miércoles, 3 de octubre de 2012

Antropología de Auschwitz: en el corazón de la zona gris.

"El trabajo te hace libre"
“Nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la de la destrucción de un hombre”  Primo Levi (escritor, poeta y superviviente del Holocausto)

"Los historiadores dejan a la gente en la puerta del campo y vuelven cuando llegan a la liberación." Paz Moreno Feliú, antropóloga.






“Shoah” (catástrofe) es un documental que trata de reconstruir por medio de entrevistas lo sucedido en Auschwitz. En la secuencia inicial, Simon Srebnik, superviviente de ese campo de concentración, visita lo que queda de los campos en la actualidad. Srebnik camina por lo que hoy en día son páramos desérticos y, tras una larga secuencia donde avanza, como sin rumbo, entre las ruinas, las únicas palabras que logra articular son: 

“No se puede contar, nadie puede imaginar lo que pasó aquí, no se puede entender, es imposible, ni yo mismo puedo hacerlo hoy”


Paz Moreno Feliú, Catedrática de Antropología Social, es autora de diversos libros sobre el racismo y los genocidios. Escribió "En el corazón de la zona gris", según expresa en la introducción, con idea de romper el silencio que la antropología y otras ciencias sociales han mantenido hasta hace bien poco.

Este libro presenta una lectura antropológica de los campos de Auschwitz sobre cómo era el día a día en aquel mundo devastado y en qué consistía la zona gris de las relaciones sociales que surgieron a la sombra de las chimeneas: la deshumanización de las víctimas, las jerarquías e intercambios o los mitos y leyendas que surgieron. No se trata tanto de un estudio del genocidio, de las grandes historias, sino más bien de las pequeñas vivencias o experiencias cotidianas.

Esta es una pequeña transcripción de una entrevista a Paz Moreno Feliú que se le hizo en la radio de la UNED:

El silencio.

"Hay cosas dentro de la antropología muy chocantes. por ejemplo, en el año 47, después del Holocausto, se va a proclamar la declaración de los derechos humanos. Un comité pidió asesoramiento a la American Anthropological Asociation y les pusieron en la mesa un borrador sobre los derechos humanos. Entonces se reunieron y la rechazaron en nombre de un relativismo cultural extremo. No quisieron subscribirla. A partir de aquí hubo un silencio inmenso sobre estos temas. Entonces Tomas Pollan me explicó que aquí entraban otra serie de motivos no sólo de racismo sino de colonialismo y que ningún antropólogo ha estudiado nunca y que se podría hacer incluso un trabajo de campo de campo de concentración. Entonces yo empecé a leer las memorias y me provocó asombro que esto hubiese pasado en un rincón de la historia. Los historiadores dejan a la gente a puerta del campo y vuelven cuando llega la liberación."

No eran pobres corderos.

A mi me irrita mucho lo de "ovejas que van al matadero" Por ejemplo en Auschwitz el ciclón B lo experimentaron los nazis con los prisioneros soviéticos del ejército rojo que no eran pobres corderos sino gente que estaba en el ejército, al contrario que los judíos que eran ciudadanos civiles. También estaban los gitanos que estaban acostumbrados a remar a la contra. También muchos prisioneros políticos, sindicalistas de toda Europa. Eran como las malas hierbas que los nazis querían exterminar y eliminar.
Realmente casi no había nazis en el campo. Desde el punto de vista de la administración de los prisioneros, se calca del gobierno que por ejemplo tenían en Kenia los británicos con las poblaciones nativas. Se inventaron una jefatura política que les diera cuentas a ellos, que era el jefe político de la tribu que podía tener derechos sobre todos sus súbditos.

La mejor orquesta gitana.


A los gitanos y a los judíos los trataron distinto, porque en el caso de los gitanos tenían esta enloquecida teoría racial que los consideraron como arios, y los quisieron poner en museos. Pero después, cuando vieron que eran una población grande y los empezaron a llevar en familia a los campos de concentración, lo que dijeron fue que no eran arios de verdad porque se habían mezclado con lo peor de la sociedad. Y luego estaba el tipo de exterminio, que estaban con toda la familia, no trabajaron nunca y los mataron en una sola noche. Los judíos eran gente que escribieron sus memorias, en el caso de los gitanos no hay ninguna memoria escritas. Lo que sabemos del comportamiento de los gitanos es de los médicos judíos, y de un nazi de la SS que se llamaba Perry Broad que era muy culto y que quería hacer una orquesta con ellos, "la mejor orquesta gitana" y sin embargo no parpadeo el día que los mataron.

Cada comandante de campo quería tener sus propias músicos y su propia orquesta, y competían los directores de los diferentes campos de Auschwitz. Simon Lacks, polaco, es el escritor de "Melodías de Auschwitz" donde va contando como llega a subir a director de orquesta, porque sabía de armonía. Y allí la partitura había que armonizarla según se iban muriendo los músicos que tocaban un instrumento determinado. Si se quedaba sin clarinetes, él armonizaba la partitura con un oboe. También había una orquesta de mujeres, que la directora era muy germana, tanto que cuando muere los nazis le hacen de los pocos entierros en el campo.

La entrada, la deshumanización.


El primer momento fue un desconcierto total, porque los prisioneros que están allí eran gente como nosotros. Nosotros estamos acostumbrados a una vida civil en la que si alguien nos detiene es porque hemos cometido un mal, pero no nos detiene nadie por ser quien somos. Es un "estos son los que no caben, los que no tienen cabida aquí". 

