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jueves, 24 de marzo de 2022

Cielos negros: nos están robando la noche.

“Era una de esas noches claras, estrelladas, cubiertas de rocío, que oprimen el espíritu y aplastan nuestro orgullo con la brillante prueba de la terrible soledad, de la oscura insignificancia desesperada de nuestro planeta.” Joseph Conrad (Azar)
 

Copérnico descubrió que la Tierra no era el centro del Universo, sino que giraba en torno al Sol, en el siglo XVI. 

Después, los astrónomos descubrieron que el Sol no se hallaba en el centro del Universo, sino que nuestro sistema solar forma parte de una galaxia con miles de millones de soles. 

Y luego, que nuestra galaxia es una entre miles de millones de galaxias en el Universo, cada una con miles de millones de estrellas, y que además, es una insignificante porción de un inmenso cosmos. 

Nosotros decimos "noche", pero contiene siete partes: atardecer, crepúsculo, conticinio (la hora de la noche en que todo está en silencio), intempesto, gallicinio, madrugada y alba.
Y cada vez más, al contemplar el cielo y sus estrellas en una noche negra y clara, nos sentimos aplastados y humildes. Y eso que es sólo una minúscula parte de todo el Universo lo que podemos ver. En una ciudad, apenas si alcanzamos a distinguir entre diez y doscientas estrellas. Pero en el campo, en una noche sin luna, pueden verse a ojo desnudo hasta 2.500 estrellas.

Hay una palabra que ayuda para explicar este estado o emoción: 幽玄 - Yūgen. O mejor dicho, para saber que es mejor no explicarlo. Los kanjis que conforman esta palabra significan oscuridad y misterio, calma y profundidad. Se trata de dejarnos atravesar y poder apreciar y expresar aquello que nos conmueve sin caer en una inútil obstinación por querer explicarlo y describirlo absolutamente todo.

Escribe Junichiró Tanizaki en "El elogio de la sombra": Lo mismo que una piedra fosforescente en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si fuera expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los efectos de la sombra."

Escribe Robert Macfarlane en "Los lugares salvajes": “Nuestro desencanto de la noche a través de la iluminación artificial puede parecer, si es que se nota, como un efecto secundario lamentable pero eventualmente trivial de la vida contemporánea. Aquella hora invernal, sin embargo, en lo alto de la loma de la cumbre con las estrellas cayendo claramente en lo alto, me pareció que nuestro alejamiento de la oscuridad era una gran y grave pérdida. Como especie, nos resulta cada vez más difícil imaginar que somos parte de algo que es más grande que nuestra propia capacidad. Hemos llegado a aceptar una herejía de distanciamiento, una creencia humanista en la diferencia humana, y suprimimos siempre que sea posible los frenos y contrapesos sobre nosotros: los recordatorios de que el mundo es más grande que nosotros o que estamos contenidos en él”.

Explica Irene Borgna, antropóloga y guía naturalista. "No soy una experta en estrellas, pero el cielo estrellado tiene un encanto que es
comprensible incluso para los menos experimentados. La naturaleza a menudo se comunica incluso sin necesidad de interpretación, entonces, obviamente, quienes la conocen pueden ver más cosas". Ella viajó en camper en busca de los rincones más alejados de la contaminación lumínica, donde se puede admirar la bóveda estrellada. Y entonces escribió el libro "Cieli Neri".


"Nos embarcamos en este viaje de aventuras impulsado por una búsqueda lúdica de estos lugares y nos apasionamos, queríamos entender quién se lleva la noche, qué historias se esconden detrás de estos lugares. Durante el día exploramos y por la noche disfrutamos del cielo."


"En algún momento te das cuenta de que mucha gente no ha tenido acceso a la noche con tantas estrellas. Un ejemplo de esta distorsión es el cambio total en la percepción contemporánea de la noche. Nos parece absurdo leer cómo Van Gogh tuvo acceso a cielos tan negros que pudo distinguir el color de las estrellas. La electrificación masiva es un proceso reciente, algo tan antiguo como la noche, se ha borrado en 150 años”.

Y es que en esta obra, cuyo título completo es "Cielos negros. Mientras la contaminación lumínica nos está robando la noche", Irene Borgna cuenta el viaje que la llevó bajo los cielos más oscuros de Europa: una oportunidad para reflexionar sobre el problema a menudo subestimado de la contaminación lumínica. El alumbrado público nació hace poco más de cien años, y alrededor de los treinta se ha convertido en norma para gran parte de la humanidad tener noches luminosas, y nos quedamos encerrados como moluscos en nuestra propia luz.
 
Según el nuevo atlas de la luminosidad artificial de la night sky, publicado en Science Advances en 2016 (como actualización de la versión original de 2001), la posibilidad de ver la Vía Láctea (“nuestra casa en el Universo”, como escribe Borgna) está cerrada a más de un tercio de la humanidad. Hasta el punto de que, el 17 de enero de 1994, inmediatamente después del fuerte terremoto de Los Ángeles, con la ciudad a oscuras, se produjeron numerosas llamadas telefónicas al 911 y al cercano observatorio astronómico Griffith debido a la extraña nube plateada suspendida sobre el ciudad: muchos habitantes nunca la habían visto y temían que pudiera ser una amenaza.

En marzo, un estudio mostró por primera vez la conexión entre la contaminación lumínica y la propagación de patógenos: al analizar pollos en diferentes áreas de Florida, los investigadores observaron cómo la exposición a bajos niveles de luz nocturna coincide con un mayor riesgo de infecciones por el virus del Nilo Occidental. Y está influenciado incluso más que por otros factores como la densidad de población humana. En el pasado, ya se había demostrado cómo la contaminación lumínica alargaba el periodo de una infección del gorrión común, favoreciendo potencialmente la propagación del virus.

Hay otro problema con la contaminación lumínica: que afecta el ritmo circadiano. Cada uno tiene impreso un ritmo en el ADN que marca la sucesión cíclica del sueño y la vigilia según las condiciones de iluminación. Los hay que han evolucionado para mantenerse despiertos, moverse, migrar, conseguir comida, construir un nido o guarida y reproducirse durante el día y los que, en cambio, tienen que hacer lo mismo en la oscuridad. Si alteramos la alternancia luz/oscuridad con la irradiación de luz artificial tras la puesta del sol, alargando el día y, de hecho, anulando la noche, restamos espacio y tiempo vital a las miles de especies que necesitan de la oscuridad para sobrevivir.

