domingo, 13 de junio de 2021
La economía del Regalo y del Wendigo: ciencia, sabiduría indígena y plantas.
miércoles, 19 de mayo de 2021
El Chamán de Papúa, Elon Musk, Marte y el Aceite de palma.
Sophie Chao, antropóloga.
Escuchamos Papúa y a nuestro imaginario acude el misterioso y temible chamán con sus tocados de plumas de ave del paraíso y sus faldas de paja, invocando a la lluvia, viajando en trance a las estrellas y hablando con los ancestros. Pero los rituales y poderes sobrenaturales de las corporaciones son mucho mayores.
Para las comunidades indígenas que viven en Papua Occidental, Indonesia, hacerse humano (anim), la humanidad, implica la convivencia corporal con personas humanas y no humanas, geológicas y meteorológicas. Los monocultivos del aceite de palma en Merauke también afecta profundamente su humanidad, su mundo y sus relaciones, pero no son relaciones deseadas, beneficiosas o recíprocas: bosques incendiados y cursos de los ríos desviados, cientos de peces flotando, pesticidas, lodo... Y por si esto fuera poco, una sequía extrema.
La antropóloga Sophie Chao, que estuvo haciendo allí trabajo de campo, cuenta que entre 2013 y 2018, la gente Marind-Anim se reunía todas las mañanas al amanecer para recitar encantamientos con la esperanza de convocar a la lluvia. Sin éxito.
Indonesia visitaron la aldea y se ofrecieron a realizar un ritual para hacer llover. La mayoría de los aldeanos asumieron que la propuesta era una artimaña. Esta corporación había instado repetidamente a los aldeanos a ceder sus tierras para un proyecto de palma aceitera, y los empresarios estaban cada vez más desesperados por comenzar el desarrollo o arriesgarse a perder su permiso.
Muchos miembros de la comunidad dijeron que la ceremonia sería falsa y, por lo tanto, condenada al fracaso."
"A medida que se desarrollaba la ceremonia, Pius, un anciano conocido por su extenso conocimiento del mito y el ritual Marind, de repente me agarró del hombro. Señaló con asombro el horizonte, donde se estaban acumulando densos racimos de nubes oscuras. Los truenos reverberaron entre los rituales de los tambores y los cánticos y pisadas de los bailarines. En el apogeo de la danza de la lluvia final, las nubes estallaron sobre el pueblo, liberando una fuerte caída de lluvia que duró más de dos semanas."
"Algunos sugirieron que la compañía había verificado el pronóstico y cronometrado el evento para que coincidiera con las precipitaciones previstas. Otros sospechaban que sus compañeros de la aldea divulgaban hechizos tradicionales a la empresa a cambio de dinero y alcohol. Algunos decían que era casualidad o suerte.
Para la gran mayoría de mis interlocutores, sin embargo, el éxito del ritual confirmaron los rumores generalizados de que las empresas extranjeras en realidad son poderosas y letales hechiceras. Y dada la capacidad de las corporaciones para transformar los entornos naturales y las sociedades humanas en todo el mundo, es una perspectiva que vale la pena considerar."
Los hechiceros o brujos, para estas comunidades, son los que se confabulan con las fuerzas del mal que acechan en los bosques para promover sus intereses personales y ganancias materiales. "Gerónimo, un joven Marind, habló de las corporaciones que drenan la carne y los fluidos de los Marind y sus parientes vegetales y animales, transformando bosques diversos en plantaciones homogéneas y desviando cursos de agua para riego", y además, se replican de manera peligrosa en diversas zonas. "Como dijo Serafina, madre de cuatro hijos de Merauke: La brujería es como la palma de aceite. No sabemos de dónde viene ni cómo evitar que se propague. En ambos casos, no podemos escapar de la destrucción y el sufrimiento".
Quizás haya que tomarse realmente en serio la idea de que el capitalismo moderno es una especie de magia. Es una fuerza poderosa que puede sembrar conflictos entre comunidades, alterar profundamente los paisajes e incluso provocar lluvias, huracanes y sequías a través del calentamiento global. Pero el problema también radica en el mensaje que continuamente envían estas corporaciones a los habitantes. Ellos sí pueden lograr que la lluvia venga. La comunidad, sin embargo, no lo lograba durante todos aquellos años. Sus rituales eran fallidos, y su sentimiento de impotencia ante tales poderes crecía de manera desorbitante. Además, a esto hay que añadir que el gobierno de Indonesia niega a los ciudadanos de Papúa Occidental su derecho a la autodeterminación política y cultural, donde los colonos ahora representan más del 60% de la población.
El resultado fue que los Marind decidieron abolir los rituales por miedo a que las corporaciones los manipularan, y muchos decidieron además, entregarles sus tierras.