Todas las memorias de las distintas personas son variadas, pero hay ciertos sucesos que nos permiten encontrar unas pautas de regularidad, por ejemplo, que nos permiten saber como viven ellos su entrada en el campo. Eran diferentes entradas, por ejemplo, con los judíos de salónica, o con un judío occidental de Francia o de Holanda, que les llevaron a un campo intermedio, y luego les llevaban a  realizar ese tremendo viaje en los trenes. Los que pertenecían a la resistencia, tienen una detención individual, política, con interrogaciones. 

Auswitch es un campo de concentración triple porque es de concentración, de exterminio (por eso está en el Este) y donde las multinacionales hacían unos experimentos capitalistas terribles. Cuando llegan allí lo primero que les llama la atención son gritos, desconciertos, no saben donde están. Algunos les dijeron que iban a un campo de trabajo. Para esta gente, dada la ideología del capitalismo y socialismo que entienden del trabajo como una mercancía, piensan entonces que no les van a matar. Entonces en esa iniciación, como rito de paso, les van aislando de lo que conocían y van conociendo los detalles del mundo en el que se está metiendo. Así, se sienten como un cero, cuando les han quitado todo, hasta el nombre, porque nadie podía tener propiedades. Andaban siempre escondiéndose cosas. Les quitaban su identidad personal, no sólo colectiva. Hablan con los que les rapan el pelo, porque eran prisioneros como ellos."

Este hombre cuenta como tuvo que rapar el pelo en la cámara de gas a cientos de mujeres, algunas amigas de su propio pueblo natal, y como un compañero tuvo que cortarles el pelo a su hermana y a su mujer...


Las normas predatorias.


En el campo de Auschwitz habían unas 140.000 personas y sus reacciones eran distintas. La deshumanización que tuvieron significó que la vida que tuvieron anteriormente la tuvieron que dejar atrás. Su yo anterior lo eliminaron. Surgen unas normas propias del campo, que tienen distintos rangos. Son normas predatorias con respecto al resto de los prisioneros. Los golpes que recibían eran de otros que eran lo mismo que ellos, y comprobaban que no podían seguir igual que antes. Hay un tejido social nuevo, en las que surgen la moral del don aunque son esporádicas, porque hay familiares y pequeñas amistades en las que surgen ayudas mutuas. Pero son muy pequeñas y en medio de un contexto predatorio. Además eran gente muy joven, la muestra de la juventud Europea que comenzaba a vivir, porque a los mayores los mataban.

"Ésta habrá de ser nuestra vida. Cada día según el ritmo establecido, salir y entrar, trabajar, dormir y comer, ponerse enfermo, curarse o morir [...]. ¿Y hasta cuando? Pero los antiguos se ríen de esa pregunta: en esa pregunta se reconoce a los recién llegados. Se ríen y no contestan: para ellos, hace meses, años que el problema del futuro remoto se ha descolorido, ha perdido toda su agudeza, frente a los mundos más urgentes y concretos problemas del futuro próximo: cuándo comeremos hoy, si nevará, si habrá que descargar carbón." (Levi, 1987: 39).

Hay otros casos, fuera de este campo, en los que se privó a la gente de su tejido social, por ejemplo Colin Turnbull cuenta de un pueblo, los "Ik", a los que los gobiernos coloniales los movieron de sitio y los colocaron en un terreno horrible, por lo que la hambruna hizo que incluso depredaran la comida de sus familiares y les dejaran sin comida. En las grandes catástrofes lo que vale siempre, va cambiando.

La historia de la bailarina.

«Teníamos que avanzar completamente desnudos: hombres, mujeres y niños. La bailarina, todavía con el traje de baño puesto, caminaba a mi lado. Era la única que no se había desvestido. Un SS, que parecía ser el comandante de los guardias, se acercó a ella tranquilamente: ‘Preciosa, quítate el traje’, mientras se acercaba más y más a ella. De repente, con un rápido movimiento, ella le cogió la pistola y le disparó un tiro. Después, retrocedió tres pasos y disparó a los SS que corrían por todas partes. Se reservó la última bala para sí misma. Cayó al suelo. El pánico era extraordinario. Oíamos gritos y disparos en todas las direcciones. No podíamos correr porque estábamos desnudas y no conocíamos el campo. Yo estaba de pie al lado de la heroína muerta y no sabía qué hacer. De repente, sentí que alguien me cogía de la mano y me tiraba un vestido. Entonces, me empujó, me llevó a una puerta y finalmente me dejó aquí. Era un soldado alemán. No me dijo ni una sola palabra.» Ésta era la historia de la joven francesa, que escuchamos como si fuese música celestial. —Así es como se muere —dijo Magda." Sara Nomberg-Przytyk.

Hay necesidad de recurrir a una ejemplo heróico, y por eso surgen este tipo de historias como el de la bailarina. Marcel Mauss y Levi-Strauss decían que un antropólogo no tenía porque andar buscando una leyenda o un mito verdadero, porque todas lo son. Lo que importa es que surja una esfera mítica, como antimodelo o como modelo de como podrían funcionar las cosas.

La vida después del Shoah.


La vida después del campo también fue terrible. Las políticas de la memoria iban en contra de las víctimas porque lo que querían en realidad eran los héroes, la resistencia. Entonces nadie les escuchaba. Los datos que tenían los tenían de los nazis para los documentales y la prensa, que también se volvieron en contra de los supervivientes. Como ocurre en otras grandes catástrofes, que las víctimas vuelven a ser doblemente víctimas porque las políticas diseñadas para afrontar ese pasado van en otra dirección. 

