viernes, 10 de abril de 2020

El ecosistema inmunitario: yo albergo multitudes.

 "Si los soldados de primera línea no necesitaran máscaras y guantes, sino armas, bombas inteligentes, búnkers, submarinos, aviones de combate y bombas nucleares, ¿habría escasez?"

Arundhati Roy, activista y escritora.



Hay unos 1.67 millones de virus en la Tierra, puede que muchos más. Llevan existiendo cientos de millones de años, allí estaban ellos cuando nuestros antepasados comenzaron a ser bípedos, pero se les conoce desde hace no mucho. Los virus son láminas de proteínas que encapsulan algo de ADN o ARN, no tienen metabolismo propio y no pueden sobrevivir sin un animal, planta o bacteria. Sin un ecosistema que tenga una maquinaria celular para replicarse. Y esta búsqueda está condicionada por cosas como la proximidad y la regularidad del contacto. Y los humanos solo somos un animal más. 
Pero el potencial de infectar no se correlaciona necesariamente con la enfermedad y la muerte, muchos no son patógenos. Algunos virus pueden no tener ninguna consecuencia en absoluto y ser solo parte de nuestro microbioma. Y algunos incluso pueden estar involucrados en mejorar nuestra propia biología. Sólo en nuestro microbioma intestinal, contenemos más microbios que galaxias en el firmamento. Y no únicamente virus, también contenemos hongos, árqueas y bacterias. "Como decía Walt Whitman: soy tan grande que albergo multitudes", explica el divulgador de la ciencia Ed Yong en su libro homónimo. Los virus pueden desempeñar un papel importante y positivo para nosotros, siempre y cuando los mantengamos bajo vigilancia inmunitaria.
 
Y aún con toda esta información que nos da la ciencia, en la era industrial de los combustibles fósiles y de la agricultura industrial, seguimos manteniendo una visión mecanicista, militarista y antropocéntrica de los humanos como algo separado de y superior a otros seres que podemos poseer, manipular y controlar. Todo por mantener un modelo económico basado en la ilusión de crecimiento ilimitado que viola sistemáticamente los límites planetarios y la integridad del ecosistema y las especies.

La ilusión de que las plantas y los animales son utilitarios para fabricar materias primas que se convierten en combustibles para nuestros cuerpos, que son máquinas, ha creado la imposición del modelo industrial de la ganadería intensiva y las macrogranjas de confinamiento industrial.

En cualquier caso, ¿cómo se ha desatado una epidemia por los murciélagos? ¿O fue el pangolín, o la civeta? En la llamada "economía sumergida", en los márgenes de la economía y de la urbanización, esta agroindustria ejerce tal presión sobre los barrios periféricos, que las personas se ven empujadas a incursiones
agroeconómicas (caza, recolección, mercado) en ecosistemas locales. De los animales "salvajes" se desatan cepas virales que pasan de ser aisladas o inofensivas a acceder entonces a esos entornos hipercompetitivos de ganadería intensiva, donde se encuentran con muchas otras cepas y virus. 
En estos lugares es donde el virus se vuelve más virulento, ya que al tener numerosos huéspedes de la misma especie juntos, se trasladan entre muchos individuos en un espacio reducido, es decir, tienen un suministro continuamente renovado. Además, a estos animales les dan una cantidad de antibióticos y antivirales para prevenir las enfermedades, pero también crean resistencias cada vez más fuertes. Estos animales-huéspedes tienen ciclos de vida acortados (para sacar el mayor rendimiento) por lo que los virus deben alcanzar rápidamente su umbral de transmisión, aumentando la intensidad y la virulencia. Para estos virus, matar al huesped se convierte así en una ventaja evolutiva.
  
El Síndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus, mató a 24.000 lechones hasta mayo de 2017 (casi una cuarta parte del suministro mundial de carne de cerdos) en la misma región de China en la que trece años antes se había desatado el brote de neumonía atípica conocida como "SARS". Se cree que en este caso, fue esta drástica disminución de la oferta de carne de cerdo la que habría empujado a la demanda de proteína animal proveniente de la fauna local.

En la actualidad, China y Australia concentran el mayor número de macrogranjas del mundo. En el gigante asiático la población de ganado prácticamente se triplicó entre 1980 y 2010. China es el productor ganadero más importante del mundo, concentrando en su territorio el mayor número de "landless systems" (sistemas sin tierra), macroexplotaciones ganaderas en las que se hacinan miles de animales en espacios cerrados.
Las epidemias son producto de la urbanización, cuando hace alrededor de cinco mil años los seres humanos comenzaron a agruparse en ciudades con densidad poblacional. La ganadería industrial ha "urbanizado" una población animal. Mudanjiang City Mega Farm, por ejemplo, es una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas. Tiene unos 90 mil kms2, es mayor que toda Hungría. En cuanto a las aves, China produce algo del orden de 15 a 20 mil millones de aves de corral por año.

Robert G. Wallace, (
Farming Human Pathogens: Ecological Resilience and Evolutionary Process) ha estudiado un siglo de pandemias durante 25 años, y explica el ejemplo de la gripe aviar: "no hay cepas endémicas altamente patógenas en las poblaciones de aves silvestres". Pero "los crecientes monocultivos genéticos de animales domésticos eliminan cualquier cortafuegos inmunológico que pueda existir para frenar la transmisión" facilitando las mayores tasas de transmisión y reduciendo la respuesta inmunológica.

Michael Greger, investigador estadounidense en salud pública y autor del libro "Bird Flu: A virus of our own hachting" (Gripe aviar: un virus de nuestra propia incubación), explica que antes de la domesticación de pájaros hace unos 2.500 años, la gripe humana seguramente no existía.
 
"Estamos interrumpiendo e invadiendo muchos hábitats de vida silvestre." "Así es como multitud de virus portados por los murciélagos, inofensivos para ellos, consiguen penetrar en la población humana" explica Sonia Shah, periodista científica sobre salud global. Este fenómeno se denomina transferencia zoonótica, tales infecciones saltan de los animales a los humanos. Aunque sea infrecuente, puede hacer que virus procedentes de animales se adapten a nuestros organismos y evolucionen hasta convertirse en patógenos. En su libro "Pandemic: Tracking Contagions, from Cholera to Ebola and Beyond", advierte que en los últimos cincuenta años, más de trescientas enfermedades infecciosas han surgido o reaparecido recientemente en territorios donde nunca antes se habían visto. "Podemos citar el ébola como ejemplo", que se trasladó de animales salvajes a humanos, teniendo también como portadores a los murciélagos. Científicos han relacionado el brote con la rápida deforestación, con cambios en el uso de la tierra impulsados por el capital, "pero también por la violencia política" añade Shah. "En esos tres países en el lado más occidental de África (Sierra Leona, Guinea y Liberia) se encontraba uno de los bosques con mayor biodiversidad del mundo. Pero en el transcurso de la década de 1990, hubo un conflicto político increíblemente complejo muy sangriento, que continuó durante años. 600.000 refugiados huyeron a ese bosque para escapar de la lucha." "Solo permaneció el 15% de ese bosque original. Y lo que ahora sabemos es que toda esa área que ha sido deforestada se superpone bastante bien con el hábitat de los murciélagos frutales." Los brotes de 2013 en Guinea se produjeron justo después de que el país vendiera grandes extensiones de tierra a conglomerados agroindustriales internacionales para la industria del aceite de palma, un monocultivo que atrae literalmente a las especies de murciélagos.

