domingo, 13 de junio de 2021
La economía del Regalo y del Wendigo: ciencia, sabiduría indígena y plantas.
miércoles, 19 de mayo de 2021
El Chamán de Papúa, Elon Musk, Marte y el Aceite de palma.
Sophie Chao, antropóloga.
Escuchamos Papúa y a nuestro imaginario acude el misterioso y temible chamán con sus tocados de plumas de ave del paraíso y sus faldas de paja, invocando a la lluvia, viajando en trance a las estrellas y hablando con los ancestros. Pero los rituales y poderes sobrenaturales de las corporaciones son mucho mayores.
Para las comunidades indígenas que viven en Papua Occidental, Indonesia, hacerse humano (anim), la humanidad, implica la convivencia corporal con personas humanas y no humanas, geológicas y meteorológicas. Los monocultivos del aceite de palma en Merauke también afecta profundamente su humanidad, su mundo y sus relaciones, pero no son relaciones deseadas, beneficiosas o recíprocas: bosques incendiados y cursos de los ríos desviados, cientos de peces flotando, pesticidas, lodo... Y por si esto fuera poco, una sequía extrema.
La antropóloga Sophie Chao, que estuvo haciendo allí trabajo de campo, cuenta que entre 2013 y 2018, la gente Marind-Anim se reunía todas las mañanas al amanecer para recitar encantamientos con la esperanza de convocar a la lluvia. Sin éxito.
Indonesia visitaron la aldea y se ofrecieron a realizar un ritual para hacer llover. La mayoría de los aldeanos asumieron que la propuesta era una artimaña. Esta corporación había instado repetidamente a los aldeanos a ceder sus tierras para un proyecto de palma aceitera, y los empresarios estaban cada vez más desesperados por comenzar el desarrollo o arriesgarse a perder su permiso.
Muchos miembros de la comunidad dijeron que la ceremonia sería falsa y, por lo tanto, condenada al fracaso."
"A medida que se desarrollaba la ceremonia, Pius, un anciano conocido por su extenso conocimiento del mito y el ritual Marind, de repente me agarró del hombro. Señaló con asombro el horizonte, donde se estaban acumulando densos racimos de nubes oscuras. Los truenos reverberaron entre los rituales de los tambores y los cánticos y pisadas de los bailarines. En el apogeo de la danza de la lluvia final, las nubes estallaron sobre el pueblo, liberando una fuerte caída de lluvia que duró más de dos semanas."
"Algunos sugirieron que la compañía había verificado el pronóstico y cronometrado el evento para que coincidiera con las precipitaciones previstas. Otros sospechaban que sus compañeros de la aldea divulgaban hechizos tradicionales a la empresa a cambio de dinero y alcohol. Algunos decían que era casualidad o suerte.
Para la gran mayoría de mis interlocutores, sin embargo, el éxito del ritual confirmaron los rumores generalizados de que las empresas extranjeras en realidad son poderosas y letales hechiceras. Y dada la capacidad de las corporaciones para transformar los entornos naturales y las sociedades humanas en todo el mundo, es una perspectiva que vale la pena considerar."
Los hechiceros o brujos, para estas comunidades, son los que se confabulan con las fuerzas del mal que acechan en los bosques para promover sus intereses personales y ganancias materiales. "Gerónimo, un joven Marind, habló de las corporaciones que drenan la carne y los fluidos de los Marind y sus parientes vegetales y animales, transformando bosques diversos en plantaciones homogéneas y desviando cursos de agua para riego", y además, se replican de manera peligrosa en diversas zonas. "Como dijo Serafina, madre de cuatro hijos de Merauke: La brujería es como la palma de aceite. No sabemos de dónde viene ni cómo evitar que se propague. En ambos casos, no podemos escapar de la destrucción y el sufrimiento".
Quizás haya que tomarse realmente en serio la idea de que el capitalismo moderno es una especie de magia. Es una fuerza poderosa que puede sembrar conflictos entre comunidades, alterar profundamente los paisajes e incluso provocar lluvias, huracanes y sequías a través del calentamiento global. Pero el problema también radica en el mensaje que continuamente envían estas corporaciones a los habitantes. Ellos sí pueden lograr que la lluvia venga. La comunidad, sin embargo, no lo lograba durante todos aquellos años. Sus rituales eran fallidos, y su sentimiento de impotencia ante tales poderes crecía de manera desorbitante. Además, a esto hay que añadir que el gobierno de Indonesia niega a los ciudadanos de Papúa Occidental su derecho a la autodeterminación política y cultural, donde los colonos ahora representan más del 60% de la población.
