domingo, 13 de junio de 2021

La economía del Regalo y del Wendigo: ciencia, sabiduría indígena y plantas.

Le'Ana Asher

"Nosotros troceamos la realidad que nos rodea, y la convertimos en objetos aislados. Pero la realidad no está hecha de objetos, es un flujo que varía constantemente. En esta variabilidad marcamos límites que nos permiten hablar de la realidad." Carlo Rovelli, físico teórico.


"Las sociedades capitalistas modernas, por muchos bienes de que dispongan, están sujetas a los planteamientos de la escasez. El principio que rige a los pueblos más ricos del mundo es el de la insuficiencia de los medios económicos". Marshall Sahlins, antropólogo.

 
 
La bióloga Robin Wall Kimmerer hizo grandes esfuerzos por aprender el idioma nativo americano de sus antepasados, el potawatomi (pottawat-um-ees "los que hacen o mantienen el fuego"). Como estudiosa de la naturaleza, valoraba que en algunos idiomas nativos (esas moradas de ideas o prismas a través del cual ver el mundo), el término para "plantas" se traduce como "aquellos que nos cuidan"; que en el idioma apache, la raíz léxica para tierra es la misma que para mente; o que en su propia lengua, tuvieran un término para "la fuerza que hace que los hongos se levanten de la tierra durante la noche": Puhpowee. "De hecho, aprendí que la palabra mística Puhpowee se usa no solo para los hongos, sino también para algunos otros seres que se elevan misteriosamente en la noche".  Entendió que el idioma que tuviese una palabra así, concebía perfectamente un mundo de ser, lleno de energías invisibles que animan todo.  Pero apreendiéndolo, chocaba usualmente contra los límites que le imponía su otra lengua, el inglés. El potawatomi definía incluso a las rocas, las montañas, el fuego, el agua... como seres animados, y una bahía, que para nosotros es un nombre o sustantivo, pasa a ser un verbo: ser bahía, "wiikwegamaa".
Y así escribe en su libro "Una trenza de hierba sagrada: Sabiduría indígena, conocimiento científico y la enseñanza de las plantas":

“Recuerdo las palabras de Bill Tall Bull, un anciano Cheyenne", relata Kimmerer. "Cuando era joven, le hablé con el corazón apesadumbrado, lamentándome de que no tenía un idioma nativo con el que hablarle a las plantas y los lugares que amo. "Les encanta escuchar el idioma antiguo", dijo, "es verdad". "Pero", dijo, con los dedos en los labios, "no tienes que hablar aquí". "Si lo dices aquí", dijo, dándose unas palmaditas en el pecho, "Te escucharán".   

“En la tradición occidental hay una jerarquía reconocida de seres, con, por supuesto, el ser humano en la parte superior, el pináculo de la evolución, el favorito de la Creación, y las plantas en la parte inferior. Pero en las formas nativas de conocimiento, a las personas humanas a menudo se les llama "los hermanos menores de la Creación". Decimos que los seres humanos son los que menos experiencia tienen sobre cómo vivir y, por lo tanto, más para aprender; debemos buscar orientación en nuestros maestros entre las otras especies. Su sabiduría es evidente en la forma en que viven. Nos enseñan con el ejemplo. Han estado en la tierra mucho más tiempo que nosotros y han tenido tiempo de resolver las cosas".    
      
Y cuenta sobre  la Cosecha Honorable, un código colectivo de principios y prácticas que rigen los intercambios entre las distintas formas de vida, que se podría resumirse con: tomar solo lo que se da, usarlo bien, estar agradecido por el regalo y corresponder el regalo. "Tomar solo lo que necesitas, nunca más de la mitad." "Apoya a quienes te apoyan y la tierra durará para siempre."
  “Imagínese si un urbanizador, buscando un campo abierto para un centro comercial, tuviera que pedirle permiso a la vara de oro, las alondras y las mariposas monarca por tomar su tierra natal. ¿Y si tuviera que acatar la respuesta?"    

"En los diarios de quienes se asentaron en la zona de los Grandes lagos se menciona la abundancia de arroz silvestre que cosechaban los pueblos nativos (...). Lo que más les sorprendió fue que, como escribió uno de ellos, <los salvajes dejaron de recoger mucho antes de que se acabara el arroz>. Los colonos vieron aquí una prueba de la pereza y falta de ánimo de los paganos. No concebían que las prácticas indígenas de cuidado de la tierra pudieran contribuir a la misma riqueza que habían hallado."  “Las historias de advertencia sobre las consecuencias de tomar demasiado son omnipresentes en las culturas nativas, pero es difícil recordar una sola en inglés. Quizás esto ayude a explicar por qué parecemos estar atrapados en una trampa de consumo excesivo, que es tan destructivo para nosotros como para aquellos que consumimos ".           

“Me pregunto si mucho de lo que aflige a nuestra sociedad se debe al hecho de que nos hemos dejado aislar de ese amor por la tierra y por ella".  “Los filósofos llaman a este estado de aislamiento y desconexión “soledad de la especie”, una tristeza profunda y sin nombre que surge del alejamiento del resto de la Creación, de la pérdida de la relación. A medida que nuestro dominio humano del mundo ha crecido, nos hemos vuelto más aislados, más solitarios cuando ya no podemos llamar a nuestros vecinos." "Hemos construido este aislamiento con nuestro miedo, con nuestra arrogancia y con nuestros hogares brillantemente iluminados contra la noche."
 "La tierra en ruinas fue aceptada como daño colateral del progreso".  "Recuerdo las palabras del viejo Henry Lickers: “Vinieron aquí pensando que se harían ricos trabajando en la tierra… la tierra es la que tiene el poder; mientras ellos trabajaban en la tierra, la tierra trabajaba en ellos. Enseñándoles". 
 
 
"La tierra regala gratis el poder del viento, el sol y el agua, pero en su lugar abrimos la tierra para tomar combustibles fósiles. Si hubiéramos tomado solo lo que se nos dio, si hubiéramos correspondido el regalo, no tendríamos que temer nuestra propia atmósfera hoy".  
 
"En el pensamiento occidental, la tierra privada se entiende como un "paquete de derechos", mientras que en una economía del regalo la propiedad tiene un paquete de responsabilidades.               

"Hemos permitido que el "mercado "defina lo que valoramos, para que el bien común parezca depender de estilos de vida derrochadores que enriquecen a los vendedores mientras empobrecen el alma y la tierra".   
"El crecimiento perpetuo simplemente no es compatible con la ley natural"   
“Hemos construido un artificio, el pueblo Potemkin de un ecosistema en el que perpetrar la ilusión de que las cosas que consumimos nos llueven del trineo de Papá Noel, que no han sido arrancadas de la tierra. La ilusión nos permite imaginar que las únicas opciones que tenemos son entre una marca y otra".                                


Recuerda que la nuestra es una economía basada en la escasez. No significa que haya poca cantidad de riqueza material, sino que el sistema de mercado crea escasez artificialmente al bloquear el flujo entre la fuente y el consumidor. "El grano puede pudrirse en el almacén mientras las personas hambrientas mueren de hambre porque no pueden pagarlo. El resultado es hambre para algunos y enfermedades excesivas para otros. La misma tierra que nos sostiene está siendo destruida para alimentar la injusticia. Una economía que otorga la condición de persona a las corporaciones pero se la niega a los seres más que humanos: esta es una economía de Wendigo”.  El "wendigo" (que puede derivarse de las raíces para "exceso de grasa" y "pensar solo en uno mismo"), es en la mitología algonquina, un espíritu malvado cuya avaricia ha desbordado su capacidad de autocontrol hasta el punto de la autodestrucción. "Esa mentalidad que solo piensa en el consumo se camufla bajo la noción de "calidad de vida" mientras nos corroe por dentro. Es como si nos hubieran invitado a una fiesta en la que toda la comida sirviera solo para alimentar el vacío, el agujero negro del estómago que nunca se llena. Mi auténtico miedo es que hayamos liberado a un monstruo", se lamenta la bióloga.