La cooptación también se llevó a cabo a través de otras costumbres (adat), a
través del sentimiento de la deuda, la importancia de la reciprocidad y el intercambio. Fueron plenamente conocedores de que en estas culturas, si alguien te da un regalo no puedes rechazarlo y debes corresponder.
En Boven Digoel, además de la ceremonia de sacrificios de cerdos, repartieron montones de dinero en efectivo entregando sobres a cada clan con una gran cantidad de dinero. De forma bastante arbitraria y usando el término "tali asih" para describir el pago. Los habitantes no sabían si ese dinero era una muestra de buena voluntad, un regalo, o existía una expectativa de retorno. "El "pintu uang ketuk", literalmente significa el dinero que traes cuando llamas a la puerta, por lo que sugiere una invitación a una relación social. Pero en su mayor parte, las personas se vieron en una situación en la que sentían que debían corresponder. La única forma que sabían, lo único que parecía interesar a las empresas, era la tierra." explica la antropóloga.
"Por supuesto, existe el escenario predominante de acosar a las personas con alcohol, llevarlas a la ciudad, prostituirse, etc. Hubo varios casos en los que los hombres de las aldeas donde trabajaba habían bebido alcohol y se habían acostado con prostitutas. Y todo había sido filmado, y luego estas imágenes se utilizaron como chantaje. Existen esos tipos de estrategias más inmediatas."
"Según tengo entendido, la tierra puede revertirse a los propietarios originales una vez que expire el HGU [permiso de plantación de 35 años], pero solo mientras sigan practicando su estilo de vida habitual, practicando el hukum adat, o la tenencia de la tierra consuetudinaria. Primitivismo forzado controlado. Pero tampoco hay forma de que estas personas sigan practicando los derechos consuetudinarios de tenencia y subsistencia de la tierra si su tierra se ha convertido en monocultivos."
"Es el relieve del bosque, los marcadores naturales particulares (los árboles, las arboledas de sagú) que en realidad actúan como marcadores de los límites terrestres entre los territorios de los clanes. Entonces, si el bosque se ha ido, significa que en realidad no hay más puntos de referencia para identificar a quién pertenece la tierra en estos paisajes arrasados. Ahora es bastante complejo tratar de identificar qué tierra pertenece a quién."
"Entonces, una vez que expira la HGU, la posibilidad de que vuelva a las comunidades es muy, muy baja. Hay una paradoja inherente en esa demanda de las comunidades para sostener de alguna manera una forma de vida tradicional en medio de estos paisajes tecnocapitalistas. Por lo tanto, es muy poco probable que la tierra una vez cedida regrese a ellos."
También hay corporaciones que van más allá, y las tierras de este planeta no les son suficientes. Planean expediciones a Marte. En diciembre de 2020, el gobierno indonesio ofreció a Elon Musk (aunque hay algunos medios locales que lo niegan) la isla papú de Biak, hogar de unos 100.000 habitantes, como un posible lugar de lanzamiento para la expedición con destino a SpaceX Marte. Musk planea lanzar 12.000 satélites para 2026 para proporcionar Internet de alta velocidad a bajo precio a través del servicio de Internet Starlink. La isla se encuentra dentro de una región rica en recursos naturales que incluyen cobre y níquel. Estos metales son esenciales para la producción de cohetes y baterías de largo alcance para vehículos eléctricos como Tesla (otra empresa de Elon Musk). Biak también se encuentra un grado al sur del ecuador, lo que significa que se necesitará menos combustible para que una nave espacial alcance la órbita. Pero sus habitantes dependen de la pesca, la caza y la horticultura para su subsistencia diaria, por lo que la tierra y el medio ambiente representan una parte integral de la riqueza de sus culturas locales.
La antropóloga escribe que los diferentes clanes comparten ascendencia con diferentes plantas, especies y lugares con el paisaje, y son responsables de su salud y bienestar. El medio ambiente también es una fuente de conocimientos tradicionales, historias transmitidas entre generaciones, mitologías sagradas y sistemas de creencias animistas. Dañar el medio ambiente, entonces, también significa dañar el sentido de identidad cultural, pertenencia y orgullo de los habitantes locales.
"Como me informó un habitante de Biak: “Si el proyecto sigue adelante, la gente solo conocerá a Biak por sus cohetes y sus sueños espaciales. La gente no conocerá a Biak por su gente y su sufrimiento. La gente seguirá ignorando los sueños de justicia y libertad de los pueblos de Papúa ”." Chao cuenta además que "hace poco más de una década, más de un centenar de civiles en Biak fueron torturados, violados, asesinados y arrojados al mar por las fuerzas militares y de seguridad de Indonesia después de intentar izar la bandera de la Estrella de la Mañana de Papúa Occidental, un delito punible con hasta 15 años de cárcel bajo la ley de Indonesia. La justicia sigue sin cumplirse para las víctimas de un hecho que ha sido descrito por organizaciones de derechos humanos como una de las peores masacres en la historia de Indonesia posterior a Suharto, pero del que el gobierno niega su responsabilidad."
