domingo, 17 de mayo de 2026

Capitan Swing y la historia... de abajo al mañana.

¿Por qué un podcast de historia tienen tantos oyentes? ¿Por qué seguimos fascinados por el pasado, por los yacimientos arqueológicos, por los documentales histórico, el rastreo de los árboles genealógicos..?

¿Y lo de las biografías de personajes históricos carismáticos, líderes y generalmente, y también de la élite?

¿Pero de verdad es importante aprenderse la biografía de esos grandes y majestuosos hombres (casi siempre, grandes hombres) aventureros, emprendeudores y empresaurios? ¿Y por qué a la historia que hacemos los humanos en la vida cotidiana, pisando calle, campo y barro, lo llaman "la historia de los de abajo"? ¿Abajo porqué? Casi siempre este tipo de Historia en mayúscula suele tratar a esta Historia de abajo como los acontecimientos de hordas de masas enloquecidas y caos incivilizado. Pero ¿y si pudiéramos canalizar parte de este pasado para ayudar a abordar los numerosos dilemas que enfrenta la humanidad en las próximas décadas? 

Pues hay buenas razones para hacerlo. Esto es lo que algunos llaman "historia aplicada". Su propósito no es permitirnos predecir el futuro como Nostradamus (o como el elocuente historiador israelí Yual Noah Harari, al que ahora le ha dado por ir anunciando el fin de la humanidad y solo le falta la campanita y la trompeta), sino más bien expandir el ámbito de nuestra imaginación. Y de eso, a los humanos nos sobra. De eso y de creatividad. El filosofo social Roman Krznaric afirma que "La historia puede recordarnos cómo enfrentamos crisis en el pasado, revelar diferentes formas de organizar la sociedad —quizás olvidadas hace mucho tiempo—, descubrir las raíces de las injusticias y las relaciones de poder actuales, y ofrecer pistas para la supervivencia, la prosperidad y el cambio." Pero, advierte, la historia es una consejera, no una adivina. Nos anima a plantearnos nuevas preguntas y a reconocer que existen otros caminos posibles. Algo que los pueblos originarios, dicho sea de paso, lo tienen muy en cuenta. Pero de eso, hablaré más tarde.

Ya he citado a Roman Krznaric. Así que menciono su último libro traducido al español, que se titula "Historia para el mañana. Mirar al pasado para caminar hacia el futuro". Es de la editorial Capitán Swing. 

¿Pero sabéis quien fue Capitán Swing?  

Ya, lo dicho, es que es parte de la historia de los Nadie, como decía el escritor Eduardo Galeano: "Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los dueños de nada", los olvidados, los pobres, obreros y campesinos...
Pues os cuento. Capitán Swing fue un personaje anónimo y de ficción que firmó muchas cartas con un toquecito amenazador en los mayores disturbios y agitación social en la Inglaterra del siglo XIX. Cartas mencionando la acción de los jornaleros agrícolas que, en esa época, deseaban seguir sobreviviendo aunque sea con míseros mendrugos de pan (vicio burgués donde los haya) y trillando el maíz a mano. A mano, y no a máquina. Porque esas nuevas trilladoras de nueva tecnología no hacían más que mecanizar la agricultura (ya de por sí de paupérrima cosecha) y provocar más desempleo. Mucho nos prometieron que gracias a los avances tecnológicos íbamos a tener más tiempo libre pero aquí seguimos, trabajando como nunca, explotados y precarizados, y ya no saben como vendernos los fantásticos y divertérrimos, dicen, avances modernos de la tecnología. Ni por dónde meternos la Inteligencia Artificial. Hasta las neveras y los cubos de basura la llevan. ¿Es que vamos a tener más tiempo libre porque ahora hasta los relojes son inteligentes? ¿Inteligencia, de qué? ¿Y artificial, cómo? ¿Y quienes moderan la Inteligencia Artificial sino más humanos explotados y precarizados? Tener que estar demostrando que "no soy un robot"... pues los robots no queman almacenes de Amazon, ni destruyen esas nuevas trilladoras, ni salen a exigir aumentos salariales a los terratenientes.... 

Uy perdón. Que estábamos en 1830, en Inglaterra... Como escribió Mark Twain: "La historia no se repite, pero a menudo rima".




A lo que iba. "Historia para el mañana". La editorial Capitán Swing me lo envió, y demuestra que la Historia es una reserva de sabiduría inmensa llena de revueltas radicales y desobediencia civil como la del personaje que fue Capitán Swing.
Él afirma que estas rebeliones son ejemplos de cooperación y compromiso para enfrentar desafíos contemporáneos como la crisis climática y la escasez de agua, la democracia representativa o la desigualdad. Ahí es nada.

Así que a lo largo de este libro, en historias de los últimos mil años, busca respuestas para afrontar algunos de los desafíos turbulentos y más acuciantes de la humanidad del siglo XXI. Por ejemplo, ¿Qué puede enseñarnos la historia de las revueltas radicales y el poder de la desobediencia para afrontar la crisis climática? ¿Qué inspiración podríamos encontrar en conceptos como la ashabiyyah árabe para crear hoy más lazos comunitarios? ¿Cómo podría la comprensión del capitalismo industrial, colonial y de consumo inspirar ideas para controlar la IA que no deja de ser parte del capitalismo de la información?