Pero también es el caso del virus de nipah (presente principalmente en Malasia y Bangladesh) o del marburgvirus (sobre todo en África Oriental). La enfermedad del bosque de Kyasanur (India) es un virus altamente patógeno que se propaga de los monos (que ven cómo su habitat forestal se reduce cada vez más) a los humanos a través de las garrapatas. La devastación ecológica reduce la
biodiversidad, que ayuda a repartir la carga vírica entre las distintas especies y entre los individuos de esas especies, y también reduce la complejidad ambiental con la que el bosque hace de cortafuegos, interrumpiendo las cadenas de transmisión. Las incursiones para extracción de petroleo y minerales crean "autopistas" que permiten el movimiento de animales salvajes, que no solo los acerca a nosotros, sino también los aleja, huyendo, al último extremo del paisaje primario, desenterrando una mayor variedad de patógenos potencialmente protopandémicos que luego vuelven.  
La científica Shi Zhengli, investigadora principal del Instituto de Virología de Wuha, ya alertaba de la transmisión del coronavirus a los seres humanos en China, y apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado había alterado los nichos de vida de los murciélagos, incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, por lo que cabía esperar nuevas epidemias en el futuro.
 
En la transmisión de los humanos, son los circuitos mundiales de migraciones regulares de mano de obra los que facilitan que el virus tenga ante sí un mayor número de vías evolutivas en un tiempo más corto, permitiendo mutar más rápidamente y evolucionar hasta que las variantes más aptas superan a las demás.

"El capitalismo ya es global, y también totalizante. Ya no tiene un borde o frontera con alguna esfera natural no-capitalista más allá de él, y por lo tanto no hay (...) ninguna verdadera zona salvaje capaz de ser preservada en algún tipo de condición pura e intacta. En su lugar, el capital tiene simplemente un interior subordinado, que a su vez está totalmente subsumido en las cadenas de valor mundiales." explican en la revista Chuang.
 
Es el mensaje que nos transmiten: los procesos de globalización han acelerado las epidemias, y somos cada vez más susceptibles. El riesgo se vuelve omnipresente, esta vez, a escala planetaria. Ante sucesos impredecibles, ya sean de orden político (bioterrorismo) o natural, (como las pandemias), la racionalidad normativa ya no puede ser preventiva, ni se suponen tan efectivos los cálculos estadístico como herramienta para controlar variables de riesgo y sus efectos. En un estado de alerta continua, debemos anticiparnos, estar siempre en alerta, preparados (preparedness). Las crisis son impredecibles e inevitables, solo se espera aguantar el chaparrón y ser buenos soldados. La salud se convierte en un problema de seguridad y se explica cada vez más en términos militares.

"La mayoría del daño producido por la enfermedad causada por el nuevo coronavirus está causado por el sistema inmunitario, que efectúa una defensa de tierra quemada para impedir que el virus se extienda. Millones de células del sistema inmunitario invaden el tejido pulmonar infectado y causan daños masivos en el intento de eliminar el virus y cualquier célula infectada." explica el biólogo Benjamin Neuman. "El reto para los sanitarios que tratan a los pacientes está en sostener el cuerpo y mantener la sangre oxigenada mientras el pulmón se repara a sí mismo."
Defensa de tierra quemada, invasión... Donna Haraway, bióloga y filósofa, se pregunta: "¿Es posible "imaginar el sistema inmunitario de modo distinto al de la retórica característica de la guerra fria, que siempre lo representó como un campo de batalla?" "Por qué no pensarlo, más que como discurso de invasores, como un discurso de especificidades compartidas en un yo semiimpermeable capaz de interactuar con otros (humanos o no, internos o externos)?"

El sistema inmunitario es la “capacidad sanadora” que todos llevamos incorporada en nuestro cuerpo, el sistema que ataca al virus. La fuerza misma de la respuesta inmunitaria es lo que determina la autorregulación, la autoreparación, y su equilibrio se debe a la suma de las fuerzas que se oponen en él.

Inmunidad, explica el filósofo Roberto Esposito, viene del sustantivo "inmunitas", negar el "munus". "Munus" era el deber, ley, obligación, y también ofrenda que debe donar alguien para tener derecho a vivir en una comunidad determinada. Comunidad viene de "cum" (con) y "munus". Era la obligación de la deuda la que comunaba a los sujetos, la que mantenía los lazos sociales en una comunidad. En cambio, en el derecho romano, inmune era el que no debía nada a nadie, el que estaba exonerado de los deberes societarios que son comunes a todos.
En la modernidad, explica Esposito: "Los individuos modernos llegan a ser verdaderamente tales, es decir, (...) exentos, exonerados, dispensados de ese contacto que amenaza su identidad que lo expone (...) al contagio de la relación".

Y así, con total inmunidad, cada uno de nosotros afianzamos nuestra identidad, nos sentimos únicos, alejados del contagio de la relación. Pero también nos sentimos más expuestos ante este mundo precario y amenazante.

"Lo que me ha enseñado la historia de las pandemias es que todas estas cosas

están conectadas. La salud humana está conectada con la salud de nuestras sociedades, la salud de nuestros animales, la salud de nuestra vida silvestre. La salud de nuestros ecosistemas. Todos están conectados.
Así que tenemos que volver a imaginar el camino con el pensamos en nosotros mismos en este mundo microbiano en el que todos vivimos.
Podríamos hacer cosas como restaurar el hábitat salvaje para que los microbios que viven en animales no se derramen en cuerpos humanos.
Podemos hacer cosas como proteger la salud de la mayoría vulnerable, las personas que están viviendo sin saneamiento, las personas que viven en barrios marginales, los animales que viven en granjas en condiciones deplorables.
Porque su salud está muy obviamente conectada a la nuestra."
Sonia Shah.





Fuentes:
Michael Greger, "Bird Flu: A virus of our own hachting".

Robert G. Wallace, "Farming Human Pathogens: Ecological Resilience and Evolutionary Process".
Shonia Shah, "Pandemic: Tracking Contagions, from Cholera to Ebola and Beyond".
Roberto Esposito, "Comunidad, inmunidad y biopolítica".
https://www.elsaltodiario.com/saltamontes/recuperar-la-tierra-nuestra-comida-y-nuestra-agricultura?fbclid=IwAR3A0TheP56FGwPo-aaDbtxETytEebcpFQ1EPmLT2ld3QUDDDT8nbda1wVA
https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_6_1010758925.html#click=https://t.co/L0nEuSoXs8

https://www.pagina12.com.ar/256569-no-le-echen-la-culpa-al-murcielago
http://nautil.us/issue/83/intelligence/the-man-who-saw-the-pandemic-coming
https://mondiplo.com/contra-las-pandemias-la-ecologiahttps://www.ft.com/content/10d8f5e8-74eb-11ea-95fe-fcd274e920ca
https://www.sinpermiso.info/textos/contagio-social-lucha-de-clases-microbiologica-en-china
https://elpais.com/ciencia/2020-04-07/que-hace-tan-mortal-al-coronavirus.html?ssm=FB_CM_MAT&fbclid=IwAR14CW2J7x9rnrGVL6rT-hVS_xw3gIRyZ4g17URMEiV9D-VJVEq6aR-yBd8

https://www.lavanguardia.com/vida/20200509/481027584994/ecologo-receta-naturaleza-contra-virus.html
https://www.lemondediplomatique.cl/2020/03/de-donde-viene-el-coronavirus.html
https://www.youtube.com/watch?v=w2k4SdwCY9g
D. J. Haraway, Come una foglia (entrevista con T. Nichols Goodeve), Milán: La Tartaruga, 1999, págs. 92-3. 


martes, 24 de marzo de 2020

La pandemia del coronavirus, la necropolítica y los trabajos de mierda.

"Lo extraordinario del virus es su increíble insignificancia; los ojos no pueden verlo, pero él puede detener el curso de la vida, decidir el destino del hombre, y hacer pedazos, si lo desea, una familia." Naguib Mahfuz, escritor.


No somos ajenos a la naturaleza: somos naturaleza. Los virus mutan todo el tiempo para estar seguros, y también de las acciones humanas depende su reproducción o su mortalidad. 