Elon Musk dijo: “Quieres despertarte por la mañana y pensar que el futuro será grandioso, y de eso se trata ser una civilización espacial. Se trata de creer en el futuro y pensar que el futuro será mejor que el pasado. Y no puedo pensar en nada más emocionante que salir y estar entre las estrellas".
"Como explicó el anciano de la tribu, “Nuestra forma de vida puede ser simple, pero ha existido desde tiempos inmemoriales. Cazamos, recolectamos y pescamos. Valoramos y protegemos la tierra y el bosque. Para mí, esto es sostenibilidad. No en el espacio. No en Marte. Aquí mismo, en tierra de Papúa (tanah Papua)".
martes, 20 de abril de 2021
Un paraíso en el infierno: las comunidades del desastre.
Rebecca Solnit, "Un paraíso en el infierno".
Ellen Meyers, fundadora de la Teachers Network, estaba saliendo del metro en Canal Street cuando vio cómo se estrellaba el primer avión. Fue una de las primeras personas en dirigirse al sur cuando miles de personas corrían hacia el norte, pues su madre, de ochenta años, vivía allí. Al encontrarse con un viejo amigo, Jim, decidieron continuar juntos. Encontraron a la madre y se metieron en el cuarto de las lavadoras con cincuenta personas más al escuchar el derrumbamiento de la segunda torre.
Meyers se acuerda que la madre dijo: "Puede que ahora tengamos vistas al río".No pude contener la risa. Y entonces Jim dice: "No llevo veinte años con VIH para morirme ahora", y ya no pude parar. Él se reía también. Estábamos riéndonos histéricamente y lo único que podía pensar era: "No hay otras dos personas en el mundo con las que preferiera estar ahora mismo". Todos sobrevivieron, y en cuanto llegaron al puerto, regresaron para echar una mano a los demás.
tormenta, el aire queda limpio de las partículas de materia que enturbiaban la vista. Es entonces cuando alcanzamos a ver más lejos y con mayor claridad", escribe Solnit. Tal vez conozcamos la libertad, no la que ondean los conservadores para afianzar y acrecentar su beneficio personal sin límites, sino la libertad para buscar alternativas al status quo, personal y político. "Creo que la oleada neoliberal de nuestra época comenzó por privatizarnos las emociones, arrebatándonos lazos sociales y la noción de un destino común", escribe Solnit.
martes, 9 de marzo de 2021
La economía de la Atención: mercaderes del Tiempo.
"El que lo obtiene todo, o lo recibe de inmediato, pierde la dicha de su disfrute. Kairós, el instante feliz, presupone siempre la espera:
ese tiempo que en ocasiones es tormento,
que a veces perdemos, beatíficos,
y que siempre es un regalo."
Andre Köhler, "El tiempo regalado".
9 segundos, dicen que es el tiempo de atención de los humanos hiperconectados. De 9 segundos es nuestra capacidad antes de pasar a otra cosa, a conectar el modo automático, a darle a avanzar, a mirar el móvil, a hacer zapping, scrolling, linking. Hasta emerger y asombrarnos de la velocidad del tiempo. Los ingenieros de Google han calculado que el máximo tiempo de concentración de una pez condenado a dar continuas vueltas en su pecera es de ocho segundos, solo uno menos que nosotros.
La hiperconexión es el producto estrella de la llamada "Economía de la atención", que monetiza la atención humana. La atención es un bien escaso, no se puede acumular y ahorrar como el dinero, pero el dinero y la atención tienen en común que gastarlo en una cosa excluye gastarlo en otra. En el caso de la atención, para poder asimilar, procesar y actuar eficazmente sobre una información, debemos centrarnos en ella.
Así, el tiempo se convierte en un factor decisivo cuando realmente solo se puede prestar atención a una cosa a la vez. Pero el tiempo también es fijo y limitado. Cuando la atención se ve como un recurso escaso, crea la base para estudiar la era de la información como una economía de la atención.
Ya en 1971, durante un foro titulado “Diseñando Organizaciones para un Mundo Rico en Información”, el Premio Nobel de Economía Herbert Simon dijo proféticamente: “En
un mundo rico en información, la riqueza de ésta significa la escasez
de algo más: la escasez de lo que sea que consuma la información. Lo que
consume la información es bastante obvio: consume la atención de sus
receptores. Por lo tanto, la riqueza en información genera pobreza de
atención y la necesidad de asignar esa atención eficientemente entre las
abundantes fuentes de información que pueden consumirla".
