martes, 26 de febrero de 2019

La moralidad y la burla: contra el despotismo.

"Los seres humanos no diseminan de forma egoísta sus genes, los genes egoístamente se propagan a sí mismos construyendo nuestros cerebros. Al hacernos disfrutar de la vida, la salud, el sexo, las amistades y los hijos, los genes es como si compraran un número de lotería."
Steven Pinker, científico cognitivo.

"Mirando la risa desde la perspectiva de un antropólogo, es posible afirmar que todo el humor es esencialmente político. (...) la risa es un gesto de igualación, una restauración de un orden legítimo ante una jerarquía injusta." Chris Knight, antropólogo.



El equipo del Instituto de Antropología Cognitiva y Evolutiva de Oxford ha realizado la encuesta intercultural sobre moral más grande y completa. Son más de 600 individuos representativos de hasta 60 sociedades de todo el mundo. Oliver Scott Curry, autor principal de la investigación, explica que la moralidad evolucionó para promover la cooperación. Todos están de acuerdo en que cooperar, promover el bien común, es lo correcto. Es por eso que valoramos la unidad, la solidaridad y la lealtad, y confiamos en los demás, correspondemos favores, sentimos culpa y gratitud, reparamos relaciones y perdonamos: de esta manera, formamos grupos y coaliciones que nos aportan fuerza y ​​seguridad.
Nos compensa la generosidad para mantener esta armonía social, pero también la valentía. Hacemos caso a nuestros superiores y dividimos los recursos en disputa de manera justa.

Así, aseguran, compartimos siete reglas morales básicas, siete formas de afrontar los mismos problemas que nos encontramos todos a lo largo de la vida:
Ayudar a la familia,
asistir al grupo,
devolver favores,
ser valiente,
delegar en tus superiores,
dividir los recursos de manera justa,
respetar las propiedades de los demás.
Los tipos de moralidad son los valores familiares, lealtad grupal, reciprocidad, valentía, respeto, equidad y derechos de propiedad.

Entre los Amhara de Etiopía, explican, “burlarse de la obligación de parentesco se considera una desviación vergonzosa, que indica un carácter malvado”. En Corea, existe una “ética comunitaria igualitaria de asistencia mutua y cooperación entre vecinos, y una fuerte solidaridad dentro del grupo”. “La reciprocidad se observa en cada etapa de la vida de los Garo (de la India), y tiene un lugar muy alto en la estructura social de sus valores”, continúan los investigadores. Entre los Masái, “los que se aferran a las virtudes de los guerreros siguen siendo muy respetados”, y “el ideal inflexible del guerrero supremo [implica] el compromiso con el autosacrificio en el fragor de la batalla, como muestra suprema de lealtad valerosa”.

Los Bemba (Zambia), por su parte, exhiben “un profundo sentido de respeto por la autoridad de los ancianos”. La “idea de justicia” de Kapauku (Indonesia) se llama "uta-uta" (media mitad) y se “acerca mucho a lo que llamamos equidad”. Y entre los Tarahumaras (México), “el respeto por la propiedad de otros es la clave de todas las relaciones interpersonales”, añaden. "Como tales, y en ausencia de cualquier contraejemplo, estas siete formas de comportamiento cooperativo siguen siendo candidatos plausibles para las reglas morales universales."

Aunque todas las sociedades parecían estar de acuerdo con las siete reglas morales básicas, variaba la forma en cómo las priorizaban o clasificaban según la condición social. (La cooperación humana es flexible y no fija "estamos en gran medida sincronizados con las personas que nos rodean" explica el psicólogo Coren Apicella tras su trabajo de campo con los Hadza). 
Por ejempo, en la sociedad Chuuk de Micronesia "robarle abiertamente a otros es considerado admirable porque muestra el dominio de una persona y muestra también que no se siente intimidada por el poder agresivo de otros", notaron los investigadores. Aunque este rasgo no sigue la regla moral sobre respetar las propiedades de los demás, sí que entra dentro de la clasificación de otro valor universal: la valentía.

El antropólogo evolutivo Christopher Boehm escribió en su libro "Moral origins": “Tener conciencia es identificarse con los valores de la comunidad, lo cual significa identificarse con las reglas del grupo. Hay que conectar con esas reglas emocionalmente, sentirse orgulloso cuando se cumplen y avergonzado cuando no”

Según Boehm, las distintas áreas del cerebro han evolucionado para darnos nuestra facultad moral, que consistiría en el sentido de lo correcto y lo incorrecto, la capacidad de tener vergüenza, el sentido de la empatía, la conciencia de nuestra reputación. La conciencia es reputación social y, por lo tanto, auto-respeto.

¿Pero que hay del poder, de la jerarquía y del disentir con los superiores? Los primates actuales son animales jerárquicos con una estructura piramidal. Sin embargo, las sociedades humanas llamadas de "cazadores-recolectores" son sociedades igualitarias, con toma de decisiones en común y con un control por parte del grupo hacia la conducta de los líderes.

Boehm plantea que no desaparece el poder, sino que aparece una “jerarquía inversa”: una coalición de los individuos subordinados para controlar a los machos alfa deseosos de mandar y dominar. El dominante o aprovechado con pretensiones que no se refrenara, era vigilado y castigado por el resto del grupo. La caza siempre se ha compartido entre todos los individuos, y se castiga al que no cumple con las normas, desde chascarrillos a exclusión, ostracismo e incluso castigo físico o muerte.
El origen de la moral es el control social por parte del grupo, castigando a los individuos que se desvían de las conductas y promoviendo la virtud, favoreciendo así la supervivencia del grupo. Es el gobierno de toda la comunidad desde abajo. Éstas preferencias sociales acaban modificando el acervo genético, ya que los que eran mejores en inhibir sus tendencias antisociales, consiguieron un éxito reproductivo mayor, aumentando las conductas cooperadoras y disminuyendo las conductas de depredación social.

Boehm, como ejemplo, cita al antropólogo Colin M. Turnbull (del libro "The Forest People"), y el caso de Cephu, un jefe mbuti de cinco familias que en otros tiempos era muy respetado, pero que cae en desgracia por su mala suerte en la caza. Transgrede las reglas de la solidaridad tendiendo en secreto su red por delante de las redes de los demás participantes en la cacería. Esa tarde, nadie habla con él y ni siquiera le ofrecen un sitio en la reunión nocturna de los hombres. Le pide a un joven que se aparte para hacerle sitio, pero el chico no le cede el lugar, y otra persona empieza una canción burlona sobre Cephu en la que dice que no es un hombre sino un animal. Desalentado, Cephu les comunica que renuncia a la carne de las presas que ha cazado. Su oferta es aceptada y saquean su casa cogiendo incluso la carne que ya se está guisando. Más tarde, uno de los parientes lejanos devuelve a Cephu y los suyos un puchero lleno hasta el borde de carne y salsa de champiñones. Esa misma noche vuelve a verse a Cephu sentado en el círculo de los hombres que cantan en torno al fuego.

"Aunque el propio Boehm no menciona la risa, (... ) la risa colectiva podría haber servido como un dispositivo de nivelación social para ayudar a mantener a todos en línea" explica el antropólogo Chris Knight.