El ejemplo más famoso de interferencia de luz artificial en la noche es quizás el de las tortugas marinas, perturbadas en su anidación en la playa por la luz de las farolas, que las confunde haciéndolas desviar su rumbo hacia el océano. Pero desde los insectos hasta los mamíferos (especialmente a los murciélagos), pasando por los peces, los reptiles y las aves,
nadie es inmune a la perturbación de la luz artificial.


Las polillas (que fijan su ruta migratoria en función de la Luna o estrellas
especialmente brillantes) y las aves migratorias se confunden con las fuentes de luz, lo que provoca desviaciones desastrosas de las rutas, con desenlaces fatales. Miles de aves mueren cada año al chocar contra ventanas iluminadas y las aves marinas son atraídas al suelo por las fuentes de luz.

Perturbamos los ambientes acuáticos evitando que se desarrollen algas y microorganismos, que eclosionen los huevos de pez payaso y que los salmones se orienten.  
La luz nocturna procedente de fuentes como las farolas afecta también al crecimiento y la floración de las plantas.

"Los sapiens no somos una excepción: si nuestro ritmo circadiano como monos diurnos se ve alterado porque persistimos en prolongar nuestra vigilia después de la puesta del sol sobreiluminando la noche, corremos el riesgo de insomnio y deficiencia de melatonina. Nuestro organismo acaba confundiendo la noche con el día, no libera la hormona del sueño y el descanso, alterando nuestros ritmos biológicos y comprometiendo las funciones del sistema inmunológico." “Quienes trabajan de noche y duermen de día tienen un mal ritmo circadiano y son más propensos a desarrollar diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, y una mayor incidencia de diversas formas de depresión. En definitiva, bromear con el ritmo circadiano no parece ser una gran idea a la larga”.

La “contaminación lumínica” no tiene sólo un coste ecológico de dimensiones catastróficas; también es cultural, estética, antropológica.

"Finalmente, personalmente, estoy convencida de que un niño sin estrellas corre el riesgo de convertirse en un adulto que no sueña." advierte Borgna. “Pasar una noche bajo un cielo estrellado 'serio' donde puedes admirar la Vía Láctea en toda su belleza es algo que te cambia: es como nadar en el mar, se te mete debajo de la piel. Pero los que tienen un cielo opaco sobre la cabeza pierden el interés por levantar la nariz y no es su culpa: el cielo no es muy interesante” 
 
Niue es un país de algo más de 1.600 habitantes, una isla del Pacífico Sur. El estado autónomo mas pequeño del mundo y que desde 1974 depende de Nueva Zelanda (que está 2400 kilómetros lejos de ella) para su defensa y para recibir asistencia administrativa y económica. Es de 259 kilómetros cuadrados terrestres. Los bosques tropicales cubren la mayor parte de su superficie tan solo interrumpidos a orillas del océano por extravagantes formaciones de coral fosilizadas.

Su gobierno ha reemplazado todas las farolas de la isla por opciones más amigables para el cielo, pero no solo se ha quedado ahí, pues también ha explorado nuevas formas de mejorar la iluminación doméstica. Por eso, ha recibido la acreditación formal de la Asociación Internacional de Cielos Oscuros (IDA) como Santuario Internacional de Cielos Oscuros y Comunidad Internacional de Cielos Oscuros. Los niueanos tienen una larga historia de navegación estelar y una vida regulada por los ciclos lunares y las posiciones de las estrellas. El conocimiento de los cielos nocturnos, en manos de los ancianos de la comunidad, se ha transmitido de generación en generación. Los ancianos de Niue ahora esperan que la pasión por aprender la historia cultural de las estrellas se reavive en las generaciones más jóvenes. La Vía Láctea con las Nubes de Magallanes grandes y pequeñas y la constelación de Andrómeda son verdaderamente un espectáculo para la vista.
 

 


*Y no. No es cierto que más luz signifique menos delincuencia y menos accidentes de tráfico. Por ejemplo, se ha demostrado que demasiada luz mal dirigida puede deslumbrar a los conductores y que las luces blancas intensas borran más que lo que revelan, cegando a las víctimas de la violencia e incluso a las cámaras de vigilancia. Para que las calles de la ciudad sean seguras no debe haber mucha luz, sino una iluminación de calidad que ilumine sin deslumbrar, distribuida uniformemente con el mínimo de puntos de luz, preferiblemente con luz de color cálida.

 


martes, 20 de abril de 2021

Un paraíso en el infierno: las comunidades del desastre.

"Es el paraíso de estar a la altura de las circunstancias, el paraíso que demuestra que, habitualmente, la mayoría no lo estamos, que perdemos pie y se nos escapa esa posibilidad y nos hundimos en el yo menoscabado, en sociedades sombrías. Muchos han dejado de aspirar a una sociedad mejor. Sin embargo, son capaces de reconocerla cuando la tienen delante. Otros la reconocen, la aprovechan, se sirven de ella, y de los pecios y escombros nacen cambios políticos y sociales duraderos, tanto positivos como negativos. En el infierno está la puerta a los paraísos posibles de nuestro tiempo." 

Rebecca Solnit, "Un paraíso en el infierno".

 

Ellen Meyers, fundadora de la Teachers Network, estaba saliendo del metro en Canal Street cuando vio cómo se estrellaba el primer avión. Fue una de las primeras personas en dirigirse al sur cuando miles de personas corrían hacia el norte, pues su madre, de ochenta años, vivía allí. Al encontrarse con un viejo amigo, Jim, decidieron continuar juntos. Encontraron a la madre y se metieron en el cuarto de las lavadoras con cincuenta personas más al escuchar el derrumbamiento de la segunda torre. 

Meyers se acuerda que la madre dijo: "Puede que ahora tengamos vistas al río".
No pude contener la risa. Y entonces Jim dice: "No llevo veinte años con VIH para morirme ahora", y ya no pude parar. Él se reía también. Estábamos riéndonos histéricamente y lo único que podía pensar era: "No hay otras dos personas en el mundo con las que preferiera estar ahora mismo". Todos sobrevivieron, y en cuanto llegaron al puerto, regresaron para echar una mano a los demás.