"Recuerdo que tras la liberación, sufrí más soledad y aislamiento que durante el periodo del Holocausto... supongo que tiene que ver con el hecho de que, después, la vida a tu alrededor parece normal pero tú eres anormal. Vale, ¿por qué? En los campos de concentración y de trabajo había una preocupación por sobrevivir. Pero después lo que llamaban liberación —realmente no fui consciente de vivir una liberación— durante mucho tiempo no era real, pero recuerdo que durante los años 45, 46, 47 e incluso en el 48, me encontraba a mí mismo llorando, y a menudo [experimentaba] un sentimiento de «sí, estoy vivo, pero ya está, el resto no importa» Baruch G.

¿Y que hay de los genocidas? 

 

Hannah Arendt contaba que, durante su juicio en Jerusalén, Eichmann explicaba con naturalidad cómo su trabajo consistía en aligerar el ritmo de la cadena de exterminio de judíos. Así pues, desde su punto de vista, era un éxito laboral el que, gracias a ciertas mejoras técnicas en la rutina del exterminio, se lograra eliminar 25.000 personas al mes, en lugar de 20.000. Ahora bien, en una ocasión en que unos testigos le acusaron de haberle estrangulado a un muchacho judío con sus propias manos, Eichmann perdió los estribos y se puso a gritar desesperado que eso era mentira, "que él nunca había matado a nadie" Estrangular a una persona es insoportable para una conciencia moral normal, administrar la muerte de un millón de personas es pura rutina.

Deprisa deprisa!

Retardemos el desierto.

En las selvas de la Amazonía, 

En el corazón vivo de nuestras ciudades, 

En nuestros corazones.

Último poema, en 1987, de Primo Levi.

lunes, 1 de octubre de 2012

En los suburbios del Tiempo: la Humanidad.

 "Y los hombres se explicarán unos a otros historias inéditas que siempre serán las mismas." 
Marcel Mauss.

"Hacen falta muy pocas cosas aquí para crear humanidad"  
Levi-Strauss.



En marzo de 2001 la compañía petrolífera AGIP, quinta refinadora de Europa, con un capital invertido en todo el mundo de 4.616 millones de euros, que ha visto aumentar sus beneficios en los últimos ocho años en un 297 por 100, firma un contrato con las comunidades huaoraní de Ecuador, a las que, a cambio de ceder su territorio para propección petrolífera, se compromete a entregar, literalmente:


- 50 kilos de arroz.
- 50 kilos de azúcar.
- Dos cubos de grasa.
- Un bolsa de sal.
- Un silbato de árbitro.
- Dos balones de fútbol.
- Quince platos.
- Quince tazas.
- Un armario con 200 dólares en medicinas en una única partida.

Los huoranís rechazaron la oferta: ¿de que puede servir un balón y un silbato de árbitro si se ha perdido la tierra en la que jugar al fútbol?

Pero, los huaoraníes ¿realmente se habrían dejado engañar si se habrían dejado engañar? se preguntan Carlos Fernández Liria y Santiago Alba Rico, filósofos y escritores:

"Hay que estar muy desesperado y hambriento para querer apoderarse a toda costa de más tierras, más petroleo, más casas, televisiones, coches...; y hay que estar muy satisfecho, muy tranquilo, para apreciar el tesoro de quince tazas y un silbato de fútbol. Entre un crecimiento del 297 por 100 y un balón, unos platos y unas medicinas, la razón, la imaginación la moral, la salud y la poesía no tienen dudas. Entre un crecimiento del 297 por 100 y un cuenco de arroz, cualquier hombre sensato elegirá el arroz"

Con un cuenco de arroz y unas cuantas cosas muy concretas se puede hacer un ser humano. "Hacen falta muy pocas cosas aquí para crear humanidad", decía Levi-Strauss en su libro Tristes Trópicos. "Se necesitan pocas cosas para existir, poco espacio, poca comida, poca alegría, pocos utensilios o herramientas; es la vida en un pañuelo."

El capitalismo nos arroja a la falta de límites, a la negación misma de la humanidad y la ciudadanía.

Si somos radicalmente anticapitalistas es porque el capitalismo obliga a la sociedad a constituirse en una especie de dimensión basura. Con una tosca metáfora, se podría decir que el capitalismo ocupa demasiado sitio para que la sociedad pueda desenvolverse a sus anchas. Se produce capital para producir más capital. Lo de menos es si por el camino se satisfacen necesidades humanas o sociales. El capitalismo es una economía que tiene una sociedad, no una sociedad que tiene una economía.
 
Pero por muchos esfuerzos que han puesto los apologetas del capitalismo en hacernos creer que hay algo de insaciable en la naturaleza humana, de tal modo que el ser humano querría siempre más para querer más aún, nunca lograrán que los antropólogos les den la razón. Al contrario: la antropología está acostumbrada a encontrar al ser humano más bien detenido, estancado en una especie de consistencia neolítica que progresa muy lentamente o que no progresa en absoluto. Incluso si el ser humano tuviera algo de insaciable, nunca lo sería hasta el absurdo extremo al que nos ha llevado el capitalismo. 