Al contrario, la cultura de los pueblos originarios de américa están basadas en la gratitud y la reciprocidad. La Nación Onondaga recita el Mensaje de gratitud, un río de palabras tan antiguas como las mismas personas, conocidas en el idioma Onondaga como "las Palabras que vienen antes que todas las demás". Este antiguo orden de protocolo establece la gratitud como la máxima prioridad, y se recitaba como preámbulo en toda asamblea. La gratitud se dirige directamente a quienes comparten sus dones con el mundo: la Madre Tierra, el agua, los maestros, los peces, las estrellas, los abuelos... y por cada agradecimiento, se repite "Ahora nuestras mentes son una."
"Cuando se recita la versión larga en una reunión con empresarios no indígenas o funcionarios del Gobierno,  suele ocurrir que éstos se muestran inquietos. Sobre todo, los abogados. Se les nota que están deseando que termine: dirigen la vista a cada rincón de la habitación, hacen todo lo posible por no mirar el reloj.(...) Pobrecitos, ya siento que tengamos tanto por lo que estar agradecidos."    
 


Aunque expresar gratitud parece bastante inocente, es una idea revolucionaria. En una sociedad de consumo, la satisfacción es una propuesta radical. Reconocer la abundancia en lugar de la escasez socava una economía que prospera al crear deseos insatisfechos. La gratitud cultiva una ética de plenitud, pero la economía necesita el vacío. El discurso de gratitud recuerda que ya tienes todo lo que necesitas. La gratitud no te envía de compras para encontrar satisfacción; se presenta como un regalo más que como una mercancía, subvirtiendo los cimientos de toda la economía. Esa es una buena medicina tanto para la tierra como para las personas ".  
        
“He oído decir que a veces, a cambio de los regalos de la tierra, la gratitud es suficiente. Es nuestro don exclusivamente humano expresar agradecimiento, porque tenemos la conciencia y la memoria colectiva para recordar que el mundo podría ser de otra manera, menos generoso de lo que es.
Pero creo que estamos llamados a ir más allá de las culturas de gratitud, para convertirnos una vez más en culturas de reciprocidad".   El indígena orientaba sus acciones siempre a la reciprocidad, el toma y daca con la tierra, "como si el futuro de sus hijos importara, cuidar la tierra como si nuestra vida, tanto material como espiritual, dependiera de ella. Porque así es”.
Kimmerer se pregunta si la manera que tiene la Tierra de dar y, con ello, salir ganando, fue el modelo para que el sistema económico de los pueblos originarios fuera una economía del regalo, un sistema de reciprocidad, donde igualmente, "el bienestar de uno está vinculado al bienestar de todos".
"La palabra con la que nos referimos a la ceremonia del obsequio, "minidewak", significa "ellos entregan el corazón". En el centro de esa palabra se encuentra la palabra "min". "Min" es la raíz que significa "obsequio", pero también "baya".
 

Cuenta que en potawati, si bien hay varias palabras para agradecer, no hay una palabra para "por favor". La comida está destinada a ser compartida, no se necesita cortesía adicional. Los misioneros tomaron esta ausencia como una prueba más de los modales groseros de los nativos.            

"La riqueza entre la gente tradicional se mide por tener suficiente para regalar".  "La diferencia fundamental entre el regalo y el intercambio de mercancías es que un regalo establece un vínculo afectivo entre dos personas".  

"Lewis Hyde ilustra esta disonancia en su análisis del Indian giver [el dador indio]. Esta expresión, que hoy se utiliza peyorativamente para describir al que da algo y después espera que se lo devuelvan, procede de una fascinante falta de entendimiento entre una cultura en la que prevalecía la economía de los dones y otra, la colonial, que intentaba extender el sistema de propiedad privada. Cuando los nativos les entregaron regalos a los colonos, estos entendieron que eran valiosos y que debían quedárselos. Que deshacerse de ellos era una afrenta. Sin embargo, para los pueblos indígenas el valor de un regalo se basaba en la reciprocidad y la afrenta se producía cuando estos no se ponían en circulación y volvían de nuevo a sus manos."   
"Esa es la naturaleza fundamental de los dones: se mueven y su valor aumenta con su paso".   
“En una cultura de gratitud, todo el mundo sabe que los regalos seguirán el círculo de reciprocidad y volverán a ti. Esta vez das y la próxima vez recibes. Tanto el honor de dar como la humildad de recibir son mitades necesarias de la ecuación".            


“Todos los días nos bañan con regalos, pero no están destinados a que los guardemos. Su vida está en su movimiento, la inhalación y la exhalación de nuestra respiración compartida. Nuestro trabajo y nuestra alegría es transmitir el regalo y confiar en que lo que lanzamos al universo siempre regresará”.    
“Si todo el mundo es una mercancía, cuán pobres nos volvemos. Cuando todo el mundo es un regalo en movimiento, cuán ricos nos seríamos".    
Incluso el tiempo es también algo que vuelve, cíclico. "Algunas personas dicen que el tiempo es un río en el que podemos entrar una sola vez, ya que fluye en un camino recto hacia el mar. Pero la gente de Nanabozho conoce el tiempo como un círculo. El tiempo no es un río que corre inexorablemente hacia el mar, sino el mar mismo: sus mareas que aparecen y desaparecen, la niebla que se eleva para convertirse en lluvia en un río diferente. Todas las cosas que fueron, volverán".                      

 "Una especie y una cultura que tratan al mundo natural con respeto y reciprocidad seguramente transmitirán genes a las generaciones subsiguientes con mayor frecuencia que las personas que lo destruyen. Las historias que elegimos para dar forma a nuestros comportamientos tienen consecuencias adaptativas", advierte.               

miércoles, 19 de mayo de 2021

El Chamán de Papúa, Elon Musk, Marte y el Aceite de palma.

"Para la gran mayoría de mis interlocutores, el éxito del ritual confirmaron los rumores generalizados de que las empresas extranjeras en realidad son poderosas y letales hechiceras. Y dada la capacidad de las corporaciones para transformar los entornos naturales y las sociedades humanas en todo el mundo, es una perspectiva que vale la pena considerar."

Sophie Chao, antropóloga. 

Escuchamos Papúa y a nuestro imaginario acude el misterioso y temible chamán con sus tocados de plumas de ave del paraíso y sus faldas de paja, invocando a la lluvia, viajando en trance a las estrellas y hablando con los ancestros. Pero los rituales y poderes sobrenaturales de las corporaciones son mucho mayores.

Para las comunidades indígenas que viven en Papua Occidental, Indonesia, hacerse humano (anim), la humanidad, implica la convivencia corporal con personas humanas y no humanas, geológicas y meteorológicas. Los monocultivos del aceite de palma en Merauke también afecta profundamente su humanidad, su mundo y sus relaciones, pero no son relaciones deseadas, beneficiosas o recíprocas: bosques incendiados y cursos de los ríos desviados, cientos de peces flotando, pesticidas, lodo... Y por si esto fuera poco, una sequía extrema.
La antropóloga Sophie Chao, que estuvo haciendo allí trabajo de campo, cuenta que entre 2013 y 2018, la gente Marind-Anim se reunía todas las mañanas al amanecer para recitar encantamientos con la esperanza de convocar a la lluvia. Sin éxito.


"En diciembre de 2015, representantes de una empresa de palma aceitera de
Indonesia visitaron la aldea y se ofrecieron a realizar un ritual para hacer llover. La mayoría de los aldeanos asumieron que la propuesta era una artimaña. Esta corporación había instado repetidamente a los aldeanos a ceder sus tierras para un proyecto de palma aceitera, y los empresarios estaban cada vez más desesperados por comenzar el desarrollo o arriesgarse a perder su permiso.

Muchos miembros de la comunidad dijeron que la ceremonia sería falsa y, por lo tanto, condenada al fracaso."

"A medida que se desarrollaba la ceremonia, Pius, un anciano conocido por su extenso conocimiento del mito y el ritual Marind, de repente me agarró del hombro. Señaló con asombro el horizonte, donde se estaban acumulando densos racimos de nubes oscuras. Los truenos reverberaron entre los rituales de los tambores y los cánticos y pisadas de los bailarines. En el apogeo de la danza de la lluvia final, las nubes estallaron sobre el pueblo, liberando una fuerte caída de lluvia que duró más de dos semanas."

"Algunos sugirieron que la compañía había verificado el pronóstico y cronometrado el evento para que coincidiera con las precipitaciones previstas. Otros sospechaban que sus compañeros de la aldea divulgaban hechizos tradicionales a la empresa a cambio de dinero y alcohol. Algunos decían que era casualidad o suerte.
Para la gran mayoría de mis interlocutores, sin embargo, el éxito del ritual confirmaron los rumores generalizados de que las empresas extranjeras en realidad son poderosas y letales hechiceras. Y dada la capacidad de las corporaciones para transformar los entornos naturales y las sociedades humanas en todo el mundo, es una perspectiva que vale la pena considerar."


