viernes, 13 de marzo de 2026

En el mundo alienígena: sobre el riesgo y la cautela.

"Siguiendo el esquema de clases, las riquezas se acumulan arriba, los riesgos abajo. Los riesgos fortalecen la sociedad de clases."

Ulrich Beck. La sociedad del riesgo.  

La antropóloga Marjorie Shostak describe en el libro "Nisa: The life and words of a !Kung Woman" una cacería por Kashe, un chico !Kung de doce años, y su padre. El padre contó cómo, después de haberle dado con una flecha y correr hacia el órice, éste antílope se resistió con sus largos cuernos, afilados como cuchillas. Su hijo Kashe, escuchando, parecía emocionado y orgulloso. La antropóloga hizo que mejor sabía hacer: le preguntó.

"Le ayudaste?"
"No," respondió, "Estuve subido a un árbol!" Su sonrisa se convirtió en una risa fácil.

Descompuesta, le preguntó otra vez, y él repitió que había trepado a un árbol en cuanto el animal dejó de correr y les plantó cara. Ella se burló de él diciéndole que, si por él fuera, todo el mundo se habría muerto de hambre. Pero el chico se volvió a reír y dijo:

"¡Sí, pero tenía mucho miedo!".

Ni pizca de vergüenza ni necesidad de excusarse por ese comportamiento carente de (lo que en nuestra cultura sería) valentía.

Relacionamos el riesgo con virtud y valor. Pero no siempre fue así, y no en todas las culturas.


Pero empiezo por el principio.



Nuestro planeta, nuestro ecosistema, vive en un equilibrio muy frágil, fruto de un ensayo y error que comenzó hace cuatro mil millones de años.

Y no es un decir. Los vientos sobre el Sáhara en África fertilizan la selva del Amazonas en América del Sur con hasta 27 toneladas de polvo nutritivo. Y el Amazonas fertiliza los océanos y estimula la producción de oxígeno gracias a la actividad de plancton.

Pero en los océanos, el ciclo de nitrógeno se está desbalanceando, por el que llega de la agricultura. Más del 70% del aire que respiramos es nitrógeno, y nosotros los humanos lo extraemos y lo liberamos artificialmente a las aguas, por lo que la densidad de las algas y fitoplancton crece sobremanera. Al morir y descomponerse, consumen tanto oxígeno que el agua se queda como "zona mínima de oxígeno".
 

Que tu sobrino crezca es bueno, pero si es algo perpetuo y desmesurado, no. El planeta tierra sabe qué hacer con el crecimiento. Los organismos crecen hasta un punto de madurez para luego mantener un estado de equilibrio saludable, aún sufriendo cambios y fluctuaciones. Es la homostasis de los ecosistemas, así de armoniosa y serena, pero también brutal.

Porque la vida es esa capacidad que tienen los organismos para aprovechar energía captada que pasa por todo el ciclo trófico. Para limitar la entropía. Para nosotros la entropía es literalmente la muerte, dejar de funcionar y de existir. Y esta entropía aumenta poco o nada cuando nos acoplamos a los ritmos del planeta que mantienen la integridad y la funcionalidad de los ecosistemas. Los ecosistemas tienden a complejizarse y diversificarse y así retrasa la desorganización (o la entropía). 


Y es que tu planeta Tierra recicla todos los materiales con tasas cercanas al 99%, para mantener el equilibrio, su integridad. Y cuando se produce una proliferación de un organismo por un exceso de recursos, al final la población se ajusta por un proceso de autorregulación: una mortandad masiva. Ya sea una marabunta o una plaga de humanos.

Los seres humanos, como seres conscientes que somos, supimos que nuestra propia supervivencia se fundamenta en una relación estrecha con este mundo natural en equilibrio y finito. Que teníamos que vivir cultural y materialmente ligados a la tierra y su producción y reproducción, adaptándonos a las necesidades de muchos ecosistemas diferentes del planeta. Así pudimos ser de los seres más cohesionados de la tierra, y sin embargo, de los más dispersos. Nuestro repertorio de organización social fue enorme, incluso en un mismo año según los ciclos del mundo natural. 