El resultado fue que los Marind decidieron abolir los rituales por miedo a que las corporaciones los manipularan, y muchos decidieron además, entregarles sus tierras.
La cooptación también se llevó a cabo a través de otras costumbres (adat), a
través del sentimiento de la deuda, la importancia de la reciprocidad y el intercambio. Fueron plenamente conocedores de que en estas culturas, si alguien te da un regalo no puedes rechazarlo y debes corresponder.
En Boven Digoel, además de la ceremonia de sacrificios de cerdos, repartieron montones de dinero en efectivo entregando sobres a cada clan con una gran cantidad de dinero. De forma bastante arbitraria y usando el término "tali asih" para describir el pago. Los habitantes no sabían si ese dinero era una muestra de buena voluntad, un regalo, o existía una expectativa de retorno. "El "pintu uang ketuk", literalmente significa el dinero que traes cuando llamas a la puerta, por lo que sugiere una invitación a una relación social. Pero en su mayor parte, las personas se vieron en una situación en la que sentían que debían corresponder. La única forma que sabían, lo único que parecía interesar a las empresas, era la tierra." explica la antropóloga.
"Por supuesto, existe el escenario predominante de acosar a las personas con alcohol, llevarlas a la ciudad, prostituirse, etc. Hubo varios casos en los que los hombres de las aldeas donde trabajaba habían bebido alcohol y se habían acostado con prostitutas. Y todo había sido filmado, y luego estas imágenes se utilizaron como chantaje. Existen esos tipos de estrategias más inmediatas."
"Según tengo entendido, la tierra puede revertirse a los propietarios originales una vez que expire el HGU [permiso de plantación de 35 años], pero solo mientras sigan practicando su estilo de vida habitual, practicando el hukum adat, o la tenencia de la tierra consuetudinaria. Primitivismo forzado controlado. Pero tampoco hay forma de que estas personas sigan practicando los derechos consuetudinarios de tenencia y subsistencia de la tierra si su tierra se ha convertido en monocultivos."
"Es el relieve del bosque, los marcadores naturales particulares (los árboles, las arboledas de sagú) que en realidad actúan como marcadores de los límites terrestres entre los territorios de los clanes. Entonces, si el bosque se ha ido, significa que en realidad no hay más puntos de referencia para identificar a quién pertenece la tierra en estos paisajes arrasados. Ahora es bastante complejo tratar de identificar qué tierra pertenece a quién."
"Entonces, una vez que expira la HGU, la posibilidad de que vuelva a las comunidades es muy, muy baja. Hay una paradoja inherente en esa demanda de las comunidades para sostener de alguna manera una forma de vida tradicional en medio de estos paisajes tecnocapitalistas. Por lo tanto, es muy poco probable que la tierra una vez cedida regrese a ellos."
También hay corporaciones que van más allá, y las tierras de este planeta no les son suficientes. Planean expediciones a Marte. En diciembre de 2020, el gobierno indonesio ofreció a Elon Musk (aunque hay algunos medios locales que lo niegan) la isla papú de Biak, hogar de unos 100.000 habitantes, como un posible lugar de lanzamiento para la expedición con destino a SpaceX Marte. Musk planea lanzar 12.000 satélites para 2026 para proporcionar Internet de alta velocidad a bajo precio a través del servicio de Internet Starlink. La isla se encuentra dentro de una región rica en recursos naturales que incluyen cobre y níquel. Estos metales son esenciales para la producción de cohetes y baterías de largo alcance para vehículos eléctricos como Tesla (otra empresa de Elon Musk). Biak también se encuentra un grado al sur del ecuador, lo que significa que se necesitará menos combustible para que una nave espacial alcance la órbita. Pero sus habitantes dependen de la pesca, la caza y la horticultura para su subsistencia diaria, por lo que la tierra y el medio ambiente representan una parte integral de la riqueza de sus culturas locales.