Nunca al ser humano se le habría ocurrido inventar técnicas y maquinarias capaces de trabajar por él en una escala colosal y seguir, pese a todo, trabajando lo mismo de manera excesiva, agotadora y suicida. Desde la prehistoria, cuando un hombre ha encontrado la manera de trabajar menos y producir más, lo que ha hecho sensatamente ha sido aprovechar esta ventaja para ponerse a descansar. Fueron precisos el látigo o la esclavitud para hacerle seguir trabajando más allá de sus necesidades. Ahora, hace falta el capitalismo. Pero no es el ser humano el que es insaciable, sino el capitalismo el que no puede detenerse. El hombre, insaciable o no, sabe detenerse a descansar. El capitalismo no.
 
El mito griego cuenta que Cronos (Saturno) devoraba a sus hijos nada más nacer, de igual manera a como los años los días y la horas se consumen sin cesar en el pasar inevitable del Tiempo. En esas condiciones era imposible cualquier tipo de vida política humana. Era como si el viento echase abajo todo cuanto los dioses y los hombres intentaban construir. Así, era imposible sentarse a hablar, a dialogar, a legislar. La ciudadanía era imposible, porque éstos no encontraban nada sólido a que agarrarse, ni un totem, ni un rito, ni una costumbre, ni siquiera la lengua permanecía, todo se lo llevaba el viento, el tiempo. Zeus consiguió derrotar a su padre Cronos. El Tiempo dejó de reinar. Sin duda, seguía pasando el tiempo, pero ya no era el dueño de todo. Los hombres pudieron levantar instituciones, palacios y templos, legislar costumbres y hablar, dialogar. El Tiempo retrocedió y la Palabra ocupó su lugar.

En el neolítico, el ser humano descubrió la agricultura y la ganadería, inventó los instrumentos y las herramientas más importantes, logró con éxito protegerse de la intemperie de la naturaleza. Pero el neolítico fue, ante todo, una victoria sobre el Tiempo. El hombre había logrado arrancar un poco de ocio y de tranquilidad al inmisericorde pasar de los días y las estaciones, abrir un paréntesis en el que, simplemente, perder el tiempo y ponerse a charlar, un paréntesis, en definitiva, para eso a lo que llamamos -a lo que la antropología llama- “cultura”.


Si pensamos en lo que es la mitología, veremos que éstos se caracterizan por una especie de obsesión por los comienzos. El mito cuenta como sucedieron las cosas por primera vez:los hombres y los animales aún no eran distintos, el bien y el mal aún no se podía diferenciar, el cielo y la tierra, el día y la noche, los hombre y las mujeres eran indistinguibles. Entonces ocurrieron ciertas cosas, un diluvio universal, un inmenso incendio, un cataclismo. Cierto héroes (dioses u hombre o mujeres o animales o...) protagonizaron algunas aventuras y todo se creó para que se hiciera posible la vida de la comunidad. 

Esta obsesión por contar los comienzos en la mentalidad mitológica esconde una animadversión contra el tiempo y la historia. Claude Levi Strauss solía decir que los pueblos que él estudiaba se caracterizaban por "el deseo de que no haya historia" "Son pueblos hechos para durar, no para cambiar.", decía. "Ellos no se quieren en un tiempo histórico, sino en un tiempo periódico que se anule a sí mismo, como la alternancia regular del día y la noche o el ciclo de las estaciones"

La Historia es el privilegio de los Héroes. La Palabra es el privilegio de los humanos. Los indígenas piensan que si conservan sus relatos mitológicos que recuerdan lo que hay que hacer en cada caso, y si siguen sus costumbres y rituales, ya nunca ocurrirá un diluvio, un incendio o que vuelvan a pasar cosas terribles de cuando nuestros ancestros tenían que vérselas con acontecimientos nuevos e imprevisibles. Les interesa que no pase nada, y cuando suceda algo, se pueda arreglar mediante la palabra. El hombre es hombre desde el momento en que empezó a arreglar las cosas mediante el lenguaje. Pero para que reine el lenguaje, tiene que dejar de reinar el Tiempo  Los hombres no pueden ponerse a dialogar en medio de una tempestad o un cataclismo, y el capitalismo es un cataclismo incesante.
Si la palabra tiene más autoridad que el tiempo, es por la enorme cantidad de tiempo que hay encerrada en ella, en la voz de la experiencia, de los ancestros y de los ancianos.

"Nuestra ciencia no habría llegado a comprender su importancia si en algunas regiones de la Tierra no hubiera hombres que resistieron obstinadamente a la historia, y que permanecieron como una vívida prueba de lo que deseamos salvar"

Levi Strauss.

Lévi-Strauss solía decir que los antropólogos encontraban su objeto de estudio en el cubo de la basura de los historiadores y de los sociólogos. Parece que la antropología se ocupara de recolectar los residuos que las otras ciencias humanas van abandonando por el camino. Mientras la historia estudia lo que cambia,la antropología se ocupa de un ser empeñado en repetirse. La historia estudia acontecimientos. La antropología estudia cotilleos. La historia estudia documentos, la antropología la transmisión oral. La una quiere saber lo que ocurrió, la otra lo que se cuenta que ocurrió. Y sin embargo, hay que preguntar a la antropología cuáles son los límites de "eso que deseamos salvar", lo mínimo para ser humano.