En nuestro presente, también ocurre, sigue siendo diverso y una parte significativa sigue dependiendo mayoritariamente de la diversidad, de la suficiencia, de la energía derivada del sol, de la tierra y del trabajo humano... y la interdependencia y ecodependencia con animales, minerales sol, suelo, agua, plantas, de la fotosíntesis que anima lo muerto para la posibilidad de vida. Hasta de los residuos que se reintroducían en los ciclos naturales, como las defecaciones de esos retretes que son depósitos de tierra negra ("terras pretas") ricas en materia orgánica para el cultivo y arbolado en Amazonía, según el antropólogo Aníbal Arregui en su libro Infraespecies. 


¿Cómo se rompió esto? ¿Cómo llegamos a pensar que flotábamos por fuera de la Tierra? Mediante las palabras "individuo", "desarrollo", "progreso" e incluso "naturaleza" se impulsó un proceso expansionista y acelerado que escapó del ciclo trófico y de todo este equilibrio para llegar a ser un depredador tan poderoso. Y de lo más muerto, de la esfera más al fondo de la tierra, la necrosfera, obtuvimos la energía suficiente para despegar de la tierra. Esa materia muerta a tal profundidad, sufriendo tantísimo calor y presión, que acabó por transformarse en carbón, gas natural o petróleo. Energía fósil. Así, nos desconectamos de las vidas concretas (el cuidado, la ecodependencia). Y de esta forma pudimos convertirnos en alienígenas:

"Alien significa 'extranjero'"
, explica Yayo Herrero en su libro Metamorfosis, una revolución antropológica, una revolución antropológica. "El capitalismo tiene una lógica extraterrestre. Por eso a algunos no les duele pensar en escapar de la Tierra después de agotarla. Tanto buscar vida alienígena y la tenemos delante de nosotras".

Desconectados de lo que nos rodea, somos indiferentes a todo y no nos hacemos cargo ni nos comprometemos a nada. Y como tal, podemos llegar a sacrificar vidas, a ser osados y correr riesgos. Se piensa que el cuidado, la cautela o la prevención son negativas porque no son las que empujan el crecimiento ilimitado y el desarrollo. El riesgo, sí.

"El resultado es una cultura problemática que somete, violenta y agota lo que debiera ser preservado a cualquier coste. Una cultura que tiene licencia para explotar y matar lo que dice amar. (...) La virilidad se constituye como una actitud general de dominio y control sobre los procesos invisibilizados que mantienen la vida en pie. El ansia de libertad e independencia así construido se transforma en violencia", escribe Yayo Herrero.

Y también se convierte en disección. Linneo, al clasificar botánica y taxonomía, señaló:



«El lugar nativo (de una planta) no ofrece ninguna diferencia específica. El lugar ni canoniza ni cambia a nadie; como dice el proverbio ni siquiera un cerdo cambia al ser llevado a Roma».


Y mientras, y es cierto que es así: "las personas más poderosas se están preparando para el fin del mundo, un fin que ellas mismas están provocando y acelerando frenéticamente", según Naomi Klein y Astra Taylor (El auge del fascismo del fin de los tiempos) Las élites prevén un futuro marcado por la escasez y el colapso de la civilización. Colapso climático, inteligencia artificial no regulada, desigualdad, amenaza de guerra nuclear...
Hay una anécdota (busqué confirmación, pero no hubo manera) que este taxonomista olvidó todo, hasta su nombre, presa de un entonces no diagnosticable alzheimer. Quien le puso nombre a todas las especies no las recordaba más, ni a sí mismo. Parece que ya recordamos y reconocemos que un bosque no es solo un conjunto de arboles y plantas, que todo está interconectado para que el conjunto sobreviva. 

