domingo, 11 de diciembre de 2011

La montaña sagrada y la empresa minera: los Dongria Kondh.


"Somos gente de las montañas. Si nos vamos a cualquier otro lugar, moriremos". 

"Vedanta ha venido aquí para destruir a los dongria. Les echaremos fuera. No tienen ningún derecho a tocar nuestras montañas. No vamos a permitirlo, aunque nos cueste la cabeza"

Rajendra Vadaka, dongria kondh.

Hay un lugar donde las lluvias del monzón del verano transforman los arroyos en ríos y las montañas son veneradas como dioses. Son las colinas Niyamgiri de la India, hogar de los Dongria Kondh. En los comienzos, su dios de la montaña creó Niyamgiri como hogar de los Dongria, y según dicen ha estado cuidando de ellos desde entonces.

"Niyam rajah es nuestro dios y le veneramos. Veneramos las rocas, las colinas, nuestras casas y nuestras aldeas. La montaña es nuestro templo y nuestro dios.”

Los kondh son un pueblo adivasi (indígena) de la India. Los dongria kondh, de unos 8000 miembros, son un subgrupo de los kondh.
Se les llama dongria o habitantes de donger (“colina” en oriya) que están cubiertas de grandes bosques naturales y son hogar de muchas especies raras.
Se llaman a sí mismos jharnia que significa “los que viven al lado de los jharana (los arroyos)”. Cientos de arroyos perennes bajan de la montaña Niyamgiri y hay cientos de aldeas de los dongria kondh al lado de los arroyos. 

Las creencias de los dongria se basan en el sincretismo y el animismo. Los dioses y las diosas siempre se asocian a varios fenómenos naturales, objetos, árboles, animales, etc. y existen dioses para cualquier objeto. Los más importantes son el dios de la tierra Dharani Penu, y el dios de la Montaña Niyam Rajah, el creador que sustenta a los dongria, pero también hay un dios para la calle de delante y uno para la calle de detrás de la casa, uno para la cocina, uno para el salón, uno para instrumentos... El incumplimiento de una conducta religiosa por cualquier miembro de la sociedad provoca la cólera de los espíritus en forma de falta de lluvia, arroyos que se desbordan, destrucción de los productos forestales y otras calamidades naturales. Para el control social de la comunidad y a nivel regional (Muttha) existen líderes religiosos hereditarios como el mondal (líder secular), el jani (líder religioso), el bejuni (hechicero) y el barik (mensajero). 

Pero la lucha de esta comunidad no es sólo cuestión de mitología y relatos ancestrales, ya que sobreviven gracias al agua que mana en lo alto, desciende en forma de riachuelos y hace posible la subsistencia en una comarca tan árida y así, a diferencia de otros pueblos tribales de la India, los dongria kondh son muy buenos horticultures, cultivando en las colinas de Niyamgiri. Expertos medioambientales han achacado ese suministro permanente de agua a los depósitos de bauxita (mineral del aluminio) que esconden las montañas, ya que este mineral es poroso y retiene el líquido. Por eso, los dongria son los protectores de estos arroyos, colinas y selvas y mantienen intacta la cumbre porque sirve de hogar a su dios, Niyam Rajah Penu, que les proporciona la preciada agua.

"Nosotros no cultivamos en lo alto de la colina porque sostiene la vida en el resto. Si dañas el cerebro, ¿cómo va a funcionar el cuerpo?". 

"Somos pobres pero autosuficientes, porque obtenemos todo lo que necesitamos de las colinas. Nos lo dan todo menos sal"




Para los dongrias, su montaña es su dios que les sustenta y les da la vida. Para Vedanta, es un depósito de bauxita de más de mil millones de dólares. Otros grupos kondhs ya padecen las consecuencias de una refinería de bauxita, construida y gestionada por Vedanta a los pies de las colinas de Niyamgiri.

"Deberíais ir a Lanjigarh y descubrir como la refinería ha transformado todo aquello. La vida es tan dura allí que las mujeres y los niños están muriendo. Ahora que la gente de allí se ha dado cuenta de lo que está pasando, está hablando de ello. Al principio, dieron la bienvenida a la empresa, pero ahora se están dando cuenta de su error porque viven como perros. Ahora se han dado cuenta de que han perdido su tierra y sus hogares para siempre."

La lucha enfrentó a los 8.000 miembros de este pueblo indígena, casi todos analfabetos, con el poder de una empresa valorada en ocho mil millones de dólares y su fundador Anil Aggarwal (célebre en este país por su origen humilde, pues durante su niñez tuvo que dedicarse a vender chatarra para sobrevivir), con una fortuna que se estima en los seis mil millones de dólares. Bloquearon las carreteras, formaron una cadena humana y organizaron numerosas manifestaciones contra la empresa. Prendieron fuego a un jeep de Vedanta que había entrado en la meseta sagrada y dos de sus líderes fueron secuestrados y apaleados antes de ser puestos en libertad, en una atmósfera de creciente violencia. Incluso representantes del pueblo pidieron ayuda al director de cine James Cameron por su similitud con su película "Avatar" "Nosotros hemos visto su película; ahora vea usted la nuestra"

“Vedanta no tiene ningún derecho a tocar nuestras montañas Niyamgiri. Incluso si cortáis nuestras gargantas, si nos cortáis nuestras cabezas, no vamos a permitirlo”

“Todas nosotras, las mujeres, iremos a la cárcel. ¿A cuanta gente pueden mantener en la cárcel?”

Finalmente, el Gobierno indio rechazó conceder la licencia medioambiental definitiva para la mina de Vedanta.