Hoy, mientras la Historia pasa vertiginosa, la antropología observa que los hombres, por el contrario, parecen haberse empeñado en emprender siempre la misma tarea. El ser humano siempre se las ha arreglado para seguir haciendo lo que siempre hizo, algo así como lo que vemos en las inolvidables fotos de los nambikaras que hay en Tristres Trópicos: despiojarse unos a otros, manejar unas cuantas herramientas, hablar, distinguir quienes son sus primos y creer en los dioses. Siempre hay un rincón, una grieta, en la que el ser humano logra tener costumbres, de que es posible sentarse a no hacer nada y a charlar en la Casa de la Palabra. El hombre ha conseguido protegerse de la historia con cierta eficacia, tal y como se protegió de la naturaleza, edificando instituciones en los que mantener a sus primos, sus dioses y su piojos, y considerando los acontecimientos históricos como parte del paisaje natural.
http://sociologiac.net/2011/11/03/artistas-recrean-fotografia-claude-levi-strauss-tristes-tropicos/


El ser humano es muy limitado, mucho más limitado que lo que ha llegado a poder hacer gracias a la técnica. El ser humano puede, incluso, apretar un botón y destruir el mundo entero. Su poder es infinito, pero su imaginación, su capcidad de reporesentación, y sobre todo, su comprensión moral, siguen siendo finitas, limitadas, ancladas en una especie de tosquedad neolítica. La desproporción entre la acción y sus efectos es tan grande que la imaginación se desorienta. Los seres humanos estamos hechos para sentir la muerte de un ser querido, incluso de bastantes seres queridos y no queridos, pero el número 200.000 no nos dice nada emocionalmente. Es imposible, humanamente hablando, sentirse responsable de la guerra de Iraq. Allí donde nuestras más banales costumbres cotidianas (la de mandar un mensaje por móvil o elegir una marca de cereales) tienen una relación con algo terrible que sucede en el Congo o con la muerte de quince niños en Indonesia, es muy difícil aplicar nuestro concepto tradicional de responsabilidad. Puede representarse el daño que puede hacer con una porra, pero no con una bomba de racimo. Mucho menos para comprender y juzgar moralmente los efectos del arma de destrucción masiva más poderosa de todas: el sistema económico mundial.

Si bajo el capitalismo logramos seguir siendo seres humanos es casi de milagro."

El padre Tiempo vencido por el Amor, la Esperanza y la Belleza. Simón Vouet.

Extractos de:
"El naufragio del hombre" Santiago Alba Rico, Carlos Fernández Liria.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Toko no ma: Apología del apagón, elogio del aburrimiento..

"El capitalismo también prohíbe las horas oscuras y para eso tiene que incendiar el mundo." Santiago Alba Rico, filósofo.
 
"En Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra. Lo mismo que una piedra fosforescente en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si fuera expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los efectos de la sombra."Junichiró Tanizaki, escritor.

"El elogio de la sombra" de Junichiró Tanizaki, va desarrollando esta idea del pensamiento oriental, clave para entender el color de las lacas, de la tinta o de los trajes del teatro nò; para aprender a apreciar el aspecto antiguo del papel; para prevenirnos contra todo lo que brilla; o para captar la belleza en la llama vacilante de una lámpara y descubrir el alma de la arquitectura a través de los grados de opacidad de los materiales y el silencio y la penumbra del espacio vacío.

“Si en la casa japonesa el alero del tejado sobresale tanto es debido al clima, a los materiales de construcción y a diferentes factores, sin duda. A falta, por ejemplo de ladrillos, cristal y cemento para proteger las paredes contra las ráfagas laterales de lluvia, ha habido que proyectar el tejado hacia delante de manera que el japonés, que también hubiera preferido una vivienda oscura, se ha visto obligado a hacer de la necesidad virtud. Pero eso que generalmente se llama bello no es más que una sublimación de las realidades de la vida, y así fue como nuestros antepasados, obligados a residir, lo quisieran o no, en viviendas oscuras, descubrieron un día lo bello en el seno de la sombra y no tardaron en utilizar la sombra para obtener efectos estéticos.”

"En realidad, la belleza de una habitación japonesa, producida únicamente por un juego sobre el grado de opacidad de la sombra, no necesita ningún accesorio. Al occidental que lo ve le sorprende esa desnudez y cree estar tan solo ante unos muros grises y desprovistos de cualquier ornato, interpretación totalmente legítima desde su punto de vista, pero que demuestra que no ha captado en absoluto el enigma de la sombra."

"A nosotros nos gusta esa claridad tenue, hecha de luz exterior y de apariencia incierta, atrapada en la superficie de las paredes de color crepuscular y que conserva apenas un último resto de vida. Para nosotros, esa claridad sobre una pared, o más esa penumbra, vale por todos los adornos del mundo y su visión no nos cansa jamás".

En la cultura japonesa, el Toko no ma es una especie de oquedad en una de las paredes de la estancia principal de la casa.
  
Siguiendo la preferencia oriental por el juego de sombras en el interior de la vivienda, el Toko no ma es decorado con esmero, colocando en su interior bien una pintura de singular valor, el objeto preferido por el dueño de la casa, o bien un adorno floral que puede variar según la estación del año.
Parece un santuario de reposo, donde el claroscuro bellamente estudiado atrae la atención del huésped, que adivina en su interior el tesoro más preciado de la casa.

"...Tenemos, por último, en nuestra salas de estar, ese hueco llamado toko no ma que adornamos con un cuadro o con un adorno floral; pero la función esencial de dicho cuadro o de esas flores no es decorativas en sí misma, pues más bien se trata de añadir a la sombra una dimensión en el sentido de la profundidad. En la propia elección de la pintura que colocamos ahí, lo primero que buscamos es su armonía con las paredes del  toko no ma, lo que llamamos un toko-utsuri. En cambio puede suceder que una caligrafía o una pintura sin ningún valor en sí misma, colgada con el toko no ma de un salón esté en perfecta armonía con la habitación y que esta última y la propia obra queden por ello revalorizadas."