Es uno de los muchos testimonios que relata Rebecca Solnit en su libro "Un paraíso en el infierno. Las extraordinarias comunidades que surgen en el desastre", donde explora el terremoto de 1906 en San Francisco, la explosión de 1917 que destruyó Halifax, el terremoto de la Ciudad de México de 1985, el 11-S en Nueva York y el huracán Katrina en Nueva Orleans. 
Y sobre la actual pandemia de Covid, donde señala que lo primero que nos enseñan los desastres es que todo está conectado, y que todos ellos son cursos intensivos de identificación de conexiones. Resultan siempre un momento de crisis, o lo que los antropólogos llamamos liminaridad: espacios intermedios fuera del tiempo ordinario, y por ello transformadores. El antropólogo Victor Turner afirma que es en estos espacios donde se da la "communitas", los lazos que se crean cuando todo el resto de sistemas y estructuras se resquebrajan, se vuelve inexistentes o irrelevantes. (Durkheim llamó a los rituales colectivos que surgen en este momento "efervescencia colectiva"). Solnit lo representa mediante una metáfora muy visual: el deshielo, "cuando las banquisas de hielo se resquebrajan, el agua fluye entre ellas y los barcos pueden atravesar lugares que en invierno les habían estado vedados". El hielo sería el Statu Quo, "algo que siempre nos pareció estable y que, según nos dicen desde arriba, no puede alterarse". Hasta que lo hace, contrariando a las élites, las que se benefician del mismo Status Quo, que en el caso de los desastres, están más preocupadas de mantenerlo o restablecerlo, de proteger las propiedades y sus negocios lucrativos, que de proteger la vida de nadie. Al principio de la pandemia, fueron las que nos afirmaban que lo idóneo era volver al trabajo para salvaguardar el mercado bursátil, sin prestar atención a las insuficientes condiciones laborales que se daban en estos espacios para no enfermar. Los desastres también son, no hay que olvidarlo, una oportunidad de renovación para el capitalismo, que genera mercados para reemplazar aquello que se ha destruido y ganar más terreno.

Es lo que los sociólogos al desastre llaman "pánico de las élites", a partir de la creencia errónea de que la gente corriente se comportará de manera reprobable y causará el caos que estropeará más las cosas. Las élites (fuerzas armadas, clases altas, el Gobierno) tienden a pensar que si ellas no tienen el control, la situación se descontrola, por lo que tienden a tomar medidas represivas, que se convierten en desastres secundarios. Por ejemplo, cuando hay órdenes de "entrar a disparar" en casos de "saqueos". Cuando hablan de los saqueos o pillajes, son los mecanismos que ponemos en práctica para sobrevivir y cuidar de los demás en situaciones de urgencia, cuando la economía comercial ha dejado de funcionar. Lo que ocurrió tras el terremoto de San Francisco en 1906 fue lo mismo que lo que ocurrió noventa y nueve años después, tras el huracán Katrina. Militares, policías o patrullas urbanas que disparaban a las mismas víctimas de la catástrofe en nombre de la propiedad y de su propia autoridad y legitimidad y la de la de los magnates. En Nueva Orleans, tras el huracán Katrina, la histeria sobre los saqueos creció hasta el punto de que dos días y medio después del desastre, el alcalde y la gobernadora pidieron a las tropas dedicadas a las labores de emergencia que abandonaran las tareas de rescate y se centraran en los pillajes. Mientras, la televisión nacional grababa a los agentes de Policía entrando en Walmart y confiscando vehículos de un concesionaro Cadillac. Algunos periodista advirtieron de que si una fotografía mostraba a personas afroamericanas requisando bienes esenciales, se hablaba de "saqueos", mientras que si eran blancos, estaban "reuniendo provisiones". Surgieron grupos de mercenarios blancos, dispuestos a disparar a los, en su opinión totalmente sesgada, saqueadores.
 
La socióloga especializada en desastres Kathleen Tierney, afirmó en una conferencia en 2006: "Lo que las élites temen es la perturbación del orden social los desafíos a su legitimidad" (...) Miedo al desorden social; miedo a los pobres, a las minorías sociales y a los inmigrantes; obsesión con los saqueos y los delitos contra la propiedad, disposición a recurrir a la fuerza letal, y toma de decisiones a partir de meros rumores." "Los medios de comunicación hacen hincapié en el desorden y en la necesidad de un control social más estricto, lo que refleja y refuerza el discurso político que reclama una mayor participación el Ejército en la gestión del desastre."
 
Cuando el hielo se resquebraja, surgen nuevos caminos. "Al término de una
tormenta, el aire queda limpio de las partículas de materia que enturbiaban la vista. Es entonces cuando alcanzamos a ver más lejos y con mayor claridad"
, escribe Solnit. Tal vez conozcamos la libertad, no la que ondean los conservadores para afianzar y acrecentar su beneficio personal sin límites, sino la libertad para buscar alternativas al status quo, personal y político. "Creo que la oleada neoliberal de nuestra época comenzó por privatizarnos las emociones, arrebatándonos lazos sociales y la noción de un destino común", escribe Solnit. 
 
La pandemia nos está dando argumentos a favor de la asistencia sanitaria universal, de la buena organización de los productos y servicios de los que dependemos. De la contribución al bien común. 
Y también saca a la luz las carencias organizativas, administrativas y morales de Gobiernos enteros, y la perturbación y el cuestionamiento se dan constantemente. La burocracia es incapaz de hacer frente a las necesidades más urgentes, pues no tiene la capacidad de improvisar bien y rápidamente como los ciudadanos, y porque a veces sus prioridades son las opuestas a la de éstos. 
Tricia Wachtendorf, una socióloga del desastre que pasó tiempo en Nueva york tras el 11 de septiembre, explicó que los agentes tendían a sentirse incómodos frente a los voluntarios de la Zona Cero porque su presencia significaba la "ineptitud de la respuesta oficial". El reparto de productos por parte de estos grupos los definían como "comida rebelde" y "material renegado"

Los seres humanos somos seres complejos, y la esperanza puede cohabitar con el dolor y las dificultades, con la tristeza y con la furia, pero no con el optimismo que afirma que todo irá bien si lo deseas muy fuertemente. 
Es en estos momentos de catástrofes cuando hay determinación: la vida en el aquí y ahora ante las necesidades inmediatas y la supervivencia, al margen de lo superfluo. Saber lo que hay que hacer sin necesidad de líderes o coodinación centralizada. El desastre nos brinda una liberación temporal de las preocupaciones, las inhibiciones y las ansiedades asociadas con el pasado y el futuro. La improvisación de nuevas reglas, nuevos roles, nuevas alianzas: comedores comunales, refugios de emergencia, cadenas humanas... 
Y también una inédita intimidad y empatía hacia los demás, porque todos comparten la amenaza del mismo desastre y el mismo futuro incierto. Cuando la pérdida es compartida, el sufrimiento no margina, sino que ofrece un canal para la comunicación y expresión íntimas, para el consuelo y apoyo físico y emocional. Al igual que en los grupos de apoyo para personas que sufren la misma enfermedad, en los que se generan comunidades de pacientes donde nadie se sienta solo por el hecho de sufrir. En los desastres, además, se entiende que los objetivos personales y  grupales están imbricados y se generaliza la generosidad: "el egoísmo, al fin y al cabo, trata más de fortunas futuras que de adquisiciones presentes", reflexiona Solnit.