Son múltiples las estrategias para crear el enganche, la captación. La economía de la atención apuesta por "la sorpresa, la risa, la ira, las creencias, las emociones, la indignación, la exageración, asociar al mensaje una «prima de viralidad» que le garantizará los reenvíos, a veces antes de ser leído, y le permitirá sobrenadar en un torrente de signos. ¿Cómo extrañarse de que la verosimilitud ocupe el lugar de la verdad, y el reflejo, el de la reflexión?" se lamenta Bruno Patino en "La civilización de la memoria de pez".
Dejamos de percibir el mundo para percibir noticias sobre él y, además, la atención se orienta hacia la noticia más chillona, indignante, espeluznante y escandalosa, los instintos más bajos de la audiencia. Son relatos digitales que no se preocupan por la exactitud, sino del impacto. ¡Zasca!
Y es que, explica Patino, "la herramienta exclusiva era la capacidad de conocer la identidad y el comportamiento de los individuos gracias a sus datos de uso. Nos referimos al "service for data", servicio a cambio de datos: quiénes somos, qué hacemos, qué nos gusta, algo que Google descubrió enseguida y Facebook explotó rápidamente." El algoritmo hizo el resto con la explotación de esos miles de millones de datos recogidos, para la publicidad dirigida y aumentar así la utilización de esos mismos servicios.
En 1985, Neil Postman (Amusing Ourselves to Death) explicaba que nos acercamos cada vez más al relato de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, una civilización seducida, esclavizada y sonámbula por el placer. En esta distopía «ya no es necesario prohibir ningún libro, pues nadie quiere leer».
"No tengo tiempo", pensarás. Y ésa es la otra historia.
"El ser-ahí que cuenta, calcula y mide el tiempo, que vive con el reloj en la mano, ese ser-ahí proclama: no tengo tiempo." Martín Heidegger.
En la historia del capitalismo, el tiempo es dinero, y la velocidad voluntad de poder. Su historia es una sucesión permanente de innovaciones técnicas y tecnológicas para acelerar la velocidad de los tiempos de producción o de circulación, y conseguir así mayor plusvalía. Cuanto menor sea el tiempo en que se complete el ciclo del capital (dinero-mercancía-más dinero), mayor será la ganancia. La mecanización del trabajo abrió el camino a la aceleración sin fin, y el libre flujo de mercancías (la desregularización de los mercados) también generó la compresión del espacio (la cual, en última instancia, significa una compresión del tiempo).
Producir y consumir más rápidamente, a mayor velocidad, es el objetivo.
Nada más adquirir un producto, desear y comprar el próximo. John Kenneth Galbraith las llamó «aceleradores artificiales». La publicidad es el arte de la seducción, y logra que nos tomemos los productos como un sistema de comunicación para expresar identidades, reconocimiento, afinidades, emociones... Un ejemplo: tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, en quince días se sustituyó el tema ecuestre de las tiendas Zara de Estados Unidos por ropa negra adecuada para el luto colectivo.
El problema es que los seres humanos somos archisociables, y nuestra comunicación no tiene fin.
Pero hay otras maneras para empujarnos al consumo: la obsolescencia programada o planificación deliberada de la reducción del ciclo de vida útil de una mercancía. O la novedosa perpetua actualización, para que los productos se vuelvan obsoletos y no operativos.
El "carpe diem" que reina en la actualidad induce a consumir experiencias: aventuras, espectáculos, tours, series... Son la mercancía ideal porque son transitorios, episódicos: pasan y se esfuman. Y algunos de ellos pueden volverse interminables.
Ya en 1900, el sociólogo y filósofo social Georg Simmel advirtió en "Filosofía del dinero":
"La ausencia de algo definitivo en el centro de la vida empuja a buscar satisfacción momentánea en excitaciones, satisfacciones en actividades continuamente nuevas, lo que nos induce a una falta de quietud y de tranquilidad que se puede manifestar como el tumulto de la gran ciudad, como la manía de los viajes, como la lucha despiadada contra la competencia, como la falta específica de fidelidad moderna en las esferas del gusto, los estilos, los estados de espíritu y las relaciones"
"Semiocapitalismo", lo llama Franco Berardi: "ya no existen cosas materiales, sino signos; ya no hay producción de cosas como materiales visibles y tangibles, sino producción de algo que es esencialmente semiótico": un sistema de intercambio de signos. La producción de valor no está en "la intervención generativa de la materia física y el trabajo muscular", sino en el intercambio de signos. Y puede realizarse en milisegundos, como en los intercambios financieros a través de múltiples computadoras.
La política también se vuelve cortoplacista, se moldea a los eventos cotidianos, a la coyuntura y sus líderes son individuos carismáticos que prometen eficacia y velocidad. El más rápido es el más poderoso, y cuanto más poder se tiene, más rápido se puede ser.