Los hechiceros o brujos, para estas comunidades, son los que se confabulan con las fuerzas del mal que acechan en los bosques para promover sus intereses personales y ganancias materiales. "Gerónimo, un joven Marind, habló de las corporaciones que drenan la carne y los fluidos de los Marind y sus parientes vegetales y animales, transformando bosques diversos en plantaciones homogéneas y desviando cursos de agua para riego", y además, se replican de manera peligrosa en diversas zonas. "Como dijo Serafina, madre de cuatro hijos de Merauke: La brujería es como la palma de aceite. No sabemos de dónde viene ni cómo evitar que se propague. En ambos casos, no podemos escapar de la destrucción y el sufrimiento"

Quizás haya que tomarse realmente en serio la idea de que el capitalismo moderno es una especie de magia. Es una fuerza poderosa que puede sembrar conflictos entre comunidades, alterar profundamente los paisajes e incluso provocar lluvias, huracanes y sequías a través del calentamiento global. Pero el problema también radica en el mensaje que continuamente envían estas corporaciones a los habitantes. Ellos sí pueden lograr que la lluvia venga. La comunidad, sin embargo, no lo lograba durante todos aquellos años. Sus rituales eran fallidos, y su sentimiento de impotencia ante tales poderes crecía de manera desorbitante. Además, a esto hay que añadir que el gobierno de Indonesia niega a los ciudadanos de Papúa Occidental su derecho a la autodeterminación política y cultural, donde los colonos ahora representan más del 60% de la población.
El resultado fue que los Marind decidieron abolir los rituales por miedo a que las corporaciones los manipularan, y muchos decidieron además, entregarles sus tierras.

La cooptación también se llevó a cabo a través de otras costumbres (adat), a
través del sentimiento de la deuda, la importancia de la reciprocidad y el intercambio. Fueron plenamente conocedores de que en estas culturas, si alguien te da un regalo no puedes rechazarlo y debes corresponder.

En varias aldeas de Papúa, las corporaciones han celebrado ceremonias de sacrificio de cerdos y rituales de curación exitosas, regalaron 4x4 y organizaron grandes banquetes, esperando que los aldeanos correspondieran cediendo sus tierras. "Los rituales, como han demostrado los antropólogos, pueden desempeñar un papel fundamental para afirmar y mantener el orden social y proporcionar alivio psicosocial a sus participantes. Pero los rituales que tienen éxito en las "manos equivocadas" pueden ser profundamente problemáticos."

En Boven Digoel, además de la ceremonia de sacrificios de cerdos, repartieron montones de dinero en efectivo entregando sobres a cada clan con una gran cantidad de dinero. De forma bastante arbitraria y usando el término "tali asih" para describir el pago. Los habitantes no sabían si ese dinero era una muestra de buena voluntad, un regalo, o existía una expectativa de retorno. "El "pintu uang ketuk", literalmente significa el dinero que traes cuando llamas a la puerta, por lo que sugiere una invitación a una relación social. Pero en su mayor parte, las personas se vieron en una situación en la que sentían que debían corresponder. La única forma que sabían, lo único que parecía interesar a las empresas, era la tierra." explica la antropóloga.

"Por supuesto, existe el escenario predominante de acosar a las personas con alcohol, llevarlas a la ciudad, prostituirse, etc. Hubo varios casos en los que los hombres de las aldeas donde trabajaba habían bebido alcohol y se habían acostado con prostitutas. Y todo había sido filmado, y luego estas imágenes se utilizaron como chantaje. Existen esos tipos de estrategias más inmediatas."

"Según tengo entendido, la tierra puede revertirse a los propietarios originales una vez que expire el HGU [permiso de plantación de 35 años], pero solo mientras sigan practicando su estilo de vida habitual, practicando el hukum adat, o la tenencia de la tierra consuetudinaria. Primitivismo forzado controlado. Pero tampoco hay forma de que estas personas sigan practicando los derechos consuetudinarios de tenencia y subsistencia de la tierra si su tierra se ha convertido en monocultivos."

"Es el relieve del bosque, los marcadores naturales particulares (los árboles, las arboledas de sagú) que en realidad actúan como marcadores de los límites terrestres entre los territorios de los clanes. Entonces, si el bosque se ha ido, significa que en realidad no hay más puntos de referencia para identificar a quién pertenece la tierra en estos paisajes arrasados. Ahora es bastante complejo tratar de identificar qué tierra pertenece a quién."

"Entonces, una vez que expira la HGU, la posibilidad de que vuelva a las comunidades es muy, muy baja. Hay una paradoja inherente en esa demanda de las comunidades para sostener de alguna manera una forma de vida tradicional en medio de estos paisajes tecnocapitalistas. Por lo tanto, es muy poco probable que la tierra una vez cedida regrese a ellos."
 


También hay corporaciones que van más allá, y las tierras de este planeta no les son suficientes. Planean expediciones a Marte. En diciembre de 2020, el gobierno indonesio ofreció a Elon Musk (aunque hay algunos medios locales que lo niegan) la isla papú de Biak, hogar de unos 100.000 habitantes, como un posible lugar de lanzamiento para la expedición con destino a SpaceX Marte. Musk planea lanzar 12.000 satélites para 2026 para proporcionar Internet de alta velocidad a bajo precio a través del servicio de Internet Starlink. La isla se encuentra dentro de una región rica en recursos naturales que incluyen cobre y níquel. Estos metales son esenciales para la producción de cohetes y baterías de largo alcance para vehículos eléctricos como Tesla (otra empresa de Elon Musk). Biak también se encuentra un grado al sur del ecuador, lo que significa que se necesitará menos combustible para que una nave espacial alcance la órbita. Pero sus habitantes dependen de la pesca, la caza y la horticultura para su subsistencia diaria, por lo que la tierra y el medio ambiente representan una parte integral de la riqueza de sus culturas locales.

La antropóloga escribe que los diferentes clanes comparten ascendencia con diferentes plantas, especies y lugares con el paisaje, y son responsables de su salud y bienestar. El medio ambiente también es una fuente de conocimientos tradicionales, historias transmitidas entre generaciones, mitologías sagradas y sistemas de creencias animistas. Dañar el medio ambiente, entonces, también significa dañar el sentido de identidad cultural, pertenencia y orgullo de los habitantes locales.

"Como me informó un habitante de Biak: “Si el proyecto sigue adelante, la gente solo conocerá a Biak por sus cohetes y sus sueños espaciales. La gente no conocerá a Biak por su gente y su sufrimiento. La gente seguirá ignorando los sueños de justicia y libertad de los pueblos de Papúa ”." Chao cuenta además que "hace poco más de una década, más de un centenar de civiles en Biak fueron torturados, violados, asesinados y arrojados al mar por las fuerzas militares y de seguridad de Indonesia después de intentar izar la bandera de la Estrella de la Mañana de Papúa Occidental, un delito punible con hasta 15 años de cárcel bajo la ley de Indonesia. La justicia sigue sin cumplirse para las víctimas de un hecho que ha sido descrito por organizaciones de derechos humanos como una de las peores masacres en la historia de Indonesia posterior a Suharto, pero del que el gobierno niega su responsabilidad."

Elon Musk dijo: “Quieres despertarte por la mañana y pensar que el futuro será grandioso, y de eso se trata ser una civilización espacial. Se trata de creer en el futuro y pensar que el futuro será mejor que el pasado. Y no puedo pensar en nada más emocionante que salir y estar entre las estrellas".

"Como explicó el anciano de la tribu, “Nuestra forma de vida puede ser simple, pero ha existido desde tiempos inmemoriales. Cazamos, recolectamos y pescamos. Valoramos y protegemos la tierra y el bosque. Para mí, esto  es sostenibilidad. No en el espacio. No en Marte. Aquí mismo, en tierra de Papúa (tanah Papua)".
 
Fuentes:
 
 
https://www.sapiens.org/culture/marind-rainmaking-ritual/
https://www.trtworld.com/opinion/elon-musk-s-spacex-project-could-put-papuan-lands-and-futures-at-risk-46702
https://news.mongabay.com/2019/03/how-land-grabbers-co-opt-indigenous-ritual-traditions-in-papua-qa-with-anthropologist-sophie-chao/
https://i6wh37lfpjth3imu4ytrweuefm-ac4c6men2g7xr2a-anthroencyclopedia.translate.goog/entry/ontological-turn

martes, 20 de abril de 2021

Un paraíso en el infierno: las comunidades del desastre.