En este caso etnográfico, la canción burlona hacia Cephu parece ser la gota que colma el vaso. "Algo que nos diferencia de estos antepasados ​​y parientes primates, y que debería ser de especial interés para la antropología, es nuestra propensión única a reír"

La risa humana es única: es contagiosa. Ningún chimpancé se reirá solo porque otros lo estén haciendo, sin embargo, los humanos podemos volvernos inmanejables. El psicólogo evolucionista Steven Pinker señala que esto podría ser lo que permitió que la risa fuera puesta al servicio del humor. En "Cómo funciona la mente" (1997), escribe:

"No hay gobierno en el mundo que tenga el poder de controlar una población entera, de modo que cuando los sucesos se desarrollan rápidamente y toda la población pierde confianza en la autoridad de un régimen al mismo tiempo, lo derriban. Ésta puede que sea la dinámica que pone la risa -esa señal involuntaria, desorganizadora y contagiosa- al servicio del humor. Cuando las dispersas risas disimuladas crecen y forman un coro de hilaridad como si fuera una reacción atómica en cadena, la gente en realidad está reconociendo que todos se han dado cuenta de la misma flaqueza en lo que hasta entonces había sido un personaje exaltado, y ahora blanco de sus risas. En caso de agraviarlo en solitario, uno siempre se arriesga a padecer las represalias del personaje que ha sido el blanco del escarnio, pero una masa, conchabada sin ambigüedades en reconocer las manías y debilidades del personaje escogido como blanco, está a salvo. El cuento de Hans Christian Andersen sobre el traje nuevo del emperador es una hermosa parábola del poder subversivo del humor colectivo."  

Como consecuencia de esta revolución humana, cada vez que nos relacionamos, nos resulta natural tranquilizarnos mutuamente y establecer al menos la apariencia de igualdad a través de una sonrisa humana relajada, o ruidosa si se da el caso. Pero donde prevalece más claramente este revolucionario sistema político de dominio o jerarquía inversa es entre muchos cazadores-recolectores, que conocen bien esta virtud humana de la risa social y disfrutan de horas de tiempo libre para actividades creativas como arte, baile y canto ("sociedades de la abundancia", como les denomina el antropólogo Marshall Sahlins).

Chris Knight asegura que "como antropólogo, puedo informar que en cualquier campamento de cazadores-recolectores, la igualdad se mantiene mediante una risa sin fin dirigida a cualquiera que se esté superando a sí mismo. Donde quiera que mires, hay una atmósfera palpable de alegría y diversión. No es una coincidencia que los dioses de los cazadores-recolectores no sean guardianes solemnes de la moralidad, sino tramposos traviesos cuyas travesuras provocan la alegría indefensa tanto en el oyente como en el narrador."
Como ejemplo, el trabajo continuado entre la gente mbendjele en la República del Congo, del antropólogo Jerome Lewis. En esta comunidad, la risa mantiene el igualitarismo, pero una risa sujeta a normas sociales. Explica que sería arriesgado para una persona joven burlarse de una mayor, sin importar cuán tonta sea la conducta del anciano. Pero las mujeres mayores ejercen un privilegio especial, y derriban con la risa a cualquiera con aires de superioridad.

A modo de ejemplo, Lewis relata cómo una mujer que está molesta con el comportamiento de su esposo (podría estar persiguiendo a otra mujer, o puede que no esté proporcionando lo suficiente para comer, o que no tenga relaciones sexuales con ella), irá a sentarse con otras mujeres en un lugar prominente. En voz alta y exagerada, hablará de los problemas que tiene, mientras que sus oyentes retomarán sus gestos con entusiasmo mientras imitan sus acciones y expresiones. Esta es una situación terrible para el infortunado esposo, ya que escuchará a las mujeres, a los niños y otros hombres reírse ruidosamente a sus expensas.

Una de las estudiantes de Jerome en el campo, Daša Bombjaková, observó detalladamente cómo la risa de las mujeres logra mantener a los hombres en línea. En cualquier disputa con un hombre, una mujer puede esperar el apoyo de otras mujeres, que le darán refugio y protección, o le insultarán o le agredirán si fuese necesario. Pero su principal arma es la risa burlona.

Las mujeres tienen un ritual poderoso llamado "Ngoku", diseñado para reafirmar los valores femeninos. Toda la comunidad femenina se reúne para cantar y bailar, tomando el control del espacio público. Recreaciones públicas, burlonas, de comportamiento masculino denuncian la avaricia, el egoísmo, la deshonestidad, el engaño, la pereza, la arrogancia, la jactancia, el descuido, la cobardía, la intolerancia, el mal humor, la impulsividad, la agresión y la posesividad. Una característica de estas recreaciones o "mòádzò" es que se usan pocas palabras y muchos sonidos onomatopeicos, que son amplificados por la audiencia y se extienden musicalmente. A buen entendedor...

"Una mujer mayor podría comenzar a imitar silenciosamente algún manierismo característico de alguien. Uno o dos más inmediatamente entienden a quién se refiere. Empiezan a reír y, como la risa es tan contagiosa, pronto todos se ríen. Después de un tiempo, la única persona que aún no se ríe es el hombre burlado. Pero la risa continúa hasta que, por fin, incluso él recibe la broma. El coro cede solo cuando finalmente se une, riéndose a sus propias expensas. Ahora ve el lado divertido de las cosas, por fin se ve a sí mismo como lo ven los demás. Su comportamiento fue cómico debido a su incongruencia con lo que se considera socialmente aceptable. Este hombre podría haber imaginado que podría salirse con la suya con acciones tan escandalosas. Pero las mujeres cazadoras-recolectoras adoptan una perspectiva colectiva sobre los hombres que se comportan mal y harán todo lo posible para que cada culpable vuelva a la fila."

Si bien puede parecer cruel, la verdad es que la risa de las mujeres es generosa e inclusiva. A pesar de su dolor, se le invita al burlado a salvar la cara uniéndose. Una buena actuación de "mòádzò" logrará calmar la atmósfera al permitir que todos se rían y se olviden de su enojo.

"Mirando la risa desde la perspectiva de un antropólogo, es posible afirmar que todo el humor es esencialmente político." señala. "Esa intuición trasciende las formas cómicas como la sátira; Mi punto aquí es que el humor en general, sea cual sea su contenido, es político por naturaleza. Hasta los detalles más pequeños de nuestras vidas, nuestras relaciones y encuentros implican ejercicios e intercambios de poder. Ante esta dinámica, la risa es un gesto de igualación, una restauración de un orden legítimo ante una jerarquía injusta.

Los humanos son igualitarios instintivos, que trabajan mejor unos con otros cuando nadie tiene autoridad absoluta, cuando las burlas son amables, cuando hay suficiente afecto y confianza para que las tareas compartidas constituyan su propia recompensa. La risa es una parte vital de ésto, no solo una válvula de alivio psicológico, sino una guardia colectiva contra el despotismo. Cuando reímos por quienes nos rodean, revelamos que somos verdaderamente humanos."



Fuentes:

Laidlaw, James. 2002. For an anthropology of ethics and freedom. Journal of the Royal Anthropological Institute 8(2):311–332. Crossref, Google Scholar. First citation in article
"Moral Origins. The evolution of virtue, altruism, and shame." Christophe Boehm. 
"Purposive Social Selection and the Evolution of Human Altruism" Christopher Boehm
 Did laughter make the mind? Chris Knight.
https://oicd.net/the-power-of-hijacking-the-human-imagination/?fbclid=IwAR2g734hq5wH3soTiBxXGPPI_SvpD9DGjNmscBcJoujrK6bafQykpo0OJqs

jueves, 14 de febrero de 2019

Nacimiento y lactancia: el primer viaje.

"Un bebé no enseña a amamantar." Proverbio de Sudán de Sur.

“Todas las semillas tienen un cordón umbilical que se rompe cuando la semilla alcanza la madurez” Leonardo Da vinci.

La lactancia nos define como mamíferos. No importa cómo sea el animal de este grupo, una musaraña o un ornitorrinco, el manatí o el ser humano, todos alimentan a sus crías por disolución de su propio cuerpo para producir un líquido blanco que secretan a través de los pezones... excepto el ornitorrinco, que no dispone de pezones y amamantan a las crías a través de los poros de su piel. En cualquier caso, la leche materna ha sido perfeccionado a lo largo de 200 millones de años de evolución para proveer la nutrición que las crías necesitan.