El libro trata de esta emoción sorprendente, extraña alegría que aflora entre las ruinas, cuando las ruinas son trágicas y dolorosas, pero también una ventana a las posibilidades y anhelos sociales, a ser libre de vivir y actuar de otro modo.
"Son aspectos importantes conforme entramos en una época en la que los desastres van a sucederse cada vez más rapidamente y con mayor intensidad", advierte.
Fortalecimiento de vínculos sociales, trabajos con sentido y gratificantes, y el sentimiento del "poder hacer" frente al "poder sobre", son aspectos que nuestra economía y sociedad nos veta. La nuestra es una sociedad del individualismo, del capitalismo, del darwinismo social, "que asumen que la búsqueda de provecho personal obedece a motivos racionales."
 
Ya en 1894, Gustave Le Bon escribió "Psicología de las masas", poco después de "Origen de las especies" de Darwin. Escribía que en la masa, en el grupo social, un individuo "ya no es el mismo, sino un autómata cuya voluntad no puede ejercer dominio sobre nada. Por el mero hecho de formar parte de una masa, el hombre desciende varios peldaños en la escala de la civilización. Aislado era quizá un individuo cultivado, en la masa es un instintivo y, en consecuencia, un bárbaro. (...) El individuo que forma parte de una masa es un grano de arena inmerso entre otros muchos que el viento agita a su capricho.” Para Le Bon, la sociedad misma es peligrosa, y como opinaba Hobbes, las autoridades debían llevar las riendas de una humanidad esencialmente despiadada. La idea de que la naturaleza humana es esencialmente bestial (cuando ni las "bestias" manifiestan un comportamiento de lucha cruel sin motivo) y solo puede ser refinada por la civilización, también era el argumento principal para justificar la colonización y el saqueo de la época. Thomas henry Huxley en "La lucha por la existencia en la sociedad humana" (1888) defendía que los humanos primitivos luchaban contra los débiles y menos astutos, y "nacían, se reproducían sin medida y morían". Thomas Malthus, así mismo, creía que la vida era un combate continuo por los escasos recursos de la tierra, en el que algunos debían morir. "La escasez es, precisamente, la premisa fundamental del capitalismo", señala Solnit. 

Aunque se dan casos de búsquedas de chivos expiatorios, los episodios más brutales los protagonizaron quienes tratan de sostener el orden imperante y hacer valer sus propios privilegios y autoridad contra una minoría.
Cientos de estudios e investigaciones en situaciones de desastre demuestran que el pánico es un fenómeno inusual, y el comportamiento resulta mayoritariamente racional, y en ocasiones altruista. Cada participante brinda y recibe auxilios pero nunca de manera unidireccional, sino por el deseo de la noción de pertenencia a una civilización que socorre a quien lo necesita. En el Katrina de Nueva Orleans, el eslogan del grupo Common Ground Relief fue precisamente "Solidaridad, no caridad".
La caridad reparte desde arriba, no es reciprocidad, el altruismo es horizontal ya que el intercambio continuo cohesiona las sociedades. 
 
"En la vida diaria, existe mucha más ayuda mutua (y mucha más que ayuda mutua) de lo que se nos quiere hacer creer. La verdadera pregunta no es por qué este breve paraíso de altruismo y cooperación aparece, sino por qué siempre resulta arrollado por otro orden mundial. (...). Es en los desastres y en los momentos de grandes turbulencias sociales cuando los grilletes de los prejuicios y los roles convencionales se desvanecen y se abren nuevas posibilidades."
 
El desastre ofrece soluciones temporales a la alienación y el aislamiento de la vida diaria. El sociólogo pionero en la investigación de desastres Charles Fritz, escribió en "Disasters and Mental health":
"La oposición tradicional entre "lo normal" y "el desastre" casi siempre ignora o minimiza las tensiones recurrentes, inherentes a la rutina de cada día, así como sus efectos personales y sociales. Ignora también (...) el fracaso de las sociedades modernas a la hora de satisfacer esa necesidad básica del individuo que es la identidad comunitaria."
Sin embargo, explica Solnit, en las sociedades cazadoras recolectoras, los riesgos son altos; las luchas intensas y las presiones y la necesidad de cooperación, incesante. "Nosotros hemos reemplazado todo eso por la comodidad, la seguridad y el individualismo. Y hemos adquirido los nuevos desastres, menos visibles, de la alienación y la anomia."
 
"(...) el paraíso que demuestra que, habitualmente, la mayoría no lo estamos, que perdemos pie y se nos escapa esa posibilidad y nos hundimos en el yo menoscabado, en sociedades sombrías. (...) En el infierno está la puerta a los paraísos posibles de nuestro tiempo."

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Memoria biocultural y Lo-TEK: la arquitectura de las comunidades originarias.

"Todos y cada uno de nosotros somos libres de decidir qué personas son primitivas y cuáles aún necesitan evolucionar". - Bruno Manser, activista ambiental.

  "(...) para elaborar las técnicas, a menudo prolongadas y complejas, que permiten cultivar sin tierra, o bien sin agua, cambiar granos o raíces tóxicas en alimentos, o todavía más, utilizar esta toxicidad para la caza, la guerra, el ritual, no nos quepa la menor duda de que se requirió una actitud mental verdaderamente científica, una curiosidad asidua y perpetuamente despierta, un gusto del conocimiento por el placer de conocer, pues una pequeña fracción solamente de las observaciones y de las experiencias (de las que es necesario suponer que estuvieron inspiradas, primero y sobre todo, por la afición al saber) podían dar resultados prácticos e inmediatamente utilizables" Levi Strauss, "El pensamiento salvaje."
 
Existen enclaves que todavía mantienen rasgos civilizatorios o no modernos en su continuo interactuar con la naturaleza, que se remonta al origen mismo de la especie humana. Según Levi-Strauss, una ciencia paleolítica y neolítica previa a la "ciencia moderna", esta última de tan solo 300 años. Conocimiento indígena que no solo se restringe a objetos y taxonomías plantas, hongos, suelos, nieves...), sino también a dimensiones dinámicas, relacionales y utilitarias (ciclos climáticos, períodos de floración, recuperación de sistemas...). Un proceso de acumulación de conocimiento en espiral, porque cada ciclo reproductivo incrementa la experiencia del productor y del grupo étnico, generación tras generación. La transmisión de este conocimiento se hace mediante el lenguaje, principalmente por via oral, no escrita.
 
Y regiones donde ocurren altas posibilidades de endemismo y riqueza tanto de biodiversidad como de lenguas. Hay una estrecha correlación que se evidencia cuando sobreponemos los mapas de distribución de la biodiversidad, de diversidad de lenguas y de origen y difusión agrícola y pecuaria, como lo han difundido Victor Toledo y Narciso Barrera-Bassols (La memoria biocultural). Los países situados en la franja intertropical, poseen la mayoría de las lenguas y especies endémicas. Estos países se ubican además en los principales centros de dispersión de plantas y animales domesticados y actualmente todavía una porción notable de sus habitantes rurales conservan las prácticas de manejo, selección y preservación de la diversidad genética de las especies y variedades domesticadas. 
 
Existen dos modelos de conocer la realidad: conocimiento y sabiduría. Según Víctor M. Toledo: "El conocimiento está basado en teorías, postulados y leyes; por lo tanto se supone que es universal […] La sabiduría se basa en la experiencia concreta, y en las creencias compartidas por los individuos acerca del mundo circundante, y mantenida y robustecida por testimonios” El conocimiento y la sabiduría no son fácilmente separables y tampoco se pueden reemplazar el uno por el otro, ambos son necesarios para la preservación de la experiencia humana. Si acaso existe una memoria colectiva de especie, se encuentra más en el conjunto de sabidurías, más aún cuando el conocimiento se ha ido orientando por la especialización, la parcelación y la fragmentación de la realidad e incluso por la mercantilización.

Toda cultura es una forma en que la humanidad desafía a la realidad a su manera. Los saberes locales se construyen en base a las experiencias sociales y necesidades locales, las estructuras naturales y sus relaciones y dinámicas ecológicas siempre inciertas y cambiantes. Por eso, es necesario para hacer frente a la incertidumbre este conocimiento sobre su comportamiento. Como la realidad cambia, la percepción y la organización mental sobre el  mundo natural no es fija ni estática, sino polisémica, multidimensional y polivalente. Los saberes tradicionales no son sistemas estáticos sino diseños innovadores, adaptables a procesos dinámicos siempre contextualizados en aspectos cultuales particulares, que ofrecen un sentido de pertenencia. 
Los valores locales encuentran su raíz en el mundo mítico y los ritos que los reorganizan. Los seres humanos y los no-humanos comparten su existencia y son parte de la naturaleza, y también la cultura. "La verdadera significación  del saber tradicional no es la de un conocimiento local, sino la de un conocimiento universal expresado localmente."
 
El libro de Julia Watson, "Lo-TEK: Design by Radical Indigenism", con un prefacio del antropólogo Wade Davis, reúne tecnologías de diseño, ingenio local, creatividad y espiritualidad.

En 20 años de viaje, esta arquitecta ha recopilado el conocimiento ecológico tradicional (TEK), sus prácticas y mitologías (del griego "mytho", que significa "historia del pueblo") para generar infraestructuras sostenibles y resistentes al clima. Conocimientos que provienen de un largo linaje desarrollando civilizaciones en ecosistemas complejos. En definitiva, tecnologías sostenibles, adaptables y resistentes que nacen de la necesidad: hambre, inundaciones, heladas, sequías, enfermedades... A pesar de que la sociedad valora y preserva los artefactos arquitectónicos de las culturas muertas, como las pirámides de Giza, al mismo tiempo, ignoran y destruyen otras aún vivas.
Además, "muchas tecnologías ecológicas contemporáneas, como los techos verdes y los humedales flotantes que han existido durante miles de años, son "redescubiertas" empaquetadas como algo nuevo" explica Watson.
 
Más de 100 ejemplos de arquitectura de comunidades originarias, de 20 países que están divididos por ecosistemas: montañas, bosques, desiertos y humedales.

El puente es de la aldea Mawlynnong, India. La gente Khasi ha usado raíces de los árboles de caucho para cultivar puentes "Jingkieng Dieng Jri" sobre los ríos, durante siglos. Así hacen frente a la humedad e inundaciones del monzón de las selvas de Meghalaya (que en sánscrito significa "sobre las nubes").

Ganvie es una ciudad en la república de Benin, en África occidental, que surge de la superficie de un lago. La extensa cuadrícula que rodea sus casas agrupadas y edificios públicos está llena de arrecifes artificiales que funcionan como criaderos de peces y corrales para la acuicultura indígena.

 

La caña qasab como materia prima para hogares, herramientas y forraje. Las casas del pueblo Ma'dan, que se llaman "mudhif", están entre el Tigris y el Eúfrates (Iraq), y aparecen ya en obras de arte sumerias de hace cinco mil años. Su construcción es comunal.

 

Los uros construyen toda una civilización con la caña de totora. Son las Islas Flotantes del lago Titicaca, Perú. Alrededor de 1600, comenzaron a usar cañas para construir aldeas flotantes en el vasto lago Titicaca. Estas islas siempre han desempeñado el papel de granjas acuícolas y humedales móviles, pero cada vez más también están filtrando el agua contaminada descargada de la ciudad de Puno.

 
Un sistema agrario de mil años, subak, son terrazas de arroz Mahagiri. En Bali, Indonesia, donde el agua se ha desviado por un complejo laberinto de túneles y canales para optimizar el riego para todos.

Luego están las Terrazas de Arroz Palayan de 2000 años de antigüedad en Filipinas que, en una gran hazaña tanto de movimiento de tierras como hidráulica, los Ifugao filtran y purifican el agua de lluvia que cae en los bosques de las montañas para convertir laderas inutilizables en tierras productivas.


Como el agua corre cuesta abajo, los jardines hundidos se crean para "atrapar" la humedad disponible a medida que el agua corre por los bordes y hacia las plantas. Así, estos jardines hundidos ayudan a conservar el agua, permitiendo que el agua penetre en el suelo y nutrir las raíces. El pueblo Zuni en Nuevo México crea "jardines de gofres" para cultivar en zona desértica.

En México también, los mayas son veteranos en la rotación de cultivos, después de haberlo practicado durante un astuto ciclo de cuatro etapas que dura más de 20 a 25 años, durante milenios. 

Y en las estribaciones del monte Kilimanjaro, Tanzania, las parcelas de alta biodiversidad que han sido cultivadas por la gente de Chagga durante siglos ahora se muestran como un ejemplo a seguir por otros países.


El yãkwa dura cuatro meses y es uno de los mayores rituales que tienen lugar en la Amazonia brasileña. Los enawene nawe construyen intricadas presas de madera (waitiwina) de un lado a otro de los afluentes del río para atrapar grandes cantidades de peces. Las construyen con troncos entrecruzados unidas por cortezas y lianas, formando un encaje de madera enlazada, en la que insertan decenas de trampas con forma de cono que atrapan los peces que nadan corriente abajo. Luego los ahuman antes de llevarlos a sus comunidades en canoa. Es un alimento imprescindible para su dieta, ya que no comen carne roja. Yãkwa mantiene la armonía del mundo y es un intercambio de comida con los espíritus (yakairiti) subterráneos, dueños de los peces y de la sal. 
Pero la construcción de represas hidroeléctricas en el río ya no permite que los peces vayan río arriba a poner sus huevos. 
En 2009, la empresa constructora de una presa llegó a comprar tres mil kilos de pescado de piscifactoría para esta comunidad.


Fuentes:
https://www.taschen.com/pages/es/catalogue/architecture/all/04698/facts.julia_watson_lotek_design_by_radical_indigenism.htm
https://commonedge.org/the-power-of-lo-tek-a-design-movement-to-rebuild-understanding-of-indigeous-philosophy-and-vernacular-architecture/

Levi Strauss, "El pensamiento salvaje."

Victor Toledo y Narciso Barrera-Bassols (La memoria biocultural)

jueves, 9 de julio de 2020

Antropología del caminar: de huellas a cintas de andar.

"La especie humana comienza por los pies, nos dice Leroi-Gourhan, aunque la mayoría de nuestros contemporáneos lo olvide y piense que el hombre desciende simplemente del automóvil. Desde el neolítico, el hombre tiene el mismo cuerpo, las mismas potencialidades físicas, la misma fuerza de resistencia frente a los fluctuantes datos de su entorno", explica el antropólogo David Le Breton en "Elogio del caminar".
  


Entonces, ¿nos "quedábamos en casa"? 
Tener un hogar, es una singularidad de algunos animales, y es el grado más alto de complejidad social. "Eusocialidad" lo llamaba Edwars O. Wilson. 
Es la construcción de un hogar, en el que cuidar de las crías, en el que convivan dos o más generaciones y exista una distribución de tareas en las que algunas no tengan porqué contribuir de manera directa a la reproducción.
Las abejas, las hormigas, las termitas... son conocidos por sus amplias colmenas, hormigueros o termiteros que las albergan, y las diferentes castas en ellas (hormigas soldados, abejas reinas...). Pero también existen algunos crustáceos aislados que dispone de este tipo de hogares, y muy pocos mamíferos: la rata topolampiña y los humanos. 

Ésto también significa que nuestra comunidad trasciende a los miembros biológicos. Por eso, disponemos de una hipermemoria afectiva: no tenemos la seguridad de que un chimpancé, si volviese a la comunidad, sería capaz de reconocer a su madre. Y por eso somos altruistas, y los grupos más altruistas somos más competitivos y más fuertes. "Contribuir y promover comportamientos generosos, colaborar... supone al final un beneficio para uno mismo, que puede compensar los sacrificios que supone ser altruista. Egoístamente, por tu propio interés, no te interesa ser egoísta", explica la médica y paleoantropóloga María Martiñon. "El hombre ha prestado siempre atención a los pasos de otros hombres; con toda seguridad estaba más pendiente de ellos que de los propios" "La escritura más temprana que aprendió a leer fue la de las huellas",  escribió Elías Canetti (Masa y poder).

Pero los homínidos no vivían en estos hogares, que antaño eran las cuevas. Las rutinas de su vida (búsqueda de alimento, juegos, la socialización, la cocina...) no se producía en espacios cerrados dentro de una caverna, sino fuera, y siempre en movimiento. Unos 10.000 años antes, desde el neolítico, adoptamos un estilo de vida ya sedentario, cuando la agricultura y la ganadería se convirtieron en el corazón de nuestra subsistencia. Pero no han sido suficientes para borrar 200.000 años de evolución como especie habituada a vivir al aire libre, siempre caminando. 


Son muchos los estudios científicos que avalan que el contacto con la naturaleza fortalece la resistencia ante el estrés y ayuda a curar enfermedades. En el pequeño hospital de Paoli, en Pensylvannia, EEUU, un grupo de investigadores reunieron información durante una década sobre cómo se habían recuperado los pacientes que habían sido sometidos a una cirugía de vesícula biliar. Algunos enfermos se recuperaron más rápido que otros, tenían menos dolor, consumían menos analgésicos, eran dados de alta antes... y el personal sanitario desconocía la causa. La clave era que la habitación en la que les ingresaban después de la operación tuviese o no una habitación con vistas al pequeño bosque que había en torno al hospital.


Somos naturalmente caminantes. El hecho de caminar erguido, el bipedalismo, fue posible gracias a nuestro arco en el pie, la hilera recta de sus dedos, y los gluteos hiperdesarrollados, un músculo menor en los monos, pero el mayor en todo el cuerpo humano. Pasando luego al estómago plano, la cintura flexible, la columna recta, los hombros bajos, la cabeza erecta sobre el largo cuello. Nuestra anatomía estaba y está optimizada para una vida en espacios abiertos y, no lo olvidemos, físicamente exigente. (Algunas palabras no lo olvidan. "Travel", viajar, se deriva de "travail", trabajo, y originalmente significaba "trabajo o trabajo físico o mental, especialmente de naturaleza dolorosa u opresiva; esfuerzo; problema; privación; sufrimiento.").

Caminar es natural, pero elegir caminar como experiencia espiritual, política, contemplativa, estética... es producto de antecedentes culturales. Rebecca Solnitt asegura en su libro "Wanderlust" que el deseo de caminar por la naturaleza, al aire libre, es de tan solo tres siglos. Anteriormente, el deseo de caminar por placer estaba relacionado con la aristocracia (la única que se podía permitir la vida sedentaria) y la salud física, no como experiencia, y se daba especialmente por jardines y paseos privados. Hasta que el mundo ganó en seguridad, y las fortalezas aristocráticas expandieron aquellos jardines para caminar y darse a la contemplación y la conversación.
 