"Es el paraíso de estar a la altura de las circunstancias, el paraíso que demuestra que, habitualmente, la mayoría no lo estamos, que perdemos pie y se nos escapa esa posibilidad y nos hundimos en el yo menoscabado, en sociedades sombrías. Muchos han dejado de aspirar a una sociedad mejor. Sin embargo, son capaces de reconocerla cuando la tienen delante. Otros la reconocen, la aprovechan, se sirven de ella, y de los pecios y escombros nacen cambios políticos y sociales duraderos, tanto positivos como negativos. En el infierno está la puerta a los paraísos posibles de nuestro tiempo." 

Rebecca Solnit, "Un paraíso en el infierno".

 

Ellen Meyers, fundadora de la Teachers Network, estaba saliendo del metro en Canal Street cuando vio cómo se estrellaba el primer avión. Fue una de las primeras personas en dirigirse al sur cuando miles de personas corrían hacia el norte, pues su madre, de ochenta años, vivía allí. Al encontrarse con un viejo amigo, Jim, decidieron continuar juntos. Encontraron a la madre y se metieron en el cuarto de las lavadoras con cincuenta personas más al escuchar el derrumbamiento de la segunda torre. 

Meyers se acuerda que la madre dijo: "Puede que ahora tengamos vistas al río".
No pude contener la risa. Y entonces Jim dice: "No llevo veinte años con VIH para morirme ahora", y ya no pude parar. Él se reía también. Estábamos riéndonos histéricamente y lo único que podía pensar era: "No hay otras dos personas en el mundo con las que preferiera estar ahora mismo". Todos sobrevivieron, y en cuanto llegaron al puerto, regresaron para echar una mano a los demás.

Es uno de los muchos testimonios que relata Rebecca Solnit en su libro "Un paraíso en el infierno. Las extraordinarias comunidades que surgen en el desastre", donde explora el terremoto de 1906 en San Francisco, la explosión de 1917 que destruyó Halifax, el terremoto de la Ciudad de México de 1985, el 11-S en Nueva York y el huracán Katrina en Nueva Orleans. 
Y sobre la actual pandemia de Covid, donde señala que lo primero que nos enseñan los desastres es que todo está conectado, y que todos ellos son cursos intensivos de identificación de conexiones. Resultan siempre un momento de crisis, o lo que los antropólogos llamamos liminaridad: espacios intermedios fuera del tiempo ordinario, y por ello transformadores. El antropólogo Victor Turner afirma que es en estos espacios donde se da la "communitas", los lazos que se crean cuando todo el resto de sistemas y estructuras se resquebrajan, se vuelve inexistentes o irrelevantes. (Durkheim llamó a los rituales colectivos que surgen en este momento "efervescencia colectiva"). Solnit lo representa mediante una metáfora muy visual: el deshielo, "cuando las banquisas de hielo se resquebrajan, el agua fluye entre ellas y los barcos pueden atravesar lugares que en invierno les habían estado vedados". El hielo sería el Statu Quo, "algo que siempre nos pareció estable y que, según nos dicen desde arriba, no puede alterarse". Hasta que lo hace, contrariando a las élites, las que se benefician del mismo Status Quo, que en el caso de los desastres, están más preocupadas de mantenerlo o restablecerlo, de proteger las propiedades y sus negocios lucrativos, que de proteger la vida de nadie. Al principio de la pandemia, fueron las que nos afirmaban que lo idóneo era volver al trabajo para salvaguardar el mercado bursátil, sin prestar atención a las insuficientes condiciones laborales que se daban en estos espacios para no enfermar. Los desastres también son, no hay que olvidarlo, una oportunidad de renovación para el capitalismo, que genera mercados para reemplazar aquello que se ha destruido y ganar más terreno.

Es lo que los sociólogos al desastre llaman "pánico de las élites", a partir de la creencia errónea de que la gente corriente se comportará de manera reprobable y causará el caos que estropeará más las cosas. Las élites (fuerzas armadas, clases altas, el Gobierno) tienden a pensar que si ellas no tienen el control, la situación se descontrola, por lo que tienden a tomar medidas represivas, que se convierten en desastres secundarios. Por ejemplo, cuando hay órdenes de "entrar a disparar" en casos de "saqueos". Cuando hablan de los saqueos o pillajes, son los mecanismos que ponemos en práctica para sobrevivir y cuidar de los demás en situaciones de urgencia, cuando la economía comercial ha dejado de funcionar. Lo que ocurrió tras el terremoto de San Francisco en 1906 fue lo mismo que lo que ocurrió noventa y nueve años después, tras el huracán Katrina. Militares, policías o patrullas urbanas que disparaban a las mismas víctimas de la catástrofe en nombre de la propiedad y de su propia autoridad y legitimidad y la de la de los magnates. En Nueva Orleans, tras el huracán Katrina, la histeria sobre los saqueos creció hasta el punto de que dos días y medio después del desastre, el alcalde y la gobernadora pidieron a las tropas dedicadas a las labores de emergencia que abandonaran las tareas de rescate y se centraran en los pillajes. Mientras, la televisión nacional grababa a los agentes de Policía entrando en Walmart y confiscando vehículos de un concesionaro Cadillac. Algunos periodista advirtieron de que si una fotografía mostraba a personas afroamericanas requisando bienes esenciales, se hablaba de "saqueos", mientras que si eran blancos, estaban "reuniendo provisiones". Surgieron grupos de mercenarios blancos, dispuestos a disparar a los, en su opinión totalmente sesgada, saqueadores.
 
La socióloga especializada en desastres Kathleen Tierney, afirmó en una conferencia en 2006: "Lo que las élites temen es la perturbación del orden social los desafíos a su legitimidad" (...) Miedo al desorden social; miedo a los pobres, a las minorías sociales y a los inmigrantes; obsesión con los saqueos y los delitos contra la propiedad, disposición a recurrir a la fuerza letal, y toma de decisiones a partir de meros rumores." "Los medios de comunicación hacen hincapié en el desorden y en la necesidad de un control social más estricto, lo que refleja y refuerza el discurso político que reclama una mayor participación el Ejército en la gestión del desastre."
 
Cuando el hielo se resquebraja, surgen nuevos caminos. "Al término de una
tormenta, el aire queda limpio de las partículas de materia que enturbiaban la vista. Es entonces cuando alcanzamos a ver más lejos y con mayor claridad"
, escribe Solnit. Tal vez conozcamos la libertad, no la que ondean los conservadores para afianzar y acrecentar su beneficio personal sin límites, sino la libertad para buscar alternativas al status quo, personal y político. "Creo que la oleada neoliberal de nuestra época comenzó por privatizarnos las emociones, arrebatándonos lazos sociales y la noción de un destino común", escribe Solnit. 
 
La pandemia nos está dando argumentos a favor de la asistencia sanitaria universal, de la buena organización de los productos y servicios de los que dependemos. De la contribución al bien común. 
Y también saca a la luz las carencias organizativas, administrativas y morales de Gobiernos enteros, y la perturbación y el cuestionamiento se dan constantemente. La burocracia es incapaz de hacer frente a las necesidades más urgentes, pues no tiene la capacidad de improvisar bien y rápidamente como los ciudadanos, y porque a veces sus prioridades son las opuestas a la de éstos. 
Tricia Wachtendorf, una socióloga del desastre que pasó tiempo en Nueva york tras el 11 de septiembre, explicó que los agentes tendían a sentirse incómodos frente a los voluntarios de la Zona Cero porque su presencia significaba la "ineptitud de la respuesta oficial". El reparto de productos por parte de estos grupos los definían como "comida rebelde" y "material renegado"

Los seres humanos somos seres complejos, y la esperanza puede cohabitar con el dolor y las dificultades, con la tristeza y con la furia, pero no con el optimismo que afirma que todo irá bien si lo deseas muy fuertemente. 
Es en estos momentos de catástrofes cuando hay determinación: la vida en el aquí y ahora ante las necesidades inmediatas y la supervivencia, al margen de lo superfluo. Saber lo que hay que hacer sin necesidad de líderes o coodinación centralizada. El desastre nos brinda una liberación temporal de las preocupaciones, las inhibiciones y las ansiedades asociadas con el pasado y el futuro. La improvisación de nuevas reglas, nuevos roles, nuevas alianzas: comedores comunales, refugios de emergencia, cadenas humanas... 
Y también una inédita intimidad y empatía hacia los demás, porque todos comparten la amenaza del mismo desastre y el mismo futuro incierto. Cuando la pérdida es compartida, el sufrimiento no margina, sino que ofrece un canal para la comunicación y expresión íntimas, para el consuelo y apoyo físico y emocional. Al igual que en los grupos de apoyo para personas que sufren la misma enfermedad, en los que se generan comunidades de pacientes donde nadie se sienta solo por el hecho de sufrir. En los desastres, además, se entiende que los objetivos personales y  grupales están imbricados y se generaliza la generosidad: "el egoísmo, al fin y al cabo, trata más de fortunas futuras que de adquisiciones presentes", reflexiona Solnit.