"...Entonces, ¿dónde reside la clave del misterio? Pues bien, voy a traicionar el secreto: mirando bien no es sino la magia de la sombra; expulsad esa sombra producida por todos esos recovecos y el toko no ma enseguida recuperará su realidad trivial de espacio vacío y desnudo. Porque ahí es donde nuestros antepasados han demostrado ser geniales: a ese universo de sombras, que ha sido deliberadamente creado delimitando un nuevo espacio rigurosamente vacío, han sabido conferirle una cualidad estética superior a la de cualquier fresco o decorado".


El filósofo Santiago Alba Rico, en sus artículos "Apología del apagón" y "Elogio al aburrimiento" recuerda a Tanizaki y añade: 
"La sombra, que es la ropa del tiempo, ha sido arrancada de todas las superficies en un frenesí de vatios, trapos y cosméticos. No sólo hemos acabado por identificar la seguridad, la higiene y la belleza con la luz eléctrica sino que también la asociamos a la emoción del espectáculo. Al contrario de lo que le ocurre a la razón, nada inmóvil y oscuro puede atraer la mirada del consumidor."

 
"El capitalismo también prohíbe las horas oscuras y para eso tiene que incendiar el mundo. El capitalismo prohíbe el aburrimiento y para eso tiene que impedir al mismo tiempo la soledad y la compañía ¡Ni un solo minuto en la propia cabeza! ¡Ni un solo minuto en el mundo! ¿Dónde entonces? ¿Qué es lo que queda? En el mercado, donde la televisión está siempre encendida, donde la música está siempre sonando, donde las luces siempre destellan, donde las vitrinas están siempre llenas, donde los teléfonos celulares están siempre llamando, donde incluso las pausas, las transiciones, las esperas, nos proporcionan siempre una emoción nueva. El capitalismo lo tolera todo, menos el aburrimiento. Tolera el crimen, la mentira, la corrupción, la frivolidad, la crueldad, pero no el tedio. Berlusconi nos hace reír, las decapitaciones en directo son entretenidas, la mafia es emocionante. Eso que el filósofo Stiegler ha llamado la “proletarización del tiempo libre”, es decir, la expropiación no sólo de nuestros medios de producción sino también de nuestros instrumentos de placer y conocimiento, representa el mayor negocio del planeta. El capitalismo y su industria del entretenimiento construyen todo lo contrario de una cultura del ocio. En griego, ocio se decía “skhole”, de donde viene la palabra “escuela”. Pero a nosotros nos divierten, nos entretienen, nos distraen. 

Y sin embargo, el primer espectáculo, aquel que define al ser humano como precisamente humano, aquel del que ha surgido todo lo que hemos hecho y todo lo que somos, tiene que ver con la oscuridad y la quietud.


El exceso de luz del capitalismo, lo sabemos, tiene un coste ecológico insostenible. Pero la llamada “contaminación lumínica” no tiene sólo un coste ecológico de dimensiones catastróficas; se acompaña también de una catástrofe cultural, estética, antropológica. En el campo, en una noche sin luna, pueden verse a ojo desnudo hasta 2.500 estrellas. En las ciudades, donde vive ya la mayor parte de la humanidad, si levantamos la cabeza (¿y quién va a levantar la cabeza habiendo escaparates iluminados a un lado y otro de la calle?) apenas si alcanzamos a distinguir entre diez y doscientas estrellas, según se viva más o menos cerca del centro urbano. El 80% de los estadounidenses, el 70% de los europeos y más de un cuarto de la población mundial vive en un falso plenilunio ininterrumpido.


Para nosotros, nunca llega a hacerse realmente de noche, de manera que hemos perdido la posibilidad de ver la Vía Láctea; es decir, la galaxia en la que habitamos y que nos permite orientarnos en el cosmos. Nuestros cielos son tapas o valvas que ocultan el firmamento. Como moluscos, estamos encerrados dentro.


¿Es muy grave esta pérdida? En uno de sus más famosos poemas de amor, Neruda escribió:

“ La noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos”.

Al final de una de sus más famosas obras, el filósofo Kant escribió:


“Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí”.

Y en uno de los pasajes de una de sus más famosas novelas, Joseph Conrad escribió:

“Era una de esas noches claras, estrelladas, cubiertas de rocío, que oprimen el espíritu y aplastan nuestro orgullo con la brillante prueba de la terrible soledad, de la oscura insignificancia desesperada de nuestro planeta”. 


¿Y qué? ¿Es tan grave no poder escribir ya frases como ésta? ¿Habrá que conservar las estrellas por cursi elitismo literario? No. Fueron necesarios millones de años de evolución para que una criatura viva se irguiese sobre sus pies, rellenase su casco craneal y levantase sus ojos hacia las estrellas. Desde allí se vio, desde allí se conoció, desde allí interiorizó sus límites: mediante ese gesto de alzar la cabeza hacia el cielo para compararse con él, un animal -y sólo ése- se hizo humano. 

El amor, la moral, la razón, la conciencia de la mortalidad -que es de lo que hablan Neruda, Kant y Conrad cuando evocan las estrellas- son inseparables de esa transformación. 

Y la contaminación lumínica, por tanto, tiene el efecto de un retroceso catastrófico en la evolución filogenética de la Humanidad. En un tiempo estuvimos encerrados en valvas, escamas, plumas, pieles, sin ninguna salida a la luz; hoy estamos encerrados precisamente en nuestra luz, de la que no podemos salir hacia las estrellas. 