Primero, según las condiciones ambientales que les ofrecemos. Hacinamiento de animales, caza furtiva, zonas urbanas en lugares donde habitan animales exóticos, centros de población humanas más grandes. La pérdida de biodiversidad y las altas tasas de deforestación elevan el riesgo al poner a las personas y al ganado en contacto con animales silvestres, los transmisores.

El SARS, la gripe aviar y la porcina parecen haber salido de China o del sudeste asiático. Pero no solo. En España, a la mal llamada gripe española (epidemia en 1918) la llamaron gripe francesa. En Senegal era la gripe brasileña; en Brasil fue gripe alemana. En Alemania se llamó gripe de Flandes. Y en Polonia: gripe bolchevique. Pero dicen que comenzó en Kansas. En estos tiempos, la epidemia de MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) se inició con un coronavirus transmitido a los humanos por los camellos de Oriente Medio, el dengue florece en América latina, y en el continente africano pudo haber incubado el VIH / SIDA y el Virus del Nilo Occidental y el Ébola.

Segundo, la transmisión rápida dependen las condiciones de los cuerpos del huésped. En nuestro caso, depende de nuestros hábitos, nuestra cultura. Vivimos en un mundo altamente conectado, donde casi todos viajan. Nuestras redes sociales son amplias y abiertas, al igual que nuestra alimentación y nuestros hábitos de higiene. Pero en muchos lugares existe el gran problema de la escasez de agua, o de su suministro y potabilización. 

Gran OM & Co
La propagación del virus y sus impactos sociales y económicos, dependen de las ya existentes grietas y vulnerabilidades. El virus no discrimina, pero la desigualdad se asegurará de que lo haga. La pobreza y la desigualdad son factores que inciden de manera determinante en la buena o mala salud de las personas. 
Dicen, en medio de esta pandemia mundial, que el parón completo de todos los trabajos sería un drama, y que la economía quedaría en coma. Incluso que los abuelos están dispuestos a afrontar su muerte: "Mi mensaje es: volvamos al trabajo, volvamos a vivir, seamos listos con todo esto y los mayores de 70 ya cuidaremos de nosotros mismos. No sacrifiquéis el país, no sacrifiquéis el gran sueño americano" dice Dan Patrick, vicegobernador de Texas. Nada comenta de que no todos los abuelos tienen la cobertura sanitaria que él tiene. 

Y durante esta pandemia, no podemos acompañar a los seres queridos durante los últimos días de vida ni hacer una ceremonia de entierro para afrontar el duelo en familia. Achille Mbembe escribió sobre la necropolítica, que es "la división biológica entre nosotros que debemos vivir y aquellos que pueden exponerse a la muerte, o cuya muerte es expulsada del espacio de lo lamentable, del duelo". Este dolor y frustración es al que ha estado y sigue sometida la población migrante y/o refugiada sin permiso de residencia, a la cual no permiten que viajen a sus países de origen para acompañar y despedir a sus seres queridos en la muerte.

"A mi me van a explicar lo que es un confinamiento", dicen muchas personas que han estado confinadas por razones ajenas a su voluntad por largas temporadas, debido a enfermedades o lesiones o barreras arquitectónicas. Más personas de las que nos podemos imaginar, sin salir de casa por la falta de accesibilidad en sus edificios.

Mientras intentamos negar la vulnerabilidad de nuestros cuerpos que enferman, envejecen y mueren; también negamos los cuerpos de la población inmigrante racializada, que son los que sufren constantemente y con más profundidad, las redadas diarias. El cuerpo, cuando se hace visible, o es contagioso o es terrorista, explica el filósofo Santiago Alba Rico. O las dos cosas unidas. Esos otros salvajes a los que, dicen los cuerpos de seguridad, solo puedes tratarles con violencia y control. Aunque ya se haya demostrado que las acciones castigadoras, de excepción o videovigilancia nunca han conseguido erradicar situaciones de conflicto social y no llegan a su origen y prevención.

Pero no da dinero la prevención, sino la enfermedad. David Harvey, geógrafo y teórico social, explica que la industria farmacéutica "Big Pharma rara vez invierte en prevención. Tiene poco interés en invertir en preparación para una crisis de salud pública. Le encanta diseñar curas. Cuanto más enfermos estamos, más ganan. La prevención no contribuye al valor del accionista." También da más dinero la guerra, más que la paz. Quizás por eso, para hablar de esta pandemia utilizan tantos términos bélicos: una batalla en la que todos somos soldados. Cuando de un virus se trata, al virus se le humaniza como enemigo, y por lo tanto, a la víctima, justo a la persona enferma, se la deshumaniza.

El coronavirus está dejando al descubierto la cara más cruda de este sistema. Mientras la mayoría de las personas trabajadoras vive una situación muy difícil (el trabajo puede parar, pero no lo hacen las facturas), algunas empresas están aprovechando esta situación para enriquecerse. Ése es el caso de Amazon. Está extendiendo subvenciones a pequeñas empresas, priorizando bienes esenciales y tomando medidas enérgicas contra los especuladores, pero su dominio en la economía tiene como objetivo enriquecer a sus accionistas, no beneficiar al bien común. Ya ni se espera que tengan responsabilidad empresarial: detrás de las acciones filantrópicas de Inditex, se esconden múltiples despidos, evasión de impuestos y centros de explotación laboral infantil.
Hannah Arendt distinguía entre labor (actividades para satisfacer nuestra vida biológica en la tierra) y el trabajo (actividades para armar un mundo más duradero que habitar). Ahora, inmersos como estamos en la espiral de trabajo asalariado - consumo - trabajo asalariado... no somos capaces ni de distinguir entre trabajos de mierda y aquellas actividades para el sostenimiento de la vida, o para "una vida que merezca la vida ser vivida", como define la antropóloga Yayo Herrero. Otro antropólogo, David Graeber, (aunque no menciona la economía informal), incide sobre ésto:

"(...) en nuestra sociedad parece haber una regla general por la cual, cuanto más evidente sea que el trabajo que uno desempeña beneficia a otra gente, menos se percibe por desempeñarlo."

"Di lo que quieras sobre enfermeros/as, basureros/as o mecánicos/as, es obvio que si se esfumaran como una nube de humo los resultados serían inmediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores/as o trabajadores/as portuarios/as pronto tendría problemas, incluso uno sin escritores/as de ciencia ficción o músicos/as de ska sería claramente un sitio inferior. No está del todo claro cómo sufriría la humanidad si todos los/as ejecutivos/as del capital privado, lobbyistas, investigadores/as de relaciones públicas, notarios, comerciales, técnicos de la administración o asesores legales se esfumaran de forma similar. (Muchos/as sospechan que podría mejorar notablemente.) Sin embargo, aparte de un puñado de excepciones (cirujanos/as, etc.), la norma se cumple sorprendentemente bien."

 
Y después de casi un siglo de prueba y error: "Los/as trabajadores/as reales y productivos/as son  incansablemente presionados/as y explo-tados/as." Si bien los esfuerzos de mitigación están convenientemente encubiertos en la retórica de que “estamos todos juntos en esto”, en la práctica "el virus por sí mismo no discrimina, pero nosotros humanos seguramente lo haremos, formados y animados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia, y el capitalismo" dice Judith Butler, filósofa. Esta fuerza laboral está en gran medida racializada y marcada por género y etnia en la mayoría de las partes del mundo, y se encuentra en la primera línea, con mayor riesgo de contraer el virus a través de sus trabajos o de ser despedido sin recursos debido a la reducción económica impuesta por el virus.

"El resto", continúa Graeber, "está dividido entre un estrato aterrorizado de los/as universalmente denigrados/a desempleados/as y un estrato mayor a quienes se les paga básicamente por no hacer nada, en puestos diseñados para hacerles identificarse con las perspectivas y sensibilidades de la clase dirigente (gestores, administradores, etc.)."
 