El libro trata de esta emoción sorprendente, extraña alegría que aflora entre las ruinas, cuando las ruinas son trágicas y dolorosas, pero también una ventana a las posibilidades y anhelos sociales, a ser libre de vivir y actuar de otro modo.
"Son aspectos importantes conforme entramos en una época en la que los desastres van a sucederse cada vez más rapidamente y con mayor intensidad", advierte.
Fortalecimiento de vínculos sociales, trabajos con sentido y gratificantes, y el sentimiento del "poder hacer" frente al "poder sobre", son aspectos que nuestra economía y sociedad nos veta. La nuestra es una sociedad del individualismo, del capitalismo, del darwinismo social, "que asumen que la búsqueda de provecho personal obedece a motivos racionales."
 
Ya en 1894, Gustave Le Bon escribió "Psicología de las masas", poco después de "Origen de las especies" de Darwin. Escribía que en la masa, en el grupo social, un individuo "ya no es el mismo, sino un autómata cuya voluntad no puede ejercer dominio sobre nada. Por el mero hecho de formar parte de una masa, el hombre desciende varios peldaños en la escala de la civilización. Aislado era quizá un individuo cultivado, en la masa es un instintivo y, en consecuencia, un bárbaro. (...) El individuo que forma parte de una masa es un grano de arena inmerso entre otros muchos que el viento agita a su capricho.” Para Le Bon, la sociedad misma es peligrosa, y como opinaba Hobbes, las autoridades debían llevar las riendas de una humanidad esencialmente despiadada. La idea de que la naturaleza humana es esencialmente bestial (cuando ni las "bestias" manifiestan un comportamiento de lucha cruel sin motivo) y solo puede ser refinada por la civilización, también era el argumento principal para justificar la colonización y el saqueo de la época. Thomas henry Huxley en "La lucha por la existencia en la sociedad humana" (1888) defendía que los humanos primitivos luchaban contra los débiles y menos astutos, y "nacían, se reproducían sin medida y morían". Thomas Malthus, así mismo, creía que la vida era un combate continuo por los escasos recursos de la tierra, en el que algunos debían morir. "La escasez es, precisamente, la premisa fundamental del capitalismo", señala Solnit. 

Aunque se dan casos de búsquedas de chivos expiatorios, los episodios más brutales los protagonizaron quienes tratan de sostener el orden imperante y hacer valer sus propios privilegios y autoridad contra una minoría.
Cientos de estudios e investigaciones en situaciones de desastre demuestran que el pánico es un fenómeno inusual, y el comportamiento resulta mayoritariamente racional, y en ocasiones altruista. Cada participante brinda y recibe auxilios pero nunca de manera unidireccional, sino por el deseo de la noción de pertenencia a una civilización que socorre a quien lo necesita. En el Katrina de Nueva Orleans, el eslogan del grupo Common Ground Relief fue precisamente "Solidaridad, no caridad".
La caridad reparte desde arriba, no es reciprocidad, el altruismo es horizontal ya que el intercambio continuo cohesiona las sociedades. 
 
"En la vida diaria, existe mucha más ayuda mutua (y mucha más que ayuda mutua) de lo que se nos quiere hacer creer. La verdadera pregunta no es por qué este breve paraíso de altruismo y cooperación aparece, sino por qué siempre resulta arrollado por otro orden mundial. (...). Es en los desastres y en los momentos de grandes turbulencias sociales cuando los grilletes de los prejuicios y los roles convencionales se desvanecen y se abren nuevas posibilidades."
 
El desastre ofrece soluciones temporales a la alienación y el aislamiento de la vida diaria. El sociólogo pionero en la investigación de desastres Charles Fritz, escribió en "Disasters and Mental health":
"La oposición tradicional entre "lo normal" y "el desastre" casi siempre ignora o minimiza las tensiones recurrentes, inherentes a la rutina de cada día, así como sus efectos personales y sociales. Ignora también (...) el fracaso de las sociedades modernas a la hora de satisfacer esa necesidad básica del individuo que es la identidad comunitaria."
Sin embargo, explica Solnit, en las sociedades cazadoras recolectoras, los riesgos son altos; las luchas intensas y las presiones y la necesidad de cooperación, incesante. "Nosotros hemos reemplazado todo eso por la comodidad, la seguridad y el individualismo. Y hemos adquirido los nuevos desastres, menos visibles, de la alienación y la anomia."
 
"(...) el paraíso que demuestra que, habitualmente, la mayoría no lo estamos, que perdemos pie y se nos escapa esa posibilidad y nos hundimos en el yo menoscabado, en sociedades sombrías. (...) En el infierno está la puerta a los paraísos posibles de nuestro tiempo."

martes, 9 de marzo de 2021

La economía de la Atención: mercaderes del Tiempo.

"El tiempo es el material del que está hecha la vida".
Benjamin Franklin.

"El que lo obtiene todo, o lo recibe de inmediato, pierde la dicha de su disfrute. Kairós, el instante feliz, presupone siempre la espera: 

ese tiempo que en ocasiones es tormento, 

que a veces perdemos, beatíficos, 

y que siempre es un regalo." 

 Andre Köhler, "El tiempo regalado".


 
9 segundos, dicen que es el tiempo de atención de los humanos hiperconectados. De 9 segundos es nuestra capacidad antes de pasar a otra cosa, a conectar el modo automático, a darle a avanzar, a mirar el móvil, a hacer zapping, scrolling, linking. Hasta emerger y asombrarnos de la velocidad del tiempo. Los ingenieros de Google han calculado que el máximo tiempo de concentración de una pez condenado a dar continuas vueltas en su pecera es de ocho segundos, solo uno menos que nosotros.

La hiperconexión es el producto estrella de la llamada "Economía de la atención", que monetiza la atención humana. La atención es un bien escaso, no se puede acumular y ahorrar como el dinero, pero el dinero y la atención tienen en común que gastarlo en una cosa excluye gastarlo en otra. En el caso de la atención, para poder asimilar, procesar y actuar eficazmente sobre una información, debemos centrarnos en ella.
Así, el tiempo se convierte en un factor decisivo cuando realmente solo se puede prestar atención a una cosa a la vez. Pero el tiempo también es fijo y limitado. Cuando la atención se ve como un recurso escaso, crea la base para estudiar la era de la información como una economía de la atención.

Ya en 1971, durante un foro titulado “Diseñando Organizaciones para un Mundo Rico en Información”, el Premio Nobel de Economía Herbert Simon dijo proféticamente: “En un mundo rico en información, la riqueza de ésta significa la escasez de algo más: la escasez de lo que sea que consuma la información. Lo que consume la información es bastante obvio: consume la atención de sus receptores. Por lo tanto, la riqueza en información genera pobreza de atención y la necesidad de asignar esa atención eficientemente entre las abundantes fuentes de información que pueden consumirla".


Son múltiples las estrategias para crear el enganche, la captación. La economía de la atención apuesta por "la sorpresa, la risa, la ira, las creencias, las emociones, la indignación, la exageración, asociar al mensaje una «prima de viralidad» que le garantizará los reenvíos, a veces antes de ser leído, y le permitirá sobrenadar en un torrente de signos. ¿Cómo extrañarse de que la verosimilitud ocupe el lugar de la verdad, y el reflejo, el de la reflexión?" se lamenta Bruno Patino en "La civilización de la memoria de pez".
Dejamos de percibir el mundo para percibir noticias sobre él y, además, la atención se orienta hacia la noticia más chillona, ​​indignante, espeluznante y escandalosa, los instintos más bajos de la audiencia. Son relatos digitales que no se preocupan por la exactitud, sino del impacto. ¡Zasca!