Pero la decisión de conservar a la montaña Niyamgiri intacta no fue bien recibida por todo el mundo. En Lanjigarh, el pueblo donde está la refinería, un grupo de empleados de Vedanta asegura que la economía del lugar sufrirá muchísimo. "Los dongria kondh no quieren el desarrollo simplemente porque no están educados y no saben lo que es, prefieren vivir entre los árboles"

Para Mahesh Aggarwal, que ha puesto con un socio el primer y único hotel de Lanjigarh "la industrialización debe continuar y se tiene que sacrificar algo, en este caso un poco del medio ambiente. Además no se puede vivir de los árboles". ¿Pero si no se tienen árboles? "Bueno, sí, tener oxígeno qué respirar es un problema", acepta.
Para este empresario literalmente de casta (se le ve en el apellido, Aggarwal, que curiosamente coincide con el del dueño de la minera Vedanta) "los que son todavía pobres en India lo son porque son perezosos. Al Gobierno no le importan ni el medio ambiente ni los pobres; es sólo una movida política"
El director de operaciones de Vedanta, Mukesh Kumar, añade "Tenemos un contrato con el Gobierno local para explotar 150 millones de toneladas de bauxita, así que les pediremos que mientras se resuelve el embrollo nos dejen explotar en otras partes"

Pero los dongria lo tienen muy claro: "Si Vedanta excaba las montañas el agua se secará. En los bosques de Niyamgiri hay osos, tigres, monos y jabalíes, todo tipo de animales. Vivimos todos juntos. ¿Dónde beberán los animales? ¿Y nosotros?


"Queremos estar aquí, esta es nuestra tierra. Pero nos gustaría tener algunas necesidades básicas y que los maestros vengan a dar clases", afirma el indígena dongria Guillu Magi. Rama Pusika, que a sus 22 años está estudiando un máster en negocios en la capital del Estado y es uno de los pocos dongria kondh que habla inglés y tiene estudios, dice: "Deberíamos poder continuar con nuestra cultura, pero poder ver el mundo, tener educación, porque ahora se nos está dejando morir, estamos en la oscuridad".

La Mina: historia de una montaña sagrada, parte 1 y parte 2:





jueves, 8 de diciembre de 2011

El atraso de África: Ya nada me asombra.


"Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia". Desmond Tutu

“Cuando un pueblo empieza a creer que el color de la piel o la forma de la nariz garantizan su futura preeminencia, está generalmente contribuyendo a cavar su propia tumba.”





Africa NO ES POBRE. El 65% de las tierras cultivables del mundo está ahí y cada país es rica en materias primas. Europa sobrevive por ellas.
Africa NO ES POBRE. Si colocaran vallas con concertinas entre su gran riqueza de materias primas y Europa, no sobreviviríamos ni dos meses.
 




Se han repartido el mundo
Ya nada me asombra.

Si tu me dejas Chechenia,
Yo te dejo Armenia.
Si tú me dejas Afganistán
Yo te dejo Pakistán.
Si no abandonas Haití,
Yo te embarco hacia Bangui.
Si me ayudas a bombardear Irak,
Yo te arreglo lo de Kurdistán.

Si tú me dejas uranio,
Yo te dejo el aluminio.
Si tú me entregas tus yacimientos,
Yo te ayudo a perseguir a los Talibanes.
Si tú me das mucho trigo,
Yo hago la guerra a tu lado.
Si tú me dejas extraer tu oro,
Yo te ayudo a echar al general.

Se han repartido África sin consultarlo.
Se sorprenden de que estemos desunidos.
Una parte del imperio Mandiga,
Se encuentra donde los Wolof.
Una parte del imperio Mossi,
Se encuentra en Gana.
Una parte del imperio Sousso,
Se encuentra en el imperio Mandiga,
Una parte del imperio Mandiga
Se encuentra donde los Mossi.

Se han repartido África, sin consultarnos,
Sin preguntarnos,
sin advertirnos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Los huaorani: el placer sensual de la vida en común.

“Yo tengo 21 hermanos y 130 sobrinos, pero mi familia es mucho más grande, todos los huaorani somos hermanos” Moi Enomenga.


Un ceibo gigante se cayó y de él surgió la selva y nacieron los huaorani. Así describe su origen Moi Enomenga, líder indígena recién galardonado con el premio al Liderazgo en la Conservación en América Latina por la sociedad internacional National Geographic. 

Quizás por eso se mantienen unidos como ramas de un sólo árbol, y unidos disfrutan de una sexualidad diferente: el placer sensual de la vida en común.

Los Huaorani es un pueblo que habita en la selva ecuatoriana entre los rios Napo y Curaray, (actualmente no son más de 600 personas). Viven en pequeñas chozas alejadas de los ríos, lo que ellos denominan "casas largas". La "onka" abriga de 10 a 30 personas de una misma familia, es espaciosa y se compone de una pareja mayor (un hombre, casado normalmente con dos o tres mujeres hermanas ) sus hijas casadas (si están casadas, con sus maridos e hijos), y sus hijos solteros. El tipo de residencia es matrilocal (el hombre cuando se casa se va a vivir a la residencia de su mujer). Los hombres, que inician su vida de casados en los grupos de vivienda de sus esposas son casi como extraños y van siendo incorporados gradualmente a medida que van teniendo hijos. 

Los Huaorani comparten todo en la casa larga, comida, juegos, enfermedades, sexo... En esta cultura la sensualidad no se centra en los genitales ni es dominio exclusivo de la heterosexualidad adulta. Ellos no erotizan ni sexualizan su sensualidad: sensualizan la vida en común. No distinguen la sensualidad de otros placeres corporales, todos los distintos placeres corporales son simplemente "bienestar" en su vida común. Por ejemplo un huaorani no distingue entre el placer del coito y el placer que obtiene un niño cuando mama la leche materna. Para ellos su sensualidad es decir "que bien vivimos todos juntos". La vinculación sensual, como el compartir comida, despliega un aspecto del placer de vivir en compañía. Todos participan en el bienestar de todos, a más tiempo juntos, más iguales se hacen.