La antropóloga escribe que los diferentes clanes comparten ascendencia con diferentes plantas, especies y lugares con el paisaje, y son responsables de su salud y bienestar. El medio ambiente también es una fuente de conocimientos tradicionales, historias transmitidas entre generaciones, mitologías sagradas y sistemas de creencias animistas. Dañar el medio ambiente, entonces, también significa dañar el sentido de identidad cultural, pertenencia y orgullo de los habitantes locales.
"Como me informó un habitante de Biak: “Si el proyecto sigue adelante, la gente solo conocerá a Biak por sus cohetes y sus sueños espaciales. La gente no conocerá a Biak por su gente y su sufrimiento. La gente seguirá ignorando los sueños de justicia y libertad de los pueblos de Papúa ”." Chao cuenta además que "hace poco más de una década, más de un centenar de civiles en Biak fueron torturados, violados, asesinados y arrojados al mar por las fuerzas militares y de seguridad de Indonesia después de intentar izar la bandera de la Estrella de la Mañana de Papúa Occidental, un delito punible con hasta 15 años de cárcel bajo la ley de Indonesia. La justicia sigue sin cumplirse para las víctimas de un hecho que ha sido descrito por organizaciones de derechos humanos como una de las peores masacres en la historia de Indonesia posterior a Suharto, pero del que el gobierno niega su responsabilidad."
Elon Musk dijo: “Quieres despertarte por la mañana y pensar que el futuro será grandioso, y de eso se trata ser una civilización espacial. Se trata de creer en el futuro y pensar que el futuro será mejor que el pasado. Y no puedo pensar en nada más emocionante que salir y estar entre las estrellas".
"Como explicó el anciano de la tribu, “Nuestra forma de vida puede ser simple, pero ha existido desde tiempos inmemoriales. Cazamos, recolectamos y pescamos. Valoramos y protegemos la tierra y el bosque. Para mí, esto es sostenibilidad. No en el espacio. No en Marte. Aquí mismo, en tierra de Papúa (tanah Papua)".
martes, 20 de abril de 2021
Un paraíso en el infierno: las comunidades del desastre.
Rebecca Solnit, "Un paraíso en el infierno".
Ellen Meyers, fundadora de la Teachers Network, estaba saliendo del metro en Canal Street cuando vio cómo se estrellaba el primer avión. Fue una de las primeras personas en dirigirse al sur cuando miles de personas corrían hacia el norte, pues su madre, de ochenta años, vivía allí. Al encontrarse con un viejo amigo, Jim, decidieron continuar juntos. Encontraron a la madre y se metieron en el cuarto de las lavadoras con cincuenta personas más al escuchar el derrumbamiento de la segunda torre.
Meyers se acuerda que la madre dijo: "Puede que ahora tengamos vistas al río".No pude contener la risa. Y entonces Jim dice: "No llevo veinte años con VIH para morirme ahora", y ya no pude parar. Él se reía también. Estábamos riéndonos histéricamente y lo único que podía pensar era: "No hay otras dos personas en el mundo con las que preferiera estar ahora mismo". Todos sobrevivieron, y en cuanto llegaron al puerto, regresaron para echar una mano a los demás.
tormenta, el aire queda limpio de las partículas de materia que enturbiaban la vista. Es entonces cuando alcanzamos a ver más lejos y con mayor claridad", escribe Solnit. Tal vez conozcamos la libertad, no la que ondean los conservadores para afianzar y acrecentar su beneficio personal sin límites, sino la libertad para buscar alternativas al status quo, personal y político. "Creo que la oleada neoliberal de nuestra época comenzó por privatizarnos las emociones, arrebatándonos lazos sociales y la noción de un destino común", escribe Solnit.
martes, 9 de marzo de 2021
La economía de la Atención: mercaderes del Tiempo.
"El que lo obtiene todo, o lo recibe de inmediato, pierde la dicha de su disfrute. Kairós, el instante feliz, presupone siempre la espera:
ese tiempo que en ocasiones es tormento,
que a veces perdemos, beatíficos,
y que siempre es un regalo."
Andre Köhler, "El tiempo regalado".
9 segundos, dicen que es el tiempo de atención de los humanos hiperconectados. De 9 segundos es nuestra capacidad antes de pasar a otra cosa, a conectar el modo automático, a darle a avanzar, a mirar el móvil, a hacer zapping, scrolling, linking. Hasta emerger y asombrarnos de la velocidad del tiempo. Los ingenieros de Google han calculado que el máximo tiempo de concentración de una pez condenado a dar continuas vueltas en su pecera es de ocho segundos, solo uno menos que nosotros.
La hiperconexión es el producto estrella de la llamada "Economía de la atención", que monetiza la atención humana. La atención es un bien escaso, no se puede acumular y ahorrar como el dinero, pero el dinero y la atención tienen en común que gastarlo en una cosa excluye gastarlo en otra. En el caso de la atención, para poder asimilar, procesar y actuar eficazmente sobre una información, debemos centrarnos en ella.
Así, el tiempo se convierte en un factor decisivo cuando realmente solo se puede prestar atención a una cosa a la vez. Pero el tiempo también es fijo y limitado. Cuando la atención se ve como un recurso escaso, crea la base para estudiar la era de la información como una economía de la atención.
Ya en 1971, durante un foro titulado “Diseñando Organizaciones para un Mundo Rico en Información”, el Premio Nobel de Economía Herbert Simon dijo proféticamente: “En
un mundo rico en información, la riqueza de ésta significa la escasez
de algo más: la escasez de lo que sea que consuma la información. Lo que
consume la información es bastante obvio: consume la atención de sus
receptores. Por lo tanto, la riqueza en información genera pobreza de
atención y la necesidad de asignar esa atención eficientemente entre las
abundantes fuentes de información que pueden consumirla".
Son múltiples las estrategias para crear el enganche, la captación. La economía de la atención apuesta por "la sorpresa, la risa, la ira, las creencias, las emociones, la indignación, la exageración, asociar al mensaje una «prima de viralidad» que le garantizará los reenvíos, a veces antes de ser leído, y le permitirá sobrenadar en un torrente de signos. ¿Cómo extrañarse de que la verosimilitud ocupe el lugar de la verdad, y el reflejo, el de la reflexión?" se lamenta Bruno Patino en "La civilización de la memoria de pez".
Dejamos de percibir el mundo para percibir noticias sobre él y, además, la atención se orienta hacia la noticia más chillona, indignante, espeluznante y escandalosa, los instintos más bajos de la audiencia. Son relatos digitales que no se preocupan por la exactitud, sino del impacto. ¡Zasca!
Y es que, explica Patino, "la herramienta exclusiva era la capacidad de conocer la identidad y el comportamiento de los individuos gracias a sus datos de uso. Nos referimos al "service for data", servicio a cambio de datos: quiénes somos, qué hacemos, qué nos gusta, algo que Google descubrió enseguida y Facebook explotó rápidamente." El algoritmo hizo el resto con la explotación de esos miles de millones de datos recogidos, para la publicidad dirigida y aumentar así la utilización de esos mismos servicios.
En 1985, Neil Postman (Amusing Ourselves to Death) explicaba que nos acercamos cada vez más al relato de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, una civilización seducida, esclavizada y sonámbula por el placer. En esta distopía «ya no es necesario prohibir ningún libro, pues nadie quiere leer».
"No tengo tiempo", pensarás. Y ésa es la otra historia.
"El ser-ahí que cuenta, calcula y mide el tiempo, que vive con el reloj en la mano, ese ser-ahí proclama: no tengo tiempo." Martín Heidegger.
En la historia del capitalismo, el tiempo es dinero, y la velocidad voluntad de poder. Su historia es una sucesión permanente de innovaciones técnicas y tecnológicas para acelerar la velocidad de los tiempos de producción o de circulación, y conseguir así mayor plusvalía. Cuanto menor sea el tiempo en que se complete el ciclo del capital (dinero-mercancía-más dinero), mayor será la ganancia. La mecanización del trabajo abrió el camino a la aceleración sin fin, y el libre flujo de mercancías (la desregularización de los mercados) también generó la compresión del espacio (la cual, en última instancia, significa una compresión del tiempo).
Producir y consumir más rápidamente, a mayor velocidad, es el objetivo.
Nada más adquirir un producto, desear y comprar el próximo. John Kenneth Galbraith las llamó «aceleradores artificiales». La publicidad es el arte de la seducción, y logra que nos tomemos los productos como un sistema de comunicación para expresar identidades, reconocimiento, afinidades, emociones... Un ejemplo: tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, en quince días se sustituyó el tema ecuestre de las tiendas Zara de Estados Unidos por ropa negra adecuada para el luto colectivo.
El problema es que los seres humanos somos archisociables, y nuestra comunicación no tiene fin.
Pero hay otras maneras para empujarnos al consumo: la obsolescencia programada o planificación deliberada de la reducción del ciclo de vida útil de una mercancía. O la novedosa perpetua actualización, para que los productos se vuelvan obsoletos y no operativos.
El "carpe diem" que reina en la actualidad induce a consumir experiencias: aventuras, espectáculos, tours, series... Son la mercancía ideal porque son transitorios, episódicos: pasan y se esfuman. Y algunos de ellos pueden volverse interminables.
Ya en 1900, el sociólogo y filósofo social Georg Simmel advirtió en "Filosofía del dinero":
"La ausencia de algo definitivo en el centro de la vida empuja a buscar satisfacción momentánea en excitaciones, satisfacciones en actividades continuamente nuevas, lo que nos induce a una falta de quietud y de tranquilidad que se puede manifestar como el tumulto de la gran ciudad, como la manía de los viajes, como la lucha despiadada contra la competencia, como la falta específica de fidelidad moderna en las esferas del gusto, los estilos, los estados de espíritu y las relaciones"
"Semiocapitalismo", lo llama Franco Berardi: "ya no existen cosas materiales, sino signos; ya no hay producción de cosas como materiales visibles y tangibles, sino producción de algo que es esencialmente semiótico": un sistema de intercambio de signos. La producción de valor no está en "la intervención generativa de la materia física y el trabajo muscular", sino en el intercambio de signos. Y puede realizarse en milisegundos, como en los intercambios financieros a través de múltiples computadoras.
La política también se vuelve cortoplacista, se moldea a los eventos cotidianos, a la coyuntura y sus líderes son individuos carismáticos que prometen eficacia y velocidad. El más rápido es el más poderoso, y cuanto más poder se tiene, más rápido se puede ser.
Las galerías de arte en Nueva York tienen como norma incuestionable que el timbre del teléfono de la recepción no puede sonar más de dos veces y que los correos electrónicos deben ser contestados en menos de doce horas. El trabajador debe tener siempre disponibilidad completa, ser flexible y dinámico.
"Yo no estoy en el negocio, yo soy el negocio", le responde a Deckard la replicante Rachel en la película Blade Runner. "Negocio" deriva de las palabras latinas nec y otium, es decir, lo que no es ocio. Ocio se identifica con "scholé", escuela, algo así como cultivar el espíritu. La productividad se ha adueñado también de nuestro tiempo de ocio. "Nos intimida la expectativa de que debemos ser realmente expertos en lo que hacemos en nuestro tiempo libre. Nuestros hobbies, si es que los podemos seguir llamando así, se han vuelto demasiado serios", escribe Wu.
El tiempo se ha convertido así en un bien escaso, el recurso más demandado sobre el que se construye el conjunto del crecimiento económico actual.
Con el consumidor digital, "captar el tiempo de los usuarios conectados proponiéndoles ganar tiempo constituye la paradoja insoluble de la economía de la atención. Es un círculo vicioso e infinito, en el que el humano consume cada vez más tiempo para producir cada vez más tiempo. Este proceso de producción lleva aparejado un mecanismo de desposesión, ya que de paso se construye un vínculo de dependencia respecto a la herramienta digital que conquista, transforma y produce el tiempo", explica Luciano Concheiro (Contra el tiempo: Filosofía práctica del instante).
El reloj determina cuánto tiempo tenemos (o mejor dicho, no tenemos), y la gran ciudad nos perturba con un tiempo discontinuo que nada tiene que ver con los ritmos naturales. Pero los seres humanos todavía conservamos la lentitud en nuestros adentros, en nuestros sentimientos, en nuestra percepción.
Hay un tiempo del aburrimiento por falta de afanes: "nada es igual de lento que las cojas jornadas, cuando bajo pesados copos de años nevosos, el hastío, ese fruto de falta de afanes, toma las proporciones de inmortalidad" se lamenta Baudelaire en "Las flores del mal".