La televisión y la radio ya eran los "instrumentos de industrialización de la captación de la atención humana" según Tim Wu (Mercaderes de la atención). Así que los gigantes de internet no tuvieron otro remedio que conseguir captar nuestra atención en otros momentos de nuestro tiempo de vida: en el transporte, en las colas, en los descansos... Hasta llegar al momento de la comida familiar, de la vigilia, de la amistad.
Y es que, explica Patino, "la herramienta exclusiva era la capacidad de conocer la identidad y el comportamiento de los individuos gracias a sus datos de uso. Nos referimos al "service for data", servicio a cambio de datos: quiénes somos, qué hacemos, qué nos gusta, algo que Google descubrió enseguida y Facebook explotó rápidamente." El algoritmo hizo el resto con la explotación de esos miles de millones de datos recogidos, para la publicidad dirigida y aumentar así la utilización de esos mismos servicios.

En 1985, Neil Postman (Amusing Ourselves to Death) explicaba que nos acercamos cada vez más al relato de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, una civilización seducida, esclavizada y sonámbula por el placer. En esta distopía «ya no es necesario prohibir ningún libro, pues nadie quiere leer».
"No tengo tiempo", pensarás. Y ésa es la otra historia.

"El ser-ahí que cuenta, calcula y mide el tiempo, que vive con el reloj en la mano, ese ser-ahí proclama: no tengo tiempo."
Martín Heidegger.

En la historia del capitalismo, el tiempo es dinero, y la velocidad voluntad de poder. Su historia es una sucesión permanente de innovaciones técnicas y tecnológicas para acelerar la velocidad de los tiempos de producción o de circulación, y conseguir así mayor plusvalía. Cuanto menor sea el tiempo en que se complete el ciclo del capital (dinero-mercancía-más dinero), mayor será la ganancia. La mecanización del trabajo abrió el camino a la aceleración sin fin, y el libre flujo de mercancías (la desregularización de los mercados) también generó la compresión del espacio (la cual, en última instancia, significa una compresión del tiempo).

Producir y consumir más rápidamente, a mayor velocidad, es el objetivo.
Nada más adquirir un producto, desear y comprar el próximo. John Kenneth Galbraith las llamó «aceleradores artificiales». La publicidad
es el arte de la seducción, y logra que nos tomemos los productos como un sistema de comunicación para expresar identidades, reconocimiento, afinidades, emociones... Un ejemplo: tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, en quince días se sustituyó el tema ecuestre de las tiendas Zara de Estados Unidos por ropa negra adecuada para el luto colectivo.
El problema es que los seres humanos somos archisociables, y nuestra comunicación no tiene fin.
 
Pero hay otras maneras para empujarnos al consumo: la obsolescencia programada o planificación deliberada de la reducción del ciclo de vida útil de una mercancía. O la novedosa perpetua actualización, para que los productos se vuelvan obsoletos y no operativos.
El "carpe diem" que reina en la actualidad induce a consumir experiencias: aventuras, espectáculos, tours, series... Son la mercancía ideal porque son transitorios, episódicos: pasan y se esfuman. Y algunos de ellos pueden volverse interminables.

Ya en 1900, el sociólogo y filósofo social Georg Simmel advirtió en "Filosofía del dinero":
"La ausencia de algo definitivo en el centro de la vida empuja a buscar satisfacción momentánea en excitaciones, satisfacciones en actividades continuamente nuevas, lo que nos induce a una falta de quietud y de tranquilidad que se puede manifestar como el tumulto de la gran ciudad, como la manía de los viajes, como la lucha despiadada contra la competencia, como la falta específica de fidelidad moderna en las esferas del gusto, los estilos, los estados de espíritu y las relaciones"

"Semiocapitalismo", lo llama Franco Berardi: "ya no existen cosas materiales, sino signos; ya no hay producción de cosas como materiales visibles y tangibles, sino producción de algo que es esencialmente semiótico": un sistema de intercambio de signos. La producción de valor no está en "la intervención generativa de la materia física y el trabajo muscular", sino en el intercambio de signos. Y puede realizarse en milisegundos, como en los intercambios financieros a través de múltiples computadoras.

La política también se vuelve cortoplacista, se moldea a los eventos cotidianos, a la coyuntura y sus líderes son individuos carismáticos que prometen eficacia y velocidad. El más rápido es el más poderoso, y cuanto más poder se tiene, más rápido se puede ser.
 
Las galerías de arte en Nueva York tienen como norma incuestionable que el timbre del teléfono de la recepción no puede sonar más de dos veces y que los correos electrónicos deben ser contestados en menos de doce horas. El trabajador debe tener siempre disponibilidad completa, ser flexible y dinámico.
"Yo no estoy en el negocio, yo soy el negocio", le responde a Deckard la replicante Rachel en la película Blade Runner. "Negocio" deriva de las palabras latinas nec y otium, es decir, lo que no es ocio. Ocio se identifica con "scholé", escuela, algo así como cultivar el espíritu. La productividad se ha adueñado también de nuestro tiempo de ocio. "Nos intimida la expectativa de que debemos ser realmente expertos en lo que hacemos en nuestro tiempo libre. Nuestros hobbies, si es que los podemos seguir llamando así, se han vuelto demasiado serios", escribe Wu.
 
El tiempo se ha convertido así en un bien escaso, el recurso más demandado sobre el que se construye el conjunto del crecimiento económico actual.

Con el consumidor digital, "captar el tiempo de los usuarios conectados proponiéndoles ganar tiempo constituye la paradoja insoluble de la economía de la atención. Es un círculo vicioso e infinito, en el que el humano consume cada vez más tiempo para producir cada vez más tiempo. Este proceso de producción lleva aparejado un mecanismo de desposesión, ya que de paso se construye un vínculo de dependencia respecto a la herramienta digital que conquista, transforma y produce el tiempo", explica Luciano Concheiro (Contra el tiempo: Filosofía práctica del instante).      

El reloj determina cuánto tiempo tenemos (o mejor dicho, no tenemos), y la gran ciudad nos perturba con un tiempo discontinuo que nada tiene que ver con los ritmos naturales. Pero los seres humanos todavía conservamos la lentitud en nuestros adentros, en nuestros sentimientos, en nuestra percepción. 

Hay un tiempo del aburrimiento por falta de afanes: "nada es igual de lento que las cojas jornadas, cuando bajo pesados copos de años nevosos, el hastío, ese fruto de falta de afanes, toma las proporciones de inmortalidad" se lamenta Baudelaire en "Las flores del mal".
Pero hay otro tiempo que no se tiene, se es. El tiempo interior afanado.

Hannah Arendt lo describe así:
"Una región intemporal, una presencia eterna en completo silencio, más allá de los relojes y los calendarios humanos (...) el silencio del ahora en la existencia del ser humano, sometida a la presión y al zarandeo del tiempo. (...) Este pequeño espacio atemporal en el mismísimo núcleo del tiempo" 


Kairós
era el dios griego, dios del momento oportuno, en el que pueden surgir lo nuevo, transformaciones, cambios, ideas (derivada del griego "eido", que significa "yo vi"). En él, el ser humano deja de percibir el tiempo como un transcurso cronológico de los acontecimientos (Cronos), y lo vive como el "instante eterno". Kairós "hace nudos en el tiempo lineal del reloj" (Charles Taylor en La era secular), y nos muestra la balanza, creando instantes o epifanías en los que desaparece la noción del tiempo, y nos invita a relajarnos, a concentrárnos. Todo está en su sitio en ordenada armonía, como los ritmos naturales.

“Somos criaturas del tiempo de pies a cabeza” nos intima el neurólogo Oliver Sacks. En la cabeza, la percepción del tiempo reside en el núcleo estriado, una región que está en lo más profundo del cerebro, y funciona gracias a la conectividad. Entrenamos a las neuronas que son las encargadas de comparar la duración de unos acontecimientos con otros, gracias a que en la superficie hay otras neuronas que son como metrómonos, mandando señales eléctricas cada pocos segundos de manera continua. Inconscientemente, nosotros somos los que entrenamos todo este mecanismo, y la gestión controlada de nuestra atención es nuestra herramienta más útil. Y no es baladí: cada segundo, nuestros sentidos transmiten aproximadamente 11 millones de bits de información a nuestros cerebros. Ríete del 5G.