"En esta cultura la sensualidad no se centra en los genitales, ni es dominio exclusivo de la heterosexualidad adulta; por ello no debe ser equiparable al «placer sexual». Los niños buscan el placer sensual tan activamente como los adultos (o quizá más) pues la sensualidad, que no requiere madurez sexual, es una parte esencial de la pertenencia a la colectividad. La cultura huaorani no erotiza la sensualidad, ni diferencia el placer genital de otros placeres corporales. Por ejemplo, no se distingue entre el placer y la satisfacción durante la relación sexual, el placer y la satisfacción de un niño o niña de tres años que acaricia el pecho de la mujer que los está alimentando, el alegre sentimiento de alguien que acaricia suavemente el cuerpo de un compañero cariñoso, la gratificación obtenida por la acción de despiojar la cabeza de alguien, o el placer de ser despiojado por manos expertas. Naturalmente es muy difícil para los occidentales aceptar que estas relaciones íntimas no estén erotizadas, y los periodistas de los periódicos sensacionalistas británicos los considerarían, casi sin duda, actos sexuales." escriben Laura Rival, Don Slater y Daniel Miller.

Por eso no existe para esta cultura una noción semejante a nuestro concepto de sexualidad, ni categorizaciones que distingan unos comportamientos sexuales de otros, incluso para aquellos en que participan niños, jóvenes y adultos. Tampoco es significativa, en su construcción de los géneros la atracción sexual entre hombres y mujeres.
Sin embargo, los huaoranis llevan a cabo prácticas que otras culturas calificarían de sexuales, tanto homo como heterosexuales. Simplemente, al no existir en su cultura la noción central de heterosexualidad, no se dan las correspondientes construcciones culturales de homosexualidad ni bisexualidad.

La necesidad de confortabilidad y de contacto físico no se interpreta como sexual, y el deseo de afecto no se toma como deseo de sexo.

Es muy difícil de entender dentro de la mentalidad occidental el que haya personas que no eroticen las relaciones íntimas
, máxime cuando en nuestra cultura la sexualidad está en la base de casi todas las relaciones de poder. La sexualidad entre los huaoranis no se utiliza nunca entre los miembros para establecer diferenciales de poder o para transgredir normas sociales. Para ellos el placer sensual o el bienestar promiscuo, es simplemente un modo de materializar la economía compartida de la casa larga.
El que no sexualicen su vida no quiere decir que este pueblo desconozca o no valore las relaciones sexuales. La sexualidad referida a relaciones íntimas entre sexos no existe como tal, pero existe la sexualidad que se centra en la reproducción. Los huaorani saben que el sexo es necesario para perpetuarse y por tanto toda su sexualidad va dirigida a fines reproductivos. Para ellos hacer sexo es simplemente dos personas (hombre y mujer) realizando el coito en una hamaca, con fines reproductivos. Como es difícil que una mujer se quede embarazada en el primer coito, todos deben contribuir a la creación de niños, de ahí que no sea raro que varios hombres pasen por la misma hamaca de una mujer. Repetir las relaciones sexuales se considera necesario para que una mujer quede embarazada y para que el feto crezca.

Tener niños no se considera un subproducto del placer sexual, sino un premio en sí mismo, ya que la condición de adultos tiene que ver con el apareamiento y con el dar vida a los hijos. La sexualidad reproductiva crea nexos físicos, espirituales y sociales entre mujer y hombre y un niño pequeño fruto de su cópula, y este nexo no es ni más ni menos social que el resto de los vínculos a traves de los placeres corporales como el comer, dormir...

Su vida social se caracteriza por la ausencia de jerarquías y por la repartición natural de tareas. A pesar de los diferentes papeles relacionados con el sexo, se puede observar que la igualdad entre hombre y mujer es un rasgo determinante de los huaorani..Matar y guerrear no está bien visto: tiende a romper los grupos domésticos. Los hombres no ejercen violencia contra las mujeres y sus agresiones nunca se expresan sexualmente. La socialidad, la vida agradable y la creación de comunidades se construye a través de la participación diaria considerando el potencial humano como desarrollo que se afirma contra la inhumanidad de la predación y la muerte violenta. 

Los Waorani reconocen a la ocupación (trabajo) como “kaki”, esta palabra significa hacer, o “wamoni kemoni” que implica haciendo.

La concepción del trabajo asalariado gira bajo la unión de “wamoni kemoni” (haciendo) con “boto ki” (yo-mío) y así se establece la acción de haciendo y tomar lo que es mío.

Cuentan que había un ceibo enorme que cuando se cayó se creó toda la amazonía y los waoranis, por eso nosotros somos parte del bosque y sabemos vivir con él.
 
Antiguamente nuestros abuelos caminaban por todo nuestro territorio protegiéndolo en sus límites y enseñándonos los caminos, los ríos y los lugares donde están enterrados nuestros antepasados. El padre puma era el sabio espiritual, adivino y curador que tenía toda la magia que guiaba a nuestro pueblo y nos daba el poder para ser guerreros y vivir en bosque. El poder de los padre pumas defiende nuestro territorio.
El territorio de mi pueblo tenía una extensión de alrededor de dos millones de hectáreas. Desde los años cincuenta las empresas petroleras y las iglesias iniciaron una división, ocupación de las tierras para extraer el petróleo. 
Nuestro territorio era uno solo y no conocíamos el dinero y tampoco a las empresas petroleras, como no sabíamos lo que hacían les dejamos entrar. Algunas personas de mi pueblo empezaron a trabajar en las empresas porque ya no tenían territorio donde cazar y pescar, entonces debimos aprender a trabajar en los campamentos petroleros y empezamos a comprar comida y medicinas para curar las nuevas enfermedades.
A mi me contaron que cuando nosotros morimos nos convertimos nuevamente en animales del bosque, en jaguares y anacondas. Y cuando entran las petroleras y las iglesias destruyen todo, acabando con nuestros espíritus y nuestros ancestros, cambiando nuestra cultura y tradiciones. 

Yo tenía un año cuando los misioneros evangélicos llevaron a mi familia a vivir al protectorado donde habían reducido a casi todo mi pueblo. La mayoría mi familia murió cuando llegamos al protectorado porque no teníamos vacunas para las nuevas enfermedades que nos habían contagiado los religiosos. 