La autodenominada "clase media", preocupados por cubrir sus necesidades naturales, que en realidad, no lo son tanto. “Necesito cambiar de móvil”, “necesito una chaqueta que combine con esta falda”, “necesito irme lejos para relajarme”. "En general, la capacidad humana de desear es muy elevada, y más si el deseo es sobreestimulado. Es fácil por lo tanto convertirse en un necesitado (que es como antes se denominaba una persona pobre). Una sociedad deseante es una sociedad necesitada. La insatisfacción crónica provocada es el motor del desarrollo del mercado." explica la antropóloga Yayo Herrero. Ahora que muchos comercios están cerrados... ¿realmente necesitabas todo lo que deseabas?  
La centralidad absoluta de redes informales/familiares/de apoyo: es lo que necesita en estos momentos el ser humano. 
"En los malos tiempos, sólo salen adelante los más brutales y los más cooperadores. Vienen tiempos malos: hay que hacer lo posible y lo imposible por que nuestras sociedades se decanten hacia la segunda opción, compartir y cooperar". Jorge Riechmann.


Fuentes:

https://www.elmundo.es/internacional/2020/03/24/5e79d80afc6c83ea708b4579.html
https://necropolitica.tumblr.com/
https://bibliotecalarevoltosa.files.wordpress.com/2017/03/sobre-los-trabajos-de-mierda-y-otros-textos.pdf

https://calderon094.wordpress.com/2020/03/22/traduccion-politica-anticapitalista-en-tiempos-de-coronavirus-david-harvey-2020/?fbclid=IwAR0XC8pwa416nQN9wAFAB2Jkn0_M0HJRSv91LmHVtbz5dsA4TvqMGkNXcsY
https://www.eldesconcierto.cl/2020/03/21/judith-butler-sobre-el-covid-19-la-desigualdad-social-y-economica-se-asegurara-de-que-el-virus-discrimine/
Cambiar las gafas para mirar el mundo. Una nueva cultura de la sostenibilidad. Coordinado por: Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual.
https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31465/catastrofe-coronavirus-guerra-cuidados-ciudadanos-ejercito-alba-rico-yayo-herrero.htm#.XndSuWWWgk8.twitter

viernes, 21 de febrero de 2020

Si Skinner tuviese iPhone: la vida como scroll infinito.

"Es fácil imaginar el pensamiento humano liberado de las ataduras de un cuerpo mortal, la creencia de la vida después de la muerte está muy extendida. Pero no es necesario adoptar una postura mística o religiosa para aceptar esta posibilidad: los ordenadores ofrecen un modelo incluso para el más ardiente mecanicista" Hans Moravec, investigador en robótica. “El hombre mecánico”.

"Nunca antes habíamos vivido en un mundo virtualmente sin cuerpos o empeñado en desanclarse de los cuerpos; y en el que los cuerpos, negados por la tecnología y la publicidad, aparecen sólo como residuos, sobras u obstáculos; en las guerras, en los muros fronterizos o en las “acechanzas” de la población inmigrante racializada.
Nadie quiere tener cuerpo, pues los cuerpos enferman, envejecen y mueren; y eso es cosa de los extranjeros que amenazan sin cesar nuestras imágenes. El cuerpo o es contagioso o es terrorista. Nosotros, por eso, preferimos “comunicarnos”.
Santiago Alba Rico.



"¿Para qué sirve la palanca de las máquinas tragaperras?"
pregunta Marta Peirano, periodista, en "El enemigo conoce el sistema".

"Esa palanca de la que tiras para activar el juego y apostar. Porque las máquinas dejaron de ser mecánicas hace bastante tiempo, y no hay ninguna conexión real entre la palanca de la máquina y el resultado final. Es una caja de Skinner falsa, donde el ratón tira de la palanca y su acción en el mundo físico tiene una consecuencia inmediata. Y hay refuerzo de intervalo variable: cada vez que tira de la palanca no sabe si trae comida o no. La máquina está programada para pagar solo un porcentaje del dinero que se apuesta, pero ni el jugador más avispado puede saber cual es. La tracción de la palanca le indica que tiene control sobre la máquina y que, por lo tanto, lo puede hacer mejor.(...) Y la máquina refuerza esa sensación con otros elementos de diseño: el "casi-acierto", los falsos premios y la música."


"Todos estos refuerzos no aparecen de manera aleatoria, sino exactamente cuando estás a punto de dejarlo. Obedecen a algoritmos que se alimentan de la información de todas las máquinas tragaperras del mismo fabricante que están funcionando cada minuto del día. Y son muchas máquinas. La industria del juego produce quinientos mil millones de dólares al año; y las máquinas tragaperras son el juego de azar más rentable del mundo, precisamente porque no dejan nada al azar. (...) Sabemos que es el diseño más adictivo de la industria más adictiva. Por eso lo copiaron los arquitectos de la red social."


La palanca de las tragaperras en estas aplicaciones es el "pull to refresh", tirar para actualizar, lo que hacemos con el dedo gordo cuando lo deslizamos hacia abajo para actualizar el contenido de la aplicación. Antes, la máquina nos mostraba automáticamente el contenido nuevo. Ahora es una caja de Skinner donde tiramos de la palanca para que pase algo, si trae premio o no. TINDER tiene el "swipe" (deslizar) el dedo para aceptar o rechazar posibles amantes. Así, pensamos que nuestro dedo puede influir en el resultado, que si lo hacemos bien habrá premio. Lo que nos hace volver una y otra vez al móvil, junto con el "scroll" infinito.

No estamos evolutivamente preparados para gestionar la abundancia. Si algo nos produce dopamina, lo consumimos hasta que se acaba. Con el scroll, el muro siempre tiene noticias nuevas, y el YOUTUBE sirve a cada usuario un menú propio, una playlist infinita y automática basada en un algoritmo de recomendación.

"Si el algoritmo estuviera casado con el usuario y fueran los dos al cine varias veces al día, la mayor parte de las veces la película la elegiría él", explica Peirano.
Reed Hastings, fundador de NETFLIX, dijo "competimos por el tiempo de los clientes, así que nuestra competencia incluye Snapchat, YouTube, dormir, etc" "Cuando estás viendo una serie de Netflix y te vuelves adicto a ella, te quedas viéndola hasta muy tarde. Competimos con el sueño, en los márgenes."

El objetivo es el "engagement", el enganche. No importa el contenido en sí, sino que entretenga, y no hay mejor enganche que la emoción que despierta. El algoritmo produce una borrachera moral para atraer tu atención. "El capitalismo de la atención no tiene tiempo para la política, ni para los valores ni para los niños ni para ninguna otra cosa que no sea el engagement".


El problema es que hemos convertido la vida en un scroll infinito.
El capitalismo superacelerado nos mantiene suspendidos en un trance del que no podemos descansar.
Hito Steyerl escribió que "caer es relacional: si no hay nada contra lo que caerse, puede que ni te des cuenta de que te estás cayendo. Si no hay suelo, la gravedad puede ser menor y tú sentirte ligero. (...) Sociedades enteras podrían estar cayendo a tu alrededor, igual que tú"


“Es un reality show infinito, producido por algoritmos, del que no puedes desengancharte sin perder el tren.” zanja Peirano. 
Remedios Zafra, en su libro “El entusiasmo”, explica que esta volatilidad de la vida online genera sensaciones contrapuestas.
“De un lado, la satisfacción de la plena disponibilidad; de otro, la imposible saciedad ante la glotonería de querer tenerlo todo, sabiendo que una vida no daría para ver, leer, consumir tanto.

La ansiedad que provoca el ver y el deseo se compensan mínimamente pudiendo «poseer» digitalmente (descargar, archivar) frente a una aplazada profundización en las cosas (…) a la producción entusiasta de datos e, indirectamente, a «hacernos datos».