Pero el caso del homo sapiens es completamente diferente, incluso del resto de los primates.

Primero, hay que recordar una afortunada característica del género homo, y es que sus crías nacen prematuras. Nacemos con la tercera parte de la capacidad craneal desarrollada. En todos los demás primates, la vida fetal acaba cuando se ha desarrollado la cabeza a la mitad del tamaño que va a tener en fase adulta. Si nosotros naceríamos de igual manera, naceríamos con 700 centímetros cúbicos, lo que tiene ahora un niño de un año de edad (de adultos, tenemos una capacidad craneal de 1350 centímetros cúbicos). Pero esta cabeza no podría atravesar el canal de parto, el cual se estrechó al adquirir la posición erecta. Así que somos bípedos pero nacemos prematuramente. El primer año de vida vamos desarrollando la cabeza hasta la mitad del tamaño de la fase adulta, cuando ya empieza la etapa de desarrollo infantil. Los seres humanos tenemos un periodo de vida fetal de 21 meses: 9 intrauterinamente y 12 extrauterinamente.

La infancia en el resto de los primates es bastante larga: en chimpances y gorilas cuatro o cinco años, en orangutanes puede llegar a los ocho años. Este periodo de lactancia es el principal mecanismo de frenada de natalidad: inhibe la ovulación, es decir, no pueden tener más crías hasta que no destetan a una cría, por lo que con este periodo infantil tan largo, los primates tienen poca descendencia. La genealogía humana escapó de este riesgo demográfico, disminuyendo el tiempo de lactancia (con 2 años es suficiente), hasta que el niño tiene el sistema digestivo mejor preparado para otros alimentos. Es entonces cuando se acaba la lactancia, la hormona prolactina no esta activada y puede tener más hijos.

Así es que podemos tener más descendencia, y también las crías más dependientes de toda la naturaleza. A ésto se le denomina neotenia. Nacemos con los huesos sin calcificar, en estado cartilaginoso, por lo que no podemos andar; y sin dientes y con el sistema inmunológico sin capacidad autónoma de responder al medio exterior, por lo que nos alimentamos de la leche materna.

No parece un buen prefacio para la supervivencia de nuestra especie, y sin embargo, hemos tenido éxito: gracias a la cooperación. Para eso, en general, la humanidad ha criado en tribu. Lo que se llama "familia extensa" y el "alocuidado" ha sido y es lo común, y en el género homo es tan extremo que las mujeres humanas son las únicas hembras mamíferas que llevan a cabo una importante función social cuando dejan de ser fértiles, pues tras la menopausia se sigue ocupando de cuidar y aconsejar a su familia. Función social de vital importancia, teniendo en cuenta que nuestro cerebro continúa desarrollándose después de la infancia y pubertad.

Pero este apoyo ocurre ya en el parto. Karen Rosenberg y Wenda Trevathan explican que entre los demás primates, la madre puede ayudar a nacer a su hijo, guiándolo en el parto con las manos, limpiándole la nariz y la boca para que pueda respirar mejor y liberándolo del cordón umbilical si es que éste se le enreda alrededor del cuello. El parto en los primates es un hecho solitario, sin ayuda ajena. Sin embargo, en nuestra especie, la vagina está orientada hacia delante y eso tiene que ver con la postura bípeda. La madre no puede ver la cara del neonato porque éste nace mirando en dirección contraria. Para nacer por un canal de parto tan estrecho, angosto y complicado, las crías tienen que hacer dos giros, girando hasta 180 grados, y un mal intento de tirar de él podría ocasionarle daños. Eso hace que generalmente en todas las culturas, las mujeres busquen asistencia en el momento del parto; el parto humano es una actividad social.

El alocuidado y un cambio de dieta más energética y de digestión más fácil, permitió que las crías dispongan de un tiempo de crecimiento y desarrollo perfecto para obtener un cerebro más grande. Y no sólo. La paleoantropóloga Leslie C. Aiello cree que el gran cerebro humano evolucionó gracias a los nutrientes de alta energía a través de la placenta antes del nacimiento, y después a través de la leche materna. Lo que aporta la madre.

La leche materna incluye ingredientes complejos, entre ellos, azúcares llamados oligosacáridos. Todos los mamíferos los producen. Pero por alguna razón, las madres humanas producen una variedad excepcional: los científicos han identificado más de 200 oligosacáridos (HMO) en la leche humana, siendo el tercer componente más abundante después de la lactosa y las grasas. La leche materna tiene cinco veces más clases de HMO que la leche de vaca, y varios cientos de veces su cantidad total. Incluso la leche de chimpancé es pobre comparada con la de nuestra especie.

Pero hay algo desconcertante: los bebés humanos no pueden digerir estos oligosacáridos.

"¿Por qué una madre gasta tanta energía fabricando estos compuestos químicos si son indigeribles y, por lo tanto, inútiles para su hijo?" se pregunta el divulgador científico Ed Yong (Yo contengo multitudes). "Una madre que amamanta a su bebé no solo lo está alimentando, sino también creando todo un mundo. Alimenta a bebés y a bacterias, infantes y bacterias "infantis" por igual. Es un sistema inmunitario preliminar que frustra a microbios malévolos. Es el medio por el cual la madre se asegura de que sus hijos tendrán los compañeros adecuados desde sus primeros días de vida".

Y esto ocurre así:
Estos azúcares pasan por el estómago y el intestino delgado sin cambios, y acaban en el intestino grueso, donde se encuentran la mayoría de nuestras bacterias.

En el campo de la pediatría, unos médicos descubrieron que unas bacterias llamadas "Bifidobacteria" eran más comunes en las heces de los niños amamantados que en las de los alimentados con leche maternizada. De ello dedujeron que la leche materna debía contener alguna sustancia que alimentara a estas bacterias, a lo que llamaron "factor bífidus". Los oligosacáridos nutrían de manera selectiva a una subespecie particular llamada "Bifidobacterium longum infantis", "B. infantis" para abreviar, que llegaba a superaba a cualquier otra bacteria intestinal.

¿Y por qué es tan necesario del B. Infantis? Libera ácidos grasos de cadena corta (SCFA) que alimenta a las células intestinales de un bebé y anima a las células intestinales a fabricar proteínas adhesivas que sellen huecos y moléculas antiinflamatorias que calibren el sistema inmunitario. Es decir, mientras la madre nutre a este microbio, este microbio nutre al bebé. Todos este potencial benéfico solo ocurre cuando el B. infantis crece con los oligosacáridos de la leche materna. Con lactosa, sobrevive, pero se desentiende de las células del bebé. Además, el B. Infantis libera un compuesto químico llamado ácido siálico para el gran y rápido crecimiento del cerebro que experimenta el bebé, y por ende, de su inteligencia. Por eso, entre los monos y los simios, las especies sociales tienen más cantidad y más diversas HMO en la leche que las solitarias, ya que grupos más grandes significa más lazos sociales que recordar, amistades que entablar y rivales que manejar. Además, vivir en grupos grandes significa más enfermedades, y los HMO pueden bloquear villanos como la Salmonella, Listeria, Vibrio cholerae (cólera)... e incluso pueden detener el VIH, por lo que la mayoría de los lactantes de madres infectadas no se infectan a pesar de tomar durantes meses leche cargada de virus.

En este proceso, nada tiene que ver el tamaño de los pechos. Los senos pequeños pueden producir leche igual que los grandes.
Las mujeres tienen los pechos abultados durante toda la vida, y no solo durante la lactancia, como sucede con otros mamíferos. En otras especies, los pechos abultados son una clara señal de no fertilidad, ya que durante la lactancia, no hay ovulación.
Nuestra especie es la única en que los pechos abultados se convierten en un rasgo sexual. Lynn Margulis fue la científica que describió la ovulación silenciosa de las humanas, una ovulación que no deja marcas ni rastros, de tal forma que ni la hembra puede saber cuando está ovulando. Esta ignorancia debió fortalecer los vínculos entre machos y hembras, ya que obliga al macho a estar siempre al lado de la hembra si quiere reproducirse. La sexualidad continua (característica que compartimos con otros primates: los bonobos) separó sexualidad de reproducción y favoreció la formación de grupos protectores sin los que nuestras crías tan indefensas no podrían sobrevivir.