Desde que llegaron los misioneros trataron de acabar con nuestras creencias, y nuestras tradiciones casi desaparecieron. Luego las empresas petroleras ingresaron a nuestras tierras contaminando y destruyendo la tierra. Los viejos fueron obligados a olvidar sus poderes y los jóvenes aprendieron a ser empleados de las empresas que los utiliza como guías y peones. 

Desde entonces es que mi pueblo viene sufriendo la presencia de invasores y extraños que nos han conducido a la desaparición de nuestra cultura y nuestro territorio. Cuando nos dimos cuenta, nuestras tierras estaban ocupadas y las familias dividas, entonces tratamos de recuperar nuestro territorio para volver a vivir como nos enseñaron nuestros abuelos. 

En varias ocasiones hemos tratado de luchar juntos pero las empresas petroleras a través de sus ofrecimientos, mentiras y convenios ilegales han logrado dividir nuestro territorio con sus carreteras y acuerdos firmados con otros miembros de mi pueblo que tienen necesidades para curar sus enfermedades y comprar alimentos. 

Actualmente existen siete empresas petroleras que contaminan y destruyen el bosque en el que vivimos. La empresa Petrobel, opera en el campo Tiwino y ha provocado derrames de petróleo. La compañía Perenco construyó una nueva carretera, esta perforando nuevos pozos y explotando petróleo en nuestras comunidades sin informar a nuestra organización sobre sus actividades. Repsol YPF utiliza la carretera que construyó la empresa Maxus dentro del Parque Nacional Yasuní y está explotando petróleo desde hace diez años; tiene un convenio con nuestra organización que ha creado mucha dependencia de las comunidades a la empresa, el año pasado las comunidades que viven cerca a la Repsol hicieron un paro que fue duramente reprimido por policías y militares. La empresa brasileña Petrobras quiere reiniciar los trabajos de explotación de petróleo en nuestro territorio.

Tengo muchas historias e ideas que contarles pero este espacio es muy pequeño para la larga historia de mi pueblo. Pero nosotros seguiremos viviendo en el bosque y no nos dejaremos callar. Mis abuelos eran fuertes guerreros que no dejaron entrar a los extraños , pero ahora yo soy amigo de otros pueblos y quiero que luchemos juntos para proteger mi territorio y el de mis hermanos Tagaeiri – Taromenane que viven en libertad y sin contacto con esta civilización. 

Atentamente,
Moi Enomenga*

*Es mi nombre que en mi lengua significa Sueño, Espíritu, Viento.
Fuentes: 


Rival, Laura; Slater, Don y Miller, Daniel (1999). "Sexo y sociabilidad. Etnografías comparativas de objetivación sexual". (Reproductividad sensual en el Amazonas: "dos haciendo", sexo entre los huaorani).



miércoles, 30 de noviembre de 2011

Cuando las mujeres mandan: la mujer guerrera.

 
 
 "Una multitud de mujeres aporreando su choza podía despertarle en medio de la noche. Las mujeres bailaban danzas indecentes, entonaban canciones en las que se burlaban de su virilidad y utilizaban el patio de su casa como letrina hasta que éste prometiese enmendarse. A esto lo llamaban «sentarse sobre un hombre » 

Marvin Harris, Nuestra especie.

En muchas tribus, las mujeres viven en unas circunstancias que hacen que su vida sea muy difícil.

Así, es el caso de las mujeres yanomamis y de Papúa de Nueva Guinea, sociedades en las que se practica la patrilocalidad. Al casarse tienen que abandonar sus casas para ir a vivir a la de su marido, lo que las aísla por completo de la protección de los suyos.

Esto es porque en estas pequeñas aldeas la victoria que se da en las cruentas batallas con las aldeas vecinas por la competencia de recursos dependerá de equipos de combate compuestos por varones que se han ejercitado juntos y creen unos en otros. ¿Qué mejor manera de formar equipos de combate que se compongan de padres, hijos, hermanos, tíos y sobrinos paternos corresidentes? Pero para poder permanecer juntos tras el matrimonio, estos varones deben llevarse a sus esposas a vivir con ellos.

Cuando los que viven en pequeñas aldeas se alían con los de las aldeas vecinas y se transforman en jefaturas más complejas y de mayores dimensiones, tiene que recorrer distancias cada vez mayores para cazar y comerciar, lo que los lleva en muchas ocasiones a permanecer fuera del hogar por largas temporadas. Cuando ocurre esto tienen que dejar a alguien al cargo de su casa, los cultivos, etc, pero la esposa no es digna de confianza porque permanece fiel a su propia familia, no a la del esposo, así que esta responsabilidad pasa a manos de la hermana. Aquí tiene lugar un cambio gradual de la patrilocalidad a la matrilocalidad; pues no darán a la hermana en matrimonio a no ser que su marido se traslade a la aldea de ella. 

De esta manera, cuando llegan de sus largos viajes, los maridos se convierten en extraños; son ellos los que se sienten aislados y deben vérselas con un frente unido de miembros del sexo opuesto que llevan toda la vida viviendo juntos. Así pues, allí donde prevalece la matrilocalidad el control de la esfera doméstica tiende a concentrarse, en su totalidad, en manos de las mujeres. Los maridos dejan de ser residentes permanentes para convertirse en una especie de visitantes y el divorcio es frecuente y tan fácil para las mujeres como para los hombres. Si un varón maltrata a la esposa o ésta se harta de él, ella y sus hermanas, madre y tías maternas lo expulsan sin miramientos, enviándolo de vuelta a su propia familia materna. Y el hecho de que el marido se encuentre a menudo ausente hace tanto más sencillo el divorcio.” 

En las sociedades donde existe la matrilocalidad las mujeres tienen mejor nivel de vida al estar protegidas por sus familias y entran en posesión de los medios de producción para influir en las decisiones políticas, militares y religiosas. 