"Así, ante la predominancia de "lo mucho", el pago más fácil, porque es el más rápido, es el "pago con ojos". Ser visto es lo que mejor puede ser registrado e inscrito en la lógica de los criterios de mercado ayudando además a asentar los nombres como marcas."

"A nadie  extraña el agotamiento de los sujetos, que ante la dificultad de abarcarlo todo, fluyen o se dejan fluir hacia lo emocional, buscando deleitarse con  lo pequeño: esa foto, ese mensaje privado, esa vida de ahora". (…)". 

“Cuando todo está bajo sospecha, lo que aparenta mayor grado de realidad tiene más valor, invirtiendo la lógica de compartir lo vivido por compartir lo que quiero que crean que he vivido." 

"Ciertamente resulta paradójico que, teniendo  nuestra disposición un universo de datos e información para contrarrestar y documentarnos, la verdad sea percibida como un inabarcable lodazal que termina sometiendo la vida a "la apariencia" y a la actualidad".  Además, el exceso de inmediatez e hiperrealismo, y de una existencia utilitaria puramente racional, dejan poco espacio para la imaginación, la subjetividad. Intentamos re-encantar el mundo con filtros, psicodelia y otras maneras formas de expresión.

El gran problema es que "(…) son los imaginarios conservadores los que más partido están sacando a la pareja velocidad y exceso. Ante la celeridad, la inercia solo tolera ideas preconcebidas, es decir, aquellas que ya estaban en nosotros. Justamente las que precisan apoyarse en sensaciones y emociones.” Lo intuitivo. 

"No puede ser que las cosas se hayan reducido a su piel y que se cambie pensamiento por listado, texto por titular (...) Hace tiempo que la imagen y el pantallazo se rebelaron frente a la reflexión pausada." 

A lo que Peirano añade el peligro de la manipulación de los algoritmos que “ofrecen una visión de lo que está pasando diseñada para nosotros de manera única”, por separado. Y estas noticias "a la carta", escogidas para nosotros, según nuestros intereses y radicalizadas para crear más "engagement", enganche, nos lo filtran por el mismo canal por el que nos llegan los mensajes familiares, personales o incluso privados.

Esta reagrupación algorítmica genera un entorno de consenso permanente, aislado del mundo real. El rasgo de pertenencia se arremolina en torno al rechazo a “el otro” y su deriva es racismo y deshumanización. Refuerzan y radicalizan nuestro sesgos: “Ya no somos vegetarianos sino veganos, no somos progresistas sino radicales de izquierda, no somos personas sino activistas de nuestra propia visión del mundo.(…) Las tribus identitarias son un monocultivo; la falta de diversidad atrae plagas y enfermedades.”
“Para mí, básicamente, Google quiere ser el nuevo Estado del bienestar y el
nuevo partido político.” alega Evgeny Morozov, investigador informático teórico. (La locura del solucionismo tecnológico) “Quieren reunir tantos datos como puedan.” Por ejemplo, a través de los llamados "dispositivos inteligentes": relojes inteligentes, termostatos inteligentes; cualquier cosa que tenga un sensor generará un dato. 

"Tu seguro quiere saber qué posibilidades tienes de enfermar; tu banco quiere saber qué probabilidades tienes de no pagar tu hipoteca." 
Y no solo eso: "Querido usuario, ha sido registrado como participante en un disturbio masivo", decía el SMS que el Gobierno ucraniano envió a todas las personas que se manifestaron contra las últimas decisiones del presidente Víktor Yanukovich en enero de 2014. Las autoridades consiguieron sus datos pidiendo a las operadoras la lista de todos los móviles que pasaron por las intermediaciones de una antena determinada (volcado de torre).


“Habría que oponerse a que el paradigma de la propiedad privada se extienda a los datos. Los datos, sin la capacidad de analizarlos, no son gran cosa. Hoy en día solo algunas grandes empresas son capaces de estudiarlos. Esa información debería estar bajo un control público, que no significa un control del Estado, sino de los ciudadanos. La reciente fascinación en Europa por esa idea del común, que no tiene nada que ver con la de los comunes, es un marco sano.” 

“Durante demasiado tiempo se ha pensado el trabajo digital y de internet como espacio comunitario" escribe Silvia Federici. "Esta concepción del común tiene problemas muy grandes, porque internet no nos permite reproducirnos”. "En cambio, tierra, bosques y aguas son fundamentales para nuestra reproducción."

Ludwig Feuerbach, mediados del siglo XIX: "Nuestra época, sin duda alguna, prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser... Para ella, lo único sagrado es la ilusión."

Fuentes:
“La locura del solucionismo tecnológico”, Evgeny Morozov.
“El entusiasmo. Precariedad laboral y trabajo creativo en la Era digital.” Remedios Zafra.
“El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención.” Marta Peirano
https://ctxt.es/es/20200108/Firmas/30456/ruinas-capitalismo-alba-rico-inconsistente-incompleto-arquitectura-alquiler.htm#.XhdaueksnQE.twitter

https://www.pikaramagazine.com/2012/06/%e2%80%9cdesvalorizar-el-trabajo-reproductivo-de-las-mujeres-ha-destruido-nuestra-relacion-con-la-tierra%e2%80%9dentrevista-a-silvia-federici-activista-especializada-en-trabajo-domestico-reproductiv/
https://elpais.com/elpais/2015/12/17/eps/1450358550_362012.html

viernes, 31 de enero de 2020

Los atajos del cerebro: todos somos erroristas (y está bien).

"La tiranía de los objetos... Ella no sabe que yo existo. Como los androides, carece de la capacidad de apreciar la existencia de otro ser." 
Del libro "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" Philip Dick.

Los seres humanos somos capaces de detectar patrones en nuestro entorno y elaborar, utilizando la imaginación, planes complejos, concibiendo cambios de mejora. Y no lo hacemos solos. Hablamos con otras personas para tener nuevas perspectivas. Así es como la información se convierte en conocimiento. Podemos comunicar esas ideas a nuestros compañeros, para pensar juntos esas mejoras antes imaginadas y trabajar colectivamente. Hasta que de tanto que fallen, se repitan, se aprenda de la experiencia, se modifiquen y se mejoren... lo que fueron en su día innovaciones drásticas, se conviertan en tradiciones.

El cerebro es maravilloso, pero también una chapuza. Según las psicólogas sociales Susan Fiske y Shelley E. Taylor, somos "indigentes cognitivos": “...  las  personas, especialmente cuando se encuentran bajo presión de tiempo o enfrentan una situación inusualmente compleja, luchan por simplificar [hasta la saciedad] sus procesos cognitivos ...”

Preferimos explicaciones rápidas y simples a razonamientos más precisos y detallados. Evaluamos la información en base a qué tanto nos hace “sentir bien”, en lugar de en cuanto nos ayuda a tomar mejores decisiones. Acudimos a atajos mentales (heurísticas es su nombre técnico) en la toma de decisiones. Incurrimos en sesgos. Pero el cerebro lo hace por algo: sobrevivir. No puedes sentarte a analizar y a hacer un razonamiento profundo de todo lo que te ocurre, todo lo que recibes de tu entorno. Si consumes constantemente información, el cerebro entra en modo de sobrecarga y no es capaz de digerir y de quedarse con lo interesante. Lo mejor, y si hay tiempo: ¡descanso!: "Esos momentos de ocio o de distracción son los que permiten que el tálamo aprenda a priorizar, a ponderar la información y a prestar atención a varias cosas distintas." explica el bioquímico y neurocientífico Henning Beck. "La ociosidad puede ser la madre de todos los vicios, pero al mismo tiempo el ocio es el principio de toda creatividad”.