Pero hay otro tiempo que no se tiene, se es. El tiempo interior afanado.
Hannah Arendt lo describe así:
"Una región intemporal, una presencia eterna en completo silencio, más allá de los relojes y los calendarios humanos (...) el silencio del ahora en la existencia del ser humano, sometida a la presión y al zarandeo del tiempo. (...) Este pequeño espacio atemporal en el mismísimo núcleo del tiempo"
Kairós era el dios griego, dios del momento oportuno, en el que pueden surgir lo nuevo, transformaciones, cambios, ideas (derivada del griego "eido", que significa "yo vi"). En él, el ser humano deja de percibir el tiempo como un transcurso cronológico de los acontecimientos (Cronos), y lo vive como el "instante eterno". Kairós "hace nudos en el tiempo lineal del reloj" (Charles Taylor en La era secular), y nos muestra la balanza, creando instantes o epifanías en los que desaparece la noción del tiempo, y nos invita a relajarnos, a concentrárnos. Todo está en su sitio en ordenada armonía, como los ritmos naturales.
“Somos criaturas del tiempo de pies a cabeza” nos intima el neurólogo Oliver Sacks. En la cabeza, la percepción del tiempo reside en el núcleo estriado, una región que está en lo más profundo del cerebro, y funciona gracias a la conectividad. Entrenamos a las neuronas que son las encargadas de comparar la duración de unos acontecimientos con otros, gracias a que en la superficie hay otras neuronas que son como metrómonos, mandando señales eléctricas cada pocos segundos de manera continua. Inconscientemente, nosotros somos los que entrenamos todo este mecanismo, y la gestión controlada de nuestra atención es nuestra herramienta más útil. Y no es baladí: cada segundo, nuestros sentidos transmiten aproximadamente 11 millones de bits de información a nuestros cerebros. Ríete del 5G.
"Las formas más elevadas de pensamiento (la contemplación, la reflexión, la introspección, incluso la respiración profunda( requieren que prestemos atención, que eliminemos las distracciones y las interrupciones. Sin embargo, la tecnología de internet hace exactamente lo opuesto: nos interrumpe y nos distrae constantemente", explica Nicolas Barr, autor de "Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?"
Como consecuencia, según el sociólogo Hartmut Rosa, no hay manera de poder controlar los repentinos procesos de cambio de nuestra vida, y la vida "se convierte en el espacio estático de una fatalista inmovilidad".
¿Y qué problema hay con eso?, nos pregunta Tim Wu, y escribe:
"Fue William James, la fuente del pragmatismo estadounidense, quien, habiendo vivido y muerto antes del florecimiento de la industria de la atención, sostuvo que nuestra experiencia de vida en última instancia equivaldría a todo aquello a lo que habíamos prestado atención. Entonces, está en juego algo parecido a cómo se vive la vida. Eso, al menos, debería obligar a un mayor escrutinio de las innumerables negociaciones a las que nos sometemos habitualmente y, lo que es más importante, nos debe llevar a considerar la necesidad, en ocasiones, de no negociar en absoluto.
Si deseamos un futuro que evite la esclavitud del estado propagandístico, así como la narcosis del consumidor y la cultura de las celebridades, primero debemos reconocer el valor de nuestra atención y decidir no deshacernos de ella de manera tan barata o irreflexiva como a menudo lo hemos hecho. Y luego debemos actuar, individual y colectivamente, para manejar nuestra atención nuevamente, y así reclamar la propiedad de la experiencia misma de vivir”.
Los peces no tienen una memoria de 8 segundos. De hecho, científicos demuestran que pueden recordar el lugar en el que fueron alimentados hasta doce días después.
Los peces de colores, de mayor tamaño en estado salvaje, han nacido para vivir en grupo, y así pueden llegar hasta los veinte y treinta años.
Se trata de la pecera.
Fuentes:
Bruno Patino en "La civilización de la memoria de pez".
Tim Wu (Mercaderes de la atención).
Luciano Concheiro (Contra el tiempo: Filosofía práctica del instante)
https://www.bbc.com/mundo/noticias-55856164


