“En las sociedades yoruba, ibo, igbo y dahomey, las mujeres eran propietarias de tierras y cultivaban sus propios productos. Las mujeres dominaban los mercados locales y podían acumular una riqueza considerable gracias al comercio. Para casarse, los varones tenían que pagar el precio de la novia, transacción en sí misma indicativa de que ésta era una persona sumamente valiosa y de que sus padres y parientes no estaban dispuestos a renunciar a ella sin que se les indemnizase por la pérdida de sus capacidades ecónomicas y reproductoras. De hecho, los pueblos del Africa occidental estimaban que tener muchas hijas era ser rico

En lo referente a la conducta sexual, no existía la doble moral. Aunque los hombres practicaban la poliginia, sólo podían acceder a ella una vez consultada la primera esposa y obtenido su permiso. Pero ellas también tenían bastante libertad, y en ocasiones mantenían relaciones extramaritales. Además, en numerosas jefaturas y Estados del Africa occidental, ellas mismas podían abonar el precio de la novia y desposar a otras mujeres, incluso en la sociedad Dahomey. construían una casa para su «esposa» y tomaba las medidas necesarias para que un consorte embarazase a ésta. Pagando los precios de la novia por varias de estas «esposas», una mujer ambiciosa podía hacerse con el control de una diligente unidad doméstica y adquirir riqueza y poder.

Entre los igbos de Nigeria, aunque los gobernantes de esos Estados y jefaturas eran casi siempre hombres, sus madres y hermanas ocupaban cargos que conferían a las mujeres un poder considerable. En algunas de estas sociedades existía la “madre de todas las mujeres” cuyo poder podía ser el mismo que el de los gobernantes masculinos. Un varón que infringiese las normas mercantiles de las mujeres, permitiese que su cabra devorase los cultivos de una mujer o maltratase a la esposa, se exponía a una venganza colectiva. Una multitud de mujeres aporreando su choza podía despertarle en medio de la noche. Las mujeres bailaban danzas indecentes, entonaban canciones en las que se burlaban de su virilidad y utilizaban el patio de su casa como letrina hasta que éste prometiese enmendarse. A esto lo llamaban «sentarse sobre un hombre » .
Por supuesto, en estas sociedades  no existen ni el elevado índice de infanticidio ni la preferencia por los hijos varones.

Pero la subordinación del varón en estas sociedades no alcanza el grado de subordinación de la mujer en las aldeas machistas. Esto no se debe sin embargo a una falta de crueldad y de piedad por parte de las mujeres, sino a una falta de poder, porque en estas sociedades estratificadas la mayoría de los varones ya no estaban entrenados desde la infancia en la caza de hombres, ni siquiera en la caza de animales. En vez de ello, se ven reducidos a la condición de campesinos desarmados y la mayoría de las mujeres ya no tenían que tratar con maridos cuyas dotes para la violencia se hubiesen curtido en el campo de batalla.

En cambio, en la India septentrional, el tener muchas hijas suponía un desastre económico para la familia, porque el padre tenía que abonar a cada marido de estas con dinero, joyas o telas; de ahí el alto índice de infanticidio. En los últimos tiempos, a algunos maridos les ha dado por reclamar dotes complementarias, lo que ha originado una oleada de quemas de novias. Además, a las viudas en esta sociedad, se les obliga a llevar una vida de reclusión, sin esperanza de un nuevo matrimonio, sujetas a tabúes alimentarios que las mataban de hambre… lo que provocaba que muchas de ellas prefiriesen la hoguera a la viudedad. 

¿A qué obedecen estas diferencias?

Cuando mujeres y hombres están igualmente capacitados para desempeñar funciones militares y productivas, el estatus femenino alcanza la paridad con el masculino. Se puede observar claramente comparando estas dos culturas de las que hablamos, África occidental y la India septentrional, donde la forma de producción de la primera no exige tanto la fuerza física que beneficie al hombre como la segunda.

En el Africa occidental, la principal herramienta agrícola no era el arado tirado por bueyes, como en la india septentrional, sino la azada de mango corto, de modo que, sin otra herramienta que simples azadas, las mujeres podían ser tan eficaces como los varones.
En la propia India, se cumple también en lo que atañe a extensas regiones al sur y al este de Kerala. Los estados agrarios de Sri Lanka, el sudeste asiático e Indonesia se basan todos en la producción «húmeda»» de arroz, en la que las mujeres tienen, como mínimo, la misma importancia que los varones para realizar tareas decisivas, y es precisamente en estas regiones donde las mujeres han disfrutado tradicionalmente de niveles excepcionalmente elevados de libertad y poder en las esferas pública y doméstica.

En la India septentrional, la contribución de las mujeres en la agricultura era menor. Los hombres monopolizaban el manejo de los arados tirados por bueyes y éstos eran indispensables para roturar los duros suelos. Esto hace un efecto cadena que provoca que los hombres se alcen con el monopolio del comercio, en ser los primeros en alfabetizarse ya que tenían que llevar los registros del comercio, y lo mismo ocurrió con las ramas administrativas del gobierno, donde adquirían este poder por su superior fuerza física. 

Sin embargo, esto ya no ocurre en sociedades como la nuestra, donde la mayor fuerza física no tiene esa importancia ya que mujeres y hombres se enfrentan en las mismas condiciones. ¿Qué necesidad hay de fuerza muscular si los procesos de producción decisivos se desarrollan en fábricas automatizadas o mientras las personas están sentadas en oficinas informatizadas? Así, esto explicaría el mayor grado de igualdad que existe en nuestra sociedad.