Pero al cerebro no le gusta el dolce far niente, ni siquiera cuando estamos dormidos. Por eso, los atajos mentales, heurísticas, nos facilitan la solución de problemas cognitivos complejos.
Para ello, está la habilidad de detectar patrones. Al cerebro le encantan los patrones de pensamiento y las rutinas, por eso amamos los algoritmos de las redes sociales. El cerebro prefiere los patrones en lugar de números. El lenguaje del cerebro no es hacer cálculos como las máquinas, sino el pensamiento abstracto.

El problema surge cuando el cerebro ve patrones por todas partes, patrones simples, sencillos. El periodista y antropólogo Tom Phillips (Humanos), lo explica con un claro ejemplo: "Tampoco es un problema grave cuando se trata de cosas como señalar las estrellas del cielo nocturno y decir: «Oh, mira, es un zorro persiguiendo una llama». Pero cuando el patrón imaginario que uno ve es del tipo «la mayoría de los crímenes los comete un determinado grupo étnico...», bueno, entonces el problema es realmente serio."

Heurístico de anclaje:
En una situación de incertidumbre, donde tienes que tomar una decisión, y no tenemos de dónde tirar porque no se nos ocurre ninguna experiencia anterior, tomamos un punto de referencia, cualquier dato que llegue primero, como agarrarse a una boya en alta mar. El problema surge cuando los enunciados sugieren esos datos con el objetivo de afectar a tu juicio, porque te lo han lanzado, como si de una boya se tratase. "Entre 2007 y 2017, murieron más estadounidenses por accidentes con su cortacésped que por atentados terroristas, pero aún hoy el Gobierno norteamericano no ha declarado la guerra a los cortacéspedes (aunque, para ser sinceros,en vista de los acontecimientos más recientes no puede excluirse esa posibilidad)." explica Phillips. ¿Y por qué nos agarramos a estos datos antes de sopesarlos y hacer nuestra propia investigación? Porque el cerebro trabaja más con lo que ha ocurrido recientemente o las que han causado más emociones o son más memorables. Lo primero que escuchaste, lo que te causó más impresión, una experiencia emocionante vivida... Para hacer juicios rápidos está bien, siempre y cuando no declares la guerra a los cortacesped.

Pero y si somos personas juiciosas, que sopesamos todas las variantes, reflexionamos, nos colocamos las gafas y nos llevamos la mano a la barbilla incluso cuando elegimos las cientos de variedades de patatas fritas en el supermercado (¡no caeré en el engaño y miraré el cuadro nutricional!). Aún entonces, cuando las comas, tu cerebro estará contento de saber que no se equivocaba, y éste es otro sesgo: el de confirmación. "Centrar la atención, en cualquier mínima evidencia que refrende lo que ya pensamos, ignorando a la ligera aquellas otras, posiblemente mucho más abrumadoras, que sugieran que íbamos totalmente desencaminados." 

Y no solo eso, si aún así vemos que nos estamos equivocando, que la cosa se tuerce... seguimos defendiendo nuestra postura errónea, repasamos nuestros recuerdos de cómo y por qué hicimos esa elección. Es el sesgo de selección-apoyo. Es por esto que, por mucho que rebatamos que la mayoría de los crímenes no los comete cierto grupo étnico, aportando datos y grandes gráficos, "puede que se reafirmen más en su error con fuerza redoblada" (esos gráficos están sesgados, un amigo de un amigo me contó...)


También están los heurísticos de simulación, el "y si...": estimar la probabilidad de un suceso basándose en la facilidad con la que podemos imaginarlo. A veces, el segundo en el podio se muestra menos contento que el tercero. Esto se debe a que para el segundo es muy fácil simular la situación de haber quedado primero, pero se encuentra en peor situación. En cambio, para el tercero es más fácil imaginarse la situación de que algo hubiera fallado y haber quedado fuera del podio, antes que haber quedado en mejor lugar, por lo que ahora está en mejor situación, y más feliz. 



Son estos fallos los que diferencian a los seres humanos de cualquier otro animal y del ordenador más perfecto. El cerebro humano no sabe bien cómo tomar decisiones, ni recordar de forma precisa y tampoco calcular, como las máquinas. ¿Resolver problemas de manera rápida y eficiente, buscando en algoritmos similitudes y correlaciones?, eso es cosa de los ordenadores. "El error, y la posibilidad de aprender de ello para la próxima es quizá lo que ha llevado al ser humano al lugar en el que está", afirma henning Beck en su libro "Errar es útil".

Y explica que el cerebro y los ordenadores se diferencian en algo fundamental: las personas se plantean preguntas y los ordenadores dan respuestas. Los ordenadores siguen reglas, pero las personas pueden modificar esas reglas. Los humanos tenemos la capacidad o el arte de resolver los problemas de forma creativa. Tenemos la capacidad de enfocar los problemas de una manera distinta, intercambiando con otros los puntos de vista y creando otros. Como seres simbólicos, tenemos la capacidad de comprensión y de pensamiento conceptual, abstracto. Nuestro cerebro no trata de aprender, sino de comprender. El cerebro sopesa hechos objetivos con sentimientos subjetivos. Para los ordenadores, "el símbolo 😊 se diferencia de 😔 solo en un tercio de sus datos, sin embargo el significado para nosotros es completamente diferente."

“Las emociones son como un turbo, aceleran nuestro aprendizaje, porque las áreas de la memoria están muy conectadas con las que controlan los sentimientos. Por eso, es muy importante transmitir una buena emoción cuando se enseña algo”. Entrenando aprendemos mejor. Porque el aprendizaje es emocional: entrenar hace que sintamos que tenemos más control sobre el resultado, y nos hace sentirnos satisfechos, nos hace “sentir bien”. Los deportistas lo llaman "la zona", cuando parece que tu cuerpo funciona solo, con total control.
El problema surge cuando nos echan el anzuelo (o los patrones, de nuevo) para sentirnos bien con el fin de beneficiarse, por ejemplo a través del móvil, o la inerfaz de las redes sociales, "porque así estás generando datos que los hacen ganar dinero", explica la periodista Marta Peirano (El enemigo conoce el sistema): 

"La gente tiene que ser consciente de que estas aplicaciones no son inocuas, están diseñadas literalmente como máquinas tragaperras, para ser irresistibles, no porque ellos quieran crear adictos, sino como consecuencia de su modelo de negocio, que consiste en extraer datos. Y para que ese modelo funcione, necesitan tenerte colgado del móvil." Son sistemas que producen "la mayor cantidad de pequeños acontecimientos inesperados en el menor tiempo posible. En la industria del juego se llama event frequency. Cuanto más alta es la frecuencia, más rápido te enganchas, pues es un loop de dopamina. Cada vez que hay un evento, te da un chute de dopamina, cuantos más acontecimientos encajas en una hora, más chutes, que es lo que te genera adicción." 
Además, "el que no sepas si vas a tener premio, castigo o nada, hace que te enganches más deprisa. La lógica del mecanismo provoca que sigas intentando, para entender el patrón. Y cuanto menos patrón hay, más se atasca tu cerebro y sigue, como las ratitas de las cajas de Skinner, que fue quien inventó el condicionamiento de intervalo variable. La rata le da a la palanca de manera obsesiva, tanto si sale comida como si no."

Las emociones también afectan en la memoria. "El propósito de la memoria no es reflejar el pasado de forma perfecta sino ayudar a planear el futuro. Las regiones cerebrales que falsean nuestros recuerdos son las mismas que nos ayudan a idear nuestro futuro" explica Henning Beck. Es decir, nos permiten crear una identidad propia a partir del pasado y aprender mejor de nuestras experiencias para encarar el futuro. Y ésto solo lo logramos porque aceptamos los fallos de memoria, así somos capaces de crear nuevas ideas para el futuro. La memoria “aunque no sea cierta, es coherente”.

La eficacia del cerebro “se desarrolla al dividir un problema en partes, componer equipos flexibles y distintas redes para buscar soluciones, y dejar trabajar con la máxima libertad posible”.  
"El cerebro no es un almacén de datos, sino un organizador de conocimiento, y despliega todo su saber cuándo no se le trata estúpidamente".