***
Observa cómo una sola célula se convierte en un organismo completo en seis minutos. Una película de Jan van IJken (janvanijken.com). https://vimeo.com/315487551

Fuentes:
"Human Birth: An Evolutionary Perspective" Wenda Trevathan
"El primer viaje de nuestra vida" de Arsuaga.
"Pequeños pasos. Creciendo desde la Prehistoria" 
"Yo contengo multitudes", Ed Yong

lunes, 28 de enero de 2019

La chispa creativa: cómo la imaginación nos hizo humanos

"Los símbolos, las ideas, se crean en la mente (...) pero el animal humano aprende no solo a crearlas, sino a proyectarlas en el mundo externo, y allí transformarlas en realidad" Ashley Montagu, antropólogo. 
 

"Ser humano es un proceso creativo. Pero en la actualidad, con todas nuestras obligaciones, con toda la complejidad del mundo moderno que tira de nosotros en un millón de direcciones, encontrar el tiempo y el esfuerzo para adoptar esta creatividad parece muy alejado de nuestra rutina diaria. Tenemos el tiempo, la enrgía y el esfuerzo limitados. Pero necesitamos más que nunca la creatividad."

"Hace 2 millones de años, nuestros ancestros, pequeños, desnudos, sin colmillos, sin cuernos y sin garras, solo con unos pocos palos y piedras, superaron ciscunstancias desfavorables extremas. Todo porque se tenían unos a otros y poseían una chispa de creatividad. No podemos dejar que esto se vaya al garete."
El libro "La chispa creativa. Cómo la imaginación nos hizo humanos" de Agustin Fuentes, indaga sobre la excepcionalidad de la especie humana.
"No somos ni la especie más despreciable ni la más simpática. No estamos ni totalmente desligados de nuestra naturaleza biológica ni enyugados a ella como esclavos. No es nuestro instinto para reproducirnos ni la competencia para encontrar pareja, recursos o poder, ni nuestra propensión a cuidar unos de otros lo que nos ha separado de las demás criaturas." "La capacidad de innumerables individuos para pensar de manera creativa es lo que nos condujo a tener éxito como especie. Al mismo tiempo, la condición inicial de cualquier acto creativo es la colaboración". Así, nuestra especie se ha desarrollado hasta alcanza cuotas inimaginables, claro, tanto para lo bueno como para lo malo. Agustín Fuentes afirma convincente que no llevamos en nuestros genes el instinto de ser egoístas agresivos y competitivos. Al contrario, nos distinguimos de otros primates gracias a que nosotros, como criaturas muy vulnerables, aplicamos nuestro ingenio para trabajar conjuntamente para sobrevivir, y crear cultura, es decir, llenar y remodelar el mundo de símbolos y significados, y también de esperanza.


Hoy día, los humanos están inmersos en un sistema simbólico que contiene unos significados sobre los que se han puesto de acuerdo los mismos que crearon este sistema. "Los humanos no solo viven en un mundo simbólico y cargado de significado; lo crean. Manipulando sentidos estéticos, somos seres artísticos. Y ésto es importante, porque "la percepción humana del mundo estructura la manera en que interactuamos con él".

Es decir, ninguna otra especie animal es capaz de hacerse a sí misma como los seres humanos. Somos excelente constructores de nichos. Nuestra cultura o modelos adaptativos, esas respuestas cooperativas y creativas a los conflictos de la realidad, remodelan la misma realidad, el mundo a nuestro alrededor, y ésto a su vez remodela nuestro cuerpo y mente.
 

"Hacer ciencia también depende de ésta capacidad para imaginar, innovar, experimentar y crear. La ciencia requiere curiosidad más allá del simple instinto de supervivencia... Y después nos enseñamos unos a otros y colaboramos para desarrollar más preguntas. Hacemos mucho más que observar y aprender mediante prueba y error. Investigamos y experimentamos mostrando indagación, persistencia y tenacidad".

Porque disponemos de una capacidad distintiva de pensar en problemas, tiempos y lugares que ocurrieron en el pasado e imaginar los que pueden ocurrir en el futuro. De esta manera, rumiamos sobre retos, situaciones hipotéticas, que no tienen que ocurrir en el aquí y ahora, y escapamos del contexto inmediato "dándole la vuelta" al problema. Y no sólo esto. También somos capaces de darle la vuelta a los retos de otra manera: reconociendo nuestra individualidad y percepción y la individualidad y percepción que pueden tener los demás, calculando los posibles resultados de esta cooperación o competencia y transmitiendo (o no) la información mediante lenguajes y símbolos. Porque no siempre nuestra elección es el de llevarnos bien, también somos grandes genios en engañar, pero incluso en ésto somos supercooperadores y colaboradores asombrosos. Ningún otro animal exhibe la misma intensidad, amplitud, constancia y complejidad en la cooperación como los seres humanos.

Además de reconocer nuestra individualidad y la de los demás, poseemos un tipo denso de "intencionalidad compartida": la capacidad de ponerse de acuerdo conscientemente en la misma interpretación cognitiva y en los mismos objetivos. Así transmitimos ideas, información e innovaciones.


La paleoantropología nos advierte que es nuestra tendencia a la compasión la que ha desempeñado un papel más importante en nuestra historia evolutiva. Nosotros extendemos mucho más nuestro ámbito de cooperación. Los seres humanos somos los únicos animales capaces de crear identidades, alianzas simbólicas, con grupos mucho más extensos, más amplios, trascendiendo lo biológico. Lo que se llama "familia extensa" y el "alocuidado" es lo común, (es por eso que las humanas son las únicas primates que experimentan la menopausia, vivir mucho después de que nuestros ciclo reproductivo haya terminado). La otra cara es que también afianzamos identidades simbólicas ante un enemigo común.

El ser humano no comenzó su andadura siendo grandes cazadores, sino carroñeros. Conseguir alimentos más energéticos fue un reto esencial para hacer crecer el cerebro, pues no solo se necesitaba una infancia más prolongada, también más calorías. Pero carecían de lenguaje, armas, o defensa, así que recurrieron los unos de los otros, compartiendo experiencias y aprendiendo de los errores, así fueron capaces de hallarse un paso por delante de los depredadores. La elaboración de utensilios líticos incrementó la complejidad social y cognitiva:

"Los chimpancés son muy hábiles a la hora de utilizar palitos ligeramente modificados y piedras no modificadas como utensilios" "Esta capacidad no se restringe a los primates; también la vemos en los cuervos y otras aves en el tamaño y la forma de piedras y palos que emplean" "Pero ningún otro animal en la naturaleza, ni siquiera los chimpancés, puede contemplar una piedra, comprender que dentro de aquella piedra hay otra forma más útil y utilizar otras piedras o madera o hueso para modificar aquella piedra... y después compartir dicha información con los miembros de grupo. Ésto es lo que comenzó a suceder hace de 2 a 3 millones de años, en el inicio mismo de nuestro linaje. Elaborar y emplear utensilios líticos implica mucha más información, colaboración y creatividad que seleccionar una piedra o un palo, tal como son, para usarlos". Y no sólo eso: cada grupo tenía muchos fabricantes de utensilios, por lo que había un proceso de compartir y transmitir conocimiento incluso a través de generaciones.
El trabajo para obtener lascas aguzadas de las piedras es más complejo de lo que parece: a los estudiantes universitarios les cuesta hasta semanas aprender a elaborar estos utensilios, con instrucción y utilizando el lenguaje, vídeos, libros y los mejores materiales.



Hace falta mucha capacidad mental y comunicación compleja para desarrollar utensilios más complejos, pero gracias a ellos fueron apareciendo más innovaciones durante los primeros 1,5 millones de años de nuestra historia. Transcurrió a un ritmo lento, si lo comparamos con nuestro tiempo. "No habían muchos miembros del género Homo en el planeta. Los contactos e interacciones con otros grupos no eran tan habituales, y el clima no era nada estable para desplazarse. Las grandes fluctuaciones metereológicos pusieron a prueba a nuestra especie, que tuvieron  que ser flexibles y creativos con el alimento. La mayoría de los grupos se extinguieron o se aislaron junto con sus innovaciones". Aún con todo, del carroñeo, captura de pequeños animales y la recolección, pasamos a la caza coordinada humana hasta llegar a ser los amos tecnológicos del planeta.
 

Hombre cazador, mujer sosteniendo un bebé y ocupándose del fuego, otro hombre elaborando utensilios... "Nada en el registros fósil o arqueológico sugiere esta distribución de sexo y edad específicos de quién hacía qué o de que hubiera tareas como estas en el pasado." "Tanto machos como hembras participaban en la elaboración de utensilios, en la mayor parte de la caza (quizá con la excepción de la caza de los animales mayores) y en el cuidado de los niños. La mayoría de los hombres tienen una fortaleza más acusada en la parte superior del cuerpo que la mayor parte de las mujeres, pero no son intrínsecamente más hábiles en las tareas basadas en utensilios."

La especialización estricta aparece en fecha mucho más reciente en el registro arqueológico, "especialmente hasta después de la aparición de la agricultura y los asentamientos, e incluyendo los pueblos recolectores más recientes, el rol de género se hace más claro". Sea como fuese, el género humano es un espectro: "donde sea que uno se halle, se encuentra precisamente en el rango normal para los humanos". "Si sostuviéramos un cerebro humano en la mano, no habría manera de decir con seguridad si se trataba de un cerebro masculino o femenino". Eso sí: "hay pautas en la función del cerebro humano adulto que nos ayudan a separarlos por género. El proceso por el que los humanos adquirimos el género modela nuestra neurobiología." 


Nuestros antepasados se enfrentaban a los grandes retos, también, cooperando, no se podían permitir el lujo de hacer demasiadas distinciones, el igual acceso a los conocimientos vitales de la comunidad era esencial. "Es probable que algunos individuos tuvieran un don o talento a la hora de realizar una tarea o habilidad, pero "la cuestión es que, en lugar de que los demás del grupo cedieran todas las responsabilidades a estos individuos, aprendían de ellos." El conocimiento se extendía y arraigaba en la comunidad, y todos eran capaces de ejecutar los comportamientos básicos" Ésta transmisión de habilidades mediante aprendizaje, ejecución y compartir información es muy humana y lo que Tim Ingold llama "habilitación", y se trata de adquirir las pautas de cómo ser un miembro de la comunidad.


De aquí surge nuestro elevado nivel de compasión y ayuda a los demás, incluso con los que no estamos emparentados. Compartir la comida y los cuidados, comportamientos que mantenían a los heridos, enfermos y ancianos como parte de la comunidad, aún dedicando una energía no devuelta después, nos ayudó a tener éxito. El sentido innato de moralidad y lealtad al grupo, la empatía, el altruismo, tiene raíces profundas en nuestro pasado. "Pero antes de que nos volvamos demasiado cálidos y acogedores, recordemos que cuanto más estrechamente nos vinculamos con nuestra comunidad, más desconfiados nos volvemos con otras comunidades", nos advierte Fuentes. Cuando la densidad de población Homo no era elevada, la comida o el espacio no eran insuficientes, así que cuando dos grupos se encontraban era beneficioso colaborar e incluso intercambiar objetos y miembros del grupo. A medida que las comunidades crecían, crecía el sentimiento de identidad, el "nosotros" y "ellos" fueron más fuertes.
 

"Los humanos somos la única especie con homicidio premeditado y guerra completa", pero "lo que resulta muy llamativo es la coincidencia de la aparición de sociedades más complejas y del sedentarismo con el auge de la violencia letal coordinada y la guerra. En líneas generales, el aumento en la desigualdad económica, política y social está correlacionado con el incremento de la guerra". "Un apunte clave del incremento de esta complejidad en las comunidades humanas fue el almacenamiento", para ello "es necesario que haya sistemas de mantenimiento, gestión, vigilancia de lo almacenado. Entonces produce el concepto de propiedad, de control sobre los objetos que se almacenan y sobre los lugares y estructuras usados para el almacenamiento." Ésto "cambia de igual modo la manera como los miembros de una comunidad interactúan entre ellos como con otras comunidades, y aumenta la posibilidad de conflicto intergrupal". "Cuando empezamos a ver un aumento de la diferenciación de papeles en las comunidades, vemos también las señales de clanes y linajes" "el desarrollo de clanes y entidades políticas mayores proporcionó el incentivo y la justificación para que una comunidad atacara a otra, a pensar en grupo o conjunto de grupos como "el enemigo": deshumanizamos creativamente a otros." "La guerra y la paz debe verse como las dos caras de la misma moneda de la creatividad humana (...) La capacidad de hacer la guerra surgió de la capacidad de hacer la paz"
La violencia es una opción para los humanos, no una obligación, un destino o una necesidad. El sexo, sin embargo, es un instinto. "El sexo apareció como evolución como respuesta a habérselas con ambiente cambiantes. Reproducirse mediante sexo crea nueva variación al combinar los datos genéticos de los dos progenitores, lo que proporciona más opciones a la descendencia" y así, éstos tendrán más probabilidades de enfrentarse a los retos que el mundo les plantea. Los seres humanos también separamos la reproducción y el sexo, ya que la crianza puede ser un sistema comunal (alocuidados), no solo la madre cria a los hijos. Así, sin tantos costes en la reproducción, "los humanos podemos tener sexo todo el tiempo, como parte del paisaje social". "Los humanos, en realidad, no tienen solo sexo; tienen sexualidad". Es decir, la actividad sexual también pasa por lo simbólico.

Podemos formar alianzar con grupos numerosos, trascendiendo lo biológico, y al mismo tiempo somos propensos a mantener un vínculo de pareja fuerte, profunda y a largo plazo. Pero ojo, no tiene porqué implicar relación sexual, tampoco matrimonio ni monogamia. De hecho, cuenta Fuentes, el matrimonio en Europa, no apareció hasta el Siglo XV, y la mayoría de los matrimonios se basaban en acuerdos verbales.


Hace 30.000 años, y antes, existían subespecies de humanos, como los neandertales. Es muy probable que hubiera más de una raza biológica humana que compartiera el planeta. Pero nosotros somos la misma subespecie, el último linaje hominino que queda. Y aún hay más: "Si se comparan las diferencias genéticas entre dos humanos cualesquiera procedentes de cualquier lugar del planeta, son muchísimo menores que las que hay entre cualesquier dos chimpancés del África oriental y occidental. Es un hecho sorprendente. Los humanos se hallan extendidos por el mundo y los chimpancés se encuentran únicamente en un retazo relativamente minúsculo del centro de África, pero los humanos son mucho más parecidos entre sí desde el punto de vista genético. (...): figuramos entre los animales más cohesionados desde el punto de vista genético y más extendidos de todo el planeta, una combinación que es asombrosamente rara en el reino animal. En esta medida, como en tantas otras, somos realmente peculiares.

viernes, 18 de enero de 2019

La ciudad marca, la ciudad escaparate: los macroeventos.

"El urbanismo es la conquista del entorno natural y humano por parte de un capitalismo que, al desarrollarse según la lógica de la dominación absoluta, puede y debe ahora reconstruir la totalidad del espacio como su propio decorado." Guy Debord. "La sociedad del espectáculo"

"Y quien llega a ser Señor de una ciudad acostumbrada a vivir libre y al punto no la destruye, que tema ser destruido por ella, porque ésta tiene siempre por refugio en sus rebeliones el nombre de la libertad y sus viejas costumbres, las cuales ni por el paso del tiempo ni por beneficio alguno se olvidarán jamás. Y por más que se haga o se provea, si no se expulsa o dispersa a sus habitantes, estos no olvidarán en ningún momento ese nombre ni esas costumbres..."
Maquiavelo, "El Príncipe".



"La ciudad no es un reflejo real de la sociedad, sino que la sociedad se convierte en un reflejo de lo que ve en el masivo escaparate que es su entorno, donde los iconos visuales y los logotipos se convierten en el paisaje habitual. Hoy se entiende la ciudad como parte del mundo del mercado y del consumo, y como tal participa plenamente de la producción.
Así comienza la ordenación del espacio y del tiempo mediante una estructuración urbana premeditada, capaz de transformar modelos de conducta, necesidades y prioridades. Se busca el aislamiento, acabar con la conciencia de comunidad y de clase. Con el devenir histórico se irán eliminando focos de conflictividad obrera, polígonos industriales que se trasladan a lugares en medio de la nada. Se construyen ciudades dormitorio donde sea necesario el desplazamiento y la lejanía, transformando la calle en un lugar de tránsito y no de reunión y esparcimiento, dando prioridad a la vida pivada frente a la pública. Se construye el modelo de ciudad para la facilitación del transporte y no del tránsito de personas o su convivencia. (...) Se mantienen a la masa ligada a un continuo consumo (...) haciéndoles dóciles y domesticados (...). Por supuesto, como centros neurálgicos de la sociedad de consumo, la ciudad se convierte en un inmenso escaparate donde anuncios y ofertas se convierten, junto con eslóganes y marcas comerciales, en el nuevo paisaje cotidiano y la publicidad en su nueva representación (...)"
"El sistema de sentido único. Capitalismo, control de masas y arquitectura represiva" Revista Contrahistoria. 

"Gran Exposición de los trabajos de la Industria de todas las naciones" fue el primer gran escaparate, la primera exposición universal en un Londres de 1851, en una Inglaterra poderosa y moderna, imperialista, industrializada. En este época comienza el libre comercio, el capitalismo y la brecha entre un emergente grupo llamado "Primer Mundo" y los países del "Tercer Mundo". También la fe ciega, sin cuestionamiento moral ni ético, en el conocimiento científico y tecnológico. Las exposiciones fueron el mejor escaparate donde reflejar esta "gran transformación" obviando la desigualdad y miseria que genera.

Hoy, la marca ciudad es la city marketing, marketing urbano, para singularizarla y hacerla deseable en el mercado exterior. Una marca de ciudad con estándares empresariales, gestionada y promocionada por las instituciones políticas y las grandes empresas multi o transnacionales.
Este concepto está unido a un turismo, más lucrativo que el turismo de playa o montaña, el turismo cultural, con el que las ciudades, en lugar de ser el lugar al que huir, pasan a ser el lugar al que acudir.

La celebración de un gran evento cultural o deportivo es una estrategia que promueve este tipo de turismo y la city marketing. Aunque su objetivo, en realidad, no va ligado exactamente al ámbito cultural o deportivo, ni siquiera turístico, sino al de poder político. Lo que se busca en estos eventos es que sean de la mayor envergadura posible, dentro de las limitaciones urbanas, para multiplicar los capítulos de inversiones en infraestructuras. Imponentes construcciones tan funcionales para la clase patronal como inútiles para la colectividad. Se busca lograr prestigio y competitividad por encima de la habitabilidad de las viviendas y del barrio. Un escenario atractivo para atraer capital económico a través del turismo, para realizar grandes intervenciones que revalorizarán la ciudad dentro del competitivo mercado urbano, e ir haciendo currículo con el que poder seguir albergando más eventos y de mayor envergadura en nombre del desarrollo y el progreso, sin tener en cuenta ni escuchar a la ciudadanía. Un ciudadano propicio para una marca ciudad.

"Todo esto a costa de la segregación, separación y expulsión de una parte de la población del centro al extra-radio de la ciudad, el traspaso de ingentes cantidades de dinero público a manos privadas, la creación de empleo precario (mal pagado y temporal), el aumento de precios, la destrucción del entorno natural y rural a causa de la expansión de la urbe en forma de complejos industriales e infraestructuras (autovías-autopistas, lineas de alta velocidad ferroviarias, aeropuertos...), el aumento de control social y la represión, etc." explica el libro "Consecuencias de la realización de Macro Eventos en las ciudades-sede y sus habitantes".  
 
"Desde hace algún tiempo, los proyectos urbanísticos insertos en este modelo de ciudad incluyen la coletilla de la «revitalización económica» como una de las principales motivaciones para su ejecución, haciendo hincapié tanto en el avance hacia el progreso y el desarrollo económico de la ciudad como en la supuesta generación de empleo. Argumentos ambos, la revitalización económica y el empleo, que son refutables, si no en su materialización práctica (que no acaben por generar los puestos prometidos; que los empleos sean no cualificados o de escasa duración, o; que el beneficio para la ciudad no sea el esperado), sí en su trasfondo ideológico. Es decir, cuando se habla de revitalización económica de un determinado lugar no se hace referencia al total de su población sino al promedio de beneficios que generaría. Y aquí es donde está la trampa. Que la renta per cápita suba no quiere decir que lo haga equitativamente en relación a su población. Basta con que una minoría aumente considerablemente sus beneficios para subir la media de una zona determinada. Con lo que la «revitalización económica» de un proyecto no revierte sobre toda su población, ni sobre una gran parte, sino sobre aquella minoría que la gestiona y la promueve." "¿Por qué no nos dejan hacer en la calle?", de Ariana Sánchez Cota, Esther García García y Juan Rodríguez Medela. 

Revitalización económica gentrificando las llamadas "zonas recuperables", barrios situados en el centro de la ciudad, habitados por clases populareso bajas (desposeídas, explotadas). Son recuperables desde el prisma economicista de políticas y empresarias, cuyo único interés por estas zonas es la del beneficio/lucro económico personal. No casan con el modelo de ciudad que quieren vender: limpia, con habitantes de clase media-alta, adinerada, culta. Estas zonas acaban sufriendo un proceso de gentrificación, remodelando y reformando edificios y fachadas, peatonalizando y expulsando a los habitantes de la zona, que muchas veces viven con contratos de alquiler de renta antigua, al extra radio. De esta manera, consiguen atraer a nuevos vecinos, de clase más pudiente con los nuevos precios de venta o alquiler, y turistas, transformando viviendas en hoteles y/o apartamentos, y comercios tradicionales por tiendas multinacionales.

Una de las proclamas, de la más preocupante, desde las organizadoras de esos macroeventos y de los poderes fácticos es la promoción de la convivencia y la paz. Se trata de la imagen de postal de "la apacible coexistencia del espacio" sobre "el inquieto devenir de la sucesión del tiempo", como lo define Guy Debord en "La sociedad del espectáculo".

Y aunque, irónicamente, estos proyectos promueven competitividad (deportiva, artística...), individualismo, consumismo, homogeneización, exclusividad... pretenden vender una imagen idílica y aséptica de convivencia pacífica y sentimiento de seguridad. 

Paz impuesta por la fuerza, a golpe de leyes de seguridad privada, cuerpos de represión públicos, policía y cárcel desde las altas esferas económico-políticas, que pretenden esconder la verdadera realidad social, criminalizando la pobreza. Erradicación de todo tipo de disidencia política y conflicto social mediante la violencia ejercida por el poder, la única legítima.

"Quieren destacar que habrá seguridad porque nosotros, los pobres, estaremos controlados y que pueden venir las inversiones para los macro-eventos." explicó Cleonice Dias, líder comunitario y habitante de las favelas Cidade de Deus, sibre las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) en Brasil.

Fuentes:
¿Por qué no nos dejan hacer en la calle? Prácticas de control social y privatización de los espacios en la ciudad capitalista, de Ariana Sánchez Cota, Esther García García y Juan Rodríguez Medela. Grupo de Estudios Antropológicos ‘La Corrala’
https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Boletin_ECOS/36/hacer_en_la_calle.pdf
Consecuencias de la realización de Macro Eventos en las ciudades-sede y sus habitantes. Monus. 
http://otramerica.com/temas/olimpiadas-mundial-futbol-nueva-forma-control-social-territorial-brasil/2931

lunes, 7 de enero de 2019

Cuentos que se cuentan con el cuerpo: etnomatemáticas.



"La belleza de las matemáticas sólo se muestra a los seguidores más pacientes" Maryam Mirzakhani.

"Contar/numerar y contar/narrar no son sino dos caras de una misma actividad, que las cuentas no salen si no se conocen las lenguas y costumbres en que se cuentan." Emmanuel lizcano, Licenciado en Ciencias Exactas y doctor en Filosofía de la Ciencia.
 
Los números son la mayor experiencia compartida de la humanidad. La numeración es un fósil de la talla prehistórica de “muescas”, y los números actuales tienen su origen en los indios desde hace 15 siglos.

El sistema de números parece el mismo en todas partes: un único sistema que permita representar cualquier cantidad que queramos, un lenguaje de símbolos universal. No es tan así.

El sistema yoruba (grupo etnolingüístico del oeste africano, especialmente en Nigeria), es un sistema vigesimal, pero, a diferencia de la mayoría de los sistemas vigesimales (vasco, francés, danés...), se construye sobre la resta y sobre la suma. Sus números arrancan de una unidad colectiva que, mediante diferentes sufijos, se contrae o se expande para obtener las particulares cantidades concretas. 
Esto es así: del 1 al 10 se utiliza un término distinto para cada cifra, uno es "okan", diez es "eewa". Del 11 al 14, se forman añadiendo la terminación -laa a los términos del 1 a 4, once es "ookanla" (uno más de diez) hasta catorce "eerinla" (cuatro más de diez). Es en el 15 donde aparece la resta para formar los términos. "Aarundinlogun" es quince, cuyo significado literal es 20 - 5. Y así dieciseis es 20 - 4, diecisiete 20 - 3, dieciocho 20 - 2 y diecinueve ("ookandinlogun") 20 - 1... Veinte se dice "oogun". A partir del 21 se usa de nuevo la suma, "okanlelogun" (uno mas de veinte), que vuelve a cambiar a sustractiva en el 25. Cuarenta se dice "dos veinte": "ogoji", y así sucesivamente hasta 200 "igba", "diez años veinte". El patrón se aplica sucesiva y cíclicamente.

Pero hay algo más.

"Para quienes hablan yoruba (unos 30 millones de personas), la unidad usada para contar no es ese ‘uno’ indivisible que se corresponde con el individuo que cuentan los censos a partir de Napoleón" explica Emmanuel Lizcano. "La unidad aritmética se corresponde más bien con la unidad social, la cual, en un régimen comunal como el suyo, es una unidad colectiva. Los números yoruba no son adjetivos o adjetivos sustantivizados, como los nuestros (hijos del sustancialismo griego), sino verbos. Verbos cuya actividad proyecta lo comunitario sobre los objetos a contar". 

Y es que en realidad "okan", (uno) se traduce mejor como "modo uno", y "eji" (dos) como "modo dos", aluden a una forma o disposición particular, el verbo que define el modo cómo están agrupados.
Por lo tanto, se puede decir en yoruba "ó fún mi ni òkúta mérin", que se traduce convencionalmente como "me dio cuatro piedras", pero una traducción más literal es "él me dio el concepto de piedra en el modo de un grupo en el modo de cuatro". De manera similar, podemos tener "ó rí afá méta´" que significa "vio tres perros", lo que se traduce literalmente como "vio el concepto de perro en el modo de un grupo en el modo de tres. El número "okan" (uno) se convierte en una frase en "kan", que se puede usar de la siguiente manera: "eja kan kò tó", un pez no es suficiente, literalmente, "el concepto pez en el modo de uno, no alcanza". Alude más a multiplicidades (modos, montones, grupos) que a unidades. Lizcano lo explica así:

"Su sistema numeral (...) comienza con agregados, en los que sólo después, por un proceso de desagregación o sustracción, se van produciendo fracturas (...). Nada que ver, pues, con el proceso conjuntista-identitario de construcción de la serie numérica de los números naturales: 1, 1+1, 1+1+1,... Los que, desde pequeños, hemos llamado ‘números naturales’ son tan poco naturales como el individuo, el mercado o la evidente salida del sol cada mañana. Es decir, su naturalidad es el refinado producto de una construcción social muy determinada".

La característica distintiva más obvia de nuestro sistema de recuento es su utilización de base decimal. Contamos por decenas, de modo que tenemos palabras distintas hasta el número diez, y luego componemos diez-uno (que llamamos "once"), diez-dos (doce), diez-tres(trece)... Muchas culturas eligieron esta esta misma base y está claro que su fuente debe encontrarse muy cercana a nuestros diez dedos, los primeros contadores. Los dígitos (cifras, números) son los dedos, en latín.
En el idioma vasco, euskera, utilizan el once como sinónimo de "mucho" y dicen "hamaika ikusteko jaioak gara!", "lo que hay que ver!" (lit. hemos nacido para ver once/mucho)
A veces, como en el caso yoruba, nos encontramos con  usos de veinte como base (dedos de las manos más dedos de los pies, dicen). Entre los indios de América encontramos un sistema de recuento con una base 8, pero también contaban con los dedos: lo que sucede es que ellos contaban los ocho espacios entre los dedos en lugar de los diez dedos.


Existen culturas de numeración que se basan enteramente en la anatomía humana. Uno de los ejemplos más elaborados era el practicado por los habitantes de las islas del Estrecho de Torres en una época tan reciente como el siglo XIX. Empezando por el lado derecho de su cuerpo, ellos tocaban primero sus cinco dedos para los números 1 a 5, luego la muñeca (6), el codo (7), el hombro (8), el pecho (9), hombro izquierdo (10), codo izquierdo (11), y así sucesivamente hasta llegar a los dedos de la mano izquierda , que les llevaban hasta (17), luego continuaban con el dedo pequeño del pie izquierdo (18) hasta el dedo gordo del pie izquierdo, que les llevaba a 22, el tobillo izquierdo (23), la rodilla izquierda (24), la cadera izquierda (25 ), la cadera derecha (26) y luego bajaban por el lado derecho de la misma forma acabando con el dedo pequeño del pie derecho (33). "Uno se imagina que las lecciones de matemáticas podrían haberse parecido a un baile de San Vito" escribe el matemático John D. Barrow.

Y añade que muchos otros isleños del Pacifico muestran estrategias similares,
por ejemplo los dedos de las manos, los ojos, la nariz, las orejas y la boca como puntos anatómicos de referencia. "En consecuencia, cabe esperar que las asociaciones anatómicas precedieron al desarrollo de los términos numerales". Existen muchos hermosos ejemplos de términos numerales en culturas primitivas que tienen significados anatómicos muy claros. Una estructura típica es la que muestran los indios zuñi, que tienen dos radicales para uno y dos solamente, y los términos numerales siguientes se crearon a partir de ellos utilizando diferentes exhibiciones de dedos. Concluyen con un conjunto de términos numerales cuyos significados son fáciles de visualizar para nosotros:

1- töp-in-te = tomado para empezar
2- kwil-li = levantado con el anterior
3- ha'-i = dedo de división
4- a-wi-te = todos los dedos levantados excepto uno
5- öp-te = cruzado
6- to-pa-lï-k 'ya = uno más añadido
7- kwil-li-lï-k 'ya = dos añadidos y estirados con los demás
8- ha-i-lï-k 'ya = todos estirados con los demás excepto dos
9- ten-a-lï-k 'ya = todos estirados con los demás excepto uno
10- äs-tem- 'thla = todos los dedos
11- äs-tem- 'thla-to-pa-yä'thi-to-na = todos los dedos y uno más estirados.