La tesis es esta: la historia no es simplemente un medio para comprender el pasado, sino una forma de reimaginar nuestra relación con el futuro. Como él mismo explica: el mundo en el que uno nace se siente como la norma, y es difícil imaginar algo diferente. 

Pero es que libros como este demuestran que a lo largo de la historia de la humanidad, siempre lo hemos hecho. En una época en la que la pseudohistoria y las narrativas pesimistas se instrumentalizan, ofrecernos una multitud de recursos de diversas historias es una buena idea. Y es que además, «La gran ironía de nuestra era —escribe la antropóloga Mary Catherine Bateson— es que, aunque vivimos más tiempo, pensamos más a corto plazo». (Mary Catherine Bateson, Composing a Further Life: The Age of Active Wisdom)

Y sí, soy consciente de que he comenzado a criticar a la IA y a pedir casi que vuelva el Capitán Swing. Se hace difícil pensar en nuevas ideas fuera de este sistema capitalista, consumista, capacitista, patriarcal, individualista, clasista, colonialista, racista y caníbal que lo devora todo... más que salir antorcha en mano.
Y es que no solo nos instan a consumir mucho para impulsar nuestra economía, sino también para alcanzar una suerte de “satisfacción espiritual”. En este libro aparece una afirmación que data de 1955, y dudo que algún economista se atreviera a ser tan directo hoy en día. Es de un economista estadounidense llamado Victor Lebow, y leo textualmente:

“Nuestra economía enormemente productiva exige que hagamos del consumo nuestro modo de vida, que transformemos la compra y el uso de bienes en rituales, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, nuestra satisfacción del ego, en el consumo… Necesitamos que las cosas se consuman, se quemen, se reemplacen y se desechen a un ritmo cada vez mayor.” 


Así que la gran pregunta es: ¿Cómo escaparnos de aquí? Roman Krznaric lanza varias claves:
La península ibérica musulmana fue un modelo de sociedad multicultural tolerante.
El Japón preindustrial (Edo) personificó la economía circular.
La imprenta y los cafés funcionaron como las redes sociales originales y promovieron el intercambio genuino de ideas.
Una tradición valenciana centenaria muestra cómo las comunidades pueden gestionar los bienes comunes para un acceso equitativo a los recursos. En este caso, una autogestión democrática, verticalista y centralizada del agua, mediante un tribunal compuesto de representantes escogidos por unos veinte mil agricultores de la zona.

Y sobre todo, que los ingredientes clave para evitar el colapso de la civilización son: solidaridad y lucha colectiva, cuidado de la naturaleza y una crisis para impulsar la acción. 

Estamos en crisis. O más bien, seguimos en crisis que siguen oxigenando a las dictaduras cada vez más.

La crisis desestabiliza el sistema, crea ruptura política, económica, tecnológica, e incluso ecológica.... Y según este filósofo, la historia nos muestra que las crisis son grietas que vuelven relevantes nuevas ideas. Nuevas cosmovisiones y políticas. Y estas ideas, inspiran movimientos, es decir, activismos disruptivos que desafían al poder.

Así que el autor menciona a Naomi Klein que explica tajante que "La esclavitud no fue una crisis para las élites británicas y norteamericanas hasta que el abolicionismo hizo que lo fuera. Que La discriminación racial no fue una crisis hasta que el movimiento de defensa de los derechos civiles hizo que lo fuera. Que La discriminación por sexo no fue una crisis hasta que el feminismo hizo que lo fuera. O que El apartheid no fue una crisis hasta que el movimiento antiapartheid hizo que lo fuera."

Kia whakatomuri te haere whakamua.  

Un proverbio maorí que significa "camino hacia el futuro con los ojos puestos en el pasado". Esto implica que las acciones presentes se guían por las enseñanzas ancestrales para asegurar el bienestar venidero. De cuando todavía recordábamos que mantenemos una relación íntima de interdependencia entre los humanos, la Tierra y el resto de seres vivos.  

 


Un hecho que está presente en muchas culturas indígenas, pero ausente en gran medida en las sociedades occidentales, donde lo que llamamos «naturaleza» se ve sobre todo como un recurso. Como señala la bióloga potawatomi Robin Wall Kimmerer, también citada en este libro y de la que ya hablé en programas anteriores y en mis dos libros, «la biodiversidad está reduciéndose de forma peligrosa en todo el planeta, pero las tasas de pérdida son espectacularmente menores en las áreas controladas por indígenas». Quizás no solo el pasado sirva como advertencia e inspiración. Quizás también haya que prestar atención a los pueblos originarios para darse cuenta de que el mundo no está hecho única y exclusivamente para los humanos, y que todos los seres de este planeta tenemos nuestra propia historia.

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