Fuentes:
Errar es útil, de Henning Beck. 
Humanos, de Tom Phillips.
El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención, de Marta Peirano. 
Social cognition. Fiske, S. T., & Taylor, S. E.
https://www.bbc.com/mundo/noticias-51268343
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-06-12/marta-peirano-5g-facebook-google-huawei-enemigo-conoce_2066566/

lunes, 13 de enero de 2020

¿Está el enemigo? que se ponga: la guerra absurda.

"El hombre nace esclavo, débil, insuficiente y dependiente, sometido e imperfecto. En resumen, nace imbécil" 
afirma tajante el filósofo italiano Maurizio Ferraris en el libro "La imbecilidad es cosa seria".
 
"A más técnica, mayor grado de imbecilidad», porque "mayor es la imbecilidad que se percibe". "La imbecilidad es lo propio de la modernidad porque con las potencialidades expresivas que ofrece el mundo actual, el estúpido se pone más fácilmente de manifiesto que en cualquier otra época más recogida y silenciosa". 

De hecho, en 1912, Guglielmo Marconi, el inventor de la radio, hizo esta predicción: "El advenimiento de la era de las comunicaciones sin cables hará imposible la guerra, porque la hará ridícula». Pero en 1914, el mundo fue a la guerra.

"Mis guerras son absurdas porque lo es la guerra en sí" decía el humorista Gila.
 
"La guerra es una inyección colectiva de sangre en la cabeza; en otras palabras, es la reina de las cagadas", explica el periodista y antropólogo Tom Phillips en su libro "Humanos". "Pero, aparte de ser muy malas de por sí, el caos y la estrechez de miras y, en general, la majadería de los machotes en las guerras no hacen sino subrayar la innata capacidad de la humanidad para fracasar estrepitosamente de otras muchas maneras."

Y cuenta la historia de la isla de Guam, en el Pacífico, durante la guerra entre España y Estados Unidos de 1898. Guam por entonces era colonia de España, país que se olvidó por completo de informarles de que estaban en guerra.

"Cuando una pequeña flota de buques de guerra estadounidenses llegó a la isla, sospechosamente poco defendida, y disparó trece cañonazos al viejo fuerte español de Santa Cruz, la reacción de los dignatarios guameños fue acercarse en barcas de remos a los buques para agradecer a los americanos sus generosas salvas de cortesía y disculparse porque les iba a llevar un rato devolverles el gesto.

Tras unos momentos de perplejidad, los americanos explicaron que no les habían enviado saludos, que lo que intentaban, de hecho, era entablar batalla, porque estaban en guerra."

"Guam se rindió oficialmente al cabo de unos días, y ha sido territorio de Estados Unidos desde entonces."

Otra historia de batalla absurda fue la acontecida en Kiska, una isla pelada, pero de gran valor estratégico, situada en el Pacífico Norte, a medio camino entre Japón y Alaska. Los japoneses la tomaron en 1942, en la Segunda Guerra Mundial, lo que alarmó sobremanera a los estadounidenses.

"En el verano de 1943, 34.000 soldados estadounidenses y canadienses se prepararon para intentar reconquistar Kiska."
"Cuando tomaron tierra, el 15 de agosto, las tropas aliadas se encontraron Kiska envuelta en una niebla espesa y gélida. En condiciones infernales de frío helador, con viento, lluvia y cero visibilidad, avanzaron a ciegas por el terreno rocoso, paso a paso, tratando de evitar minas y otras trampas, mientras constantes fogonazos de armas de fuego de enemigos invisibles iluminaban la niebla a su alrededor. Durante veinticuatro horas, esquivaron las balas de los francotiradores y, palmo a palmo, escalaron la pendiente hacia el centro de la isla, acompañados por explosiones en sordina de los proyectiles de la artillería, el staccato del fuego de combates cercanos y gritos confusos que intentaban transmitir órdenes o rumores sobre la proximidad de las fuerzas japonesas.

No fue sino hasta el día siguiente, al contar sus bajas —veintiocho muertos, cincuenta heridos— cuando descubrieron la verdad: allí no había nadie más que ellos.


De hecho, hacía casi tres semanas que los japoneses habían abandonado la isla. Las tropas estadounidenses y las canadienses se habían estado disparando entre sí.

Esto podría haber pasado a los anales como un error desafortunado, pero comprensible, excepto por un detalle. Su equipo de vigilancia aérea había avisado a los jefes de la operación, semanas antes del desembarco, que habían dejado de ver signos de actividad japonesa en la isla, y que creían que probablemente había sido evacuada. Pero los jefes desoyeron los informes de vigilancia."

Una historia parecida cuenta de Karánsebes (en la actual Rumanía) en 1788. Las tropas austriacas estaban de retirada durante la noche y atravesaban la ciudad de Karánsebes, atentas por si aparecían los turcos persiguiéndolas.
 
"Alguien pegó un tiro al aire y algún otro empezó a gritar: «¡Los turcos, los turcos!». Los soldados de caballería se lo tomaron en serio, y, naturalmente, se lanzaron a cabalgar de un lado a otro gritando ellos también «¡los turcos, los turcos!». Con lo que todo el mundo entró en pánico y trató de huir de las quiméricas fuerzas otomanas. Entre la oscuridad y la confusión (y probablemente la borrachera), se cruzaron dos unidades de tropa, ambas confundieron a la otra con el temido enemigo y empezaron a dispararse como locos.
Para cuando todos se dieron cuenta de que en realidad no los atacaba ningún turco, buena parte de las tropas austriacas habían huido, se habían volcado carros y cañones y el grueso de sus provisiones se habían perdido o se habían echado a perder. Cuando al día siguiente apareció por fin el ejército turco, descubrieron un montón de austriacos muertos y los restos desperdigados de su campamento." 

En 1871, Alfred Nobel dijo, a propósito de su invención de la dinamita: «Tal vez mis fábricas pongan fin a las guerras antes que sus congresos: el día que dos ejércitos puedan aniquilarse mutuamente en un instante, todas las naciones civilizadas reaccionarán con horror y disolverán sus tropas». 

En 1877, Richard Gatling, inventor de la ametralladora que lleva su nombre, escribía a un amigo: «Se me ocurrió que si podía inventar una máquina —un arma de fuego— que disparara a tal velocidad que permitiera a un solo hombre rendir en combate tanto como cien, eso, en gran medida, supliría la necesidad de contar con grandes ejércitos, y, en consecuencia, se reduciría enormemente la exposición al combate y a las enfermedades»

En 1932, Albert Einstein predijo que «no existe el menor indicio de que algún día vaya a poder obtenerse [energía nuclear]».
 
En 1945, Robert Oppenheimer, el hombre que dirigía los esfuerzos por producir la bomba atómica en Los Álamos, escribió: «Si este arma no convence a los hombres de la necesidad de poner fin a la guerra, nada que salga de un laboratorio lo conseguirá jamás». 
 
El siglo XX, escribió el historiador Eric Hobsbawn: “ha sido el más sangriento en la historia conocida de la Humanidad. La cifra total de muertos provocados directa o indirectamente por las guerras se eleva a unos 187 millones de personas, un número que equivale a más del 10 por ciento de la población mundial de 1913”.
(Guerra y paz en el siglo XXI)

 "...en este complejo mundo, en el que mucha gente camina con barriles de pólvora encendiendo sus cigarrillos imprudentemente, debemos percatarnos que el enemigo somos demasiadas veces nosotros mismos. Es una situación que debería hacernos entender que debemos ser mucho mas cuidadosos de lo que hemos sido hasta ahora." Eric Wolf, antropólogo e historiador.


sábado, 14 de diciembre de 2019

Capitalismo afectivo: la imaginación para el poder.