Las galerías de arte en Nueva York tienen como norma incuestionable que el timbre del teléfono de la recepción no puede sonar más de dos veces y que los correos electrónicos deben ser contestados en menos de doce horas. El trabajador debe tener siempre disponibilidad completa, ser flexible y dinámico.
"Yo no estoy en el negocio, yo soy el negocio", le responde a Deckard la replicante Rachel en la película Blade Runner. "Negocio" deriva de las palabras latinas nec y otium, es decir, lo que no es ocio. Ocio se identifica con "scholé", escuela, algo así como cultivar el espíritu. La productividad se ha adueñado también de nuestro tiempo de ocio. "Nos intimida la expectativa de que debemos ser realmente expertos en lo que hacemos en nuestro tiempo libre. Nuestros hobbies, si es que los podemos seguir llamando así, se han vuelto demasiado serios", escribe Wu.
El tiempo se ha convertido así en un bien escaso, el recurso más demandado sobre el que se construye el conjunto del crecimiento económico actual.
Con el consumidor digital, "captar el tiempo de los usuarios conectados proponiéndoles ganar tiempo constituye la paradoja insoluble de la economía de la atención. Es un círculo vicioso e infinito, en el que el humano consume cada vez más tiempo para producir cada vez más tiempo. Este proceso de producción lleva aparejado un mecanismo de desposesión, ya que de paso se construye un vínculo de dependencia respecto a la herramienta digital que conquista, transforma y produce el tiempo", explica Luciano Concheiro (Contra el tiempo: Filosofía práctica del instante).
El reloj determina cuánto tiempo tenemos (o mejor dicho, no tenemos), y la gran ciudad nos perturba con un tiempo discontinuo que nada tiene que ver con los ritmos naturales. Pero los seres humanos todavía conservamos la lentitud en nuestros adentros, en nuestros sentimientos, en nuestra percepción.
Hay un tiempo del aburrimiento por falta de afanes: "nada es igual de lento que las cojas jornadas, cuando bajo pesados copos de años nevosos, el hastío, ese fruto de falta de afanes, toma las proporciones de inmortalidad" se lamenta Baudelaire en "Las flores del mal".
Pero hay otro tiempo que no se tiene, se es. El tiempo interior afanado.
Hannah Arendt lo describe así:
"Una región intemporal, una presencia eterna en completo silencio, más allá de los relojes y los calendarios humanos (...) el silencio del ahora en la existencia del ser humano, sometida a la presión y al zarandeo del tiempo. (...) Este pequeño espacio atemporal en el mismísimo núcleo del tiempo"
Kairós era el dios griego, dios del momento oportuno, en el que pueden surgir lo nuevo, transformaciones, cambios, ideas (derivada del griego "eido", que significa "yo vi"). En él, el ser humano deja de percibir el tiempo como un transcurso cronológico de los acontecimientos (Cronos), y lo vive como el "instante eterno". Kairós "hace nudos en el tiempo lineal del reloj" (Charles Taylor en La era secular), y nos muestra la balanza, creando instantes o epifanías en los que desaparece la noción del tiempo, y nos invita a relajarnos, a concentrárnos. Todo está en su sitio en ordenada armonía, como los ritmos naturales.
“Somos criaturas del tiempo de pies a cabeza” nos intima el neurólogo Oliver Sacks. En la cabeza, la percepción del tiempo reside en el núcleo estriado, una región que está en lo más profundo del cerebro, y funciona gracias a la conectividad. Entrenamos a las neuronas que son las encargadas de comparar la duración de unos acontecimientos con otros, gracias a que en la superficie hay otras neuronas que son como metrómonos, mandando señales eléctricas cada pocos segundos de manera continua. Inconscientemente, nosotros somos los que entrenamos todo este mecanismo, y la gestión controlada de nuestra atención es nuestra herramienta más útil. Y no es baladí: cada segundo, nuestros sentidos transmiten aproximadamente 11 millones de bits de información a nuestros cerebros. Ríete del 5G.
"Las formas más elevadas de pensamiento (la contemplación, la reflexión, la introspección, incluso la respiración profunda( requieren que prestemos atención, que eliminemos las distracciones y las interrupciones. Sin embargo, la tecnología de internet hace exactamente lo opuesto: nos interrumpe y nos distrae constantemente", explica Nicolas Barr, autor de "Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?"
Como consecuencia, según el sociólogo Hartmut Rosa, no hay manera de poder controlar los repentinos procesos de cambio de nuestra vida, y la vida "se convierte en el espacio estático de una fatalista inmovilidad".
¿Y qué problema hay con eso?, nos pregunta Tim Wu, y escribe:
"Fue William James, la fuente del pragmatismo estadounidense, quien, habiendo vivido y muerto antes del florecimiento de la industria de la atención, sostuvo que nuestra experiencia de vida en última instancia equivaldría a todo aquello a lo que habíamos prestado atención. Entonces, está en juego algo parecido a cómo se vive la vida. Eso, al menos, debería obligar a un mayor escrutinio de las innumerables negociaciones a las que nos sometemos habitualmente y, lo que es más importante, nos debe llevar a considerar la necesidad, en ocasiones, de no negociar en absoluto.
Si deseamos un futuro que evite la esclavitud del estado propagandístico, así como la narcosis del consumidor y la cultura de las celebridades, primero debemos reconocer el valor de nuestra atención y decidir no deshacernos de ella de manera tan barata o irreflexiva como a menudo lo hemos hecho. Y luego debemos actuar, individual y colectivamente, para manejar nuestra atención nuevamente, y así reclamar la propiedad de la experiencia misma de vivir”.
Los peces no tienen una memoria de 8 segundos. De hecho, científicos demuestran que pueden recordar el lugar en el que fueron alimentados hasta doce días después.
Los peces de colores, de mayor tamaño en estado salvaje, han nacido para vivir en grupo, y así pueden llegar hasta los veinte y treinta años.
Se trata de la pecera.
Fuentes:
Bruno Patino en "La civilización de la memoria de pez".
Tim Wu (Mercaderes de la atención).
Luciano Concheiro (Contra el tiempo: Filosofía práctica del instante)
https://www.bbc.com/mundo/noticias-55856164
miércoles, 10 de febrero de 2021
La red de la vida: naturaleza es lo que queda.
Pensar el planeta como tapiz o como red no es algo nuevo. Ya en 1845, Alexander von Humboldt describió el mundo natural como un "tejido enredado en forma de red". En el libro Cosmos, se refería a una “maravillosa red de vida orgánica”. Pero ni de lejos se imaginaría los agujeros...
En el año 2020, la antropo-masa superó a la bio-masa. Los productos e
infraestructuras de origen humano (sin contar con sus desechos) ha superado la biomasa total del planeta. Es el análisis de un grupo de investigadores del Instituto Weizmann, Israel. Hay más cosas hechas por el ser humano que naturaleza misma. Objetos producidos por el ser humano, principalmente hormigón, sus agregados (arena, grava...), ladrillos, asfalto, metales y "otros materiales" como plástico, madera tratada, papel y vidrio… suman más que árboles, mares y montañas. Y eso que el hormigón armado apenas tiene un siglo de recorrido. Desde 2010, más de la mitad de la población mundial comenzamos a vivir en ciudades, y aumentan en 65 millones al año.
Los 7,700 millones de seres humanos suponen el 0.01% de toda la biomasa. Pero sus creaciones ya rebasan 1.1 billones de toneladas (teratonelada, Tt). En cuanto a la bio-masa, la inmensa mayoría (90%) de la materia viva es verde, seguido de bacterias, hongos, arqueas y protistas. El resto de los animales, cultivos y ganado criado para la alimentación es apenas un 10%.
Esto ha ocurrido hace tan solo 120 años, desde la primera revolución agrícola. A principios del siglo xx la antropo-masa era solo de un 3%.
"Es necesario hacer frente a un problema que es, literalmente, de dimensión, de escala, de habitabilidad: el planeta es demasiado estrecho y limitado para el globo de la globalización, y demasiado grande, activo y complejo para ser contenido dentro de las fronteras estrechas y limitadas de cualquier localidad. Así, estamos rebasados por partida doble: por algo demasiado grande y por algo demasiado pequeño. Y así, nadie tiene respuesta a la pregunta de cómo encontrar un suelo habitable." escribe el filósofo, sociólogo y antropólogo Bruno Latour en su libro "Dónde aterrizar". Y describe lo terrestre como un suelo estable, donde arraigarse pero sin perder de vista la mundialización.
El caso es que el subsuelo siempre ha tenido un papel indispensable para el ser humano. Desde siempre, se ha sabido que para detener las enfermedades que propagaban los cadáveres humanos y los cuerpos muertos de los animales no había más que enterrarlos, sin saber que eran los antibióticos los que tenían esa facultad. Selman Waksman fue quien acuñó la palabra antibiótico en los años treinta, y quien descubrió la estreptomicina producida por la bacteria Streptomyces griseus. Los antibióticos se han inventado en el subsuelo.
En la anterior entrada compartí el dato del biólogo David W. Wolfe: "En un puñado de tierra puede que haya más microorganismos que seres humanos en el planeta, y entre cinco y diez mil que están aún por descubrir". Aún hay más en las redes de la tierra. Se sabe que los hongos se entrelazan entre las células de las plantas en un brocado íntimo, suministran a las plantas nutrientes cruciales y las defienden de las enfermedades.
Las redes fúngicas y los micelios (los filamentos vegetativos de los hongos) que serpentean por todo los ecosistemas del planeta son, en el tapiz, esas vetas vivas por la cuales gran parte de la vida está cosida en relación. El suelo sería rápidamente desparramado por la lluvia si no fuera por la densa malla de tejido fúngico que lo mantiene unido. Uno de los mayores organismos conocidos es una red de micelios en Michigan que se extiende a lo largo de 75 hectáreas.
Los hongos simbióticos son como internet del subsuelo, la “wood-wide web” que vinculan a las plantas en redes compartidas.
"Si se separara el micelio que se encuentra en una cucharilla de suelo sano y se colocara de punta a punta, podría extenderse entre 100 metros y 10 km", explica el biólogo Merlín Sheldrake.
Lo propio ocurre con los álamos temblones. Dicen que el organismo más grande sobre la Tierra puede ser una arboleda de álamos temblones, compuesta por miles de árboles, repartidos en más de un centenar de acres en el bosque de Fishlake, en Utah. Y se trata de un organismo, porque crecen como erupciones clonales de un solo rizoma que hay en el subsuelo, interconectados. Por eso, comparten el mismo genoma: la arboleda es un individuo. Se le conoce como Pando, "el bosque de un solo árbol" y su nombre en latín significa "Yo me esparzo". Este álamo temblón individual pesa unas seis mil toneladas y tiene unos ochenta mil años.
La palabra humano viene del latín humanus, compuesta por humus (tierra) y el
sufijo -anus que indica pertenencia. Los científicos han reconocido que el genoma humano también es un tapiz, un caleidoscopio, un mosaico.
Nuestro genoma contiene entre un 1 y un 3 por ciento de ADN neandertal, especialmente el de los pueblos no africanos.
Y no solo. Hubo entre los antepasados de los homínidos y los antepasados de los chimpancés apareamientos e hibridaciones, y estos cruzamientos dejaron genuinos genes de chimpancé.
También hay ADN vírico: los retrovirus endógenos constituyan el 8% del genoma humano, incluido el gen sincitina-2, procedente de un retrovirus y reutilizado para posibilitar la gestación humana. Los mamíferos tenemos placenta por una antigua infección de retrovirus, y gracias a ellos pudimos "anular" al sistema inmunitario para que no ataque a ese ser externo, el feto, y ayudarle en su desarrrollo.
Además, cada uno de nosotros contiene unos cientos de billones de células bacterianas, como algo necesario para la salud, la digestión... De hecho, en el interior de cada una de nuestras células humanas, residen bacterias capturadas y, desde hace mucho tiempo, transformadas en mitocondrias, sin las cuales no podríamos existir.
Lynn Margulis le dijo a un redactor de la revista Discover: "los biólogos evolutivos creen que el patrón evolutivo es un árbol. No es así. El patrón evolutivo es una red; las ramas se fusionan, como en el caso de la unión de las algas y las babosas." Se refería a las babosas de mar de la especie Elysia viridis, que se alimentan de algas verdes durante el desarrollo y, luego, en lugar de digerirlas completamente, retienen los cloroplastos en el interior de sus propias células. Estos permiten a las babosas realizar la fotosíntesis, igual que las plantas, y obtener energía de la luz solar en las aguas poco profundas en las que habitan. De adultas son auténticos híbridos de planta y animal. Una de ellas, se autodecapita cuando su cuerpo está en peligro (por depredación o por amenaza de parásitos). Su cabeza engulle algas durante días por la obtención de energía de la luz solar de los cloroplastos, y así reproduce un nuevo cuerpo. No es la única, también hace la fotosíntesis la babosa Costasiella kuroshimae, parecida a una oveja de mar.
Y lo mismo esa cosa tan extraña conocida como moho mucilaginoso. Puede no tener ojos ni cerebro, pero es capaz de llegar al alimento a traves de un laberinto. Cuando el alimento escasea, las amebas cooperan para formar una especie de babosa y desplazarse hacia un mejor hábitat. Levantan un tallo sobre el que se asienta un cuerpo semejante a un fruto y, cuando este se abre, dispersa esporas, que si aterrizan en bacterias, se forman nuevas amebas individuales.
La hipótesis de Gaia desarrollada por el químico inglés James Lovelock, concibe el planeta Tierra como un sistema automantenido que regula su propia bioquímica. No se trata de dar vida a la tierra como un organismo vivo, sino comprender que los seres vivientes son participantes activos, con capacidad de actuar en la evolución de los fenómenos terrestres.