Este esquema continúa de modo similar hasta 20, para el que la palabra empleada significa "dos veces todos los dedos"." Una característica significativa de este método de contar es el hecho de que le capacita a uno recordar la cuenta simplemente recordando la última parte del cuerpo a que se hizo referencia.

Las técnica de contar con los dedos son diferentes de una cultura a otra. Actualmente, los niños británicos contarían con los dedos abriendo sus dedos uno a uno a partir de un puño cerrado, empezando con el pulgar y terminando con el meñique. Sin embargo, en regiones cómo Australia, América, Asia y África, la cuenta con los dedos comienza con el dedo meñique izquierdo. En otras partes empiezan habitualmente con el dedo meñique derecho, mientras que en regiones de África central y en el interior de América del Sur se encuentra un procedimiento en el que se utiliza el dedo índice derecho para empezar a contar. Los japoneses empiezan con una mano abierta y luego cierran los dedos de uno en uno. Existen tribus de indios norteamericanos como los dene-dinje, cuyos términos numerales describen precisamente esta secuencia de cierre de dedos. Los significados de sus palabras para los números de 1 a 5 son:

1- el extremo está doblado (es decir, el meñique está doblado por la mitad)
2- está doblado una vez más (ahora, está doblado el anular)
3- el medio está doblado (ahora, está doblado el dedo medio)
4- solo queda uno (ahora, se dobla el dedo índice y solo queda el pulgar)
5- mi mano se ha acabado.

A pesar de nuestra impresión de que contar es la más elemental de las intuiciones que asimilamos sin esfuerzo sólo por el hecho de estar en el mundo, existen muchos grupos humanos que están alejados de esta abstracción.

Algunas tribus aborígenes australianas solo poseen palabras para cantidades "uno" y "dos". Cualquier cantidad mayor se expresa mediante una palabra con el sentido de "muchos". Algunas tribus de Suráfrica muestran una estructura lingüística similar para los numerales. De hecho, existen vestigios remanentes de esto incluso en las modernas lenguas indoeuropeas, donde encontramos que la raíz original para "tres" tiene el significado de algo parecido a "sobre", "más allá", o "lejos", indicando que el primitivo sentido era simplemente el de algo más que las palabras concretas para uno y dos. En latín, existe esta afinidad entre "trans" que significa "más allá" y tres que significa "tres"; la misma relación es manifiesta en francés donde encontramos "trés" para "muy" y "trois" para el número tres.

Algunas lenguas, como por ejemplo el árabe, también conservan un triple tratamiento de la cantidad con diferencias entre singular, dual (para dos sólo), y plural (para más de dos). Algunas tribus de Oceanía incluso empezaron a conjugar y declinar palabras en el singular, el dual, trial, cuatrial, y finalmente en un plural para todas las cantidades mayores. Los primeros estudios antropológicos de los bosquímanos de Kalahari en la primera mitad de este siglo, encontraron que existían palabras para cantidades hasta cinco, pero no más allá, y aquellos a quienes se preguntaba eran incapaces de describir cantidades mayores que cinco. En Nueva Guinea, algunas partes de Sudamérica y África, aunque no existen palabras para números mayores que dos, los números más grandes pueden ser expresados por yuxtaposición como "dos-uno", "dos-dos", "dos-dos-uno". Los aborígenes aranda de Australia utilizan "ninta" para uno y "tara" para dos, y tres se expresa como "tara-ma-ninta" (es decir, "dos-y-uno") y cuatro por "tara-matara" (dos-y-dos). Cualquier cantidad mayor se expresa como muchos. Los indios botocoudo de Brasil tienen palabras hasta cuatro, y luego tienen una palabra que significa "una gran cantidad" y apuntan a sus cabellos cuando dicen esta palabra, tan innumerable como los pelos de su cabeza.
Este método de numeración se denomina el "sistema-2". Éstas culturas que cuentan solo hasta un número pequeño como dos, tres, o cinco realmente no están contando, son adjetivos que describen ciertos estados de cosas. No tienen un modo sistemático de describir un conjunto creciente de cantidades, porque no ven una relación secuencial entre las cantidades. Solamente describen cantidades utilizando numerales, pero no cuentan, ya que ésto último implicaría el reconocimiento de una relación entre cantidades diferentes.
Un ejemplo esclarecedor es el de los damaras en África del Sur, que está tomado del informe que hizo Francis Galton a finales de siglo de sus primeros contactos con estos pueblos:
"Sea lo que sea que tienen en su lenguaje, en la práctica ciertamente no utilizan un número mayor que tres. Cuando desean expresar cuatro, recurren a los dedos (...). Se desconciertan al llegar a cinco (...). Pese a todo, raramente pierden bueyes; si descubren la pérdida de uno, no es porque haya disminuido el número de reses del rebaño, sino por la ausencia de una cara que conocen. Cuando se hace una transacción, cada oveja debe ser pagada por separado."

Existía una técnica de recuento utilizada por los pastores: podían comprobar que tenían el mismo número de ovejas que se llevaron por la mañana si habían apartado una piedra por cada oveja. (De hecho, calcular es contar con "calculi", guijarros). Al volver por la tarde, podían restituir una piedra por cada oveja que volviera a salvo al redil. De este modo, podía llevarse la cuenta de un gran rebaño sin disponer de ninguna forma de numeración sistemática. En la actualidad algunos antropólogos han observado que en algunas comunidades, los autóctonos son capaces de calcular a simple vista, con un error mínimo, el número de piedras u otros objetos de pequeño tamaño; mientras el investigador, cuando intenta hacer lo mismo, obtiene un error marcadamente más significativo.

Existen muchas lenguas donde encontramos una diversidad de palabras para, por ejemplo, cinco
objetos planos, otra para cinco objetos redondos, otra para cinco objetos alargados, otra para cinco personas y otra para cinco canoas, como describe Franz Boas de las tribus indias de la Columbia británica, Canadá, y su lengua llamada tsimshian.

La numeración no es sino una actividad de una sociedad, depende de las necesidades y circunstancias de sus artífices, no de la fuerza de su imaginación o de su inteligencia.
En estas culturas, no había un sentido abstracto del número, porque no era necesario para su supervivencia. Los matemáticos han abstraído los procesos matemáticos de los ejemplos particulares o específicos, y estudian el concepto de número en abstracto, que lo independiza de las cosas materiales concretas contadas. Una vez que una noción abstracta de un número está presente en la mente, en la colección de relaciones que existen entre ellos, entonces hemos entrado en un nuevo mundo.

Fuentes:
"La trama oculta del universo" John D. Barrow.
"El libro de la nada" John D. Barrow.
Mathematics Across Cultures: The History of Non-Western Mathematics" Helaine Selin.
https://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible.php?art=1197&t=articulos
 http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/alarcon56.pdf
https://culturacientifica.com/2018/11/28/y-tu-como-cuentas-con-los-dedos-1/?fbclid=IwAR0Wsd1zNzy5Gd81WzUCUc3IAsjnYbVNwHLTmxDcPVP7G0_WbDJ82Kaybvw
http://www.geocities.ws/jj_juanjolopez/filesHTM/HistoriaUnivNumeros.html