Pero existe una última barrera a la igualdad entre los sexos. A pesar de la importancia menguante de la fuerza bruta en la guerra, las mujeres siguen excluidas de las funciones de combate en los ejércitos del mundo. ¿Se puede instruir a las mujeres para que sean tan eficaces como los varones en el combate armado con misiles balísticos intercontinentales, bombas inteligentes y sistemas de artillería informatizados? No veo razón para ponerlo en duda. Pero las mujeres deben decidir si desean ejercer presiones para obtener la igualdad de oportunidades en el campo de batalla o para obtener algo distinto:  
el fin de la guerra y el fin de la necesidad social de criar guerreros de talante machista, 
trátese de varones...
o de hembras.

Una mujer indígena sostiene a su hijo mientras se resiste al avance la policía estatal que trata de expulsarla, junto a otras 200 personas pertenecientes al Movimiento de los Sin Tierra, de una propiedad privada a las afueras de Manaos, en el Amazonas brasileño.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Ishi y El hombre del agujero: los últimos de su tribu.


ISHI

"Aquí no queda ninguna presencia de espíritus. Soy el último del Pueblo, cuando haya desaparecido, será como si nunca hubiésemos existido."


Ishi fue un indio Yahi, nacido alrededor de 1860. Los Yahi formaban parte de un grupo tribal más grande llamado Yana. Esta tribu vivía en los valles montañosos del norte californiano a placer, pero la fiebre del oro desató el arribo descontrolado de miles de personas en busca de la “América dorada” en 1848. Como la zona aurífera coincidía con su hábitat, los yana se vieron forzados a moverse de su antiguo territorio. 

“El Gran Valle es más grande que la mayor de las praderas. No uno, sino muchos ríos atraviesan trazando vueltas y curvas. Las encinas crecen altas y cargadas de bellotas. ¡Y las hierbas cubren la tierra! En un tiempo, el pueblo del valle y los ciervos del valle engordaban aquí y había gran cantidad de ellos. Ahora engordan los sàldu (hombre blanco) y sus vacas. ¡Muchos sàldu!, están en todas partes... ¡demasiados sàldu!” 

Ocasionalmente hubo encontronazos con la gente blanca lo que llevó a organizar matanzas descontroladas. La más famosa de ellas fue la masacre de Three Knolls en 1865 y luego le sucedieron otras en 1866, 1867 y 1868 que lograron dejar con vida sólo a 30 yanas. Asustados de la presencia de los hostiles colonizadores, se retiraron hacia lo más profundo de los cañones y cuevas de Deer Creek, para no tener contacto nunca más con la civilización. Entre ese grupo se encontraba el jovencito Ishi. Los años pasaron y fueron quedando sólo Ishi y su familia pero, en 1908, tras el descubrimiento por una expedición de técnicos de una presa hidroeléctrica de su último escondite, no quedó más que uno: Ishi.

Los siguientes tres años los pasó deambulando y evitando el contacto humano. Finalmente, hambriento y ya sin poder juntar su comida por depredación de su hábitat se entrega en 1911 al “mundo de los saldu”. en la ciudad de Oroville, en la parte Norte de California. El sheriff no sabía qué hacer con Ishi, y lo metieron en una celda de la cárcel. 

Ishi no tenían forma de comunicarse con la gente del pueblo porque sólo hablaban la lengua Yahi, hasta que el antropólogo T. T. Waterman llegó a Oroville con una lista de algunas palabras Yana. Sam Batwi, de la tribu Yana, llegó a ser un intérprete para Ishi, aunque los dos hombres hablaban diferentes dialectos. Finalmente, Waterman llevó a Ishi al Museo de Antropología en San Francisco, donde vivió el resto de su vida. 

La vida en San Francisco fue muy diferente de cualquier cosa que Ishi había imaginado. En su tierra Deer Creek, Ishi nunca vio más de 30 o 40 personas al mismo tiempo. En San Francisco, Ishi estaba más sorprendido por la gran multitud de personas en la playa que por el mar, que lo veía por primera vez. Cuando Ishi fue a su primera obra de teatro musical en un teatro de San Francisco, estaba tan sorprendido por el tamaño de la audiencia que sólo miraba a la gente más que a la obra.

“Ahora lo sé: no hay nada que esté mal en los pies de los sáldu. Lo que está mal es lo que vosotros llamais zapatos. ¿Cómo sabes por dónde andas cuando tus pies no tocan la tierra?"

En el museo, ayudó a preservar el idioma, las canciones, las historias (podía estar seis horas seguidas contando una historia) y habilidades de su gente para que otros pudieran recordar y aprender sobre la forma de vida de los Yahi.

Ishi murió de tuberculosis en 1916.

Una vez que aprendió inglés le preguntaron cual era su nombre. Él respondió Ishi, que en su lengua significa hombre. Nunca quiso decir su verdadero nombre. Cuando le preguntaron por qué, el respondió “No tengo ninguno, porque no hay gente para nombrarlo”


De todas formas, esto pasó hace mucho tiempo.

Hoy, sigue ocurriendo lo mismo.


EL HOMBRE AGUJERO.


Es el último eslabón de no se sabe quiénes. No conocemos su identidad, ni su nombre, ni la nación a la que pertenece, porque ya no tiene un pueblo al que pertenecer. Él solo es su pueblo y sólo es de la selva. 

La antropóloga Fiona Watson, Directora de Investigación de Survival, había viajado a Rondonia (el estado de la Amazonia brasileña cuyo nombre hace honor al General Rondón, aquel militar que puso, entre los primeros, su interés en salvaguardar las vidas y los derechos de los indígenas amazónicos) para conocer a los Akuntsu.

Los Akuntsu le ganan al Hombre del Agujero por cinco, cinco sobrevivientes de una etnia que fueron contactados no hace mucho tiempo. 



La antropóloga, mientras estaba ocupada en ponerse al tanto de la realidad de los Akuntsu, supo de la existencia de un indígena solitario que no aceptaba entrar en contacto. 

Agentes de campo se desplazaron hasta la zona del avistamiento, y encontraron una pequeña choza con un extraño hoyo en el centro. La búsqueda continuó, y encontraron más chozas, pero fuera quien fuese quien las construía, se esfumaba una y otra vez. Finalmente lo localizaron; se trataba de un hombre de treinta y tantos (que ahora debe rondar el medio siglo), que se movía desnudo y con un arco y flechas a la espalda. Uno de los agentes federales se acercó demasiado y recibió una muestra de hospitalidad: una flecha en el pecho. 