"Las formas más elevadas de pensamiento (la contemplación, la reflexión, la introspección, incluso la respiración profunda( requieren que prestemos atención, que eliminemos las distracciones y las interrupciones. Sin embargo, la tecnología de internet hace exactamente lo opuesto: nos interrumpe y nos distrae constantemente", explica Nicolas Barr, autor de "Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?" 

Como consecuencia, según el sociólogo Hartmut Rosa, no hay manera de poder controlar los repentinos procesos de cambio de nuestra vida, y la vida "se convierte en el espacio estático de una fatalista inmovilidad".

¿Y qué problema hay con eso?, nos pregunta Tim Wu, y escribe:
"Fue William James, la fuente del pragmatismo estadounidense, quien, habiendo vivido y muerto antes del florecimiento de la industria de la atención, sostuvo que nuestra experiencia de vida en última instancia equivaldría a todo aquello a lo que habíamos prestado atención. Entonces, está en juego algo parecido a cómo se vive la vida. Eso, al menos, debería obligar a un mayor escrutinio de las innumerables negociaciones a las que nos sometemos habitualmente y, lo que es más importante, nos debe llevar a considerar la necesidad, en ocasiones, de no negociar en absoluto.  
Si deseamos un futuro que evite la esclavitud del estado propagandístico, así como la narcosis del consumidor y la cultura de las celebridades, primero debemos reconocer el valor de nuestra atención y decidir no deshacernos de ella de manera tan barata o irreflexiva como a menudo lo hemos hecho. Y luego debemos actuar, individual y colectivamente, para manejar nuestra atención nuevamente, y así reclamar la propiedad de la experiencia misma de vivir”. 
      

Los peces no tienen una memoria de 8 segundos. De hecho, científicos demuestran que pueden recordar el lugar en el que fueron alimentados hasta doce días después.
Los peces de colores, de mayor tamaño en estado salvaje, han nacido para vivir en grupo, y así pueden llegar hasta los veinte y treinta años.
Se trata de la pecera.



Fuentes:
Bruno Patino en "La civilización de la memoria de pez".
Tim Wu (Mercaderes de la atención).
 Luciano Concheiro (Contra el tiempo: Filosofía práctica del instante)
https://www.bbc.com/mundo/noticias-55856164


miércoles, 10 de febrero de 2021

La red de la vida: naturaleza es lo que queda.

"Imaginemos un tapiz tupido, que poco a poco y con el tiempo, si no se cuida y se mima, va perdiendo hilos y se va agujereando por diferentes sitios. El tapiz es ese entrelazado de todas las especies, ecosistemas, y sus funciones en red… La biodiversidad es ese tapiz que está empezando a perder esos hilos que se entretejen. Deja de ser un tapiz, o pierde el valor ecológico fundamental como sustento de la propia naturaleza, y por supuesto de la calidad de la vida, antropocéntricamente hablando incluso, para nuestro propio beneficio como especie. 
 
La idea es simple: al perder muchos nudos del tapiz, al erosionar esas conexiones entre la variedad de genes, especies, y hábitats, lo que está ocurriendo es que la proximidad entre las personas y los vectores de los virus (virus que siempre han estado en la naturaleza sin que nos haya pasado nada) es cada vez mayor y la probabilidad de zoonosis aumenta exponencialmente", así explica Unai Pascual, biólogo economista, el origen de la zoonosis.


Pensar el planeta como tapiz o como red no es algo nuevo. Ya en 1845, Alexander von Humboldt describió el mundo natural como un "tejido enredado en forma de red". En el libro Cosmos, se refería a una “maravillosa red de vida orgánica”. Pero ni de lejos se imaginaría los agujeros...


En el año 2020, la antropo-masa superó a la bio-masa.
Los productos e
infraestructuras de origen humano (sin contar con sus desechos) ha superado la biomasa total del planeta. Es el análisis de un grupo de investigadores del Instituto Weizmann, Israel. Hay más cosas hechas por el ser humano que naturaleza misma. Objetos producidos por el ser humano, principalmente hormigón, sus agregados (arena, grava...), ladrillos, asfalto, metales y "otros materiales" como plástico, madera tratada, papel y vidrio… suman más que árboles, mares y montañas. Y eso que el hormigón armado apenas tiene un siglo de recorrido. Desde 2010, más de la mitad de la población mundial comenzamos a vivir en ciudades, y aumentan en 65 millones al año.

Los 7,700 millones de seres humanos suponen el 0.01% de toda la biomasa. Pero sus creaciones ya rebasan 1.1 billones de toneladas (teratonelada, Tt). En cuanto a la bio-masa, la inmensa mayoría (90%) de la materia viva es verde, seguido de bacterias, hongos, arqueas y protistas. El resto de los animales, cultivos y ganado criado para la alimentación es apenas un 10%.

Esto ha ocurrido hace tan solo 120 años, desde la primera revolución agrícola. A principios del siglo xx la antropo-masa era solo de un 3%.


"Es necesario hacer frente a un problema que es, literalmente, de dimensión, de escala, de habitabilidad: el planeta es demasiado estrecho y limitado para el globo de la globalización, y demasiado grande, activo y complejo para ser contenido dentro de las fronteras estrechas y limitadas de cualquier localidad. Así, estamos rebasados por partida doble: por algo demasiado grande y por algo demasiado pequeño. Y así, nadie tiene respuesta a la pregunta de cómo encontrar un suelo habitable." escribe el filósofo, sociólogo y antropólogo Bruno Latour en su libro "Dónde aterrizar". Y describe lo terrestre como un suelo estable, donde arraigarse pero sin perder de vista la mundialización.


El caso es que el subsuelo siempre ha tenido un papel indispensable para el ser humano. Desde siempre, se ha sabido que para detener las enfermedades que propagaban los cadáveres humanos y los cuerpos muertos de los animales no había más que enterrarlos, sin saber que eran los antibióticos los que tenían esa facultad. Selman Waksman fue quien acuñó la palabra antibiótico en los años treinta, y quien descubrió la estreptomicina producida por la bacteria Streptomyces griseus. Los antibióticos se han inventado en el subsuelo.

En la anterior entrada compartí el dato del biólogo David W. Wolfe: "En un puñado de tierra puede que haya más microorganismos que seres humanos en el planeta, y entre cinco y diez mil que están aún por descubrir".  Aún hay más en las redes de la tierra. Se sabe que los hongos se entrelazan entre las células de las plantas en un brocado íntimo, suministran a las plantas nutrientes cruciales y las defienden de las enfermedades.
Las redes fúngicas y los micelios (los filamentos vegetativos de los hongos) que serpentean por todo los ecosistemas del planeta son, en el tapiz, esas vetas vivas por la cuales gran parte de la vida está cosida en relación. El suelo sería rápidamente desparramado por la lluvia si no fuera por la densa malla de tejido fúngico que lo mantiene unido. Uno de los mayores organismos conocidos es una red de micelios en Michigan que se extiende a lo largo de 75 hectáreas.

Los hongos simbióticos son como internet del subsuelo, la “wood-wide web” que vinculan a las plantas en redes compartidas.


 
"Si se separara el micelio que se encuentra en una cucharilla de suelo sano y se colocara de punta a punta, podría extenderse entre 100 metros y 10 km", explica el biólogo Merlín Sheldrake.

Lo propio ocurre con los álamos temblones. Dicen que el organismo más grande sobre la Tierra puede ser una arboleda de álamos temblones, compuesta por miles de árboles, repartidos en más de un centenar de acres en el bosque de Fishlake, en Utah. Y se trata de un organismo, porque crecen como erupciones clonales de un solo rizoma que hay en el subsuelo, interconectados. Por eso, comparten el mismo genoma: la arboleda es un individuo. Se le conoce como
Pando, "el bosque de un solo árbol" y su nombre en latín significa "Yo me esparzo". Este álamo temblón individual pesa unas seis mil toneladas y tiene unos ochenta mil años.


