres emergieron del agua para tratar de sobrevivir en tierra. Los briófitos aparecieron por primera vez en el registro fósil durante el período Devónico, hace aproximadamente 370 millones de años. Y fueron cubriendo la tierra.
Y así mismo se conocen a los musgos en los idiomas nativos de esa botánica potawatomi. En los idiomas anishinaabe, musgo se dice aasaakamig y aasaakamek, que tienen el significado de "aquellos que cubren la tierra."

Así que tenemos que los musgos fueron las primeras plantas que colonizaron la tierra. Y no solo eso, además allanaron el camino al resto de criaturas. Wall Kimmerer cuenta en este libro que "Muchos entomólogos consideran que las fases más tempranas de la evolución de los insectos tuvieron lugar en las matas de musgo. La humedad que les ofrecían constituía un entorno de transición entre la vida acuática primitiva y los organismos terrestres más avanzados."
Por eso, si te fijas bien, son muchos los insectos que rondan por los musgos.

No solo sostiene a muchos insectos. Hay seres que están profundamente imbricados a los musgos, a los que tratan mil veces mejor que nosotros, por cierto. Porque lo hemos hecho los humanos a los osos de agua o tardígrados es un auténtico infierno. A estos microorganismos les hemos hecho sufrir hirviéndolos, en una explosión nuclear, y hasta en el espacio. Todo para ver lo que aguantan. Y sí, claro que aguantaron. Lo llevan haciendo durante toda su existencia con los musgos.

 


Si la resiliencia del musgo es impresionante, la de los tardígrados no lo es menos. La botánica escribe: "La vida del oso de agua es inseparable de los musgos en los que vive. Por la manera en que se entrometen en el follaje y avanzan torpemente con sus ocho patas robustas, los osos de agua guardan un parecido sorprendente a un oso polar diminuto. De cintura baja, con la cabeza redonda y el cuerpo traslúcido de un tono blanco perla, el oso de agua clava sus largas garras negras en los tallos de musgo. En lugar de una mandíbula llena de dientes, posee piezas bucales absorbentes. Se alimenta agujereando una célula de musgo con un estilete, como una aguja hipodérmica, y sorbiendo su contenido."

No sé porqué, los seres humanos levantamos los hombros cuando cae la lluvia sobre nosotros.¿Alguien lo sabe? En días de lluvia, nos encogemos, realentizamos nuestras rutinas, caminamos como si lleváramos peso encima de nuestras cabezas y solo queremos llegar a nuestro agujero hobbit. A los musgos y a los osos de agua, les pasa lo contrario: cuando no hay lluvia, se encogen, se secan, realentizan su metabolismo hasta niveles que todavía nos resultan misteriosos.

Cuando no hay lluvia, en las sequías, los musgos y los osos de agua se preparan de manera espectacular, casi como si estuviesen entre la vida y la muerte:

"En el proceso de la desecación, ni los musgos ni los osos de agua se ven dañados. Se encuentran en un estado de animación suspendida, en el que pueden tolerar cualquier extremo de temperatura u otras presiones ambientales."

"Las hojas del musgo se enrollan y contorsionan cuando el agua se evapora, quedándose secas y crujientes. Los osos de agua también se encogen al deshidratarse, reduciendo su tamaño a un octavo de lo que era, formando miniaturas de sí mismos en forma de barril, que se conocen como «toneles». El metabolismo se limita casi por completo, de modo que el tonel puede sobrevivir en ese estado durante años. Los vientos secos se llevan a los toneles como motas de polvo, dispersándolos hasta nuevas matas de musgo, mucho más lejos de lo que sus pequeñas patas podrían haberlos llevado."

"Cuando se secan, todos sus signos vitales desaparecen: no hay movimiento, ni intercambio de gases, ni metabolismo. Entran en un estado conocido como anabiosis, o falta de vida. Sin embargo, en el momento en que el agua regresa, la vida se renueva de inmediato."

Reviven con una gota de agua.

"Cuando hay agua disponible, por el rocío o la tan esperada lluvia, los osos de agua y los musgos se empapan y se hinchan hasta recuperar su tamaño y su forma normales. En veinte minutos, el musgo y el oso de agua, en perfecta sincronía, retoman sus actividades habituales."