Y dejarse ver. "El hombre ha prestado siempre atención a los pasos de otros hombres". Todavía hoy, en algunas regiones latinoamerianas, italianas, españolas... el paseo, el "dar vueltas al parque", o la passeggiata (paseo antes de la cena) son un modo infalible de garantizar encuentros cara a cara, con viejos amigos o como flirteo, exhibiéndose en aceras y plazas mayores. Caminar por la ciudad es una forma de actividad cultural. En algunos pueblos italianos, cerraban las calles principales para la passeggiata. En algunas partes de México, la costumbre fue tan organizada que los hombres paseaban en una dirección y las mujeres en otra, como filas de una danza en gran salón del baile que es el mundo. (Ver: Mindfulness al natural: Friluftsliv, Shinrinyoku, Keyif y otros caminos de pensamiento.Hoy en día, el gusto por caminar como actividad cultural, como una manera de unir cuerpo, mundo e imaginación, está decayendo, como decae el tiempo libre, el espacio libre y los cuerpos sin trabas.
Tras la Revolución Industria, la cultura caminante era una reacción contra la velocidad y la alineación. La pirotecnia que ha impulsado al capitalismo reciente (¡compra!, ¡viaja!, ¡gasta!) y los fuegos artificiales de la economía de la experiencia u "homo agitatus" (hacer mucho, moverse mucho, probar mucho, cambiar mucho, de todo y a todas horas. ) y de la influencia (¡muestra!, ¡exhibe!, ¡alardea!) acalló muchas filosofías milenarias que aconsejaban lo contrario: déjate de artificios y disfruta de la esencia de vivir, como el caminar.

Aunque todavía quedan rescoldos de resistencia a la pérdida posindustrial, posmoderna, del espacio, tiempo y corporeidad, nunca se ha utilizado tan poco la resistencia física individual para la movilidad. Solnitt explica que "los automóviles han promovido la dispersión y la privatización del espacio: los centros comerciales reemplazan a las calles, los edificios públicos se vuelve islas en un océano de asfalto, la urbanización sensata se transforma en ingeniería del tráfico y la gente se mezcla cada vez con menos libertad y frecuencia." Y también recuerda que la calle es el espacio público donde se ejercen los derechos a la libre expresión y a la reunión, "los centros comerciales, no", apostilla. "Las posibilidades democráticas y liberadoras no existen en lugares donde no tienen espacio para reunirse. Quizás se pretendiera precisamente eso." 

Volvemos a la época de murallas, guardias y sistemas de seguridad, para proteger a los ricos de las consecuencias de las injusticias económicas y el resentimiento más allá de las murallas. Kierkegaard exclamó hace mucho: "Es en extremo lamentable y desmoralizador que los ladrones y la élite estén de acuerdo en una sola cosa: vivir escondidos". La decadencia del caminar se debe a la falta de espacio, pero también de tiempo. Ese espacio de tiempo reflexivo, no planificado, de ensoñación. El mundo ya no está hecho a nuestra escala, sino a escala de las máquinas. 

También a las del gimnasio. La cinta de andar original de 1820, era una gran rueda con dientes que servían como peldaños que los prisioneros debían pisar durante un tiempo para "racionalizar sus mentes". La labor o esfuerzo físico repetitivo sin resultados prácticos o productivos siempre ha sido un castigo en el mito griego (Sísifo, Ixión...). El alimento siempre ha sido escaso y el esfuerzo físico para conseguirlo, abundante. El castigo, lo frustrante, era quemar calorías y acabar con las manos vacías. Hoy, el alimento es abundante y las tareas físicas, las que antes eran labores productivas, se vuelven "ejercicio" y sirven para quemar calorías. Como decía Marx, la historia ocurre por primera vez como tragedia y la segunda como farsa. 


"La cinta de andar parece ser uno de los muchos dispositivos que facilitan el retirarse del mundo, y yo temo que esta facilidad disuada a la gente de participar en nada" explica Solnitt.

Todavía quedan caminatas que son la empresa y la aventura de una jornada productiva. Lucy Lippard escribió en su libro "Overlay" algo que le contó otro artista, Lawrence Weiner, sobre una costumbre de los inuit caribu en los Barren Grounds, Canadá, (y que se viralizó):"aliviarse caminando en línea recta por el paisaje hasta sacar la emoción de su sistema; el punto en el cual la rabia es conquistada se marca con un palo, como señal de la fuerza o la longitud de la rabia." El antropólogo especializado en cultura inuit, Francesc Bailón, duda sobre esta costumbre, y aclara que ante la rabia "lo más habitual y normal entre los inuit es precisamente sonreír para exteriorizar las tensiones y rabias acumuladas". De hecho, el caminar en linea recta para desahogarse le parece inverosimil, ya que "buena parte de su vida transcurre en el exterior, por lo tanto lo que hacemos nosotros de salir de casa para airearnos en los inuit no es aplicable". 

El escritor Alastair Reid, escribió Eduardo Galeano, vivía en una perdida playa de la República Dominicana. Una vez, entre sus cartas publicitarias, llegó la propaganda de una máquina de remar, que mostró a sus vecinos, los pescadores.
"¿Bajo techo? ¿Se usa bajo techo? ¿Sin agua? ¿Se rema sin agua? ¿Y sin peces? ¿Y sin sol? ¿Y sin cielo?" le preguntaron incrédulos:
"Los pescadores dijeron a don Alastair que ellos se levantaban cada noche, mucho antes del alba, y se metían mar adentro y echaban sus redes mientras el sol se alzaba en el horizonte, y que ésa era su vida, y que esa vida les gustaba, pero que remar era la única parte jodida de todo el asunto:

-Remar es lo único que odiamos -dijeron los pescadores. Entonces don Alastair les explicó que la máquina de remar servía para hacer gimnasia.
-¿Para hacer qué?
-Gimnasia.
-¡Ah! Y gimnasia, ¿qué es?"


"Si de verdad queréis hacer ejercicio, id en busca de las fuentes de la vida." sugiere Henry David Thoreau (Un paseo invernal) "Qué ridículo resulta ese hombre con sus pesas arriba y abajo para tratar de mantenerse sano, mientras en las altas praderas de la salud brota a borbotones allá donde a él no se le ocurre acercarse…"



"Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte, hay que correr por lo menos dos veces más rápido." dice la Reina Roja en “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, Lewis Carroll.

jueves, 10 de octubre de 2019

Jugaad y Jua Kali: la necesidad, la madre de todas las invenciones.