Pero en este mundo alienígena sin memoria ni cordón umbilical, se piensa que es el dinero el que produce, no la tierra. El dinero es la única vara de medir. El dinero es la fe, y el crecimiento la religión. Y por esta fe, se sacrifican corazones en la pira, y en la mar.


Y como en todas las crisis, las sectas tienen cabida: "No hace mucho tiempo, eran principalmente las y los fundamentalistas religiosos quienes recibían los signos del apocalipsis con alegre entusiasmo por el tan esperado Rapto [también Arrebatamiento de los evangelistas, el llamado de las personas que llevaron una vida cristiana para ir hacia una ciudad dorada en el cielo, mientras la Tierra está condenada al apocalipsis]. Trump ha entregado puestos críticos a personas que suscriben esa ortodoxia ardiente, entre ellos varios sionistas cristianos (...)"


 

Estamos en una guerra perpetua, contra la memoria y la imaginación, contra las condiciones biofísicas y la vida digna con sus vínculos y relaciones. Aunque la realidad sea que nuestras sociedades funcionan por esa compleja red de cuidado, confianza y compromiso, solidaridad y apoyo mutuo. Contra aquellos trabajos que atienden a la vulnerabilidad del ser humano, aunque sea las que ocupan peores posiciones en las relaciones de poder y así se reconstruya la desigualdad.

La desigualdad no es algo natural en la especie humana. A lo largo de la historia no ha habido una única historia de la desigualdad, sino muchas. Ya sabemos que no es cierto que de la sedentarización y las ciudades surgió inevitablemente la acumulación o plusvalía y la desigualdad. Un estudio de más de 1.000 yacimientos arqueológicos de los últimos 10.000 años lo confirma.

"En las sociedades más complejas, no necesariamente se da un alto de desigualdad”
, cuenta el antropólogo del Museo Field de Chicago (Estados Unidos), Gary Feinman, coautor de uno de los once estudios del proyecto GINI . Para el antropólogo, hay factores que pueden facilitar su aparición o aumentarla, “estos factores pueden verse estabilizados o modificados por diferentes decisiones e instituciones humanas.” 


Decisiones e instituciones humanas para ser conscientes del equilibrio, los límites y la fragilidad. Y que la vulnerabilidad no es debilidad, ni sentir miedo cobardía. Para parar la desmesura y la insolencia y dejar de pensar en el riesgo desmedido como una virtud. Dice Naomi Klein que "el miedo es una respuesta de supervivencia. El miedo nos impulsa a correr, a saltar; el miedo puede hacernos actuar como si fuéramos sobrehumanos. Pero tiene que haber un sitio hacia el que correr. Si no, el miedo solamente es paralizante". Kashe, el chico !Kung de la anécdota del principio, supo a dónde correr y saltar.  

La antropología es una conversación perpetua sobre como vivir como humanos siendo naturaleza encarnada. La metamorfósis a la que anima Yayo Herrero es una revolución antropológica colosal. Sabemos lo que ocurrirá si continuamos con la retórica del mar menor para mostrar un aura ilusionado y positivo. Sabemos que podemos detener este riesgo desmesurado y sabemos cómo. La cuestión es si lo vamos a intentar.

Una investigación de Maria J. Stephan y Érica Chenoweth demuestra que es raro que fracase una acción colectiva que haya logrado involucrar en sus picos de movilización a un 3,5% de la población. Investigaron 300 revoluciones del último siglo, de 1900 a 2006. Se ha logrado por menos.

Fuentes:

Yayo Herrero. Metamorfosis, una revolución antropológica.

Naomi Klein. Esto lo cambia todo.


Carl von Linné, The Critica Botanica of Linnaeus (1737). Londres: Ray Society, 1938, p. 5.

https://vientosur.info/el-auge-del-fascismo-del-fin-de-los-tiempos/


https://elpais.com/ciencia/2025-04-14/el-estudio-de-mas-de-1000-yacimientos-apunta-a-que-la-desigualdad-emergio-mucho-tiempo-despues-de-la-agricultura.html

 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-48854430