"Los musgos pueden perder hasta el 98 por ciento de su humedad y sobrevivir. Hay musgos que han revivido con un chapuzón en una placa de Petri tras cuarenta años de deshidratación en un herbario mohoso."

"El proceso que permite que estas criaturas merodeen en la frontera entre la vida y la muerte sigue siendo un profundo misterio que los musgos no dejan de llevar a cabo bajo nuestros pies."

Al fin y al cabo, nos recuerda la botánica, fueron las pioneras en salir del agua y vivir en un mundo demasiado hostil, y esto hace pensar que si el planeta vuelve a ser hostil, serán las que sigan aquí, resistiendo.

Sí, sobreviven a explosiones nucleares. Pero ni los osos de agua ni los musgos pueden crecer sin agua, sin su origen.

Por ejemplo, cuenta la científica: "Para que la alquimia de la fotosíntesis se produzca, los musgos deben estar empapados de humedad. Una fina capa de agua sobre la hoja del musgo es la puerta por la que el dióxido de carbono se disuelve y accede a la hoja, comenzando así la transformación de la luz y el aire en azúcares. Al carecer de raíces, no puede acceder a las reservas de agua de la tierra, por lo que su supervivencia depende de la lluvia. Es por eso que los musgos abundan más allí donde hay humedad constante, como las zonas rociadas por el agua de una cascada o los acantilados de los que brotan manantiales."

Y por eso, forman colonias, para la retención hídrica:
Como una esponja, "las hojas entrelazadas crea una red porosa de hojas y espacios vacíos que guarda el agua. Cuanto más densa sea la red, mayor será su capacidad para retener agua."

Así, se convierte en
una alfombra más elaborada que cualquier otro tejido sobre la faz de la tierra, hecho de sol y tierra.


También en su reproducción sexual dependen del agua, porque funciona gracias a hilillos de agua entre macho y hembra. Ellos podrían decir que lo que les une, es todo un acueducto.

Robin Wall Kimmerer lo explica de manera simple y bella: "El espermatozoide
tiene que nadar por una película continua de agua para llegar al óvulo. El racimo de hojas puede capturar el agua de la lluvia y del rocío, y los espacios capilares entre las hojas conducirán el agua de una planta a otra, como un acueducto transparente que une al macho y a la hembra. Si esta película de agua se rompe por cualquier motivo, la barrera que impide que el espermatozoide llegue al óvulo resultará infranqueable. Los óvulos solo pueden fecundarse cuando el musgo esté cubierto de agua de lluvia, rocío o la espuma de una cascada para conducir el espermatozoide. En un año seco, lo más probable es que la reproducción fracase."


Así crecen los esporofitos o esporangios, que si te fijas bien, son esos filamentos altos y alargados que sobresalen de la alfombra de musgo y tienen arriba una pequeña cápsula, como una cofia.

Bueno, pero si esta reproducción por hilillos de agua fracasa, tampoco nos llevemos las manos a la cabeza. Que por algo los musgos todavía continúan alfombrando los bosques.
Tienen más estrategias. Por un lado, tienen de aliados involuntarios, como los lobos, de los que he hablado antes, que los dispersa más lejos. O como la comunidad invertebrada. O incluso tus pies cuando caminas por la ciudad. Para los musgos, nuestro paisaje urbano se asemeja a grandes acantilados.

Hay sexo hasta en Nueva York. Pero ojo, que para los musgos, el sexo no es lo único:
"El sexo no es su única manera de propagarse. Mucho antes del advenimiento de la biotecnología, los musgos ya podían fabricar clones, llenando el entorno de copias genéticamente idénticas de sí mismos. De hecho, la mayoría de las especies de musgo pueden regenerarse por completo a partir de un fragmento pequeño. Una única hoja, rota por accidente, que cayera sobre un suelo húmedo, podría producir una nueva planta".

Y tiene más estrategias, como por ejemplo, evitar la competición. "Las diversas especies pueden coexistir cuando crecen en hábitats propios, no compartidos con las especies hermanas. Es el equivalente briofítico de "Una habitación propia»."

Cómo llegan a su habitación propia, a su hábitat propio, es todo un misterio. Tal y como cuenta Wall Kimmerer:
A lomos de la corriente de aire viajan semillas y esporas, el mismo plancton aéreo en todos los lugares del mundo. "Lo extraordinario no es la biodiversidad, o la riqueza de criaturas que pueblan la Tierra, sino que esta no sea idéntica en todas partes."
"De algún modo, cada espora errante encuentra la forma de llegar a casa."