 "Nosotros somos siempre la solución, puesto que nosotros creamos los problemas" 
Comentario satírico de los corredores de Bolsa de NY, Gran Depresión de 1929.

"Necesitamos agregar una noción de equilibrio entre el trabajo y la vida (...) pues la competencia capitalista no se limita a la mera expansión global del mercado, sino que también incluye las geografías locales de la emoción." 
  Arlie Russell Hochschild. (La mercantilización de la vida íntima).

No hay nada imposible, arriesga, emprende, innova, transforma, persigue tus sueños… 

Mindfulness, design thinking, inteligencia emocional, coaching, felicidad creativa, think tanks, empowerment, emprendizaje y autosuperación…

Parece que por fin se han escuchado los lemas de la contracultura de los años 60 o del mayo del 68. ¡Imaginación al poder! gritaban los jóvenes en La Sorbona hace unos cincuenta años, que alentaban a la creatividad, a romper los moldes, a la aventura. 

Pero, ¿y la desigualdad, el desempleo, la pérdida de garantías jurídicas y sociales…? Quizás es que no hay alternativa, quizás solo nos queda adaptarnos, surfear felices en un precario equilibrio soñando con alzarnos en las olas del cambio permanente.

“La creatividad institucional del ser humano sólo ha quedado en suspenso cuando se le ha permitido al mercado triturar el tejido humano hasta conferirle la monótona uniformidad de la superficie lunar”
escribió Polanyi.

En la superficie lunar sólo nos queda seguir esos discursos que nos aleccionan a ser emprendedores y nos exigen ser empleables (capital humano) y flexibles, tener disponibilidad permanente para el cambio de empleo continuo y con condiciones de trabajo cada vez más inestables y menos reguladas.
En este modelo post-fordista, los empleos ya no son para toda la vida. 
 
Desinstitucionalizado, flexibilizado e individualizado el uso social del trabajo, debemos esforzarnos por formarnos y reciclarnos, crear empresas propias o autoemplearnos sorteando todas las trabas burocráticas. Todos somos empresarios de nosotros mismos. En este contexto aparecen los discursos de la inteligencia emocional y afectiva (imaginación, creatividad, riesgo…) como única manera de maquillar la angustia que genera esta inestabilidad y descontrol laboral y vital. Y evolucionar, es decir, ser capaces de sacar rentabilidad a todos los proyectos laborales y vitales.

Esto no es nada nuevo, de hecho, es una vuelta atrás. Dos sociólogos franceses, Luc Boltanski y Ève Chiapello (El nuevo espíritu del capitalismo) explican que estas cualidades, (la autonomía, la espontaneidad, la movilidad, la pluricompetencia, la disponibilidad, la creatividad, la intuición visionaria, la sensibilidad…) están sacadas directamente del repertorio de Mayo de 1968. “Sin embargo, estos temas, que en los textos del movimiento de mayo de 1968 iban acompañados de una crítica del capitalismo” ahora están “puestos al servicio de las fuerzas que antes trataban de destruir”. 
“La crítica de la forma en la que el capitalismo industrial aliena la libertad es, de este modo, separada de la crítica de la alienación mercantil, de la opresión de las fuerzas impersonales del mercado”. 
“El capitalismo ha encontrado en sus críticas la manera de garantizar su supervivencia”.

“La utopía del último management es más bien una retropía, se ha inventado (o mejor, reinventado) el individualismo carismático y superviviente del pionero” nos explican, por su parte, los sociólogos Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez. “Cada vez más radicalmente a una apelación constante al riesgo, la individualización, el cálculo personal, la naturalización de la inseguridad y el darwinismo social disimulado bajo todos los lenguajes tecnológicos, políticos y psicológicos”
 
La vuelta al darwinismo social responsabiliza al individuo de su situación, ya que no sabe adaptarse en estos vaivenes constantes, del ritmo frenético de las innovaciones tecnológicas y la competencia feroz. Los más rezagados, los que son incapaces de autorealizarse al extremo, tienen las terapias como solución. «La afirmación de que una vida no autorrealizada necesita terapia es análoga a la afirmación de que alguien que no utiliza al máximo el potencial de sus músculos está enfermo, con la diferencia de que en el discurso psicológico ni siquiera está claro qué califica como un “músculo fuerte”»
Eva Illouz, socióloga (La salvación del alma moderna).
 
En un contexto carente de certidumbre alguna, expuestos a situaciones de angustia en una realidad que apenas podemos comprender y controlar, ya no vale la previsión ni la racionalidad burocrática, sino el gurú místico, seductor y carismático (del sáncrito “gurús”, maestro) que nos ayuda en un mundo en metamorfosis permanente, a hacer surfing sobre esas olas del cambio. “Es mejor ser pirata que alistarse en la marina” decía Steve Jobs.

Más que soldados fieles, nos exhortan a ser piratas y dar rienda suelta a nuestra creatividad y pensamiento intuitivo frente a las trabas de la burocracia, de la racionalidad, del control estructurado. Y sin embargo “por el más viejo principio burocrático, hasta la lucha contra la burocracia genera más burocracia” advierten
Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez, eso sí “esta vez dirigida a construir normativamente los intereses de los mercados internacionales.” Reglamentaciones, proyectos, controles, verificaciones… normas y directivas cada vez más detalladas y precisas. Tratados, controles, bloqueos normativos de fronteras (no tanto para las cosas sino para las personas) que construyen ese “desencanto al desencanto” del que hablaba el antropólogo Ernest Gellner. Es decir, un estado asocial, apolítico que crean las jaulas que ya no son de hierro (de racionalización, cálculo, eficiencia tecnológica y control), sino de goma (de coacción flexible a través de discursos emotivos y místicos…) pero mucho más competitiva e individualizada que la anterior. Vuelve el cálculo egoísta adornado con un envoltorio de felicidad, inteligencia emocional y resiliencia, y vuelve la competencia del más fuerte demonizando a las “personas tóxicas”.

Para la adhesión y el compromiso continuo al capitalismo, “se reincorpora aquello que en buena medida, puede cuestionarlo, es decir, el espectro de los afectos” escribe el filósofo Alberto Santamaría en “Los límites de lo posible”. Las emociones en sí mismas son motores de cambio político, pero sometidas a un autocontrol (inteligencia emocional), dentro de la producción y fuera del impulso político, pueden ser perfectamente productivas dentro del sistema neoliberal. “La creatividad, por ejemplo, ya no es un proceso crítico, cuestionador del sistema reglado, como en el romanticismo, sino una herramienta necesaria en la gestión y dirección de empresas”.
 
“En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.
Hoy el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. En su permisividad, incluso en su amabilidad, depone su negatividad y se ofrece como libertad.
La psicopolítica neoliberal está dominada por la positividad. En lugar de operar con amenazas, opera con estímulos positivos. No emplea la ‘medicina amarga’, sino el "me gusta". Lisonjea el alma en lugar de sacudirla y paralizarla mediante shocks. La seduce en lugar de oponerse a ella. Le toma la delantera. Con mucha atención toma nota de los anhelos, las necesidades y los deseos (…). La psicopolítica neoliberal es una política inteligente que busca agradar en lugar de someter.”

Byung-Chul Han (Psicopolítica,
neoliberalismo y nuevas técnicas de poder).






Fuentes:
Arlie Russell Hochschild. "La mercantilización de la vida íntima."
Luc Boltanski y Ève Chiapello. "El nuevo espíritu del capitalismo."
Luis Enrique Alonso y Carlos J. Fernández Rodríguez. "Poder y sacrificio."
Eva Illouz, socióloga. "La salvación del alma moderna."
Alberto Santamaría. "Los límites de lo posible."
Byung-Chul Han. "Psicopolítica, neoliberalismo y nuevas técnicas de poder." 
Marina González Guerreiro, artista, ilustración de la portada.