Investigaciones posteriores hallaron los restos de una docena larga de chozas con el mismo tipo de hoyo en su interior; catorce en total. De esos restos y del estado en general de lo que parecía ser un poblado, los investigadores dedujeron lo sucedido: a principios de 1996 toda la tribu del hombre solitario fue asesinada para quedarse con sus tierras. La constitución brasileña garantiza a los pueblos indígenas la posesión de las tierras que ocupan de manera tradicional, por lo que, cuando la industria maderera o colonos sin escrúpulos encuentran alguna tribu, simplemente la exterminan. Una auténtica tragedia que por lo visto es el pan nuestro de cada día en la Amazonia brasileña.

El Hombre del Agujero como lo conoce la gente de FUNAI (la Fundación Nacional del Indígena) vive en Tanarú, unos 40 kilómetros al noroeste de los Akuntsu. Para proteger la seguridad del indio, el gobierno decretó una zona de exclusión de 31 kilómetros cuadrados alrededor de su supuesta localización; lo que no gustó en absoluto a los madereros. Cada dos o tres años esa Restricción de Uso debe ser renovada y así lo cumplió la FUNAI en la fecha correspondiente, 27 de octubre de 2009. Apenas se firmó la renovación, el Hombre del Agujero fue atacado.

Una única imagen existe del Hombre del Agujero. La tomó el cineasta Vincent Carelli mientras filmaba Corumbiara, un documental sobre las masacres perpetradas en la Amazonia. En un intento de contactarlo, se intuye entre el follaje la sombra de su rostro. La cámara se acerca velozmente para mostrar la cara morena que apenas se deja ver por un hueco entre las hojas, sin sobrepasar el límite del follaje. En cualquier caso, son ya quince años de aislamiento total; y no parece posible que aguante mucho más. Cuando el indio solitario muera, su cultura, su tribu entera, habrá muerto con él.



"Mi mayor temor es que si nos dejamos llevar hacia esta cultura única, mundial, genérica y amorfa, no sólo se reducirá el rango de la imaginación humana, a un modo de pensar estrecho, sino que un día nos despertaremos como de un sueño habiendo olvidado incluso que existieron otras posibilidades" 
Margaret Mead, antropóloga.
 
Fuentes:

Libro "Ishi. El último de su tribu. Crónica antropológica de un indio americano” de Theodora Kroeber.


jueves, 24 de noviembre de 2011

Los Sadhus o porqué sólo se valora lo que se consigue con esfuerzo.

Un sadhu (Saa-dhu) es un asceta hindú que  sigue el camino de la penitencia y la austeridad para obtener la iluminación. Un concepto que necesitaría muchas encarnaciones, los Sadhus, hombres santos de la India, cojen un atajo y viven por y para encontrar esta iluminación en la vida presente. 

El estilo de vida sadhu corresponde con la última, y cuarta, de las etapas en la vida de un hinduista, pues todas las personas que practiquen esta religión deben pasar primero por los estudios, luego por ser padres, más tarde peregrinos y por último sadhus. Por ese motivo se ven tantos sadhus ancianos cerca de las orillas de los ríos, especialmente del Ganges. Se están preparando para morir.

Por lo general viven solos, al margen de la sociedad pasan los días en la devoción de su deidad elegida, dejando atrás todas las ataduras materiales para liberarse a un mundo con la realidad divina. Dedican su vida a los rituales, la meditación y al yoga. Suelen ser nómadas y peregrinos que van recorriendo el país en busca de lugares sagrados y festivales, y rara vez se establecen mucho tiempo en un mismo sitio. Son vegetarianos estrictos, no beben alcohol, practican la castidad y la renuncia a cualquier tipo de placer material. Son ascetas en el pleno sentido de la palabra y se han despojado de todo lo que tenían, incluyendo su familia, condiciones de casta, etc. 

Algunos realizan rituales mágicos, como los Changing, que realizan una ofrenda ritual de productos alimentarios a los humeantes montones de estiércol de vaca en el marco de un fuego sagrado.

 38 años con el brazo levantado.
Otros practican intensas formas de yoga y meditación. Los Khareshwari, que practican el voto de no sentarse ni acostarse durante 12 años. Se trata de una austeridad dolorosa, la hinchazón de piernas y pies tienden a desarrollar úlceras persistentes. Pueden caminar, pero su único medio de descanso es un cabestrillo donde poder apoyar una de sus piernas. Un árbol es el lugar tradicional para la austeridad de pie, se le denomina Vrik-asanas, árbol que significa postura, de hecho el Khareshwari se asemeja a un árbol, los pies hinchados de los devotos que parecen raíces.

Los Aghori llevan una vida de extrema meditación y espiritualidad y por lo general no suelen llevar ningún tipo de vestimenta, solo en algunos casos aparecen vestidos con el sudario de algún fallecido o embadurnados con las cenizas de una cremación. Suelen portar un cráneo humano que utilizan a modo de cuenco para beber.
Pueden comer carne cruda de cadáveres que aparecen flotando en el río Ganges, o carne quemada procedente de alguna cremación. Creen que el canibalismo les confiere poderes sobrenaturales, así como beneficios físicos tales como evitar el envejecimiento. Para ellos, un cadáver no es más que materia natural que carece de la fuerza vital que alguna vez tuvieron. Con el consumo de carne humana prueban que nada es profano, y que la materia muerta simplemente pasa de un estado a otro.