Es imperativo desintoxicarse de la luz eléctrica, reacostumbrarse a la belleza de las sombras, recuperar el misterio y profundidad de la razón. Sí, me voy a atrever a hacer una apología del apagón: del apagón controlado, relativo, igualitario, liberador, humanizador. De ese apagón que embridará los vatios y desnudará los astros, velados por un puritano exceso de luz. De ese apagón que apagará Dubai y Nueva York y encenderá la Osa Mayor. De ese apagón, en fin, del que depende, en materia y en espíritu, la posibilidad misma de formar parte de la Humanidad. 

¿Es apagón? 
¿O es revolución?

Amazonas. Foto: Leo Ramirez/AFP

Verdades a la luz:
"El niño tuareg, al vivir el ritmo que le marca el día y la noche, ignora el sufrimiento del despertar. Vive dentro del tiempo, al ritmo de las estaciones. No existen horas, solo el alba y el crepúsculo. No llevamos inscrito en nuestro interior que la vida debe seguir rigurosamente las agujas de una esfera. En la escuela, nadie lleva reloj, los niños tienen la intuición del momento. Lo sienten. Además, el maestro no castiga por llegar tarde. El tiempo hay que tomárselo..."Moussa Ag Assarid, profesor tuareg.

"A diferencia del hombre musulmán, que establece su dominación a la mujer por medio del uso del espacio (excluyendo a la mujer de la arena pública), el occidental manipula el tiempo y la luz. Este último afirma que una mujer es bella sólo cuando aparenta tener catorce años." Fatema Mernissi, socióloga.

"Los Blancos y los Negros tienen colores diferentes, pero su sombra es negra" Proverbio africano.


Fuentes:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=95921
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=99585
"El naufragio del hombre" Santiago Alba Rico, Carlos Fernandez Liria.
"El elogio de la sombra" Junichiró Tanizaki.
"El harén de Occidente" Fatema Mernissi.
"Los niños del desierto" Moussa Ag Assarid.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Mbororo y Woodabe: las tribus más hermosa del mundo.

"Los demás dicen de nosotros: "No tengas tanta calma como un mbororo, no seas tímido como un mbororo, no seas así ..., no seas así ..., pero ten el sentido de la vergüenza de un mbororo!" 
Gogo Lay, mujer mbororo.

Muchos les llaman “los gitanos de África” pero ellos se autodenominan "la tribu más hermosa del mundo".
 
Los Mbororo son un subgrupo de los Fulani, un gran grupo étnico que viven en el África Occidental y Central e incluso del este de África. El Mbororo, junto con el Wodaabe de Níger, son los únicos fulani que aún (aunque parcialmente) mantienen su forma tradicional de vida a través del nomadismo pastoral, una comunidad africana cuyos miembros se desplazan constantemente sin que para ellos existan fronteras. Su aspecto externo, su dedicación a la ganadería y su adherencia al Islam los suelen distinguir de sus vecinos. En cada uno de estos países se les llama extranjeros, sobre todo cuando las relaciones con sus vecinos no discurren por buenos caminos, y de ellos se dicen que han venido de fuera, sin que nadie sepa muy bien explicar cuál es su primer origen.

Siguen orgullosamente aferrados a su modo de vida nómada ancestral. A diferencia de los peul sedentarios, los Mbororo no dan mucha importancia a la religión ni al poder, limitándose a pagar tributos a los propietarios de las tierras donde pastan sus animales y a vender productos lácteos en los mercados semanales. A pesar de profesar el Islam en su vertiente ‘Malikite’ muchos Mbororo continúan practicando ritos pre-islámicos de los que se enorgullecen. Otra característica es su negativa a casarse con otras razas para no perder su pureza de sangre y sus particulares características físicas. La mayoría de Mbororos son altos y estilizados, de piel clara, nariz aguileña y pelo ondulado. Suelen pasar horas cuidando su aspecto físico, trenzándose y decorándose el pelo y tatuándose la cara y el pecho. Algunos remontan su origen al norte, a Chad. El caso es que todavía se conservan en Chad petroglifos de 10.000 años de antigüedad que muestran a las Niola Doa (bellas mujeres); cuerpos femeninos adornados con líneas geométricas que aún hoy se observan entre las mujeres locales mbororo a través de las escarificaciones en la cara. Especialmente alrededor de la boca, para que los malos espíritus no entren dentro.

A la mujer (o mujeres, poligamia) se le exige (aunque esto está cambiando) la estricta obediencia hacia su marido y la separación entre los sexos es tan grande que a las madres no se les permite estar constantemente con sus hijos pequeños, siendo una falta de respeto el mostrar los afectos en público. Los Mbororo defienden el cumplimiento de una rigurosa moralidad destacando los valores morales de generosidad, honradez y respeto hacia los demás. Viéndoles en alguno de los mercados, su imagen es de personas muy reservadas en público pero que irradian una elegancia natural que les hace sobresalir entre las demás etnias.

Creen en Alá como dios supremo, pero sus principales prácticas religiosas van dirigidas a los espíritus de la naturaleza y a los de sus ancestros. Para ellos, la enfermedad y las desgracias tienen una trascendencia religiosa, de ahí la importancia de los curanderos, que con sus preparados y talismanes son capaces de neutralizar los hechizos. De hecho, la magia bororo es muy reconocida entre otras tribus africanas. Elaboran infinidad de remedios medicinales con raíces, semillas, cortezas, minerales y otros elementos de carácter mágico.
Woodabe significa “gente de los tabú”, pues se rigen por un estricto código moral y de comportamiento llamado Pulaake. 

Es la base de sus prácticas culturales.

Un marco moral y un código de conducta que les hacen peculiares. También está vinculada con el cumplimiento de los deberes a los ancianos, mujeres y el grupo de linaje, y la disposición adecuada de los matrimonios. Las cuatro corrientes dominantes del "Pulaaku" han sido identificados como: fortaleza en la adversidad y en la capacidad de aceptar la desgracia (munyal); buen sentido común y modales (hakkiilo) reserva y modestia en las relaciones personales (semteende), y la dignidad (neddaaku). Hay otros elementos como ngorgu (valentía), neddaku (humanismo), endam (caridad, el amor maternal), chaaku (generosidad), goongaaku (veracidad), y ndimu (libertad).

Goggo Lay, una
vieja mbororo cuenta que los otros suelen decir de ellos:

"
No tengas tanta calma como un mbororo, no seas tímido como un mbororo, no seas así ..., no seas así ..., pero ten el sentido de la vergüenza de un mbororo! ("amma semtu bana Pullo").
 

 
Sardi, otra mbororo, dice que Pulaaku significa "semteende": 

"Cuando proponen comida para ti, tu respuesta es que estás lleno. Siempre comer poco y nunca engordar."  

Por lo tanto, Pulaaku significa "autocontrol". Una persona que tiene Pulaaku es aquel que no permite que sus necesidades o emociones le dominen y que mantiene su dominio de sí mismo frente a las demás personas. Aquí es donde aparece "munyal" que significa resistencia, reserva, paciencia y tolerencia. Nunca permitirá que la gente sepa que está sufriendo o de lo contrario, será avergonzante (semtudum). Al igual que con todos los códigos culturales, Pulaaku no es interpretado de manera uniforme entre los diferentes grupos étnicos mbororo, pero es una manera de diferenciarse de los demás grupos, que los ven como gente primitiva, sin educación y con una religión errónea.

El Cure Salée es una fiesta de 3 días que se realiza en Níger, donde cada año los pastores nómadas Woodabe, los árabes y los Tuareg de Níger y otros países vecinos se juntan para celebrar el término de las lluvias y el crecimiento de pastizales en el desierto. Aquí se inician las caravanas de la sal (Salée) que cruzarán el Sahara en busca de este mineral.

Además, durante esta festividad se realizan todos los ritos de los Woodabe relacionados con el noviazgo, la elección de parejas y la celebración de matrimonios. Se da lugar a las carreras de camellos (cavacalde), diversas danzas, cantos, y todo evento que tenga que ver con la demostración de las destrezas de los jóvenes frente a las mujeres. 

Tuareg y Woodabe.


Luego del Cure Salée se celebra una de las fiestas más increíbles, el Geerewol. Al finalizar la reunión nómada, comienzan sus celebraciones tradicionales que reúnen a varios linajes para concretar matrimonios, bautizos (los Woodabes no los nombran al momento de nacer, pues creen que el espíritu de la muerte no ve a los niños sin nombre) y sobre todo culminar en la famosa danza de la seducción, el Geerewol y elegir al hombre más bello del mundo. Aquel que gana esta competencia, podrá tener la amante que escoja y será admirado por sus pares masculinos. En Camerún lo llaman Darkwol, y en éste, las parejas no serán para toda la vida y llevan gorras y pendientes modernos, pero jóvenes Mbororo de varios pueblos de alrededor se han reunido para simular este rito y seducir a las chicas, que también se han maquillado y vestido con esmero para la ocasión. Se colocan unos enfrente de los otros y a ritmo de radiocasete y tambor comienza la danza.

Durante la realización de estos bailes, son las mujeres quienes deciden con quién quieren estar. Al elegir a un hombre, lo hacen mediante un sutil gesto, que pasa casi desapercibido por la multitud. Si aquel que la mujer eligió le corresponde, le hará un gesto con un ojo, indicando con éste, en cuál lugar de los arbustos se juntarán. 

El primer matrimonio Wodaabe está arreglado por sus padres en la infancia y debe ser entre primos del mismo linaje. Pero según "The Nomads Wodaabe y Tuareg: Belleza robada": 

"Los Wodaabe polígamos creen que -al menos los hombres- tienen un poder de atracción innata e irresistible, llamado "togu". Mediante la realización y proyección de su togu a una mujer, un hombre Wodaabe puede enamorar incluso a una mujer casada, y luego pueden hacer arreglos para huir juntos por la noche ".
Si la nueva pareja es capaz de escabullirse sin ser detectados (especialmente del marido que no quiera separarse de su esposa) se convierten en socialmente reconocidos. Estos matrimonios posteriores son llamados matrimonios por amor.

Etran Finatawa combina la rica cultura nómada de los Tuareg y los Woodabe, en Níger, con instrumentos tradicionales y guitarras eléctricas.


Fuentes:
https://cercadeafrica.wordpress.com/2011/03/22/diario-en-camerun-xx/
http://cceyaounde.wordpress.com/2012/04/13/conferencia-tatuajes-y-escarificaciones-entre-los-mbororo-de-camerun-etnografia-de-una-practica-en-desaparicion-por-cristina-enguita/
http://culturasdelatierra.blogspot.com.es/2010/09/bororos-o-wodaabes.html
http://justice-dignity.net/home/mbororo/
http://munin.uit.no/bitstream/10037/2009/3/thesis.pdf.txt