Este plancton aéreo viaja por todo el mundo sin pasaporte, y en cada lugar del mundo los humanos entendemos a los musgos de diferente manera. Yo estuve buscando sobre la manera en que se dice "musgo" en diferentes idiomas, y me topé con un artículo de una historiadora llamada Nikita Azad, del Punjab, India. Ella cuenta que la palabra para musgo es "kai", pero no solo para musgo y no para todos los musgos. Kai es la palabra en hindi, en la India, para todas plantas que crecen cerca del suelo y resbaladizas: liquen, musgo, mohos, verdín...

Y en cada lugar del mundo, también ha sido diferente el uso el musgo, pero siempre como aislante. Lo raro es lo nuestro, que solo lo pensamos en los belenes y en cestitas de plástico de colores.

El musgo compactado es un maravilloso aislante natural. Los pueblos septentrionales forraban sus botas y manoplas con musgos mullidos, que les proporcionaban una capa más de aislamiento. También acolchaban camas y fabricaban almohadas. Cuando, en un glaciar del Tirol que empezaba a descongelarse, se encontró el cuerpo del famoso «Hombre de Hielo», Ötzi, de más de 5.000 años, sus botas aparecieron forradas de diversas especies de musgo. De hecho, han analizado miles de fragmentos de 75 especies distintas de musgos y plantas hepáticas enterradas junto a la momia.

También se utilizaron los musgos para pañales de un solo uso, toallitas antisépticas, compresas, como relleno en el interior del portabebés, envolviendo a los niños en un nido mullido. Hay musgos que pueden absorber entre veinte y cuarenta veces su peso en agua."Una absorción semejante a la de los Dodot del supermercado, que hizo de esos musgos los primeros pañales de usar y tirar." Algo imprescindible para poder transportar a los bebés a la espalda.
Incluso se usó musgo para limpiar pescado, para quitar toxinas evitando que se reseque.

Y ya que he comenzado con una historia nativa americana, vuelvo con lo que nos recomienda la sabiduría indígena. Wall kimmerer nos advierte que objetos como los prismáticos, las lupas, los microscopios o los telescopios son una maravillosa ayuda, pero nada comparados con la atención, con el tiempo y la paciencia. El ojo solo ve lo que la mente conoce. Wall Kimmerer escribe:

"Nuestra agudeza a escala intermedia es vulgar, pero no tanto por los defectos de los ojos como por la inclinaciones de la mente. ¿Acaso la potencia de nuestras invenciones nos ha llevado a desconfiar del ojo humano? ¿O hemos llegado a menospreciar aquello cuya percepción no requiere el empleo de tecnología, sino tiempo y paciencia? Por sí sola, la atención puede competir con la lente de aumento más potente."

Sabemos cómo funciona el buscador de Google, pero no el buscador de la mente: solo cuando se repite un patrón, el cerebro lo interpreta y recibimos su significado de la mente consciente, y entonces sabemos sabemos lo que estamos viendo.
Pero "las secuencias neuronales que permiten procesar lo que vemos han de entrenarse mediante la experiencia. Las sinapsis se activan y las estrellas aparecen. Lo invisible resulta inmediatamente evidente. Si nos situamos al nivel del musgo, la perspectiva de un humano de metro ochenta caminando por un bosque no es muy distinta a la que se tiene en un vuelo a diez mil metros sobre el continente. Todo un reino natural pasa desapercibido cuando estamos a tanta distancia del suelo, cada día, sin verlo. Los musgos y otros seres vivos de menor tamaño nos invitan a instalarnos durante un tiempo en los límites de la percepción ordinaria. Lo único que nos piden es prestar atención. Mirar de cierta forma permite que un mundo nuevo se nos revele".

¿Y para qué prestar atención y conocer este nuevo mundo? Ella lo explica:

"Conocer la geometría fractal de cada copo de nieve hace que el paisaje invernal resulte aún más asombroso. Conocer los musgos enriquece nuestro conocimiento del mundo."

Y yo añado, que quizás haya que hacer como el lobo, que aún en su carrera para sobrevivir, siempre se para, se para para mirar hacia atrás.