"Jugaad" o "jugaard" en hindi, consiste en soluciones improvisadas de baja o nula tecnología, con pocos recursos, nacidas de la ingeniosidad y la inteligencia de personas económicamente pobres pero ricas en ingenio. De una economía que no estaba impulsada por el consumo, sino de la reutilización. Como dice el proverbio, "la necesidad es la madre de todas las invenciones". Pero jugaard no necesariamente tiene connotaciones positivas: pueden aludir a soluciones rápidas y baratas que pueden llegar a ser destructivas.

Jugaad también es el nombre de un medio de transporte en el norte de la India, hecho de tablones de madera y partes viejas de otros coches, con motores diésel originalmente destinados a impulsar bombas de riego agrícolas. Aunque por motivos de seguridad el gobierno de la India tuvo que prohibirlo, el jugaad sigue siendo una de las soluciones de transporte más rentables para los indios rurales. 
En el sur de la India, en Tamil Nadu, este transporte se llama "Meen Body Vandi", que se traduce aproximadamente como "vehículo de cama de peces" ya que se originó entre los pescadores con el fin de transportar su carga. 

Navi Radjou, coautor de "Jugaad Innovation", describe el arte de jugaad como
"el arte de improvisar soluciones frugales" y explica un ejemplo: "El Mitticool es un refrigerador de evaporación de bajo costo desarrollado por el innovador rural Mansukhbhai Prajapati." (El agua de la cámara superior gotea por los lados y cuando se evapora absorbe el calor de dentro reduciendo la temperatura.) "Un terremoto devastó su aldea en Gujarat, India. Su innovación pasó del éxito local al internacional, satisfaciendo las necesidades de las comunidades con un suministro de electricidad limitado y creando empleo local a medida que aumentaba la demanda."  
"Muchos no fueron a la escuela. No inventan cosas en grandes laboratorios de I+D. La calle es el laboratorio.", recuerda.
 

Con tan sólo catorce años, William Kamkwamba ideó un molino de viento de cinco metros de altura. Una idea que fraguó en el colegio local Kachokolo; ese mismo del que fue expulsado cuando su familia no pudo pagar los 80 dólares anuales de la matrícula. Con su determinación, y gracias a la complicidad de su profesor de ciencias y a la librera, el joven continúo yendo a la biblioteca del centro educativo. Allí encontró un libro titulado Using energy (Utilizar la energía).
La perspicacia del joven hizo que el viento trajera agua a Wimbe, su población natal, en la región central de Malawi. Con materiales reciclados, el cuadro de la bicicleta de su padre y unos tubos de plásticos, el molino generó la suficiente energía para bombear agua del pozo local.


"Jua kali" Kenya, que en swahili significa "sol fiero", bajo el cual trabajan en sus diseños. Son industrias que en su mayoría ni están registradas ni pagan impuestos, pero que tienen un papel fundamental en el desarrollo del país y en la creación de puestos. Las de Nairobi son probablemente las más antiguas del continente. Constituida en 1899, entre los africanos que llegaron en busca de trabajo, muchos aprendieron de forma improvisada los oficios de los artesanos asiáticos que construían el ferrocarril. Así nacieron las primeras industrias Jua Kali. 

En la página web Wiriko, escriben que "el trabajador jua kali a menudo emplea elementos reciclados para ingeniárselas y solucionar tanto una pequeña herramienta como cacharrería doméstica, un lavabo o un coche. Esto significa que define no sólo un sector laboral sino toda una capacidad para solucionar cualquier problema con los recursos más rudimentarios. Además, no es infrecuente que se asocien y gestionen sus ganancias de manera colectiva, por lo que a su presencia en la sociedad se suma una conciencia de pertenencia a un grupo." 

´N boer maak´n plan dicen en idioma Afrikaans (significa "un agricultor hace un plan"). 




Izenzele en Zulu, iketsetse en Sotho, itirele en Tswana.
 
Zìzhǔ chuàngxī en China. Gambiarra en Brasil. Desenrascanço en Portugal.
 
Urawaza (裏技) que significa "truco secreto", en Japón, más relacionado con la
sabiduría popular. Por ejemplo, mantener el azúcar seco agregando granos de arroz crudo. En el otro extremo, estaría el "chindōgu", un término japonés para las invenciones deliberadamente inapropiadas o absurdas, creado como un pasatiempo y entretenimiento. Se traduciría como “herramienta extraña o deformada”. Curiosamente, el palo de los selfies tiene su origen en este arte. Su creador, Hiroshi Ueda, era un aficionado a la fotografía y trabajador en una compañía de cámaras. Lo llamó Self Portrait Camera Stick en 1983, pero no se pudo comercializar y su patente se venció. En 1995, fue uno de los inventos destacados del libro 101 Unuseless Japanese Inventions, catálogo de "chindōgu". Hasta que llegaron los móviles...

Trick 17 en Alemania, Trick 3, en Finlandia, Trick 77 en alemán suizo.

Systéme D en Francia. La letra D se refiere a "débrouille": hacer, manejar.
 
La otra cara de la mentalidad "jugaad" es la que nos ofrecen empresas como Google, Renault-Nissan (coches de bajo costo), P&G (marketing viral en las redes sociales)... La Era de la frugalidad, lo llaman. En la nueva era de la escasez, las grandes empresas deben aprender a producir más beneficios con menos costos, menos recursos para satisfaces a un público más amplio, incluso con bajos recursos económicos. La improvisación es el valor en alza, la rapidez y agilidad frente al análisis o la reflexión. 
Un ejemplo es la banca móvil: "800 millones de personas en India no tienen acceso a un banco", explica Radjou. "Tienes 900 millones de personas que tienen un teléfono celular. Entonces, si eres un pensador jugaad, dices que el vaso está medio lleno, no medio vacío. Y es por eso que ves todas estas soluciones de banca móvil apareciendo en lugares como India, porque los muchachos jugaad pueden convertir esta adversidad en una oportunidad."


Fuentes:
DesignIssues:  Volume 33, Number 1  Winter 201730© 2017 Massachusetts Institute of Technology Lay Designers: Grassroots Innovation for Appropriate ChangeAngus Donald Campbell
http://www.africafundacion.org/spip.php?article26731
https://www.wiriko.org/artes-visuales/piclet-org-popcap-prize/