"Los humanos siempre han modificado su medio ambiente, pero ese término solo designaba su entorno, lo que les rodeaba. Hoy el escenario, los bastidores, el proscenio, el edificio entero se ha subido a las tablas y les disputa a los actores el papel principal." escribe Bruno Latour.
Al fin y al cabo, nuestro mundo sensorial natural es lamentablemente pequeño. En entomólogo y biólogo Edward O. Wilson explica en "La conquista social de la tierra":
"Nuestra visión se halla limitada a un minúsculo segmento del espectro electromagnético (...). Inmediatamente despues del azul en la frecuencia se encuentra el ultravioleta, que los insectos pueden ver pero nosotros no.
De las frecuencias sonoras que nos rodean solo oímos unas pocas. Los murciélagos se orientan mediante los ecos de los ultrasonidos, a una frecuencia que es demasiado elevada para nuestros oídos, y los elefantes se comunican mediante gruñidos a frecuencias demasiado bajas.
Los peces mormínidos tropicales emplean pulsos eléctricos para orientarse y comunicarse en aguas lobregas y opacas (...) Asimismo, sin que lo notemos, existe el campo magnético de la Tierra, que algunas aves migratorias emplean para su orientación. Tampoco podemos ver la polarización de la luz solar del cielo que las abejas melíferas emplean en los días nublados para guiarse desde sus colmenas a los campos de flores, y a la vuelta.
Sin embargo, nuestra mayor debilidad son nuestros sentidos lamentablemente reducidos del gusto y el tacto. Alrededor del 99% de todas las especies vivas, desde los microorganismos a los animales, se basan en sentidos químicos para encontrar su camino a traves del ambiente. También han perfeccionado su capacidad de comunicarse entre sí con sustancias químicas especiales denominadas feromonas. En contraste, los seres humanos, junto con los monos, los simios y las aves, se cuentan entre los pocos seres vivos que son ante todo audiovisuales, y en consecuencia deficientes en el gusto y el olfato. Comparados con las serpientes de cascabel y los sabuesos, somos idiotas.(...)
Nos vemos obligados a movernos tropezando a traves de nuestra vida puesta continua y químicamente en tela de juicio por una biosfera quimiosensorial, basándonos en el sonido y la visión, que evolucionaron primariamente para la vida en los árboles."
El nativo oglala lakota sioux, Luther Standing Bear describió como "civilización" y
"desarrollo" la aceptación del parentesco de todas las criaturas, "y cuando el hombre nativo dejó esta forma de desarrollo, su humanización se retrasó en el crecimiento”
“Su corazón está lleno de olvido” dijo en una entrevista Davi Kopenawa, yanomami. En el momento de explicar a su comunidad nuestro concepto de ‘naturaleza’, la describió como: “Naturaleza es lo que queda”.
Hubo un tiempo en el que nuestra idea de naturaleza no era vista así, como un fenómeno para conocer y manipular desde el exterior. Naturaleza suponía "toda una gama de movimientos: génesis, nacimiento, crecimiento, vida, muerte, corrupción, metamorfosis (...) De hecho, ese es el sentido etimológico de la natura latina o de la phusis griega, vocablos traducidos por las palabras "procedencia", "engendramiento", "proceso", "curso de las cosas", explica Latour.
Los yanomami llaman al planeta Hutomosi, palabra que significa “lo que queda arriba de nosotros"; y a las epidemias, "xawara". Xawara es un espíritu malo que transmite enfermedades, y significa “caníbal” en portugués. "No hay cura, no hay medicina. Sólo podría haber una cura, si hubiese un cambio, algo así como lavar una olla", nos invita Kopenawa.
Carl Woese, el microbiólogo que descubrió las arqueas, dejó esta frase en uno de sus últimos escritos, en el 2004:
"La sociedad moderna sabe que necesita con desesperación aprender a vivir en armonía con la biosfera. Hoy, más que nunca, nos es necesaria una ciencia de la biología que nos ayude a vivir de ese modo, que nos muestre el camino."
Fuentes:
Carl Woese, "Una nueva biología para un nuevo siglo".
David Quammen, "El árbol enmarañado: Una nueva y radical historia de la vida".
Bruno Latour, "Dónde aterrizar".
Luther Standing Bear, "Land of the Spotted Eagle"
David W. Wolfe, "El subsuelo"
https://erria.eus/es/elkarrizketak/lo-revolucionario-no-es-tanto-hacer-sino-imaginar
https://vanguardia.com.mx/davikopenawalacriticadeunchamanalcapitalismo-1125440.html
https://www.climaterra.org/post/por-qu%C3%A9-el-mundo-oculto-de-los-hongos-es-esencial-para-la-vida-en-la-tierra
https://anthropomass.org/




