La palabra humano viene del latín humanus, compuesta por humus (tierra) y el
sufijo -anus que indica pertenencia. Los científicos han reconocido que el genoma humano también es un tapiz, un caleidoscopio, un mosaico.  
Nuestro genoma contiene entre un 1 y un 3 por ciento de ADN neandertal, especialmente el de los pueblos no africanos.
Y no solo. Hubo entre los antepasados de los homínidos y los antepasados de los chimpancés apareamientos e hibridaciones, y estos cruzamientos dejaron genuinos genes de chimpancé.
También hay ADN vírico: los retrovirus endógenos constituyan el 8% del genoma humano, incluido el gen sincitina-2, procedente de un retrovirus y reutilizado para posibilitar la gestación humana. Los mamíferos tenemos placenta por una antigua infección de retrovirus, y gracias a ellos pudimos "anular" al sistema inmunitario para que no ataque a ese ser externo, el feto, y ayudarle en su desarrrollo.
Además, cada uno de nosotros contiene unos cientos de billones de células bacterianas, como algo necesario para la salud, la digestión... De hecho, en el interior de cada una de nuestras células humanas, residen bacterias capturadas y, desde hace mucho tiempo, transformadas en mitocondrias, sin las cuales no podríamos existir.

Lynn Margulis le dijo a un redactor de la revista Discover: "los biólogos evolutivos creen que el patrón evolutivo es un árbol. No es así. El patrón evolutivo es una red; las ramas se fusionan, como en el caso de la unión de las algas y las babosas." Se refería a las babosas de mar de la especie Elysia viridis, que se alimentan de algas verdes durante el desarrollo y, luego, en lugar de digerirlas completamente, retienen los cloroplastos en el interior de sus propias células. Estos permiten a las babosas realizar la fotosíntesis, igual que las plantas, y obtener energía de la luz solar en las aguas poco profundas en las que habitan. De adultas son auténticos híbridos de planta y animal.
Una de ellas, se autodecapita cuando su cuerpo está en peligro (por depredación o por amenaza de parásitos). Su cabeza engulle algas durante días por la obtención de energía de la luz solar de los cloroplastos, y así reproduce un nuevo cuerpo. No es la única, también hace la fotosíntesis la babosa Costasiella kuroshimae, parecida a una oveja de mar.
 

Y lo mismo esa cosa tan extraña conocida como moho mucilaginoso. Puede no tener ojos ni cerebro, pero es capaz de llegar al alimento a traves de un laberinto. Cuando el alimento escasea, las amebas cooperan para formar una especie de babosa y desplazarse hacia un mejor hábitat. Levantan un tallo sobre el que se asienta un cuerpo semejante a un fruto y, cuando este se abre, dispersa esporas, que si aterrizan en bacterias, se forman nuevas amebas individuales.

Ante estos casos nos podemos preguntar dónde se encuentran los límites. Los límites de un "individuo" o una "especie".
La hipótesis de Gaia desarrollada por el químico inglés James Lovelock, concibe el planeta Tierra como un sistema automantenido que regula su propia bioquímica. No se trata de dar vida a la tierra como un organismo vivo, sino comprender que los seres vivientes son participantes activos, con capacidad de actuar en la evolución de los fenómenos terrestres.

"Los humanos siempre han modificado su medio ambiente, pero ese término solo designaba su entorno, lo que les rodeaba. Hoy el escenario, los bastidores, el proscenio, el edificio entero se ha subido a las tablas y les disputa a los actores el papel principal." escribe Bruno Latour.

Al fin y al cabo, nuestro mundo sensorial natural es lamentablemente pequeño. En entomólogo y biólogo Edward O. Wilson explica en "La conquista social de la tierra":

"Nuestra visión se halla limitada a un minúsculo segmento del espectro electromagnético (...). Inmediatamente despues del azul en la frecuencia se encuentra el ultravioleta, que los insectos pueden ver pero nosotros no.
De las frecuencias sonoras que nos rodean solo oímos unas pocas. Los murciélagos se orientan mediante los ecos de los ultrasonidos, a una frecuencia que es demasiado elevada para nuestros oídos, y los elefantes se comunican mediante gruñidos a frecuencias demasiado bajas.

Los peces mormínidos tropicales emplean pulsos eléctricos para orientarse y comunicarse en aguas lobregas y opacas (...) Asimismo, sin que lo notemos, existe el campo magnético de la Tierra, que algunas aves migratorias emplean para su orientación. Tampoco podemos ver la polarización de la luz solar del cielo que las abejas melíferas emplean en los días nublados para guiarse desde sus colmenas a los campos de flores, y a la vuelta.


Sin embargo, nuestra mayor debilidad son nuestros sentidos lamentablemente reducidos del gusto y el tacto. Alrededor del 99% de todas las especies vivas, desde los microorganismos a los animales, se basan en sentidos químicos para encontrar su camino a traves del ambiente. También han perfeccionado su capacidad de comunicarse entre sí con sustancias químicas especiales denominadas feromonas. En contraste, los seres humanos, junto con los monos, los simios y las aves, se cuentan entre los pocos seres vivos que son ante todo audiovisuales, y en consecuencia deficientes en el gusto y el olfato. Comparados con las serpientes de cascabel y los sabuesos, somos idiotas.(...)

Nos vemos obligados a movernos tropezando a traves de nuestra vida puesta continua y químicamente en tela de juicio por una biosfera quimiosensorial, basándonos en el sonido y la visión, que evolucionaron primariamente para la vida en los árboles."

El nativo oglala lakota sioux, Luther Standing Bear describió como "civilización" y
"desarrollo" la
aceptación del parentesco de todas las criaturas, "y cuando el hombre nativo dejó esta forma de desarrollo, su humanización se retrasó en el crecimiento”

Y añadía “el corazón del hombre alejado de la naturaleza se endurece; la falta de respeto por los seres vivos conduce también a una falta de respeto por los humanos." Para los pueblos originarios, tradicionalmente, todos los seres vivientes y no vivientes forman parte de un entramado de sistemas vivos que incluye las relaciones entre ellos mismos y entre ellos y los seres humanos. Todo lo que da la tierra, es un don, que no recurso, y como don hay que protegerlo y devolverlo a la tierra.

“Su corazón está lleno de olvido” dijo en una entrevista Davi Kopenawa, yanomami. En el momento de explicar a su comunidad nuestro concepto de ‘naturaleza’, la describió como: “Naturaleza es lo que queda”.

Hubo un tiempo en el que nuestra idea de naturaleza no era vista así, como un fenómeno para conocer y manipular desde el exterior. Naturaleza suponía "toda una gama de movimientos: génesis, nacimiento, crecimiento, vida, muerte, corrupción, metamorfosis (...) De hecho, ese es el sentido etimológico de la natura latina o de la phusis griega, vocablos traducidos por las palabras "procedencia", "engendramiento", "proceso", "curso de las cosas", explica Latour.

Los yanomami llaman al planeta Hutomosi, palabra que significa “lo que queda arriba de nosotros"; y a las epidemias, "xawara". Xawara es un espíritu malo que transmite enfermedades, y significa “caníbal” en portugués. "No hay cura, no hay medicina. Sólo podría haber una cura, si hubiese un cambio, algo así como lavar una olla", nos invita Kopenawa.

Carl Woese, el microbiólogo que descubrió las arqueas, dejó esta frase en uno de sus últimos escritos, en el 2004:
              
"La sociedad moderna sabe que necesita con desesperación aprender a vivir en armonía con la biosfera. Hoy, más que nunca, nos es necesaria una ciencia de la biología que nos ayude a vivir de ese modo, que nos muestre el camino."

(El tapiz sigue agujereándose y el 50% de la vacunas se ha vendido únicamente al 14% de la población mundial. Los países ricos hacen acopio de las vacunas, que compraron el doble o el triple de las que necesitan. Canadá, por ej., ha adquirido 5 veces más de las vacunas que necesita.
Habrán algunos países que hasta el 2024, no completarán la vacunación.
No completaremos, mejor dicho: somos una red.)

            
 

Fuentes:
Carl Woese, "Una nueva biología para un nuevo siglo".
David Quammen, "El árbol enmarañado: Una nueva y radical historia de la vida".
Bruno Latour, "Dónde aterrizar".
Luther Standing Bear, "Land of the Spotted Eagle"
David W. Wolfe, "El subsuelo"
https://erria.eus/es/elkarrizketak/lo-revolucionario-no-es-tanto-hacer-sino-imaginar
https://vanguardia.com.mx/davikopenawalacriticadeunchamanalcapitalismo-1125440.html
https://www.climaterra.org/post/por-qu%C3%A9-el-mundo-oculto-de-los-hongos-es-esencial-para-la-vida-en-la-tierra
https://anthropomass.org/