Los Nagas son los más prominentes ya que se mantienen desnudos, cubiertos solamente con un "vibhuti" o cenizas sagradas. Dejan crecer su pelo en bucles llamados "jata". Se dice que pasan la mayor parte de sus vidas en pleno Himalaya, donde viven al margen de la sociedad desde el momento en que deciden convertirse en ascetas. Algunos de ellos fueron entregados por sus padres a un gurú que, tras adoctrinarles y utilizarles como esclavos durante años, les permitió convertirse a su vez en maestros. Otros por sí mismos decidieron abandonar el mundo material y renacer en el espiritual. Tanto es así, que los hay que celebran su propio funeral y se deshacen de todos sus bienes y documentos. 

El Estado indio, que reconoce la muerte legal –aunque no física- de los sadhus, dejará en ese momento de considerarles ciudadanos de este mundo. Ha muerto un hombre y ha nacido un sadhu.
La organización dentro de la secta es extremadamente rígida y tiene forma piramidal. En las celebraciones religiosas masivas -como el Kumbha Mela- se producen a veces verdaderas batallas campales entre sectas o facciones de sadhus, y es entonces cuando entran en acción las espadas, las lanzas o los tridentes que normalmente portan sólo como símbolos religiosos. Algunas han surgido como escisiones que han dado lugar a nuevas sectas: por ejemplo la secta Juna sólo prestan obediencia ciega a Soham Baba, su mahamandalesvara, o gran jefe, y son capaces de pelear hasta la muerte contra los seguidores de una secta rival.

"Es un mundo complejo, muy primitivo y poco conocido. Los naga siempre han despertado entre la gente una mezcla de fascinación y temor, y todavía hay quien piensa que efectivamente son muertos cuyo cuerpo está ocupado por el espíritu de Shiva y, como tales, hay que respetarlos", dice el antropólogo indio Anil Bhose.

Los sadhus son la respuesta en India para el sistema de valores. Han dejado atrás todas las ataduras materiales para liberarse a un mundo con la realidad divina, y viven en cuevas, bosques y templos por toda la India. Existen alrededor de 4 ó 5 millones de sadhus hoy en día en el país, y son personas respetadas, veneradas e incluso temidas. De hecho, a ellos sí que se les permite el uso de hachís y cannabis pese a que su consumo es ilegal tanto en India como en Nepal y son mantenidos por todos los ciudadanos que les donan alimentos.

Las historias sobre los sadhus centenarios que subsisten en los profundos bosques del Himalaya practicando el yoga y ayunando durante meses pueden ser sólo leyenda. Pero se sabe que el carácter guerrero algunos sadhus les llevó a plantar batalla a los musulmanes que invadieron la India en el siglo XII, y más tarde a los británicos. Con su empeño por mantenerse al margen de la sociedad y del mundo material, se diría que los sadhus están resistiéndose a perder la guerra contra una nueva invasión: la de la modernidad.

Y es lógico si pensamos que en realidad, los que nos autodenominamos modernos nos comportamos las más de las veces como auténticos sadhus sin causa:


Un hombre entra en una zapatería, y un amable vendedor se le acerca:

- ¿En qué puedo servirle, señor?
- Quisiera un par de zapatos negros como los del escaparate.
- Cómo no, señor. Veamos: el número que busca debe ser... el cuarenta y uno. ¿Verdad?
- No. Quiero un treinta y nueve, por favor.
- Disculpe, señor. Hace veinte años que trabajo en esto y su número debe ser un cuarenta y uno. Quizás un cuarenta, pero no un treinta y nueve.
- Dígame: ¿quién va a pagar los zapatos, usted o yo?
- Usted.
- Bien. Entonces, ¿me trae un treinta y nueve?

El vendedor, entre resignado y sorprendido, va a buscar el par de zapatos del número treinta y nueve. Por el camino se da cuenta de lo que ocurre: los zapatos no son para el hombre, sino que seguramente son para hacer un regalo.

- Señor, aquí los tiene: del treinta y nueve, y negros.
- ¿Me da un calzador?
- ¿Se los va a poner?
- Sí, claro.
- ¿Son para usted?
- ¡Sí! ¿Me trae un calzador?

El calzador es imprescindible para conseguir que ese pie entre en ese zapato. Después de varios intentos y de ridículas posiciones, el cliente consigue meter todo el pie dentro del zapato.

Entre ayes y gruñidos camina algunos pasos sobre la alfombra, con creciente dificultad.

- Está bien. Me los llevo.

Al vendedor le duelen sus propios pies sólo de imaginar los dedos del cliente aplastados dentro de los zapatos del treinta y nueve.

- ¿Se los envuelvo?
- No, gracias. Me los llevo puestos.

El cliente sale de la tienda y camina, como puede, las tres manzanas que le separan de su trabajo. Trabaja como cajero en un banco.

A las cuatro de la tarde, después de haber pasado más de seis horas de pie dentro de esos zapatos, su cara está desencajada, tiene los ojos enrojecidos y las lágrimas caen copiosamente de sus ojos.

Su compañero de la caja de al lado lo ha estado observando toda la tarde y está preocupado por él.

- ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?
- No. Son los zapatos.
- ¿Qué les pasa a los zapatos?
- Me aprietan.
- ¿Qué les ha pasado? ¿Se han mojado?
- No. Son dos números más pequeños que mi pie.
- ¿De quién son?
- Míos.
- No te entiendo. ¿No te duelen los pies?
- Me están matando, los pies.
- ¿Y entonces?
- Te explico -dice, tragando saliva-. Yo no vivo una vida de grandes satisfacciones. En realidad, en los últimos tiempos, tengo muy pocos momentos agradables.
- ¿Y?
- Me estoy matando con estos zapatos. Sufro terriblemente, es cierto... Pero, dentro de unas horas, cuando llegue a mi casa y me los quite, ¿imaginas el placer que sentiré? ¡Qué placer, tío! ¡Qué placer!

A veces, hay que pararse y pensar si realmente lo que se hace con tanto esfuerzo merece la pena, si es verdaderamente tan valioso que merezca tanto esfuerzo.
O como decía el escritor Gabriel Garcia Marquez: “Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien las merezca, no te hará llorar”



Fuentes: